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THE LIBRARY OF THE 

UNIVERSITY OF 

NORTH CAROLINA 




ENDOWED BY THE 

DIALECTIC AND PHILANTHROPIC 

SOCIETIES 





UNIVERSITY OF N.C. AT CHAPEL HILL 



10001351074 







HISTORIA 

DE LA ISLA DE CUBA, 



Digitized by the Internet Archive 
in 2013 



http://archive.org/details/historiadelaislaOOpezu_0 



HISTORIA 



DB LA 




\ 



POR 



D. JACOBO DE LA PEZUELA 



ACADÉMICO DE LA HISTORIA. 




MADRID 

CAKLOS BAILLY-BAILLIERE 

LIBRERO DE CÁMARA DE SS. MM., DE LA UNIVERSIDAD CENTRAL, 

DEL CONGRESO DE LOS SEÑORES DIPUTADOS T DE LA ACADEMIA DE JURISPRUDENCIA 

Y LEGISLACIÓN 

Plaza del Principe Alfonso, núm. 8. 

parís , I LONDRES , | NUEVA-TORK , 

J. B. Baiiliere é hijo, j H. Bailliere. | Bailliere hermanos. 
IS'BS. 

Derechos reservados. 



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AL EXCELENTÍSIMO SEÑOR 

D. JUAN DE U PEZUEU Y CEBALLOS 

MARQuis DE LA PEZUELA, CONDE DE CHESTE, GRANDE DE ESPAÑA, 

CAPITÁN GENERAL DE LOS EJÉRCITOS NACIONALES, DE LA ACADEMIA ESPAÑOLA, 

GRAN CRUZ DE LA ORDEN MILITAR DE SAN FERNANDO, 

SENADOR DEL REINO, ETC., ETC. 

DEDICA ESTA HISTORIA, 

EN TESTIMONIO DE SU ALTA ESTIMACIÓN É INVARIABLE CARINO, 

EL AUTOR. 



INFORME 



leído sobre esta obra a la 

REAL academia DE LA HISTORIA POR UNA COMISIÓN DE SU SENO 

Y TRASLADADO POR AQUELLA CORPORACIÓN AL 

MINISTERIO DE ULTRAMAR. 



Al tomar posesión el Sr. D. Jacobo de la Pezuela de su plaza 
de Académico de número, leyó en este mismo sitio un intere- 
sante y razonado discurso , encaminado á demostrar que era 
imposible escribir de una vez la Historia general de la América 
Española , si antes de realizar este trabajo gigantesco , no ' se 
procuraba escribir con esmero las crónicas parciales de nues- 
tras diferentes colonias en aquellas vastas regiones. Conse- 
cuente con esta idea el Sr. Pezuela, profundo conocedor de 
todo lo relativo á nuestras Antillas, ha llenado después de 
largos años de estudio é investigaciones el vacío que todos 
notaban con respecto á una de ellas, en otro tiempo poster- 
gada y ahora objeto de extraña codicia por su floreciente 
estado. 

No es el trabajo del Sr. Pezuela en su Historia de la Isla de 
Cuba , uno de esos que suelen hacerse extractando dos ó tres li- 
bros ágenos, para hacer uno que parezca nuevo, ni tampoco una 
de esas producciones que aborta de cuando en cuando el es- 
píritu mercantil de sujetos atrevidos, que, importunando á 
conocidos y desconocidos para adquirir algunas noticias suel- 
tas , heterogéneas é incoherentes , publican un libro lleno de 
ideas osadas , sin mas prueba que la palabra del pretendido his- 



8 INFORME. 

toriador. Bien al contrario en el caso presente , la revisión de 
archivos apenas visitados, copias de documentos y extractos de 
expedientes , las excursiones á los parajes mismos que fueron 
teatro de los acontecimientos, y las adquisiciones posteriores 
de documentos y noticias en España y en el extranjero , hubie- 
ron de poner al Sr. Pezuela en uno de esos graves apuros 
en que se ve el coleccionista cuando le abruma ya la mole de 
sus propias adquisiciones. Preciso era metodizar lo compi- 
lado , y el Sr. Pezuela acometió entonces la publicación de sus 
caudalosas noticias en forma de Diccionario, que constó de 
cuatro tomos , en vez de los cinco que en un principio habia 
calculado. 

Mas no bastaba lo hecho : triste cosa fuera haber acopiado 
los materiales y no hacer el edificio : el Sr. Pezuela ha logrado 
también dar cima á esta segunda empresa , y la gloria que en 
ello reporte vendrá á refluir en esta Academia que, si honra 
y no poco á sus hijos, también se honra con los trabajos de 
ellos. 

De temer era que el autor, abrumado por la mole de tantos 
datos, hiciera un trabajo pesado, que marchara con languidez 
y fatigara al lector con prolijas y vulgares narraciones. Afor- 
tunadamente para su reputación , el autor de la Historia de 
Cuba ha sabido marchar con desembarazo, sin tropezar en 
semejante escollo. Tiene esa Historia dos períodos : el de pos- 
tración y abatimiento, y el de prosperidad y desarrollo. Des- 
críbese aquel en los dos primeros tomos del manuscrito que 
comprenden la historia del descubrimiento de la Isla, su pobla- 
ción y vicisitudes hasta la ocupación de la Habana por los in- 
gleses cien años há , los escasos recursos de su pobre existencia 
por espacio de tres siglos , los ex-cesos de algunos gobernantes, 
los errores de otros , las virtudes y patriotismo de algunos , la 
propagación de la esclavitud, los fraudes de los contrabandis- 
tas amparados á veces por los pueblos y las autoridades, las 
incursiones de los bucaneros , los estragos de los flibusteros y 
piratas , y el desarrollo de la industria , el comercio y las artes, 
organización del ejéicito y de las oficinas y administración , la 
fundación de iglesias y el estado mismo de la cultura y moral 
pública; y en medio de estas noticias encuéntranse descripcio- 



INFORME. 9 

ües de costumbres que interesan , cuadros de sucesos impor- 
tantes y caracteres bien delineados, y que llaman la atención 
por sus rasgos característicos de altivez, valor, caridad, ener- 
gía , según sus circunstancias respectivas. Termina esta época 
calamitosa , que abraza un período de tres siglos , con la inte- 
resante narración de la toma de la Habana por los ingleses. 
Hasta allí la narración ha sido ceñida á la serie cronológica de 
los Gobernadores de la Isla, porque, durante ese tiempo, los 
hombres se sobreponen á los sucesos ; pero al llegar al mo- 
mento de los grandes acontecimientos, en que los hombres son 
eclipsados por los sucesos, el autor se ve precisado á destinar 
tres capítulos al sitio y toma de la Habana y á sus consecuencias 
trascendentales. Describe allí con vigor la torpe , aunque vale- 
rosa defensa del castillo del Morro, una de las páginas mas in- 
teresantes de nuestra historia colonial. ¿Qué aficionado á nu- 
mismática no conoce la hermosa y grande medalla de la toma 
de aquel castillo y los bustos de sus dos malogrados defenso- 
res, Velasco y González, que decoran su anverso? Y con todo, 
el Sr. Pezuela , con la severa imparcialidad del crítico , á quien 
no ciegan ni el amor patrio , ni la pasión política , ni el interés 
mezquino , pone de relieve la mala dirección de algunos de 
aquellos valientes, el desaliento de otros, los inexcusables des- 
aciertos de las autoridades de la Habana , la impericia de unos, 
la imprevisión y egoísmo de varios , y hace ver que allí, como 
en Trafalgar, como en otras mil ocasiones, se peleó con valor 
y con honra, pero sin destreza ni fortuna, y que la impericia 
ahogó los esfuerzos mas generosos. 

Devuelta la Isla de Cuba á los españoles al terminar la guer- 
ra , la escena cambia de aspecto , principiando la época de pros- 
peridad , cuya descripción se desarrolla en los tomos III y IV, 
siguiendo el mismo método que en los dos precedentes. La 
pérdida de Santo Domingo , la incorporación de la Luisiana, 
la restauración de las fortificaciones de la Habana , la expulsión 
de los Jesuítas , la inteligente administración de Bucareli , el 
origen de los estudios públicos, la creación de la Sociedad de 
Amigos del País y otras instituciones importantes , ocupan los 
nueve primeros capítulos del tomo III, por los cuales se puede 
juzgar de los restantes. 



10 INFORME. 

Reúne la obra cuantos requisitos puede apelecer el Gobierno 
de S. M. para considerarla digna de su protección. Utilidad 
del asunto, importancia de su objeto, mérito literario, buen plan 
y acertado desarrollo, buen estilo, lenguaje esmerado, criterio, 
imparcialidad, dignidad y mesura. 

Madrid 24 de mayo de 1867.— Adreliano F. Guerra t Orbe. 

— ViCKNTE DE LA FüENTE. — MaNÜEL OlIVER HüRTADO. 



PROLOGO. 



Hace más de un siglo que se intentó escribir la his- 
toria de la Isla de Cuba, cuando aun estaba lejos de co- 
nocerse su importancia. Por los años de 1760, el regidor 
D. José Martin de Arrate ^ resumió en un manuscrito de 
cincuenta capítulos algunas referencias de los pobres 
archivos de la Habana , antes que desapareciesen en la 
invasión inglesa que sufrió aquella ciudad cuando aquel 
autor trazaba sus postreras líneas. Pero su Llave del 
Nuevo Mundo f que así llamó á su libro, aunque de estilo 
claro y fácil , se reducía á la narración de algunas funda- 
ciones de aquella capital , con erróneas listas cronológi- 
cas de sus gobernadores , de sus obispos y principales 
funcionarios. , 

* De lo que escribieron sobre Cuba vas á Arrate aparecen en las páginas 

D. José Martin de Arrate, D. Ignacio 43 y 44 del primer tomo de esa obra; 

de ürrutia y el barón de Humboldt dan las de Humboldt, desde la página 419 

suficiente cuenta los artículos biográfi- basta la 426 del tercer tomo, y las re- 

cos de los mismos autores , inserios en ferenles á Urrutia, en la 633 del cuarto 

el Diccionario geográfico, estadístico é y último de aquella obra, cuya consulta 

histórico de Cuba, publicado en Madrid, es necesaria para conocer muchas ma- 

desde 1863 á 1867, por el mismo autor terias, nombres y personas que figuran 

de esta Historia^ Las noticias relati- en el texto del presente libro, 



12 PRÓLOGO. 

Treinta años después, en 1791 , otro habanero, el 
abogado D. Ignacio de Urrutia y Montoya imprimió en la 
Habana una parte de otra crónica , que tituló Compendio 
del teatro histórico , jurídico, político y militar de la Isla 
de Cuba. No la aceptarían con gran interés los que la 
conocieron, cuando desapareció inédita la segunda parte 
de ese libro. En cuanto á mí, diré que lo que pude 
examinar de la primera no me hizo echar de menos la 
desaparición de la segunda. 

En 1813 se publicó, en la Habana, por D. Antonio José 
Valdés , otro libro llamado Historia de la Isla de Cuba, 
y en especial de la Habana* 

No corresponde al autor de la presente el juicio sobre 
esas tres publicaciones. Oigamos el que formaron, en 
1 831 , los mismos individuos de la Comisión de Historia 
de la Sociedad de Amigos del País de la Habana , com- 
patricios de aquellos tres autores. 

«Deseando ^ (dice la Comisión) seguir como texto al- 
» guno de los manuscritos que le dejaron el celo y labo- 
» riosidad de distinguidos hijos suyos que en otro tiempo 
» hablan acometido esta empresa , los anahza todos ; llá- 
» male principalmente la atención el de D. Martin de 
» Arrate ; lo juzga á la luz de las ideas que ha adqui- 
» rido; y aunque elegante en su lenguaje, exacto en 



2 Materiales relativos á la Historia Sociedad de Amigos del País ^ corresi^on' 
de /a ís/a de Cw&a, recogidos y redacta- dientes á los meses de mayo, junio, 
dos por una Comisión especial. Cuader- julio y agosto de 1831. —Véase la pa- 
nos 1, 2, 3 y 4 de las Memorias de la gina S de la Introducción. 



PRÓLOGO. 15 

> SUS noticias , preciso en sus descripciones y desapasio- 
» nado cuando trata de averiguar cualquier hecho im- 
» portante , lo limitado de su plan , pues solo abraza á 
» la ciudad de la Habana , lo hace deficiente para el ob- 
))jeto propuesto. £n vano ocurre á Urrutia y Valdés 
* para que la iluminen ; otro plan diverso se observa en 
» ellos : difusas disertaciones acerca de puntos insignifi- 
» cantes, y oscuridad en lomas sustancial; y si es ver- 

> dad que en algunos lugares sus noticias son del mayor 
» precio , están mezcladas de tal suerte, que dejan per- 
» piejo y confunden al que las analice. » 

Esta Comisión de Historia, creada en 1794, y casi al 
mismo tiempo que la Sociedad que la engendró , en un 
período de más de setenta años no ha publicado más 
que el manuscrito de Arrale y algunos documentos so- 
bre sucesos aislados , fundaciones y noticias estadísticas 
en épocas modernas. Estos han sido todos sus trabajos, 
aunque, desde que nació, «los archivos públicos se 
» abriesen á sus investigaciones , los particulares fran- 
» queasen copias de cuantos documentos importantes 
» poseyesen , é individuos residentes en la Metrópoli 
3> se brindasen á registrar los de Sevilla, Madrid y Si- 
» mancas, y, en fin, aunque el Sr. D. Fernando VII 
)) mandase franquear todos los de la Península ^ » Por 
delicada y ardua que la tarea fuese, sobraban para lle- 
varla á feliz término la aptitud, saber y luces naturales 

' Véase el Prólogo que precede al á la Historia de la Isla de Cuba . 
referido tomo de Documentos relativos 



14 PRÓLOGO. 

de muchos individuos de aquella Comisión. Solo les faltó 
interés , amor á la materia y tiempo acaso para consa- 
grarse á su exclusivo objeto, siendo , los más, abogados 
de los mas notables á quienes absorbían con preferen- 
cia todo él suyo los cuidado^ y negocios propios. 

Después de los trabajos de Arrate , Urrutia y Valdés, 
publicó un Ensayo polilico sobre Cuba el célebre barón 
de Humboldt, «lleno, dice la Comisión de Historia, 
» de noticias muy curiosas, que la hacen conocer el 
» mundo civilizado; pero la inexactitud de algunos cál- 
* culos y las ideas erróneas que debe desenvolver cual- 
» quiera que no conozca un país cuyo cuadro intente 
» presentar, eclipsaban los brillantes destellos que por 

«otra parte aparecían » Completamente discorde 

con este juicio, opino con el Sr. La Sagra que la obra 
de Humboldt era cf apreciabilísima * , » pero solamente 
para revelar las condiciones físicas, agrícolas y comer- 
ciales de aquella Isla , según el fin exclusivo de un autor 
que no quiso ocuparse de su historia. 

En 48¿5l, el Director del Jardín botánico de la Ha- 
bana, D. Ramón de La Sagra, publicó una Historia eco- 
nómico-política y estadisíica de la Isla de Cuha. En vez 
de darle un título que tantas obligaciones imponía , pudo 
este autor mas propiamente apellidarla Historia del co- 
mercio, rentas y agricultura de la Isla de Cuba; porque 

* Véase esta misma palabra cali Qca- por Sagra en algunos pasajes de su 
Uva del Ensayo de Humboldt, empleada obra. 



PKÜLUGO. 15 

habiéndolo escrito y publicado durante su residencia en 
aquella capital , no pudo consultar mas archivos que los 
de la Intendencia, abundantes desde su creación, en 
1765, pero escasos y desordenados en todo lo referente 
á las épocas anteriores. Aquel trabajo del Sr. La Sagra, 
reproducido en otro nuevo que dio á luz en Paris en 
1842, contiene datos fidedignos y cálculos curiosos, 
pero todos con relación á las épocas modernas. La his- 
toria de los ramos económicos de un pueblo en sus 
últimos períodos no puede sustituir á la de todo su pa- 
sado. Por lo tanto, ni la primera publicación de aquel 
laborioso autor, ni su Historia natural , suntuosamente 
impresa, sacaron de su oscuridad á la historia verdadera 
de Cuba. 

Continuaba esta en el mas profundo olvido , cuando 
llegó por primera vez á aquella Isla, en 1841, el au- 
tor de la presente , y advirtió un vacío que hasta por 
decoro de la literatura nacional debia llenarse. Hasta 
la mas mezquina de las colonias extranjeras tenia ya su 
crónica continua , cuando la mas opulenta da las pose- 
siones españolas no contaba una siquiera. Empresa era, 
por cierto , la reparación de tal olvido bien merecedora 
de que un escritor inteligente y laborioso le consagrase 
todos sus esfuerzos y sus ocios. Estaba lejos de sentirme 
con fuerzas para acometerla, cuando, por curioso en- 
tretenimiento y usando de la facilidad que se me pro- 
porcionó para consultar los archivos de Cuba , escribí, 
con el título de Ensayo, su primera narración histórica. 



16 PRÓLOGO. 

Escasísimas eran , por desgracia , las noticias que nos 
legaron con referencia á esa Isla , desde los primeros 
hasta los últimos que han escrito sobre América. A fines 
del siglo pasado habia dicho Raynal que «Cuba valia 
» ella sola tanto como un reino ; » pero desconocida y po- 
bre mientras fuimos dueños del continente americano, 
satélite eclipsado por estrellas tan brillantes como Méjico 
y el Perú , tenia que apagarse el resplandor de esos dos 
astros para que reconociésemos que la única posesión 
que nos quedaba , valdría tanto ella sola como todas las 
demás perdidas. 

Del descubrimiento y ocupación de Cuba por los Es- 
pañoles consignaron noticias suficientes los autores de 
la Conquista de Méjico y otras posesiones. Pero , desde 
esa época hasta que empezó á ser importante, apenas la 
mencionan ni los nacionales , ni los extranjeros más que 
en aisladas y cortas referencias. No existiendo , pues, 
nada publicado para tejer la narración continua, habia 
que recurrir á lo inédito , á los archivos. ¿Pero dónde 
estaban? Los antiguos de la isla, los indispensables para 
hilar, coordinar su crónica de un modo autorizado y ob- 
tener el parvis componer e magna , hablan desaparecido, 
ó entre sus tempestuosas vicisitudes , ó con la toma de 
su capital por los ingleses en 1 762 ; y los modernos no 
empezaban sino desde que, en 1766, el Gobernador 
BucareU, hombre metódico, estableció una secretaría 
bien ordenada. Escrito, pues, aquel ensayo con tan in- 
completas noticias sobre su materia, forzosamente adole- 



PRÓLOGO. 17 

ció, á lo menos ea su mitad primera, de una escasez de 
datos que obligó á su autor á ser muy sobrio. Pero su 
título mismo lo decia : no era una historia sino un en- 
sayo, un plan dado para estimular á que otros la escri- 
biesen ; y en cinco lustros transcurridos desde aquella 
publicación , no se ha lanzado nadie á una tarea tan hon- 
rosa, por lo mismo que era tan ardua , tan original y 
necesaria. Ciertamente, en ese largo intervalo, se han 
publicado sobre Cuba muchas obras , y entre ellas dos 
muy importantes , como el Informe fiscal, de D. Vicente 
Vázquez Queipo, y la Reine des Antilles, por Hespel 
d'Harponville , pero sin tratar apenas de su historia. 

Difícil era que desde que apareció el Ensayo, se atre- 
viera nadie á echar sobre sus hombros la tarea de am- 
pliarlo y enmendar sus muchos defectos. Con elementos 
ya preparados por muchos, con centenares de textos mas 
ó menos veraces á la vista, á Prescott, á Mignet, á To- 
reno y á otros escritores de nuestros dias les bastaron su 
talento y su filosofía para esos grandes cuadros que 
eternizarán sus nombres en los anales literarios. Pero el 
que primero se lanzase á escribir la historia original de 
Cuba no tenia otras bases ni otras pruebas que las que 
se descubriese por sí mismo, á fuerza de perseverancia 
y de investigaciones penosísimas. 

Persuadido de que nadie podría fabricar con mas 
interés ese edificio que el que tenia trazado ya su plan, 
fué superior á mi insuficiencia mi resolución , y aspiré 
á la gloria de levantarlo al regresar á Europa en los pri^ 

HIST. DE CUBA.— TOMO I.— 2 



18 PRÓLOGO. 

meros meses de 1847, anhelando corregir los errores 
del incompleto y reducido Ensayo. 

No pedia alzarse una casa en un desierto sin buscar 
y reunir los materiales. Imposible era formar una cró- 
nica exacta y concienzuda, sin que la precediesen in- 
vestigaciones muy dilatadas y estudios muy minuciosos. 
En esta parte la fortuna me favoreció de un modo mani- 
fiesto. En abril de aquel año, estando en Londres, supe 
que un judío de la City, dueño de un almacén de anti- 
guallas y papeles viejos, poseia también muchos en len- 
gua española. Aunque sin esperanzas de que se refiriesen 
á mi objeto preferido , la curiosidad me condujo á su 
morada, y me sorprendió agradablemente el encontrar y 
adquirir, con un ligero desembolso, un legajo de docu- 
mentos roidos de polilla y sustraídos sin duda á los po- 
bres archivos de la Habana en 1 762 por la curiosidad de 
algunos de los invasores. Después de recoger, en el 
Museo Británico y en otras bibliotecas de aquella capital 
y de Paris , muchos otros datos útilísimos , pude en Es- 
paña reconocer los ricos manuscritos de la Biblioteca 
Nacional y de la Academia de la Historia de Madrid, 
merced á la amabilidad de mi amigo y condiscípulo 
D. Gregorio Romero Larrañaga y de mis sabios com- 
pañeros D. Cayetano Rosell y D. Tomás Muñoz Romero, 
cuya reciente muerte se deplora. 

Una vez extractado ó copiado en tan preciosos depó- 
sitos todo lo que sobre Cuba contenían la inestimable y 
vastísima colección inédita de D. Juan Bautista Muñoz, 



PRÓLOGO. 19 

las de Traggia , Mata Linares y otras muy curiosas, 
guiado por noticias verbales del Sr. D. Pascual Ga- 
yangos , pude conseguir que se me autorizase también 
para sacar copias y apuntes entre la antigua documen- 
tación referente á Cuba que estaba depositada en el Mi- 
nisterio de Gracia y Justicia. Recorrí allí toda la enorme 
causa original que se formó en 1764, por la rendición 
de la Habana , y las relaciones oficiales de la invasión de 
los ingleses en Guantanamo, en i 742, y de otros muchos 
episodios importantes y desconocidos. 

Pero en Sevilla, en el antiguo palacio déla Lonja, 
entre la majestad silenciosa de sus galerías, fué donde 
encontré continuando su sueño de tres siglos á la histo- 
ria de Cuba y á la de otros países que fueron españoles. 
Aparecía allí nada menos que toda la correspondencia 
oficial de sus gobernadores y obispos desde 1 526 hasta 
i 760; toda la vida pasada de la grande Antilla , cuida- 
dosamente ordenada por días , por meses y por años. 
Con los índices á la vista formé una larga nota de los 
documentos mas necesarios, y los hice copiar ó extrac- 
tar todos , completando así con ellos la preciosa y vasta 
colección histórica de Cuba que ha servido para tejer la 
narración de su historia, desde que la descubrió Colon 
entre la oscuridad de una creación desconocida hasta 
que en 1843 la dejamos ya en la adolescencia de su ci- 
vilización y realizando el antiguo pronóstico de Raynal, 
con su opulencia, su actividad, su ilustración, su po- 
derío. 



20 PRÓLOGO. 

Como son cuatro muy distintos los períodos de su 
vida , su crónica , extracto fiel y compulsado de tantos 
documentos, tiene que dividirse en cuatro tomos. 

El primero tratará desde el descubrimiento de la isla 
por Colon en 1 492 , y su colonización primitiva hasta 
que á fines del siglo xvi se constituyó en su capital su 
gobierno superior. 

El segundo referirá todas las angustias que acompa- 
ñaron á su organización hasta i 761 , período que, con 
algunos días serenos y aun gloriosos, puede designarse 
como el de su miseria. 

Iniciará el tercero la relación de su mayor desastre, 
la conquista de su capital por los ingleses ; y terminará 
en 1816 , cuando en tiempos mas felices iba á cubrir la 
isla sus necesidades con sus propios recursos. 

Su época mas reciente, la de su opulencia, que data 
de aquel año y llega hasta el presente , será objeto del 
cuarto y último tomo. 

Gomo desde que la Isla se empezó á colonizar tuvo su 
acción directiva que centralizarse en sus gobernadores, 
al mando de cada uno de ellos corresponde en la histo- 
ria de esa provincia el lugar mismo que á cada reinado 
en la historia de toda monarquía ; y de tan sencilla ana- 
logía dimana que, para mayor claridad de exposición, 
se dedique su capítulo á cada gobernador. 

Prefiriendo invariablemente lo cierto á lo supuesto, 
calco casi siempre la narración sobre los textos mas au- 
ténticos, y aun empleo á menudo el lenguaje de los mis- 



PRÓLOGO. ' 2Í 

mos actores á que se refiere, aunque en más de un lugar 
se modifique con el que se habla y escribe en nuestro 
tiempo. 

Los asertos que motiven dudas serán justificados uno 
á uno por su nota ; y por el número de citas que los 
acompañan, calculará el lector el de las crónicas y 
documentos <;onsultados para sujetar la narración á la 
verdad , primordial é imprescindible condición de toda 
historia. 

No me satisfizo el estudio analítico de mi copiosa co- 
lección manuscrita. Examiné también todas las obras, 
buenas ó malas, que directa é incidentalmente han tra- 
tado sobre Cuba. Como la abeja, para fabricar su panal, 
extrae el jugo de las flores que encuentra; así tuve yo 
que recoger en todas partes cuanto podia servirme paia 
completar mi labor con mas acierto ^ 



^ Debo aquí dar un testimonio de mi copias y extractos necesarios, así en 

gratitud á los Excmos. Sres, Duque de los archivos de Cuba como en los prin- 

Bailén, D. Francisco Javier Castaños, cipales de España. 
D. Gerónimo Valdés, Condes de Alcoy Ya con datos, ya con advertencias, 

y de Yillanueva, ya difuntos, á D. Ven- me favorecieron asimismo los brigadie- 

tura González Romero y D. Vicente res D. Pedro Esteban y D. Miguel Pa- 

Vazquez Queipo.EI primero de aquellos niagua , el sabio D. Pascual Gayangos, 

personajes , ligado á mi buen padre con D, Domingo Delmonte , D. José María 

una amistad de medio siglo, me facilitó de la Torre, el general D. Juan Tello, 

algunos originales de su hermano ute- D. Juan de Kindelan y el Sr. marqués 

riño el general las Casas, uno de los de Someruelos; y aunque muchos de 

mas señalados gobernadores que hubo ellos ya no existan , á todos debo este 

en Cuba; y á la protección y favor de recuerdo, 
los demás debí la facilidad de sacar las 



INTRODUCCIÓN. 



Por los Nortes boreales de la zona tórrida, dilatándose 
con forma irregular y caprichosa , ocupa la isla de Cuba 
un vasto espacio entre los grados 78 y 45 del meridiano 
longitudinal de Cádiz. Es su anchura tan desproporcio- 
nada á su extensión del E. al O., que en la mayor distan- 
cia de Norte á Sur apenas pasa de cuarenta leguas, con- 
tando en algunos puntos menos de catorce. Reconócese 
al examinar con atención la esfera que, cuando los pro- 
gresos de la inteligencia estrechen más y más las rela- 
ciones y distancias entre los países mas remotos, ninguno 
hay de geografía mas favorable para comunicarse y 
comerciar con todos los pueblos de la tierra. Bañada 
Cuba por el golfo que separa en dos grandes mitades el 
hemisferio americano , la avecinan por el Norte la Flo- 
rida y el archipiélago de Providencia ; por su Oriente, 
la grande isla de Haiti, ó de Santo Domingo, ó la antigua 
Española ; al Sur, la de Jamaica , y mas abajo el conti- 
nente meridional del Nuevo Mundo. Luego que se cum- 
pla allí el mismo decreto de civilización y de adelanto 
que ha perforado al istmo Egipcio ; cuando entre Chagres 
ó Aspinwall y Panamá quede abierto el que aun separa 



24 ' INTRODUCCIÓN. 

á los grandes Océanos , entonces serán los productos de 
Cuba tan comunes en el Asia y la Australia, como lo son 
ya en Europa y en América. 

Su periferia, que por el Oriente se pronuncia en ele- 
vadas sierras y es por su extremo occidental tan baja 
que apenas se divisa la costa sobre el mar, contiene mas 
de cuatro mil leguas cuadradas feracísimas, además de 
otras doscientas superficiales que reúnen todas sus islas 
adyacentes. 

Los campos de Cuba se fecundan con ciento veinte y 
siete rios, sin muchas corrientes tributarias, y algunas 
navegables en más ó menos extensión. Con su vegetación 
poderosa y sus robustos elementos para asegurar la 
opulencia de su agricultura cuenta también Cuba más 
de cuarenta puertos tan espaciosos como resguardados 
para diseminarla por todas las naciones. 

A su descubrimiento estaba abandonada la riqueza de 
su suelo por la ignorancia y la indolencia de la casta 
indígena. Dividida en tribus aisladas que procedían del 
continente, era mas fácil , mas pronto y mas acomodado 
á su pereza sustentarse con la caza y con la pesca que 
con el cultivo. Reducíanse sus labores á algunas siembras 
superficiales, hechas sin nociones de labranza y sin mas 
instrumentos que toscas estacas. Con su aislamiento y su 
indolencia se comprende que en un territorio tan fértil 
y tan vasto no viviesen , cuando los españoles vinieron 
á ocuparlo, mas que doscientos mil indígenas. Este fué 
el número entonces calculado por el famoso Padre Bar- 
tolomé de las Casas, uno de los primeros exploradores de 
la Grande Antilla. 

Por otra parte, permite suponer su clima mas favora- 
ble al desarrollo de las plantas que al de los hombres, 



( 



iNTRODtJCCION. 25 

que dimanasen las causas de esa despoblación de las 
misma& condiciones físicas de su atmósfera y su suelo. 

Con su verdura eterna y sus menores diferencias de 
temperatura, no se advierten tanto los cambios de esta- 
ción en la de Cuba ; pero está tan sometida, como las 
demás partes del globo, á leyes invariables ; y son inhe- 
rentes á la suya un sol ardiente y una humedad que , si 
vivifican sus campos poderosamente, también debilitan 
los cuerpos y producen enfermedades mas comunes que 
en las regiones mas septentrionales. 

Los cambios de temperatura en la Isla proceden más 
de la mudanza de los vientos que de la diferencia de las 
estaciones. Por ejemplo, cuando sopla viento Sur, se 
sufre casi igual calor en enero que en agosto , por mas 
que le mitiguen las brisas del E. , reinantes en lo más del 
año y cuyo influjo es mas benigno y grato cuando se 
encuentra el sol á mas altura. 

Tanto como las brisas, contribuye la regularidad de 
las lluvias á suavizar el ardor del clima. La constancia 
de las unas asegura la abundancia de las otras, amonto- 
nándolas sobre la atmósfera para que descarguen su 
electricidad por las campiñas. Cuando los vientos del Sur 
ó del Oeste , casi siempre pasajeros y variables , se 
oponen á la acción casi constante de las brisas ; enton- 
ces , por lo regular de mayo á octubre , se pronuncian 
tempestades tan violentas que descargan torrentes en 
lugar de lluvias. La humedad que suelen mantener en 
los campos y viviendas es directa causa de fiebres esta* 
cionarias intermitentes y otros males de análogo diag- 
nóstico. Esa humedad, en combinación con su atmós- 
fera elevada , precipita en la Isla la putrefacción de los 
cadáveres á las pocas horas de ser abandonados por la 



26 INTRODUCCIÓN. 

vida. Altéranse allí mas pronto que en Europa las carnes 
alimenticias y las frutas ; el pan se enmohece , los vinos 
ordinarios se agrian, se oxidan los metales, y hasta 
pierden su virtud reproductora los granos y simientes 
cuando la precaución no los preserva. Luego menester 
es que se resienta también de la influencia de una atmós- 
fera siempre húmeda y ardiente el cuerpo humano, y 
más ó menos, según la constitución, los hábitos y estado 
de cada individuo. 

En lugar de cuatro dos son solamente las estaciones 
que se determinan en Cuba y su archipiélago , al menos 
son las únicas que tengan carácter marcado y diferente : 
la de la seca, y la de las aguas. 

La primera, que suele empezar después de las lluvias 
equinocciales de octubre, apenas cuenta cuatro meses,' 
en los cuales la frecuencia de los vientos Nortes, á veces 
muy violentos, refresca la atmósfera y reanima algo los 
cuerpos, Pero esos Nortes, chocando también con los del 
Esle, tampoco rompen sin chubascos ni lluvias pasajeras. 
Esta es la época del año señalada para las tareas rurales 
y para la preparación de las cosechas que se siembran 
por octubre y noviembre, y se recogen por marzo ó por 
abril. 

La segunda estación, la de las aguas, se pronuncia 
por estos mismos meses. En algunos intervalos de su 
largo curso queda el cielo radiante y despejado. Enton- 
ces es cuando la temperatura tropical desplega sus rigo- 
res, sucediendo á la inundación de los campos y los pue- 
blos la influencia de un sol abrasador, pero menos homi- 
cida á la verdad en Cuba que en otras regiones de su 
misma zona. 

Con ese carácter climatológico , Cuba está sujeta á la 



INTRODUCCIÓN. 27 

violencia de dos sacudimientos físicos tan crueles como 
los temblores de tierra y los huracanes. Aquellos , por 
causas que los naturalistas mas inteligentes y estudiosos 
no han determinado aun con claridad, solo extienden sus 
estragos hacia el Este, especialmente desde las márge- 
nes del Cauto hasta la extremidad oriental. Los hura- 
canes, tan terribles como los temblores , soplan algunas 
horas con implacable furia por toda la parte occidental 
de la Isla. Pero la Providencia, equilibrando en Cuba 
los bienes con los males con la misma sabiduría que en 
los demás países del globo , refrena allí clemente esas 
dos plagas, y solo las desencadena en cada siglo en im - 
previstos instantes y por contadas horas. 

Esos son los principales distintivos físicos de Cuba. 
Sobre sus grandes grupos orográficos, sobre su variada 
y rica geología , sobre su flora y los múltiples indivi- 
duos en sus tres reinos naturales, ya diserta detenida- 
mente la ciencia en varios libros, y la facultativa expli- 
cación de tan curiosas materias no compete al nuestro. 

Tal era la Isla , que descubierta por el Gran Colon en 
1492 , no recibió en sus playas á la civilización europea 
sino veinte años después. Diego Velazquez con un pu- 
ñado de españoles y casi sin pelear, añadió su posesión 
á los dominios de sus Reyes. Solo el suplicio de un 
cacique forastero que excitaba á la resistencia á las 
tribus pacíficas de Cuba, turbó la tranquilidad de su 
conquista en época tan dura, que no siempre les permitía 
á los hombres ser clementes. A una fácil ocupación 
sucedieron los beneficios de la paz; y en menos de siete 
años se improvisaron siete pueblos , siendo no los prime- 
ros sino los principales , Santiago de Cuba y la Habana. 
Pero en aquel tiempo, como dice Prescott , la coloniza- 



28 iNtRODüCCION* 

cion corria parejas con los descubrimientos. Descubrióse 
á Méjico por dos expediciones armadas y tripuladas en 
los puertos de Cuba , y de la misma matriz salieron 
después otras mayores á colonizar y conquistar tan vasto 
imperio. Así es como á la muerte de Velazquez, ocurrida 
trece años después de la conquista , aquellos siete pue- 
blos, fundados con elementos y premisas de prosperidad, 
por espacio de un siglo apenas fueron mas que siete 
aldeas empobrecidas , primero por la emigración á 
Nueva España , y luego por la desaparición de la casta 
india. Los indígenas, sobrios, indolentes, sin afanes y 
sin necesidades, preferían la voluntaria muerte del 
suicidio al concurso de acción, á las fatigas moderadas 
que todo cuerpo social pide á sus miembros. 

Lo mismo sucedía en todas las demás Antillas, y aun 
en algunos puntos del continente, cuando el celo exa- 
gerado de Bartolomé de las Casas obtuvo que para 
reemplazar en las faenas mas fatigosas á los indios se 
llevaran al Nuevo Mundo negros africanos. Haciendo 
objeto exclusivo de su filantropía á una sola casta de la 
especie humana, redimió á unos con la esclavitud de 
otros, solo porque con un color mas oscuro y una cons- 
titución mas vigorosa le parecieron mas aptos para so- 
portar la servidumbre los hoaibres negros que los ama- 
rillos. La moral fué sacrificada entonces á la física. 

Pero no bastaba que cada africano trabajase tanto 
como cuatro indígenas. Aun en esa proporción el número 
de negros que se traían á Cuba no alcanzaba á reempla- 
zar á los indios que huian ó se morían. La Isla, lejos 
de prosperar, se empobrecía y seguían incultas sus 
llanuras, con las discordias entre sus colonos y los go- 
bernadores que sucedieron á Yelazquez. Manuel de Ro- 



INTRODUCCIÓN. 29 

jas, el mejor de todos, después de gobernar dos veces 
con desinterés y con acierto, enajenó sus propiedades 
como pudo, y pasó á mejorar de suerte en el Perú por 
evadirse de los pleitos , divisiones, denuncias y rencillas 
que encendían en Cuba los regidores , los empleados y 
los vecinos mas notables. A su ejemplo se marcharon 
muchos, abandonando por mejores granjerias en el nuevo 
continente una penosa y escasa saca de oro, que pagaba 
al Rey la quinta parte del que se recogia, y una cria de 
caballos que no siempre, por falta de embarcaciones, se 
exportaban. 

Resolvióse en 1538 la conquista de Florida, contra- 
tada por Hernando de Soto; y este Adelantado, para 
asegurar el éxito de aquella jornada , abusó de su au- 
toridad sobre la Isla extinguiendo su solo artículo de 
tráfico. Apoderóse para su expedición de todos los caba- 
llos útiles, y con ellos desapareció durante algunos años 
la raza caballar del país. A esa causa tan incidental y 
secundaria se juntaron muchas para que siguiese Cuba, 
durante muchos lustros, oscurecida, pobre y agitada. 

Gobernáronla cuatro abogados sucesivamente , aun- 
que no de iguales condiciones , pero todos con igual 
desautorización , todos entre desaciertos y rivalidades 
con los ayuntamientos y los empleados administrativos. 
' Nunca hubo nación mas dominada por el sacerdocio 
monacal y el secular que España en el siglo xvi. Aun - 
que fuese entonces Cuba una de sus posesiones menos 
importantes y mas ignoradas , sufrió como todas las 
demás, las consecuencias de aquel dominio exagerado. 
A la intolerancia, á la avaricia, á la imperiosidad de 
los primeros obispos que se la destinaron casi desde 
antes que tuviese templos, acompañaron mas fundacio- 



30 INTRODUCCIÓN. 

nes monacales y piadosos donativos que los que permitia 
la escasez de brazos y recursos de su naciente agri- 
cultura. Así, la población , en lugar de fomentarse, de- 
creció con instituciones incompatibles con la industria 
manual y la propagación de las familias. 

Aunque engolfado Carlos V en el piélago de los asun- 
tos europeos , también ocuparon su atención los inmen- 
sos Estados que adquirió en América. Tenia ya bosque- 
jíido para ellos el plan gubernativo que debia regirlos 
una Junta de jurisconsultos y teólogos, que formuló el 
sistema de legislación que habia de observarse en las 
colonias. Influida por las representaciones de Las Casas, 
natural era que las nuevas leyes extinguiesen el abuso 
de los repartimientos y declararan á los indígenas 
emancipados de toda servidumbre. Ya quedaban po- 
cos en Cuba cuando empezaron á regir las leyes que 
promulgó aquel Soberano para su imperio ultrama- 
rino; pero los colonos que aun los poseían unieron 
sus clamores á los de todos los demás de América; y, 
si abiertamente no se opusieron á aquella reforma , 
como en el Perú y en otras partes , se debió á que su 
debilidad no les permitió mas resistencia que la de las 
súplicas. Pero con la emancipación de los indios, aun- 
que dictada, según Las Casas, «por una ley de Dios, 
que prohibía hacer el mal, aunque de él resultase el 
bien , » se abandonó de una vez el laboreo de los pocos 
y escasos filones de oro que aun habia por Trinidad, 
Jagua y Santiago. Cesó la única industria de los pobla- 
dores, y quedaron reducidos á vivir de sus ganados y 
tráficos mezquinos. 

En medio de tantas cortapisas crecía, sin embargo, la 
Habana , al paso que los demás pueblos disminuían con 



INTRODUCCIÓN. 51 

rapidez, menos Bayamo, conservado en su ser por al- 
gún tráfico de cueros y de reses con Jamaica y Tierra- 
Firme. La escala que hacían en aquel puerto los buques 
á la ida y al regreso de Nueva España dejaba utili- 
dad á sus vecinos con la venta de víveres y el hospe- 
daje de los forasteros y con las comunicaciones mas fre- 
cuentes ya allí que en ningún otro punto entre los dos 
hemisferios. Acababa de espirar la primera mitad del 
siglo XVI, y ya el abogado gobernador Gonzalo Ángulo 
le reconocía por cabeza natural de la Isla, y procuraba 
fijar allí su residencia. La misma preferencia que la au- 
toridad la dieron también , entre los demás pueblos, los 
feroces corsarios de aquel tiempo. Después de haberla 
incendiado en 1538, volvieron en 1555 á saquearla 
por segunda vez , sin que los contuviese una insuficiente 
fortificación levantada por Soto para su defensa. 

Hasta que los enemigos no empezaron á darle alguna 
importancia, no empezó la Corona á sospechar que la 
tuviese. Después de Ángulo, un gobernador militar re- 
emplazó á un gobernador letrado, y con él vino de Mé- 
jico una primera guarnición estipendiada, pero insigni- 
ficante y miserable , como el número de los individuos 
y el valor de los intereses que habia de custodiar. 

Aunque varias naciones europeas, por medio del corso 
y la piratería , se esforzaban en participar de unas ri- 
quezas que sus descubrimientos y el valor de sus hijos 
habia adjudicado á España sola, el brigandaje extran- 
jero respetó , sin embargo , sus colonias cuando orga- 
nizó Felipe II ce la Armada de la guarda de la carrera 
de las Indias,» y sobre todo mientras la acaudilló un 
marino incomparable , Pedro Menendez de Aviles. 

Después de la muerte de aquel monarca y de Menen- 



52 INTRODUCCIÓN. 

dez , tres castillos ya alzados en la Habana , algunas de- 
fensas nuevas en Santiago, y sus guarniciones ya au- 
mentadas, no impidieron que fuese Cuba objeto perenne 
y preferido de ataques y saqueos de los corsarios. Pero 
aun con tan dura cortapisa, colocada en la derrota de 
un continente á otro , y con un territorio tan fecundo, 
su comercio tomó algún incremento con el contrabando; 
su legislación , sus usos , su gobierno se fueron , aunque 
lenta y defectuosamente, organizando. Los corsarios 
mismos, cuando no podian robar, traficaban secreta é 
impunemente con los habitantes , y daban á los frutos 
de la tierra una salida que les vedaban las restricciones 
mercantiles , inventadas por la ignorancia de la época 
en la gestión de la riqueza pública. Se introdujeron 
negros , ó por contratas , ó por contrabando ; se labra- 
ron ingenios , se obtuvo un azúcar igual al mejor de 
otros países; se sembró y se recogió un tabaco mejor 
que el de ninguno ; y de año en año se fueron descu- 
briendo señales infalibles de la opulencia futura de una 
tierra tan escasa en productos necesarios como abun- 
dante en los superfinos. 

ün siglo después de descubierto el Nuevo Mundo , el 
aumento repentino del oro y de la plata que se sacó de 
sus entrañas causó una revolución en el comercio y en 
el espíritu de todas las naciones. Para la curiosidad y 
las ilusiones que los descubrimientos inspiraron no ha- 
bía posible freno. No ya los españoles solos , todos vol- 
vieron sus miradas hacia el continente occidental. Le 
suponían como un Edén cubierto de tesoros , de fan- 
tásticos anímales, de plantas singulares, que curaban 
todas las enfermedades, y hasta de aguas maravillosas y 
capaces de trocar la decrépita vejez en juventud lozana. 



INTRODUCCIÓN. 3S 

Todos naturalmente se lanzaron á participar de tantos 
beneficios; porque ni el material poder de España, ni 
la autoridad de los Pontífices, que le confirió el dominio 
exclusivo de las regiones descubiertas, podían sofocar 
unas aspiraciones tan naturales en los demás pueblos. 

Luego que con !a muerte de^ Felipe II y la destruc- 
ción de su famosa armada en las costas de Inglaterra, 
empezó con el siglo xvii á decaer el poder español , el 
cebo del pillaje inundó de corsarios toda la zona marí- 
tima que corre desde las primeras Antillas hasta el golfo 
Mejicano. La Europa entera , representada por piratas, 
corrió á tomar su parte en los frutos de ese mundo 
nuevo que sus propias hazañas y la sanción pontifical 
habían declarado propiedad exclusiva de los españoles. 
Y surgiendo Cuba en el centro de ese círculo , menester 
era que en sus costas, visitadas á la ida y á la vuelta 
por los navegantes, encontraran los agresores cosechas 
de rapiña mas seguras que en los demás rumbos. 

Con pocas, desatendidas y pobres poblaciones, con 
muchos puertos cómodos y solitarios, y en una posición 
tan céntrica , ¡ entre cuántas miserias se meció la cuna 
de esa grande Antilla , destinada por la naturaleza á ser 
tan opulenta! ¡ Cuántas desolaciones y amarguras la agi- 
taron! Unas veces, los armamentos de la Holanda ame- 
nazaban destruir su capital , pillándolo todo en su ve- 
cina costa ; la bloqueaban , tenían á sus vecinos meses 
enteros en alarma, sin descanso y sin pan, y muchas ve- 
ces hasta sin las gotas de vino necesarias para celebrar 
el santo sacrificio de la misa. Otras, el francés entraba 
á saco en la indefensa Santiago, incendiándola, profa- 
nando sus templos y sus vírgenes. Ya el inglés Morgan , 
mas audaz aun, pero menos inhumano, penetraba en 

HIST. DE CUBA.— TOMO I.— 3 



34 INTRODUCCIÓN. 

Puerto-Príncipe, desbarataba en el campo á sus bisónos 
pobladores y los ponia á rescate. La isla de Pinos, las 
bahías de Ñipe, de Matanzas, de Jagua , de Manzanillo 
y de Guantanamo, nidos perennes de piratas, pertene- 
cieron, cerca de cien años, mas bien que á los españo- 
les, al brigandaje, al contrabando extranjero. Y cuando 
mas pujantes estos, mas débiles estuvieron ios sucesores 
de Felipe lí. Sordos á los gritos de los gobernadores de 
Cuba, impotentes para remediar sus necesidades, ó dis- 
traídos con sus guerras en Europa , desde 1635 se ha- 
bía mandado amurallar la Habana, y se ideaban planes 
para la obra sin discurrirse arbitrio para ejecutarla. 
En 1667, después de una pirática invasión en Sancti- 
Spíritus, de crueles asesinatos y depredaciones en los 
puntos litorales, y al contemplar la turba de familias 
desnudas, trémulas y desamparadas que se agolparon á 
refugiarse en la ciudad, su gobernador D. Francisco 
Dávila Orejón halló en el patriotismo de sus morado- 
res los medios que no habia podido facilitar el gobier- 
no. A su voz, todos se convirlieron en operarios; y tra- 
zando él mismo los reductos y los parapetos, bastaron 
algunas semanas para abrigar al puerto con un recinto 
de fortificaciones provisionales é imperfectas , pero sufi- 
cientes para rechazar un golpe de mano , una sorpresa. 
Tiempo era. Los ingleses habían conquistado ya á Ja- 
maica y otras islas, estableciéndose también en el con- 
tinente septentrional. Los franceses eran dueños de la 
mitad de la Española. Las fortificaciones improvisadas 
por Dávila, merced á sus enérgicos clamores, fueron 
lentamente reformándose con mayor solidez y con arre- 
glo al arte por sus sucesores, ayudados por las flotas 
y caudales que venían de Méjico. 



INTRODUCCIÓN. SS 

Otra obra, casi tan importante como la de las fortifi- 
caciones, se emprendió también con pocos medios á 
principios del siglo xvii , la del Astillero de la Habana. 
Felipe V, mejor aconsejado que sus tres predecesores, 
después de reformar y de aumentar la guarnición de 
Cuba , destinó operarios y cantidades para varias cons- 
trucciones navales con tal éxito, que, antes de termi- 
nar su glorioso reinado en medio de una larga guerra 
y con frecuentes peligros de invasión, se fabricaron allí 
cinco navios , cuatro fragatas de guerra y más de veinte 
buques corsarios y mercantes. 

Todavía la Isla progresó muy lentamente , es cierto; 
porque los errores de su administración comercial, le- 
jos de darles la salida que exigían, dejaban que sus 
productos se perdiesen en su mismo suelo. Pero eran 
sus tabacos, sus azúcares, y las ventajas de su situa- 
ción tan apreciadas , tan reconocidas , que antes de 
mediar el siglo xviii , ya codiciaba su adquisición la 
primer potencia marítima de Europa. En 1742, un ar- 
mamento inglés muy considerable intentó apoderarse 
de toda su parte oriental , siendo rechazado por el rigor 
del clima y el valor de sus habitantes; y luego catorce 
años de paz y algunas reformas acertadas en su legis- 
lación y en su gobierno, vinieron á dar á Cuba alguna 
vida. 

Contaba ya su población noventa mil blancos , veinte 
mil individuos libres de color y cuarenta mil esclavos, 
cuando estalló un nuevo rompimiento con la Gran Bre- 
taña y resolvió esta potencia apoderarse de la mayor 
y mas importante de las islas del continente americano. 
Sin estar aun sus fortificaciones terminadas, ni ser sus 
fuerzas suficientes para defenderla , de repente cayó, en 



36 INTRODUCCIÓN, 

junio de 1762, sobre la Habaaa la expedición mas for- 
midable que haya lanzado la Europa sobre el Nuevo 
Mundo desde que se descubrió hasta nuestros dias. Des- 
pués de dos meses de una gloriosa lucha , sostenida por 
menos de seis mil hambres contra más de veinte y ocho 
mil, entre los horrores de una epidemia nueva y homi- 
cida, sucumbió la Habana cuando no contaba ya mas que 
novecientos defensores. Pero con su capital no sucum- 
bió la isla. No permitieron el patriotismo y la lealtad de 
sus habitantes que los ingleses dominasen allí mas tierra 
que la que hollaban con sus plantas. 

Devuelta la conquista á España en 1763, cuando, 
después de perderla , habia acabado de comprender lo 
que valia, el rey Carlos Ilí destinó sumas cuantiosas, 
hábiles ingenieros, numerosos brazos para alzar esas 
soberbias fortalezas , que convirtieron á la Habana en la 
primer plaza de América , enviando también las tropas 
necesarias para defenderlas. Y dispensó á la Isla bene- 
ficios aun mayores , libertándola de la opresión de una 
compañía monopolista que absorbia ella sola todos sus 
productos. El célebre decreto de 4 778, extendiendo la 
libertad comercial á los principales puertos de la Penín- 
sula , rompió las trabas que más hablan entorpecido el 
desarrollo del tráfico con Cuba. En dos lustros, v entre 
una nueva lucha con Inglaterra , de menos de medio mi- 
llón de pesos que en 1772 rendían todas las rentas al 
Erario, llegaban en 1782 á uno y medio : resultado in- 
esperado y exclusivo de una reforn^a sabia, conseguida 
en una época de alarmas y de bloqueos , antes que su 
población y agricultura pudieran fomentarse. 

En los últimos cuarenta años del siglo xviii , el tino, 
la prudencia y la sabiduría de tres gobernadores exce- 



INTRODUCCIÓN. 37 

lentes contribuyeron casi tanto como la nueva marcha 
del gobierno á empujar á Cuba por sendas de progreso. 
El Bailío Bucareli , organizando la defensa militar 
afianzó su seguridad y aumentó sus productos , persi- 
guiendo vivamente el contrabando. El marqués de la 
Torre empezó á moralizar el país , formó colonias nue- 
vas, encontró recursos para muchas obras necesarias, y 
para libertarla , según su misma expresión , « de la mi- 
seria de sus antigüedades ' . » D. Luis de Las Gasas lo- 
gró prolongar siete años más en Cuba aquella era tan 
floreciente de Carlos 111 que con la muerte de este 
Príncipe habia ya terminado para España, cuando él 
vino á gobernar esa Isla, y colocarla con su inteligen- 
cia, su humanidad y sus creaciones, en la misma altura 
de civilización que su Metrópoli. 

Luego comenzó á rayar la aurora de su prosperidad, 
pero entre una atmósfera negra y tormentosa , y mil 
anuncios de que se destruyese desde su mismo naci- 
miento. Sobrevinieron tres guerras sucesivas con dos 
grandes potencias marítimas; y además de la lucha de 
las armas, sobrevino con ellas otra mas temible aun, 
mas duradera , la de las ideas. 

Harto de censurar y sentir fué con el tiempo, que, 
cuando se reunían á promover en Cuba su riqueza ma- 
terial mayores elementos, no recibiesen formas, ni de- 
terminadas leyes , ni la especial organización que nece- 
sitaban desde entonces. 

Desde 1791 se permitió á los españoles traer á sus 
Antillas brazos de África , cuando ya no podian traerlos 

* Véase la Memoria del gobierno del la Capitanía general, y copiado en núes- 
marqués de la Torre , de 1771 á I"/??, tra Colección. 
Existe en la Habana , en el archivo de 



HS INTRODUCCIÓN. 

ios extranjeros á las suyas, é introducian en Cuba y 
Puerto- Rico mas hombres que mujeres, prefiriendo la 
prontitud á la estabilidad de sus progresos. Cuando, con 
tanta introducción de esclavos se venia á arraigar en 
Cuba un pueblo dominado tan numeroso como su domi- 
nador y tan diferente en sus tendencias como en el co~ 
ior de su semblante , no se dictaban ios deberes de los 
esclavos para con sus dueños , ni los de estos para con 
aquellos. Como si, sin excepción de casos, hubiese de 
ser inalterable con muchos la suavidad dominical que 
hasta entonces se habia aplicado á pocos. Porque fuera 
hasta allí poco numerosa y bien tratada, sin leyes ni 
reglamentos especiales, se creyó que tampoco serian in- 
dispensables cuando tomase incremento. ¡Imprevisión 
de funestas consecuencias! Aun no se presumía en Es- 
paña que los mismos que la propagaron en América, 
exagerando en sus Antillas su número y su yugo , ha- 
bían de anatematizar sin tregua en breves años á una 
esclavitud de condiciones menos duras que ¡a de Haiti 
y Jamaica, y mas compatibles, por lo tanto, con la hu- 
manidad que invocan los abolicionistas. Aun do se adi- 
vinaba que los que antes atropellaron allí más sus san- 
tos fueros, se habían de declarar sus mantenedores mas 
intransigentes. Pero ya se comprendía la necesidad de 
consolidar con formas duraderas y benignas la nueva 
fuerza social que se iba á difundir por Cuba; y si el no 
decretar en asunto de tal monta forma grave cargo con- 
tra el gobierno de aquel tiempo, en culpa mayor aun in- 
currieron con no proponer ni aun estudiar tampoco nada 
los gobernadores y corporaciones de la Grande Antilla, 
en el tercio primero del presente siglo. Solo con la bon- 
dad del Código de Indias y el espíritu de sumisión que 



LNTRODL'CCION. 39 

engendró en América, se explica el fenómeno político 
de haber prosperado la Isla más desde que se aglomeró 
en su seno el elemento que podia destruirla , y de que 
se pieservara del contagio de la emancipación violenta 
en las vecinas Antillas, para solo emplearse en fecun- 
dar á la mayor de todas las de su archipiélago. 

Pero no de legisladores, sino obra sola de la Provi- 
dencia fué que preparado Cuba su suntuoso porvenir, no 
solo con la quietud y disciplina de una esclavitud mal 
organizada , sino cambiando en causas inmediatas de su 
prosperidad los acontecimientos mas propios para entor- 
pecerla. El astro protector de Cuba hizo mas que li- 
brarla de peligros ; se los cambió todos en causas que 
determinaron con el tiempo sus progresos. 

Las posesiones anglo-americanas del continente, al - 
zadas contra su Metrópoli desde 1774, independientes 
desde 1783, con el nombre de Estados -Unidos de la 
América del Norte , v desde entonces mismo desagrade- 
cidas á los auxilios de España, corresp ndieron á unos 
favores mas generosos que prudentes en la potencia 
que mas colonias poseia . revolucionando sus estableci- 
mientos de la Luisiana y forzándola así después á ceder 
esa provincia para que después fuese vendida. La Lui- 
siana dejó á ia verdad de ser de España; pero se reparó 
esa perdida ventajosamente, trasladándose multitud de 
agricultores españoles y franceses á fecundar á Cuba con 
su industria, su laboriosidad y sus caudales. 

La revolución de Francia, que comenzó desde 1TS9 
á preparar la de la Europa entera, emancipó la escla\i- 
tud en sus colonias, y así dejó á su Metrópoli sin ellas. 
Dueños los negros de Sanio Domingo, y convertidos 
sus pueblos en cenizas, la Europa civilizada se incomu- 



4o ÍNTRODUCCIOÑ. 

nicó con los autores de la destrucción de aquel rico 
mercado. Entonces, sus colonos y sus industriales con- 
tribuyeron á reproducir en Cuba los frutos que allí se 
hablan perdido. 

El atentado que se cometió en Bayona en 4 808 
con los Reyes de España , y la traidora invasión de la 
Península por los franceses, sorprendiendo en plena paz 
sus plazas fronterizas, facilitaron la rebelión de las po- 
sesiones del continente hispano-americano. Al dejar de 
ser españoles después de quince años de lucha parri- 
cida , la guerra y la anarquía lo devoraron lodo en 
unos países antes tranquilos y opulentos. Gran número 
de capitalistas los abandonaron; y la mayor parte de 
una emigración tan útil y creadora llevó á Cuba sus cau- 
dales y sus esperanzas, atraída menos aun por la paz 
y la riqueza de su suelo , que por la libertad de su co- 
mercio abierto á todas las banderas desde 1818 , como 
lo habia sido desde 1 778 para los nacionales. 

Encontramos , pues , que los desastres mismos que 
amenazaron durante cuarenta años de guerras, ó con 
los ingleses, ó con los franceses, ó con los indepen- 
dientes de la América española, se fueron trocando uno 
tras otro en causas inmediatas de prosperidad para la 
Grande Antilla. Solo con una serie tan inesperada como 
positiva de consecuencias tan propicias se comprende 
cómo una Isla , cuyas rentas públicas no pasaron en 
1782, de millón y medio de pesos, llegaran en 1841 
al guarismo sorprendente de 10.112,534 pesos; ha- 
biendo así podido desde algunos años antes empezar á 
retribuir á su benéfica Metrópoli con algunos intereses 
de la enorme suma de cíenlo sesenta millones de pesos 
que tenia inverlidos en colonizar, defender y enrique- 



INTRODUCCIÓN. 41 

cer á Cuba. ¡Tan maravilloso y feliz fué el resultado 
de algunas disposiciones entendidas y combinadas con 
algunas circunstancias favorables I ¡Cuánto mayor aun 
no habria sido si no las hubiesen precedido tres siglos 
de errores, guerras y tropiezos administrativos! Pero 
esos errores , hijos de un sistema que mas ó menos 
habia extraviado á la administración de todas las po- 
tencias europeas, nunca fueron exclusivos ni peculia- 
res de la sola España, que, además de repararlos en 
i 81 8 abriendo sus puertos á todas las naciones, pro- 
digó á Cuba mercedes y favores que de ninguna otra 
Metrópoli recibió jamás ninguna otra provincia ultra- 
marina. 

Libre siempre del indispensable y cruel tributo que 
los pueblos de Europa, y aun de América, se pagan á 
sí mismos, las tropas peninsulares la han guarnecido en 
todo tiempo , para que todos los brazos de sus naturales 
se aplicasen á la agricultura, al comercio y á la indus- 
tria. No solo suministra España las tropas permanentes 
de la Grande Antilla, sino que con remesas de mozos y 
artesanos que serian muy útiles en su propio suelo re- 
nueva y fomenta de continuo la población trabajadora de 
Cuba, sin cesar diezmada por un clima para la raza 
blanca poco favorable. 

Los herederos de sus primeros pobladores, meros 
utilitarios de tierras informal y arbitrariamente merce- 
dadas por los antiguos ayuntamientos cuando ni habia 
quien emprendiese su roturación , luego que con el au- 
mento de la colonización empezaron á tomar valor, se 
vieron declarados propietarios de vastas haciendas por 
un real decreto en que se despojó la Corona de sus pro- 
piedades territoriales por cedérselas. Si se recorren los 



42 mTRÓDÜCtílOÑ. 

anales de todos los pueblos, difícilmente se hallará otro 
ejemplo de munificencia semejante. 

Este beneficio, aunque recibido por contadas familias 
ó individuos , recayó sobre otros muchos que se habian 
acumulado en Cuba sobre la propiedad territorial. Desde 
los primeros tiempos de la colonización hispano-ameri- 
cana se habia comprendido que, donde sobraban cam- 
pos fértiles y fallaban brazos que los cultivasen , para 
que fomentaran los pobladores los cultivos, habia que 
eximirlos de las cargas que cuando se descubrió el 
nuevo continente gravitaban sobre la propiedad terri- 
torial de Europa , donde ya la población se proporcio- 
naba á la superficie que la mantenia. Y entre infinitos 
errores administrativos de tres siglos de dominio en 
América, cometidos lo mismo por Inglaterra y Francia 
que por España , la verdad de una teoría económica tan 
clara triunfó de la oscuridad que ocultaba á muchas 
otras. Observóse en Cuba ese principio, hasta hace poco 
tiempo sin alteración , para que creciese allí mejor, sin 
trabas ni mas directa carga que un diezmo moderado, 
el elemento primordial, la base de la riqueza de los paí- 
ses, que es la agricultura; y con su constante aplicación 
se fué gradualmente consiguiendo el desarrollo de sus 
grandes productos y de sus rentas. Ese principio , con 
la evidencia de sus hechos, ha de disipar todos los sue- 
ños é ilusiones de los que se afanen por contradecirlo; 
porque los errores ya no se perpetúan en nuestro siglo. 



HISTORIA 

DE LA TStA DE CUBA 



CAPÍTULO PRIMERO. 



Descubrimiento de la isla. —Ilusiones de Colon.— 'Sus exploraciones litorales.— 
Los indígenas de Cuba. — Espíritu hospitalario de los de Macaca. — Reconoce 
Colon la costa meridional hasta mas allá de Batabanó. — Penalidades de su 
navegación. — Retrocede. — Creencias de los indígenas. — Bogeo de las costas 
de la isla por Sebastian de Ocampo. — El puerto de Carenas —Naufragio de 
Aionso de Ojeda en Cuba. 



La priíEQra de las regiones europeas y la mas avan- 
zada entre los mares , le tocó á España realizar la idea 
mas atrevida que jamás concibiese mente humana. 
Con la forma del globo lerrestre, el genovés Cristóbal 
Colon habia en embrión adivinado la existencia de un 
continente aun ignorado. Pero desatendido en varias 
cortes y tenido por demente en otras, sus inspiraciones 
solo fueron creidas en un pueblo siempre emprendedor 
y aventurero , siempre fácil de fascinar con lo maravi - 
lioso. Esas inspiraciones no eran sueños, aquel mundo 
existia, y los españoles, destinados por la Providencia 
á conquistarlo, le ayudaron también á descorrer el velo 
inmenso con que el Océano en su mayor anchura ocul- 
taba al antiguo un mundo nuevo. 

Cuando al llegar en su primer viaje á sus linderos 
reconocía las Lucayas, sus primeras islas, los naturales 
de la de Saometo, según su nombre indígena, ó de la 



44 HISTORIA 

Isabela, como la apellidó el gran navegante, le infor- 
maron que al S. O. encontrada una tierra vastísima, 
poblada y opulenta. 

No podían contentarse los descubridores con el hallaz- 
go de algunas pobres islas. Ansiaban llegar á regiones 
llenas de oro y de diamantes. Por otra parte, los gestos 
de aquellos isleños más que su lenguaje incomprensible 
renovaron en su imaginación tedas las risueñas y bri- 
llantes ideas del veneciano Marco Polo* y del inglés 
Mandeville ^ , viajeros que un siglo antes habian pene- 
trado en países aun mucho mas remotos hacia Oriente 
que los que sometió Alejandro el Grande, y escribieron 
maravillosas relaciones. Una tierra que designaban los 
Lucayos con el nombre de Cuba, túvola Colon por aquel 
portentoso Cipango ó Japón que habia pintado Polo como 



• Marco Polo nació en Venecia en 
12S6, y murió en la misma ciudad en 
1323. Con un hermano suyo, llamado 
Andrés, emprendió su primera expe- 
dición á Oriente, en la cual atravesó la 
Persia y la Tartaria. En otro segundo 
viaje que hizo con una comisión del Dux 
de Venecia para el gran Khan de las 
Indias orientales, que así se llamaba en- 
tonces en Europa al Emperador de la 
China, llegó á Pekin después de muchas 
aventuras; siendo el primer europeo 
que formase una relación de las mara- 
villas y singularidades de aquella gran 
ciudad. Aunque no hubiese entonces 
imprenta que reprodujera los libros que 
escribió Marco Polo sobre sus viíijes, 
circularon en copias lo bastante para 
que le sirviesen de guía al inglés Man- 
deville, y para que luego peocupa- 
ran grandemente la imaginación de 
Colon, 



^ Juan de Mandeville, célebre via- 
jero inglés , que nació hacia 1300 y 
murió en Lieja en 17 de noviembre de 
1372, era de familia distinguida y aco- 
modada. Se dedicó á la medicina , á las 
matemáticas, y sobre todo á viajar por 
donde no hubiese ido nadie. En 1327 
atravesó la Francia y el Mediterráneo, 
llegó á Egipto, se puso allí al servicio 
del sultán Meleck , con cuyo favor se 
trasladó con otros cuatro compañeros á 
las Indias orientales, llegando hasta la 
corte del Khan de Cathay, ó sea Pekín, 
donde permaneció muchos años. Al re- 
gresar á Inglaterra en 1361 escribió 
una relación de sus viajes , que encantó 
primero á los que la leyeron manuscrita, 
y luego al público cuando hubo impren- 
ta, con los casos y cosas sorprendentes 
y maravillosas que contenia. Reprodujo 
en ella muchas materias contenidas en 
la obra del célebre Marco Polo. 



DE LA ISLA DE CUBA. 45 

un edén de rarezas y tesoros; y si no fuera Cipango, 
sus convicciones sobre la esfera terrestre le permitian 
conjeturar que fuese aquella Cuba algún inmenso ter- 
ritorio de ios límites orientales del Asia , de los estados 
del gran Khan de las Indias, en cuya descripción tam- 
poco habian escaseado Mandeville y Polo los tintes mas 
caprichosos y fantásticos. 

Colon con sus tres inmortales carabelas, la Santa Ma- 
ría , la Pinta y la Niña , salió de Saometo en la noche 
del 24 al 25 de octubre de 1 492 en busca de países 
que le representaba su imaginación colmados de prodi- 
gios. Navegando con rumbo al S. O. E. y no con gran 
bonanza, descubriendo islotes, bajos y arenales, al ano- 
checer del sábado 27 de octubre , hacia los grados 22 
de latitud y 71 de longitud, divisó una región cuyos 
límites se perdían en el Océano y tan alta que sus cum- 
bres le parecieron perderse entre las nubes. Era la que 
después se llamó Cuba. No queriéndola abordar de 
noche estúvose á la capa hasta el amanecer del 28 en 
que echó el ancla en la embocadura de un rio, á que dio 
el nombre de San Salvador y lleva hoy el de Máximo. 

Frondosos bosques de palmas y variados árboles da- 
ban sombra á su corriente cristalina. La creación pare- 
cía haber agotado sus esfuerzos en adornar el expléndido 
paisaje que por allí se extendía hasta el horizonte. Re- 
animáronse de repente ojos y corazones aun entristecidos 
por la desconsoladora soledad y exploración de mares 
ignorados. Era aquel un vergel , accidentado en unas 
partes, llano en otras , florido y opulento de vegetación 
en todas. Les ofrecía la naturaleza en aquel puerto sus 
pompas mas lozanas á los audaces navegantes como tro- 
feos del mundo virginal que descubrían ; tierras fecun- 



46 HISTORIA 

das, un clima suavísimo, extrañas y cantadoras aves, 
desconocidas plantas , palmas majestuosas. A esa costa 
peregrina y perteneciente, según el descubridor, á su 
fantástica Cipango , llamóla Juana en honor del Príncipe 
D, Juan, primogénito de los Reyes Católicos y heredero 
entonces de sus dos coronas ^. 

Ál acercárselas carabelas se habían alejado con pre- 
cipitación dos canoas de indios. No aparecieron allí cerca 
sino dos desiertas chozas de enramada y cañas con 
algunos arpones de hueso, redes y rústicos avíos de 
pesca. 

Solazáronse allí todo aquel dia los españoles, y cal- 
culando la bondad de toda aquella tierra por la de aquel 
sitio, escribió el mismo Colon en su diario «que era la 
mas fermosa que jamás vieran ojos humanos.» Parecióle 
que donde con el solo aspecto (íel paisaje se recreaban 
los sentidos, podrían también colmarse todos los de- 
seos ; y no dudó que tan bella región encerrase en sus 
entrañas oro, especerías en sus vergeles, y perlas en 
las corrientes de sus ríos. 

Lleno de aliento y de ilusiones navegó el 29 hacia el 
Poni(inte muy cerca de la costa , entre bancos y entre 
isletas. Reconoció las bocas de dos pequeños ríos, dobló 
el 31 la Punta de Yana, que llamó Cabo de Palmas, y 
fondeó en la embocadura del Caonao Grande, que nom- 
bró rio de Mares. Los indios Lucayos que le acompa- 
ñaban le significaron con su mímica y sus gestos que 
no lejos de esa embocadura encontraría otro rio poco 
distante de Cuhanacan^ tierra abundante en oro. Las 



' Véase á D. Martin Fernandez de D. Juan, cuyo nombre puso á la isla, 
Navarrete, historiador de los viajes de murió á los 18 años de edad en Sala- 
Colon, y á W. Yrviug. — El Prí ¡cipa manca, en 4 de octubre de 1497. 



DE LA ISLA DE CUBA. 47 

dos Últimas sílabas de esta palabra , que en el dialecto 
indígena significaba medio ó en medio, podian interpre- 
tarse como significando que las minas del precioso metal 
se encontrarían en lo interior de las tierras de Cuba. 
Además la terminación de can , por su engañosa conso- 
nancia , confirmó á Colon en su halagüeña idea de que 
por momentos se iba aproximando á los estados del gran 
Khan de las Indias. Siguieron los descubridores su nave- 
gación con todo empeño. Pero aunque se sucediesen los 
cabos á los cabos, la costa perdía mucho en aspecto, 
sin presentarse ni el anunciado rio , ni siquiera un 
mediano surgidero. El viento se volvía contrario; el 
cielo se cargaba , y retrocedieron á anclar en el rio Ma- 
res ó Caonao, dejando reconocido con el nombre de 
Jardines del Rey ese archipiélago de islotes que se ex- 
tiende á lo largo de la costa del Norte , donde reconoció 
los Cayos que hoy se llaman Romano, Coco y Guayabo. 
Aun seguían desierto el valle y abandonadas las ca- 
banas. Destacó Colon por el rió adentro un bote lle- 
vando de intérprete á uno de los Lucayos encargado de 
explicar á los isleños las miras pacíficas de los españo- 
les, así como su intención de agasajarlos. Desempeñó 
el indio su mensaje de manera que por la tarde regresaba 
el bote entre veinte canoas cargadas de indígenas, que 
traían algodón , raices alimenticias y frutas de forma y 
sabor desconocidos. Pero Colon prohibió á los suyos que 
traficasen con ellos , como no fuese por oro , creyendo 
así forzarlos á que cambiasen el metal deseado por las 
cuentas, por cascabeles y por baratijas todas para ellos 
nuevas y admirables. Supérflua fué esa precaución; por- 
que excepto uno que traía colgada á la nariz una piece- 
cíta de plata, ni oro ni ningún metal manifestaron. 



48 HISTORIA 

De igual aspecto y raza que los de las Lacayas, eran 
como ellos de pelo lacio , áspero y negro. Venían del 
todo en cueros con plumas de diversas aves atadas al- 
rededor de la cabeza, y pintados todos por el cuerpo de 
colores varios. Las mujeres, sin embargo, se cubrian 
desde la cintura á la rodilla , unas con un grosero tejido 
de algodón , otras con hojas de plátano sujetas por el 
talle. Eran los cubanos de ojos grandes y negros , ancha 
nariz, frente aplastada y moderada altura, airosos, ágiles 
y muy parecidos en la fisonomía á los indígenas que se 
encontraron en Canarias , aunque al parecer de condi- 
ción mas pacífica y sencilla. 

Engreido por sus mismas ilusiones é interpretándolo 
todo á favor de ellas, dedujo Colon de las confusas 
explicaciones que sobre Cuba le daban sus Lucayos, 
que estaba á pocas jornadas de un gran rio y de la corte 
de un gran Príncipe. Ese rio, según él, seria el Cathay, y 
el mismo Khan de las Indias ese Príncipe ; y le confirma- 
ban en esa misma fantasía sus consultas sobre un capri- 
choso mapa que del Oriente de Asia habia forjado Tosca- 
nelli*. Ansiando resolver de una vez sus conjeturas y sus 
dudas, comisionó á Rodrigo de Jerez y á Luis Torres, 
judío convertido é inteligente en lenguas orientales, 
para que guiados por un Cubano y un Lucayo fuesen á 
saludar en su nombre al que reinase en la comarca, y 
anunciarle que habia venido por mandado de los mo- 
narcas españoles á ofrecerle su amistad y protección. 

* Paulo del Pozzo Toscanelli , astro- región no distase del continente europeo 
nomo Florentino que nació en 1397 y mas que unos ciento veinte grados de 
murió en 1482, comunicó á Alfonso V longitud. Su pensamiento lo bosquejó 
de Portugal y después á Colon, un en un mapa conjetural que (^olon lie- 
plan para poder ir por el 0. á la India vaba siempre consigo, 
oriental , suponiendo que esta dilatada 



DE LA ISLA DE CUBA. 49 

Partieron los comisionados llevando buen surtido de 
cuentas, campanillas y abalorios con muestras de espe- 
cies y de varias drogas para indagar, enseñándoselas á 
los indígenas, si se producían en la comarca. 

Mientras cumplían con el mensaje , utilizó la gente el 
tiempo en el reparo de las naves y en el reconoci- 
miento de las inmediaciones del rio. Una vegetación 
robustísima y lozana reverdecía las riberas del rio Mares 
cuando la de Europa se marchita y muere. Mas en vano 
buscaron allí los españoles las preciosas especies del 
Indostan : no vieron nuez moscada , ni canelos, ni rui- 
barbos. Enseñó Colon á los indígenas muestras de estos 
géneros , procuró inquirir si en el país se conocían, y 
juzgó que le decían los indios que las encontrarían por 
el S. O. Algunos , además, al ver las perlas y prendas 
de oro que les enseñaron , pronunciaron las palabras de 
bohío y habeque , indicando que hacia Oriente encontra- 
rian una región cuyos naturales las poseían. 

Al encender lumbre para preparar su rancho, repara- 
ron los marineros que destilaba de la leña una olorosa 
y abundante almáciga , y creyeron descubrir con ese 
hallazgo un principio de riqueza, porque en aquella 
campiña no escaseaban árboles iguales á los que se la 
dieron. 

Solo seis dias tardaron Jerez y Torres en regresar, 
sin haber hallado mas que indios desnudos en vez de 
príncipes asiáticos. Habían andado unas dos jornadas 
regulares, deteniéndose en un pueblo de cincuenta 
casas que contenían al parecer un millar de ellos. Eran 
espaciosas y construidas ingeniosamente con cañas, ra- 
majes y hojas de palma. Sus habitantes , asi que los 
intérpretes que acompañaban á los españoles les anun- 

UISTp DS CUBA,— TOMO 1,-^-4 



50 HISTORIA 

ciaron su venida, salieron á recibirles con tanta ad- 
miración como alegría, conduciéndoles á una de las 
mejores habitaciones , en donde se les invitó á sentarse 
en una especie de sillas cuyo tosco labrado figuraba 
cuadrúpedos extraños. Ofrecieron á sus huéspedes fru- 
tas y legumbres desconocidas , pero de buen gusto ; y 
acabado el banquete uno de los intérpretes habló en 
alta voz á los demás y les ponderó sin duda el poder 
y la grandeza de los blancos, cuando todos, hombres y 
mujeres, se prosternaron de repente ante Jerez y Tor- 
res, besándoles los pies y las manos y reconociéndoles 
atentamente la cara y los vestidos. 

Las armas de los indios eran mazas de madera dura, 
lisa ó labrada , que llamaban macanas ; flechas remata- 
das por agudas espinas, dardos ó venablos de un palo 
recto, con algún hueso aguzado y sujeto á los extremos. 
No se dejaba ver entre ellas oro ni cobre, ni hierro, 
ni rastro de metal alguno; todos los indígenas de lo 
interior eran semejantes á los de las Lucayas y los que 
se habian visto. Las tierras recorridas abundaban en ar- 
bolado, teniendo algunas labranzas en que se cultivaban 
tubérculos y raices nada desabridas que se comian asa- 
das, maiz excelente , y judías de un color morado os- 
curo. Abundaba el algodón en todas formas , en siem- 
bras, en rama, hilado y aun en toscas telas. Habian 
examinado campos sembrados de una raiz blanca y fari- 
nácea, apellidada ñame, que suministraba á los indios 
su manjar mas ordinario y una especie de pan en tortas 
que llamaban cazabi. Las camas de los indígenas eran 
unas redes de algodón colgadas por sus extremos, que 
decían hamacs. Además de los manjares que quedan 
referidos, les servían también de alimento aves, pescados 



DE LA ISLA DE CUBA. 51 

y unas ratas grandes muy sabrosas que designaban con 
la voz de hutis y se llaman hoy hutías. 

Entre los animales descubiertos por los comisionados 
de Colon, era el mas común un cuadrúpedo doméstico, 
llamado por los indígenas guaniquinage , partícipe de los 
caracteres del perro y de la zorra , pero mas parecido 
al primero, fuera deque ni aullaba ni ladraba. Habíanse 
fijado los dos exploradores en que los indios llevaban 
en la boca unos rollitos de una yerba oscura y seca que 
nombraban ¿a6ac, encendiéndola por un extremo y chu- 
pándola por otro. 

No quedaron satisfechos los deseos de Colon y de sus 
compañeros con las noticias de Jerez y Torres. Lo que 
buscaban eran perlas , brillantes y tesoros. El vago 
anuncio hecho por los naturales de que podrían encon- 
trarlos hacia Oriente bastó para que se decidiese el fa- 
moso descubridor á mudar de rumbo y pensamiento. 
Salió de Mares el 1 2! de noviembre por la costa abajo 
al S. E. , reconociéndola de cerca ; dobló un promon- 
torio que llamó de Cuba; y á las veinte y tantas leguas 
habia ya divisado un canal ancho que penetraba entre 
dos sierras elevadas , cuando le apartaron de la costa 
recios vientos, obligándole á andar unas sesenta millas 
al N. E. Volvió con todo á tomar su primera dirección; 
atravesó entre multitud de isletas, y ellS de noviembre 
penetró por otro canal en una vasta bahía. Lo apacible 
del sitio y su abundancia en mariscos de muchas espe- 
cies le detuvieron cinco dias en aquella ensenada , á la 
cual dio el nombre de Santa Catalina, designando con el 
de Puerto del Príncipe el fondeadero en que echó el 
ancla. 

Como los más de los anclajes que reconoció Colon en 



3^ HISTORIA 

ese primer descubrimiento no llevan hoy los nombres 
con que los designó en su diario , y aun él mismo los 
confundió en mas de un pasaje de su texto, Washington 
Irving, el historiador de sus viajes, rectificó con acer- 
tadas deducciones los movimientos de aquella primera 
exploración de la isla. Pero no constituyen importancia 
histórica bastante para que fatiguemos aquí al lector con 
repetirlas. 

Cual la de un niño entre juguetes nuevos, fluctuaba la 
imaginación de Colon entre resoluciones y pensamientos, 
cosiéndole escoger uno entre tantos. Una reflexión muy 
natural moderó , sin embargo , su impaciencia y le fijó 
en su línea de conducta. No alcanzándole la gente para 
enseñorearse á la vez de tantas tierras , se determinó 
á buscar por el Oriente las supuestas riquezas de Bohio 
ó Babeque, designadas por los gestos de los indios. An- 
tes de separarse de la ensenada de Santa Catalina, se 
revistió de sus insignias , desplegó la bandera que os- 
tentaba las iniciales de Fernando é Isabel, entrelazadas 
como sus coronas, y tomó solemne posesión de la tierra 
descubierta en nombre de sus Reyes. Una tosca cruz 
de dos maderos fijada en una altura , dominando al 
puerto, bastó allí para servir de doble emblema de la 
futura conversión de los indígenas á la fe cristiana y 
del dominio que desde aquel instante lomaban ya sobre 
el país los príncipes de España. 

Forzado á retroceder á la misma bahía por el mal 
tiempo , pero deseando terminar el reconocimiento de 
la costa oriental de Cuba , navegaba al alborear del 23 
con ese rumbo, cuando advirtió que habia desaparecido 
Pinzón aquella noche con la carabela Pinta, el mas 
velero de sus buques. El envidioso teniente de Co- 



DE LA ISLA DE CUBA. SS 

Ion se habia propuesto aprovecharse de la ligereza de 
su nave para precederle en otro mayor descubrimien- 
to, y luego en las albricias y premios en España. Lle- 
vaba consigo algunos Lucayos y seis Cubanos que vo- 
luntariamente se habian unido en Mares á los españoles; 
y deduciendo de sus indicaciones sobre Bohio y Babe- 
que ideas mas claras que las que suponía en el Almi- 
rante, cedió á la seducción de aprovecharse de sus 
imaginarios tesoros primero que su jefe. No pudiendo 
alcanzarle Colon, disimulóle luego esa culpa generosa- 
mente y siguió reconociendo la costa cubana. 

Dobló otra vez el cabo de Cuba y ancló á la emboca- 
dura de un rio cuyo arenoso fondo contenia algunos gra- 
nos y piedrecitas de oro. Prosiguió bojeando algunos 
diasy halló en todas las costas paisajes pintorescos, aguas 
cristalinas y potables, muchos y muy cómodos puertos. 
Aunque desiertos todos, encontró en ellos canoas aban- 
donadas , cabanas sin habitantes y , entre otros efectos, 
una torta de cera amarilla que reservó para presentársela 
á sus soberanos. 

El 5 de diciembre, al descubrir el término oriental 
de Cuba, supuso que también fuese el del Asia, y le 
designó en su diario con el nombre de Alfa y Omega, 
intentando significar con esta aplicación de las letras 
primera y última del alfabeto griego, que era aquel 
á un mismo tiempo el principio y el fin de una gran 
parte del mundo. En lugar de doblar entonces este cabo 
y de seguir reconociendo la costa meridional, mudó de 
rumbo y continuó hacia Oriente en demanda de Pinzón 
y de las regiones de Babeque y Bohio. No tardó en des- 
cubrir la isla de Haiti, que apellidó desde luego la Espa- 
ñola. Al divisarla los indios que llevaba á bordo, la 



S'4 HISTOHÍÁ 

saludaron con la exclamación de Bohio , y el gran des- 
cubridor se enajenó de gozo , suponiéndose ya en la 
costa de la anhelada región de los tesoros. 

Habia ya cimentado el poder español en esa tierra y 
presentado á ios monarcas de Castilla los testimonios y 
trofeos de su descubrimiento ; dejaba reconocidas otras 
muchas islas, cuando Colon, en su segundo viaje, visitó 
de nuevo las costas de Cuba á últimos de abril de 1 494. 

Perseverando en sus antiguas ilusiones , soñando con 
las orillas del Cathay y con las fantásticas regiones del 
visionario Marco Polo, después de reconocer el 26 de 
aquel mes el cabo que luego se llamó deMaisí y que él 
nombraba Alfa y Omega, se acercó á la costa meridio- 
nal. Navegando como treinta leguas á Occidente , ancló 
en una bahía vastísima que apellidó Puerto Grande, y 
se llama hoy de Guantanamo. Estaban desiertos sus 
contornos; pero algunos bohíos, algunas hogueras y 
abandonados manjares indicaban que los habitantes, 
interrumpidos por su aparición al preparar algún ban- 
quete, habían huido asombrados al divisar las carabelas 
españolas. 

Luego que los navegantes se refaccionaron con los 
víveres hallados, al pasear por las inmediaciones descu- 
brieron desde una eminencia muchos grupos de indios 
que les miraban muy atentamente. Llamóseles y se ocul- 
taron con rapidez entre unas breñas, menos uno que, 
mas dominado por la curiosidad que por el miedo , se 
mantuvo quieto. El indio Diego, uno de los intérpretes 
Lucayos, se adelantó solo á hablar con el indígena, que 
tranquilizado después de un corto diálogo, acudió á se- 
renar á sus fugitivos compañeros. No tardaron en apare- 
cerse muchos que se aproximaron á los españoles , ma- 



DE LA ISLA DE CUBA. 55 

nifestándoles á un mismo tiempo su curiosidad , su sor- 
presa y su respeto. Informó Diego á Colon que el 
cacique de aquel país les habia enviado á acopiar caza 
y pesca para sus banquetes. No se dieron ellos por sen- 
tidos de que les hubiesen usurpado ios forasteros sus 
acopios , y recibieron con regocijo y embeleso las sona- 
jas y las cuentas que les hizo distribuir el Almirante. Un 
cascabel les parecía un tesoro inestimable , y con un dia 
de caza y pesca reponían los comestibles consumidos. 

Salió Colon de Guantanamo el 1 .° de mayo. Navegó 
hacia Occidente muy cerca de una costa elevada , mon- 
tañosa y frecuentemente abierta por desembocaduras de 
riachuelos. Como por ese htoral habian cundido nuevas 
de la liberalidad de los españoles en Guantanamo , acu- 
dían canoas de naturales á cada paso á ofrecerles frutas 
y pescados , y á recibir en cambio algunas cuentas de 
vidrio y hasta pedazos de vasijas rotas que llenaban de 
satisfacción á los indígenas. 

La primera ensenada por donde las carabelas embo- 
caron fué la que hoy se llama de Santiago de Cuba, cer- 
cada por un lado de alturas arboladas , por otro de ame- 
nas florestas con chozas y labranzas. Pasaron allí los 
navegantes una noche entre indios complacientes que 
respondían á su invariable pregunta sobre el oro, que 
hacia el Sur se encontrarla una isla grande y opulenta 
donde podrían recoger mucho. Creyó Colon que, así 
como habia descubierto por las indicaciones de Bohio á 
la isla Española, seríala de Babeque la designada por 
los de Santiago ; y el 3 de mayo dirigió su rumbo al Sur 
y se apartó de Cuba, descubriendo el mismo dia á la isla 
de Jamaica, cuyos naturales les recibieron hostilmente. 
Sin dejar de ser un progreso inmenso para el mundo, 



S6 ' HISTORIA 

era para el Almirante cada descubrimiento suyo un des- 
engaño. No hallando allí tampoco las riquezas anuncia- 
das, regresó á explorar las costas de Cuba y reconocer 
si era una isla ó una porción de un nuevo continente. 

El i 8 de mayo divisó un elevado promontorio, que 
llamó Cabo de la Cruz, y que aun conserva el mismo 
nombre. Después de darle vuelta, desembarcó cerca de 
un pueblo grande de indios , en un territorio que lla- 
maban de Macaca, Por él habia cundido ya la fama de 
ciertas embarcaciones singulares y de unos hombres 
maravillosos por su presencia, sus trajes y hasta sus 
bondades. Acogieron pues á los españoles sus admira- 
dos moradores con la hospitalidad mas expresiva. Pre- 
guntó Colon á varios , si era Cuba isla ó tierra firme, 
y le respondieron que era isla , pero de grandeza tal que 
nadie conocía sus límites. 

El 19 siguió Colon navegando hacia Occidente. Reco- 
noció el golfo que desde el Cabo de la Cruz ciñen las 
sierras del litoral figurando un semicírculo hacia el N. E.; 
y sufrió tan recia tormenta que, á no haber sido breve, 
pusiera trágico fin á sus empresas entre la muche- 
dumbre de cayos y arrecifes que infesta al mar de aque- 
lla costa. Aumentábanse más y más esos bajíos según 
iba avanzando , hasta que se avistaron multitud de isle- 
tas bajas y arenosas las unas, verdes y arboladas las 
otras. Eran tantas que , no pudiendo el Almirante desig- 
nar á cada una con distinto nombre, las llamó á todas 
colectivamente en su diario Jardines de la Reina, Teme- 
roso de seguir bogando entre ese laberinto , quiso aban- 
donarlas á su derecha; pero recordó que Mandeville y 
Marco Polo hablan escrito que orillaban á la costa orien- 
tal del Asia millares de isletas, y no siendo hombre á 



m LA ISLA DE CUBA. Sf 

quien estorbos vulgares arredrasen, olvidó el anuncio 
de que Cuba era isla y persistió en seguir reconociendo 
el imaginario continente. 

Penosísima fué por cierto su derrota por aquel enjara - 
bre de bajíos. Sus naves, aunque de poca cala, encalla- 
ron muchas veces en bancos arenosos, y no pocas tuvo 
I que recurrir á los brazos de su gente para ponerlas á 
flote, luchando al mismo tiempo contra recias mudanzas 
atmosféricas. Pero el espléndido paisaje que algunas de 
aquellas islas ofrecían, sus flores , su verdura, los extra- 
ños pájaros que discurrían por aquel aire, todo le per- 
suadía á Colon que estaba ya cerca del Asia, y que se 
iban á trocar en deleites sus trabajos. 

El 22 de mayo desembarcó en la única de estas islas 
que manifestase algunas rústicas chozas á su vista. La 
encontró desierta como todas las demás; pero recogió 
^ provisiones y pescados, loros y otras aves y animales, 
grandísimas tortugas y una especie de cigüeñas de color 
de escarlata , pájaro grande que luego se conoció con 
el nombre de flamenco. 

Un dia se divisaron algunas canoas de indios pesca- 
dores que se acercaron sin temor á las carabelas y sur- 
tieron de pescado á las tripulaciones. Sus informes ma- 
nifestaron á Colon que mas adelante encontraría otras 
islas y que la costa de Cuba continuaba sin límites hacia 
el Occidente. 

Apartándose Colon del archipiélago , navegó cuarenta 
millas hacia el N. ; y el 3 de junio echó el ancla á la 
embocadura de un riachuelo próximo á un crecido 
pueblo de indios que con hospitalaria mansedumbre 
se apresuraron á obsequiar á los españoles con muchos 
comestibles, entre otros con unas aves grandes de sabroso 



S8 tílSTORlA 

gasto que hoy se llaman gallinas de Guinea y que sietíi- 
pre abundaron mucho en la isla. 

Aquel territorio se llamaba Orna/ai, y sus naturales, 
aun mas ignorantes que los de Macaca , no sabian que 
fuese Cuba una isla , ni porción integral de un hemisfe- 
rio. En sus informes á Colon , se remitieron á los que 
tenian de los indios de otros territorios de la costa que 
llamaban Mangón. Este nombre le recordó que , según 
Marco Polo, la mas rica provincia del imperio del Khan 
era Mmigui, y volvió á despertar sus ilusiones. Siguió 
hacia el Poniente; reconoció un litoral de unas treinta 
y cinco leguas limpio de bajos , de verde y apacible 
aspecto y con algunos grupos de viviendas. Navegaban 
las carabelas tan cerca de la costa, que los habitantes se 
precipitaban á las playas á. saludar con demostraciones 
de admiración á objetos y hombres para ellos prodigiosos. 

Atravesaron los navegantes en dos dias el golfo de 
Jagua ó de Cienfuegos, según su nombre actual. Apare- 
cieron otros bancos, otros islotes; embarazáronse las 
naves entre rocas y cayos y en un mar de poco fondo, 
teniendo que acogerse á cada paso á un surgidero. Pero 
no por eso desistió Colon de seguir reconociendo ese 
nuevo archipiélago. Rendidas sus tripulaciones de fatiga, 
acogióse á una punta baja de Cuba, que llamó del Sera- 
fin , donde remata una gran lengua de tierra de la costa 
que se extiende de E. á O. E., dibujando nna bahía tan 
ancha que no se distinguen sus riberas de un borde á 
otro. Continuó hacia el N. O. E. el Almirante y llegó á 
fondear en una rada descubierta , que es la que se 
llamó después Batabanó y cuyo litoral cubrían entonces 
densísimos manglares. 

Mientras se renovaba aguada y leña , un castellano 



t)E LA ISLA DÉ CUBA. 59 

que al ir á cazar se habia internado en un vecino bosque, 
acudió á poner á sus compañeros en alarma, anunciando 
que acababa de distinguir entre ios árboles hombres 
vestidos con ropajes blancos. Ordenó al momento el 
Almirante que penetrara por el bosque una partida bien 
armada á inquirir quiénes eran esos hombres, y si más 
allá de unas alturas montuosas que se distinguían exis- 
tia algún pueblo grande. Después de muchas horas de 
fatigosa incursión entre espesuras pantanosas , nada 
descubrió esta partida mas que una naturaleza inculta 
y tosca : los objetos que el asustadizo cazador habia 
tomado por hombres no eran mas que pájaros grandes 
blanquizcos ó encarnados , cigüeñas ó flamencos. 

Continuóse navegando hacia Occidente hasta anclar 
junto á una costa cuyos habitantes parecían pescado - 
res, y cuyo dialecto no comprendieron los intérpretes. 
Uniéndose esa circunstancia á las indicaciones y á los 
gestos de los indios de aquel punto , se alucinó aun 
más el Almirante. Discurrió que entre los montes que 
aparecían en lontananza hacia el O. habia un monarca 
de muchas provincias, cuyos subditos vestían ropajes 
blancos, y siguió su imaginación interpretando en favor 
de sus dorados errores los equívocos gestos de aquellos 
indígenas. 

Colon se llevó consigo á uno, y siguió la derrota con 
la proa hacia las montañas ; pero otra vez tropezó con 
obstáculos iguales á los que tanto dificultaron su paso 
entre los Jardines de la Reina. Ei fondo disminuía cada 
vez más , y las naves á medida que se acercaban á 
la costa , tocaban en multitud de bancos entre peli- 
grosísimos canales. La esperanza , la constancia y las 
precauciones superaron, sin embargo, á esas dificul- 



60 HISTORIA 

lades. Acercáronse las carabelas á la tierra ioaccesible, 
pantanosa , anegadiza de la antigua provincia cubana de 
Guaniguanico , en donde con gran pena algunos marine- 
ros destacados en botes pudieron proveerse de agua 
dulce que encontraron en medio de un palmar, en un 
punto de la costa de mas sólido suelo que los otros. 
" En los dias que empleó Colon en reconocer aquellas 
costas solitarias , le asaltó el arrogante pensamiento de 
regresar á Europa por el Asia y por el África, no im- 
propio por cierto de una imaginación tan valerosa, y 
con tantas y tan quiméricas lecturas mantenida. Pero 
aun ignoraba la extensión del globo, cuya forma esférica 
habia adivinado , la situación de sus varios hemisferios y 
las enormes distancias que los separan unos de otros. 

Estrelláronse sus ilusiones en realidades implacables. 
Sus bajeles se hallaban averiados con navegación tan 
larga y recia, las jarcias casi inútiles, y las subsistencias 
tan escasas que los cansados marineros apenas recibían 
mas alimento que un poco de vino y fragmentos escasos 
de galleta. El mas ruin pez era regalo inestimable para 
hombres cuyo hambriento afán no se distraía como el 
de Colon con cálculos náuticos, ni con esperanzas. Mur- 
muraban, se quejaban, atribuyendo las privaciones que 
sufrían á la caprichosa tenacidad de su caudillo. El ham- 
bre y el descontento de sus tripulantes le obligaron en- 
tonces á mudar de rumbo , no permitiéndole la suerte 
continuar algunas singladuras más de una derrota que 
habria revelado al gran descubridor la verdadera geo- 
grafía del extenso litoral que habia explorado. 

Aquellos invencibles embarazos le decidieron á to- 
mar la vuelta el 3 de julio hacia el S. E.; y para preca- 
ver que en ningún tiempo pudiese la malicia de sus 



DE LA ISLA DE CUBA. 61 

éraulos refutar la opinión de que fuese Cuba un nuevo 
continente, ordenó á su escribano Hernán Pérez de Luna 
que extendiese un testimonio tomado á cuantos indi- 
viduos iban en las carabelas de que eran las del Asia 
oriental aquellas costas, cuyos términos no habian en- 
contrado. 

A las pocas horas descubrió una isla grande y mon- 
tuosa que llamó Colon la del Evangelista^ y se llama hoy 
la de Pinos , en donde renovó su aguada y leña , pero 
no sus víveres. 

Seguir el diario de Colon á su regreso por el mismo 
derrotero, seria reproducir lo que queda referido. Ren- 
didos de fatiga, abrasados constantemente por el ardiente 
sol del trópico, el insigne navegante y sus marinos se 
vieron al retornar á la Española próximos con frecuen- 
cia á sucumbir al hambre , á la sed y á los trabajos. 

En ese regreso , la hospitalaria costa de Ornafai vol- 
vió á mitigar sus escaseces. El 7 de julio anclaron en 
aquel paraje ; y acogidos por los indígenas con la misma 
benevolencia que á la ida, pudieron recobrar aquellos 
hombres su vigor de hierro entre espaciosos bohíos y 
frondosas arboledas con las aves, frutas y pescados que 
les regalaron á porfía. 

Deseó Colon celebrar el precepto del domingo man- 
dando prevenir un altar y decir misa en el paraje 
mismo en que allí se conservaba la cruz que hacia co- 
locar en todos los lugares. Después de celebrado el re- 
ligioso sacrificio ante las tripulaciones y multitud de in- 
dios, uno muy anciano y respetado de los demás se 
acercó á dirigir al Almirante con solemnidad estas pa- 
labras : « Loable acción has hecho adorando á la Divi- 
» nidad que lo ha formado todo ; pero ya que has 



6^ HISTORI 

» llegado á nuestra región con un poder irresistible, 
)) escucha de mis labios lo que nuestros abuelos dije- 
» ron á nuestros padres, y estos á nosotros. Guando 
» las almas de todos se separan de sus cuerpos, las 
» de los que se portaron mal son encerradas en un 
jf abismo sin astros ni verdura; las de los que hicieron 
)) bien á sus semejantes se reúnen en una mansión de 
» luces y delicias. Luego, si también eres mortal como 
» nosotros , usa de tu poder para hacer bien y serás re- 
D compensado. » Este discurso , cuando se lo explica- 
ron sus intérpretes , probó á Colon que conservaban los 
indígenas de Cuba creencias de pureza y sencillez 
análogas á las del Cristianismo. « Eran resplandores 
» emanados de su naturaleza primitiva, exenta aun,» 
como dice Lamartine, « de los vicios de una civiliza- 
3) cion envejecida. » Respondió el Almirante al cubano 
celebrando que se conocieran en su país doctrinas tan 
preciosas ; que los reyes de España le habían enviado, 
no á sojuzgarles, sino á protegerles contra sus crueles 
enemigos los caribes, indios de otras islas, y enseñar- 
les la verdadera religión, y que le reconociesen desde 
entonces por su protector y por su aliado. Talmente 
alegró al anciano esta respuesta que se hubiera embar- 
cado en las carabelas para irse con los castellanos, si 
las súplicas de su esposa y de sus hijos no se hubieran 
opuesto á este proyecto. El entusiasmo y admiración de 
aquellos indios igualaron á su pena al ver alejarse á 
Colon de aquellas playas con rumbo hacia la Jamaica y 
otras islas. 

En su tercer viaje á las Indias nunca tocó Colon en 
Cuba, aunque navegó muchas veces cerca de sus costas. 
Pero en el cuarto y último, á fines de mayo de 4o03, 



DE LA ISLA DE CUBA. 63 

cuando se dirigía hacia Honduras , reconoció de nuevo 
los Jardines de la Reina , volviéndolos á señalar por 
fines de niayo de 1503, cuando regresaba del golfo de 
Darien á la Isla Española ó de Sanio Dooiingo , en el 
mayor apuro de todos los sufridos en sus descubriraien- 
tos. Habia tenido que abandonar una carabela inservible 
y destruida por la podredumbre ; en las dos que le res- 
taban, también carcomidas y haciendo agua, los mari- 
neros que hablan sobrevivido á las penalidades de aque- 
lla expedición , sucumbían paulatinamente al hambre y 
á sus males. También se refugió esta vez entre los bue- 
nos indios de Macaca , que prodigaron á su hambrienta 
gente su? cabanas , sus peces y sus aves. Al cabo de al- 
gunos dias continuó Colon su derrota á la Española; 
pero una tempestad le obligó á arribar á Jamaica en 23 
de junio, y desde entonces no volvió ya vivo^ á la ma- 
yor y mas fecunda de las islas que incorporó su genio 
al mundo conocido. 

A principios de i 50S reconvino ^ el rey al Adelan- 
tado Nicolás de Obando, gobernador de la Española, 
porque suponiéndose aun que fuese Cuba la región naas 
importante de las Indias occidentales, no habia sido ni 

^ Sus cenizas fueron trasladadas de Colon , de Rodrigo de Bastidas y de 

la catedral de Santo Domingo á la de Juan de la Cosa, fué comisionado por 

la Habana á principios de 1796, des- el gobernador de la Is!a Española para 

pues que, á consecuencia de la paz de reconocer todos los senos y rincones de 

Bas'lea, se cedió á Francia toda la parte h de Cuba. Alguna especie análoga in- 

española de aquella isla. dica también Antonio de Herrera, en 

6 Esta reconvención debió recaer so- su Década I y libro I , cap. xviii ; pero 
bre anteriores órdenes desatendidas; no ba quedado ni: guna relación del bo- 
porque en Li pág. 89 del primer to.i o jeo de Morales, que debió ser incom- 
de la -Biblioteca marítima del Sr. Na- pleto, cuando dos años después fuéen- 
varrete , y en el artículo relativo al pi- cargada la exploración de todas las cos- 
iólo Andrés de Morales j se dice que en tas de Cuba á Sebastian de Ocampo. 
1306, este navegante, compuñero de 



64 HISTORIA. 

siquiera explorada por los españoles. Ordenóle que pre- 
parase una expedición destinada á bojar todas sus costas 
para indagar de una vez si era isla ó continente. Dispuso 
Obando entonces que sin demora se ejecutara aquel 
mandato por un marino de inteligencia , el capitán Se- 
bastian de Ocampo, que habia acompañado á Colon en 
su segundo viaje y reconocido con él la mayor parte de 
las costas meridionales de Cuba. Ocampo, así que alistó 
y abasteció dos carabelas , emprendió su larga y penosa 
expedición. Dapdo principio al bojeo por las costas 
del N. , tocó en los mismos puntos ya marcados por Co- 
lon ; y navegando con constancia muy cerca de tierra, 
llegó á fondear en el puerto mas extenso, cómodo y se- 
guro que se encontrase hasta entonces en las nuevas re- 
giones descubiertas. Reconociendo Ocampo con proliji- 
dad los surgideros interiores de su vasta bahía, junto á 
un riachuelo que desembocaba en su mas interna parte, 
descubrió un manantial de petróleo ó betún líquido que 
podia sustituir á la brea muy ventajosamente para las 
reparaciones de las naves. Animáronle este hallazgo y 
la hermosura del paisaje á carenar allí las suyas, y ape- 
llidóle por esto en su diario Puerto de Carenas, Junto á 
selvas de cedros seculares pronto habia allí de alzarse 
en la ribera la futura capital de la Isla, con míseros 
principios, para ser famosa por su opulencia y esplen- 
dor andando el tiempo. 

Siguió Ocampo su derrota hacia Oriente, y después 
de andar mas de sesenta leguas, descubrió por fin los 
términos de Cuba en una punta, que llamó Cabo de San 
Antón, y que conserva el mismo nombre. Por ella do- 
bló cinglando para Oriente ; reconoció todas las costas 
meridionales; sufrió los mismos aprietos que Colon en- 



DE LA ISLA DE CUBA. 65 

tre las isletas y bajíos; y apremiado por la necesidad de 
refrescar los víveres penetró por un canal en otro puerto 
menos abrigado, pero mas vasto aun que el de Care- 
nas, y que llamaban los indígenas comarcanos Jagua. 
Aunque hubiesen corrido catorce años desde que Colon 
y sus compañeros visitaron algunos puntos del mismo 
litoral, duraba aun en la memoria de aquellos indios el 
recuerdo de la sobrenatural aparición de aquellos hom- 
bres sorprendentes. Los de Ocampo fueron, pues, aco- 
gidos en Jagua con la misnjia hospitalidad, las mismas 
muestras de curiosa admiración que los compañeros del 
gran descubridor, pasando allí muchos dias en el des- 
canso y la abundancia. Advirtieron que tenian los indios 
lagunas artificiales de barro y encañadas á manera de 
viveros ó depósitos de pesca. Las playas abundaban en 
peces de un pié de largo y de igual sabor que las lizas 
de Galicia, y en la campiña de Jagua, además, eran 
comunes las codornices como las de Europa. 

Todo lo restante de la costa meridional habia sido re- 
conocido por Colon. Desde Jagua enderezó Ocampo su 
rumbo directo á la Española , habiendo consumido cerca 
de ocho meses en la primera exploración exterior de 
una isla tan extensa. Aunque su misterio geográfico 
quedara descubierto, los de Santo Domingo tardaron aun 
tres años en colonizarla "^ . 

El primer español á quien después de Ocampo con- 
dujo su desdicha á Cuba fué aquel Alonso de Ojeda, 
cuyo nombre se asocia tantas veces á las proezas de la 
pacificación de la Española y á la conquista del Darien. 
En 1510 venia de la colonia que habia fundado en 

' Washington Irving; Viajes y des- Ion jt. I, cap. ix; traducción publicada 
culrimieníos de los compañeros de Co- por Gaspar y Koig, 1854, Madrid, 

HIST. DE CUBA.— TOMO I.— 5 



66 HISTORIA 

tierra firme á buscar auxilio en Santo Domingo con 
una carabela fletada á Bernardo Talabera , el primer 
corsario español que hubo en América. Acostumbrado 
Ojeda á ser obedecido , habia intentado gobernar la 
nave; pero se le sublevaron Talabera y sus rudos com- 
pañeros, que juntos todos contra uno solo, cargaron 
de cadenas al valeroso capitán, convaleciente aun de 
heridas peligrosas. Sobrevino un huracán qué, recor- 
dando á los amotinados su destreza náutica, les obligó á 
implorar auxilio del que tan indignamente maltrataban. 
Más por salvarse á sí mismo que por salvarlos á ellos, 
cuando iban todos á estrellarse en escollos escarpados y 
el buque se anegaba, consiguió Ojeda con sus mani- 
obras embarranca rio en una playa solitaria á algunas 
leguas al E. de la bahía de Jagua. 

Dos años ante^ ya se ha visto cómo los de Ocampo 
fueron acogidos en la misma costa. Mas para estos náu- 
fragos se trocaron en encono y enemistad los agasajos, 
ó porque viesen ahora á una gente tan ruin como la de 
Talabera , ó porque cundiese ya por Cuba la fama de 
los males que sufrían los indígenas en la Española, traída 
hasta allá por prófugos de esta isla. Así que los indios los 
vieron arrimarse á tierra, suponiendo que vendrían á 
cautivarlos, les acometieron á pedradas y á flechazos 
en vez de socorrerlos. 

Ojeda pudo rechazarlos fácilmente. Los náufragos, 
pálidos, hambrientos, andrajosos y sin conservar mas 
prendas que las armas, procuraron evitar encuentros y 
caminar por las orillas del mar hacia Levante. Andadas 
ya sobre cien leguas, con peces y mariscos por único 
alimento, la costa que les guiaba , de verde ó arenosa 
alternativamente, se trocó en pantanos. Les llegaba el 



DE LA ISLA DE CUBA. 67 

fango á la rodilla; pero esperando mejorar de suelo, á 
medida que avanzaban se sumían más en el cieno. De 
esta suerte, acobardándoles aun má& retroceder que 
proseguir, anduvieron treinta dias con treinta noches 
aquellos desdichados, sumidos hasta el pecho, sin una 
piedra donde reclinarse , sin mas agua que la que reco- 
gian de la lluvia con sus gorras, sin mas alimento que 
algún marisco y la ruin provisión de raices y casabe que 
llevaban cargada en los morrales. Cuando con tan afa- 
noso tragiu llegaban á un manglar, respiraban algún 
tanto entre sus ramas. Entonces , aun los más desalma- 
dos de aquellos bandoleros adoraban una imagen de la 
Virgen que llevaba Ojeda, implorando su celestial am- 
paro en aquel padecimiento. La ciénega que atravesa- 
ban tenia mas de treinta leguas castellanas en la costa 
meridional de la provincia india de Camagüey. 

Después de aquel martirio , que arrancó lentamente 
la vida á treinta castellanos , llegaron Ojeda y los de- 
más á la provincia de Cueiba, más semejantes á cadá- 
veres que á hombres. Si en Jagua su crudo y fiero as- 
pecto habia bastado para poner á los indios en alarma, 
á los de Gueiba solo compasión les inspiró el abatimiento 
de aquellos infelices. Recibiéronles humanamente lle- 
vándoles á sus bohíos , y yendo también á amparar y 
traer acuestas á algunos otros rezagados en los cenagales. 

Allí, después de muchos dias de descanso y de cui- 
dado lograron recuperar algunas fuerzas. Los náufragos 
se apresuraron á cumplir entonces un voto que habían 
hecho en su aflicción : el de erigir en el primer pueblo 
que encontraran una ermita á la imagen que habia sido 
su consuelo en las crueles angustias del pantano. Les 
consintió el cacique fabricarla y que instalasen la pre- 



68 HISTORIA 

ciosa efigie con la posible solemnidad y ceremonia. La 
necesidad prolongó entonces por primera vez la perma- 
nencia de los españoles en un lugar de la isla; y es 
digno de advertirse que los indígenas de Cuba recibie- 
ran sus primeras nociones sobre el cristianismo de los 
bandidos de peor género y menos habituados á cumplir 
con su religión que hubiesen hasta entonces llegado al 
Nuevo Mundo. 

Luego que se repararon de sus desastres los de Ojeda, 
se fueron encaminando por la costa hacia el Cabo Cruz 
ó provincia de Macaca, cuyos naturales, inaccesibles al 
odio de los prófugos de Haiti contra los españoles , los 
acogieron también humanamente. Conjeturando el ca- 
pitán que no distaria mucho aquel cabo de la isla de 
Jamaica, desde el año antes comenzada á poblar por 
castellanos, comisionó á un Pedro de Ordaz para que, 
con una canoa bien tripulada de indios, fuese á dar 
cuenta de su paradero y desamparo á Juan de Esquivel, 
que gobernaba á la sazón aquella tierra. Obtuvo este 
mensaje el mejor éxito. Aunque desde antes de pasar á 
Jamaica influyeran en Esquivel justas causas para odiar 
á Ojeda, sofocó sus resentimientos al saber sus desven- 
turas, y despachó á recogerle á él y sus compañeros una 
carabela mandada por Panfilo de Narvaez, que llegó á 
Cabo Cruz á los pocos dias de haber salido Ordaz. 

Apéndice al capítulo primero. 

El descubrimiento del continente americano , al que precedió el 
de Cuba , fué detalladamente tratado y aclarado por muchas y muy 
autorizadas plumas , como lo merecía por su grandeza y sus conse- 
cuencias el acontecimiento mas importante de su siglo. No necesi- 
tamos, por lo tanto, justificar con documentos y citas de textos 
ajenos lo que en el precedente capítulo se explica. Nada hemos te- 



DE LA ISLA DE CUBA. 69 

nido que afiadir ni quitar al tratar de heclios referidos en los prin- 
cipales autores nacionales y extranjeros que escribieron sobre los 
primeros viajes de Colon , y sobre todo en el Diario que de las na- 
vegaciones del insigne descubridor publicó en nuestros dias don 
Martin Fernandez de Navarrete. Nuestra relación extracta religio- 
samente toda la parte de ese Diario que concierne á la isla. 

En un principio nos propusimos seguir en los primeros capítulos 
el misjno orden que en los demás , especialmente en los que se 
refieren á los tiempos menos conocidos de la administración de 
España en su antiguo imperio colonial. Pero si es necesidad indis- 
pensable para quien saque á luz materias ignoradas el justificar 
su narración con pruebas claras , esa obligación no le sujeta en las 
partes de su obra que descansan en la autoridad de muchas pu- 
blicaciones conocidas. 

En su Vida y viajes de Colon , el docto y concienzudo historiador 
norte-americano Washington Irving analizó los hechos con gran 
juicio en medio de su tendencia á revestir la prosa histórica con 
galas poéticas. Al tratar del descubrimiento de Cuba intentó en- 
mendar un error fundado en la interpretación de varios nom- 
bres de los Diarios de Colon publicados por Navarrete, tomando al 
rio de San Salvador por la bahía de Ñipe ; al puerto y rio de Mares, 
por la de Nuevitas ; al Mar de Nuestra Señora , por el puerto de Ta- 
namo , y á los puertos del Principe y Santa Catalina, por el puerto 
de Moa. Pero de las razonadas aclaraciones de Irving resultó que 
los rios llamados de San Salvador y de Mares por Colon eran el 
Máximo y el Caonao , y que su Mar de Nuestra Señora era el que 
baña á la costa septentrional , entre Cayo Romano y Cayo Cruz, 
esforzándose aquel publicista en demostrar que los puertos del Prín- 
cipe y Santa Catalina indicados como uno solo en aquellos Diarios 
eran las dos distintas bahías de Nuevitas y del Sabinal. 

Pero aun reconociendo esos errores de nombres y la oscuridad 
de los Diarios de Colon en muchos pasajes, su texto todavía nos 
inspira mas confianza que el de Irving , que , ateniéndose á sus 
conjeturas , altera el movimiento atribuido á Colon en las costas 
septentrionales de Cuba y que consta en los escritos mismos del 
gran navegante. Entre cálculos dudosos y hechos explicados in- 
completamente , optamos por estos últimos , acomodando nuestros 
asertos á los de Muñoz y de los Diarios. 



CAPÍTULO SEGUNDO. 

Establecimiento de la Casa de Contratación en Sevilla. — Expedición de los po- 
bladores de Santo Domingo á la Isla de Cuba. — Diego Velazquez. — Su breve 
campaña contra los indígenas. —Suplicio de Hatuey. — Fundación de Bara- 
coa. — Las encomiendas.— Primeras discordias.— «Primeros progresos colonia- 
les.— Fundacionrs deBayamo, Trinidad, S;mcti-Spíritus, Puerto-Príncipe y 
la Habana.— Exploración de la isla por Narvaez. — Gracias concedidas á sus 
pobladores. 

El desarrollo que después del segundo viaje de Colon 
lomaron los descubrimientos en América, la certidum- 
bre de sus ventajas futuras y la necesidad de promo- 
verlas , aconsejaron á los Reyes de España la creación 
de una dependencia que, situada en el puerto mas abo- 
cado para la salida de las expediciones ultramarinas, 
contratase los armamentos, los reglamentase , fijara sus 
derrotas, recibiera, registrara y depositara los carga- 
mentos y mercaderías á la ida y al retorno. Tal fué el 
origen de la Casa de Contratación que se instaló en 
Sevilla , en virtud de Real Pragmática de 20 de enero 
de 1S03, reuniendo á sus atribuciones económicas la 
facultad de conocer y dirimir los pleitos y reclamaciones 
que dimanaran de los viajes y tráficos con las nuevas 
tierras. Todos los buques que salieron de aquel puerto 
y de los de Cádiz y San Lúcar para Canarias y la costa 
de Berbería, quedaron igualmente sometidos que los 
destinados á las Indias occidentales á la estrecha inter- 



HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA. 7í 

vención del nuevo tribunal , compuesto de un adminis- 
trador, un tesorero y un contador con los respectivos 
empleados dependientes. Ese fué el primer resorte que 
empleó el trono para la administración de las nuevas 
posesiones y el canal forzoso de sus relaciones comercia- 
les con la madre patria. En el curso de esta historia én 
mas de una ocasión indicaremos las ventajas y defectos 
de una creación, tan útil en las épocas primeras de la 
colonización hispano-americana , como perjudicial en 
otras posteriores. 

Al impulso que dio aquel tribunal á los descubrimien- 
tos y conquistas se debió la ocupación de Cuba. Haria 
cinco años que el inmortal Colon faltaba ya del mundo, 
y dos que el heredero de su nombre y sus honores, 
su hijo D. Diego, gobernaba en la Española, cuando en 
1511 se resolvió la conquista de una isla que aquel 
Almirante habia tenido por término oriental del conti- 
nente. El temor de que la separara el Rey de su juris- 
dicción encargando esa empresa á otro, y los repetidos 
recuerdos de la Contratación , le decidieron á confiár- 
sela al capitán Diego Velazquez, natural de Cuellar 
en Castilla la Vieja. Al anunciarse en Santo Domingo 
la jornada y la elección de ese caudillo , inscribiéronse 
á componerla muchos paisanos y deudos de Velaz- 
quez que, navegante, guerrero y labrador, no solo 
habia concurrido á los primeros descubrimientos y ba- 
tallado con fortuna contra los Haitianos, sino fundado 
cinco villas en aquella tierra, las de Yaquimo, Maguana, 
Azúa , Xaragua y Salvatierra de la Sábana , adquiriendo 
grandes repartimientos y ganados. En la de Salvatierra, 
la mas vecina á Cuba, fué donde alzó bandera para su 
expedición, y donde se le unieron más de trescientos 



7Ü ÍIISTORIÁ 

voluntarios, entre ellos dos jóvenes desconocidos aun, 
un sacerdote y un soldado, pero destinados luego, el 
uno á conmover á muchas gentes con sus doctrinas 
entusiastas , y á asombrar al mundo el otro con su for- 
tuna y con su audacia. Este se llamaba Hernán Cortés, y 
aquel Bartolomé Las Casas. 

Cuando todo estuvo prevenido para la expedición 
compuesta de cuatro carabelas , levó el ancla á fines de 
noviembre, atravesando en pocas horas la distancia que 
separa las dos islas y arribando á un puerto próximo á 
la punta de Maisí. 

Por su mala estrella dirigia entonces á los indios de 
esa tierra cierto cacique haitiano , Hatuey de nombre, 
que con muchos otros se habia fugado de aquella isla 
por evitar el trabajo de las encomiendas y la sujeción 
que les imponían los nuevos pobladores, previniendo 
contra ellos el espíritu de los Cubanos: tanto que, ha- 
biendo naufragado cerca de Cabo Cruz un bergantín que 
venia de tierra firme con oro y con rescates, hablan sido 
asaeteados y muertos todos los tripulantes por los natu- 
rales; y que esta fué una de las causas que mas influye- 
ron para que ya no se retardase más la ocupación de 
Cuba. 

Al saber Hatuey que los expedicionarios hablan des- 
embarcado , reunió una indiada numerosa que bajo su 
guía les acometió con sus armas ordinarias, las flechas y 
las piedras. Fueron, sin embargo, los indios fácilmente 
vencidos y ahuyentados por los españoles. Velazquez, por 
espacio de dos meses, los persiguió con tal vigor que 
cogió prisionero al mismo Hatuey en tierras de Bayamo 
con muchos de sus partidarios. Para sofocar la subleva* 
cion del país con un solo suplicio, condenó Velazquez 



Í)É LA ISLA DE CUBA. 73 

al cacique á morir entre las llamas como vasallo rebelde 
á sus señores. Cuentan Herrera y otros escritores que 
en sus últimos momentos , esforzándose un religioso en 
revelarle las verdades cristianas y las eternas venturas 
del paraíso, le preguntó Hatuey, si en ese lugar encon- 
trarla españoles; que el sacerdote le respondió, que allí 
veria á los que hubiesen sido virtuosos; y que entonces 
le replicó aquel desgraciado, que ni al paraíso deseaba 
ir por no encontrarlos. Ese suplicio, aplicado en España 
á los herejes , por más que á la humanidad de Velaz- 
quez repugnase , se lo prescribían su propia situación 
como conquistador, la necesidad de abreviar la paci- 
ficación de la isla , y la de castigar los asesinatos poco 
antes perpetrados en Cabo Cruz á instigación del aquel 
cacique. 

Con su trágica muerte terminó la resistencia de los 
indios. Los caciques del país fueron unos tras otros 
sometiéndose á Velazquez, rindiéndole homenaje con 
dádivas y protestas de amistad , y así se enseñorearon 
trescientos hombres solos de una isla de mas de tres- 
cientas leguas de longitud. De cuantas conquistas em- 
prendieron los españoles en América , ninguna igualó en 
facilidad y prontitud á la de Cuba , aunque no del todo 
exenta de sangre y de tropiezos. 

Aun no habla Yelazquez recorrido mas que una corta 
extensión del territorio oriental ; y para fundar el pri- 
mer pueblo, ningún lugar le pareció mas ventajoso por 
su mayor proximidad á la Española , que el de una 
corta población de indígenas que estos llamaban Baracoa 
cerca del rio Macaganigua en un puerto de la costa, 
inmediato á la bahía de Palmas. Formó allí en pocos 
meses con rústico y humilde caserío una villa que se 



ik HISTORIA 

nombró Níiestra Señora de la Asunción de Baracoa, En 
breves años, solo á haber sido fundada la primera, debió 
el ser erigida en ciudad con titulo y armas , sin ser en- 
tonces ni aun hoy mas que una aldea, que ni en los 
tiempos mas prósperos de la isla salió de la estrechez 
de sus dimensiones primitivas. 

Fundóse, sin embargo, con perspectiva de fomento 
por la emulación de los primeros colonos en formar allí 
sus domicilios y sus predios, y el afán de Velazquez en 
distribuirles tierras y encomiendas de indios, anticipán- 
dose así á usar de facultades que aun no le estaban 
concedidas. No era mas que un delegado del Almirante, 
del gobernador de las nuevas posesiones. 

Cristóbal Colon , tan admirable cosmógrafo y descu- 
bridor como desacertado gobernante , habia irreflexiva- 
mente impuesto sobre los indígenas de la Española durí- 
simos tributos personales en oro , en algodón y otros 
artículos. Los habia además repartido como esclavos, y 
aun embarcado muchos para venderlos en Sevilla: ex- 
ceso que la Reina Católica doña Isabel desaprobó man- 
dando que los restituyesen á su tierra. Estas violencias 
fueron mas ó menos imitadas por su hermano D. Barto- 
lomé* y los que gobernaron allí durante las ausencias en 
'España del ínclito Almirante. Pero aquella gran princesa, 
al prohibir por cédula de 22 de julio de 1 497 que se 
vendieran indios en la península, no impidió que se 
vendieran en su país ; porque al seguir Colon autorizado 
para repartir terrenos á los pobladores , les siguió dis- 
tribuyendo también indios para cultivarlos. Este fué el 
origen de una servidumbre obligatoria y muy semejante 
á la absoluta que creó el descubridor, presentándola á 
los ojos de aquella religiosa Reina como el único ex- 



DE LA ISLA DE CUBA. 7S 

pediente para introducir la civilización y el catolicismo 
entre los indios. Llegó esa esclavitud simulada á con^ 
vertirse en verdadera cuando murió Isabel , y desapa- 
reció con ella el poder mas protector de los indígenas. 
Consintió el gobierno que los colonos los empleasen en 
las labores de las minas y en toda faena y granjeria, 
con tal que les remuneraran con algún estipendio y 
atendiesen á sus necesidades, y bajo esas condiciones, 
muy rara vez cumplidas con conciencia, los sucesores 
de Colon distribuyeron entre los pobladores números 
mayores ó menores de indios para la explotación de sus 
terrenos. A estas adjudicaciones tan impolíticas como 
mal ideadas , se las designó con el nombre de enco- 
miendas. 

Desde que empezó á poblar en Baracoa , introdujo 
Velazquez en Cuba, sin mas autorización aun que la que 
recibió del Almirante , el sistema observado en la Espa- 
ñola. En los principios poco mortificaron las encomien- 
das á los indios, que eran muchos, cuando eran las tier- 
ras cultivadas pocas. Pero la parcialidad manifiesta del 
gobernador con sus deudos y sus protegidos desde los 
primeros repartos originó muchas envidias y murmura - 
clones. Un sevillano, el capitán Francisco de Morales, su 
segundo en la jornada , fué el primero en dar la seña! 
del descontento, y Velazquez tuvo que formarle causa y 
obligarle á regresar á Santo Domingo. 

Aun con estas disensiones, eternas compañeras de los 
primeros pasos de los conquistadores en el Nuevo 
Mundo , cundieron por Jamaica y la Española nuevas 
de lo que progresaban los de Cuba , y acudieron mu- 
chos á mejorar de fortuna en la nueva posesión, entre 
ellos el capitán Panfilo de Narvaez, connatural y amigo 



f6 HISTORIA 

de Velazquez, que con treinta compañeros y licencia del 
gobernador de Jamaica Juan de Esquivel, se presentó 
á ayudarle en sus empresas á principios de 1512. 

Cansado Fernando el Católico con los litigios, denun- 
cias y debates que á Castilla llegaban sin cesar de Amé- 
rica , estableció en la Isla Española ó de Santo Domingo 
un tribunal superior que, compuesto de ministros y fis- 
cales, representara en Ultramar la autoridad del Sobe- 
rano, decidiera en todo lo judicial, contuviera en los 
límites de sus facultades á los gobernadores y le propu- 
siera cuanto conviniese á la prosperidad de las nuevas 
posesiones. Se extendía á Cuba y á todo lo descubierto 
la jurisdicción civil y judicial de la Audiencia recien 
creada. Pero en los asuntos de gobierno no alcanzaban 
sus facultades á castigar á los gobernadores, sino á 
denunciarlos ante el Rey cuando las medidas de aviso 
y de amonestación no fueran suficientes. Tenia además 
el poder de la Audiencia varias cortapisas, y si el valor 
de la cosa litigada pasaba de seis mil pesos podia la 
parte condenada apelar de su fallo ante la Corte. 

Fué tan lisonjera la acogida de Velazquez á Narvaez 
que le nombró su segundo en el mando de la gente 
armada , en reemplazo de Morales. Viendo que los in- 
dios de Maisi y de Sagua abandonaban sus provincias 
por eximirse de tributos y de faenas fugándose hacia 
lo interior, comisionó á Narvaez para que fuese á tran- 
quilizarlos por el territorio de Bayamo, á unas cmrenta 
leguas de distancia, con cincuenta hombres de con- 
fianza, y á serenar aquella gente con algunos regalos 
para obtener así que regresara. Recibieron los indios al 
enviado con muestras de amistad , y le dieron hospedaje 
en los bohíos de aquel lugar, uno de los mas poblados 



DE LA ISLA DE CUBA. 77 

que tenían. Le facilitaron los víveres que necesitaba 
para su tropa; pero, hacia media noche, confiados en 
que era corto el número de los de Narvaez, intentaron 
sorprenderlos cuando dormían del todo desapercibidos. 
Mas dispertando y montando á caballo su capitán y 
algunos pocos con espada en mano desbarataron fácil- 
mente aquella chusma , matando é hiriendo como cien 
indígenas. Se dispersaron al momento y desaparecieron 
para ir á refugiarse hacía un territorio llamado Cama- 
güey, á unas sesenta leguas tierra adentro. 

Así que supo Velazquez la ocurrencia, corrió á Ba- 
yamo con alguna gente armada para tranquilizar á los 
pocos que se habían quedado. En aquel pueblo de in- 
dios le llegaron nuevas de cierto buque aparecido por 
la costa hacia Jagua, y sin tardanza dirigió á su co- 
mandante un mensajero con un pliego en que decía 
que , <r quien quiera que fuese , se allegase á donde él 
» estaba. > Obedeció gustoso á su misiva el mismo Se- 
bastian de Ocampo, que años atrás habia bojeado la 
isla y que, tornando entonces del Darien á la Española, 
habia fondeado á renovar su aguada en aquel puerto. 
Con una escolta de quince marineros se trasladó á cum- 
plimentar á Velazquez en Bayamo, regresando algunos 
días después á su destino. 

Luego que con las persuasiones de Las Casas, siem- 
pre creído y escuchado por los indios, fueron restitu- 
yéndose á sus domicilios, regresó también Velazquez á 
continuar sus obras y sus fábricas de Baracoa ; pero an- 
tes reforzó á Narvaez con su sobrino Juan de" Grijalva 
y cincuenta castellanos bien armados, y le dejó de con- 
sejero á aquel sacerdote luego tan famoso, en cuyo pres- 
tigio con los naturales tenia toda confianza para que 



78 HISTORIA 

fuesen juntos á pacificar el Camagüey y á ocuparse de 
la exploración de las demás provincias. 

Dirigióse Narvaez por la de Cueiba, siendo en los lu- 
gares de su tránsito bien recibido y racionado por los 
indios, hasta que, por imprudencia de algunos castella- 
nos, antes de llegar al pueblo de Caonao se trocaron sus 
buenas disposiciones en miedo y desafecto. Habiendo un 
dia los expedicionarios hecho alto á orillas de un arroyo 
donde habia excelentes piedras de afilar, después de 
almorzar allí sacaron las espadas y se pusieron á afilar- 
las, como si con intención se previnieran para el uso 
cruel que hablan de hacer con ellas. Rodeábalos con- 
templándolos con admiración una turba de indígenas 
puestos en cuclillas según su costumbre, y fijando toda 
su atención en las armas de los forasteros. Algún ade- 
man sospechoso de los indios hubo de irritar sin causa á 
varios españoles, y alarmando á sus compañeros acome- 
tieron á cuchilladas á aquellos infelices. Sin los esfuerzos 
de Las Casas, de Grijalva y de Narvaez, aunque el daño 
ya hecho fuese irremediable , hubiera continuado la ma- 
tanza , y sus consecuencias hubieran sido aun mas las- 
timosas y trascendentales. Los indígenas huyeron, unos 
en sus canoas hacia los islotes ó Jardines de la Reina, 
otros por los bosques y territorios interiores, espar- 
ciendo en todas direcciones su resentimiento y sus ter- 
rores. Fué necesario todo el prestigio que sobre ellos 
conservaba Las Casas y recordarles cómo habia ex- 
puesto su vida en la Española por salvar á muchos, 
para que , cediendo á sus mensajes , regresaran, poco á 
poco á sus lugares. 

Más allá del teatro de aquella escena deplorable supo 
Narvaez que hacia la provincia de Habana , á unas cien 



DE LA ISLA DE CUBA. 79 

leguas de distancia , estaban en poder de los indios un 
hombre y dos mujeres castellanas. Así para averiguar su 
procedencia y rescatarlos, como para seguir recono- 
ciendo el país, despachó al cacique que los detenia el 
mensaje conveniente, y se encaminó á la costa septen- 
trional, prefiriendo seguir su incursión bojeándola en 
canoas á caminar entre asperezas y sin sendas. Nave- 
gando de esa suerte hacia Poniente, llegó á un puerto 
muy abundante en pesca y en mantenimientos, que lla- 
maban sus naturales Carahate, nombre que españolizó 
Las Casas con el de Gasaharta, como en recuerdo de la 
abundancia que allí habia de comestibles. Como unas 
dos semanas se detuvo la expedición en aquel puerto, 
hasta que llegaron las dos mujeres cautivas del cacique 
de Habana. Habian naufragado con ocho homb: es en una 
nave castellana cerca del puerto de Yucayo , á unas cua- 
renta leguas á Poniente , y al atravesar una bahía en 
una canoa de indios, estos dieron muerte á siete de los 
náufragos, sin dejar vivo mas que á uno solo que quedó 
con ellos. La bahía en que los indígenas cometieron 
aquel crimen tan cobarde fué llamada por los de Nar- 
vaez la de Matanzas , y es la que aun conserva el mismo 
nombre. 

Continuaron estos adelante , ya caminando por el lito- 
ral y ya en canoas , hasta llegar á la provincia de Ha- 
bana con el sentimiento de que á medida que ellos 
avanzaban los indios evacuasen sus lugares y se refu- 
giaran en los bosques, temerosos del castigo de los ase- 
sinatos de Matanzas y. de una repetición del degüello 
sangriento de Caonao. Pero los pacíficos y repetidos 
mensajes de Las Casas consiguieron ahora también tran- 
quilizarlos y aplacar las iras de Narvaez que habia re- 



80 HISTORIA ' r 

suelto castigar ea iodos el crímea de unos pocos. Los 
comarcanos de Habana, con su cacique Habayuane á 
la cabeza, amparados por aquel religioso, se presenta- 
ron en el campamento de los castellanos con trescientas 
cargas de tortuga fresca y víveres, y con repetidos 
ofrecimientos de amistad. Con ellos vino también el cas- 
tellano que tenían cautivo. 

Sus noticias , adquiridas en cuatro años de peregrina- 
ción y cautiverio en las provincias occidentales de la isla, 
guiaron después á sus compatriotas en las incursiones 
que necesitó su completo reconocimiento. 

No desperdiciaba el tiempo en Baracoa Velazquez du- 
rante la larga expedición de su teniente ^ Terminaba los 
repartimientos , introducía muebles, ropas, instrumen- 
tos, semillas y animales de toda especie que se le en- 
viaban tanto de Sevilla como de la Española ; y sobre- 
pujó á sus esperanzas la maravillosa fecundidad de una 
comarca en que se reproducían con una abundancia des- 
conocida en Europa el maíz, el arroz, el millo ^, las ju- 
días y otros granos útilísimos, del mismo modo que casi 
todas las especies de hortaliza. Los ganados caballar y 
vacuno se multiplicaban con una celeridad sorprenden- 
te, y en cuanto al de cerda bastará decir, sujetándonos al 
testimonio del mismo Velazquez ^, que á fines de marzo 

* De esta expedición por lo interior Qomo conocidas. Por serlo aun más su 

de la isla no aparece ninguna relación biografía no la reproducimos ni en esta 

ni en el arcbivo de Indias de Sevilla, ni obra ni en nuestro Dice. Geog.» Estad., 

en la Colección de Muñoz. Nos hemos Hist. de Cuba. 

guiado por la vida del P, Casas que pu- ^ A este grano se le sigue llamando 

blicó b. Manuel J. Quintana con la de millo en la isla, como se decía en el cas- 

olros españoles célebres, y sobre todo tellano que hablaban sus primeros po- 

por las referencias á este episodio que bladores. 

se hallan esparcidas en las obras del ^ « Esta Ysla es mui frutifera é po- 

mismo Gasas, que son tan apasionadas » dra proveer de pan la tierra firme. Los 



DE LA ISLA DE CUBA. 81 

de 1514 se contaban en los corrales y criaderos del 
único pueblo de españoles que aun existiese entonces en 
la isla mas de treinta rail cabezas. 

Tanto agradaron * á Fernando el Católico la jornada 
y los progresos de Velazquez , que desde fines de 1 5i2 
le fué concediendo consecutivamente gracias y favores. 
Después de reconocerle su título de lugar-teniente del 
Almirante en aquella isla , con menoscabo de esta auto- 
ridad y aun con disgusto del mismo agraciado que aspi- 
raba á ser gobernador independiente , le comunicó varias 
cédulas acompañadas de instrucciones sobre la política y 
manejo que debian emplearse con los naturales. Le diri- 
gió otras también en los primeros meses del año siguien- 
te, confirmándole la facultad de hacer repartimientos, 



» puercos que se Iruxeron se an mulli- 
» plicado hasta treinta mih i demás la 
» Ysla es mui a proposito de toda nave- 
» gacion. » (Diego Yelazquez á S. A., 
l.°de abril de 1314). (Véasela Co- 
lección- de Muñoz y el núm. 73 del 
tomo XIII De ¡as memorias de ¡a So- 
ciedad Econó rica de la Habana ). 

* En el tomo XC de la (Colección 
Muñoz aparece una copia del primer 
despacho del Rey al Almirante con re- 
ferencia á la Isla Fernandina ó de Cu- 
ba. Es de 25 de marzo de 1512, y dice 
así : 

« >!ucho placer ove con las noticias 
» de Cuba por ver que los Indios con- 
» vertidos son mas razonables é incli- 
» nados á la fee que los dessa é San 
» Juan (Santo Domingo y Puerto-Rico). 
» Bien fizo Velazquez en decilles que 
» solo iva á visitallos de mi parte é da- 
» lies á entender que deben estar á nues- 
» tro servizio é convertirse á la fee 
x> Continúesse en tratarlos muy bien; 

HIST. DE CUBA,— TOMO I. 



» pero estén nuestras gentes siempre 
» sobre avisso , porque les tengan res- 
» pecio i no ossen alzarse como en essa 
» á los prinzipios i en San Juan.... Gra- 
» cías á vos, Almirante, por la b ¡ena 
» diligencia en inviar á Velazquí^z, i á 
» los que han ido aré merzedes. » 

La primera comunicación del Rey á 
Velazquez es de cinco dias antes, y so 
limita á las palabras siguientes : « Gra- 
» cias por vuestros servizios en lo de 
» Cuba : háme parescido bien todo, i en 
» otra seré mas largo. » 

En el mismo tomo de la Colección de 
Muñoz están copiadas hasta ocho car- 
tas más del Rey al Almirante y á Ve- 
lazquez con referencia á Cuba , que to- 
das son muy breves y solo contienen 
las disposiciones generales que indica- 
mos en el texto. Son de los años 1512 y 
1513. Del año de 1514 hay otras tantas 
más que no contienen ninguna particu- 
laridad notable. 



82 HISTORIA 

inherentes entonces á los que gobernaban en las Indias 
le agració con la merced de Alcaide de una fortaleza 
que se proponia fabricar en Baracoa con sobresueldo 
de veinte mil maravedises^, y nombró á propuesta suya 
por tesorero de Cuba con el de ochenta mil y un repar- 
timiento de doscientos indios á Cristóbal de Cuellar. 
El orden que prescribió el Rey á Velazquez para la dis- 
tribución de los repartimientos fué que prefiriese á los 
criados de la real casa , después á los colonos mas anti- 
guos, luego á los empleados con nombramiento real , y 
en último lugar á los vecinos que mas aptos juzgase 
para enseñar la fé á los indios y acostumbrarlos al tra- 
bajo. Años adelante el mismo Velazquez y mucho más 
Gonzalo de Guzman, su sucesor, abusaron de esa prero- 
gativa de distribuir las encomiendas hasta el punto de 
tener luego el Rey que moderársela á los gobernadores 
de la isla, mandando «que no podiessen tomar indios 
» para sí ni dallos á sus parientes ni criados. » 

Con estas concesiones gratas á Velazquez y á sus 
favorecidos, vino otra que lo fué generalmente para 
todos , otorgando por diez años á los pobladores de Cuba 
los misinos privilegios y franquicias que gozaban los de 
la Española. Eran estas nada menos que el pasaje franco 
de España á Cuba , sacando víveres para un año de los 
almacenes reales, exención de contribuciones y de de- 
rechos de introducción, propiedad perpetua de las casas 
que fabricaran y de las tierras que les fueran señaladas, 

" Según la Demostración histórica del tenia un yalor intrínseco de algo mas 

verdadero valor de todas las mone- que una pieza de dos cuartos ó cuartillo 

das, etc., por el P. Liciniano Saez, el de real de nuestra actual moneda de 

maravedí de estos tiempos, lejos de ser vellón, 
una moneda imaginaria como ahora, 



DE LA ISLA DE CUBA. 85 

suministro gratuito de semillas é instrumentos que 
necesitasen para labrarlas é instalarse en ellas. Estas 
ventajas , además de declarar á los primeros pobladores 
dueños de lo que en otro caso no seria mas que un 
usufructo, eran muy propias para llamar mas gente y 
propagar la colonización de Cuba, para cuyos trasportes 
y tráficos también se enviaron ^ de Sevilla dos carabelas 
que solicitó el gobernador. 

Ufano andaba Velazquez con tantos beneficios cuando 
una catástrofe doméstica , cruel é inesperada , trocó en 
dolor su júbilo. Robusto y de buen parecer, aunque de 
edad provecta, acababa de desposarse con una hija del 
nuevo tesorero Cuellar, cuando se la arrebató la muerte 
á los primeros dias de su himeneo Dama de honor de 
la Alffiiranta, María de Cuellar, que la acompañó desde 
Castilla á la Española, no habia ido á Baracoa mas 
que á desaparecer entre las flores de su tálamo nupcial 
y de su primavera. 

Procuró el gobernador distraer su pena con el movi- 
miento y la tarea, saliéndose de Baracoa el 4 de octubre 
de 1513 á cabalgar con alguna escolta por las provin- 
cias inmediatas de Bany y Barajagua, y visitar las india- 
das y los puntos que mas propios pareciesen para las 
nuevas fundaciones de pueblos que tenia en proyecto. 
Recorrió con este fin las comarcas de Guaymaya y de 
Mayve hasta que en la de Bayamo y en las riberas de 
un rio caudaloso que llamaban Yara y hoy se llama 
Cauto, determinó echar los cimientos de una nueva 
villa. Allí convocó á los castellanos aspirantes á solares 

« Según documento extractado en el de Sevilla dos carabe'as latinas para el 
tomo LXV de la Colección de Muñoz, servicio de la isla , y en ellaji se remi^ 
consta que en julio de 1513 se enviaron tian géneros. - - 



84 HISTORIA 

y repartimientos, y se reunieron los indios que habían 
de alzar las casas , empezando por improvisar una iglesia 
de tabla y paja que recibió el nombre de San Salvador 
de Bayamo como el naciente pueblo. 

Manuel de Rojas, como Velazquez, natural de Cuellar, 
fué uno de los fundadores mas aventajados de ese pueblo 
asentado sobre sitio llano y feracísimo y no lejos de 
otro de los mas considerables de entre los de indígenas. 
Rodrigo de Tamayo, Juan de Bergara, García de Lugo, 
Francisco de Azua , Lorenzo Diaz y otros muchos fue- 
ron con él los pobladores primeros de Bayamo. 

Detúvose Velazquez por San Salvador y sus contornos 
hasta que el 1 8 de diciembre en el puerto de Guacana- 
yabo que se llama hoy Manzanillo, se embarcó con 
veinte castellanos en canoas y llegó en tres dias á los 
primeros pueblos de Guamuhaya , donde le agasajaron 
los indios y caciques. Con ellos dirigió mensajes para 
que los expedicionarios de Narvaez se dirigiesen á en- 
contrarle en el puerto de Jagua , tierra abundante en 
peces y aves, donde se proponía pasar las Pascuas. Pero 
tocando el 23 en la embocadura del layaba y cediendo 
á las instancias de los caciques torció á visitar un pueblo 
indígena que estaba á una legua adentro de la costa, 
donde pasó unos dias muy regalados. En este lugar, 
donde hoy radica la ciudad de Trinidad , se le presen- 
taron ya en enero de 1514, cumpliendo con sus ór- 
denes, Narvaez, Las Casas, Grijalba y todos los demás 
exploradores de la isla. 

El resultado de las fieles investigaciones de Las Casas 
en su larga y detenida expedición , fué un cálculo pru- 
dencial de que la isla contendría como doscientos mil in- 
dígenas, y que era fértilísima en casi toda su extensión ; 



DE LA ISLA DE CUBA. 85 

que la dividían los naturales en multitud de provincias 
nombradas"^ Maisy, Bany, Sagua, Maniabon, Barajagua, 
Bayamo , May vé, Guaynaya , Bayaquitirí, Macaca, Bo- 
yuca, Gueiba, Gayaguayo, Guaymaros, Gamaguey , Or- 
nafay, Gubanacan, Guamuhaya, Mangón, Jagua, Sabane- 
que, Hanabana, Habana, Marien, Guaniganico, Gua- 
nacabibes. Eran los pueblos un conjunto de cabanas de 
madera que llamaban cañéis, de hechura tosca y de otras 
mayores de forma ya cuadrilátera, ya elíptica, nombradas 
bohíos, según quedó apuntado en el primer capítulo. 
Los muebles eran de grosera fábrica; los asientos mas 
conoiunes un tronco de árbol recortado , las camas ó 
hamacas redes de algodón, y los alimentos mas usuales 
raices y peces. Se habían encontrado con abundancia 
en todas las provincias las hutías, los perros mudos, los 
papagayos y unas aves de las que en sus diarios llamó 
Golon perdices más por parecerlo que porque lo fue- 
sen, las gallinas de guinea y ciertos lagartos grandes 
que decían higuanas , el manjar mas preferido de los 
naturales. 

Gubrian á la isla en muchas partes impenetrables bos- 
ques de maderas preciosas y propias para todos usos. 
Gon ellas construían los indios las canoas ahuecando los 
troncos de los árboles con piedras cortadizas, porque no 
conocían el hierro ni metal ninguno , lo que con su ín- 



' Todos los textos aütiguos "y moder- mo Diego Velazquez, acorde con la 

nos que hemos consultado acerca de la del P. Las Casas que laé reconoció, 

denominación de las provincias en que siendo á todas luces la mas original y 

sus naturales dividían á Cuba , las de- auténtica , nos ha parecido preferible á 

signan con nombres diferentes aunque la que emplean los escritores que han 

parecidos , aumentando además ó dis- tratado de la época de la conquista y 

minuyendo cada cual su número. La ocupación de la isla. 
nomenclatura que hace de ellas el mis* 



8¿ HISTORIA 

dolé pacífica ioflaia para que todas aquellas tribus y 
proviacias estuviesen siempre en paz unas con otras. 

No tenían los Cubanos creencias fijas, templos ni 
edificios. Les servian de sacerdotes ciertos curanderos ó 
charlatanes llamados BehiqueSy que pasaban por adivinos 
y por comunicarse con los espíritus infernales. Tenian, 
sin embargo, ideas mas ó menos claras de la existencia 
de un Ser supremo y arbitro de la creación y de un genio 
maléfico que compartía el imperio de la naturaleza con 
el genio del bien. Por último, creían en la inmortalidad 
del alma y en los futuros premios y castigos, como lo 
vimos en la arenga que dirigió á Colon cierto indio 
anciano. Unos se figuraban á Dios en forma de estrella, 
y le reconocían los más ea los mismos fenómenos de la 
naturaleza. No sorprendió poco á Las Casas en sus 
indagadores coloquios con los indios que conservasen 
algunas tradiciones oscuras sobre los primeros padres 
del género humano , desviados por el espíritu ma- 
ligno de .su primer estado de dicha é inocencia; de 
una inmensa inundación, de la cual se preservó sola- 
mente una familia , y de un gran edificio que fabricó el 
orgullo de los hombres y destruyó la cólera del cielo. 
Indicaban tener varías nociones de las que afirma el 
cristianismo ; pero no eran por eso sus costumbres ni 
puras ni inocentes; y á excepción de cierta mansedum- 
bre natural no eran sus instintos otros que los de la 
barbarie ^ 

8 « La lujuria con las mugeres tenian » tura inclinados, é otras por no perder 

» por gentileza ó con los hombres eran » ellas tiempo en sus vicios e libidi- 

» abominables sodomitas dejaban á » ne » (G. F. de Oviedo, Hisloria 

» las mugeres por pequeñas causas é general y natural de las Indias , li- 

» las mas veces ellas á ellos; algunas bro xvii, cap. iv). 
» meritamente, por ser ellos contra na- 



DE LA ISLA m CUBA. 87 

Permaneciendo el gobernador en el mismo pueblo de 
indios mandó reconocer las márgenes del inmediato y 
caudaloso rio Arimao, en cuyas riberas se descubrian al- 
gunas vetas de oro. Este hallazgo unido á otras ventajas 
de la localidad y á un esplendido paisaje, le determinó 
á poblarla con otra colonia para emprender la explota- 
ción de sus filones. El mismo Las Gasas, los hermanos 
Al varados, Porcallo, un tal Pedro de Rentería y varios 
castellanos fueron los fundadores de esta tercera villa, 
llamada como hoy de Trinidad, que fué prosperando 
desde sus principios. 

También dispuso Velazquez, inducido por la fertilidad 
de la comarca y su abundancia en pastos, que en terre- 
nos situados en lo interior de la isla á igual distancia de 
Trinidad que de la costa septentrional y cerca de las 
márgenes de un rio , se fundase otro pueblo más que se 
llamó villa de SanctiSpiritus ^ Mas propio por su situa- 
ción para fomentarse con ganadería , siempre hubo de 
ser inferior al de Trinidad en movimiento y tráfico. 
Hernán López, Diego Méndez, Jorge Velazquez y un 
Salazar fueron, entre otros, sus fundadores principales; 

^ r<En la provincia de Tumayá (¿Gua- » no están acostumbrados sino á pescar 

» humaya?), casi en el medio de la isla, » Lo mesrao se entienda para unos In- 

» tierra buena, de mucha caza é pes- » dios al cabo de Cuba, los quales son 

» cado é de toda manera de comida » salvages que en ninguna cossa tratan 

» abundossa, V. A. mande que una villa » con los de la Isla, ni tienen cassas, 

»"( Sancti-Spíritus ) questando yo allá «sino están «n cuevas contino, sino es 

» querían hacer que la hagan Allí » quando salen á pescar ; llámanse Gua- 

» pueden llevarse los Lucayos é un mo- » nahacabeyes. Otros hay que se llaman 

» nasterio de seis dominicos ó francis- » Cibuneyes, que los Indios de la mis- 

» eos que los cuiden i enseñen Lo » ma isla tienen por sirvientes é cassi 

» mesmo podrá hacerse con los Indios » son ansi todos los de los Jardines.» 

» de los Jardines del Rey é de la Reina, (Párrafo de una carta copiada en él to- 

» que son muchas isletas de Indios que mo LXV de la Colección de Muñoz sin 

» no suelen comer sino pescado solo. A nombre de autor. 
» estos se les dará menos trabajo , pues 



88 tílSTORIA 

y el mejor atendido en el reparto de sus tierras é indios 
Frtincisco Fernandez de Córdoba que , resentidp de Pe- 
drarias Dávila , se habia venido del Darien con Bernal 
Diaz del Castillo y muchos castellanos. 

Simultáneamente hizo Velazquez que alzaran otra 
villa también á lo interior de Camagtiey, en el punto 
mas central, entre las bocas de Puerto Príncipe descu- 
biertas por Colon en su primer viaje , en la costa del 
Norte , y el de la meridional de la provincia de Guaima- 
ros que habia reconocido aquel Almirante en su segundo 
bojeo de la isla en mayo de 1494. Por recordar acaso 
el mismo nombre con que designó Colon á aquellas bocas 
que hoy se llaman puerto de Nuevitas, se impuso á esta 
otra villa el de Santa Maña de Puerto Principe , asen- 
tada junto á la confluencia de dos rios , en un paisaje 
hermoso y análogo por su topografía con el de Sancti- 
Spíritus. Un mancebo emprendedor y de los muy raros 
de buena cuna que en los primeros años de su descu- 
brimiento fueron á Indias, Vasco Porcallo de Figueroa, 
pariente de los Duques de Feria, adquirió tierras en las 
tres recientes villas y promovió su crecimiento ^^ 

Ya en la primavera, dejándolo todo dispuesto para 
las fábricas y encomiendas de esas fundaciones , se en- 
caminó Velazquez por la costa del Sur hacia Levante. 
Encontrándose en la bahía de Santiago *\ mas allá de 
Cabo Cruz , la halló muy abocada así para comunicar 



'° Véase su biografía , págs. 262 y » cion. Con este acuerdo partimos á la 

263, t. IV, Dice. Geog.3 Estad., Uist. » villa de San Salvador para hacer la 

de la Isla de Cuba, por el autor. » fundición El 28 de junio volvimos 

" « Juntos en el puerto de Santiago » al puerto de Santiago » ( Carta de 

» le hallamos á propósito para pueblo i 1.° de agosto de 1515 dirigida á S. A. 

» útilá la navegación Concordamos por el teniente y oficíales reales de la 

» se hiciesse allí la cassa de la contrata- Fernandina ; Colección de Muñoz , to- 



DE LA ISLA DE CUBA. 89 

con la capital de la Española, donde aun radicaba el cen- 
tro gubernativo de las Indias, como para traficar con 
las naves que cruzaban y tornaban de aquiilla isla para 
la tierra firme ó el Darien. Aparecian además en los con- 
tornos mas vestigios de minas y de granos de oro que en 
todas las otras partes recorridas. Decidiéronle tan favora- 
bles condiciones á formar allí otro pueblo más. Llamó de 
Baracoa á Gonzalo de Guzman , Agustín Bermudez , Hq^r- 
nan Cortés, Pedro de Barba, Pedro de Paz, Bernardino 
Velazq*uez, Andrés de Duero, Amador de Lares y otros ; 
se trazaron los solares, se adjudicaron los terrenos, y en 
los meses de junio y julio se fabricó prontamente el ca- 
serío con muchedumbre de indios y aun algunos trabaja- 
doies castellanos. Velazquez determinó fijarse en este 
pueblo que llamó Santiago de Cuba y levantó en él sin 
demora un edificio destinado para fundir el oro que 
allí se recogiese, y el que le presentaran de otras par- 
tes. Esa fué la casa llamada de fundición que hubo en 
Santiago en sus primeras épocas. 

Como se encontraba la tierra pacífica, próspera y 
poblada, porque seguía creciendo el número de castella 
nos que de otras partes acudían á probar !a suerte en 
Cuba, y convenia llevar la colonización á otros lugares, 
resolvió también Velazquez echar cimientos á otro pue- 
blo á mas de cien leguas al poniente de Puerto Príncipe, 
y á dos de la costa meridional, en la provincia llamada 
por los indígenas Habana. Fueron á fundarla Francisco 
Monlejo, años después adelantado de Yucatán , Diego de 
Soto, Juan de Nágera, Pedro de Barba, Juan Bono de 



mo LXX\). Se llamaban entonces ofi- corrían con las funciones de Admíais* 
cíales re les los regidores y Tecinos que Iracion pública. 



90 HISTORIA DE LA ISLA DE CÜBÁ. 

Quejo y otros pobladores; pero no Manuel de Rojas, 
ocupado entonces en Bayamo, ni Las Casas, como erra- 
damente han apuntado varios. Fué aquel el asiento 
primitivo de la Habana, aunque por la humedad de aque- 
llos campos llenos de insectos destructores, fueron unos 
tras otros los colonos trasladando sus domicilios á orillas 
del risueño puerto de Carenas, atraídos por las ventajas 
de la localidad y el' tráfico con algunas naves que en él 
se presentaban ; y en 1518 , antes de estar descubierta 
Nueva España , estaban ya allí todos. 

Maravillarían la facilidad y la presteza con que en 
Cuba se improvisaron los primeros pueblos, si los mis- 
mos textos de los pobladores no afirmaran que las me- 
jores casas se fabricaban sobre horcones con tabiques 
de tabla y techumbre de guano ú hojas de palma ; que 
los menos acomodados aderezaban sus viviendas con 
cortezas del mismo árbol, llamadas por los indios yoguis; 
y que en Baracoa y Santiago, tituladas al nacer ciuda- 
des, no hubo mas casas de cal y canto que la de Velaz- 
quez, siendo de tabla y guano hasta los templos. 

Nombró Velazquez alcaldes y ayuntamientos para sus 
villas, como los habia en Castilla y en la Española, y 
además para la Habana, atendiendo á su larga distancia 
de su residencia, desde luego estableció un teniente á 
guerra que gobernase en nombre suyo. Con estas dis- 
posiciones, fabricados con tal sencillez los caseríos, y 
distribuidas las tierras y los brazos para cultivarlas, los 
demás progresos eran obra del tiempo y del interés de 
cada procomún por su fomento. 



CAPÍTULO TERCERO. 



Primera expedición salida de la isla para el continente. — Francisco Fernandez 
de Córdoba descubre á Yucatán. — Es rechazado por los naturales. — Se refu- 
gia en el puerto de Carenas. — Muere. — Segunda expedición acaudillada por 
Juan de GríjaWa. — Descubrimiento de Clúa y la costa Mejicana. — Regreso 
de Grijalva á Santiago de Cuba. — Velazquez destina otro armamento mayor á 
conquistar á Méjico. — Confía su mando á Hernán Cortés, y luego piensa qui- 
társelo. —Sale Cortés de Santiago con la flota sin darle tiempo para desti- 
tuirle—Refuérzase Cortés en Trinidad y organiza en la Habana su arma- 
mento. — Su salida. —Nombramiento de Adelantado en favor de Velazquez. 
— Destina una expedición considerable á someter á Cortés y conquistar á Mé- 
jico. — Sale mandándola Panfilo de Narvaez. — Llega á ülúa y á Zempoala 
donde es vencido 'por Cortés. — Cuestiones entre este conquistador y aquel 
adelantado. -Influenciado las conquistas de Cortés. — Nómbrase inútilmente 
otro gobernador en su lugar. — Declárale el Rey Capitán General de Nueva Es- 
paña. — Arribo á la Habana del adelantado do Panuco Francisco de Garay con 
su armamento — Cortés se apodera de su territorio. — Envia otro con Cristóbal 
de Olid á conquistar á Hihueras. —Aporta Olid á la Habana. —Se confabula 
con Velazquez contra Cortés. — Es vencido en Hihueras y decapitado. — Muerte 
de Velazquez. 



La barrera del istmo que separa el Océano del Pací- 
fico había sido saltada por Vasco Nuñez de Balboa, el 
de mas genio y menos suerte de los conquistadores del 
Darien ó Tierra Firme. Desde 1 497 , Sebastian Gabot, 
recorriendo las costas del Labrador, había reconocido 
esa península del continente septentrional que el cré- 
dulo Juan Ponce de León ^ llamó Florida en 1 51 2, donde 

* Los descubrimientos de Colon ha- los extranjeros. El famoso navegante 
liaron pronto emulación é imitadores en inglés Juan Cabot, ó mas bien Gabotto* 



92 HíSlfORíA 

años después , en vez del prodigioso manantial donde 
esperaba recobrar la juventud, halló el flechazo de que 
vino á morir en la naciente villa de la Habana. Tras del 
mismo golfo que divide al hemisferio americano en dos 
grandes mitades, un grande imperio se escondía aun al 
ojo investigador del navegante ; pero ya iba á sonar la 
hora de su descubrimiento y épica conquista. 

Como los demás pobladores, daba Velazquez igual 
crédito á las consejas de los indios que á los mas fun- 
dados cálculos de los navegantes sobre la existencia de 
ese imperio. Para descubrirlo y extraer de esa región 
indígenas que ayudaran en el trabajo á los de Cuba, ce- 
lebró un asiento á fines de 1516 con Francisco Fernan- 
dez de Córdoba, que huyendo de Pedradas Dávila y sus 
tiranías, como dijimos, se habia venido á la isla con más 
de cien castellanos descontentos é ido con ellos á vivir á 
Sancti-Spiritus. Habia Córdoba comprado de su cuenta 
tres bajeles; y cuando estuvieron tripulados y abasteci- 
dos por Velazquez , se dio á la vela el 8 de febrero de 

de origen veneciano , autorizado por su sus naturales, y gozoso con su descubri- 
rey para descubrir el paso á las Indias miento, marchó á España, donde consi- 
orientales por los mares de la América guió el título de Adelantado de Bin mí y 
del Norte, habia reconocido desde julio autorización para conquistar la región 
de lf>97 las costas de la dilatada región que habia descubierto. Enriquecido an- 
del nuevo continente, que se llamó des- teriormente en las conquistas de Santo 
pues Florida. Juan Ponce de León, el Domingo y Puerto-Rico, y sin que su 
conquistador de la isla de Boriquen ó edad, mas que sexagenaria, le mer- 
Puerto-Rico, cuando engañado por las mará ann los alientos, armó y tripuló á 
supersticiones y los cuentos de los in- sus expensas tres carabelas en San Lu- 
dios de Puerto- Hico buscaba en las is- car y Sevilla, y emprendió en lo21 su 
las del archipiélago Lucayo la isla do jornada; pero hostilmente recibido en su 
Biminí, la de la fuente que rejuvenecía, segunda visita por los Floridanos, he- 
tomó posesión de aquella tierra el día rido y rechazado, tuvo que refugiarse 
i.° de abril de 1S12, dia de Pascua flo- en la Habana , donde murió poco des- 
ridíi, y la denominó con el apelativo de la pues de su llegada, 
tnlsma fiesta. Traficó pacíficamente con 



DE LA ISLA DE CUBA. 93 

1517 con ciento catorce hombres, desde el fondeadero 
mas próximo á la primitiva Habana , el de Batabanó, 
dirigiéndose al Poniente. Gontrarestado por malos tiem- 
pos y chubascos tardó veinte y un dias en descubrir á 
Cabo Catoche , término de la península de Yucatán. Los 
indígenas, que le recibieron al principio llenos de admi- 
ración y de algazara, cayeron luego de improviso y con 
gran golpe de gente sobre un destacamento de caste- 
llanos que penetraron por la tierra adentro. Rechazaron 
estos á sus agresores matándoles diez y siete, hiriendo 
á muchos más y cogiéndoles dos indios. Pero les costó 
también á los de Córdoba salir con quince hei idos en 
una sorpresa tan inesperada. Desde Catoche continuó la 
armadilia costeando, y á los quince dias descubrió un 
crecido pueblo en la ribera de una ensenada espaciosí- 
sima que los indígenas llamaban Quimpech ó Campeche, 
en donde se mostraron tan en fuerza y tan hostiles, que 
ni aguada pudieron recoger allí los castellanos. A los 
seis dias una tormenta obligó á las naves de Córdoba á 
arribar á otro puerto de la misma costa. Desembarcaron 
en la embocadura de un rio junto á un pueblo llamado 
por los indios Potonclian , donde en unos pozos vecinos á 
la playa se surtió la gente con abundancia y sin estorbo 
de agua. Luego, por detenerse á curiosear en unos ado- 
ratorios de cal y canto que allí vieron en vez de irse á 
pernoctar en las carabelas, rodeáronlos los indios al 
amanecer todos armados de saetas y de lanzas, y di- 
vididos en grandes grupos cuadrilongos á manera de 
batallones formados en masa. La excesiva desigualdad 
numérica no impidió que los de Córdoba trabaran allí 
la refriega mas reñida que habían sostenido hasta enton- 
ces los conquistadores. Muchas horas lucharon los cas- 



94 HISTORIA 

tellanos en proporción de uno contra trescientos para 
abrirse paso hasta el embarcadero en medio de cadáve- 
res indígenas, pero dejándose también cincuenta muer- 
tos y saliendo heridos todos los demás , á excepción de 
' uno. Hasta sin agua muchas veces , dolientes y derro- 
tados, tres meses sufrieron en sus maltratadas naves el 
dolor y el hambre para llegar á acogerse al puerto de 
Carenas, donde se alzaba á la sazón la Habana. Cór- 
doba, al llegar, participó á Velazquez por escrito el fu- 
nesto desenlace de su navegación y sus descubrimien- 
tos, y se hizo trasladar en litera á su encomienda en 
Sancti-Spíritus, donde á los pocos dias de llegar murió 
de sus heridas antes que le alcanzase á ver Velazquez. 
Inmensas fueron las consecuencias de esta expedi- 
ción , aunque tan desgraciada. El aspecto de dos indios 
prisioneros, mas altos y vigorosos que los de las islas, 
vestidos con una especie de mantas y jubones cuando 
los demás iban en cueros, unas diademas de oro y 
prendas desconocidas que llevaban , encendieron en los 
pobladoriss de Cuba vivísimos deseos de conquistar aque- 
llas tierras y dar batallas por ^ ganar riquezas. Ya era 
hecho averiguado que existia cerca de su jurisdicción 
un continente muy rico y populoso , y ya no dominó á 
Velazquez otro afán que el de poseerlo. 

Sin la menor tardanza empezó á preparar otro arma- 
mento que acabara con mas suerte lo que tan infeliz- 
mente habia emprendido Córdoba. En pocos meses se 
habilitaron y abastecieron cuatro naves con doscien- 
tos cincuenta hombres de armas gobernados por Juan 
de Grijalva, que llevaba por cabos á Alonso de Avila, 
Francisco Montejo y Pedro de Alvarado, sujetos de 
honra y crédito, y por piloto mayor á Antón de Alami- 



DE LA ISLA D CUBA. 95 

nos, renombrado compañero del gran Colon y que aca- 
baba de desempeñar aquel oficio en la penosa y malo- 
grada expedición de Cóidoba. Esta de Grijalva salió de 
Santiago de Cuba el 8 de abril de 1 51 8, y descubriendo 
en su derrota á la isla de Cozumel y las costas de Yu- 
catán , las bojeó despacio , saltando la gente con fre- 
cuencia en tierra sin ser hostilizada. Le fué fácil trocar 
con los indios baratijas y sonajas por comestibles y jo- 
yas donde abundaban el oro y los mantenimientos, edi- 
ficios y aun torres fabricadas con materiales como los de 
Castilla , pero de formas extrañas y desconocidas á los 
europeos. Llegaron los españoles á arribar á aquel mis- 
mo Potonchan, que tan funesto habia sido á los de Cór- 
doba. Una indiada numerosa ^y ensoberbecida con un 
triunfo reciente intentó allí oponerse al desembarco de 
los navegantes, que, mas numerosos y mejor armados 
esta vez, desbarataron á los naturales con gran matanza 
de ellos , pero á costa de tres muertos y sesenta heri- 
dos , entre los que se contó el mismo Grijalva. Después 
de descubrir el caudaloso rio de Tabasco , siguiendo su 
derrota al N. á la vista de la costa , recogió en su co- 
mercio con los indios víveres y gran cantidad de objetos 
de oro, y aportó á un país que los naturales decían 
ülúaf y se llamó San Juan de Ulúa por los españoles, 
en los estados de cierto emperador que tenia por nom- 
bre Muctezuma, y á cuyo imperio nombró Grijalva 
Nueva España. 

Persuadido de haber ya descubierto el opulento país 
que buscó Colon con tanto empeño, permaneció Gri-, 
jaiva en aquel sitio los dias que los castellanos necesita- 
ron para aumentar su repuesto de rescates de oro con 
su tráfico con los indígenas. Pero por mas que le enaje- 



96 HISTORIA 

nara de gozo su descubrimiento, sus recursos no bas- 
taban para poblar en una tierra mas abundante aun en 
insectos que en riquezas y de un clima mortífero, y no 
se dejó Grijalva engreir por prósperos preludios. No ha- 
biéndole tampoco ordenado Velazquez que poblase , re- 
solvió su vuelta á Cuba , despachándole dias antes á 
Pedro de Alvarado con los detalles del descubrimiento 
y una parte del oro recogido, con porción de telas ra- 
ras y curiosísimos objetos. Velazquez, que habia man- 
dado un buque á averiguar el paradero de la expedi- 
ción, aunque alegre con el mensaje de Alvarado, re- 
probó con una injusticia igual á su impaciencia que se 
hubiese limitado Grijalva á seguir sus propias instruc- 
ciones, y no las hubiera quebrantado poblando desde 
luego en país tan opulento. Como si la presa se le 
fuera á escapar de entre las manos, comenzó al momento 
á preparar sm descanso otra expedición mas numerosa 
que fuese á conquistarlo con capitán mas sagaz y mas 
resuelto. Las nuevas de Alvarado despertaron en Cuba 
y en las demás islas tal codicia y afán entre los pobla- 
dores que tardó poco Velazquez en reunir los buques y 
los hombres necesarios para acometer aquella empresa. 
Más aun que en prepararla se detuvo en la elección 
de su caudillo, fluctuando entre los candidatos que le 
presentaban. Por noble y esforzado le propusieron va- 
rios á Vasco Porcallo de Figueroa, y otros al mismo 
Grijalva. Pero Velazquez , desconfiando del natural so- 
berbio del primero y de la índole irresoluta del segun- 
do, vacilaba entre Agustín Berraudez y su sobrino Ber- 
nardino Velazquez , los dos muy protegidos suyos. Es- 
tando en esa duda , sus dos mas íntimos privados , el 
tesorero Amador de Lares y su secretario Andrés de 



DE LA ISLA DE CUBA. 97 

Duero le hablaron de Hernán Cortés como de quien re- 
unía mas condiciones para tal jornada , y él fué el esco- 
gido. Así las naves de Grijalva, al regresar á Santiago 
con rescates , con gloria y con fortuna , mudaron de 
caudillo ; y desairado este capitán por haber cumplido 
con puntualidad con las instrucciones de su tio, luego 
se separó de un pariente tan injusto marchándose al 
Darien, en donde años después perdió la vida en una 
sedición de indígenas. 

Habia nacido Cortés en Medellin, pueblo de Extre- 
madura, en 1485, de hidalga y considerada familia, 
aunque no rica; siendo sus padres el capitán de infan- 
tería Martin Cortés Monroy y Catalina Pizarro Altami- 
rano. Vivo y despejado, le enviaron á Salamanca á es- 
tudiar leyes, pero sin gran fruto por su desaplicación, 
siendo mas inclinado á las armas que á las letras. Per- 
mitióle su padre alistarse para Italia en las banderas 
del Gran Capitán ; pero soñando siempre en peligros y 
aventuras , prefirió dirigirse al Nuevo Mundo tomando 
pasaje en una nave de la flota colonizadora que á las 
órdenes de Nicolás de Obando ^ vino á la Española. 

Mas solícito de empresas militares que de colonizar 
y traficar, fué de los primeros que se presentaron á Ve- 
lazquez para la jornada de Cuba después que su feliz 
estrella por medio de una enfermedad le habia librado 



' Este Obando, comendador de Al- oGcios. Venia con la misión de ejercer 

cántara y uno de los mas favorecidos el gobierno superior de aquella isla y 

por los Beyes Católicos, salió de San de las nuevas tierras que se descubrie- 

Lúcar para la Española el 13 de febrero sen , y de reparar las injusticias que allí 

de 1301 con una fíota de treinta cara- habian cometido Bobadilla y Roldan con 

belas y otras embarcaciones , y con mas Colon y los suyos, 
de dos mil quinientos colonos de todos 

HIST. DB CUBA. -«-TOMO 1,-7 



98 HISTORIA 

de concurrir á la desastrosa expedición de Nicuesa '. 

Valeroso, desenvuelto, franco y de palabra fácil, se 
habia ganado la voluntad de los expedicionarios de 
Cuba en la campaña contra Hatuey durante las prime- 
ras correrías en la isla, y el favor del mismo Velazquez 
á quien algunas veces sirvió de secretario antes de que 
un extravío juvenil le enajenase por algún tiempo sií 
benevolencia *. 

Se habian repetido desde el principio de la conquista 
de Cuba reales cédulas para que tanto de la Española 
como de Castilla fuesen allí á reunirse á sus maridos y 
á sus padres las mujeres y los hijos de los expediciona- 
rios, deseando el Rey muy cuerdamente que se propa- 
gase y radicase en la isla la población castellana con la 
reconcentración de familias en los nuevos pueblos. En- 
tre las que vinieron á Baracoa , una apellidada Juárez y 
oriunda de Granada , se componía de dos hermanos y 
cuatro hermanas apuestas y graciosas, de las cuales 
la llamada Catalina cautivó el corazón ó los deseos de 
Hernán Cortés. Después de estrechar mucho, debió aflo- 
jar la intimidad entre los dos, cuando, al llegar el plazo 
señalado para el matrimonio , procuró Cortés eludir el 
compromiso sin atender á los lloros de su amante, ni 
á las instancias del mismo Velazquez con quien se mal- 
quistó por esa causa. Separado así de su amistad, aso- 

' Diego Nicuesa , célebre navegante, cionario geográfico, estadístico, histó- 

compañero de Américo Vespucci y de rico de la Isla de Cuba decimos nada 

Ojeda. Después de reconocer más de sobre la biografía de Hernán Cortés, 

cien leguas litorales de Tierra Firme ó porque nada podríamos añadir á lo mu- 

del Darien, pereció en 1510 abandonado cho que de tan conocido personaje han 

en playas desiertas con todos los que escrito tantos bistoriadores, y sobre todo 

le acompañaban. el sabio y célebre Guillermo Prescott. 

* Ni en esta obra , ni en nuestro¡Dtc* 



DE LA ISLA DE CUBA. 99 

cióse el turbulento joven al partido de los disgustados 
en los repartimientos de indios y tierras, hasta permitir 
que en su mismo domicilio tuviesen lugar sus secretos 
conciliábulos. Resueltos los descontentos á llevar sus 
quejas al mismo Almirante en la Española , encargaron 
á Cortés de la embajada. Pero lo averiguó Velazquez 
antes de su salida , mandándole al momento aprisionar 
con grillos. 

Aunque se le escapó el preso , se acogió al sagrado 
de la Iglesia y la justicia respetó su asilo; á los po- 
cos dias ge descuidó en poner la planta fuera del san - 
tuario y le prendió por detrás un alguacil que le ace- 
chaba, llamado Juan Escudero, á quien años adelante 
hizo ahorcar Cortés con justa causa en Méjico. Sujetado 
con esposas fué conducido el futuro conquistador de 
Nueva España á una carabela que iba á salir para Santo 
Domingo en donde debían formarle causa. Mas el per- 
severante cautivo, limándose los grillos en la oscuridad 
de la noche, se deslizó silenciosamente por la mura 
hasta tomar el bote , y logró apartarse remando sin que 
lo sintieran. Viendo después que la violencia de la cor- 
riente alejaba su lancha de la orilla, se arrojó al agua 
encima de un madero y luchó horas y horas para llegar 
á tierra á refugiarse de nuevo en su anterior asilo. El 
destino, que le reservaba tanta gloria, no permitió que 
le devorasen los carniceros peces de aquel mar, ni que 
desapareciese oscuramente entre sus olas. Llegado á 
tierra capituló con su situación; condescendió al matri- 
monio con Catalina, aplacó los enojos de Velazquez con 
promesas y buenas palabras , y así dio fin á un episodio 
tan vulgar áe una vida tan famosa. 

No repuso el gobernador á Cortés en su anterior pri- 



100 HISTORIA 

vanza; pero le concedió un buen repartimiento de indios 
y terrenos en el naciente pueblo de Santiago de Cuba, 
del cual poco después le eligió alcalde. Aunque nada 
inclinado el concejal á las tareas agrícolas, consta que 
allí se distinguió entre los demás vecinos, por su inteli- 
gente aunque infructuoso empeño en arraigar las viñas ; 
que extendió sus cultivos y sus crianzas , y que pudo así 
adquirir en poco tiempo hasta unos tres mil castellanos 
de oro que, á cuarenta y dos y medio reales de plata, 
equivalían á algo menos de siete mil pesos de nuestra 
actual moneda. En faenas tan impropias de su inclina- 
ción se adormecía su genio cuando las nuevas del hala- 
güeño descubrimiento de Grijalva , difundiéndose como 
un relámpago por la isla , inspiraron de repente á sus 
pobladores mas esperanzas de fortuna en las aventuras 
y peleas que en el tranquilo cultivo de las tierras. Gomo 
dijimos, la influencia de Lares y de Duero hizo recaer 
la elección de Velazquez en Cortés para el mando de la 
empresa que se disponía , y todos los expedicionarios 
que le conocían celebraron que les guíase un caudillo 
tan audaz y entendido como bien mirado. 

Admitido el cargo por Cortés , desplegó una eficacia 
y una destreza singulares en activar los preparativos de 
la jornada y reforzarla. Hipotecó sus tierras, recogió 
todo el dinero que pudo hallar prestado en Santiago y 
Baracoa garantizando su reintegro con el éxito de la 
expedición ; y además de apurar su propio crédito, ex- 
plotó el de sus amigos para comprar mas naves, mas 
pertrechos, mas armas y repuestos, y enganchar mas 
voluntarios, cercenándoles el numerario que les en- 
tregó al presente todo lo que se les aumentó* en prome- 
sas para lo futuro. 



DE LA ISLA DE CUBA. lOl 

Tal fué la agitación de Cortés y el movimiento en que 
puso á la gente de Santiago , que á los pocos dias con- 
taba ya seis carabelas y trescientos castellanos anhelosos 
de recoger laureles y tesoros. Gastáronse para la jor- 
nada mas de veinte mil ducados de oro, que vendrían 
cada uno á valer lo que hoy media onza. Velazquez, se- 
gún muchos testimonios , no empleó en el armamento 
mas que una tercera parte de esa suma, y lo restante 
lo proporcionó Cortés para asegurarse así más en su 
gobierno. 

El 23 de octubre de 4 518 le entregó el gobernador 
una instrucción de treinta artículos para servir de norma 
á sus operaciones. Prevenían , entre otras advertencias 
comunes, la afabilidad con los indígenas, el rumbo que 
había de seguir por Cozumel e islotes adyacentes , el 
reconocimiento de la costa de Yucatán, y , por último, 
que se guardaran los valores rescatados en una arca de 
tres llaves, tenidas, una por Cortés, otra por el veedor 
y otra por el tesorero de la expedición. 

Como la popularidad de Cortés no se descubrió hasta 
que adquirió la importancia de su nuevo cargo, de 
repente y por esta sola causa se alarmó la suspicacia 
de Velazquez. Una tarde que con varias personas se 
paseaban juntos, un bufón que tenia el gobernador por 
diversión entre su servidumbre á semejanza de los 
magnates de aquella época , le salió al encuentro á su 
amo, diciéndole : <fTen entendido que cierto capitán 
íha de cargar con e} santo y la limosna. » — «Y tú ten 
» cuidado de no cargar también con otra cosa,» le res- 
pondió Cortés. No faltó después quien inspirase á Ve- 
lazquez sospechas sobre la fidelidad del capitán extre- 
meño, ó por emulación y envidia, ó por suponerle 



102 HISTORIA 

deseos de desagraviarse de ofensas pasadas. Fuese por 
malicia propia ó ajenas sugestiones, el gobernador no 
solo resolvió poner el mando de la jornada en otras 
manos , sino que cometió la inadvertencia de revelar ese 
designio á Duero y Lares que, fieles á Cortés ó espe- 
ranzados con sus futuros galardones, se lo avisaron sin 
perder instante. 

Aunque sin tener del todo dispuesto su armamento 
aprovechó tanto el aviso que, fiándolo todo á su resolu- 
ción y diligencia , prefirió levar el ancla aquella misma 
noche á verse injustamente despojado de una comisión 
en cuyo éxito se cifraban juntos su porvenir, su crédito 
y su gloria. Disimulando su zozobra con su habitual 
serenidad y aplomo, deja Cortés correr las primeras 
horas de la noche antes de reunir á sus oficiales y 
participarles reservadamente sus temores. Avisa y em- 
barca á su gente con silenciosa premura ; y después de 
apoderarse con cautela y previsión de toda la carne des- 
tinada al pueblo pagándola con su misma cadena de 
oro á falta de dineros, logra zarpar con su escuadrilla 
de Santiago como á las dos de la madrugada del i 8 de 
noviembre de 1518, protegiéndole un viento favorable. 
Imponderable fué el despecho de Velazquez cuando 
después de amanecer vio tan diestra é inesperada- 
mente burladas su autoridad y sus ideas. No compren- 
dió que habia cometido dos errores, el de confiar tan 
importante empresa al que siendo el mas capaz de co- 
ronarla con el resultado, era también el menos propio 
para sujetarse á sus mandatos, y otro mayor con no di- 
simular que le iba á quitar sin razón lo que le habia 
dado sin cálculo. 
Cortés, sin desembarcar, tocó en Macaca junto al 



DE LA ISLA DE CUBA. 105 

Cabo Cruz para tomar víveres, invocando el servicio 
del Rey , y después llegó á Trinidad donde á la sazón 
se afanaban en la saca de oro los pobladores de la isla 
mas acaudalados. Enarboló en I9 plaza de esa villa 
su estandarte de terciopelo negro bordado de oro y con 
cruz roja , y allí asoció á su empresa los adalides que 
mas habían de ennoblecerla, los Alvarados, Cristóbal 
de Olid, Gonzalo de Sandoval, Alonso Hernán Porto- 
carrero, y hasta el valeroso Juan Yelazquez de León, 
aunque pariente y deudo del gobernador de Cuba , la- 
bradores oscuros que iban á ser héroes. ^ 

Habíase apresurado Velazquez á ordenar á Francisco 
Verdugo, su cuñado, alcalde á la sazón de aquella villa, 
que si se le presentara Cortés le despojase en nombre 
suyo de su mando. Pero Verdugo, sin fuerzas ni volun- 
tad, ni pecho acaso para cumplir aquel mandato contra 
un caudillo tan simpático para su gente y tan osado, se 
limitó á notificárselo sin estorbarle que completara su 
armamento. Compró allí otro buque Hernán Cortés, 
pagándolo con un recibo, y comisionó á Pedro de 
Alvarado para que, dirigiéndose por lo interior del país 
hacia la Habana , le tuviese allí aprestados mas pertre- 
chos y mas peones cuando se presentara á recogerlos. 

Análogo mensaje que el dirigido á Verdugo, pero 
en términos mas estrechos y apremiantes , recibió para 
detener la expedición y deponer á Cortés Pedro de Bar- 
ba, teniente de Velazquez en la Habana. Pero tenia este 
subalterno aun menos medios que aquel para cumplir 
con la orden del gobernador, y por otra parle tomó 
Cortés infalibles precauciones para llevar adelante su 
proyecto. 

Alejó de su escuadra , comisionándole para apode- 



i 04 ÍIISTORÍA 

rarse de una nave que andaba sobre el cabo de San An- 
tonio , á Diego de Ordaz , uno de sus cabos mas saga- 
ces y el mas adicto de todos al gobernador ; y reve- 
lando á sus capitanes y soldados al llegar á la Habana 
los designios y las inconsecuencias de Velazquez, se 
acabó de granjear la voluntad de sus subordinados con- 
firmándoles sus promesas anteriores, en cuya realiza- 
ción se interesaban más que en seguir obedeciendo al 
que mandaba en la isla. Terminó allí Cortés tranquila- 
mente sus preparativos ; hizo entretelar con algodón los 
jubones de su gente para guarecerla de las flechas que 
tanto habian ofendido á la de Córdoba ; la distribuyó en 
once compañías con su capitán cada una, y se ganó tam- 
bién hasta á los mas adictos á Velazquez, dándoselas á 
mandar á algunos de ellos con la misma confianza que á 
los otros. El dia 1 de febrero once buques de setenta á 
cien toneladas, con seiscientos diez y siete combatientes, 
sin contar tres negros africanos ^, algunos sirvientes y 
mujeres, diez pedreros, diez y seis caballos y pocas 
armas de fuego, salieron de aquel puerto hacia Po- 
niente á derribar con sus lanzas un imperio inmenso y 
convertir en realidad una epopeya increible con su for- 
tuna y con su audacia ^ Los historiadores Antonio de 



8 Consta en muchos documentos de La hemos sacado de la que compuso en 

la Colección de Muñoz que desde antes ljí32 , reuniendo los nombres de lodos 

de la toma de posesión por Velazquez los primeros pobladores de JNueva Es- 

ya se habian llevado á la Española al- paña en porción de documentos de la 

gunos negros africanos esclavos de los época, el natural de Méjico Bartolomé 

que habia en Sevilla y otras poblado- de Góngora, autor de un mal poema li- 

nes do Andalucía. tulado La octava maravilla ^ que se ha- 

• Véase en el Apéndice número 1.° lia copiado con toda aquella vasta no- 
la lista nominal y alfabética de los que menclatura en el tomo XXX de la Co- 
formaron la expedición de Cortés. No lección de D. J. B. Muñoz. A este 
ha sido nunca publicada hasta ahora, historiador y coleccionista le habia pro- 



DE LA ISLA DE CUBA. Í05 

Herrera, Bernal Diez del Castillo, Antonio de Solís, 
y aun con mas elegancia y con mejor criterio el norte- 
americano Prescott, escribieron las hazañas de la ex- 
pedición mas atrevida que refieran los anales de los 
pueblos. 

Mientras Cortés se alzaba de su dependencia, parecia 
la suerte ponerse de acuerdo con él para burlarse de 
Velazquez y dar creces á sus iras. El 1 3 de noviembre 
de 1518 firmaba el Rey para él en Barcelona una capi- 
tulación y un título de Adelantado de las mismas regio- 
nes, del imperio que cinco dias después habia mar- 
chado aquel guerrero infiel á arrebatarle. Creada aque- 
lla dignidad en Castilla por el santo Rey Fernando III, 
equivalían sus atribuciones á las de un gobernador militar 
y político con cargos de justicia y guerra. Debiósela el 
nuevo adelantado á las gestiones de su capellán Benito 
Martin á quien envió á la corte á referir el descu- 
brimiento hecho por Córdoba , y á la protección de su 
pariente D. Juan Rodríguez de Fonseca , obispo de Bur- 
gos y encargado de la dirección de las nuevas posesiones 
desde que fueron descubiertas, y luego como presidente 
del Consejo de Indias que ya se habia fundado. 

Por lo mismo que habia crecido en dignidad le pa- 
reció mayor la desobediencia de su subalterno. Velaz- 
quez, tres veces burlado y desoído cuando tenia dere- 
cho á mas respeto , convocó á todos sus adeptos de 
la Española y demás islas ; armó gente , compró bu- 
ques y consagró lo mejor de sus recursos á vengarse y 
hacerse justicia por sí mismo sin perjuicio de pedírsela 



porcionado una incorrecta copia del ma- niente-coronel de artillería D, Diego 
nugcrito de Góngora su amigo el te- Panes. 



106 HISTORIA 

también al nuevo soberano. Éralo ya el joven nieto de 
Fernando é Isabel , Carlos I en España y V entre los 
emperadores de Alemania. 

Entretanto Cortés, previéndola tormenta, tomó para 
conjurarla precauciones roas eficaces y diestras aun que 
las de Velazquez para suscitársela. Mientras el ade- 
lantado no enviaba mas que quejas á la corte con Ma- 
nuel de Rojas y otros mensajeros, aquel , colmado por 
la fortuna de favores casi desde que puso la planta en 
aquel suelo , las sofocó allí á fuerza de presentes y pro- 
mesas. Alonso Hernán Portocarrero y Francisco Montejo 
salieron de Veracruz para España el 26 de julio de 
1519 en un bergantín guiado por el célebre Alaminos 
con riquísimas primicias del imperio que el afortunado 
capitán quedaba conquistando. Portocarrero y Montejo 
que refrescaban víveres en una estancia que tenia el se- 
gundo hacia el Marien, hoy el Mariel, muy cerca de la 
Habana , enseñaban maliciosamente á algunos castella- 
nos para que se lo refiriesen á Velazquez las riquezas de 
su nave « lastrada "^ de oro ; » y renovando todo el 
coraje del adelantado, eludían la persecución que de 
orden suya les hizo Gonzalo de Guzman con dos cara- 
belas desde las costas de Cuba hasta la misma España. 

Deseando la audiencia de la Española precaver las 
perniciosas consecuencias de una excisión armada entre 
Velazquez y Cortés, comisionó á uno de sus ministros, al 



^ Con estas mismas palabras se re- B. Muñoz, en la Biblioteca de la Real 

fiere al hecho un memorial dirigido ala Academia de la Historia. El original 

Audiencia desde Santiago en 12 de oc- de donde este coleccionista la sacó es- 

tubre de 1519 y firmado por Diego Ve- taba en Simancas. Ahora se encuentra 

lazquez , Gonzalo de Guzman y Panfilo en el archivo de Indias de Sevilla, ie- 

de Narvarz. Su copia se halla en el to- gajo 1." de descripciones y poblacione«. 
tuo LXXVI de la Colección de D. Juan 



Í)É LA ISLA DE CUBA. ÍOf 

lÍGeDciado Lúeas Vázquez de Ayllon, para pasar á Cuba 
á disuadir de su proyecto al iracundo adelantado. A 
duras penas consiguió Ayllon de Velazquez que no pri- 
vase á la isla de su cabeza principal , cuando era tan 
precisa para inspirar confianza á los castellanos y con- 
servar la tranquilidad entre los indios; cuando se ocu- 
paba en arreglar en Santiago las contribuciones públicas 
y una fundición para el oro de los arroyos y las noinas. 
Le fué imposible al licenciado impedir que saliera un 
armamento que consideró Velazquez muy sobrado para 
reducir á Hernán Cortés á la obediencia y terminar la 
conquista de las regiones mejicanas. Ayllon, ó deseoso de 
evitar desgracias y efusión de sangre entre españoles, ó 
por miras de interés que se avenian muy bien con su ca- 
rácter, determinó concurrir á la jornada, prometiéndose 
de su antigua amistad con Cortés que condescenderia á 
someterse al adelantado por influjo suyo. 

El mando de esta nueva expedición se dio primero 
á Vasco Porcallo de Figueroa , que no quiso admitirlo, 
incomodándole las desconfianzas y exigencias de Ve- 
lazquez. Se lo transfirió entonces el adelantado con 
el título de gobernador de Nueva España á Panfilo de 
Narvaez que acababa de llegar de la corte y de des- 
empeñar allí el oficio de procurador por Cuba. Hasta 
esos dias, en los puertos de la isla no se hablan juntado 
fuerzas iguales á las de esta armada , de once carabelas 
y siete bergantines con ochepta caballos, ochenta escope- 
teros, setecientos veinte infantes , ciento veinte balleste- 
ros y doce cañones. A pesar de las súplicas de Ayllon 
para suavizar el encono de Velazquez, llevaba Narvaez 
con tan superiores medios para ejecutarlas las mas 
estrechas instrucciones para destituir á Cortés y á sus 



108 HISTORIA 

cabos principales , remitírselos presos y terminar des- 
pués la sumisión de la mejor región del continente. 
Aquella expedición , el mas costoso esfuerzo de las na- 
cientes villas de la isla , la dejó en i 8 de marzo de 1 520 
sin hombres , sin armas , ni dinero. 

Cortés ya en Méjico por aquellos dias , supo que su 
adversario habia desembarcado en Veracruz el 23 de 
abril y que se adelantaba contra él con fuerzas superio- 
res. Aunque de valor y práctica en cosas militares , no 
era el atropellado Narvaez de los mas propios para com- 
petir con un capitán de las condiciones del que le espe- 
raba. No dejándose este en la capital de lo& Aztecas 
mas que un corto destacamento con Pedro de Alvara- 
do , habia acudido con doscientos cincuenta castella- 
nos á observar á su contrario acuartelado ya en el pue- 
blo indio de Zempoala. 

Antes de romper unas hostilidades cuyo resultado 
nada prometía á su inferioridad numérica, logró entre- 
tener hábilmente á su contrario con mensajes y pro- 
posiciones de acomodo que fueron unas tras otras dese- 
chadas. Aunque los agentes de Cortés no lograran su 
aparente objeto, consiguieron el que le interesaba más 
enajenando á Narvaez con sus intrigas la opinión de 
muchos , mas deseosos de reconciliarse que de pelear 
con sus hermanos, y corrompiendo á gran parte de su 
gente con oro y con regalos. El valor remató luego la 
obra de la destreza y de la astucia. Mientras el incauto 
Narvaez , sabiendo que un enemigo como Cortés estaba 
á una sola legua de distancia , dormia con su habitual 
descuido en sus cuarteles de Zempoala , fué audazmente 
sorprendido en las tinieblas de una noche tempestuosa 
por un puñado de hombres. Duró poco la pelea. Nar- 



DE LA ISLA DE CUBA. 109 

vaez , tan arrojado como presuntuoso , perdió un ojo de 
una lanzada y cayó en poder de su contrario con mu- 
chos de los suyos. Antes de amanecer, toda la gente 
expedicionaria , ó habia capitulado, ó se habia unido al 
vencedor, arrastrada por su ascendiente y sus promesas. 

No paró aquí la suerte de Cortés. Conceptuando Ve- 
lazquez infalible el éxito de la espedicion de Narvaez, la 
habia reforzado con otros dos buques poco después de 
su salida y con repuestos y nuevas instrucciones, que 
cayeron como todo lo demás en poder de su enemigo. 
Así convirtió en beneficio y gloria de este todo lo que 
dispuso para su perdición. Cuando al confiarle el mando 
de la jornada á Méjico apenas le facilitó los medios de 
reconocer el país, al querérselo quitar le indujo á eman- 
ciparse de su autoridad ; y al enviarle á Narvaez para 
someterle, le completó cuanto necesitaba para conquis- 
tar aquel imperio y hacer su nombre eterno. 

Si se juzgara la . conducta de Cortés con Velazquez 
por la ordenanza militar, habría merecido aquel con- 
quistador la última pena. Pero ios pobladores de Cuba 
no eran militares en la acepción oficial de esta palabra, 
aunque fuesen guerreros casi todos y se organizasen 
militarmente para sus expediciones y conquistas. Eran 
aventureros que , sometidos á las leyes y autoridad de 
una metrópoli que los favorecía con sus auxilios , no se 
manejaban aun por los reglamentos y órdenes que se 
aplicaron luego á las nuevas posesiones. Velazquez tenia 
contraído con Cortés un compromiso inquebrantable al 
confiarle una expedición para cuyo éxito había sacri- 
ficado cuanto habia ganado y lo de sus amigos; y con 
asegurarse su mando al saber que le iba á destituir sin 
causa, obró muy cuerdamente. 



lió HISTORIA 

Tanta humillación , tantos reveses y tales sinsabores 
abatieron el espíritu altivo de Velazquez. Su salud em- 
pezó á declinar visiblemente sin que aflojara por eso 
sus gestiones en la corle para un completo desagravio, 
y despojar de un golpe á su enemigo de cuanto se 
complacía la suerte en prodigarle. 

Benito Martin , Gonzalo de Guzman ^ ^ Manuel de Ro- 
jas ^ y otros agentes suyos no anduvieron allí lejos de 
triunfar de Cortés en el litigio á mediados de 1 522, y 
pudieron alcanzar con su eficacia lo que Velazquez no 
habia conseguido con la fuerza ni con su prestigio. 
Protegíalos con calor el obispo Fonseca , decidido pa- 
drino del adelantado que, interesándose en su des- 
agravio, obtuvo una Real Cédula para que Cortés no 
solo pagara á Velazquez las costas del litigio, que ya pa- 
saban de cuatro mil ducados , sino que el veedor de la 
Española Cristóbal de Tapia marchase á encargarse en 
nombre del Emperador del gobierna de Nueva España, 
hiciera reintegrar á Velazquez las sumas empleadas en 
sus armamentos, prendiese al mismo Cortés y pesqui- 
sara su manejo con Narvaez para elevar después sus 
actos al conocimiento y resolución del Soberano. 

Tapia , que desembarcaba en Veracruz cuando ya 
habia aquel héroe recogido el fruto de sus proezas apo- 
derándose del emperador Motezuma y de su capital y 
sus tesoros , carecía de las condiciones que exigía un 
encargo tan arduo como el suyo. Al mismo tiempo que 
aparentó Cortés la mas respetuosa deferencia por el 



• Véase su nota biográfica en el to- 'Id., ¡d., en el tomo II, p. S69 de 
mo IV, p. 357, del Dice. Geogr.^ Estad.^ la misma obra. 



Bist. de la Isla de Cuba por el autor, 



DE LA ISLA DE CUBA. IH 

delegado de su Rey, eludió con disimulo todas sus me- 
didas; y empleando alternativamente en sus conferen- 
cias con Tapia las ofertas y dádivas con las amenazas, 
decidió á aquel débil funcionario á abandonarle una 
jurisdicción que ni su aptitud, ni su debilidad le per- 
mitian administrar. 

La conveniencia de precaver nuevos conflictos de igual 
género, el deseo dé consolidar su conquista y de legiti- 
mar en aquella región una autoridad que debia á sus 
propios hechos, resolvieron á Cortés á comisionar á 
sus amigos Alonso Dávila y Antonio Quiñones , para que 
á la envidia y á la saña de sus enemigos opusieran en 
la corte la historia de sus triunfos con la pintura y las 
opulentas muestras del imperio que habia agregado á la 
corona de sus reyes. Le favoreció la fortuna en las nego- 
ciaciones como en los combates. A fines de 1 5212, cuando 
Velazquez empezaba á reanimarse con la esperanza de 
su desagravio, el joven Carlos V le dio el golpe de 
gracia concediendo el título de Gobernador y Capitán 
General de Nueva España al mas audaz y feliz de los 
conquistadores. 

Desde los primeros dias de 1 521 el licenciado Alonso 
Zuazo^® habia venido á Santiago con el aparente encargo 
residenciar á Diego Velazquez. Estos juicios de residen- 
cia engendrados por el espíritu fiscal de España en 
aquel siglo, empezaron entonces á imponerse en las 
colonias á todos los gobernadores. El Juez que los to- 
maba ejercia el gobierno en lugar de los residenciados 
mientras duraban los procedimientos. Pero la venida de 



*o Véase su biografía en las págs. 692 Estad. , Hist. de la Itla de Cuba, por el 
y 693 del tomo IV del Dice. Geogr., autor. 



H2 HISTORIA 

Zuazo solo fué una simple forma empleada por el Almi- 
rante para que Velazquez no dudase que seguía siendo 
en Cuba su lugar teniente , y que su título de Adelan- 
tado no le emancipaba de su dependencia, como lo ha- 
bia pretendido en varios casos^ Por repetidas cédulas 
declaratorias, la autoridad del hijo del gran Colon era 
después de la corona la primera en todas las regiones 
recien descubiertas. Tomó Zuazo la vara del gobierno 
elil de enero, pero no enjuició á Velazquez que siguió 
corriendo con sus cargos de Alcaide de Baracoa, Capitán 
á guerra y repartidor de los indios ; no siendo tampoco 
la situación de la isla la mas propia para inquietar á sus 
pobladores con una severa residencia de su primer go- 
bernador. 

Una enfermedad horrible devoraba entonces á las 
nuevas villas y á los indios. La medicina, sorprendida 
con su aparición, no descubría específico para comba- 
tirla. Gran número de indígenas sucumbían en pocos 
dias de fiebre , cubiertos de granos contagiosos y pes- 
tíferos que empezaron á llamarse viruelas ; epidemia 
que no se extendió á Cuba solamente sino á la Espa- 
ñola y otras islas. Hubieran desaparecido por entero 
las poblaciones si no cesara la plaga én pocos meses. 
Pero fueron tantos los invadidos y las víctimas, que fal- 
taron brazos en Cuba para las tareas agrícolas y hasta 
se paralizó aquel año en Santiago la fundición del oro 
por no haber jornaleros. 

Por comedido que caminase Zuazo en el gobierno, 
no le libró el venir á Cuba de la ojeriza de los desafectos 
que su imparcialidad le habia suscitado en la Española; y 
sin saberlo acaso, los mismos funcionarios de la isla les 
sirvieron de instrumentos. Le requirió Velazquez para 



E LA ISLA DE CUBA. H3 

que no se entremetiese en su jurisdicción especial de los 
repartimientos de las encomiendas. El contador y el 
tesorero , titulándose ya oficiales reales , le acusaron de 
invadir sus atribuciones enviando antes que ellos co- 
misionados que registrasen los buques ; y por otra parte 
otros vecinos con denuncias chismosas y mezquinas 
pintaban al licenciado sin vigor para hacer respetar sus 
providencias. Todo fué obra secreta é inspirada por los 
antiguos émulos de Zuazo en la Española. 

Llegó la injusticia con aquel magistrado hasta acha- 
carle desgracias y desórdenes que procedieron de las 
causas mas independientes de su voluntad. 

Desde que Velazquez, para dedicarse enteramente 
á sus aprestos contra Méjico y sus querellas con Cortés, 
descuidó las cosas interiores del gobierno, los indios 
comenzaron á desapaciguarse y á huir de las encomien- 
das y tareas rurales. Enviáronse cuadrillas en su perse- 
cución ; pero consiguieron algunos subsistir alzados en 
los montes, como el feroz cacique Guama que se apa- 
lencó en las mas fragosas sierras de la montañosa región 
de Baracoa. Luego muchos fueron apresados y se suici- 
daron , ó ahorcándose en los árboles ó comiendo arena 
,^ y tierra. Sufrieron en un principio los repartimientos de 
p Sancti-Spíritus con la deserción de los indígenas mas que 
los de otras villas , mientras las dos ó tres docenas de 
españoles de que se componía su vecindario, en vez de 
perseguir y sosegar á los alzados, se dividían en bandos 
y hasta llegaban á las manos , turbando la paz de aquel 
lugar con ridiculas parodias de la guerra de las comuni- 
dades de Castilla que poco antes habia revuelto á España. 
Vasco Porcallo que desde Trinidad corrió á tranquili- 
zarlos y perseguir á los fugitivos con buena escolta de 

HIST. DB CUBA.— TOMO I. — 8 



114 HISTORIA 

ginetes y monteros , empleó para conseguir un fin tan 
útil medios aun mas atroces " y funestos que el mismo 
daño que iba á corregir. Restituyó gran número de 
alzados ó cimarrones á los encomenderos y disminuye- 
ron los suicidios , pero á costa de severísimos castigos y 
de inicuas mutilaciones que el feroz poblador mando 
poner en práctica. 

Como si alcanzara á Zuazo culpa por violencias que 
era el primero en reprobar y en disensiones que proce- 
dían de los celos que su misión inspiraba al gobernador 
Velazquez y del espíritu sedicioso de sus protegidos, 
trasladáronse á Santiago en febrero de 1 522 el mismo 
almirante D. Diego Colon y los oidores Marcelo de Vi- 
llalobos y Juan Ortiz de Matienzo á residenciar al liceu' 



♦' « Que Vasco Porcallo, de veinte i 

► Ocho años, natural de Cázeres e ye- 
' ciño de la Trinidad dende el reparti- 
miento fue á Sancti-Spíritus 

• con deziocho u veinte de á caballo ar- 

► Diados e juramentados para facer lo 

► queen nombre de S.S. M.M. les man- 

► dasse á fin de apaciguar la comunidad 
» i escándalos que en ella avia á imita- 
» cion de las comunidades de España. 

► Requirió al Ayuntamiento i no con- 
cento con la respuesta invió por una 

• vara; i llamados el Doctor Ojeda y 
»los que avia pidió á Hernán 

► López Alcalde para que se apla- 

► zasse con los comuneros e que 

dejasse la vara Su respuesta fué 

sacar la espada; pero sin dalle tiempo 

• Porcalio le dio ciertas puñadas e le 

• tomó la vara. Echó presos alcaldes e 

• regidores. Uno destos Salazar, se 

• huyó á la Iglesia i Porcalio se entró 
' allí tras él» dd le recibió con una ian- 



»za Travóse riña e al cabo fue 

» preso con los demás. » 

« Preguntado si cortó los compañones 
» i otros miembros á ciertos Indios, dijo: 
» que viendo el abuso dellos en comer 

«tierra, tan dañoso quen Camagüey i 

» el Guamuhaya avian muerto dello raag 
» de las dos terceras partes de Indios ... 
» porque con ningún medio podia cortar 
«tan grave daño, fizo castigos con que 
» lo atajó en gran psrte. Anssi á tres ya 
«moribundos fizo cortar vergas i com- 
xpañones.... » etc., etc. 

Véase la declaración tomada á Por- 
calio ante la audiencia de Santo Do- 
mingo, á pedimento de algunos ofendi- 
dos. Este documento está firmado por 
los oidores Marcelo de Villalobos y Juan 
Ortiz de Matienzo en 13 de marzo de 
1322. — Se encuentra original en el ar- 
chivo de Ind. de Sev. y copiado en el 
tomo LXXVI de la Colee, de Muñoz 
en el arch. de la Acad. de la Hi$ts 



DE LA ISLA m CUBA, H5 

ciado. Restituyeron á Velazquez la vara del gobierno, 
y se limitaron á castigar los crueles excesos de Porcallo 
coa un simple arresto y una multa. Pero salió Zuazo 
ileso de aquel enjuiciamiento y triunfaron su integridad 
y su inocencia de las prevenciones sugeridas por sus 
enemigos á aquellos magistrados. Ascendido el licenciado 
á oidor de la Española prestó después muy útiles servicios 
y corrió muchas vicisitudes en ambos continentes. 

Antes de saber Velazquez que hubiese el Rey nom- 
brado á Cortés Gobernador y Capitán General de Nueva 
España , pero ya con noticias del inesperado desenlace de 
la comisión de Tapia , ciego de ira consumió todos los 
restos de su caudal armando siete naves para ir á reco- 
brar personalmente una jurisdicción que ya no le perte- 
necia ni por derecho. El mismo, á pesar de sus acha- 
ques, se trasladó á la Habana á apresurar los prepara- 
tivos de su nuevo armamento y satisfacer de una vez 
tanto resentimiento. Pero las exhortaciones de su amigo 
el bachiller Alonso Parada y de otros allegados con- 
siguieron retraerle de un proyecto que además de no 
ofrecerle probabilidades de éxito, iba á acelerar la per- 
dición de siete villas empobrecidas ya de gentes y de 
recursos con las expediciones anteriores y por la re- 
ciente epidemia de viruelas. 

Aun permanecía allí á fines de junio de 1 523 cuando 
el gobernador de Jamaica, Francisco de Garay, que iba 
á posesionarse de su adelantamiento de Panuco , región 
septentrional de Méjico, arribó con once buques y no- 
vecientos hombres á la Habana en donde supo que Cor- 
tés se habia ya anticipado á conquistar aquella misma 
tierra. Velazquez que habia mudado ya de parecer, le 
aconsejó que procurase negociar primero que romper 



116 HISTORIA 

(Don un hombre tan temible. Adoptó Garay este parecer 
confirmándoselo Ziiazo que, por acuerdo de la audien- 
cia , pasó entonces á Méjico á manifestar á Cortés los 
derechos de Garay á la posesión de Panuco, y conci- 
liar los intereses de ambos querellantes. Pero otras ins- 
trucciones del Rey mas recientes que el asiento celebrado 
con Garay hablan autorizado á Corles para conquistar 
también aquella tierra, y la mediación de Zuazo resultó 
infructuosa. Muchas fueron las disensiones entre los 
conquistadores motivadas por los mismos errores y con- 
tradicciones que cometía el gobierno á dos mil leguas de 
las escenas y acontecimientos. 

Pocos meses después de salir Garay de Cuba arribó 
también á surtirse de víveres y efectos en la Habana 
otro armamento que á cargo de Cristóbal de Olid envió 
Cortés á conquistar á Hibueras , territorio que se 
llamó después Honduras. Alonso Contreras y Alonso Lle- 
rena, comisionados por el gobernador de Nueva España, 
hablan precedido allí á Olid y se lo tenían todo dispuesto 
después de haber comprado los artículos mas comunes á 
precios portentosos. Dos pesos (dos onzas) de oro cos- 
taba la fanega de maiz; cuatro la de fríjoles ó judías; 
nueve la de garbanzos; tres la arroba de aceite ; nueve 
la develas de sebo y de jabón; dos una miserable ristra 
de ajos ; ciento una escopeta; veinte y uno una ballesta, y 
doce una corambre ó cuero vacuno sin curtir. Pero por 
excesivos que fuesen esos precios, no eran desproporcio- 
nados á los sueldos de la gente de Cortés. Cada Capitán 
de buque recibía ochocientos pesos de oro mensuales, y 
á este tenor corrían los estipendios de las demás clases. 

Cristóbal de Olid , antes uno de los mas adictos á Cor- 
tés y su enemigo secreto ahora > no disimuló en la Ha- 



DE LA ISLA DE CUBA. (17 

baña sus motivos de resentimiento contra el conquistador, 
ni sus ideas de irá cumplir por cuenta propia la comi- 
sión que llevaba para Honduras. Velazquez que viendo 
revestido á su enemigo de una autoridad tan legítima 
como la suya, no podia hostilizarle ya directamente, no 
desperdició la ocasión que le brindaba á su odio el se- 
dicioso plan de Olid. Aconsejóle que se alzara de la de- 
pendencia del gobernador de Nueva España, como este 
se habia alzado años antes de la suya; y no tuvo pe- 
queña parte en este consejo la posterior rebelión de 
aquel Capitán en las Hibueras. Pero Cortés, mas afor- 
tunado y diestro siempre que Yelazquez en todas sus 
empresas, por medio de algunos oficiales fieles hizo 
sofocar la insurrección de Olid que luego fué vencida 
por Francisco de las Casas, quien hizo formar causa y 
cortar la cabeza al infiel lugar-teniente. 

No vivió Velazquez lo bastante para saber el trágico 
resultado de su postrera hostilidcsd contra Cortés. Pre- 
parábase , aunque enfermo , á embarcarse para España 
á exponer todos sus derechos ante el mismo Emperador, 
cuando murió de calenturas ea Santiago de Cuba á prin- 
cipios de octubre de i 524 ^^, Horadó de "us favorecidos. 



" Véase en las págs. 644 y 645 del nier.te-gobernador do la is!a, interina* 
tomo IV del Dice. Geogr. , Estad. , Hist. mente nombrado por la Audiencia , se* 
de la Isla de Cuba por el autor, la bio- gun una información tomada en Santiago 
grafía del conquistador de la isla, que á los tripulantes de una carabela proce- 
resume sustancialmente lo mucho que dente de las Hibueras que copia del 
se ha escrito sobre él en porción de do- original en el tomo L XX VI de la Co* 
cumentos y publicaciones, sin que se lección de D. Juan tí. Muñoz; y como 
aclare en ninguna , ni la fecha fija de su en esta misma Colee, hay referencias en 
nacimiento, ni la de su muerte. — Des- que aparecía vivo el 9, resulta que mu- 
cubrimos que ya no existia en 18 de oc- rió en el intermedio de ambas fechas, 
tubre de 1524, porque en esa fecha e« decir, á mediados de octubre» 
funcionaba Manuel de Hojas como te* Wi aun en la referida Colección , ni 



H8 Historia 

sentido de los pobladores que por compasión á sus des- 
gracias le perdonaban su tendencia á atesorar^ respe- 
tado en fin de los indígenas á quienes hasta donde pudo 
trató con dulzura y con justicia. Escabel por donde una 
planta audaz se encaramó á tanta fortuna , fué la de 
Cortés para Velazquez lo que el mitológico buitre para 
Prometeo ; le royó la vida á fuerza de humillaciones y 
amarguras. 



en ei archivo de ludias, se ba encon- 
trado original ni copia del testamento 
de Velaz juez, que no dejó hijos ni he- 
rederos forzosos. Se ignora, por lo tan- 
to, quiénes lo fueron. Solo se sabe que 
su herencia habia ya desaparecido cuan- 
do en 1S84 un colateral suyo, llamado 
D. Antonio Velazquez Bazan, solicitó 
del Rey desde Méjico privilegios y mer- 
cedes , diciéndose heredero y sucesor 
legitimo del Adelantado, como nieto que 
era de la hermana que tuvo casada con 
el capitán Francisco Verdugo, uno de 
los conquistadores de Nueva España, y 
el mismo teniente á guerra de Trinidad, 
que no habia podido impedir que Cor- 
tés reclutase allí gente para su expedi- 
ción. El pretendiente D. Antonio Ve- 



lazquez estaba casado con una hija del 
conde de Lemus. Su memorial existe 
original en el archivo de Indias y co- 
piado en el tomo LX.XV de la Colec- 
ción de Muñoz, 

Son muy pocas las cartas de Diego 
Velazquez que existen en el archivo de 
Indias de- Sevilla , fuera de las extrac- 
tadas y copiadas por Muñoz. 

El Diccionario biográfico universal 
termina su articulo sobre Velazquez del 
modo siguiente: «Carlos V manifestó 
» un gran sentimiento al saber la muerte 
»de Velazquez.... Compúsose una ele- 
Dgia sobre su muerte.... con el siguiente 
» epitaGo destinado á.... la losa del Ade- 
»lantado : 



« Qni nunc augusto componit memhra sepukhro , 
» Prospera sors vivo muñera magna dedit ; 
» Sed guando fucrat caplurus máxima dona , 
» Quas fecit, fortes eripuere manus. » 



Lo mismo que para los dos primeros , para redactar este tercer 
capítulo nos han guiado los principales historiadores de la con- 
quista , los textos de Bernal Diaz del Castillo, de W. Prescott y 
otros autores,, y los documentos de la Colección de Muñoz. Estos úl- 
timos , que son extractos y copias de la correspondencia que medió 
entre Velazquez y otros funcionarios con los Reyes y varios per- 



bE LA ISLA DÉ CUBA. Í19 

sonajes, no los insertamos aquí, porque por diligencia nuestra ya 
se publicaron en 1854 en los Anales y memorias de la Junta de Fo- 
mento y de la Sociedad Económica de la Habana, cuya dirección 
corria á nuestro cargo en aquella época. 

Nos eximió de más consultas sobre los hechos á que se refiere 
este capítulo la Historia de la conquista de Méjico , escrita con un 
juicio exactísimo por el expresado Prescott, el príncipe de los his- 
toriadores de América. En los capítulos ii, iii y iv de su primer 
tomo refirió con una verdad plenamente confirmada por ,cuantos 
documentos hemos recorrido, la sencilla historia de la ocupación de 
Cuba por los españoles , y de los primeros armamentos que descu- 
brieron y conquistaron el gran imperio Azteca. Sobre Cortés , su 
conquistador, y sobre Diego Velazquez , sé encuentran en aquellos 
capítulos y en las notas con que el autor los autoriza algunas 
nociones biográficas que no hemos visto en ninguna otra publi- 
cación. 

Como la vida del gran Cortés es tan conocida , nos dispensamof 
de reproducirla en esta Historia. 



CAPÍTULO CUARTO. 



Primer gobierno de Manuel de Rojas. — Llegada del oidor Juan de Altamirano.— 
Residencia de Velazquez y de Zuazo. — Primer gobierno de Gonzalo de Guz- 
man. — Estado de la isla. — Erección de un obispado. — Obispo Juan de Wite. 

— Gobierno, legislación y administración.— Introducción de indios forasteros. 

— Jornada de Panfilo de Narvaez á la Florida.— Sediciones de indios en Cuba. 

— Obispo Fr. Miguel Ramírez.— Tesorero Lope Hurtado. — Providencias de la 
corte, — Primera introducción de negros africanos. — Excesos de Gonzalo de 
Guzman. — Tómale residencia el oidor Juan Vadillo y gobierna en su lugar.— 
Comunicación de Vadillo al Emperador. — Segundo gobierno de Manuel de 
Rojas. — Somete á los indios alzados. — Sus acertadas providencias. — Reposi- 
ción de Guzman en el gobierno. — Vuelven á alborotarse los indígenas. — Pri- 
meros corsarios de Francia en América. — Se introduce uno en el puerto 
de la Habana y rechaza á sus perseguidores. — Largo combate entre otro 
corsario francés y una carabela española en el puerto de Santiago. 



Muerto Velazquez , entregó al punto el ayuntamiento 
de Santiago la vara de gobierno á su alcalde y regidor 
Manuel de Rojas, natural de Cuellar y pariente de aquel 
adelantado con cuyos poderes habia gestionado á su 
favor en la corte largo tiempo. Tenia título de criado 
del Rey con fuero de casa real y, lo que aun era mejor, 
un recto juicio, con crédito en la ciudad y en otros pue- 
blos. Movieron esas razones al almirante D. Diego Colon 
y á los oidores para aprobar una elección que desagradó 
solo al elegido, mas inclinado á ocuparse en los asuntos 
propios Tjue en los públicos. Por eso, se apresuró á 
escribir á Gonzalo de Guzman, su sucesor en los poderes 



HISTORIA m LA ISLA DE CUBA. 121 

de Velazquez en la corte para que viniese también á 
sucederle en aquel puesto, 

Pero en 14 de marzo de 1525 le alivió de carga la 
llegada del oidor de la Española Juan de Altamirano, 
encargado por la audiencia de residenciar á su antece- 
sor Zuazo y á Velazquez. Ni en la tumba se libró de un 
juicio que desde el descubrimiento del continente Ame- 
ricano no excluyó á ninguno de los que gobernaron en 
los nuevos paises. Zuazo salió también ileso de este 
nuevo procedimiento ; pero en la sentencia pronunciada 
en 11 del siguiente julio se le condenó al difunto ade- 
lantado en ciertas multas, porque no estableció aranceles 
é impuestos en todos los lugares ; porque habia aceptado 
presentes y banquetes, consintiendo también algunas 
exacciones y que se sacaran indios para otras posesiones 
y luego con Narvaez ; porque no habia , en fin , distri- 
buido con cabal equidad las encomiendas. 

En tanto que , después de terminar esa residencia 
postuma, seguia corriendo Altamirano con lo judicial y 
lo civil, no sin disgusto de algunos pobladores poco 
conformes con su severidad é independencia , Rojas , re- 
ducido á las funciones de capitán á guerra y repartidor 
de indios y encomiendas , se confirmó con su conducta 
en la opinión de recto y de entendido que unánimemente 
le atribuyen los documentos y textos de su tiempo. De- 
mostró su tacto para atraer á los indios fugitivos de las 
minas y su desinterés en perseguir á sus expensns á los 
que vagaban alzados por los montes. 

Deplorando la lucha ocurrida entonces en Hibueras 
entre la gente del rebelado Olid y la que envió Cortés 
á someterle con su primo Francisco de las Casas, Rojas 
fué quien primero impus© á la audiencia en los detalles 



12^ HISTORIA 

de aquella discordia indigna de guerreros que á tanta 
distancia de su patria, hasta por propio interés, debian 
obrar unidos. Menos habrian sido los desastres entonces, 
si terminara con el suplicio de Olid la serie de odios y 
rompimientos que inauguraron en el Nuevo Mundo sus 
conquistadores con el de Balboa, oscureciendo frecuen- 
temente sus glorias con pasiones viles. Agradó en Santo 
Domingo y en la corte la claridad con que explicó Rojas 
los hechos , proponiendo forma para restablecer la paz 
entre Cortés y sus contrarios. 

Le confirmó el Rey en todos los cargos de Yelazquez, 
agregándole el de comunicar sus resoluciones al conquis- 
tador del gran imperio Azteca. En una de las Reales cé- 
dulas que Rojas trasmitió á Cortés le ordenaba el Sobe- 
rano por propuesta suya que, habiendo muerto Francisco 
de Garay , pusiera á sus hijos en plena posesión de todos 
los bienes y derechos que el difunto adelantado de 
Panuco hubiese dejado en Nueva España. Así se empe- 
zaba ya á llamar á Méjico, conservándose el nombre 
conque habia apellidado á esa región su descubridor 
Juan de Grijalva. 

Pero aunque se los acababa de confirmar el Rey, Rojas 
pronto se emancipó de los cuidados de gobierno. Hallá- 
base en la corte Gonzalo de Guzman que, al saber la 
muerte de Velazquez y la oposición de su interino suce- 
sor á correr con él, se apresuró á solicitarlo, alegando 
como títulos para sucederle, sus antiguos trabajos con 
el adelantado en Santo Domingo y en la ocupación y 
colonización de la isla , y hasta su paisanaje y paren- 
tesco. Como eran esos merecimientos mas patentes que 
su condición violenta y codiciosa, se accedió á una 
pretensión que no le disputaba nadie y llegó á presen* 



m LK ISLA DE CUBA. 125 

larse y ser recibido en Santiago como Teniente Gober- 
nador del Almirante en toda la isla , en 27 de abril de 
i 526 con Real título de 15 del anterior diciembre. 

Todo andaba en embrión y hasta por crearse en unos 
pueblos tan apartados unos de otros , regidos por muni- 
cipios ignorantes, y abandonados desde el nacer por la 
mayor parte de sus pobladores idos, como hemos visto, 
al continente. Les faltaban las primeras bases de la 
civilización escasa de aquel tiempo , el culto necesario, 
una legislación acomodada á loá colonos y á los indíge- 
nas y una administración , en fin , que , con algún or- 
den , fijase los derechos del Estado sobre las propie • 
dades y adquisiciones de los individuos. 

Forzosamente una región colonizada por España habia 
de ser católica. No se habia fabricado mas que una re- 
cida iglesia de cal y canto en Baracoa, cuando á ins- 
tancias del almirante y de Velazquez pidió y obtuvo de 
León X el monarca español que se creara en la isla un 
obispado, destinándose á servirle de catedral aquel único 
templo *. Pero como entre la solicitud y la concesión 
trascurrió tiempo bastante para que se fundaran otras 
poblaciones, la de Santiago pareció muy preferible á la 
de Baracoa para cabeza de la nueva Diócesis, y luego 



* La primera erección de la diócesis «ion, quedaba ya elegida la nueva ciu= 

de Cuba, declarando su asiento catedral dad de Santiago de Cuba como capital 

eti Baracoa, ya condecorada entonces de la isla y se renovaron las diligencias 

con titulo de ciudad , tuvo lugar en para que recayese en su iglesia la pri^ 

1518, á consecuencia de solicitudes y macía declarada á la de Baracoa, que 

diligencias de Velazquez, de D. Diego nunca llegó á funcionar como catedral. 

Colon y de la audiencia de Santo Do- Los Reyes se reservaron el patronato y 

mingo, que habían empezado á promo- gobierno temporal de la diócesis de 

terlas desde lol3. Pero cuando accedió Cuba , como de todas las demás que 

el pontíGce León X á aquella preten* luego se crearon en América. 



124 HISTORIA 

se trasladó á ella el asiento de una mitra sucesiva- 
mente conferida sin que llegaran á servirla á los padres 
dominicos Bernardino Mesa ^ y Julián Garcés % primer 
obispo de Yucatán este, y luego da Tlascala. Debióse 
tan conveniente traslación de título de una iglesia á otra 
á gestiones de Velazquez apoyadas por el tercer obispo, 
el flamenco Juan de Wite *, que, sin conocer su dió- 
cesis, ni aun salir de Europa, comunicó desde Valladolid 
en 8 de marzo de 1523 una pastoral insertando la 
bula despachada en 28 del anterior abril por el Papa 
Adriano VI , que ordenaba aquel traspaso. En aquel 
mismo documento y con autorización de aquel Pon- 
tífice , organizó AYite el cabildo de la nueva catedral, 
creando seis dignidades^ diez canongías, seis raciones, 
tres semiraciones, seis plazas de capellán, seis de acólitos 
y otras dependencias para una isla de siete aldeas y 
siete parroquias, que no daban ni para el sustento de 
otros tantos cnras. Aunque la contribución del diezmo 
ya se hubiese introducido en Cuba bajo la forma y pauta 
que en España , ni Wite halló sacerdotes que acep- 
tasen canongías sin rentas , ni él mismo sacó mas pro- 
vechos de su mitra en el resto de su vida que un millar 
de pesos. Así se explica que continuase dedicado hasta 
su muerte á su cargo de confesor y capellán mayor de 
la Infanta doña Leonor, reina de Francia y hermana del 
Rey Emperador. 

Al crearse la mitra conferida á Wite por recomenda- 
ción de su augusta penitenta , en su jurisdicción se com- 

' Véase su apunte biográOco en la ' Id., id., p. 383 del t. II, de la 

p. 93 del tomo IV del Dice. Geogr.^ misma obra. 

Estad. ,Hisi. de la Isla de Cu6a por el * Id., id., p. 670 del t. IV de la 

autor. misma obra. 



DE LA ISLA DE CUBA. 155 

prendió á Jamaica ^ Pero luego fué separada esa isla de 
la diócesis cubana para formar una Abadía mitrada que 
se concedió al presbítero Matienzo, tesorero de Santo 
Domingo ; y habiendo muerto este sacerdote sin servirla 
en i 520 , en vano reclamó del Rey aquel prelado que 
volviesen á incorporar aquella isla á su diócesis. 

En cuanto á leyes é instituciones judiciales , desde 
un principio rigieron en Cuba las de Santo Domingo, 
que eran las de España. En Santiago juzgaban los gober- 
nadores en primera instancia con letrado asesor ó sin él, 
así lo criminal como lo civil v contencioso. En la Habana 
hacia sus veces un teniente á guerra y le representa- 
ban en las demás villas los alcaldes, apellidados también 
justicias ordinarias. El mismo orden se seguia en todos 
los asuntos de gobierno. Unos y otros cuando eran de 
crecido interés ó de mayor cuantía, cuando excedía de 
moderado número de pesos la cosa Utigiada, tenían que 
resolverse ante la audiencia de Santo Domingo, tribunal 
superior para Cuba y Puerto-Rico , como para Jamaica, 
Tierra Firme y Nueva España hasta que también se esta- 
blecieron audiencias en esos dos últimos reinos. De sus 
providencias no se podía apelar sino al Consejo de 
Indias en la corle, y no en cuanto á negocios ordinarios, 
sino en los de público interés y de gran monta. Creado 
este cuerpo superior desde 1511, aunque en sus prin- 
cipios para consultar sobre determinados asuntos y con 

' «Quando V. A. á instancia de la «Matienzo, etc.» = Memorial á S. M. 

• Reina Doña Leonor me izo merzed del obispo Juan de Wite. = Archi?o 

»del Obispado de Cuba, ordenó fuesse de Indics, legajo 48, MM. , Peticiones, 

» anexa Jamaica e desta forma pidió á Cámara. = 1520.= Copiado en el to- 

»Leon X iziesse la erección; i entre- mo íiXXVI de la Colee, de Muñoz ^_ 

» tanto apartan Jamaica -é azen della en ell de la del A. 
» una abadía que se proyeyó al Tesorera 



126 - HISTORIA 

tres solos consejeros, ya por este tiempo había tomado 
vuelo una institución que luego fué arbitra sin rival en 
todos los negocios de América , de cualquier origen ó 
índole que fueren. 

Demás es decir que comprendía su jurisdicción todo 
lo concerniente á rentas, inspeccionando , aprobando ó 
reparando las cuentas de los cuatro solos funcionarios 
que con patente real empezaron á correr con lo del Fisco 
en Cuba. Eran estos un contador que, con voz sobre los 
demás , llevaba libros de la inversión y cobranza de los 
fondos, un tesorero encargado de percibirlos y guar- 
darlos bajo fianza, un factor entendiendo en los regis- 
tros, reconocimientos y entradas de los cargamentos; 
y un veedor que intervenía en la saca y fundición 
del oro y apartaba de sus productos la quinta parte ó 
sea el Real quintó con que contribuían los mineros al 
Erario. Con mas ó menos integridad , según la condición 
de cada cual y con la atrasada rutina de aquel tiempo, 
desempeñaban entonces estos cargos Pedro de Paz, 
Pedro Nuñez de Guzman y Hernando de Castro, po- 
bladores establecidos en Santiago, que enviaban sus 
poderes á los que representaban sus oficios en las demás 
villas. El de veedor , conferido á Guzman desde antes de 
irse á España , lo desempeñó luego al mismo tiempo que 
el gobierno después de su regreso, constituyéndose así 
en subordinado del contador el que debía sobreponerse 
á todos por su empleo. 

Por tan imperfecta pauta iban las cosas : el culto tan 
reducido como los productos y las rentas, mermando de 
día en dia la saca de oro con las deserciones y suicidios 
de los naturales y la poca facilidad de adquirir brazos. 
Para irlos reemplazando se asociaron varios colonos á 



DE LA ISLA DE CUBA. 127 

armar buques que por rescate ó por sorpresa recogiesen 
indios en Honduras, la región recien poblada que Cortés 
habia agregado á su jurisdicción de Nueva España. 
Vandálico recurso ese que con corto provecho y sin 
conciencia enseñaron á los pobladores de Cuba los de 
Santo Domingo y Puerto-Rico. En practicarlo excedieron 
á los maestros los discípulos , sobrepujándolos á todos 
el mismo Gonzalo de Guzman, contra quien y por tan 
justa causa elevó al Rey en 31 de diciembre de i 526 
una fundada acusación Diego Salcedo ^ primer gober- 
nador de aquel nuevo dominio. Pero con las conquistas 
continuaban en las Indias los desórdenes que suelen 
acompañarlas ; el trono ignoraba ó disimulaba excesos 
tan lejanos ; y no faltaban elevados funcionarios que 
apadrinasen á los delincuentes. Ni aun le obligaron á 
Guzman á restituir á su suelo y sus hogares á los infeli- 
ces Honduranos. A una reconvención oficial se redujo 
su castigo y á prevenir á la audiencia que se opusiera 
en adelante con rigor á tan inicua extracción de gente 
de una tierra para obligarla á fecundar la ajena. 

Cuando con tan detestable arbitrio remediaban los 
cortos pueblos de Cuba su escasez de brazos, un ines- 



* « Pocos dias antes que llegasse... . » Escrevi a Gonzalo de Guzman ha- 

» vinieron.,., un navio de la Española e «ziéndole saber que la gente desta tier- 

»un bergantín de la Ysla Fernandina, » ra está pacífica e sirve a la Cathólica 

flos quales truxeron cossas que » Magestad e.... e que d.... do aquella 

• quando yo llegué avian vendido átrue- » Ysla an venido.... navios que an ro- 
8 que de esclavos.... a cuatro pesos la »bado e muerto muchos dellos... , etc.» 

• arroba de vino... e a seis la de azey- = Carta de Diego López de Salcedo al 
» te... Quexanse estos indios que avien- Rey desde la villa de Trujillo, en Hon- 
«do dado obedenzia e sirviendo como duras. Yéase Colee, de Muñoz, toi' 
» sirven no se les avia de azer damno.... mo LXXVIL, 

«matándoles e aziendoles esclavos...' 
«Parescemetieneii razón. 



128 HISTORIA 

perado armamento para el continente vino de nuevo á 
privarla de otros aun mas precisos que los de los indios, 
arrancando de sus domicilios á algunos pobladores. 

Años atrás , desde que Cortés le dejó libre en Yeracruz 
después de sorprenderle y vencerle en Zempoala, el 
humillado Panfilo de Narvaez habia acudido á desahogar 
en la corte su resentimiento, acumulando contra su ven- 
cedor acusaciones que se estrellaron todas en su gloria. 
De desatendido acusador se convirtió después en preten- 
diente , y obtuvo que en reparación de agravios se le 
concediera la conquista de Florida, ofreciendo adqui- 
rir con ella á la Corona una segunda Nueva España, 
Apuró su peculio y el de sus amigos en enganchar seis- 
cientos combatientes y los sacó de San Lúcar en seis 
naves el 17 de junio de 1527. Detúvose mes y -medio 
en la Española donde, mientras se ocupaba en adquirir 
caballos, ciento cuarenta de los suyos le abandonaron 
para probar fortuna en otras partes. 

No parecia sino que solo se hubiese colonizado Cuba 
para servir de sementera á la colonización europea de 
otras provincias y debilitar la suya con unas y otras 
jornadas para el continente. Para reponer sus bajas 
de Santo Domingo se dirigió Narvaez á Santiago á me- 
diados de setiembre de 1527, acogiéndole allí con todo 
el agasajo de una antigua amistad Guzman y después 
Porcallo en otras villas. Sin esfuerzo afilió para su expe- 
dición, así allí como en Bayamo, á varios pobladores muy 
desanimados con los suicidios de sus indios y la dismi- 
nución progresiva de las minas. El número de sus deser- 
tores de Santo Domingo lo repuso en aquellos pueblos 
con ventaja. Escaseando por allí el pan de cazabe y el 
tasajo ó sea carne salada , Vasco Porcallo que , al saber 



DE LA ISLA DE CUBA. 129 

la venida de Narvaez pasó á verle á Santiago, ofreció 
completarle en Trinidad todo su repuesto de víveres; 
y en esa dirección salieron ambos con el armamento. 
Pero asomaron luego anuncios de mal tiempo, teniendo 
Narvaez que anclar con cuatro buques cerca de Cabo 
Cruz en la bahía que se llama hoy de Manzanillo, mien- 
tras continuaron para Trinidad con las otras dos Porcallo 
y el tesorero de la expedición Alvar Nuñez Cabeza de 
Vaca '^, tan nombrado después en las crónicas de Amé- 
rica por sus peregrinaciones y extrañas aventuras. 

Apenas desembarcaron ellos solos con sus criados en 
el puerto que hoy llaman de Casilda para activar la 
entrega de los víveres, cuando de repente un huracán 
equinoccial apartó á sus carabelas estrellándolas contra 
los cayos y bajos de la cosía. Perecieron sesenta hom- 
bres de los noventa que la tripulaba» y además treinta 
caballos. Hasta las casas y los árboles de los alrededores 
de Trinidad arrancó el viento. Los que sobrevivieron al 
naufragio vagaron dos dias enteros por la playa sin au- 
xilio alguno hasta que aplacaron los vientos al tercero, 



^ Este Cabeza de Yaca, natural de voluntad de sus subordinados y las ase- 
Extremadura y muy joven cuando salió chanzas qus allí le armaron. Seis años 
de San Lúcar con ISarvaez, el 17 de después volvió á Sevilla con gloria y 
junio de 1527, permaneció entre los in- con caudal , y murió en la corte hacia 
dios floridanos mas de ocho años, su- 1358. Dejó escrita la relación de sus 
friendo increibles trabajos y empleando principales aventuras en un libro titu- 
muchas artes hasta que logró llegar á lado Naufragios de Alvar Nuñez Cabeza 
tierra do Méjico en 1335. Después se de Vaca^ que luego fué adicionndo por 
presentó en España, donde solicitó y PcároFernnndei en sus Comentarios de 
obtuvo el adelantamiento y conquista Alvar Nuñez ^ adelantado y gobernador 
del rio de la Plata. Salió de Cád'z con de la provincia del Rio de la Plata. Am- 
su armamento el 2 do noviembre de bos escritos se imprimieron en Valla- 
1540; llegó al territorio de su jurisdic- dolid, en un tomo en 4.^ j han sido 
cion , en donde fué fundador de muchos luego reproducidos en varias publica- 
pueblos y ciudades, ^venciendo la mala cienes. 

HIST. PE CUBA. —TOMO 1. — 9 



136 HISTORIA 

y logró arribar Narvaezcon las demás embarcaciones á 
Casilda. Mientras le acopiaban los bastimentos y efec- 
tos , envió sus carabelas á que anclasen en la bahía de 
Jagua en donde pasaron el invierno bien resguardadas 
de todo temporal, mientras permaneció su caudillo con 
Porcallo en Trinidad reparando las consecuencias de 
aquella catástrofe. No hay noticia de expedición mas 
desdichada que la de Narvaez. Ya habia consumido con 
su forzosa inacción la mayor parte de un repuesto á 
tanta costa hallado cuando zarpó de Jagua el 23 de fe- 
brero con un nuevo bergantin que su capitán había 
adquirido y alguna gente más que habia enganchado. 
Después de mil tropiezos entre los arrecifes é islotes de 
la costa por inexperiencia del piloto principal Diego Mi-? 
ruelo , sufrió la armadilla tan recio vendaval antes de 
llegar al Cabo San Antonio, que la precipitó hacia el 
golfo Mejicano y la costa de Florida sin permitirla tomar 
puerto en la Habana. Abordaron Jos expedicionarios á la 
bahía que llamaron del Espíritu Santo, junto á la cual 
se alza hoy la ciudad de Pauzacola; y en ese y otros 
puntos de la costa que por su norte baña el mismo golfo, 
la impericia , el hambre , las tormentas y las flechas de 
los indios acabaron en pocos meses con Narvaez y su 
armamento. Solo el tesorero Alvar Nuñez con dos caste- 
llanos y un esclavo negro aparecieron nueve años des- 
pués en Nueva España excitando vivo interés con la 
odisea de sus peregrinaciones y trabajos por regiones 
salvajes y desconocidas. 

Entre tanto las villas, los predios y la contratación de 
Cuba iban menguando con la continua emigración de 
pobladores, las discordias, los suicidios y sediciones de 
los indios, que se repelían desde la muerte de Vela?;- 



DE LA ISLA DE CUBA. 151 

quez. Por la sierra de Baracoa el ya nombrado Guama 
y por las cercanías de Bayamo otro cacique desde sus 
palenques excitaban á la deserción á los encomendados 
y aun les daban muerte si desoian sus sujestiones rehu- 
sándose á huir de las haciendas. 

Fueron alcanzados muchos y traidos á trabajar con 
grillos en las mismas encomiendas. Sin embargo pereció 
la mayor parte de les que, obstinándose en la resistencia 
y en preferir la vagancia á la tarea , fueron alanceados 
para escarmiento de los demás y pacificación de la comar- 
ca. Guzman , menos dispuesto que su antecesor á gastar 
su caudal en beneficio público y careciendo los pueblos 
de propios para estipendiarlos, licenció (■ los cuadrille- 
ros. Los indígenas de los palenques renovaron sus cor- 
rerías á las haciendas con mas atrevimiento que antes. 
Santiago, Baracoa y Bayamo representaron al goberna- 
dor los daños que sufrían con sus hostilidades ; y, como 
si bastara esa simple providencia para contenerlas, se 
limitó Guzman á autorizar á los ayuntamientos para 
armar monteros por su cuenta contra los alzados. No 
era natural que se contentaran con esa autorización 
cuando lo que necesitaban eran los medios de cum- 
plirla. Renovaron sus instancias, y Guzman, que á la 
sazón iba á casarse con la viuda de su pariente el teso- 
rero Pedro Nuñez de Guzman y se ocupaba en adjudi- 
carse á un mismo tiempo la encomienda y la esposa del 
difunto, de mal grado aplazó su matrimonio entonces 
y salió á disponer las monterías con algunas docenas de 
ginetes. Con mayor actividad persiguió á los cimarro- 
nes de Sancli-Spiritus, Trinidad y Puerto Príncipe des- 
pués de la salida de Narvaez el diligente Vasco Porcallo, 
el arbitro y protector de aquellos territorios. A excep- 



132 HISTORIA 

cion de la distante Habana contribuyeron todos los pue- 
blos con sisas y derramas voluntarias para costear unas 
expediciones con cuyo éxito se remediaba momeniánea- 
mente el mal sin extinguirlo. «Guzman,» dijo Rojas * 
en caria al Emperador, v fué á todas las villas é proveyó 
»en cada una dellas los capitanes é gente que era 
í menester ; i todo fizo poco fruto por el poco tiempo 
» que en ellas se detuvo sin esperar á ver como aquello 
» se azia é cumplia; de lo cual los vezinos de dichas 
9 villas quedaron descontentos é diziendo que el dicho 
» Gonzalo de Guzman avia tenido mas voluntad de se 
» volver á cassar á esta cibdad (Santiago) que de reparar 
» en las cossas de la guerra como convenia. Poco tiempo 
» después los indios cimarrones se alzaron otra vez con 
» mayor atrx3vimiento é comenzaron de azer mucho daño 
»en españoles é indios. Especialmente en la villa de 
» Puerto Príncipe quemaron el pueblo de los españoles, 
» andándole ellos mudando á otro assiento, é los que en 
» él estaban huyeron ; é ansí mesmo izieron mucho 
» daño en los indios de paz que vivian á la costa del 
» Norte. E «pudiera remediarse de una vez mejor que se 
> izo, si Gonzalo diera lugar á ello; pero no ovo gana 
j> que en semejante cosa se dijesse ni escreviesse á V. M. 
» que nadie le avia echado el pie adelante. E todavía, 
» mediante Dios, se remedió porque en las villas de 
«Trinidad é Santo Espíritus lo atajó é allanó Vasco Por- 
» callo de Figueroa con algunos otros vezinos como otras- 
» muchas vezes lo habia fecho. En la villa de Puerto 



» El original de esta larga carta de dose copiado en el tomo LXXIXde la 

Hojas al Rey se halla en el archivo de Colee, de Muñoz, del arch. de la Acad. 

Indias de Sevilla. Está fechada desde de la flist., y en eltomo I de la del A., 
Santiago á 5. de mayo de 1533 , habién-^ 



DE LA ISLA DE CUBA. 133 

j> Príncipe lo atajó é remedió Diego de Obando, teniente 
«que era de gobernador, con los vezinos della. En la 
»villa de San Salvador (Bayamo ) se atajó é asseguró 
» mediante Dios é el trabajo é gastos de mi cassa é per- 
»sona é hacienda sin nenguna de vezinos ni de otras 
«personas. Y á este tiempo que nos vimos con los di- 
» chos cimarrones en mas aprieto que otras vezes, siem- 
» pre el dicho Gonzalo de Guzman se estuvo en su cassa 
í inviando en su lugar para aquella necessidad á Fran- 
)) cisco de Agüero, su cuñado, con el aparejo que pudo 
»de españoles é negros é otras cossas. Llegó á tiempo 
» que ya no era menester ; que desta hecha los indios ci- 
» marrones fueron desbaratados é no pudieron tan aina 
«tomarse ájuntas^para hacer mas daño, d 

Parecería este párrafo parcial y apasionado si en otros 
de este mismo escrito Rojas no justificase á Guzman 
de otras acusaciones y si no acreditara por otra parte 
sus asertos el corto tiempo que empleó el gobernador en 
tan larga correría empezada al mediar octubre {1527), 
y concluida antes que el año. Dias después , ya entrando 
enero (1528) añade Rojas, «se alzaron en el término 
» desta cibdad otros indios cimarrones en harta cantidad 
» é hicieron tanto daño, antes que pudiesse remediarse, 
» para lo cual Gonzalo de Guzman salió en persona é 
j> proveyó todo lo que convino; de manera que todos los 
» cimarrones fueron desbaratados, muertos ó pressos. » 
Aun duraban esas inquietudes cuando á mediados de 
diciembre llegó á Santiago Fr. Miguel Ramírez ^ de Sa* 
lamanca, de la orden de Santo Domingo, nombrado por 

» "Véase su noticia biográGca en las Geogr., Estad. i Ilist. de la Isla de Úaba^ 
págs. 333 y 334 del lomo IV del Dice, por i A. 



154 HISTORIA 

el Emperador obispo de Cuba con jurisdicción sobre 
Jamaica en lugar de Wite ^% que habia renunciado su 
mitra á principios de 1525. Era el primero que venia 
á servirla, establecer en aquella ciudad la catedral y 
formar las bases de una diócesis tan escasa en rendi- 
mientos á pesar de su extensión que hubieron de seña- 
lársele gajes para que viviese. 

En la misma nave que le trajo llegó también un 
nuevo tesorero con opción á la primera encomienda de 
indios que vacara, un dependiente de Casa Real lla- 
mado Lope Hurtado , que luego por su misma cons- 
tancia en denunciar abusos , dio á sospechar que para 
ese fin le enviaron. Para mejor saber de tan distantes 
tierras se tenia por un medio acertado en España esti- 
mular á los que en ellas funcionasen á fiscalizarse unos 
á otros. 

Desde la llegada de ese Lope Hurtado la historia de 
Cuba, y esencialmente la de Santiago, su primera capi- 
tal , se reduce á la de sus desavenencias con el goberna- 
dor y aun con el mismo obispo que se ligó con este 
estrechamente. La relación de las arbitrariedades de 
Guzman y del prelado, confirmadas con otros muchos 
testimonios, ensancharia esta crónica ampliamente; pero 
la empequeñeceria en otro concepto con detalles impro- 
pios de su objeto. 

Una vez era el contador Pedro de Paz dado á prisión 
por un supuesto cargo, y en realidad por reservarse el 
gobernador sin su intervención el cuño de moneda de 

*° El primer obispo de Cuba, fray mitra en 4 de abril 1525; en 1.° de 

Juan de \¥ite, según cédula de 30 de enero de 1527 fué presentado para ocu- 

junio de 1528, copiada en el tomo XCII parla Fr Miguel Uamirez. 
de la Colee, de Muñoz, renunció su 



bE LA ISLA bE CUBA. Í35 

las fundiciones ; otra que por no querérselos vender á 
plazos, también encarcelaba á un genovés venido á con- 
tratar ventas de negros. Ya que so color de reprimir 
desobediencias encarcelaba regidores , oficiales reales 
y aun alcaldes , á unos por resistirse á evaluar á me- 
nos precio las mercaderías que para sí se reservaba, y 
á otros por no prestarse á sus injustas exigencias. En 
medio de ese desorden, el obispo, de acuerdo con Guz- 
man y de su propia autoridad, intervenía en dar y qui- 
tar, en suprimir un convento de Dominicos que habia 
empezado á fundarse en Santiago con licencias suficien- 
tes, arrogándose otras atribuciones temporales, y con- 
minando con excomunión á los que no le obedeciesen. 
Los cuatro oficiales reales aspiraban por otra parte á 
funcionar con mas independencia del gobernador y sin 
intervención ninguna del obispo; y de tan revuelto es- 
tado público menester era que surgiesen discordias tan 
frecuentes como las acusaciones y los odios en un cuerpo 
colonial tan chico para seis cabezas. 

Mareaban en la Contratación de Sevilla, en el Consejo 
de Indias, y en la corte misma las solas denuncias de 
Cuba á los oficiales y ministros que corrían con los asun- 
tos de Indias. Como por su oscuridad y contradicciones 
presentaban margen muchas reales cédulas para que 
los gobernadores las interpretaran según les conviniese 
hasta en abono de sus excesos personales , creyó el Roy 
Emperador, si no desarraigarlas, á lo menos remediar 
mucho sus desobediencias promulgando en 1 5 de enero 
de 1 529 algunas órdenes aclaratorias que hasta el \ 6 
del siguiente julio no llegaron á Santiago. 

Por la primera se determinaban incompletamente, 
pero con mas claridad que hasta entonces, las verda-* 



136 mstoRiÁ 

(Jeras atribuciones del contador, del tesorero, del veedor 

y del factor. 

Por la segunda , desestimando definitivamente los su- 
cesivos ruegos de Yelazquez , de Rojas y Guzman para 
que no se abonase al fisco sino un décimo del oro de 
las minas y los rios, se ordenó que continuara la contri- 
bución del Quinto Real, que se habia impuesto sobre el 
que se sacara con brazos indígenas. Pero se suavizaba 
el rigor de este mandato reduciendo á un décimo la con- 
tribución del oro recogido con brazos españoles y de 
negros, que hasta entonces habia pagado un quinto 
como el otro. Dimanaba esa providencia del deseo de 
aliviar de carga á los indígenas, de excitar á los caste- 
llanos proletarios al trabajo, y á los pobladores pudientes 
á que comprasen africanos en cuya extracción de su na- 
tivo suelo se interesaba entonces la Corona. 

Por consejos reiterados de Bartolomé de las Casas y 
apoyándole en ese pensamiento los de la Española, ya 
habia permitido el rey Fernando que se llevaran negros 
de África á ias Indias para ayudar en las faenas á los na- 
turales; y luego su nieto Carlos V empezó á vender li- 
cencias á algunos especuladores extranjeros que toma- 
ron la iniciativa de tan triste tráfico. No hay noticias 
exactas del número de africanos traidos á las islas y al 
continente de Colon en las primeras épocas, ni de su dis- 
tribución en las nuevas posesiones, ni de los precios á 
que se vendieron. Sábese tan solo, y basta para nuestro 
objeto, que en 1522 se trajeron trescientos á Santiago; 
que ios distribuyó Velazquez entre los pobladores con 
la misma desigualdad que los repartimientos de in- 
dios y tierras ó encomiendas; y que la superioridad de 
los africanos sobre los indígenas, por su mayor forta- 



DE LA ISLA DE CUBA. l37 

leza y sumisión para trabajos fatigosos, indujo desde 
luego á los pobladores á preferir esos brazos forasteros 
•á los naturales. Fué esa preferencia desde un principio 
tan marcada y absoluta que no se contentaron con los 
pocos negros que se traian entonces con permiso, sino 
que cada cual según sus artes y recursos se proporcio- 
naba los que venian de contrabando ó podia adquirir 
de otras colonias. 

Además de aquellas disposiciones y otras de común 
gobierno, como destinar la mitad de ios productos de 
la sede vacante de Wite á la obra de la catedral que 
afanosamente promovía el obispo, y dictar reglas para 
la ordenada elección de alcaldes en primero de año, 
recibióse una Real cédula tan grata para los municipios 
como depresiva para el gobernador. Declaraba atribu- 
ción especial de los alcaldes en sus respectivos territo- 
rios el intervenir y reglamentar las sacas de oro , ya 
procediesen del laboreo mineral, ya del lavado de las 
arenas de los rios. El amor propio de unos y otros les 
hizo entonces olvidar á los favorecidos como al desai- 
rado que los granos y pequeñas vetas del precioso me- 
tal ya se iban extinguiendo. 

Mas de un año eludió Guzman la ejecución de esa 
orden y aun de algunas otras. Las quejas contra sus 
desobediencias redoblaron hasta que en 2¡7 de febrero 
de 1531 comisionó la audiencia de la Española á uno 
de sus miembros, el licenciado Juan Vadillo, para que 
pasara á relevarle en el gobierno , pesquisar sus actos, 
y tomar á los oíiciales reales las cuentas de los últimos 
diez años. 

Hasta el 7 del siguiente noviembre no empezó Yadillo 
á desempeñar una comisión de la cual habia procurado 



iSS HÍSTORIÁ 

eximirse vanamente. Resultaban cargos muy severos 
contra Guzman y sus favorecidos. Por mas que presta- 
Tuñ las fianzas en esos juicios exigidas, tuvo que pren- 
derle aquel magistrado y enviarle á Santo Domingo, cuya 
audiencia cediendo á sus instancias le dejó pronto regre- 
sar y esperar en Santiago el fallo de su causa. A su vuelta 
no perdonó medio para luego obtenerlo favorable y elu- 
dir la acción de la justicia. Conservaba en la corte anti- 
guos protectores, y el obispo por otra parte permanecía 
en la isla gestionando activamente por una causa que le 
afectaba á él mismo en muchos incidentes. Consiguieron 
sin duda los manejos de Guzman y la influencia del pre- 
lado que se retractaran luego algunos testigos y vecinos, 
convirtiéndose de acusadores en amigos, y hasta que los 
ayuntamientos de Baracoa, Bayamo y Puerto-Príncipe 
cuyos procuradores hablan lanzado con frecuencia que- 
jas contra el gobrnador, ensalzaran después sus cuali- 
dades y merecimientos. 

Estando Vadillo para fenecer sus diligencias y entregar 
la vara, se lo encontró á la puerta de la iglesia el obispo 
recien venido de una excursión que hizo á Jamaica y le 
prohibió con frases descompuestas que extrajera ningún 
indio de las encomiendas de Guzman y de su esposa. 
Respondióle con entereza el altivo licenciado y se com- 
plicó el escándalo de la desavenencia entre los dos pri- 
meros funcionarios, con ofender con su mismo báculo 
el prelado á un clérigo transeúnte que en aquel mo- 
mento sobrevino á pedirle autorización para irse á Es- 
[)aña *'♦ De semejante temple era el obispo. 

** Véase la carta dirigida al Empe- Se halla el original en el Arch. de Ind. 
tddor por el L. Vadillo desde Santo Do- de Sev. y copiado en el tomo LXXIX 
miago, en 24 d setiembre de 1532.=: d« la Col. de &Íuñoz, en el Arch. d« la 



bE LA ISLA íbE CUBA. 159 

A pesar de lo ingrato de su objeto y de su brevísima 
duración, fué imparcial y afortunado el gobierno de Va- 
dillo. Además de recibir providencias del Emperador 
condonando para adquirir negros en la isla las cortas 
rentas de aquel año , que no pasaron de siete mil pesos, 
se descubrieron en cerros á tres leguas de Santiago las 
minas del Cobre, así llamadas luego por el metal que 
producían y como el pueblo que junto á los criaderos 
formaron con el tiempo sus explotadores. En sus capas 
superficiales se encontraron á la primera busca mas de 
cincuenta mil pesos de oro fino, despertando tan ines- 
perado hallazgo risueñas esperanzas en vecinos tan des- 
unidos por su misma pobreza, como por sus discordias y 
sus parcialidades. Pero no tardó en reconocerse que esas 
minas que se habían imaginado ser exclusivamente de 
oro, solo contenían de ese metal levísimas partículas; y 
con ese desengaño se desestimó un descubrimiento que, 
si no en la cualidad , en la cantidad había de constituir 
andando el tiempo la primera riqueza mineral de la isla. 

Leamos algunos fragmentos de una caria que ya de 
regreso en la Española dirigió Vadillo al Emperador en 
24 de setiembre participándole sus actos. 

« Yo llegué á Santiago en 6 de noviembre de 1531 . 

> Luego mandé á todas las villas como era venido á 
» lomar ressidencia á Gonzalo de Guzman, la que empe- 
» zaria en 1.°de enero de 1532. Hasta este dia entendí 
» en las cuentas del difunto tesorero Pedro Nuñez de 
• Guzman, y de camino ize pregonar que los que 

> tenían indios y no tenían cassas las edificassen y po- 

Acad. de la Hist. , y en el tomo I de la de su gobierno inf erino y de lu comisión 
Col. del autor. = En este documento da de residencia en la isla, 
cuenta Vadillo de los principales acto? 



14& HISTORIA 

» blassen so pena de perderlos, conforme á una orde- 
» nanza que se izo sobre la administración de losin- 
n dios. V. M. lo mande cumplir, Apregone á los soFteros 
» que tenían indios se cassaran dentro de un año pena 
» de perderlos, i 

« Tomé á Guzraan la ressidencia con ochenta i siete 
i> cargos, é sobre algunos con privación de officios. En 
» otros ize remission á V. M. para quien le otorgué 
» apelación é ante quien le mandé parescer. E porque no 
» pudieron fenecerse los processos dentro de los sessenta 
» dias, remitíios á un Alcalde ordinario que los termi- 
» nasse é cerrados los enviasse á la Audiencia para sen- 
» tenciallos , porque allá no avia letrado. No los re- 
)) mití al nuevo Teniente Rojas, porque no gustaba de 
* tener pendencias conGuzman é convenia fuesse á visi- 
» tar los indios de la tierra. » 

« Desde 1 .® de marzo entendí en cuentas de oficiales 
» reales i penas de Cámara. A Pedro de Guzman ize 
» cargo de cincuenta é seis mil pessos desde 22 de abril 
» de i 522 hasta 27 de junio de 1 527. Izele alcanze 
» de tres mil cuatrocientos treinta i nueve que lo más 
n se pagó de sus bienes é lo restante repartí entre sus 
i> fiadores. » 

«Tomé cuenta de un añoé siete messes que en diver- 
» sas vezes izo de tessorero al fator Hernando Castro 
» é á los herederos de Andrés de Duero que fué tesso- 
í> rero diez messes é dias, é á Lope Hurtado que lo es 
9 de dos años, dos messes é cuatro dias; cuyo cargo 
» fué reducido á veinte é cinco é ciento settenta é cinco 
» pessos, quien me dio cuenta con pago.» 

«Mandó V. M. quel obispo no tuviesse el reparti- 
» miento que le dio Guzman é que obispo i Guzman 



DE L\ ISLA DE CUBA. _ 141 

» diessen sus repartimienlos á conquistadores é poblado^ 

> res. Ocultaron esta cédula hasta que venida una so- 
» brina del obispo se pusso dicho repartimiento en ca- 
» beza de su marido; pero en realidad quedó en el 
» obispo, i él cobraba el oro que sacaban sus indios 
» hasta que al fia yo é ios oficiales reales, viendo la 
» contravención, lo tomamos para V. M. De todo lleva 
» testimonio Lope Hurtado. » 

«Proveyó V. M. protector de indios al obispo con 
» facultad de crear vissitadores generales que puedan 
» condenar hasta eo cincuenta pessos. Esto é que go- 
» bernador é protector tengan cargo de repartimiento 
» trae muchos daños. Sus criados son los vissitadores, 
» los azen por aprovechalles é son los robadores de 
B indios i españoles. Manda V. M. que essos vissitadores 
» hasta en los cincuenta pessos puedan condenar sin 
» apelación. Con solo esto tiene mas mano el obispo en 
» la tierra que el gobernador. » 

« Cuando fui á Cuba no estaba el obispo : llámele 
» creyendo excussar trabajo con él, é no izo sino poner 
» confussion é maquinar contra mí. El en quebranto de 
» las ordenanzas que mandan á los clérigos confiessen i 

> entierren á los indios gratis, demás de llevar diez-^ 
i> mos, toma por cada entierro ocho reales, no llevan- 
» dose en la Española sino dos ú tres. Lleva por todo 
» excessivos derechos. Prohibió comer de carne en cua- 
« resma para dar licencias é llevar de cada una tres,^ 
» seis, ocho i doce reales. Cada dia excomulga á vezi- 
í> nos é por este medio los domina. » 

« El puerto de Santiago está tan encubierto que no. 
* se puede conocer y aze tan difícil su navegación que 
» á vezes están dos 6 tres dias detenidos los navios qu!% 



142 msTORiA 

> no ossan llegar hasta reconocello. No se ha echo en 
» él otra obra pública fino un muelle que izo el licen- 
» ciado Zuazo, sin el cual era muy difícil la carga i 
» descarga con los mangles i ciénagas que ay.» 

< Sobre juntarse en una las villas de Trinidad é 

> Sancti-Spíritus ovo dificultades; é se quedaron sin jun- 

> tar. Después los vezinos de la Trinidad por no ser 

> bueno el puerto i estar tan difamado acordaron se pas- 

> sar á otro assiento en tierra mucho mas fértil y abun- 
» dante en pesquerías que se llama el assiento de Gua- 
» muhaya en el rio de Arimao : tiene buen puerto é 
» seguro. Teníalo mandado Gonzalo de Guzman é yo 

> informado de ser útil lo confirmé. » 

(( Ciertos vezinos de la Trinidad que tenian haciendas 
)» en el puerto de Matanzas, el mejor de la isla para los 
» que vienen de Nueva España, desseaban poblarlo. Con- 
» Iradecíanlo los de la Habana por sus interesses. Yo lo 
» concedí con tal que tuviessen sus cassas pobladas en 
» la Trinidad. » 

«La población principal después de Santiago es la 
» Habana , que dista de dicha cibdad trecientas leguas 
» de mal camino. No pudo venir su teniente Juan Bono 
» hasta dos ó tres dias antes de acabarse la ressidencia. 
» Ansí no ovo lugar de tomársela, i es muy necessario, 
j» pues ay muchas quejas deel.» 

a Juan Millan es uno de los buenos y antiguos vezinos 
» de Cuba : sabe todas las cossas del obispo i de Guz- 

> man , los cuales sabiendo que pensaba ir á la corte 
» ussaron de todos medios, ruegos é amenazas, é viendo 
» era todo sin fruto é que estaba para salir en el navio 
j» en que yo vine , el obispo desde Jamaica ordenó á 
¥ su provissor que leprendiesse con voz de Inquisición. 



DE LA ISLA DE CUBA, 143 

» Ya otra vez amedrentó á cinco vezinos de quemallos 
» por herejes , luego quemó la información é no ovo 
» ningún hereje. * 

«Escrita es^a vino barco de Cuba con nueva de que 
» el obispo me habia descomulgado. La causa es por- 
» que en 7 de julio estando para embarcarme ovo ruido 
» en mi posada i salí á un clérigo é á un fraile domi- 
» nico que tenian assido á Juan Millan que se quería 

> embarcar. Dijeron que por la Inquissicion le pren- 
» dian, lávelo por burla é le ize soltar, diciéndoles que 
» quién les habia dado poder i le llevé á casa del Te- 
» nienle. Al otro dia el clérigo mostró el poder que del 
» Vicario ó Provissor tenia para ello, i aunque dudé 
» si se estendia á tanto, ize al Teniente que diesse 
» favor al clérigo para prender á Millan. Cuando el 

> obispo fué á Cuba me descomulgó, me publicó por 
» hereje, ha hecho información é jurado de perderme 
» por via de Inquissicion. V. M. no dé lugar al obispo 
» para tales atrevimientos con un oidor, ni aun con 
» vezinos. » 

Le ayudó á Vadillo á librarse de la ira y acusacicnes 
del obispo la mediación de Manuel de Rojas, que al ter- 
minarse la residencia de Guzman habia tenido que en- 
cargarse del gobierno por expresa orden de la Vireina 
de las Indias doña María de Toledo, como tutora de su 
hijo el almirante D. Luis Colon , nombramiento que el 
Emperador aprobó luego. El obispo y Guzman, temién- 
doselo todo de la ida á la corte de Lope Hurtado el 
tesorero, salieron detrás de él en 15 de agosto; el pri- 
mero con la doble mira de amparar al encausado y de 
mudar de mitra ; el segundo á oponer á sus acusaciones 
varios informes adere?^ado$ por Porcallo y $us amigos y 



144 HISTORIA 

mover otros resoltes. Ambos, andando el tiempo y en 
lo mas esencial , lograron sus deseos. 

La prudencia y templada fortaleza del nuevo gober- 
nador proporcionaron al país una tranquilidad que no 
habia conocido desde que habia salido Cortés á conquis- 
tar á Méjico. Para prolongarla y que pudieran explo- 
tarse algunas nuevas minas descubiertas , se propuso 
Rojas extinguir de una vez las rebeliones de los indios 
que se habian vuelto á alzar por varias partes, y aun 
decíase que Henriquillo , indómito cacique en !a Espa- 
ñola , habia pasado á Cuba á promoverlas. Sin necesi- 
dad de su auxilio continuaba Guama prepotente é in- 
comodando á los de Baracoa. Viendo que tardaba la 
autorización que habia pedido para echar sisa que 
costeara las batidas, y que la pobreza de la mayor 
parte de los vecinos no les permitía contribuir para ese 
gasto , organizó Rojas á sus expensas dos fuertes cua- 
drillas. Destacó la una á sujetar á los de Cueiba ; y de- 
jando el gobierno de Santiago al licenciado Juan Rodrí- 
guez Obregon , salió él mismo para las tierras de Ba- 
racoa con la otra á principios de noviembre. Era sn 
empresa de mas faena que riesgo. Después de algunas 
semanas de perseguirle, aprisionarle y matarle gente, 
Rojas sorprendió y quitó la vida al mismo Guama en su 
guarida mas segura. La comarca de Baracoa quedó 
tranquilizada, y el gobernador regresó á Santiago al 
terminarse el año. 

Relevó de la tenencia de la Habana á Juan Bono de 
Quejo , nada querido en ese vecindario , y nombró en 
su lugar á un sobrino del conquistador llamado Juan 
Yelazquez. Logró con sus medidas que en las villas, 
tomo en la capital, las labranzas y las minas tomasen 



\ 



m LA ISLA DE CUBA. 145 

algún vuelo y se emprendiesen tráficos con Costa Firme 
y Nueva España con la exportación del ganado caballar 
de la isla, que se aventajaba al de las otras tierras. Al- 
guna entrada de negros comprados con los siete mil 
pesos de las rentas públicas de 1531 que habia con- 
donado el Emperador, y los indios recien cogidos en 
campaña remediaron la escasez de brazos durante al- 
gunos años. 

No se reprodujeron por entonces rebeliones de indios. 
De negros ocurrió una en los lavaderos de oro de Jo- 
babo, en la provincia indígena de Cueiba, comarca de 
Bayamo. Al saberlo Rojas , á mediados de noviembre, 
armó á su costa, como antes, una cuadrilla de monte- 
ros, y en tres dias sofocó aquel movimiento sujetando 
con leve efusión de sangre á los alzados. 

Ninguna comunicación de Rojas aparece en los ex- 
tractos de D. Juan B. Muñoz, ni en los archivos, cor- 
respondiente á 1 534 y los dos siguientes años. Podria 
tomarse este silencio como prueba de la maña de Rojas 
en el mando, cuando apenas recibía entonces España 
mas detalles de sus posesiones que los contenidos en las 
quejas que llovian de sus gobernadores ó contra ellos. 
La escasez de documentación de ese período nos impide 
fijar la fecha exacta en que terminó Rojas el segundo de 
sus dos gobiernos. 

Como si la impunidad de los excesos de Guzman no 
fuese ya un escándalo, lleváronlo en la corte las gestio- 
nes de sus padrinos hasta conseguirle la reposición en el 
gobierno con el cargo de veedor que habia vacado. 

Dejan traslucir algunos documentos que Guzman vol- 
vió á su puesto á primeros de febrero. En unaxorauni- 
cacion dirigida desde Santiago al Emperador, en 5 de 

KIST. DB CUBA.— TOMO I. — 10 



146 HISTORIA 

febrero de 1537, refiriéndose á los buques que arriba- 
ban á ese puerto á la ida y al retorno entre ambos con- 
tinentes ^^, « con mucha gente é mui perdida de ham- 
» bre, » se jactó «de aver ressucitado en dos años á 
» más de dos mil hombres venidos muertos de necessi - 
» dad de Tierra Firme, por la fama de abundar aquel 
» puerto en mantenimientos é mas aun de buenas vo- 
» luntades.í Podria inferirse de tal elogio en boca pro- 
pia que hubiese tenido principio su segundo mando por 
febrero de 1535, y también interpretarse en su favor 
la falta de papeles de este año y el siguiente, si no cons- 
tara que interceptó los que podian perjudicarle, que 
renovó el ayuntamiento de Santiago con hechuras su- 
yas, y si no viéramos ya de nuevo en el de 1 537 á Lope 
Hurtado que por entonces habia vuelto á Santiago 
reproduciendo contra él amargas quejas. Por un leve 
reparo de una fianza impúsole un arresto indefinido, 
é indujo con otro pretexto al provisor á suscitarle 
causa por vía de Inquisición. Tuvo que huir á ocul- 
tarse el tesorero en los cerros del Cobre , hasta po- 
derse escapar á Santo Domingo y de allí á España, 
buscando desagravios que no podia encontrar en otra 
parte. El contador Pedro de Paz, mas ofendido aun de 
Guzman que Hurtado , al saber su reposición se fué á 
Sevilla , donde murió luego. 

Aun importaban menos esos atropellos de algunos in- 
dividuos que el desorden y las sediciones que se repro- 
ducían en los indios, aunque por Real cédula continuase 



*2 Véase en el tomo LXXXI de la de abril de 1537 desde Santiago. =Eslá 

Col. de Muñoz, en el Arch. de la Acad. repetida en la Col. del autor, y el origi- 

de la Hist., una copia de la comunica- nal en el Arch. de Ind. de Soy. 
cien de Guzman á la Emperatriz en 8 



DE LA ISLA ÜE CUBA. 147 

Rojas ejerciendo el cargo de repartidor y protector de 
indígenas. Como en otras muchas materias, Guzman no 
se avenia á imitarle en lo de cubrir con su peculio gas- 
tos de monteros ; y como tardara en recibirse la auto- 
rización para costearlos con sisas que ambos tenian so- 
licitadas , volvió la seguridad á desaparecer de las ha- 
ciendas y las minas. Lejos de atribuir Guzman á su 
abandono propio la deserción y suicidios de los indios, 
achacaba esa calamidad á defectos de una ordenanza 
que les concedía cuatro meses de descanso al año. « De 
» mi parescer, » decia al Emperador, «esto no se les de- 
» biá de dar, porque si desvarios i muertes desastradas 
» suyas acaecen, es mediante este tiempo, porque ansi 
í maquinan como se an de alzar, é otros ahórcanse é 
» toman ponzoña con que mueren de diez en diez é 
» más. E desto son causa que mediante este tiempo de 
» huelga azen en puestos señalados suyos sus arreitos 
» que en comarca de cincuenta é sessenta leguas no 
» queda nengun indio que no venga á ellos ; é pocas 
i> vezes salen de estos arreitos que no salgan muertos 
* dellos cantidad de indios é los otros mui desabridos. 
» Lo que es al contrario cuando salen de las minas á 
» trabajar, porque allí están muy gordos é mui bien 
» tratados , é por niaravilla faltan de allí indios nengu- 
» nos ni tienen dolencia. Dígolo porque sepa V. M. la 
» arrebatada naturaleza desta gente. » 

Tales desastres sufría Cuba y sufrían otras colonias 
cuando en la primavera de 1537 vinieron á caducar los 
privilegios que como Yireyes y Almirantes de las Indias 
conservaban aun los nietos del gran Colon en las Anti- 
llas. Muéstrase injusto el imparcial Muñoz en este punto 
atribuyendo los daños que se padecían en las del ar- 



148 HISTORIA 

chipiélago de América á los defectos de una jurisdicción 
privilegiada que lo era en el nombre solamente y para 
expedir nombramientos y percibir algunas rentas de al- 
gunos territorios del hemisferio que habia descubierto 
su inmortal abuelo. El mal dimanaba de otras muchas 
causas. 

Agravaba sus consecuencias ya por este tiempo el que 
tuviesen que vivir entre sobresaltos los pobladores de las 
nuevas tierras y empezase á faltar la seguridad para los 
españoles por los mares. En época de continuas guerras 
con la Francia se dieron algunos años los corsarios de 
ese reino á seguir á las naves de Sevilla y San Lúcar 
y á correrse en su persecución hasta la misma Amé- 
rica. Consta que en 1521 Juan de Verazzani *^ floren- 
tino y acaso el descubridor de la costa septentrional del 
nuevo continente , hizo presa de una nao que con 
Alonso de Avila mandó Hernán Cortés al Emperador 
cargada de presentes; siendo también él mismo años 
adelante cogido y ahorcado por los españoles. A pesar de 
tan rígido ejemplar, los corsarios extranjeros fueron 
creciendo lo bastante para que ordenase aquel monarca 
desde entonces que las naves de Indias no salieran de sus 
puertos sino reunidas, armadas y una vez al año, para 
luego regresar con iguales precauciones. Pero esa re- 
solución solo se referia á las que atravesaran de un 



•8 Este nateganle nació en la última y la isla del mismo nombre, de la cual 

década del siglo xv. Fué enviado en tomó posesión en el año siguiente y 

1524 por Francisco I, rey de Francia, como representante de aquel monarca. 

¿ descubrir las costas septentrionales de La relación de su viaj« se encuentra en 

América; y reconoció, en efecto, todas la Col. de Ramusio^ en la Hist. gen. de 

las que median desde el grado 30 de la- los viajes por Prescott y en otras mu- 

titud N. hasta los bancos de Terranova chas publicaciones. 



DE LA ISLA DE CUBA. 149 

continente á otro. Las empleadas en el comercio inter- 
medio de los puertos de América aun eran muy pocas 
para formar flota ; tenian que navegar solas á veces y 
á ellas era á las que los corsarios empezaban ya á ace- 
char y asaltar en sus cruceros habituales. 

Dos navios de corsarios franceses con numerosa tri- 
pulación y artillería en febrero de 1 537 apresaron car- 
gamentos, no ya en el mar, sino en las mismos puertos 
españoles tan desprevenidos entonces casi todos como 
los de Ghagres y Nombre de Dios , que empezaban á 
colonizarse en las riberas del istmo central del conti- 
nente. 

A principios del siguiente mes bastó uno solo para 
penetrar en el de la Habana cual si fuera amigo y robar 
tres barcos menores á mansalva. £1 teniente á guerra 
Juan Velazquez, desentendiéndose de sus exigencias de 
rescate, aunque sin embarcación , ni artillería, ni sufi- 
cientes armas para acometerle, discurrió echarlo á pique 
enviando de noche á barrenarlo algunos diestros y atrevi- 
dos buzos. Pero se lo malició el francés y se apresuró á 
tomar el largo sin intentar daño. En el siguiente junio y 
en el mismo punto se mostró mas atrevido otro corsario. 
ün solo patache, bien armado, aunque pequeño, se me- 
tió en la bahía, se cañoneó por espacio de cinco dias con 
cinco carabelas que se estaban allí ahstando para España, 
y perdida la esperanza de hacer presa , salióse á remo y 
vela á esperar mejor ocasión sobre la embocadura del rio 
Bauta á pocas leguas al Poniente. Le persiguieron hasta 
allí tres de aquellos barcos ; pero eran de mas porte que 
el patache y para continuar la persecución tuvo su gente 
que tomar los botes. Los corsarios rechazándolos entonces 
con sus piezas , acabaron de aprovecharse del descuido 



150 HISTORIA 

apoderándose sin oposición de las tres naves tan torpe- 
mente evacuadas por sus tripulantes ; echaron á pique 
las dos de menos valor y desaparecieron á continuar su 
corso con la otra. 

Una nave francesa de tres gavias se apoderó en 4 de 
abril de 1538 de un bergantín que salia de Santiago 
para la Española, y su capitán, cuyo nombre no apunta 
ningún texto, guiado por el mismo piloto prisionero, al 
dia siguiente penetró con gran soberbia por un puerto de 
entrada tan estrecha y larga, que escribió Guzman ^* : «En 
» el mundo no ai otro mas seguro para quien lo conoce, 
» ni mas temerosso para quien no lo sabe. Nunca antes 
» avia asomado por él nave extranjera , i de españoles 
» no fondeaba entonces allí mas que una sola, la de un 
» Diego Pérez recien entrada á completar su cargamento 

> de azúcar, con corambres, que descansadamente pu- 
» diera caber en la del francés. No obstante dióle bata- 
» lia i jugó la artillería de ambas embarcaciones desde 
» una hora antes de medio dia hasta dos horas de noche. 

> Ayudaron mucho á Pérez dos tiros (dos cañones) que 
» avia en tierra contra el francés, el que se apartó, i 
í á media noche salió del puerto con el terral. Fueron 
«muertos de los nuestros tres, y dellos ocho ú diez. 
» Portóse Pérez mui sabia y ossadamente. » 

Para aclarar este hecho es preferible un testimonio 
presencial como el de Guzman al del Inca Garcilaso de 
la Vega, cronista de la jornada de Florida, que supliendo 



♦* Véase en el tomo LXXXI de la =Estái copiada en la Col. del autor, y 

Col. de Muñoz, en el A.rcli. de la Acad. su original en el Arch. de Ind. de Sev. 

do la Hist. , una copia de la comunica ■ =En este documento se refiere el com- 

cion que dirigió Guzman al Emperador bate que sostuvo Diego Pérez con el 

desde Santiago, en 19 de m ayo de 1538. corsario francés en aquel puerto. 



¥ 



DE LA ISLA DE CUBA. lül 

mucho á lo cierto con su fantasía, hizo durar tres dias 
ese combate, adornando á un accidentetan común con 
poéticos colores. 

Luego que reparado de la lucha partió Pérez, temié- 
ronse en Santiago pira visita de corsarios, y Guzman se 
apresuró á clamar porque íe enviasen de Sevilla algunas 
armas que repartir en aquel vecindario y en los de 
otros pueblos. 



Nos ha servido principalmente para la narración de este capí- 
tulo la Col. de Muñoz. Ya en el Dice. Geogr. , Estad. , Hisl. de la Isla 
hemos insertado varias noticias biográficas de los principales ac- 
tores de la escena histórica de Cuba desde la muerte de Velazquez 
hasta que llegó á la isla el adelantado de la Florida Hernando de 
Soto, primer gobernador nombrado directamente por la Corona. 

El documento que mejor define la época de inquietud y de mi- 
seria que refiere este capítulo es la carta dirigida al Rey en 5 de 
mayo de 1532 por el gobernador Manuel de Rojas, de la cual queda 
intercalado en el texto algún fragmento. Ocupa veinte páginas en 
folio de aquella Colección, y merecerla que la insertásemos entera 
á pesar de su extensión , si no se hubiese publicado ya hace mu- 
chos años en la Historia natural y física de Cuba por el Sr. D. Ra- 
món Lasagra. 



CAPÍTULO QUINTO. 



Descabrimientos y tentatÍTas de colonización de los franceses en la parte sep> 
tentrional del continente Americano.— Expedición de Hernando de Soto para 
la Florida, conGriéndoIe el Uey el gobierno de Cuba.— Su llegada á Santiago. 
—Entusiasmo que inspira su armamento. — El obispo D. Diego Sarmiento. — 
Nombra Soto por segundo suyo á Vasco Porcallo de Figueroa.— Extracción 
del ganado caballar de la isla. — El licenciado Bartolomé Ortiz , teniente go- 
bernador en Santiago. — Invasión de la Habana por un corsario francés.^— Le- 
vanta el capitán Mateo Aceituno una pequeña fortaleza en esa yilla. — Tras- 
ládase á ella Soto.— Su conducta con su antiguo socio Hernando Ponce.— Sale 
Soto para la Florida, dejando el gobierno de la isla á su esposa doña Isabel 
de Bobadilla y el de la Habana á Juan de Rojas. — Campaña de Florida.— 
Muerte de Soto. — Penosa retirada de su gente á Méjico. — Muerte de doña Isa- 
bel de Bobadilla. — Despoblación déla isla. — Déjanla Ortiz y el obispo Sar- 
miento. 



Desde que empezaron los españoles á conquistar el 
nuevo continente habían dado la preferencia en sus em- 
presas á su vasta península meridional y á las opulentas 
regiones de su centro. En el litoral de las del Norte, lla- 
mado entonces en conjunto la Florida , ya sabemos que 
se estrellaron sucesivamente las de Ponce de León, 
Vázquez de Aillon y Panfilo de Narvaez. Pero no es- 
peraron el interés y la activa curiosidad de los pueblos 
extranjeros á que se malograse la del último. Era harto 
vasto el hemisferio de Colon para pertenecer á un solo 
cetro. 



HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA. 153 

Desde 1524 el ya mencionado florentino Juan Ver- 
razani por cuenta de la Francia habia reconocido allí 
toda la costa desde el Sur hasta mas de setecientas 
leguas hacia el N., hasta la embocadura del gran rio 
San Lorenzo , y comunicado á Francisco I detallada re- 
lación de su descubrimiento. 

En 1 534 Jacques ó Jacobo Cartier \ francés, salió de 
Saint-Maló con dos naves de á sesenta toneladas; reco- 
noció el cabo que hoy se llama Atteras; costeó hacia el 
Norte hasta fondear en el puerto donde hoy se alza 
Quebec en mas de cuarenta y nueve grados de latitud; 
escribió prolijamente las observaciones de su viaje , y 
regresó á los pocos meses al mismo punto de Francia 
de donde habia salido, llevándose á dos hijos de un 
cacique de una región que empezó desde entonces á 
conocerse con el nombre de Canadá y tomó el de Nueva 
Francia luego. 

Causó bastante sensación en los franceses esta empresa 
para que se previnieran á secundarla en el siguiente 
año con mas medios. El mismo Cartier con tres buques 
mayores regresó al Canadá , pero no ya para explorarlo 
solamente, sino para fundar allí alguna colonia. Retrá- 
jeronle no obstante del proyecto las hambres, el des- 

' Su biografía se ha publicado en varias relaciones de sus viajes, que era» 

muchas obras francesas y extranjeras, pezaron á publicarse desde muchos años 

La mas completa que conocemos es la antes de su muerte, y que han servido 

que se encuentra entre las págs. 906 y de base á las primeras crónicas del Ca* 

911 del tomo VIII de la Nouvellebio- nada ó Nueva Francia. Se hallan en 

graphie genérale, publicada por Didot la Golee italiana de Ramusio y en la 

en Parisen 185o, bajo la dirección del Biblioteca de Ternaux. Al final de la 

doctor Hoeffer. Cartier nació en Saint- biografía de Cartier se encuentra en 

Malo en 31 de diciembre de Í494, y aquella obra la listado los principaleí 

BQurió hacia 1860 en un señorío que autores que dan cuenta de sus viajes, 
poseía cerca de aquella ciudad. Dejó 



134 msToiiíA 

abrigo y las enfermedades que sufrió su gente en los 
dos años que duró su permanencia en aquella región tan 
inclemente y fria. 

Esos intentos de los extranjeros distrajeron un ins- 
tante la atención de Carlos V de sus guerras y colosales 
cuidados en Europa. Calculó que bastaria una conquista 
mas de sus vasallos para librar de extrañas aspiraciones 
á unos paises cuya soberanía en todo su conjunto habla 
conferido á su corona la suprema autoridad de los 
Pontífices. Acudieron muchos á la corte á solicitar ca- 
pitulación para emprender la jornada de Florida. Pero 
por sus condiciones personales no ofreció ninguno de 
los pretendientes las garantías de éxito que Hernando de 
Soto ^, natural de Yillanueva de Barcarrola en Extre- 
madura, que después de distinguirse con los Pizarros 
en la conquista del Perú, se libró de sus discordias 
volviendo á España enriquecido con despojos del trono 
de los Incas. Oscuro hidalgo de una aldea como Cor- 
tés, su valor le hizo opulento, y su opulencia le allanó 
el camino para obtener las insignias de Santiago , codi- 
ciada venera en aquel tiempo, y para entroncar con 
ricos-hombrés de Castilla, casándose con una hija del 
conde de la Gomera. Su posición, sus antecedentes y 
sus prendas le facilitaron la dirección de una conquista 
tenida por mas ardua que todas las demás, habién- 
dose perdido cuantas se hablan emprendido sobre aquella 
tierra. Como mas importante se la tenia también, por- 
que coirian con crédito en España cuentos y consejas 
forjadas por algunos náufragos y algunos indios ignoran- 



* Véase su biografía en las págs. 898 Estad. , Hist de la Isla de Cuba* por «1 
y 399 del tomo III del Dice. Geogr., autor. 



m LA ISLA DE CUBA. 155 

tes, refiriéndose á los tesoros y sobrenaturales prodi- 
gios que encerraba. 

Entre las cláusulas de la capitulación ^ de conquista 
que se otorgó á Soto, nombrado por aquel monarca 
Adelantado de la Florida, le concedió el gobierno de la 
isla Fernandina de Cuba por cinco años, ó mientras du- 
rara una campaña cuya forzosa base habría de ser por 
su vecindad á aquella región, y la facultad de dejarle á 
cargo de un lugar- teniente. El nuevo adelantado em- 
pleó lo mejor de su caudal en aprestar el armamento 
mas lucido que hasta entonces habia salido de España 
para América , si no por el número, á lo menos por lo 
escogido de la hueste y el linaje de sus cabos y oficia- 
les. Su esposa, doña Isabel de Bobadilla que le acom- 
pañaba á la jornada, comprometió á que tomaran parte 
en ella muchos hidalgos de buena alcurnia y acomodo. 
La expedición era de diez bajeles escogidos entre los 
mejores de aquel tiempo , con cerca de un millar de 
combatientes, y traia en la capitana á la vireina de las 
Indias doña María de Toledo, para dejarla en la Espa- 
ñola. Salió de San Lúcar de Barrameda en 6 de sbril de 
1538 escoltando á una flota de veinte embarcaciones 
destinada á Santo Domingo y Veracruz, que gobernaba 
el factor Gonzalo de Salazar, puesto á las órdenes de 
Soto hasta que en las Antillas se separara del arma- 
mento de la Florida para seguir á aquellos puntos. Na- 
vegó la armada con vientos favorables; se detuvo en 



3 Arch. de Ind. de Sev. = Legajo 17 las Palmas hasta las Floridas. Olra co- 
da Pleitos del Consejo. = Contiene una pia del mismo documento hay en el 
copia del asiento hecho en Valladolid tomo XIV de la Golee, de manuscritos 
en 20 de abril de ISSÍ por Soto para del Depósito Hidrográfico de Madrid, 
a conquista y población desde el rio de 



156 HISTORIA 

Canarias y en Santo Domingo algunos dias , y en 7 de 
junio fondeó en Santiago, cuyo vecindario, sin anuncios 
aun de su venida , se consternó y fugó á los campos al 
saber que se introducía por el canal que conduce á tan 
interno puerto. A los bajeles de Soto los tomó Guzman 
en los primeros momentos por armada de franceses que 
venia á cumplir las amenazas del corsario que habia 
combatido con Diego Pérez poco antes. 

Pronto se disipó su temor y se convirtió el pánico en 
gozo de la población. Soto desembarcó con su familia 
y con el cartujo Fr. Diego Sarmiento, electo y consa- 
grado obispo de Cuba y de Florida, que al desembar- 
car cayó á las olas con riesgo de morir sin ver su 
iglesia. Refiere este incidente el Inca Garcilaso de la 
Vega, cronista de la jornada de la Florida, y consa- 
gra largo trozo de su historia á pintar las fiestas cele- 
bradas entonces en Santiago con colorido tan floreado 
como lo pidieran las de otros mayores y opulentos pue- 
blos. Como quiera, nunca habia visto aquel vecindario 
armada semejante á la de Soto, por la grandeza de 
sus buques, la calidad de sus cabos y el aspecto de su 
gente. 

Componíanla un hermoso galeón de ochocientas to- 
neladas, llamado el San Cristóbal^ en que habia venido 
el Adelantado con su familia y comitiva ; dos de igual 
porte, el Buena fortuna y Magdalena; otros dos meno- 
res, la Concepción y el San Antón; el San Juan, que 
media mas de quinientas ; el Sania Bárbara , una ga- 
llarda carabela y dos excelentes y ligeros bergantines. 
Por piloto mayor de este armamento venia el sevillano 
Juan de Añasco , de probada experiencia en el oficio; 
y eran los capitanes de las naves Ñuño de Tobar, Luis 



DE LA ISLA DE CUBA, 157 

Mofecoso de Alvarado \ antiguos subordinados de Solo 
en el Perú; Andrés de Vasconcelos, hidalgo portugués 
de Yelves ; Arias Tinoco , tan buen soldado como mari- 
nero; Alonso Romo de Cardeñosa , pariente del ade- 
lantado ; Diego García y Pedro Calderón , navegantes 
de experiencia. Todos, además de sus funciones nava- 
les , traian designados los primeros puestos para las de 
tierra, y eran extremeños como Soto, exceptuando á 
Vasconcelos. Figuraban también entre los principales 
cabos de la gente, D. Carlos Henriquez , segundón de 
rica casa de Extremadura ; el caballero genovés Micer 
de Espinóla, capitán de sesenta alabarderos que hacian 
la guardia á Soto ; Dionisio de Paris , originario del 
gran pueblo de su nombre; Rodrigo de Gallegos, Fran- 
cisco del Pozo y Diego de Bañuelos, caballeros andalu- 
ces. La propagación del culto en el país que habia de 
conquistarse estaba encomendada á una misión de cua- 
tro clérigos y otros tantos dominicos, todos á cargo de 
Fr. Luis de Soto, primo hermano del caudillo principal. 
Aunque el compromiso del adelantado en la estipula- 
ción de su jornada no pasaba de quinientos combatien- 
tes, habia sacado de San Lúcar novecientos cincuenta 
entre marineros y soldados, «todos mozos, dice el Inca, 

* Hay pocas noticias biográGcas de y penoso itinerario de Soto y Moscoso en 

este valeroso y sagaz capitán , pariente la Florida dejó el geógrafo alemán Ho- 

de los Alvarados, á cuyo ejemplo pasó mann un extenso mapa formado á prin- 

á las Indias desde joven, acompañando cipios del siglo xviii , con el siguiente 

luego á los Pizarros en la conquista del epígrafe latino • AmplissimcB regionis 

Perú. Por sus detalles, inspiraría inte- Mississipi, seu provincice Ludovicianm 

res si no apareciese plagada de errores, á R. P. Ludovico Hennepin^ Francisc. 

la redactada por A. de Laciize éntrelas miss. in America septentrionali ^ anno 

pígs. 712 y 717 de la Nouvelle Magra- 1687, dciedcB, nunc Gallorum coloniit 

phie genérale , publicada en Paris en et aclionutn negotiis lolo orbe celeberri- 

18G1 por los hermanos Didot, y bajo la moe nova Tabula^ edita par Jean-Bap- 

dirección del doctor Hoeffer. Del largo lisia Homann; Nuremberg^ 1712. 



lo8 HISTORIA 

» que apenas se hallaba entre ellos uno que tuviese 
» canas. » 

En 8 de junio tomó Soto la vara del gobierno; y 
dando preferente atención á lo de su conquista , en- 
cargó el de Santiago y su territorio, con título de al- 
calde mayor, al licenciado Bartolomé Ortiz ^, que le 
tomó á Guzman una indulgente residencia. 

Poco después vino á turbar los regocijos de aquella 
ciudad la nueva de un destrozo que semanas antes pa- 
deció la Habana. Atribuyóse el golpe á aquel mismo cor- 
sario que á principios de abril intentó darlo en Santia- 
go, cuando la amparó con lanta suerte el valor de Diego 
Pérez. 

La iglesia habia sido saqueada y lo más del caserío 
del lugar devorado por las llamas. Deplorando que pre- 
ludiase su gobierno en Cuba de modo tan siniestro , dis- 
puso Soto que sin demora saliese una embarcación para 
aquel punto con el capitán Mateo Azeituno S natural de 
Talavera de la Reina, y muy práctico en obras, acom- 
pañándole un centenar de soldados y artesanos. Man- 
dóle que al llegar trazase un fuerte en el lugar mas pro- 
pio de la ribera para guardar la entrada de la bahía; 
que ayudara al vecindario en la restauración de sus vi- 
viendas, y ordenó también al teniente de aquella parte, 
Juan de Rojas, que al paso que se previnieran los alo- 
jamientos se fueran acopiando las raciones para la ex- 
pedición '^. 



* Véase su noticia biográfica en la del tomo I del Dice. Gcoflir., £síad., ffisí. 
pág. 1G5 del tomo IV del Dice. Geogr., de Cuba por el autor 

Estad. ^ Ilisí. déla Isla de Cuba por el ' Al Emperador. = Oficiales reales 

autor. Castro y Fernandez. = Santiago 27 ju- 

* Véase su nota biográfica en la p. i lio, 1538, = « Manda V. M. demos al 



I 



DE LA ISLA DE CUBA. 159 

La pirática invasión de la Habana no fué entonces su 
sola pesadumbre. A los principios de su navegación de 
España á Cuba, su armada se habia detenido entonces 
en la Gomera, una de las Canarias, donde el conde de 
aquel nombre, su cuñado, tenia su fortaleza y seño- 
río. Obsequió y hospedó allí , cual buen hermano , á 
doña Isabel y su marido, y por complacer á la esposa del 
Adelantado se privó de una de sus hijas , Leonor de 
Bobadilla, para que acompañase á su lia en la expedi- 
ción y hallara en las nuevas tierras buen partido. Luego 
fué la navegación bastante larga y frecuente en ocasiones 
para que doña Leonor, en el abril de una hermosura que 
califica el Inca de « extremada , » cediera á los halagos 
de Ñuño de Tobar, primer cabo del armamento después 
de Soto y titulado su teniente general. Fueron esas rela- 
ciones tan secretas como el himeneo que las estrechó des- 
pués en Santiago; y Soto, que no se dio por satisfecho 
con una confesión tardía , retiró con enojo su confianza á 
quien tampoco la tuvo con él antes. Los novios recibie- 
ron orden de volverse á España, y vacó el segundo 
cargo de una empresa que inspiraba mas ardor marcial 
y mayores esperanzas que ninguna de las anteriores. 

Aunque obeso, entrado en años ya y muy entregado 
á goces sensuciles en sus encomiendas de Trinidad , de 
Puerto Príncipe y San Juan de los Remedios , el mismo 
Vasco Porcallo de Figueroa, verdadero señor de esas 
comarcas, sintió bullir su sangre al oir el clarin d^la 



• Adelantado Soto lo que nos pidiere »y la Habana dista 300 leguas desta 

«para la fortaleza de la Habana. Ha «cibdad, mande V. M. assistir y tener 

«pedido 4000 pesos. Sepamos hasta «cuenta á los regidores de aquella vi- 

«quanto podremos darle más; y pues v lia. » = Colee, de Muñoz, t. LXXXI, 

Ȥe nos manda tener cuenta del gasto, Arch. de la Acad, de la Hist. , Madrid. 



160 HISTORÍA 

jornada. Algún escrito dice que más aun que los de 
gloria, le entusiasmaron los deseos de adquirir indios 
en ella para sus haciendas; pero no eran incompati- 
bles los unos con los otros. Como quiera y sabiendo el 
afán con que hacia recoger caballos Soto, acudió á 
verle á Santiago y le llevó cincuenta de regalo. El 
fausto de Porcallo , su nobleza y su prestigio en la isla 
dieron gran fuerza á sus indicaciones y le eligió Soto 
para suceder á Ñuño de Tobar en el segundo puesto de 
la expedición. 

Luego que acopiaron víveres y repararon bien sus 
averías, las naves salieron para la Habana á fin de 
agosto con la infantería rauy aumentada por voluntarios 
de Santiago y de Bayamo y con la familia y servidumbre 
del Adelantado. El mismo Soto el 15 de setiembre tomó 
por tierra igual dirección acompañándole Porcallo y 
cincuenta ginetes. Dejó dispuesto que los demás, que 
pasaban de doscientos, le siguiesen por secciones de 
á cincuenta y con ocho dias de intervalo unas de otras 
para mejor facilitarse alojamiento y pasto en las chozas 
de los indios y las raras haciendas que se encontrasen 
en tan larga marcha. Todos se montaron con lo mas esco- 
gido de la corta cria caballar que tenia la isla , habiendo 
prohibido Soto rigorosamente que para ninguna parte 
se exportaran mas caballos de Cuba, medida que con 
la terminación de las conquistas en el nuevo continente 
terminó también con un renglón de tráfico que había 
aliviado la penuria de sus habitantes cerca de veinte 
años. Después de visitar á Bayamo, Trinidad, Puerto 
Príncipe y Sancti-Spíritns llegó á la Habana el adelan- 
tado al promediar octubre. A fines del siguiente mes se 
acabaron de reconcentrar allí todas sus fuerzas, teniendo 



DE LA ISLA DE CUBA. 461 

que emplearse algunas de ellas en ayudar á los vecinos 
á reedificar su caserío. Sin pagar los víveres que le 
aprontaron para sus bajeles, se habia hecho abonar por 
los oficiales de Santiago cuatro mil pesos para la forta- 
leza de la Habana , que aplicó, más que á este objeto, á 
las necesidades de su armada. 

Aunque apuntando la estación equinoccial, á primeros 
de setiembre salió de orden de Soto con un bergantín el 
contador y piloto Juan de Añasco á reconocer las costas 
de la Florida y la ensenada donde conviniese mejor 
desembarcar. Empleó ese navegante en su exploración 
unos dos meses, sufriendo privaciones y tormentas; 
pero no satisfacieron sus primeras noticias á su jefe, 
cuando le ordenó que regresara á completarlas con los 
dos bergantines de su escuadra y provisión de bujerías 
para granjearse la benevolencia de los indios de la 
tierra donde la expedición desembarcase. En esta se- 
gunda ausencia, que duró tres meses, completó Añasco 
su comisión con trabajos y peligros infinitos; y sin que 
desde su salida se tuviera noticia de su paradero, regresó 
á la Habana con cuatro indios floridanos y apuntes 
exactos de la espaciosa bahía del Espíritu-Santo , donde 
habia desembarcado el infeliz Narvaez once años antes. 

Solo esperaba la expedición de Florida viento favora- 
ble para levar anclas, cuando la violencia de un fuerte 
S. E. obligó mal de su grado á refugiarse en el puerto 
déla Habana á cierta carabela que venia de Nombre 
de Dios , en la que se retiraba con gran caudal á España 
Hernando Ponce, uno de los conquistadores del Perú. 
Parece que al salirse Soto de aquel reino habia dejado 
bienes y dineros á cargo de ese Ponce, escriturando con 
él en toda forma que irían ambos á medias en cuanto 

- HIST, DE CUBA,— -TOMO I. — 11 



V 



162 HISTORIA ' 

los dos durante su vida ganasen ó perdiesen, así tocante 
á mercedes del Monarca, como en lo que adquiriesen en 
campaña : género de pacto muy común entre los que 
conquistaron la parte meridional del continente. La for- 
tuna había prodigado á manos llenas sus favores á Her- 
nán Ponce , desde que su socio se ausentó del imperio 
de los Incas para España. Habia obtenido de Pizarro un 
numeroso repartimiento de indios que le proporcionó 
gran suma de riquezas. Traíalas todas realizadas y 
navegaba gozoso á disfrutarlas en la madre patria, 
cuando aportó en la Habana sin sospecha alguna de 
hallar en ese puerto y en la plenitud de su poder á su 
antiguo compañero. Luego que fondeó su nave y supo 
Soto que era de Hernán Ponce y qué venia con ella, 
envió á cumplimentarle y hacerle ofrecimientos. Hubiera 
preferido el navegante seguir su rumbo á disfrutarlos; 
y con excusarse bajo varios pretextos de venir á tierra, 
no manifestó gran confianza en los obsequios de su 
socio. Por si ocurría que Soto le exigiese participación 
de bienes, con arreglo á lo estipulado entre los dos, re- 
solvió poner á salvo lo mejor de su tesoro, y con ese fin 
permaneció en su buque hasta las altas horas de la 
noche. Con toda reserva y precaución dispuso entonces 
que algunos familiares suyos llevasen en un bote á la 
orilla mas solitaria de la bahía dos arcas llenas de oro y 
pedrerías enterrándolas en un paraje oculto para re- 
cogerlas con iguales precauciones luego que liquidase 
cuentas con Soto con la plata que á bordo conservaba. 
Pero la traza le salió frustrada. Unos vigías que envió 
Soto á acechar la carabela de Hernán Ponce, así que 
vieron dirigirse el silencioso bote á la ribera , mantu- 
viéronse ocultos en sq sitio, y no corrieron á apode- 



DE LA ISLA DE CUBA. 165 

rarse de las arcas sino al verlas en tierra ya con sus 
guardianes que acometidos de improviso y amedrentados 
tornaron á su lancha. Fueron las arcas llevadas ai ade- 
lantado, que disimuló su sentimiento ante tan clara 
prueba de la desconfianza de su antiguo amigo. Aunque 
con el dolor de suponer perdido lo mejor de su caudal 
donde contaba tenerlo mas seguro , Hernán Ponce , que 
salió al dia siguiente de su carabela, supo también disi- 
mular el suyo en su visita á Soto : tanto que fué este el 
que primero entró en materia sobre el incidente de la 
anterior noche quejándose de un porte tan impropio de 
su concordia y amistad pasadas. No se contenió con 
mandarle entregar sus dos arcas intactas y cerradas 
Soto. Llevó su deseo en cumplir con las condiciones de 
su antiguo pacto hasta el extremo de anunciar á Ponce 
que de los cien mil ducados que habia invertido en el 
armamento de la Florida le pertenecerían la mitad con 
arreglo á su concierto; y que así, tomara ó no parte 
personal en la jornada , contase que habia de partir con 
él escrupulosamente el botin y beneficios que en ella 
conquistara. Tuvo entonces Ponce que corresponder á 
una generosidad tan estudiada , impetrando perdones 
de su compañero, renunciando á sus ofrecimientos en 
lo de Florida y pidiéndole licencia para obsequiar á la 
gobernadora con un regalo de diez mil pesos de oro que 
le fué aceptado. 

Aunque no sea ajena de esta historia , compendiare- 
mos muy sucintamente la relación de una jornada que 
refieren y detallan diferentes libros siguiéndose unos á 
otros. Si en suerte y resultados excedieron otras empre- 
sas á la que Soto dirigió á aquella región , ninguna la 
superó en hechos heroicos y miserias ; porque ni era 



164 HISTORIA 

la Florida de la temperatura y abundancia que el Perú 
y que Méjico , ni se asemejaban tampoco sus indígenas 
en mansedumbre y timidez á los de las demás tierras 
conquistadas. Ágiles, altos, vigorosos, diestrísimos fle- 
cheros, los tiros de sus arcos traspasaban á veces cotas 
y caballos ; y estaban además aleccionados en la resis- 
tencia con anteriores invasiones de españoles. Las de 
Ponce de León , Vázquez de Aillon y Panfilo de Narvaez 
se hablan estrellado ya contra ellos. 

Después de dejar encargado del gobierno de la Ha- 
bana á Juan de Rojas , del de Santiago á Bartolomé 
Ortiz y nominalmente del de toda la isla á su esposa 
doña Isabel de Bobadilla , Soto zarpó de aquel puerto 
en 19 de mayo con nueve embarcaciones, incluyendo en 
este número una que habia comprado, porque dos de las 
que trajo de San Lúcar se le habían perdido. Sin los del 
servicio de los buques que pasaban de otros tantos, lle- 
vóse quinientos trece combatientes y trescientos treinta 
y siete caballos escogidos. Solo el ostentoso Porcallo se 
llevó treinta y seis para su uso y comitiva. Aunque poco 
favorecida por los vientos echó anclas la escuadrilla á 
los seis dias en la misma bahía del Espíritu-Santo visi- 
tada por Narvaez once años antes y en la geografía ac- 
tual llamada Tampa-Bay ^. Alarmados á su vista deja- 
ron por poco tiempo desierta la comarca los indígenas 



* El principal texto que hay que con- sume concienzudamente cuanto escri- 
sultar para enterarse de las operaciones bieron el Inca Garcilaso de la Vega, 
y moYimientos de Soto en la Florida y Antonio de Herrera y otros cronistas 
muchos Estados meridionales de la ac- sobre el mismo asunto, añadiendo mu- 
tual Confederación americana , es de chas noticias auténticas que tomó en los 
Teodoro Irving.— Véase Theconquesíof archivos españoles el lio de'aquel autor, 
Florida hy Hernando de Soto. Esta obra, Washington Irving, el historiador de 
impresa en New-York en 1851 , re- los Viajes de Colon y sus compañerúf. 



DE LA ISLA DE CUBA. 165 

para reconcentrarse y caer después sobre los invasores. 
A los siete dias ya acometieron á flechazos con gran fu- 
ria á algunos españoles apartados de la bahía , hirieron 
á varios y ios demás hubieran perecido si con algunos 
ginetes no acudiera á socorrerlos el intrépido Porcalio, 
cuya lanza fué la primera de la expedición que al ahu- 
yentarlos se tiñó en la sangre de los Floridanos. Pero, 
de menos constancia que valor, no tardó en preferir el 
ocio y el regalo de su mansión de Puerto-Príncipe al 
Iragin y penalidad de esa jornada. Menos sentido de 
una caida que dio en un cenagal que de la risa que 
excitó al salir del lodo, renunció á su cargo; y po- 
cas semanas después regresó á Cuba, dejando para que 
continuasen la campaña á su comitiva y dependientes á 
cargo de Gómez Suarez Figueroa, bastardo que habia 
tenido de una esclava. 

Por impedir que se ahuyentaran á la Habana ó Vera- 
cruz algunos descontentos, cometió Soto el imprudente 
error de internarse en un país desconocido, sin levantar 
ninguna fortaleza ni en aquel ni otro punto de la costa 
que luego le sirviese de base ó de reparo para las ope- 
raciones que emprendiera. Garcilaso de la Vega y otros 
escritores nos detallan su sangrienta entrada por las fe- 
roces tribus indias de Hihirrigua ^ Apalache, Aube, Tuz- 
cabozas, Alabamas y Mobilios, á quienes les tomó su 
pueblo principal y degolló once mil guerreros. No apa- 
recen hoy mas vestigios de esas razas que algunas eti- 
mologías de ciudades en los actuales estados de Georgia 
y Alabama que anduvo recorriendo Soto. Después de 
pasar el primer invierno entre los salvajes Apalaches, 
que solo por temor le surtieron de víveres y pieles, 
atravesó por los de Xuala venciendo á unos y á otros; 



166 HISTORIA 

pasó á Goza Ó Cosa , regioa á mas de cuatrocientas mi- 
llas de la bahía donde habia desembarcado y mas abun- 
dante y benigna que las otras, donde gobernaba una 
india que le acogió hospitalariamente y le regaló perlas 
y alhajas. De allí, por distinto camino del que habia se- 
guido, retrocedió al territorio de Móbíla, y con privacio- 
nes y trabajos infinitos, pasó el segundo invierno en la 
pobre y rústica aldea de Ghicazola , que hoy no existe. 
Luego , ya como vencedor, ya como amigo , llegó á la 
risueña región habitada por los Chactas que fecunda el 
gran Mississipí, descubierto por él y por los suyos; y no 
un siglo después por los franceses, como mal informados 
escritores de esta nación lo pretendieron. Pero al paso 
que la naturaleza desplegaba allí paisajes y bellezas que 
encantaron la vista de los españoles , ni indicios ofrecía 
siquiera de las riquezas que allí se habían supuesto. Los 
indígenas vivían de caza y pesca en sus mezquinas 
chozas, y no fué esto lo peor para los invasores. 

Junto á la majestuosa margen de aquel rio por el 
país de los Guachoyas, mas al N. del actual estado de 
Missouri, le acometió al Adelantado una maligna fiebre. 
Conociendo que su vida se apagaba, convocó á todos 
sus cabos á su tienda y , después de nombrar en su pre- 
sencia por sucesor suyo á Luis Hoscoso de Al varado, 
murió cristianamente en 30 de junio de 1542. Para 
evitar que le profanaran los salvajes, su cuerpo encer ■ 
rado en un ataúd de plomo, que toscamente pudieron 
fabricar los españoles con balas derretidas , se depositó 
en la corriente del gran rio. No discurrieron para su 
descubridor otro sepulcro mas digno ni seguro. 

La inesperada muerte y hasta el extraño funeral de 
Soto, la persuasión de que ni sus victorias les facilita- 



I 



DE LA ISLA DÉ CUBA. i67 

rian estabilidad ni porvenir en tan aisladas tierras, ins- 
piró á los expedicionarios el común deseo de regresar á 
Cuba, de donde les pesaba en gran manera haber sa- 
lido. Aunque tan distinto del que les habia conducido 
á aquellas parles, entonces fué cuando empezó á dirigir- 
les un objeto fijo. Moscoso, sin calcular lo andado en 
los rodeos, conjeturaba hallarse á mas de mil leguas de 
distancia de la bahía del Espíritu -Santo, y hasta á los 
mas animosos aterraba la perspectiva de una retirada 
que exigiese iguales trabajos y luchas que el avance. 
Decidido á buscar camino mas breve y menos arries- 
gado, y acreditando Moscoso con su sagacidad y su con- 
ducta el tino del difunto caudillo al transferirle el mando, 
retrocedió por las orillas del Mississipí hacia el Sur du- 
rante algunos dias estudiando la dirección de su curso, 
y atravesó por entre las tribus indias de Natchitoches, 
Pannos y Comanches ó Comanquios. Descansó luego y se 
repuso entre unos indios mas hospitalarios y benignos. 
Tomó allí de ellos dirección y avisos ; venció á ios de 
Amilio ; y en tierra de estos bárbaros , en la indiada lla- 
mada Mimoya, volvió á descubrir aquella gran corriente 
deslizándose algunas leguas al N. de su confluencia con 
el Colorado, y ya mas ancha y majestuosa entre selvas 
gigantescas que parecían como dispuestas para servir 
de abrigo y salvación á aquella hueste errante. Aunque 
sin mapa ni noticias, ni aun papel donde fijar sus cálcu- 
los y apuntes , discurrieron Juan de Añasco y los pilo- 
tos, que debía desembocar el Mississipí cerca del golfo, y 
basándose en tan cierta conjetura, al punto ordenó Mos- 
coso que se fabricaran siete bergantines. Sobraban las 
maderas y resinas, quedaban en la expedición algunos 
carpinteros con algunas hachas é instrumentos, y desde 



168 HISTORIA 

el caudillo hasta el último soldado todos allí se afanaron 
por fabricarse barcos en aquel invierno (1543). Abun- 
dante caza les surtia de víveres en su vasto taller esta- 
blecido en forma de campamento atrincherado; y mien- 
tras trabajaban ó dormían los unos , los preservaban los 
demás con las armas en la mano de frecuentes agre- 
siones de indios, 

Pero á pesar de sus esfuerzos no quedaron las naves 
terminadas hasta fin de junio : sobrado tiempo para que 
las numerosas hordas comarcanas combinaran sus desig- 
nios con todos los estímulos de su odio á una raza supe- 
rior y extraña , y el ansia de vengar con su extermi- 
nio sus derrotas. Era ya el 2 de julio de i 543, cuando 
en toscos navichuelos , sin mas repuesto que sus últimos 
caballos, sus nobles compañeros forzosamente sacrifica- 
dos para servirles aun después de muertos, encomenda- 
ron los expedicionarios su porvenir á los caprichos de 
un raudal desconocido, sin brújula, sin anteojo, sin 
observación, ni instrumentos. Navegación heroica que 
duró dos meses combatida sin cesar por infatigables 
turbas de flecheros desde las orillas y aun en la mis- 
ma margen por millares de canoas. Garcilaso y otros 
escritores consagraron capítulos enteros á referir sus 
gloriosos accidentes. Mas ó menos heridos llegaron casi 
lodos hacia el fin de agosto á recobrarse de tan largas 
lidias en esa isla á la sazón desierta , pero abundante 
en peces y mariscos, que se extiende á la embocadura 
del gran rio. Sin desanimarlos los riesgos de la estación 
equinoccial, mucho menores que los de su estado, 
siguieron luego navegando hacia el S. O. arrimados. 
á la costa ; y , al mediar setiembre , arribaron á la 
boca de Tampico \ donde ya se fomentaba á la sazón 



DE LA ISLA DÉ CUBA. 169 

Panuco , la colonia mas septentrional de Nueva España. 
Admirando la relación de sus trabajos el virey D. Anto- 
nio de Mendoza, sucesor de Cortés % llenó de benefi- 
cios á Moscoso y á los trescientos diez españoles que 
habían sobrevivido á una odisea de cinco años de sufri- 
mientos y refriegas. Intentó Mendoza preparar nueva 
jornada para las regiones qué dejaban descubiertas 
ofreciendo grandes í*ecompensas y encomiendas á los 
que se decidieran á emprenderla ; pero los de Moscoso 
rehusaron todos sus ofertas. Habia sido muy recia la 
primera para que no les horrorizase la idea de otra 
segunda. Los más en la primer flota volvieron para Es- 
paña, y entre ellos García Osorio, capitán de un ber- 
ganiin délos del rio y luego gobernador de Cuba an- 
dando el tiempo. De los que de esta isla hablan seguido 
á Soto, no cuenta ningún texto que volvieran á ella 
mas que el hijo mestizo de Porcallo, Gómez Suarez y un 
mulato llamado Estebanillo. 

Cuando llegue á redactarse con genio y elocuencia, 
merecerá lugar muy señalado en los fastos del hemisfe- 
rio Americano aquella peregrinación de un puñado de 
españoles por mil leguas de bárbaras regiones, sufriendo 
siempre cuando no peleando. Para que brillase tan va- 
liente retirada en la historia moderna como la de los diez 
mil griegos en la antigua , solo faltó una condición : que 
Moscoso, después de imitar y aun exceder en el hecho 
á Genofonte , le imitara también en su inmortal relato. 

Mientras acontecía en el continente una peregrinación 
tan infeliz y larga, de sus víctimas no se habia recibido 

s Cortés bahía vuelto á Espa&a desde Méjico. Murió á los 63 años en Casíi* 
1540 á sostener sus- derechos al \irei- llejo de la Cuesta, cerca de Sevilla, el 
pato, pero para no regresar ya más á 2 de dicienobre de 1547, 



170 HISTORIA 

en Cuba nueva alguna desde que en el otoño de 1 539 
y en la carabela de Diego Maldonado habia traido Por- 
callo la de su desembarque y primeras incursiones. 
Después habia arribado de Florida con los dos bergan- 
tines Goraez Arias , luego otro navio; y solo confirmaron 
que se habia internado Soto á continuar sus triunfos 
tierra adentro. En tan penosa incertidumbre pasó doña 
Isabel de Bobadilla los meses y los años. A sus ruegos 
volvió Gómez Arias en el verano de i 540 á inquirir 
noticias del adelantado , penetrando en las principales 
baliías de aquella costa. El y Maldonado volvieron á 
recorrerlas en los dos años siguientes. Reconocian todos 
los puertos, regalaban á los indios para que llevasen á 
los expedicionarios cartas y mensajes, grababan en los 
árboles inscripciones y noticias para ojos que no podian 
mirarlas; nada consiguieron sus intentos generosos. A 
fines de 4 543 un pliego dirigido al llegar á Panuco por 
Moscoso, cambió la ansiedad de doña Isabel en funesta 
certidumbre y se extinguió su vida algunos meses des- 
pués que su última esperanza. 

Cuatro años antes, desde 5 de noviembre de 1539, 
también habia muerto en Santiago Gonzalo de Guzman 
nada conforme con las oscuras funciones de veedor de 
unas rentas casi nulas. Desde su separación del gobierno 
hasta su muerte habíase dedicado con mas razón que 
sano fin á referir al Emperador los males qué causaban 
á la isla la sacas de hombres y caballos que hizo Soto 
para su infructuosa invasión de la Florida. Podrían gra- 
duarse sus asertos de parciales y nacidos de la envi- 
dia, á no estar confirmados por los de su mortal enemigo 
Lope Hurtado , por cartas de otros funcionarios , y con 
mas detalles luego por la relación que formó el obispo 



DE LA ISLA DE CUBA. 171 

Sarmiento de su visita pastoral por la isla ; primer 
documento que arroja alguna luz sobre su estadística en 
esa época '^ 

Separando los cortos restos de indígenas alzados ó 
viviendo independientes , resulta del testimonio del pre- 
lado que no llegaban á mil los individuos blancos de 
los siete pueblos, ni á dos mil los indios repartidos entre 
los vecinos , reduciéndose los esclavos negros y mula- 
tos á menos de seiscientos. Desde la cuna de su coloni- 
zación se habían sucesivamente opuesto á su desarrollo 
las expediciones de Yucatán , de Méjico y Florida , y 
el afán continuo de sus pobladores por buscar mejor 
suerte en otras tierras La mayor parte se fueron tras- 
ladando al continente y luego hasta el mismo Manuel 
de Rojas imitó ese ejemplo, llamado al Perú por un 
hermano suyo de los encomenderos mas notables y 
afortunados de aquel pais opulento. Ni el obispo Sar- 
miento se preservó del general afán de trashumar, nada 
conforme, aunque cartujo, donde por falla de gente tenia 
que seguir siendo pobre un suelo rico. Agriado además 
por cuestiones y denuncias de unos y otros , pidió una 
licencia temporal para volver á España, y tiempo ade- 
lante renunció su mitra 



*" «Luego que vino Soto mandó que »ahí es alzarse los indios é de tcmef 

• nadie vendiesse caballos ni raanteni- cque no dejen cristiano vivo. Vasco 
» mientes fuera de la Isla so pena de t Porcaliotenia su assienlo en medio de 
«muerte. Ha tomado 250 caballos; ha »la Isla ; era poderosso, esforzado i te- 
» mantenido casi un año 500 hombres é «mido; se lo ha llevado i con su ausen- 
» lleva mantenimiento para otros dos. »cia cessa el temor de los indios. » = 

• Todo sin pagar al dinero casi nada. Carta del ob'spo de Cuba al Emperador. 
« Quánlo daño no ha causado á los ve- =Santiago Vó agosto 1539.= Colee, de 

• cinos que se mantienen desús labran- Muñoz, tomo LXXXI, Biblioteca de 
«zas é crianzas! Añádesse que lleva !a la Acad. de la Bist., Madrid. 



gente della útil para la guerra. De 



172 HISTORIA 

Con probidad, aunque harto blando, el licenciado 
Ortiz habia gobernado en Santiago con justicia desde 
que le dejó Soto en aquel puesto ". Organizó cuadrillas 
de monteros para la persecución de indígenas alzados 
por allí , por Baracoa y Bayamo, y restituyó á sus terri- 
torios aquella persecución una seguridad ya duradera. 
En la capital empezó á levantarse un trincheron de 
tierra y de fagina á orillas de su bahía para prevenir 
tentativas de corsarios. Pero aquel licenciado, anciano y 
achacoso también, hizo renuncia del gobierno en cuanto 
supo el inesperado fin de Soto, y regresó á Castilla 
mucho antes que el obispo. 



'* «El Alcalde Mayor que aquí dejó »faga que la tercera parte dellos ande 

»( Soto) es muy buen Juez é de buena »en minas. » = OGciales fíeales , Her- 

i» intención; pero está doliente é 7Íejo. nando de Castro y Juan de Agrámente, 

» GonYÍene uno que vissite los pueblos, al Emperador. =Santiago 8 abril 15i0. 

i>Yea cómo son tratados los Indios é = Golee, de Muñoz, t. LX.XXI. 



Para este capítulo, como para los anteriores, nos ha guiado la 
Colee, de Muñoz , que extracta ó copia lo que existe sobre Cuba en 
los Arch. de Ind. de Sevilla. Pero para resumir los hechos de la ex- 
pedición de Soto á Florida nos han favorecido muchas publica- 
ciones , empezando por la Historia de aquel adelantado , escrita por 
el Inca Garcilaso de la Vega , y acabando por la Conquista de la Flo- 
rida, publicada en inglés en 1851 en Nueva- York por Teodoro Ir- 
ving. Estos dos son los libros mas extensos y notables que se refie- 
ren á aquel heroico y desgraciado episodio de la conquista del 
continente americano. El segundo tiene sobre el primero todas las 
ventajas que han proporcionado á su autor las nociones adquiri- 
das sobre la materia que trata en los tres siglos que mediaron entre 
él y Garcilaso. Escribió este algunos lustros después de pasados los 
sucesos que refiere y cuando estaba aun reciente su memoria en 
la de algunos actores y testigos de los hechos que sobrevivieron á 
aquel desastre y se los refirieron. Bajo este concepto su narración 



i 



DE LA ISLA DE CUBA. 173 

aunque no escasa de errores y de un estilo fantástico , mas propio 
de la poesía que de la historia , ha tenido que ser consultada por 
todos los que han escrito sobre Florida. 

Pero T. Irving, siguiendo las nobles huellas de su tio, el histO" 
riador de la Vida y viajas de Colon , reunió en las 466 páginas de su 
Conquista de Florida todas las noticias que podian ilustrar aquel 
asunto. No se contentó con analizar con elegancia y con un cri- 
terio excelente los hechos de la expedición de Soto; encabezó su 
libro con un curioso mapa en que apareció expuesto el itinerario 
que recorrió en una región tan ignorada entonces como es coro* 
cida hoy. 

Ya se había trazado el itinerario de los españoles en Florida en 
otro mapa mucho mas antiguo publicado por Juan B. Homann en 
Nuremberg en 1712 , como se dice en la nota 4 de la pág. 154. Pero 
el de Irving ofrece la ventaja de conservar los nombres de mU' 
chas locahdades antiguas entre los de las modernas , y facilita así 
que se comprenda á qué territorios corresponden. Resulta de ese 
estudio que Soto recorrió gran parte del actual estado de Florida, 
atravesó todo el de Georgia, penetró en el de la Carolina meridio- 
nal hasta cerca del lugar que ocupa actualmente la ciudad de Au- 
gusta. Atravesó después de S. E. á N. O. todo el estado de Alabama, 
por el cual retrocedió, recorriendo una larga distancia hasta Mó- 
hila. Desde este punto torció de nuevo hacia el N. O. hasta en- 
contrarse con el Mississipí, junto á cuya orilla murió, á muy po- 
cas leguas al S. de la actual ciudad de Memfis, en el estado^de Ten- 
nessée. En cuanto al itinerario que luego siguió Moscoso , casi 
siempre por las orillas del Mississipí , la misma situación de este rio 
nos lo explica suficientemente. Terminaremos esta larga nota con 
un apunte biográfico de Moscoso. 

Luis Moscoso de Alvarado nació en Zafra de Extremadura, en 1 505. 
Era hijo de un comendador de Santiago, y el Inca Garcilaso de la 
Vega, dispuesto siempre á ensalzar los personajes que menciona 
en su Conquista dé la Florida, calificó su alcurnia ventajosamente. 
Desde muy joven se eiíibarcó con los Pizarros y con Soto para Tierra 
Firme, y luego pasó al Perú con ellos, tomando parte principal en 
muchas jornadas de aquella gran conquista. Así nos lo confirman 
Herrera , Zarate , Jerez y los demás cronistas que la escribieron. 
Moscoso era pariente de Pedro de Alvarado, á quien acompañó cuan- 
do, en 1534 , le dieron el encargo de conquistar á Quito y todo el 
territorio que constituye al actual estado independiente del Ecuador. 
A la cabeza de un fuerte destacamento se apoderó entonces de varias 



Í7A HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA, 

poblaciones principales. Los dos conquistadores de Quito se propu- 
sieron salir al encuentro de los Pizarros , no solo para asegurarse 
su conquista , sino para engrandecerla con los territorios limítro- 
fes del Perú. Pusiéronse en marcha ; pero á pocas jornadas del 
Cuzco supieron que Almagro y Pizarro se hablan apoderado ya de 
esta ciudad y venian á combatirlos. Entonces Alvarado y Moscoso 
juiciosamente prefirieron entrar en tratos á pelear ; y á consecuen- 
cia de sus negociaciones conservaron los adelantamientos de Quito 
y Guatemala, con una indemnización de 100,000 castellanos de oro 
poi» renunciar á los demás territorios que hablan pretendido agre- 
garse. Tocóle entonces á Moscoso una gran parte de aquella gran 
suma , y viéndose ya rico , prefirió desde luego disfrutar de su for- 
tuna en España á continuar en las luchas y penalidades de la con- 
quista. Regresó, en efecto , á la Península en 1536; pero, ó se dio 
tan mala mano en el manejo de su caudal, ó tanta prisa para di- 
siparlo , que le restaba ya muy poco cuando Soto solicitó y obtuvo 
en el siguiente año la conquista y adelantamiento de la Florida- 
Tanto por la recomendación del paisanaje como por las pruebas 
que ya tenia de la aptitud y del valor de Moscoso , le destinó en- 
tonces á su empresa como uno de sus cabos principales. Nada hay 
que añadir á lo que queda referido sobre aquella jornada desgracia* 
da. Moscoso, mas ilustrado por sus desgracias y su heroica retirada de 
aquellas regiones , que por la parte que le habla cabido en las vic- 
torias del Penj , se presentó en la ciudad de Méjico el 22 de diciem- 
bre de Í543 al virey D. Antonio de Mendoza. Desde entonces fué e^ 
hombre de confianza y el objeto del favor y de la protección mas 
especial de aquel personaje, que le confirió siempre los cargos mas 
importantes de su vireinalo. Trasladado Mendoza luego al del Perú 
en i 551, se le llevó consigo á Lima, donde le fué muy útil después 
para las cosas del gobierno mihtar y el arreglo y división de las 
provincias. Muchos años adelante murió Moscoso en aquel reino; y 
aunque se ignora el lugar y la fecha de su muerte, muchos docu- 
mentos hacen mención de sus últimos servicios en aquel país. 



CAPÍTULO SEXTO. 



Gobierno del licenciado Juanes Dávila.— Nuevas ordenanzas de Indias.— Libertad 
de los indios con algunas excepciones. — Disgusto de los pobladores. — Propone 
Dávila para la Habana la obra de la zanja. — Insultos que sufre esa villa de un 
corsario francés. —Injusticias de Dávila. — Se le forma causa. — Gobierno del 
licenciado Antonio de Chaves.— Orden pasajero y seguido de nuevas discordias. 
— Quejas contra Chaves. —Estado de pobreza general. — Escasez de brazos 
para las labranzas é industrias. — El fundidor alemán Juan Tezel empieza á 
explotar las minas de cobre. — Trasládase Cbaves á la Habana y da principio 
á la obra de la zanja. — Arbitrios discurridos para costearla. 



Con la desaparición de Soto , la muerte de su esposa 
la gobernadora y la retirada á España de Bartolomé 
Ortiz, teniente de ambos en Santiago, quedaba de he- 
cho caducada la cláusula de la capitulación que se cele- 
bró con aquel adelantado concediéndole el mando de 
Cuba hasta tener rematada su conquista. Encargó en- 
tonces el Emperador de su gobierno con mil ducados 
de salario á Juanes Dávila ^ mozo mas entendido que 
juicioso y recien recibido licenciado. Llegó á Santiago 
en 2 de febrero de 1544 en un barco de la flota ^ que 



' Véase su nota biográfica, págs. 494 los líios. Los comandantes de las flota» 

y 493, tomo III, Dice. Geogr. . Estad. ^ destinadas á Amé¡ica no empezaron á 

Hist. de la Isla de Cuba por el autor, ser llamados generales hasta que algu- 

» Esta fué la segunda que mereciese nos años después se formó la «Armada 
el nombre de tal. La mandaba el capi- de la guardia de la carrera de las lu- 
ían de mar y guerra Martin Alonso de dias. * 



176 HISTORIA 

habia salido de Cádiz á fin de año, con las nuevas or- 
denanzas ^, leyes y funcionarios encargados de hacerlas 
cumplir en el nuevo continente y en sus islas. 

En lo esencial se dirigían á reconocer la libertad de 
los indios, declarándolos fieles y leales vasallos de la 
Corona; pero, para no defraudar los privilegios con- 
cedidos á los pobladores que la práctica y el tiemp 
parecían haber legitimado , se declaró que mientras 
viviesen los beneficiados conservaran sus indios los que 
los tuvieran, aunque sin poder trasmitir su dominio 
sobre ellos á sus herederos. Ordenóse además que no 
pudieran conservarlos ni tenerlos en lo sucesivo ni los 
gobernadores, ni los prelados, ni los funcionarios pú- 
blicos, ni los eclesiásticos, ni las comunidades religio- 
sas , y que se emanciparan desde luego los de aque- 
llos colonos que por su conducta ó negligencia se hubie- 
sen mostrado indignos de tenerlos. Acompañaron á estas 
primordiales prescripciones otras para que los indios 
fuesen tratados suavemente; que no se les forzase á tra 
bajar sino en los lugares que ellos mismos prefiriesen, 
y que, cuando obligara la necesidad á conservarlos en 
labores que les repugnaran, se les abonara un estipen- 
dio proporcionado á su tarea. Después de publicadas 
esas órdenes, ó cuando fueron sabidas por los naturales, 
muy pocos siguieron en sus antiguos trabajos; y los que 
no volvieron á vivir en el campo libremente , se dedi- 
caron al servicio doméstico en las poblaciones , y estas 



• Las nuevas ordenanzas emancipan- en 14 de agosto de 134). Están inser- 

do á los indios de servidumbre, siipii- ladas en muchas publicaciones, en el 

miendo las encomiendas y muchos abu- Diccionario de legislación ullramarina 

80» de la primera colonización hispano- de Zamora y en el tomo LXXX1H 

americana, se decretaron en Valiadolid do la Colee, de Muñoz. 



DE LA ISLA DE CUBA. i 77 

fueron así lo que expresa nuestra lengua con la voz de 
naborías. 

Insertemos el primer escrito que veinte dias después 
de su llegada dirigió Dávila al Emperador desde la an- 
tigua capital de Cuba. 

« Llegué á esta en 2! de febrero con gran trabajo por 
» una recia tormenta. Hallé mil dissensiones por no ha- 
» ber habido justicia : mil temores de francesses "por 
» las nuevas del saco de Santa Marta i Cartagena. Sose- 
» gué i pacifiqué las gentes ; i en estos dias se a aca- 
» bado la maior parte de unos bastiones terraplenos que 
» estaban comenzados para defensa desta cibdad. El do- 
» mingo passado fize alarde de gente i armas e se pres- 
» sentaron medianamente armados entre los de á pié i 
f> á caballo ducientos hombres. » 

« En los depóssitos de difuntos é naos perdidas muy 
j> mal recaudo. El uno se tiene quinientos, el otro mil, é 
» todo anda fuera del arca. Al tesorero Lope Hurtado 
n quieren mal, porque no puede sufrirlo y habla claro. 
» Despachada la ressidencia i otras cosas iré tierra 
» adentro á vissitar las villas, cossa trabajossa por ser la 
» tierra tan áspera é despoblada, é haber tanto mosquito 
» que no basta juicio para poderlo sufrir. Procuraré tra- 
» bajar en esta gobernación de modo que sea el que 
» mas sirva de quantos an venido en esta flotta. » 

<f En esta cibdad debiera ponerse ingenio de cobre i 
» otros metales con buen fundidor. Las tierras de co- 
» bre * dan de un quintal de tierra medio quintal de 



* Colec.de Muñoz, tomo LXX^XIL 1540. = « Habrán Nuestras Mercedes 

= Hernando de Castro y Juan de Agrá- » oido decir como á tres ó á quatro le- 

monte, oficiales reales de Santiago, á »guas deste pueblo de Santiago bay 

los jueces de Contratación de Sevilla en » cerros muy grandes , que han mostra- 

HIST. DE CUBA. -TOMO I. — 12 



178 HISTORIA 

«cobre. Seria esta una de las mejores grangerías des- 
» tas partes. » 

« Dos ingenios de azúcar debieran fazerse é se farian 
» prestando Y. M. tres mil pessos á dos vecinos. La 
» tierra es fértil i ay agua , que se criarian las cañas 
» tan bien ó mejor que en otra cualquier parte. Con 
» esto se faria una cibdad populosa. Sin esto y sin ser- 
» vir los indios como se manda se despoblará. De oro, 
» ya no se descubre mina. La principal grangería era 
» la saca de yeguas é muías para los descubrimientos, 
j) i como estos agora cessan , nadie se aprovechará. » 

Esta comunicación , además de confirmar el ruin es- 
tado de la isla entre los deseos de mejorarlo, empezó á 
revelar la tendencia de su nuevo gobernador á no cum- 
plir las ordenanzas. Hallábase hospedado en el domici- 
lio de doña Guiomar de Guzman , viuda del contador 
Pedro de Paz y usufructuaria de una de las encomiendas 
de Santiago. Su astucia, sus halagos, y por otra parte 
los clamores de los demás encomenderos le fueron di- 
suadiendo á Juanes Dávila de dar aplicación á las ór- 
denes recientes. Empezó por suspenderlas hasta saber lo 
que resolvía el Rey-emperador sobre varios memoriales 
enviados con cuatro procuradores por los ayuntamien- 
tos , que, aunque especiales órganos de la sola clase pri- 
ado tener cobre; i este mes de abril «cobre, y hasta agora no ha fundido 
» vino por aquí una nao para Nueva Es- » sino quince ó veinte arrobas dello: del 
• paña i dentro un alemán fundidor de »qual dicho cobre van en esta nao cier- 
» cobre i apartador dello, deloro e de «tas arrobas.. . El dicho cobre tiene 
«plata, el qual alemán los fue á ver i » plata y oro, aunque el oro es poquita 
«holgó de quedarse aquí so cierto con- «cantidad.. . Se funde poco, porque no 
«cierto que con él tomamos. Después » tenemos sino un par de fuelles.» El 
» ha hecho unos fuelles.... De lis betas mencionado alemán se llamaba Juan 
» de las dichas sierras salen de cien 1¡- Tezel, y se habla de él mas adelante, 
«bras cincuenta y cinco e sesenta de 



DE LA ISLA DE CUBA. 179 

vilegiada del país, también hablaban en el nombre de 
las otras dos de su población cuyos intereses y deseos 
eran tan diferentes como los de los indios y los negros. 
Apoyó esta gestión hasta el mismo Lope Hurtado, rara- 
mente acorde con la opinión de los demás , recomen- 
dando entonces el proceder de Dávila con la misma 
vehemencia que empleó después en denunciar sus des- 
aciertos. 

En la residencia que tomó á los funcionarios de la 
époea anterior Dávila, los trató á todos con blandura, 
lastimando en sus pliegos á la corte solo al obispo, que 
partió para Sevilla á fin de aquel verano á hacer renun- 
cia de su pobre mitra y restituirse á su antiguo con- 
vento de las Cuevas. Obtuvo facultad para testar seis 
mil ducados, y falleció en 30 de mayo de 1547, desti- 
nando parte de ellos á la fábrica de su catedral que ha^ 
bia dejado suspendida. 

Provistos los asuntos de Santiago, Dávila estableció 
como lugar-teniente suyo á un Juan de Aguilar que, si 
damos crédito á un texto de su tiempo , « asoló aquella 
• tierra con robos é. injusticias ^.5 Después de visitará 
Baracoa y Bayamo se trasladó á la Habana á fin de no- 
viembre. Con los regidores de esta villa discurrió habi- 
litar una casa para hospital donde pudieran asistirse 
los marineros de los buques y los pobres , todo por der- 
rama convenida entre ellos y el vecindario , porque aun 
carecia de fondos públicos de propios. Empleó además 
en reparar la primitiva Fuerza la corta asignación se- 
ñalada para esa obra, que calificó^ de «mala y mal 

' « Carta de Lope Hurtado al Empe- « Carta de J. DáTÜa al Emperador 
rador en 25 de junio de 1516. — Colee, desde la Habana en 31 de marzo de 
de Muñoz, tomo tXXXIV. 1545 —Colee, de Muñoz, t. LXXXIV, 



180 msTORiA 

» trazada y aquel gasto de ociosso. » La faltaba todavía 
su principal elemento de defensa , artillería , y por 
gestión suya se remitieron luego seis cañones, nom- 
brándose nuevo castellano ó comandante en lugar de 
Aceituno que clamaba por volverse á España á su va- 
leroso sucesor Juan de Lobera , cuñado del teniente á 
guerra Juan de Rojas Manrique. 

Sabedor ya del mal éxito de la gestión de los procu- 
radores en la corte , publicó por marzo las nuevas orde- 
nanzas en la Habana , donde menos intereses creados 
lastimaban , no habiendo allí saca de oro ni explotación 
de minerales, únicas tareas en que prohibían aplicar 
los brazos de los indios. 

Seguía con el gobierno de esa villa el mismo Rojas 
Manrique, á quien Soto dejó con ese cargo. Por su con- 
sejo rogó Dávila al Emperador que autorizara y socor- 
riese para abrir una zanja desde la población al punto 
mas cercano del rio Almendares ó Chorrera, que ser- 
pentea á distancia de una legua hacia el poniente. Pero 
al proponer la obra descuidó explicar que no habia en 
la Habana otra manera de surtir de un renglón tan pre- 
ciso al vecindario y á los buques que fondeaban en su 
puerto; y esa omisión entorpeció luego la aprobación 
del proyecto mucho tiempo. 

A hacer aguada allí entró por su desgracia la embar- 
cación en que venia Lugo , gobernador de Santa Marta. 
Al saquear este pueblo los franceses habíase dado maña 
para conservar su caudal y sus joyas con aumento, donde 
todos los más habían perdido el suyo. Le acusaron de 
concusión ante la audiencia que advertida á tiempo 
de su intento de salvar lo que traía usurpado, cometió 
á Dávila el encargo de embargárselo. Este lo cumplió 



DE LA ISLA DE CUBA. 181 

remitiendo á aquel tribunal bajo inventario algún oro y 
pedrería, pero sin librarse él mismo después de desfa- 
vorables conjeturas y de denuncias por su manejo en el 
modo de desempeñar su comisión. La riqueza que en- 
contró en poder de Lugo, contrastando con la miseria 
de la población en donde -habia mandado, acaso indujo 
á Dávila á solicitar del Emperador otro destino ' en In- 
dias cuando le dio cuenta de sus actos en la Habana y 
del embargo del caudal de Lugo. 

En el siguiente abril volvió para Santiago, en donde 
halló cédulas reales exigiendo la ejecución de las nuevas 
ordenanzas, sin consideraciones, ni demoras, y deses- 
timando los memoriales que enviáronlos ayuntamien- 
tos á la corte en solicitud de que se suspendiesen. Ya 
agriados los vecinos con los manejos y arbitrariedades 
de Aguijar, desesperáronse al saber que las nuevas or- 
denanzas eximiendo á los indios del trabajo de las minas 
concluirian lo mismo con su escasa explotación de cobre, 
que con los restos de su corta extracción de granos de 
oro. Pero sus inquietudes se aplacaron por entonces. 
Cediendo al ascendiente de doña Guiomar, su amiga á 
la sazón y luego su consorte , avínose el licenciado á 
tolerarles que por el resto del año conservara allí cada 
cual en sus laboreos los indios que tuviese, dando así 
espacio para reproducir nuevas gestiones en la corte. 
Esto era solo en aquella ciudad. 

Al mismo tiempo y con injusticia indisculpable hizo 
ejecutar las ordenanzas en Bayamo y Baracoa , como si 
con necesidades y derechos semejantes no mereciesen 



'"Véase la misma carta de Dávila aP Colee, de Muñoz, tomo LXXXIV. 
Emperador en 31 de marzo de 1545. •-* 



18^ HISTORIA 

SUS vecinos igual indulgencia que los de Santiago. En 
ambos pueblos eximió á los indios de toda faena dura, y 
aun tomó allí providencias depresivas para el poblador 
de mayor crédito en la isla. Al ausentarse para el Perú 
Manuel de Rojas ^ harto de compromisos y miserias, ha- 
biá dejado sus haciendas de Bayamo con mas de ciento 
cincuenta indios encomendados al segundo de sus hijos' 
Juan de Henestrosa , llamado así porque llevaba el ape- 
llido de su madre. Sin atender á los respetos que mere- 
cía Rojas ni á su ausencia , solo porque carecía de in- 
significantes formalidades aquel traspaso de caudal á su 
hijo, lo dio por nulo Dávila y aun intentó repartir los 
indios de su antecesor entre algunos protegidos. Pero 
representó Henestrosa sus derechos con vehemencia á 
los jueces de la Española y al Rey mismo ; apoyaron su 
representación los municipales de Bayamo, y le ordenó 
la audiencia al gobernador que sin excusa le repusiese 
en posesión de los encomendados. 

Continuaban las guerras con la Francia. Del arma- 
mento deRoberval, marino de esta nación y uno de los 
descubridores de la costa septentrional de América , á 
la sazón muy afanosos por buscar paso al Pacífico por 
el San Lorenzo, se destacaban al S. algunas naves á 
corsear contra las españolas. Una carabela y un patache 
con mas de cien franceses acometieron en enero de 
1 546 á Baracoa , cuyos vecinos principales se hallaban 



» Según carta del prior de Bayamo, se estableció y tenia repartimientos de 
Oarcia de Burgos, dirigida al obispo indios, su hijo Juan de Henestrosa 
Sarmiento en 14 de julio de lo46, y conservaba- todo lo que el padre tenia 
contenida en el tomo XCII de la Colee, en Bayamo, unos ciento cincuenta lu- 
de Muñoz, Manuel de Rojas hacia tres dios.... Era mancebo de veintitrés ó 
años se habla marchado al Perú, donde veinticuatro años. 



DE L\ ISLA DE CUBA. 183 

ausentes repitiendo inútiles instancias para que les de- 
volvieran sus indios en Santiago. Ninguna resistencia 
hallaron allí los agresores, porque casi lodos los que 
babian permanecido en aquel pueblo le desampararon. 
Pero no llegó el botin de tan pobre lugar á dos mil 
pesos, sin varias prendas de oro; é hiciéronse luego á 
la vela los dos barcos con la mira de buscarlo mayor 
corseando por el canal viejo y regresar después por el 
nuevo á Terranova. 

Al desembocar por las aguas de la actual Matanzas 
sobrevino una tormenta que separó á aquellas dos na- 
ves francesas. La carabera se perdió de vista y tuvo el 
patache que entrar á refugiarse en el puerto de la Ha- 
bana que aun seguía sin defensa, hallándose además en 
aquella ocasión casi sin hombres , entretenidos los más 
de sus vecinos en las labores y siembras de sus predios. 
El fortín fabricado por Aceituno y llamado ya la Fuer- 
za, aun no había recibido sus cañones. La debilidad 
del lugar cambió al instante en el de dominadores im- 
periosos el carácter de refugiados con que se presenta- 
ron allí los del patache. Amenazaron con entregar á 
las llamas el pobre aunque nuevo caserío, si no se 
lo rescataba á buen precio el vecindario. Rojas que aun 
gobernaba allí , disimulando la ira por la impotencia de 
castigar tanta osadía , logró reducir la suma del rescate 
á setecientos ducados y verlos alejarse satisfechos hacia 
sotavento. Pero algunas horas después de su salida lle- 
garon de Veracruz tres naos mercantes. Hízoles Rojas 
sin demora depositar en su poder sus cargamentos y las 
despachó en persecución de los franceses, diestros y 
aguerridos marinos , al paso que forzados y visónos sus 
perseguidores. Avistáronse hacia el Mariel , y se dis^ 



184 HISTORIA 

ponia el patache á huir á lodo trapo cuando observó 
que, en lugar de apresurarse á darle alcance la mas ve-* 
lera de las tres embarcaciones, acortaba su marcha 
dando tiempo á que llegaran las otras dos á reforzarla. 
Estimando por tal muestra la condición de su marinería 
viró de bordo el francés, cambiando ahora también su 
carácter de perseguido por el de perseguidor. Su afor- 
tunada temeridad llegó hasta el punto de seguir dando 
caza á las tres embarcaciones hasta el puerto y á exigir 
de Rojas una segunda suma igual á la primera. 

Mientras sufrían esas afrentas Baracoa y la Habana, 
en Santiago se habia cambiado en desafecto y despres- 
tigio la estimación que antes tenian á Dávüa , que al 
tomar á su dama por esposa se identificó con su codicia 
y sus enemistades , sin perdonar medio de satisfacér- 
selas. Además de consentirla que. beneficiara el trabajo 
de los indios embargados á otros, sentenció en su favor 
todos los pleitos que seguía contra varios vecinos; y 
con alardes de legalidad por otro lado fué el primer 
gobernador que se mostrase inexorable en exigir dere- 
chos de todos los artículos de consumo á los maestres 
de las pocas naves que acudían á contratar al puerto. 
Ese rigor tan desusado por sus antecesores , acabó de 
agriar contra él todos los ánimos, y originó quejas bas- 
tantes para que la audiencia comisionase para suspen- 
derle, residenciarle y relevarle en sus funciones de jus- 
ticia al licenciado Antonio Esteve por febrero de 1546. 

Esleve le tomó la vara y formó causa, mas con tal 
lenidad que le acusaron Lope Hurtado y otros quere- 
llantes de informar á su encausado con anticipación de 
lo que deponían contra él para que asi mejor se descar- 
gase luego. Y no se limitaron á eso las quejas contra 



' DÉ LA ISLA DE CUBA. 185 

Esteve. Acusáronle en la corte de haber ido á Santia- 
go, mas que á administrar justicia, á vender negros y 
comprar efectos por su cuenta y por la de los demás 
ministros de la audiencia. 

Viendo este tribunal que las quejas contra Dáviia 
comprometian hasta á su mismo juez, expidió provisión 
^ para que fuese á gobernar á Cuba el licenciado Antonio 
de Chaves ^, que presentó su título en Santiago en 5 de 
junio de 1546. Luego el Emperador le confirmó este 
nombramiento , y consiguieron sus providencias acallar 
la mordacidad de los murmuradores que eran otros tan- 
tos como los habitantes. « Chaves vino. De que todos se 
» han alegrado. Agora ya hai justicia en la isla ^^ » Esto 
escribía al monarca algunas semanas después de su lle- 
gada el mas descontentadizo de los funcionarios de San- 
tiago, el tesorero Lope Hurtado. 

<iLa isla estaba perdida ",» participó Chaves , (( ansi 
n por la cédula de no echar indios á minas sobre que 
» van poderes de los procuradores de la isla á mi her- 
» mano , como por las discordias de los oficiales reales, 
» de que nacen malos tratamientos á mercaderes i 
» maestros de naves, causa de no venir sino poquíssi- 
> mas, i estar perdida la contratación. Veré de conci- 
» liarlos ó poner remedio fuerte. » 

Fuéle á Chaves prevenido por aquel tribunal que re- 
sidenciara á Juanes Dáviia , considerando justamente 
como nula la pesquisa que por pura fórmula le habia 



• Véase su nota biográfica, pág. 233, " Véase lomo XCIÍ de la Colee, de 

tomoII.Dfc. Geogr., Estad, t Hitt. de Muñoz; comunicación de Chaves ai 

la Isla de Cuba por el A. obispo de Santo Domingo en 30 de ju- 

*o Véase lomo XCII de la Colee, de nio de 15'46. 
Bluñoz. 



186 HISTORIA 

seguido Esteve. Formóle causa y resultaron cargos que 
no pudo desvanecer el encausado. Desentendiéndose 
Chaves de los ruegos, los ofrecimientos y aun de las 
amenazas de su dominante esposa, le envió preso con 
los autos á Sevilla á fines de año. Atrajo así á aquel 
gobernador este acto de justicia los resentimientos de 
los dos mas considerables de los tres partidos que di- 
vidían entonces á Santiago y á Bjyamo , el de doña 
Guioraar y el de los interesados en eludir el cumpli- 
miento de las ordenanzas**. Subió esa enemistad de 
punto cuando Chaves obligó á pagar los rezagos que 
por diezmos, quintos y almojarifazgos estaban muchos 
adeudando al fisco. Menos el tesorero que se la aplau- 
dió, se la calificaron de extremadamente rigorosa casi 
todos ios demás funcionarios á quienes afectó aquella 
resolución como mas ó menos deudores á la Hacienda. 
De forma que de aquellas tres banderías á pocos meses 
de tener la vara aquel gobernador tan aceptado por 
ellos al tomarla , ya no tenia sino á la mas escasa y á 
la menos simpática y activa , la de los pocos hombres 
de orden y de juicio que vivían oscurecidos en aquellos 
pueblos. Los regidores Miguel Velazquez y Juan de Ra- 
banel, enemigos de Dávila los dos, y alcaldes de Santiago 
en 1547, en cartas al obispo Sarmiento que estaba ya 
en Sevilla , sin poderle censurar ni un hecho á Chaves, 
solo se limitaron á calificarlo de descompuesto en sus 



** En el tomo XCII de la Colee, de «tendiendo la adoren todos, porque él 

Muñoz se extracta una carta del Jlicen- » no lo ha hecho , le ha calunaniado, 

ciado Antonio de Chaves, fechada en » movido mil enredos y escrito á la cór- 

Santiago en 17 de febrero de 1347. El »tc. .. que él ha hecho Justicia, aun- 

extracto dice así : = Quéjase mucho del »que no tanta como debia, porque no 

»D.* Guiomar de Guzman, que pre- «pensara que abusaba de su autoridad.» 



DE LA ISLA DE CUBA. 187 

palabras, añadiendo vagamente ^^ : «Otro que tal. ¡Triste 
«tierra, como tiranizada y de señoríol»Dos dias des- 
pués, en 20 de febrero, el contador y el regidor Juan de 
Agrámente en otra epístola á Sarmiento se explicaron 
todavía con mas saña contra el licenciado , pero con 
vaguedad mayor aun y sin articular contra su conducta 
cargo alguno. 

Esas quejas solo eran desahogos de un malestar ori- 
ginado por causas de mas hondo efecto que el manejo 
errado ó feliz , justo ó injusto de tal ó cual gobernador. 
Era natural qre de una ú otra forma se exhalaran de 
una tierra insultada por corsarios y empobrecida por 
el desmedro de su cria caballar, su principal renglón 
de tráfico, y por el abandono en fin de sus habitan- 
tes mas notables que pasaban á mejorar de suerte en 
otras posesiones. A mil pesos llegaron los diezmos recau- 
dados en toda la isla en 1 547, que harian computar solo 
en diez mil la producción total de los cultivos si no 
fuera entonces, como en tres siglos después, un uno por 
ciento en realidad aquella antigua renta. El descontento 
no lo originaba , pues , mas que la miseria ; y Chaves 
discurrió á lo menos aliviarla procurando estimular dos 
ramos de fomento , el cultivo de la caña que tan buenos 
frutos estaba ya dando en la Española y que no era aun 
en Cuba conocido , y la explotación de los cobres que 
años atrás habia descubierto Hernando Gómez Lobo en 
cerros cercanos á Santiago. 

En cuanto á lo primero consiguió que adelantara el 
fisco dos mil pesos á un vecino que sembró allí caña en 



** Véase tomo XLII de la Colee, de dores á aquel prelado en 18 de febrero 
Muñoz la carta dirigida por estos regí- de 1547» 



188 HISTORIA 

terrenos al fondo de la bahía , y aderezó para molerla 
el imperfecto y primitivo trapiche empleado en Santo 
Domingo. Pero tuvieron que ser muy lentos sus progre- 
sos. Estaba prohibida la aplicación de indios á tan re- 
cias faenas, y los negros africanos aun eran poquísimos. 
Ni Chaves ni sus inmediatos sucesores lograron resul- 
tado de aquel primer ensayo de un ramo de cultivo 
destinado á ser el primero en toda la isla andando el 
tiempo. 

Con respecto á lo del cobre se mostró tan poco satis- 
fecho Chaves como los vecinos del arte que para su 
explotación se estaba dando el fundidor Gaspar Lema- 
nes. Para reemplazarlo con ventaja aprovecháronse de 
que aportara en Santiago otro fundidor llamado Juan 
Tezel , uno de los alemanes que con Pedro Alfinger 
hablan ido á colonizar á Costa Firme invitándole á re- 
conocer aquellos cerros. Tezel fundió dos quintales de 
excelente cobre dulce en presencia del mismo goberna- 
dor, y resucitando las esperanzas de los Santiagueses, se 
marchó á España á capitular asiento con el Emperador 
para la explotación de aquellas ricas vetas, improduc- 
tivas sin embargo en los dos años que duró la ausencia 
del minero. 

Por mayo de 1 547 recibió Chaves del Emperador 
cédula de 1 1 de febrero para que pasara á la Habana á 
computar y dar principio á la traida de las aguas del 
Chorrera que habia propuesto Dávila como lo exigía una 
imperiosa necesidad de aquella villa. Dejó en Santiago 
por teniente suyo á Francisco de Parada, mozo pru- 
dente y esiiníado , y se trasladó con gran fatiga á cum- 
plir con su encargo en aquel punto. Por faltar en el 
archivo de Indias muchos documentos ^ así como las 



DE LA ISLA DE CUBA. 189 

actas del cabildo de esos años , no se determina mejor 
ni la fecha de su traslación ni sus providencias en aque- 
lla villa. Aparecen no obstante testimonios posteriores 
de que Chaves desempeñó su comisión prolijamente. En 
escrito veraz y razonado demostró al Emperador que 
estaba aquel vecindario reducido á proveerse de un 
solo algibe público **, y que para renovar sus aguadas 
las embarcaciones que empezaban ya allí á afluir y hacer 
escala entre ambos continentes, tenia n que destacar sus 
lanchase surtirse en la embocadura de aquel rio, una 
legua distante á sotavento. Calculaba en cincuenta rail 
pesos el coste de la apertura de una sola acequia desde 
e! pueblo hasta e! punto mas inmediato de la margen; 
pero no hallaba en tan pobre lugar recurso alguno para 
una obra tan superior entonces á sus fuerzas, aunque tan 
precisa. El resultado de esta gestión fué solo alcanzar 
en 16 del siguiente mayo una Real cédula autorizándole 
á discurrir arbitrios para principiarla ^^ Ninguno encon- 
tró Chaves mejor que el de una sisa moderada sobre 
artículos de público consumo ; y de acuerdo con el 
ayuntamiento la estableció en aquel mismo año sobre el 
vino, la carne y el jabón que se vendiera. Nombróse un 
tesorero recaudador del nuevo impuesto , y este fué el 
principio de aquella antigua exacción conocida con el 
nombre de « sisa de la Zanja , » que como todos los de 



" <♦ Colee, de Muñoz, tomo LXXXI V. *^ La primera Real licencia para abrir 

= Licenciado Antonio de Chaves al la zanja y traer las aguas del Almen- 

Emperador, sin fecha.= «Llegué á esta dares fué comunicada á Cbaves , según 

• cibdad en 4 de junio.... Las nuevas acta del cabildo del 29 de agosto de 1550. 

• leyes todas hago cumplir.... En San Hasta veintidós cartas de la época de 
» Cristóbal de la Habana es muy neces- Cbaves copia ó extracta la Colee, de 
osario traer el agua que dicen de la Muñoz ; todaí las hemos reproducido en 
> Chorrera hasta la villa, » etc., etc. la nuestra. 



190 HISTORIA ' 

SU índole duró mucho más que la necesidad que lo 
inspiró teniendo después otras aplicaciones. 

También Chaves demostró la conveniencia de reducir 
en la Habana la moneda á su valor intrínseco, á treinta 
y cuatro maravedises el vellón y en la misma proporción 
el llamado tostón macuquino de Nuev^ España, equiva- 
lente á nuestra actual peseta, que arbitrariamente circu- 
laban allí por cuarenta y en esta proporción la otra.mo- . 
neda, por amaños de los logreros , so pretexto de facililaf 
los tratos con los navegantes y forasteros de los flotas. 

A fines de 1549 dejó allí aquel gobernador por su 
lugar-teniente á Juan de Henestrosa, que por huir de 
emulaciones y enemistades en Bayamo, se había trasla- 
dado á la Habana con lo mejor de su caudal. Llamá- 
banle á Santiago ^ además de órdenes de la audiencia y 
muchas discordias que arreglar, el interés de adelantar 
la explotación del cobre sabiendo ya el regreso del mi- 
nero Juan Tezel , con ventajosa capitulación para ex- 
plotarlo y convertirlo en dulce. 

Como vimos había aflojado pronto Juanes Dávila en 
el empeño con que vino de hacer observar en la isla las 
nuevas ordenanzas para la emancipación y alivio de 
faenas á los indios. La resistencia de los colonos á acep- 
tarlas y las representaciones que dirigieron al Empera- 
dor por esa causa , además de la influencia de doña 
Guiomar, convirtieron su anterior celo en cumplirlas en 
tolerar que las eludiesen después. Pero como aquellas 
represenlaciones fueron desechadas todas y el prefe- 
rente encargo dado á Chaves habia sido el de poner en 
vigor las nuevas leyes sin cejar en su aplicación, sirvió 
pronto de blanco á tantos tiros como su antecesor por 
no haberlas observado. 



i 



DE LA ISLA DE CUBA, 191 

Para escribir este capítulo nos hemos guiado religiosamente por 
los extractos y copias de documentos que formó Muñoz de los ar- 
chivos y figuran con abundancia en el tomo LXXXIV de su CO" 
lección. Reproducimos aquí dos de los mas esenciales para mayor 
ilustración de la materia : 

Al Emperador en el Consejo. 5=5= Hernando de Castro. = Santiago 
20 de diciembre de \ 545. 

« En mucho tiempo no escreví temiendo me tomasse el Gober- 
» nador las cartas como ha fecho con quantas a podido. El fué á 
» possar en cassa de Guiomar de Guzman, viuda del contador Pedro 
» de Paz , en cuya possada a estado diez i ocho ú diez i nueve mes- 
» ses sentenciando siempre á su favor en trece ú catorce pleitos ; é 
» de diez dias acá se ha despossado con ella sin licencia de V. M. 
» Esta es de cincuenta é mas años i él de veinte i ocho ú treinta. 
» En su negocio andubo tan ciego como en la justicia. = Luego que 
» vino pregonó dos Ordenanzas Reales tocante á lo de los indios 
» é luego proveyó é consintió que sirviessen é cojiessen oro aquel 
» año de 544. Vuelto de la Habana proveyó que los indios cogies- 
» sen también oro en esta presente demora ; é en la Habana mos- 
» tro provission del Consejo para que los desta Isla se estoviessen 
» en el estado del tiempo passado.=Por sus recursos los maestres 
» é marineros que venian á esta Isla dejan de venir á contratar 
» é la nuestra está muy perdida. = Ha favorescido al tesorero Lope 
» Hurtado recebiéndole en las cuentas por descargo sus salarios de 
» tres Tinos i medio que estobo aussente é lo del tiempo que no dio 
» las debidas fianzas ; é porque yo requerí sobre esto , el tesorero 
» me tiene odio mortal , é fablando con él sobre la cuenta me dio 
» un palo en la cabeza de que me derribó , pensando quedaba 
« muerto. Yo sirvo há veinte años aquí ; ya no tengo edad ni fuer- 
» zas para ir á España como quissiera á informar de la Isla para 
» que no se pierda. » 

Al Emperador en el Consejo. = El' tesorero Lope Hurtado. •= San- 
tiago 25 de junio de \ 546 : 

« Diez i siete años há que soy aquí tesorero é salí de la cámara 
» de V. M. ; é siempre por decir verdad é no consentir maldades 
» contra la Real Hacienda soy perseguido. La culpa estobo en benir 

«Gobernadores sin letras Tii conciencia ). (Tal pinta á Juanes 

Dávila, añade Muñoz en el extracto, con el cual continúa esta carta 
y según el que aparece aquel gobernador como « soberbio y que 
«hizo muchos agravios,» etc., etc.). 

En el tomo LXXXV de la'susodicha Colee, de Muñoz aparece, en- 



192 



HISTORIA 



tre otros muchos de menos importancia , el siguiente documento:' 
Al Emperador en el Consejo. = Juan de Agramonte y oficiales 
reales. = Santiago 26 de mayo de 1548. 

(' Estamos muy conformes los Oficiales reales ; sépase quién cau- 
»saba las diferencias. = Porque no se ha de coger oro en adelante 
» faltarán los Quintos ; no habrá contratación , é de consiguiente 
» ni almojarifazgos. ¿De qué se pagarán los salarios? Toda la ex- 
« periencia está en que un vecino ha comenzado á hacer un in- 
» genio de azúcar é creemos se harán otros. En lo del cobre , Juan 
» Tezel , alemán aquien V. M. hizo merced, se ha ido tan flojamente 
>• que en un año que há que está en esta isla casi es nada lo que 
» ha hecho. Quiere nos obliguemos á pagarle de veinte uno ó can- 
» tidades demasiadas si ha de decir el secreto que trao para fundir 
» el cobre dulce. =Habrá ocho dias el gobernador Antonio de Cha- 
» ves y los Oficiales reales le obligamos á fundir en nuestra presen- 
» cia dos quintales de cobre dulce que enviamos agora para que se 
» haga labrar en Sevilla é se vea lo que es,^=]V]urió el factor Her- 
» nando de Castro en 17 de julio de 1547. Sirve interinamente Fran 
» cisco de Parada, vecino desta cibdad ,» etc., etc., etc. 



CAPÍTÜÍ.O SÉPTIMO, 



Gobierno del licenciado Gonzalo Pérez do Ángulo. — Ulinas de cobre. •- Despo- 
blación.— Negros. —Trasládase Ángulo á la Habana. — Reducción de la mo- 
neda á su valor intrínseco. —Sus cuestiones con el ayuntamiento. — Sale para 
Puerto Rico y vuelve. — Acusaciones contra él.— Invasiones de Santiago y 
de la Habana por corsarios franceses. — Heroica defensa del castillejo de la 
Fuerza por Juan de Lobera. — Ángulo sorprende á los franceses. — Su im- 
pericia. — Es recliazado por ios ccrsarios. — Incendio de la Habana.— Re- 
presentación del municipio al Rey contra Ángulo. —Tercer obispo, Fernando 
de ürango. 



En marzo de 1 550 llegó á Santiago á suceder á Cha- 
ves, y le tomó residencia, el licenciado Gonzalo Pérez 
de Ángulo ^ , qué , con todo su empeño en encontrarle 
cargos, logró solo formarle el de no poder prestar los 
tres mil pesos de fianza residencial que ios jueces acos- 
tumbraban asegurar entonces á los gobernadores encau- 
sados. A pesar de la pobreza de Chaves y de su inte- 
gridad en el manejo de las cosas públicas, en tan invo- 
luntaria falta halló Ángulo fundamento para arrestar á 
su antecesor y enviarle preso con los autos á Sevilla en 
primero del siguiente julio. Gran rectitud debió espe- 
rarse de los actos de quien con tanta severidad juzgaba 
los ajenos ^. 

* Véase su nota biográfica en la —Al Emperador el doctor Gonzalo Pe- 

pág. 29, tomo I, Dice. Geogr. , Estad. , rez de Ángulo desde Saníiago en 1.^ 

Uist. de la Isla de Cuba por el A. de julio de li55'0 : 

2 Colee, de Muñoz, tomo LXXXV. « Va la ressidencia del licenciado 

HIST. DE CUBA. — TOMO I. — 13 



194 HISTORIA 

La ninguna esperanza de encontrar mas oro por sus 
cercanías seguía animando á los de Santiago á explotar 
las minas del cobre. El minero alemán Tezel , desde an- 
tes de establecer sus artificios para fundir y dulcificar 
el metal, se negó cual era justo por más que así se lo 
exigiesen , á revelarles el secreto de su procedimiento ; 
y originó esa negativa divisiones que logró conciliar 
Francisco de Parada , que siguió mandando allí por co- 
misión de Ángulo. Por el tenor de su contrato no estaba 
Tezel obligado á enseñar el manejo de su fundición mas 
que á los esclavos trabajadores que le presentaran , y 
en lo que á sus respectivas faenas correspondiese, pero 
no á sus dueños. El resto de su vida, terminada unos 
veinte años después , lo empleó Tezel en fundir cobres 
muy buenos, pero que resultaban muy costosos con ios 
métodos de explotación que se seguían entonces ^ 

A instancia del contador Juan de Agrámente y de to- 
dos los vecinos, representó Ángulo al Emperador, que 
les hiciese adelantar de Nueva España algunas cantida- 
des para emprender la formación de ingenios y promo- 
ver así el aumento de las rentas públicas , aun insufi- 
cientes para pagar los cortos sueldos del gobernador y 
los demás empleados. El provincial de Dominicos del 



» Chaves i él presso por no aver dado » puesto otro teniente. Ansí por esto 

» fianzas de tres mil pesos que le pedí » como por dar orden como se traiga el 

» para presentarse á V. M.... Cristóbal » agua ai paraje que V. M. ba manda- 

» Gómez, teniente mío en la Habana, »do, partiré á la Habana dentro dos 

» ayiendo dado al través cerca de aquel » días. » 

• puerto una nao de Nueva-España, ^ ^^ ja Col. de Muñoz, t. LXXXV, 

«consintió que algunos della llevassen aparece una copia de una capitulación 

» plata e dineros i escapassen en el ba- entre el municipio de la ciudad de San- 

»tel ; y él metió también la mano. Hele tiago y el fundidor de cobres Juan Te- 

» mandado prender con otros tres i he lel, fechada en 27 de junio de 1550. 



DE LA ISLA DE CUBA. 195 

Perú, después de visitar á Cuba, acaloró aquella misma 
representación con otra que dirigió meses después desde 
Sevilla, añadiendo que la isla (f estaba despoblada *, y to- 
» talmente se perderla , si no iban á ella de España la- 
» bradores con mujeres é hijos , y con licencia para in- 
» troducir quinientos negros ; y si no se permitia además 
ȇ sus pobladores que introdujeran otros mil libres de 
«derechos, puesto que ya no se podia emplear á los in- 
» dios en las minas. » No obtuvieron otros resultados es- 
tas peticiones que una introducción de solos trescientos 
negros y una promesa de abonar el anticipo para inge- 
nios á los que garantizaran el cumplimiento de su com- 
promiso. Pero por entonces esa promesa no llegó á cum- 
plirse, porque vallan menos los anticipos que las ga- 
rantías. 

A principios de junio zozobró y se perdió al entrar 
en el puerto de la Habana una embarcación de Vera- 
cruz cargada de grana , añil , dinero y barras de oro y 
plata. Aprovecháronse de la desgracia el maestre y ma- 
rineros de la nave para fugarse con lo mejor en la fa- 
lúa , sobornando antes con una buena parte á Cristóbal 
Gómez, teniente á guerra y oficial real que para aquel 
lugar habia nombrado Ángulo, tanto para la averiguación 
de otros delitos como para acelerar la obra de la zanja 
y traida de las aguas del Chorrera. Púsose en camino el 
gobernador para la Habana en 3 de julio ; y después de 
visitar á Bayamo, Trinidad y Sancti-Spíritus, llegó á 
aquel pueblo á los dos meses, ya precedido por noticias 
de su genio atrabiliario y de su afición á granjerias. 

Predispuestos así contra él y antes de recibir de An- 

* Colee, de Muñoz, tomo tXXXVL 



196 HISTORIA 

gülo agravio alguno, exigiéronle inconsidcradamcnle 
varios regidores en la primera sesión que celebró con 
ellos la misma fianza de gobierno que liabia depositado 
al recibirse como gobernador en el cabildo de Santiago. 
Acalló con facilidad el licenciado la exigencia y funcionó 
desde luego sin oposición, nombrando por teniente suyo 
en la Habana en lugar del encausado Gómez á Juan de 
Ilenestrosa, vecino y capitular muy estimado. Pero 
como este se negase á aceptar el cargo, le obligó Án- 
gulo á lomarlo al mismo anciano Juan de Rojas Manri- 
que, que años atrás ya lo habia desempeñado como 
vimos. No tuvo por entonces consecuencias el desvío 
que desde un principio le manifestaron los capitulares 
de la Habana ; pero le bastó á Ángulo conocer su des- 
afecto para no desperdiciar después ocasión de hacerles 
sentir también el suyo. 

Para facilitar tratos y cambios entre los mercaderes 
y los navegantes, habíase hecho ya usual y permitido en 
la Habana , Veracruz y varios puertos de las Indias , el 
dar mas valor que el que tenia intrínsecamente á la im- 
perfecta moneda de aquel tiempo. El real, valiendo 
treinta y cuatro maravedises solamente, obtenía cua- 
renta cuando menos, y en épocas de flota y de cierto 
movimiento mercantil, hasta cuarenta y cuatro. Perni- 
ciosa novedad , solamente favorable á contados usureros 
que con los agios del cambio de moneda imponían su 
yugo 'á los demás vecinos , comprando aquellos mismos 
reales por su valor verdadero en la Península para 
venderlos en aquellos puertos por él que en ellos se les 
iba dando. El fesullado de las quejas que sobre tan in- 
moral manejo se elevaron , fue que se promulgase en 
Yalladolid en 2 de seticm.bre de 1549, una real cédula 



I 



DE LA ISLA DE CUBA. 197 

imponiendo multa de diez mil maravedises al que no lo- 
mase ó recibiese en la Habana y otros puertos de Indias 
los reales por el intrínseco valor de treinta y cuatro 
Daravedises que tenia en España. Llevaba ya meses 
Ángulo de dominar con su imperiosa voluntad al muni- 
cipio, cuando llegó á sus manos una providencia que, 
evitando diarios quebrantóse los más, iba á privar de 
reprobados logros á los menos. Ó porque él y sus par- 
ciales se interesaran en aquella granjeria, ó por causas 
que no explica Urrutia ni otro texto, abusó de su re- 
presentación y de sus frases para interesar al ayunta-' 
miento en la suspensión de su observancia. La calificó 
de perjudicial al procomún cuando solo lo era para al- 
gunos, consiguiendo en sesión de fin de junio de 1 550, 
que «se obedeciese y no se cumpliese: » absurdo juego de 
palabras que emplearon las autoridades desde que em- 
pezó á haberlas en las Indias, en casos de esa especie y 
otros , como si lo que no se cumplía pudiera obedecerse. 
Pero dias después, en 10 do julio, para resguardar su 
responsabilidad como gobernador de las resultas de una 
desobediencia verdadera, mandó, por bando, que to- 
dos declarasen el metálico que tenían en su poder. Una 
disposición tan diferente de la concertada con el ayun- 
tamiento alarmó á los alcaldes y á los regidores, que 
enviaron á Juan de Uribe reservadamente con sus pode- 
res á la corte para demostrar al Rey que no había depen- 
dido de su voluntad , sino del mismo Ángulo, la falla de 
cumplimiento á su mandato. El comisionado se trasladó 
á Sevilla con la flota que regresó en aquel verano ^ 



^ En su Teatro hislórico y polillco de se extiende D. Ignacio Je Urfulla en 
la Isla ^ lib. VI, que no ha yísIo la luz, detillar las coiitrovcrsius y queicllug 



19á HISTORIA 

Tomada esa precaución coa tal sigilo que ni el sus- 
picaz Ángulo pudo recelársela , ínterin se acababa de 
resolver lo del valor de la moneda, ocupóse el ayunta- 
miento con el gobernador en arreglos del abasto público, 
que, aunque corto para el vecindario todavía, empezaba 
ya á ser considerable con el suministro de los bajeles 
sueltos y las flotas. También se ocuparon de las fábricas 
de una iglesia parroquial y un hospital , bajo la interven- 
ción de Juan de Rojas; y se tomaron desde entonces va- 
rias providencias para impedir el corte de cedros y cao- 
bas en el bosque que cercaba al pueblo ; para que no se 
vendiera vino, ni aguardiente, ni se permitiera usar ar- 
mas á los esclavos. Entonces se empezaron á abrir las 
acequias de la zanja , pero sin que los productos de la 
sisa establecida para aquel objeto sobre algunos artícu- 
los de consumo , alcanzaran á cubrir los gastos de una 
obra que habia Chaves calculado en un millón de rea- 
les. Se crearon también por este tiempo algunos propios 
y arbitrios para una población que aun no tenia nin- 
gunos, siendo el principal arrendar anualmente la carga 
y descarga de las naves. 

Mientras cursaban estos asuntos ordinarios, agitaba 
el comisionado Uribe sus gestiones en la corte hasta que 
en Real cédula de 20 de julio de 1 551 , que Ángulo re- 
cibió después de algunos meses , se le dirigieron agrias 
reconvenciones y apercibimientos. Ese documento con el 
hostil mensaje de aquel apoderado acabó de revelarle 
toda la enemistad de sus poderdantes; pero en lugar 

íjufe ocurrieron entre el doctor Ángulo de aquel tiempo. Del manuscrito iné- 

y les municipales de la Habana con rao- dito que nos prestaron, hicimos copiar 

tivo de las alteraciones del valor de la unas veinte hojas que están comprendi- 

moneda y sobre otras particularidades das en nuestra colección. 



DE LA ISLA DE CUBA. 199 

de exaliarle , le excitó á devolverles el tiro con usura , 
imitando también el disimulo de sus desafectos. Los re- 
gidores, entre tanto, mas recelosos de su aparente calma 
que de un abierto enojo, decididos á parar sus golpes y 
á evitar las eslorsiones que causaba al vecindario cierto 
Calixto Calderón, agente del gobernador, se reunieron 
secretamente para nombrar un nuevo apoderado que 
pasara con brevedad á Santo Domingo á exponer sus 
agravios contra Ángulo, y reclamar de la audiencia un 
juez que viniese á residenciarlo y suspenderlo. 

Por excusar disturbios en la Habana , ordenó luego 
aquel tribunal al gobernador que se trasladase á residir, 
como sus antecesores, en Santiago, prohibiéndole dedi- 
carse á granjerias. Viendo que un mes y otro mes se 
desentendía Ángulo de cumplir con el mandato , concern- 
iéronse de nuevo los capitulares en 5 de noviembre 
de 1 552, reuniéndose en sesión secreta en una casa que 
servia de cárcel. Sorprendiólos allí Ángulo, que hacia 
ya observar todos sus pasos. Hombre de verbosidad el 
licenciado, les rebatió allí sus excusas sobre la impro- 
piedad del lugar donde tenian su junta, y les estrechó 
á confesar el objetó que la motivaba; mas no sin oir 
de uno de ellos, del alcaide de la Fuerza Juan de Lobe- 
ra ^, razones que apoyaron los más de sus compañeros, 
animados con su ejemplo. Impuso el gobernador algunos 
dias de arresto á sus contradictores ; pero temiendo las 
consecuencias de algún nuevo recurso, se embarcó repen- 
tinamente para San Juan de Puerto Rico á mediados de 
aquel mes, «llevándose consigo, » dice Urrutia, «la ma- 



* Véase su nota biogfáficai pág; 52?, de la Isla de Cuba por el autorj 
tomo 111 , Dicc^ G(ogr. > Estad. , ffiíí. 



^ÜO IIIáTOillA 

))yor parte de sus bienes, y dejando en paz á la villa , » 
gobernada por Juan de Rojis en su ausencia, y los oíros 
pueblos de la isla administrados por sus tenientes á 
guerra y sus justicias ordinarias'. 

Duró poco el sosiego. A fin del siguiente marzo hubo 
noticia de andar por las costas de la América central 
naves de Francia en guerra entonces con España, y au- 
mentó la turbación de los ánimos la pérdida de una flota 
de Veracruz^ que después de haber hecho escala y re- 
parádose en la Habana, se anegó entre los bancos de 
Bahama y la costa de Florida. De catorce embarcaciones 
con mas de mil personas , no se salvaron mas que tres 
con unos doscientos individuos, entre ellos el padre do- 
minico Juan Ferrer ^, que con fatídico lenguaje les ha- 
bla vaticinado, al embarcarse en Veracruz, un aconte- 
cimiento tan adverso. Además, Ángulo, que no se habia 
ausentado sino para poner en recaudo su peculio, y 
ganarse algunas voluntades en la audiencia, se restituyó 
á principios de julio á su gobierno , renovándose luego 
con su regreso los disgustos y discordias y más aun con 
la resolución que tomó Juan de Rojas Manrique que mas 
se habia esforzado en serenarlas, de no volver á ocu- 
parse de ningún asunto público. 

Reanimado Ángulo con algunas disposiciones de aquel 
tribunal que le eran favorables y ya autorizado para 
residir en la Habana con achaque de peligros de corsa- 
rios , empezó por deponer á los alcaldes de aquel pueblo, 



' En 5 Je noviembre de 1Sü2 h.ibia que en la cas^ del goje.n^dor y bajo su 

mandado Augub, scgua acta del ayun- presidencia. 

tamieülo do aquella miáma fcclia, que ^ Ensa-jo cronolójico de la Florida 

bajo peni de la vida y conüscacion de por D. Gabriel de Cárdenas Caao, 1. 1, 
ble:. es, ol municipio no se reuniese mas 



DE LA 1SL\ DE CUBA. 201 

el licenciado Leonardo de Armendariz y Juan Gutiér- 
rez; encarceló á algunos regidores y acabó por reem- 
¡)lazar á todo el ayuntamiento con hechuras suyas. Pero 
no pudo impedir que Armendariz , su enemigo mas 
encarnizado , se fugara á la Española á denunciar sus 
atropellos y violencias y aun á exagerarlas con oscuros 
tintes. 

Una de sus acusaciones contra el licenciado era que 
tenia indios á su servicio y ganándole jornal , con pú- 
blica contravención de todas las reales cédulas que los 
eximian de servidumbre. Prevenido á tiempo Aijgulo 
para eludir los efectos de ese cargo y que nadie conser- 
vara indios tampoco cuando dejaba él de tenerlos, intimó 
por bando al vecindario que cuantos los tuviesen en su 
servicio ó dependencia , los presentaran ante su auto- 
ridad en breve plazo. Nadie los presentó y los declaró 
libres á todos , como si de años atrás no supiesen ya 
los indígenas que lo eran, y si la necesidad de sus- 
tentarse y do vivir civilizadamente no les obligara á 
pesar de su libertad á trabajar como las demás razas 
humanas. Hubo vecinos entonces que emigraron para 
Méjico y la Tierra Firme y otros muchos que se prepa- 
raron á imitarlos. 

Mientras crecían estas turbaciones en la Habana y 
redoblaban quejas sus moradores á la audiencia , un so- 
bresalto general se extendió por toda la isla con el per- 
cance que sufrió su capital Santiago en 1 de julio de 
1554, Dos navios de corsarios franceses sorprendieron 
al puerto y á la ciudad indefensa, estando la mayor 
paite de los vecinos en el cerro del Cobre ó en la cam* 
pina. Saquearon las casas y pusieron á rescate las fa- 
miliaa mas acomodadas incendiando algunos edificios» 



202 tllSTORÍA 

Mandábalos Jacques ó Santiago de Sores % experto des- 
cubridor y gran corsario, alejado de su país como lute- 
rano por la persecución contra el protestantismo, aunque 
autorizado por su Rey para corsear contra los españo- 
les y descubrir en el nuevo continente. Mas de un mes se 
mantuvo en aquel pueblo rechazando las hostilidades que 
le armó Parada. Trató en vano de penetrar por tierra 
de Bayamo; pero logró como ochenta mil pesos de presas 
y rescates , y zarpó de aquel puerto el 1 6 de agosto, 
temeroso de una espedicion que se aprestaba contra él 
en la Española. No hizo poco aquel corto vecindario con 
reparar los estragos de una invasión esquilmadora y lar- 
ga. Los cabildos eclesiástico y municipal con el ejemplo 
del capitán Parada se esmeraron en remediar los desas- 
tres de Santiago con anticipos y donativos de Bayamo. 
El soló alivio que recibió Cuba después de muy 
pasado ya aquel trance , fué que la audiencia agobiada 
de quejas contra Ángulo , nombrara para residen- 
ciarle al licenciado Bernardo Bernaldez en 27 de aquel 
mes*''. Pero el consuelo de los de la Habana se redujo 
á esa noticia grata, porque ios que favorecían al acu- 
sado-, retardaron la salida de su juez con anuncios de 
estar ya destituido, hasta que la fuerza de otro aconte- 
cimiento mas desastroso aun que el de Santiago hizo 
innecesaria luego su venida. 



* En las crónicas y biografías fian* «« Colee, de Muñoz, t. LXXXVlí» 

cesas, tan abundantes en noticias de pi- =La audiencia de Santo Domingo al 

ratas y corsarios de épocas posteriores, Emperador en 29 de agosto ISSÍ. = 

nada hemos hallado sobre este Jacques c Han venido muchas quejas contra el 

de Sores sino que habia sido compa- » Doctor Ángulo , gobernador de la 

ñero de Roberval y de los elplorádo- » Fernandina. Hemos proveído por su 

res de la costa septentrional de Amé- «juez de residencia al licenciado Ber- 

rica. » naldo Bernaldez , etc. » 



DÉ LA ISLA DE CUBA. 203 

Jacques de Sores después de su feliz invasión de San- 
tiago, sin salir del archipiélago de las Antillas, habíase 
•entretenido en corsear y poner á rescate algunas naves 
de esas islas. Por sus prisioneros supo que en la ruin y 
desprovista fortaleza de la Habana solian depositarse los 
caudales que poco á poco se buceaban de la flota últi- 
mamente naufragada en los bajíos de Bahama; y desper- 
tando ese anuncio su codicia, resolvió satisfacerla con 
otra tentativa contra un pueblo que , sin mas fuerzas 
que el otro para defenderse, le prometía mayores lo- 
gros. Contaba apenas la población con cien blancos que 
oponer á los que viniesen á atacarla. Reducíanse todos 
sus aprestos militares á cuatro cañones desechados de las 
flotas y montados en las troneras de su impropiamente 
llamada fortaleza, y á otros cuatro que en ausencia de 
Ángulo habia comprado de sus propios dineros su lugar- 
teniente Juan de Rojas. Al saberse el conflicto de San- 
tiago habíanlos allí puesto en un bastión ó reducto levan- 
tado con tierra á toda prisa mirando á la entrada del 
puerto y en la parte de su orilla que hoy corona el cas- 
tillo de la Punta, despejándose todo el espacio de ribera 
que desde aquel lugar se extiende hasta la Fuerza. Mas 
á excepción de las armas que alguno que otro vecino 
conservaba , no aparecían otras ni en la villa ni aun en 
el castillo que unos treinta arcabuces muy usados, con 
escasas municiones para las piezas, dos únicos artilleros 
prácticos para manejarlas y algunos vecinos que por 
turno y en.casos de rebato acudían á la guardia de aquel 
puesto. 

Bien informado de estos pormenores por un piloto 
portugués que no mucho antes residió en la villa, asomó 
aquel corsario por sus aguas con dos solas carabelas 



204 HISTORIA 

al alborear el 10 de julio de 1555. Al descubrirlas el 
vigía permanente en la atalaya, donde se levanta hoy el 
Morro, hizo la señal de alarma que, repetida por la 
Fuerza, puso en movimiento al vecindario. Ángulo que 
con otros muchos acudió al castillo, viendo que las dos 
embarcaciones sin ademan de pedir puerto, seguian ci- 
ñendo la costa á sotavento, dispuso que saliera una par- 
tida de vecinos montados á observarlas desde la ribeía. 
Pero así que las reconoció por enemigas , corrió á reco- 
ger su ajuar y su familia y ofreciendo al alcaide de la 
Fuerza volver á socorrerle, montó á caballo, y precipita- 
damente se fugó con ella y porción de los vecinos dando 
la vuelta al puerto hasta llegar á una reunión de estancias 
habitadas por muchos indígenas libertos que se nom- 
braba ya Guanabacoa. Entre tanto los ginetes destacados 
descubrieron á las dos carabelas arrimándose á la caleta 
llamada de San Lázaro , botando dos lanchas ó bateles, 
con los cuales desembarcaron mas de doscientos arcabu- 
ceros, armados los más de petos y de cascos y con ban- 
dera francesa desplegada. Cuantos pudieron se alejaron 
del pueblo al divisarlos avanzando en la mejor orde- 
nanza de combate. Luego penetraron los invasores en la 
población con igual desembarazo que si fuera amiga, 
aunque Íes avisaron dos cañonazos de la Fuerza que 
no lo era y que no habían de ocuparla sin algún tro- 
piezo. 

Gobernábala, como se dijo, el regidor Juan de Lobera, 
alcalde ordinario en aquel año y mozo de gran pecho 
como supo en el lance demostrarlo. Aunque fiando poco 
en el socorro ofrecido por Ángulo , resolvióse á defender 
su puesto, mucho menos atento á su flaqueza y peque- 
nez que á la dignidad del pabellón que en él ondeaba. 



PE U ISLA DE CUBA. 203 

Para ayudar á su esfuerzo no raas contaba allí que con 
diez y seis defensores entre españoles, indios y mesti- 
zos, armados de otros tantos arcabuces; aunque para 
embarazar la defensa se apiñaba en aquel corlo recinto 
gente inútil, ancianos, niños y mujeres, que no tuvie- 
ron lugar de huir á otra parte. 

Después de ocupado el pueblo y saqueadas sus casas 
y su templo , se apresuró Sores á utilizar las piezas 
que en el aturdimiento de la fuga hablan dejado aban- 
donadas los vecinos en la trinchera mirando á la marina 
donde está hoy la Punta ^\ El corsario las asestó contra 
el fortin mandado per Lobera ; imperfecto y reducido 
polígono de unas cien varas exteriores de muro bajo, sin 
foso ni estacada y cuyo ángulo ocupaba por levante una 
torre con habitaciones y fuegos hacia el puerto. No ima- 
ginándose que intentaran resistirle los de adentro, em- 
pezó por exhortarles á capitular con amenaza de pasarlos 
á cuchillo si al punto no se rendían sin condiciones. La 
respuesta del alcaide, según relación contemporánea y 
su propia ortografía, fué : «que ^^ tenia aquella artillería 
1» por S. M., que no la daria sin defendella y que no pen- 
» sase tomalla tan á su salvo como tomó el pueblo é la 
» otra artillería. » 

No tardó en cumplir Lobera su promesa. Aunque los 
muchos y diestros arcabuceros de Sores desde las casí s 



" Entre varias relaciones de la en- *^ Véase pág. 90, t. \¡l de Memorias 
trada á saco en la Habana del pirata de la Sociedad patriótica de la Habana 
francés Jacques de Sores, la mas im- en 1838. La relación contenida entre 
parcial es la que envió rauy posterior- las págs. 87 y 107 detalla, minuciosa- 
mente á aquella desgracia Diego de mente los lances de aquella invasión. El 
Mazariegos. Existe original en el Arch. original se hallaba en el Arch.dcSiman- 
de Sevilla en el legajo 2.° de Descrip- cas, donde aun hay muchos documentos 
cioncs y pohJaciones, de Indias que deberían estar en Scvill^. 



\ 



206 HISTORIA 

mas cercanas herían á los que se asoraaban más por las 
troneras y los cuatro cañones resquebrajaban con sus 
disparos aquellas débiles paredes, les mató la corta guar- 
nición en la refriega de aquel dia hasta nueve hombres 
á los sitiadores, además de rechazar á las dos carabelas 
que se arrimaron á hostilizar á la Fuerza por el puerto. 
La noche interrumpió tan desigual combate para vol- 
verlo á renovar al siguiente dia con mayor empeño. Al 
oscurecer del 11 no le quedaban ya á Lobera para se- 
guir resistiendo mas que cuatro arcabuceros en estado 
de pelear. Hablan muerto otros tantos y sido heridos los 
demás. Presumiendo Sores que si no empleaba otros 
medios se estrellarian sus esfuerzos contra aquellas 
tapias, como una hora después de anochecer aglomeró 
combustibles junto á la puerta de madera del fortín, y 
mientras las llamas la abrasaban , sus corsarios con las 
escaleras que pudieron recoger ó prevenir , lograron 
encaramarse al terraplén. Tuvieron entonces Lobera y 
sus cuatro hombres que refugiarse aceleradamente den- 
tro de la torre , donde pasaron la noche conservando el 
puesto y desoyendo los ruegos de los que les exhortaban 
á rendirse. Esforzábanse en dar tiempo á que Ángulo 
acudiera á socorrerlos. Pero una hora después de ama- 
necer el 1 2 y de descargar sus cuatro piezas sobre los 
franceses, siéndole ya imposible mas defensa, aceptó la 
capitulación , que le ofrecieron estipulando respetar las 
vidas de los de la torre y dejarlos libres sin rescate 
cuando se embarcaran. Amargo desengaño fué para So- 
res el descubrir que no existían fardos ni caudales en 
un fuerte donde solo durante la permanencia en el 
puerto de las flotas solían depositarse. Tuvo que resig- 
narse su codicia con las pocas monedas, las ropas, las 



DE LA ISLA DE CUBA. 207 

prendas de mas ó menos valor que á los rendidos se en- 
contraron. El rapaz corsario, sin respetar lo convenido, 
le arrebató á Lobera sus ahorros, unos dos mil pesos, su 
plata labrada y hasta un anillo que su esposa que estaba 
allí con él llevaba al dedo. 

Sometida la Fuerza , entraron las carabelas enemigas 
en el puerto , y Sores con lo mas escogido de su gente 
se acuarteló en la casa de Juan de Rojas , la mejor del 
pueblo : la misma que con su vetustez y sus reformas 
frente á la catedral actual resiste aun á los agravios de 
Ires siglos. Después de poner en libertad á las mujeres y 
á los niños hallados en el pueblo y en la torre, reteniendo 
allí arrestados á los que le pareció que podrían recobrar 
la suya por dinero, hizo en aquel edificio algunos prepa* 
rativos de defensa y permitió que parte de su fuerza se 
alojara en las casas inmediatas hasta negociar y asegurar 
el rescate total del vecindario. Para ese fin escribió Lo* 
bera de orden suya y desde la torre donde estaba prisio- 
nero una apremiante carta á Ángulo. El gobernador 
que por no creerla segura ni en Guanabacoa habia en- 
viado á su familia hasta una estancia de ganados á 
doce leguas á levante que se llamaba ya Bainoa, des- 
pachó desde allí á tratar de rescate con Sores á un 
P. Dominico llamado Alonso de Ulloa. Tan en poco se 
estimaba entonces á la Habana que no pasaron de dos 
mil pesos sus ofertas. Mas no aceptando el francés pro- 
posición tan baja, socolor de arreglar diferencias, le 
entretuvo el religioso en la negociación como tres dias 
en idas y venidas, dando así lugar á que el gobernador 
reuniese gente y para que supiera la facilidad con que 
podría sorprender de noche á los corsarios cuando estu- 
viesen desarmados y durmiendo en los alojamientos. 



208 HISTORIA 

En efecto, como dos horas antes de aclarar el18, 
penetró Ángulo atolondradamente por la villa con dos* 
cientos ochenta entre españoles, negros y mestizos, los 
menos con armas buenas, y la mayor parte á caballo. Pero 
permitió que acuchillaran á algunos franceses despreve- 
nidos en las casas; y dando lugar la algazara de su gente 
á que los demás se aprestaran á pelear en las viviendas, 
ya no pudo sorprender á Sores en la de Juan de Ro- 
jas, porque se puso allí aquel capitán sobre las armas 
con los setenta mejores de los suyos. Resuelto á todo el 
corsario en su primer despecho por el quebranto de la 
tregua, que de tal calificaba á la negociación del P. UUoa, 
se cebó en treinta y un ancianos y negros indefensos que 
guardaba presos. Todos fueron inhumanamente dego- 
llados en la parte inferior de un edificio que de horror 
no volvió á habitar su dueño y que se lo inspiró también 
á todo el vecindario. Si Lobera conservó la vida fué por 
permanecer aun en la torre , por la protección de sus 
guardianes, por sus voces y esfuerzos desde las alme- 
nas para contener y llamar á partido á los de Ángulo, 
que condescendió por su consejo á platicar con el fran- 
cés. Segunda imprudencia que le hizo perder en un 
momento el partido que podía sacar de la primera. En 
cuanto el mismo Sores que, alumbrado por algunas ha- 
chas, se asomó á parlamentar con él por un balcón, se 
apercibió de la traza y del aspecto de sus sitiadores, sus- 
pendió palabras. Indignado abrió las puertas y cerró so- 
bre ellos con espada en mano seguido de los suyos. 
Bastó tan inesperada arremetida para que se dispersaran 
llenos de pavura. Pero no todos estaban montados ni lo- 
graron salvarse como Ángulo. Cuarenta y cinco murieron 
en las calles, y algunos huyeron heridos de arcabuces. 



DE LA ISLA DE CUBA. 209 

Los franceses celebraron con gran tumulto y jactancia 
su victoria. Entretuviéronse seis dias en asegurar en sus 
naves cuanto podia tener aigun valor y en reducir el 
caserío á cenizas; y cuando nada les quedó que sacar de 
los escombros , se embarcaron é hicieron á la vela con 
buen tiempo en la noche del 5 al 6 de agosto. 

Hasta tal punto desapareció con tan feroz agresión la 
primitiva Habana , que excepto alguna rara fábrica de 
cantería , como la de Rojas , todas sus viviendas se vol- 
vieron ruinas. Mientras discurrían sobre reedificarlas 
sus abatidos moradores , albergados en grutas de fo- 
llaje , acabó de aniquilarles otra invasión de otros cor- 
sarios , menos pesada y menos cruel , pero mas humi- 
llante y mortificadora aun que la de Sores. 

El gobernador y los vecinos principales seguían re- 
fugiados en Guanabacoa, apartando la vista de un lu- 
gar que no les recordaba al uno mas que su ignominia 
y á los otros mas que su desastre, cuando al amanecer 
del 30 de setiembre doce franceses solos, en una sola 
lancha destacada de tres embarcaciones fondeadas en el 
Mariel , se entraron sin embarazo por el puerto y se 
apoderaron sin combate de una carabela cargada con 
mas de tres mil cueros, que con menguada suerte ha- 
bía arribado á los pocos dias de haber salido Sores. Tras 
la lancha vinieron también del Mariel á fondear y sur- 
tirse con sosiego de lo necesario los tres barcos mayo- 
res. Ahora Ángulo, lejos de hostilizarlos, empleó el oro 
y las súplicas para que no entrasen también á sangre y 
fuego donde nada quedaba ya que destruir ni que tomar. 
Nunca antes hubo menos gente para defender al lugar, 
ni forasteros que muchas veces solían quedarse de las 
flotas, ni embarcación armada, ni cañones, porque se 

HIST. DB OUBiL.— TOMO I. 14 



210 HISTORIA 

los llevó todos Sores, ni armas, ni aun manos capaces 
de empuñarlas ^^ 

Ó por úrgirle poco la explicación de sus ruindades 
propias , ó porque le faltara la ocasión , Ángulo no dio 
cuenta de aquellas desgracias á la corte hasta fin de año. 
Hízolo el 23 de diciembre sin calificar su conducta ni 
la de los demás ; pero en el mismo buque que sus plie- 
gos navegó también á ponerla mas en claro el mismo 
Lobera, con poderes de todo el vecindario para denun- 
ciarle y con una relación prolija de los hechos**. 



•' Ángulo hubiera podido evitarse 
sus sustos y cobardías en estas dos in- 
vasiones de corsarios si el que debia re- 
levarlo hubiese también podido venir 
antes á ocupar su puesto. Estaba nom- 
brado desde 30 de marzo de 1S65. 

" En la Colección de Muñoz, to- 
mo LXXXYII, hay copia de una de 
las comunicaciones en que Ángulo dio 
cuenta al Emperador de la invasión de 
Sores en la Habana, que está fechada 
en 23 de diciembre de 1555; es decir, 
mas de cinco meses después de la des- 
gracia y en unos términos que concuer- 
dan poco con la de los capitulares de la 
Habana, impresa en las Memorias de 
la Sociedad Económica de aquella ciu- 
dad. Dice Ángulo así en aquella carta: 

« Lo subcedido es que á diez de julio 
«deste pressente año dos navios de Fran- 
«cesses vinieron sobre este puerto, e tra- 
» yendo por guía un piloto portugués, 
» saltaron en una caleta que está media 
» legua deste pueblo ducientos hom- 
»bres, los mas dellos armados de co- 
»celetes, celadas i arcabuzes; e saquea- 
» ron e robaron el pueblo , tomaron la 
«fortaleza i artillería que estaba en 
»ella; e lo asolaron todo de maneía 



» que no quedó cossa por destruir; é hi- 
«cieron otros daños mas graves.... Es- 
»tando entendiendo en reparar el pue- 
»blo y edificar algunas cassas de paja, 
• adonde se recogiessen los vezinos.... 
» e pudiessen recebir las naos. ... A cua- 
» tro de octubre entraron.... otros fran- 
»cesses.... quando la primera entrada 
» nunca este pueblo estuvo tan solo. . . 
» No avia navio alguno i de los vezi- 
»nos.... faltaban.... i. de forasteros no 
»avia alguno.... Va con esta la rela- 
»cion de los vezinos que avia i que 
»ai.... Ai gran necessidad de fortificar 
y>e de presidio ó se irán los vezinos.... 
«Armas no las ai, ni gente de guarni- 
»cion. La torre i terraplén , aunque se 
» quemaron , á poca cesta se pondrán 
i-en defensa.... Repito mis súplicas 
» porque se provea gobernador para esta 
«isla. Estoy cansado ansí de la cosecha 
» desta tierra como fíestos infortunios.» 

Como se ve , Ángulo suprimía en esta 
carta todos los detalles que pudiesen 
poner en claro la ruindad de su conducta 
durante la invasión. 

En la relación nominal de los vecinos 
que residían en la Habana en 1 ° de ju- 
lio de 1S55, y que copia también el to- 



ÜE LA ISLA DE CUBA. 2H 

No solo de desastres como el de la Habana, sino de 
sus anteriores disensiones, se preservaron en la época 
de Ángulo los demás pueblos de la isla , excepto el de 
Santiago. Los del centro, conservados en quietud, aun- 
que había muerto ya Vasco Porcallo , se aumentaron 
con la población que junto á la costa septentrional se 
iba formando en un islote frontero al puerto que se lla- 
maba ya de Caibarien. El nuevo pueblo tomó el nom- 
bre de San Juan de los Remedios del Cayo. Por San- 
tiago y Bayamo gobernaba también con crédito y sosiego 
el capitán Francisco de Parada , destinando parte de su 
caudal á la enseñanza pública y varias obras pías, en 
tiempo de estar la mitra sin prelado. 

Después de rehusarla varios en España, cuando la dejó 
el P. Sarmiento, muerto en 30 de mayo de i 547 en 
el convento de Santa María de las Cuevas de Sevilla, 
la aceptó por obediencia el presbítero Fernando de 
Urango, natural de Azpeitia y catedrático de Salamanca. 
A la Diócesis Cubana , declarada sufragánea del Arzobis- 
pado de Santo Domingo, se la habia vuelto á incorporar 
la abadía mitrada de Jamaica, proporcionalmente tan 
escasa entonces como su matriz en diezmos y recursos. 



mo LXXXVII de la Colee, de Muñoz, los cuales ocho inútiles por su vejez y 
solo se expresan cincuenta y uno, de uno por enfermedad. 



Aunque la Colee, de Muñoz contenga ya pocos documentos rela- 
tivos á Cuba en la época que abraza este capítulo , hemos logrado 
esclarecerle con los manuscritos de Urrutia , con los libros de actas 
del ayuntamiento de la Habana y con algunas cartas del Arch. de 
Ind. de Sevilla , además de la relación publicada en el tomo VII de 
las Memorias de la Sociedad Patriótica de aquella ciudad. 



21^ HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA. 

Sobre el estado del mar central de América nos dice harto la 
carta dirigida en 24 de noviembre de 1554 al Emperador por Al- 
varo de Sosa que gobernaba entonces en Panamá , y cuyo texto 
es el siguiente : 

« Tres ú cuatro navios de francesses se han hecho señores de la 
» mar del Norte tanto como V. M. del rio de Sanlúcar ; é no ai 
» nao que no roben; por dó se pierde el trato de las islas. Habrá 
» treinta ú cuarenta dias saltaron en Santiago de Cuba trecientos 
» ú cuatrocientos dellos, todos arcabuzeros; se estobieron treinta 
» dias é llevaron mas de ochenta mil pessos. » == Colee, de Muñoz, 
tomo LXXXVn. 

En una copia que tenemos de una parte del Teatro histórico , po- 
lilico y militar de la i^la por D. Ignacio de Urrutia , vemos que con- 
sagró este escritor un larguísimo capítulo á referir los incidentes 
y cuestiones entre el gobernador Ángulo y el ayuntamiento de la 
Habana con motivo del arreglo del valor de la moneda y por otras 
materias. Sensible es que una obra tan superabundante en pun- 
tos secundarios, aparezca enteramente muda en otros mas impor- 
tantes para el objeto que se la inspiró á su autor. 

Aunque sin ningún detallé de los hechos de la invasión de Sores 
en la Habana , la de 23 de diciembre de \ 555 fué la sola carta en 
que oficialmente se la participó el gobernador Ángulo al Rey, cui- 
dando de no condenarse á sí mismo entrando en pormenores. Pero 
el ayuntamiento , cuyos individuos tenian tantos motivos para am- 
pliar las explicaciones de su desgracia como Ángulo para reservar- 
las, se apresuraron á dirigir al Rey una larga Relación de los estragos 
que los francesses corsarios icieron en la villa de la Abana c puerto della. 
Esta relación, copiada de la original que está en el archivo general 
de Simancas , ocupa veinte y una páginas del número de las Me- 
morias de la Sociedad Económica de la Habana , correspondiente á 
diciembre de 1838, en el tomo YII de aquella publicación, no des- 
mentida por ninguna otra de la época. Por eso nos ha servido para 
referir las dos invasiones de piratas franceses en aquella ciudad 
en ío55. No la publicamos en este lugar, así por su mucha exten- 
sión, como porque ya la insertaron aquellas Memorias. 



C4PÍTUL0 OCTAVO. 



tíobierno de Diog'í de Mazariegos. — Primera guarnición veterana de la Habana. 
. — Reinado de Felipe II. — Expedición de D. Tristan de Luna á la Florida. — 
Su mal éxito. — Expediciones de los protestantes franceses á la misma región. 
— Comisiona el rey de España á Pedro Menendez de Aviles para exterminar- 
los y conquistar aquella tierra. — Su viaje. —Su audacia. —Desembarco en la 
bahía de San A gustin. — Sorprende á los dos fuertes que tenían los franceses 
y los pasa á cuchillo. — Recorre la península de Florida y se apodera también 
del fuerte de Ais 



Al saber las desdichas de Cuba antes que el mismo 
soberano , el virey de Méjico, encargado de la protec- 
ción de la isla \ se apresura á tomar algunas providen- 
cias , cuyo resultado fué mas bien aliviar que remediar 
su desamparo. 

Desde 30 de marzo de 1 555 habia sido nombrado 
gobernador de Cuba un antiguo adalid de Cortés en su 
inmortal expedición á Méjico , el capitán Diego de Maza- 
riegos ^^ pacificador de los indios de Chiapa en aquel 

' Por muchas reales cédulas, unas en Nueva España , especialmente en la 

textuales, y otras extractadas, que se conquista de Cliiapa, hablan con reper 

hallan en la Colee, de Muñoz, consta ticion todos los historiadores de Nueva 

que aquella autoridad superior, como la España. D. Rafael Baralt menciona 

mas poderosa á la inmediación de las también su gobierno en Costa Firme en 

Antillas, estaba encargada ya desde su Hisloria de FineíMCÍa. = Véase su 

entonces de auxiliarlas con fondos para apunte biográfico en las págs. 84 y 83 

sus necesidades extraordinarias y con del tomo IV del Dice. Geogr. » Estad.» 

fuerza armada en los casos de peligro. Hist. de Cuba por el A. 

2 De Mazariegos y de sus servicios 



2i4 HISTORIA 

reino y fundador de la ciudad del mismo nombre. Se 
retardó en venir al nuevo puesto por la dificultad de las 
comunicaciones entre la capital de Nueva España y la 
lejana tierra donde residía ; y luego por la obligación de 
rendir cuentas. No llegó á ocuparlo hasta el 7 de abril 
del siguiente año, siendo también reconocido en la Ha- 
bana el mismo dia como asesor y lugar-teniente suyo el 
licenciado Lorenzo Martínez Barba. Habia dispuesto el 
Rey que en adelante residieran los gobernadores en un 
pueblo que con el concurso de las flotas ^ en su puerto 
era ya el principal de la isla en aquel tiempo ; y que les 
asesorasen letrados forasteros que , con el nombre de 
tenientes generales suyos , asumiesen su autoridad en 
casos de ausencias y enfermedades, dirimiendo toda 
cuestión de justicia y de gobierno con completa inde- 
pendencia de afecciones con los de la tierra. 

Todo habia que crearlo allí de nuevo. Mucho era 
para satisfacción del vecindario cambiar un gobernador 
tan aborrecido como Ángulo por otro tan acreditado y 
sesudo como Mazariegos ; pero para .su seguridad no 
era bastante que trajera solo un piquete de veinte ar- 
cabuceros , seis cañones de bronce y doce mil pesos de 
asignación anual para los gastos públicos *, tan insufi- 



3 En el tomo LXXXVI de la Colee, de Indias de A Herrera por Pulgar se 

de Muñoz aparece una proYision de la inserta una Real cédula de 9 de diciem- 

audiencia de Santo Domingo de 14 de bre de 1536, comunicada al virey de 

febrero de 1SS3» disponiendo que el go- Nueva España D. Luis de Velasco, para 

bernador de Cuba resida en la villa de que auxiliase á la fertiücacion decre- 

la Habana, « especial agora que ai pe- tada para la Habana con doce mil pe* 

»ligro de francesses. » Añade que la sos anuales. Desde entonces tuvieron su 

Habana ^era «el lugar de la confluen- origen las remesas de Méjico á Cuba y 

»cia de naos de todas Indias e la llave otras partes, que luego se conocieron 

» dellas. » con el nombre de « Situados ». 

* En la continuación á las Décadas 



DE LA ISLA DE CUBA. 215 

cientes aquellos para defenderla, como estos para res- 
taurarla. A la obra sola de la fortaleza hubieron, pues, 
de limitarse con medios tan menguados las disposiciones 
del nuevo funcionario; que los vecinos, esquilmados en 
las dos recientes invasiones, harto hicieron con reedi- 
ficar lenta y pobremente sus viviendas, ínterin los de 
Santiago, tan míseros como ellos, intentaban dar alguna 
seguridad á su ensenada ampliando la antigua trinchera 
de la embocadura de aquel puerto. 

Por abdicación ^ y retiro al monasterio de Yuste del 
emperador Garlos V, rey de España , la Habana y ios 
demás pueblos de la isla aclamaron por su soberano á 
su hijo D. Felipe, segundo de este nombre, en abril 
de 1556. 

No por haber quedado hbres de Ángulo se vieron 
sin disgustos los ayuntamientos de Cuba con algunas 
providencias de Mazariegos , acostumbrado á reconcen- 

'^ El primer monarca español de las Fernando el Católico con el gobierno del 

Indias occidentales desde que se descu- Estado en nombre de aquella princesa, 

brieron con su auxilio y por sus órde- que, sin recobrar la mente, prolongó 

nes, habia sido la insigne doña Isabel la su vida hasta el 11 de abril de 1555. 

Católica , como Reina propietaria de Así su hijo Carlos I solo fué rey de las In- 

Caslilia. Muerta en 2*5 de noviembre de dias en propiedad desde esa fecha hasta 

1504, luego ejerció la soberanía de la su abdicacio;i en 23 del siguiente oclu- 

América española su \iudo el rey de bre, aunque en realidad hubiese ejer- 

Aragon D. Fernando V en representa- cido aquella soberanía por sí ó por me- 

cion de su hija doña Juana, casada con dio del ínclito cardenal Cisneros y otros 

el archiduque D. Felipe , primogénito príncipes y personajes delegados suyos, 

de los emperadores de Alemania y el desde la muerte de su abuelo D. Fer- 

primero de aquel nombre en la serie de nando, ocurrida en 23 de enero de 1516. 

los monarcas de España. Muerto tam- Después de Garlos I, fundador de la 

bien este príncipe en 25 de setiembre dinastía Austríaca en España, la ejer- 

de 1506 y trastornada la razón de su ciaron personalmente sin interrupción 

esposa D.* Juana, reina propietaria co- de minoría ni regencia sus tres inme- 

mo D.* Isabel y madre del célebre rey díalos sucesores, hijo , nieto y biznieto 

Carlos I de España y V de los Empera- suyos, D. Felipe II , D. Felipe III y 

dores de Alemania, yoIvíó á correr don D. Felipe IV. 



216 HISTORIA 

trar toda la autoridad en su persona, según se prac- 
ticaba en los pueblos y cabeceras que se habia'n ido 
fundando y constituyendo en Nueva España. Prohibió 
que se eligiesen alcaldes ordinarios de entrada de año, 
así en Santiago , donde Parada siguió siendo teniente á 
guerra y gobernando con prudencia, como en la Habana, 
mientras residiera en ella el gobernador con su asesor. 
Se resignaron en efecto unos y otros capitulares al man- 
dato, tanto en las elecciones del 1557 como en las del 
1 558 ; mas no sin protestas esforzadas, ni sin las consi- 
guientes reclamaciones á la audiencia y á la corte. Pero 
de esa polémica sostenida á la sazón sin ruido ni ene- 
mistades personales , resultó quedar los municipales tan 
ufanos como Mazariegos desairado , « cuando , » dice 
ürrutia, «por ejecutoriales de la audiencia de Santo 
» Domingo volvió el ayuntamiento á ejercer sus funcio- 
» nes electivas. » Así consta en el libro de cabildo de la 
sesión de 28 de marzo de 1558. 

En la isla se calmaron los temores de corsarios con la 
venida, en junio de 1556, al mar de las Antillas de 
algunas galeras ® bien armadas que mandaba Pedro Me- 



^ Tanto por la mayor seguridad de aun, Iros años después, Cosme Rodil- 
las embarcaciones que despachaba en guez Farfan. Para enterarse de la orga- 
Sevilla para las Indias la Gasa de Con- nization de las antiguas flotas debe con- 
tratación, como para facilitar su expe- sultarse el libro que el consejero de In- 
dicion, se habia dispuesto desde muchos dias I). Rafael Antunez Acevedo publicó 
años antes que navegaran por lo menos en Madrid en 1797 con el título de Me- 
siete juntas; y aun hubo desde luego morías históricas sóbrela legislación y 
flotas de mucho mayor número, como gobierno del comercio de los españoles 
la de Gonzalo de Salazar, que vino es- en las Indias occidentales^ aunqua re- 
coltada hasta Santo Domingo por el ar- sulta su obra muy escasa de noticias 
mamento destinado á la conquista de sobre muchas épocas que abraza. Muy 
Florida que mandaba Hernando de So- poco dice del movimiento de las ílota3 
to. Salazar trajo entonces á su cargo desde que empezaron á despacharse de 
hasta veinte barco? de todo porte, y más un modo irregular en 1537, ni desde 



DE LA ISLA DE CUBA. ^Í7 

nendez de Aviles, marino insigne, á quien, indagando 
y estudiando más sus hechos, ejecutados en oscuros 
teatros, habria reconocido por el primero de su tiempo 
la imparcial historia. Algunos golpes y presas en aquel 
verano le bastaron para purgar aquellas aguas de ex- 
tranjeros. Con esto y con dos flotas, que en este año fon- 
dearon en la Habana á la ida y al retorno de Veracruz, 
empezó á animarse el tráfico del puerto con. la exporta - 
tacion de cueros y de bastimentos, y por lo mucho que 
hacían pagar sus vecinos á los transeúntes por sus alo- 
jamientos. Mazariegos y Barba , después de providenciar 
allí lo mas urgente y dejando para cumplirlo á Juan de 
Rojas '^, pasaron á recibirse y prestar fianza en Santiago, 
que no por serlo ya solo de nombre , renunciaba aun á 
su pretensión de ser cabeza en la isla. 

Sin acabar de visitarla toda, falleció á fines de año 
en la misma ciudad , su tercer obispo residente, Per- 



qué en 1332 se reformó el reglamento sin embargo, una historia especial y 

de la Casa de Contratación, previnién- autorizada, que aun no se lia atrevido 

dose terminantemente que todos los bu- á escribir nadie, 

ques mercantes saliesen y volviesen re- ' En vísperas de ausentarse á visi- 

unidos y escoltados por un número de tar las demás villas y tomar su vara en 

buques de guerra, que se llamó «Arma- Vx ciudad de Santiago, nombró Masa- 

»da de la guarda de la carrera de las riegos en 18 de setiembre de 1556 lu- 

» Indias. » Antunez, al paso que se ex- gar-teniente su>o al anciano Juan de 

tiende difusamente sobre las reglas y Rojas. Esla fué la úlliraa vez que ejei- 

leyes del comercio ultramarino y su na- ció esas funciones aquel antiguo pobla- 

vegacion, se limita á insertar en sus dor, que murió pocos años después, su- 

apéndices dos incorrectas listas de las cediéndole en ellas el licenciado Diego 

salidas de las flotas desde 1581 y los Cabrera. 

nombres de los generales que las man- El sueldo señalado á Mazariegos era 

daban. El comercio trasallánlico de Es- de 500,000 maravedís anuales de aquc- 

paña con su antiguo imperio colonial. Ha época, que valían, según D. Juin 

por su importancia, por sus vicisitudes, B. Muñoz , algo mas de la cuarta parte 

por su inmensa influencia en el mundo del real de vellón de hoy. 
y hasta por sus sucesos, bien merece, 



218 HISTORIA 

nando de ürango. Su celo religioso y sus conjeturas 
fundadas en erradísimos informes, le habian inducido á 
dirigir al Rey largos escritos exhortándole á disponer 
de una vez la conquista de Florida, declarada de su 
diócesis y abandonada á la barbarie de sus indios desde 
la expedición de Soto y la retirada de Moscoso. 

Con igual mira , y tan mal informado como Urango 
sobre la riqueza y portentos de esa tierra, se esforzaba 
también en obtener licencia para conquistarla el virey 
de Méjico D. Luis de Velasco, cuya perspicacia no le 
impidió calificar aquella región de otro segundo imperio 
de los Incas ^ La experiencia no tardó en desenga- 
ñarle. 

En cuanto le fué concedida su conquista , empleó el 
año de 1 558 en alistar gente de guerra y reunir trece 
bajeles. Salieron de Veracruz el 14 de julio de 1559 
á cargo de D. Tristan de Luna y Arellano con mil 
quinientos soldados, un maestre de campo, doce capita- 
nes y una misión de Dominicos. Toda la flor del Virei- 
nato se escogió para organizar un armamento que, por el 
número y calidad de combatientes y la abundancia con 
que fué surtido , habia sido hasta entonces el mas con- 
siderable del nuevo continente. 

Recios vientos y pilotos inexpertos extraviaron su 
derrota muchos dias. Al mes de navegar cerca de cos- 
tas no visitadas antes sin desdicha , la pérdida de una 
nave con cien hombres sirvió ya de mal presagio á 
una jornada emprendida con la misma falta de cono- 



* Véase el Ensayo cronológico para Madrid, 1829, de la imprenta de lo» 
la historia de la Florida por D. Ga- Hijos de Piñuela, 
briel de CárdeDas Cano. Edición de 



DE LA ISLA DE CUBA. 219 

cimientos locales que las pasadas, aunque con mas 
medios, y además sin concertado plan de colonización, 
ni de campaña. El 14 de agosto de 1559 fué cuando 
pudieron anclar los expedicionarios en el puerto de 
Santa María. La historia de los dos años que erraron 
por aquellos arenales no fué otra que la de las ham- 
bres y enfermedades que sufrieron , de sus inútiles es- 
caramuzas con aquellos indígenas feroces, y de sus 
propias discordias y motines. Muchos, y entre ellos 
varios religiosos , se alejaron de aquel suelo en los bar- 
cos que venían á la Habana á cargar víveres ; y menos 
de la mitad de los salidos de Yeracruz para la Florida 
volvieron á este puerto ya al mediar 1561. No desen- 
gañó á propios ni á extraños ese mal suceso. Poco des- 
pués, algunos protestantes que expulsaban de Francia 
los católicos, se prevenían para la misma empresa con 
mas prósperos principios, pero para ser víctimas luego 
de acontecimientos mas funestos que los que se opusie- 
ron á los progresos de la expedición de D. Tristan de 
Luna. 

Entre tanto Mazariegos, ya en Santiago, ya en Ba- 
yamo , ya en la Habana , esforzábase en poner orden á 
lodo. En esta última villa , donde residió lo más del 
tiempo, procuró que se adelantara la obra de la zanja 
rematando el arbitrio de la sisa en ochocientos ducados 
al año, impuestos sobre las carnes, vinos y jabones que 
se consumieran. 

Acrecentó la población repartiendo solares á los recien 
venidos de Florida, y atrajo luego mas buques al puerto 
con la acertada providencia de extinguir los derechos de 
anclaje que se les impuso desde que se comenzó á for- 
mar el pueblo. Esta disposición tomada con acuerdo del 



250 HISTORIA 

cabildo, fué aprobada por ia audiencia y luego por el 
Rey, contribuyendo más aun que la deserción del ar- 
mamento de D. Tristan de Luna , á acrecentar el vecin- 
dario con caserío nuevo y mejor que el anterior. De 
las pasadas invasiones de piratas franceses desaparecie- 
ron pronto los vestigios, no recelándose ya nuevas 
acometidas. 

A poco de malogrársele su jornada y evacuar D. Tris- 
tan á la Florida, el almirante de Francia Gaspar de Coli- 
gny, ei príncipe de Conde y el duque de Roban , de los 
primeros señores de aquel reino y ardientes protestan- 
tes , formaron el proyecto de fundar en aquel país unas 
colonias que sirvieran á sus perseguidos correligionarios 
de refugio y de futura base para establecer el poder 
francés en el nuevo continente. No se oponía la intole-' 
rancia religiosa de la casa de Yalois á consentir en 
Francia entonces á los grandes lo que se vedaba á la 
plebe y clases medias. Asi se explica cómo permanecie- 
ron en Paris con sus honores, sus rentas y sus cargos 
los autores de aquel plan , y se cometió su ejecución á 
los verdaderos interesados en su éxito, á los mas auda- 
ces é inquietos de su secta. Deseando además por su 
parte Carlos IX alejar de sus estados á los que tanto 
contribuían á perturbarlos, no se opuso, aunque en 
paz entonces con España , á que se organizaran en su 
mismo reino dos expediciones de importancia para 
usurpar territorios de un monarca aliado. La primera, 
mandada por el corsario luterano Juan Ribaut % salió 

9 EslG corsario protestante nació en Coligny le dio el encargo de trasportar 

Dieppe hacia 1S20 , según varias bio- á la Florida á los desterrados bugono- 

grafias, y tenia reputación de gran ma- tes , qup. así llamaban en aquella nación 

riño en Francia cuando su protector ¿ los sectarios. Sin acudir al Ení.ayo 



DE LA ISLA DE CUBA. 221 

de Dieppe en 18 de febrero de 1562, con dos navios 
bien tripulados. Abordó en mayo al norte de Florida; se 
granjeó la amistad de los indios con mañosos halagos y 
rescates, evitando la imprudencia de internarse; alzó 
un castillo llamado fuerte Carlos y un pequeño pueblo á 
la embocadura del rio Edisto ó Pompón, que llamaron 
los franceses Mayo, como el mes en que le descubrieron. 
La segunda expedición, compuesta de tres grandes 
galeras y mas de cuatrocientos hombres escogidos con 
muchos labradores y artesanos, salió del Havre de Gra- 
cia en 22 de abril de 1 564, cuando el éxito de la pri- 
mera ya se sabia en Francia. Con título de Vi rey de 
una región que consideraban suya ya los protestantes 
mandaba este armamento otro marino de experiencia, 
Rene de Laudonniere ^^ Ancló el 22 de junio en la 



cronológico de Cárdenas Cano , los mis- 
mos textos franceses nos explican las 
condiciones de la gente que llevó ili- 
baut, casi todos bandidos que se asesi- 
naban y robaban unos á otros. 

*o Kené Goulaine de Laudonniere, de 
cuyo nacimiento no da razón ninguno de 
los muchos escritores de su país y de su 
tiempo, fué elegido, en 1561, por el cé- 
lebre almirante Gaspar de Coligny para 
fundar en América una colonia protes- 
tante donde pudieran refugiarse los cal- 
vinistas, tan perseguidos en aquella épo; 
ca en Francia. En 15 de febrero de 1562 
salió de Dieppe una expedición de dos 
navios á las órdenes de Laudonniere y 
de Juan Ribaut, cuya gente desembar- 
có en la costa de la Florida por los 30° 
de latitud septentrional , junto á la boca 
de una corriente que recibió el nombre 
de rio Mayo, porque le reconocieron 
los franceses el dia 1.* de esp mes, y 



que los españoles llamaron luego rio 
de San Mateo. Laudonniere reconoció 
después todo aquel litoral, desde la des- 
embocadura del Alabama hasta mas allá 
de la del Savannah, y estableció el 
asiento de los suyos, protegiéndolo con 
un edificio fortificado llamado Fuerte- 
Ccárlos, junto á una bahía muy interna 
que recibió el nombre de Puerto ílcal. 
Algunas discordias que detalladamente 
explica el Ensayo cronológico de Cár- 
denas, y la necesidad de ir á buscar á 
Francia mas brazos y recursos, obliga- 
ron á Laudonniere á regresnr á Dieppe. 
Cinco meses después volvió á salir del 
Havre para su colonia, el 22 de abril de 
1564, con tres embarcaciones bien abas- 
tecidas y mas de trescientos hombres 
entre aventureros propios para la guer- 
ra, y artesanos de varios oficios, sin 
contar las familias que los acompaña- 
ban. Esta segunda expedición estuvo 



22^ HISTORIA 

embocadura del San Juan. Supo allí que Ribaut habia 
sido abandonado por la mayor parte de los suyos; que 
habían asesinado á su segundo jefe Albert; que prefirie- 
ron á la tranquila y laboriosa vida de colonos, tan incom- 
patible con sus inclinaciones y sus hábitos vandálicos, 



desgraciada, alargando demasiado su 
viaje por descender hasta el mar de las 
Antillas. Consumió sus víveres, tuvo 
que abordar á lomar otros en la Domi- 
nica, donde sostuvo ruda pelea con los 
caribes, y no llegó á embocar por el 
rio Mayo basta el 20 del siguiente ju- 
nio. Entonces tuvo el sentimiento de 
encontrar arruinada la colonia, y se 
puso inmediatamente á la obra para 
formar otra con otro fuerte á dos leguas 
do la desembocadura de aquella cor- 
riente , con el mismo nombre que la 
primera. Acogiéronle los indígenas con 
amistad, y le suministraron abundan- 
tes brazos para la fábrica de las casas y 
del fuerte. Pero no siéndole fácil á Rene 
abastecer de víveres y de los efectos 
mas usuales á su establecimiento, tuvo 
que acceder á las exigencias de algunos 
de sus cabos y permitir que salieran al 
corso con dos embarcaciones á buscar 
lo que necesitaban en posesiones y bu- 
ques de los españoles. Estas hostilida- 
des cometidas estando España en paz 
con Francia, añadidas al temor de que 
los protestantes franceses propagasen 
sus doctrinas entre los indígenas del 
continente americano, acabaron de de- 
cidir á Felipe II á expulsar de aquella 
costa á Rene y sus calvinistas. Prefería 
el monarca que siguieran los indios flo- 
ridanos siendo idólatras á que se vol- 
vieran protestantes; porque era mas 
fácil sacarlos de las tinieblas de la ido- 
latría que de las turbias luces del pro- 



testantismo. —Iba Laudonniere á salir 
de nuevo para Francia en busca de mas 
refuerzos y recursos, cuando en 28 de 
agosto de 1S63, después de haber sido 
socorrido por una escuadrilla de corsa- 
rios iugleses mandada por el famoso n:> 
vegante Hawkíns , fondeó en el mismo 
rio Mayo Juan Ribaut con tres embar- 
caciones francesas y muchos hombres 
de armas. En el siguiente mes, preci- 
samente al acabar Laudonniere de re- 
cibir aquellos refuerzos, fué cuando se 
apareció en aquella costa Pedro Me- 
nendez de Aviles con solo una corta 
parte del armamento con que habia sa- 
lido de Cádiz para el nuevo continente. 
No hay para qué repetir en este lugar 
lo que en el texto referimos. Laudon- 
niere tuvo la suerte de escaparse con un 
solo compañero cuando Menendez sor- 
prendió el Fuerte-Carlos y degolló á su 
guarnición, y la de poder embarcarse 
para Francia el 25 de setiembre en uno 
de los buques venidos con Ribaut. Cuan- 
do redoblaba en su país la persecución 
contra los protestantes, natural era que 
en París se escucharan con desden las 
quejas del prófugo capitán por el de- 
güello de sus compañeros. Laudonniere 
pasó en la oscuridad el resto de su vida, 
y solo se conocería de la suya lo que va 
contado, si en 1586 no publicara en 
aquella capital una crónica con el nom- 
bre de nisíoire notalle de la F'oride 
contenanl les trois voyages faits en icelle 
par des capitaines et des pilotes (raneáis. 



DE LA ISLA DE CUBA. 223 

robarle sus barcos para piratear con ellos contra los es- 
pañoles; y que aquel corsario con el único que habia sal- 
vado de aquella sedición, habia regresado á Francia en 
busca de socorros. Junto á la margen del rio San Juan 
levantó Laudonniere otro castillo que llamó la Carolina, 
y por los mismos medios que Ribaut se bienquistó como 
él con los indígenas. Cuatro meses después regresó este 
á la colonia con cuatro grandes naves cargadas de fami- 
lias protestantes, muebles, simientes, instrumentos de 
agricultura y muchos elementos para fomentarla y aun 
luego formar otras. 

Menester era que tales empresas de subditos de una 
potencia á la sazón aliada y sobre posesiones que consi- 
deraba exclusivamente suyas, indignaran á un monarca 
tan celoso de su poder y privilegios como Felipe II , rey 
de España, primer mantenedor además de la ortodoxia 
católica en Europa. En aquellas entradas de protestan- 
tes, mas aun que usurpaciones á su cetro, veia una 
ofensa imperdonable á su religión. Prefería que conti- 
nuaran los indios floridanos siendo idólatras á que cam- 
biaran un error por otro , pareciéndole mas difícil con- 
vertirlos al verdadero culto después de abrazar las nue- 
vas sectas que permaneciendo en su salvaje estado. 

Hallábase entonces en la corte Pedro Menendez de 
Aviles ^\ que señalado desde su primera mocedad con 
acciones admirables y después de haber traído de Amé- 
rica tres flotas burlándose de armamentos enemigos, 
sustentaba ante el Consejo de Indias apelaciones contra 
torcidas providencias de la Contratación de Sevilla. Me- 



** Véase su biografía, desde la p. 89 Estad., Hist. de la Isla de Cuba por el A, 
hasta la 93 del lomo IV, Dice. Geogr., 



2M HISTORIA 

nendez le habia cumplido siempre al Rey lo que le ha- 
bía ofrecido. Prometió en aquella ocasión purgar de he- 
rejes á Florida , y se le facilitaron sin demora los medios 
de llenar su compromiso ajustándose coa él una capitu- 
lación de conquista tan precipitadamente redactada, que 
careció de cláusulas, cuya omisión, en algunos casos, 
le ató luego las manos. 

El Rey le nombró Adelantado perpetuo de la región 
que se obligaba á someterle, y acaso es el postrero que 
con título ya tan anticuado aparezca en las crónicas de 
España. ~~ 

Calculando que dependería el logro de su empresa de 
su celeridad en ejecutarla, no esperó á que acabaran de 
aprestarle sus numerosos deudos en Asturias considera- 
ble parte de su expedición. Salió de Cádiz en 29 de 
junio de 1 565 con el galeón San Pelayo , de cerca de 
mil toneladas , una galera, un bergantín y seis bar- 
cos menores con novecientos noventa y cinco soldados 
y marineros, ciento diez y siete artesanos y cuatro 
sacerdotes. Pero tormentas y contrarios vientos aparta- 
ron de la derrota á Menendez con el San Pelayo y al- 
gunas de sus naves. Después de hacer escala en Puerto 
Rico y la Española, con la mitad apenas de sus fuerzas, 
en 28 de agosto (1 565) penetró en un puerto que ape- 
llidó de San Agustín de la Florida , donde luego fundó 
la ciudad que sirvió de capital mas de dos siglos á todo 
el territorio de aquel nombre. Seis días después de ob- 
servar la costa hacia el Norte , reconoció por la tarde 
la embocadura del rio San Juan y cuatro grandes gale- 
ras allí ancladas. Aunque sin contar allí mas que con 
unos trescientos combatientes , Menendez con su au- 
dacia ordinaria se acercó á ellas y penetró con el San 



DE LA ISLA DE CUBA. 225 

Pelayo entre las dos mayores, colocando «la popa de 
» su nave entre las proas de la capitana y almiranta 
* de Francia ^^. » Preguntó á los que parecían sobre cu- 
bierta que de «dónde era aquella armada.» Cerciorado 
por la respuesta de que era la de los franceses luteranos 
que buscaba, replicóles alzando la voz desde el lugar 
mas aparente de su alcázar y con toda la solemnidad allí 
posible que <rél era Pedro Menendez , general de la Ar- 
)» mada del Rey de España , que habia ido á aquella 
» tierra á ahorcar y degollar á todos los luteranos que 
2> hallase en ella y en el mar, según las instrucciones que 
» llevaba de su soberano , tan precisas que le privaban 
» de la facultad de perdonarlos, y que las cumplirla 
» en cuanto amaneciese. Que si hallaba católicos entre 
» ellos, los tratarla bien; pero que todo hereje mori- 
» ria. » Contestaron los luteranos con denuestos y silbidos 
. á una notificación que podia pasar por ridicula jactan- 
cia en otro caudillo menos capaz que Menendez de cum- 
plirla, y de inhumana si con ese anuncio no les diera 
tiempo para evitar la muerte, ó abjurando sus errores, 
ó huyendo, ó venciéndole con las superiores fuerzas que 
tenían. Aquellas galeras, que eran las recien venidas de 
Francia con Ribaut , recelándose un abordaje de los bu- 
ques de Menendez, se deslizaron hacia el mar favore- 



*2 Véase el año 1S6S en el Ensayo nicas de América reunidas con el título 

cronológico para la historia general de de Historia del Nuevo Mundo. A pesar 

la Florida que publicó en Madrid, en de sus muchos defectos de orden y len- 

1723, D. Andrés Rodríguez de la Ba'^cía guaje hay que consultar este Ensayo de 

bajo el pseudónimo de D. Gabriel de Cárdenas por los muchos testimonios 

Cárdenas Cano. Esta obra se reprodujo que contiene y la verdad que rebosa en 

en 1829 enp^la imprenta de los hijos de cuanto al exterminio y expulsión de los 

doña Catalina Piñuela, ocupando los to- franceses de Florida por Menendez. 
mos VIII y IX de una colección de cró- 

HIST. DE CUBA. —TOMO I.— 15 



2^6 HISTORIA 

cidos por la oscuridad y la corriente; mas no tan en si- 
lencio que dejase el vigilante asturiano de sentirlos y dar- 
les caza largo espacio. Apresóles un batel con quince 
hombres y regresó á la embocadura del rio Mayo. Pero 
allí ya Rene de Laudonniere , con dos bandas de arca- 
buceros formados junto á la barra y cinco buques, le 
recibió con sus descargas. Insistiendo en un desembarco 
resistido por mayores fuerzas, exponíase Menendez á 
que le acometiesen las cuatro galeras fugitivas por la es- 
palda cuando mas empeñado estuviera por su frente ; y 
adoptó el partido de virar hacia San Agustin distante 
treinta leguas, donde echó el ancla el 7 de setiembre, 
tomando posesión de la comarca en nombre de su Rey. 
Cinco dias después , á pesar de una tormenta equi- 
noccial que, si le favoreció impidiendo que atacase la 
escuadrilla francesa á sus embarcaciones, también en- 
torpeció sus movimientos por tierra, inundando las cam- 
piñas que habia de atravesar, emprendió la marcha hacia 
el fuerte Carolina con solos cuatrocientos hombres , de- 
jándose una corta fuerza con su hermano Bartolomé en 
custodia de las naves , cañones y repuestos allí desem- 
barcados. Guiado por un francés que habia estado en 
aquella costa con Ribaut , caminó el adelantado cuatro 
dias enteros y sus noches con incesante lluvia, atrave- 
sando ciénagas con el lodo al pecho, hasta que dos horas 
antes de amanecer el 21 se detuvo en el límite de un 
bosque próximo al fuerte Carolina con los víveres em- 
papados y la pólvora inutilizada. Como sigue al trueno 
el rayo, siempre seguía en Menendez á ia idea la ejecu- 
ción. Sorprendido y degollado por él de un solo tajo un 
centinela , los protestantes dormidos en las casas pasa- 
ron del temporal al sueño eterno, mientras en el fuerte, 



DE LA ISLA DE CUBA. 2 7 

hallado sin prevención ni vigilancia, también sorpren- 
dían los españoles sin obsíiículo á la guarnición, pasán- 
dola á cuchillo sin clemencia. No obstante, impuso Me- 
nendez « pena de la vida al que hiriese ú matase mujer, 
D muchacho ni mozo de quince años abajo ^^ i) Rene de 
Laudonniere tuvo la suerte de fugarse á los bosques con 
unos treinta de los suyos y de embarcarse algunos dias 
después para Francia. También tomaron el largo con un 
hijo de Ribaut ^^ dos de las tres embarcaciones cerca de 
allí ancladas, mientras quedaba la otra en poder de los 
españoles, como las piezas, municiones y almacenes 
formados por Laudonniere en el castillo , al que llama- 
ron los españoles desde entonces, por el santo del dia, 
fuerte de San Mateo. 

Mientras tanto Ribaut, ignorando el desastre de los 
suyos y luchando por tan agria costa contra temporales 
que se prolongaron hasta todo octubre , naufragó en los 
arrecifes que la infestan, no lejos de donde desem- 
boca el rio de San Mateo, y solo se salvó del furor de 
las olas con su gente para morir poco después de mas 
trágica suerte. Desnudos, con malas yerbas por único 
alimento,, pero armados y animosos todos, encaminá- 
ronse á buscar refugio y víveres en el fuerte Carlos que 
aun suponían suyo¿ 

Menendez , dejando guardado este punto con doscien- 



" Véanse las págs. 238 y 259 del »los dos navios que allí estaban e ios 

tomo VIII que contiene la primera par- d dos que estaban cerca de la barra.... 

te del Ensayo cronológico para la his- » que avian robado cerca de la Yaguana 

toria de la Florida , T^or C. Cano, en la » cargados de cueros e azúcares e la 

Colee, de Ilislorias del Nuevo Mundo, « getile la avian echado á la mar. » = 

publicada en Madrid en 1829 por los Carta de Menendez al lley en 15 de oc- 

iiijos de doña Catalina Piñuela. tubre de 1565 á bordo del galeón San 

«* «Hálleseles mas en el puerto sin Pelayo desde el puerto de San Agustín. 



228 HISTORIA 

tos hombres, se hallaba ya de regreso en San Agustín 
fortificándose á gran priesa, cuando supo por unos indios 
que una banda de europeos se hallaba detenida á algu- 
nas leguas al Norte, á orillas de un riachuelo. Acudió 
presuroso á reconocerlos con solos ciento y cincuenta de 
los suyos, por no distraer á los restantes de la custodia y 
obras de sus dos colonias y de San Mateo. En el punto 
indicado divisó, en efecto, una masa de trescientos ocho 
franceses; les auxilió con víveres y aceptó el parlamento 
que le propusieron. Pero sordo á sus ofrecimientos de 
rescate y á sus ruegos, les intimó la rendición sin condi- 
ciones, como si tuviese allí en la escena soldados sufi- 
cientes para haberlos vencido en lid abierta y cuando 
apenas contaba los bastantes para custodiarlos como pri- 
sioneros. Rindiéronsele á discreción los luteranos náu- 
fragos que le suponían con fuerzas superiores ; y para 
que no descubriesen su debilidad verdadera , les hizo 
pasar aquella corriente en un barquillo de indios de diez 
en diez, y por este orden en un valle inmediato los hizo 
degollar á todos los que no declararon ser católicos ó 
no abjuraron sus doctrinas. Menos ocho que declararon 
serlo, y fueron respetados y auxiliados, todos resuelta- 
mente se rehusaron á renunciar sus creencias, porque 
de aquella época era andar en igual grado unos que 
otros, fanáticos y ciegos, así protestantes como católicos, 
y así vencidos como vencedores. 

Con hado aciago se apareció por aquel lugar al día 
siguiente el mismo Juan Ribaut con los restantes náu- 
fragos, como trescientos cincuenta; y aunque ham- 
brienta, bien armada y muy gallarda gente. Pero su 
venida en mayor número que los anteriores sirvió solo 
para que se repitiera en mayores proporciones igual es- 



DE LA ISLA DE CUBA. 229 

cena de horror y sangre que la víspera. La precedieron 
iguales circunstancias, habiendo Menendez rechazado 
tenazmente crecidas proposiciones de rescate y cuanto 
no fuese la renuncia absoluta de la secta. Gomo los ocho 
de la víspera se salvaron otros diez y seis que en- 
tonces la abjuraron. Las víctimas que allí sacrificó el 
fanatismo del siglo más que la crueldad de un guerrero 
aislado ante enemigos tan superiores á él en número, 
llegaron á quinientos cincuenta y nueve hombres; so- 
brados para haberle vencido en campo raso con los ciento 
cincuenta que llevaba y enseñorearse después de sus dos 
débiles establecimientos de San Agustín y San Mateo. El 
rencor de los protestantes y la vanidad francesa nunca 
se refieren á ese acontecimiento deplorable ocurrido el 
21 y 22 de octubre, sin desfigurar jos hechos y calificar 
de espontáneo el cumplimiento de un deber horrible. 
No reflexionó ningún escritor extranjero que Menendez, 
empleando en aquella ocasión una clemencia prohibida 
por su mismo Rey, «cual grave ofensa á Dios,» se 
exponia además á que tampoco la tuvieran luego con 
él los perdonados , y que primero que á conquistarla 
para España , habia ido á la Florida á exterminarlos. 

Después de aquel inevitable y sangriento sacrificio 
regresó el. adelantado á San Agustín, en donde averiguó 
que hacia la punta meridional de la Florida se habían 
fortificado unos doscientos franceses más, sublevados 
contra Laudonniere y Ribaut para probar fortuna por 
su cuenta. Supo también sus feroces hostilidades y 
atentados con los españoles; y que á una carabela de 
Veracruz le habían echado á pique con mas de ochenta 
personas de tripulación y pasajeros. Determinado á aca- 
bar también con ellos y correr luego á buscar refuerzos 



S30 HISTORIA 

y bastimentos en la Habana , dictó sus instrucciones 
para el gobierno de aquel punto y el de San Mateo, 
regidos en su ausencia por su hermano Bartolomé Me- 
nendez y su maese de campo Gonzalo de Villaroel. Des- 
pachó directamente al Rey su mas velero barco á noti- 
ciarle el éxito de su jornada , y dejando un solo buque 
para el servicio de ambos puertos , se dirigió hacia el 
Sud el 26 de octubre con sus tres naves restantes. A 
su gran galeón el San Pelayo, así que se apoderó de San 
Mateo, lo habia enviado á Sevilla con los católicos, las 
mujeres y los niños cogidos en el fuerte sorprendido, y 
tardó mucho en saber que los rendidos, después de sor- 
prender á la tripulación , en lugar de seguir navegando 
para España hablan tomado al N. E en dirección de 
Francia. 

Mientras Menendez con ciento cincuenta arcabuceros 
acosados como él de hambre y de sed, caminaba por el 
árido y dilatado arenal con que termina aquella costa, 
el capitán Diego de Maya por el mar la iba ciñendo y 
navegando á la vista de los peones. Forzando las jorna- 
das y sucumbiendo alguno que otro de su gente á la 
fatiga, en cinco dias recorrió Menendez á pié mas de 
cincuenta leguas ; y al amanecer del 31 llegó á descu- 
brir el fortin de los franceses. Al verle llegar, aunque 
mas numerosos que sus agresores, lejos de defenderle, se 
lo abandonaron, huyendo precipitadamente á un monte. 
O por humanidad, ó porque no pervirtiesen con sus doc- 
trinas á los indios, envióles el adelantado á ofrecer que 
les perdonarla la vida y les haria buen trato; y bajo 
estas garantías se le presentaron á las pocas horas ciento 
y cincuenta hombres, todos menos el capitán y veinte y 
tantos más que no creyeron en la buena fe de sus ofer- 



m LA ISLA DE CUBA. SSl 

tas aunque las cumpliese luego escrupulosamente. Estos 
prisioneros quedaron desarmados , pero libres , asu- 
miendo entonces sobre sí Menendez la responsabilidad 
de una clemencia muy opuesta á la ferocidad que los 
escritores extranjeros le atribuyen , porque su terrible 
misión quedaba satisfecha con las pasadas hecatombes. 



CAPÍTULO NOVENO. 



Gobierno de García Osorio. — Es sorprendido Mazariegos por los corsarios fran- 
ceses de Ais.>— Lo libertan los buques que envia Osorio de la Habana. — Lle- 
gada de Menendez de Aviles á este puerto. — Enemistad de Osorio con él — 
Regresa á Florida. — Recibe Menendez grandes refuerzos de España.— Au- 
menta las guarniciones de la Florida, la Habana y Santo Domingo. —Exci- 
siones entre Osorio y los subalternos de Menendez. ■— Audaz navegación de 
Menendez desde la Florida á España. — El Key le acoge favorablemente. 



En 1 9 de setiembre de 1 565 llegó á la Habana á 
suceder en el gobierno á Mazariegos, el capitán de 
galeones Francisco García Osorio, natural de Ocaña , an- 
tiguo oficial de la jornada de Solo en la Florida y luego 
dependiente de la casa de Contratación de Sevilla. 

Mazariegos, promovido á mejor gobierno en Tierra 
Firme, salió con esa dirección algunos dias después. 
Cerca del Mariel la nave que le llevaba con tres hijos su- 
yos fué de repente sorprendida y apresada por dos galeras 
de aquellos franceses que , como se dijo , se sublevaron 
contra Ribaut en la Florida. Regresaban de hacer algu- 
nas presas en el golfo Mejicano y sobre el cabo de San 
Antonio, y cinglaban para su guarida cerca de Ais, 
ignorando que se aprestase Menendez á destruírsela. 
Sus jefes eran los luteranos Fornoux , Etienne y La- 
crois que, ansiosos de dinero, dieron fácil oido á las 



HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA. 235 

ofertas de rescate del astuto Mazariegos que habia 
dejado en la Habana bájeles rezagados de los del ar- 
^ mamento de aquel adelantado , que por pasadas tor- 
mentas y averías no habían podido aún incorporársele 
en las aguas de Florida. Anclados los tres barcos en 
Mariel, le permitió Fornoux que escribiera una orden á 
su vista para que su esposa, que auri seguía en aquella 
villa, le enviara sin detención la suma del rescate y 
que uno de sus hijos llevara por tierra esa misiva. Vio 
la orden escrita el francés, pero sin comprender la con- 
tra-órden verbal que el padre indicó al hijo al tiempo 
de entregársela. El joven Mazariegos, provisto de ca- 
ballo en una hacienda próxima , tardó muy pocas ho- 
ras en dar cuenta del apuro de su padre á García Oso- 
rio. Soplaba á la sazón viento bueno para dirigirse al 

: Mariel; y no necesitaron mucho tiempo para sorpren- 
der allí á Fornoux una fragata y dos pataches bien ar- 
mados que, al primer íiviso de Osorío, despachó Pedro 
Menendez Márquez que acababa de llegar con parte de 
las naves de Cantabria destinadas á Florida. Trabóse en 
el Mariel una refriega breve , pero recia , eii la cual 
recobraron su libertad Mazariegos y sus hijos. Fornoux, 
Etienne y Lacroix con otros veinte y dos luteranos logra- 
ron tomar el largo peleando con la mas andadora de sus 
dos galeras. Seis franceses murieron en el combate ; y 
todos los demás, como cuarenta, fueron llevados prisio- 

t ñeros á la Habana y remitidos luego á disposición de 
la Inquisición de Sevilla, donde confesos de sus herejías 
sufrieron los castigos que solía aplicar aquel tribunal 
inexorable. 

Después de acabar allí hasta con las últimas reliquias 
de los advenedizos protestantes, continuó Menendez sus 



^54 HtStORlA 

progresos én Florida con incansable actividad. Al mismo 
tiempo que en pocos meses fundaba pueblos , levantaba 
fuertes y se bienquistaba con algunas tribus de los natu- 
rales , recorría la costa de la península meridional de 
esa región , llegaba el 4 de noviembre á un rio con sur- 
gidero que llamaban Ais los indios de un cacique po- 
deroso. Con maña y sutileza rescató allí de su cautive- 
rio á algunos españoles náufragos, ganándole con algu- 
nas bujerías de mezquino valor que aquel tuvo por 
mucho. Superando luego la contrariedad de las corrien- 
tes , hizo el primer estudio con apuntes del canal nuevo 
de Bahama que de Sud á Norte corre entre aquella costa 
y los peligrosos bajos de ese nombre. 

Reconoció luego la costa de Cuba por Bahíahonda , y 
abocó por la Habana el 1 4 de aquel mes. Al anunciar 
su procedencia al vigía de la atalaya de ese puerto, ex- 
clamó el soldado : «Loado sea Dios ^, que aun está vivo 
» el señor Pedro Menendez. » En aquel pueblo ignoraban 
aun su paradero ó le tenian por perdido , y su sobrino 
Pedro Menendez Márquez , fondeado en la bahía con la 
mayor parte del armamento de Cantabria , deplorando 
no haber concurrido á tan feliz jornada cuando aun no 
. sabia su éxito , celebró con todas las tripulaciones la 
suerte y brevedad con que se habia obtenido. 

Pero su gozo y el de sus marinos no fué allí común á 
todos. El gobernador García Osorio ^ , de índole mal- 
queriente y envidiosa , hechura además de la Contrata- 
ción, por acabar de bienquistarse con esa dependencia 
enemiga de Menendez, le negó desde luego los auxilios 

* Véase el Ensayo cronológico de la lomo IV, Dice. Geogr. , Estad. ^ Hist. de 
Florida por Cárdenas Cano. la Isla de Cuba por el A . 

^ Véase su noticia biográfica, p. 156, 



DE LA ISLA DE CUBA. 235 

que, según lo contratado con el mismo Rey, le pidió para 
los nuevos puestos de Florida. No hubo desaire , traba 
ni competencia de jurisdicción que no le suscitara para 
paralizarle sus proyectos. 

Solo por la precipitación con que se habia prepai ado 
Menendez en España para salir con su armamento, se 
concibe que omitiera en su capitulación la cláusula que 
con fin igual habia Soto obtenido al celebrar la suya : 
la de concedérsele con su Adelantamiento ^ el gobierno 
de una tierra que, como la mas vecina de Florida, tenia 
que ser su apoyo , su base natural en esa empresa. En 
ese descubierto, dimanado de pura imprevisión , halló 
Osorio pretextos repetidos para mortificarle con sus 
oposiciones y su envidia. Pero el adelantado con alguna 
pérdida de tiempo se proporcionó de Campeche , Santo 
Domingo y otros puntos las municiones y los bastimentos 
que podria haber tomado en la Habana sin tardanza; su- 
frió con prudencia y en silencio los desaires de Osorio, 
y recogió á bordo toda la gente de sus buques, re- 
huyendo así cuestiones con el gobernador, y ocasión 
de romper con él mas evidentemente. Sabedor de que 
empezaban á escasear de víveres los puestos de San 
Agustin y San Mateo y de que un gran refuerzo de pro- 
testantes iba á salir de Francia á recobrarlos, después 
de haberlos socorrido con otros dos cargamentos de vi- 
tuallas, salió él mismo de la Habana á reforzarlos el 10 
de febrero (1566) con sFete buques y cuatrocientos 
hombres entre marineros y soldados. 

8 «E si yo entendiera la necessidad «socorrido e bastecido. » Carta de Me- 

»de algún Gobierno deslas islas antes nendez al Rey, 5 de diciembre de 1S65, 

«del assiento, no lo acetara sin que tomo IV de la Colee, de manuscritos 

» V. M. rae dies>e bufia para de allí ser del Depósito Hidrográfico de Madrid, 



236 HISTORIA 

Allí encontró á las dos nacientes colonias á punto de 
perderse. Su hermano Bartolomé en San Agustín, Vi- 
llaroel en San Mateo , cuyo fuerte se habia abrasado 
todo , desobedecido el uno, y preso el otro , habían te- 
nido que ceder á humillaciones por no perder la vida, 
habiéndoles sublevado la gente los capitanes Juan de San 
Vicente y FransiscoRecalde, ansiosos de abandonar una 
región que, en vez de prosperidades y abundancias, solo 
les proporcionaba peligros y escaseces. Por iguales cau- 
sas , iguales sediciones se habia esforzado en atajar sin 
conseguirlo el capitán Juan Velez de Medrano, encar- 
gado del otro puesto y castillo alzado por Menendez con 
el nombre de Santa Lucía en el puerto de Ais. Los indios 
comarcanos de San Agustín y San Mateo, que obedecían 
á Saturiba , cacique estrechamente aliado con los fran- 
ceses y aconsejado por algunos fugitivos del fuerte Ca- 
rolina, sacrificaban á flechazos á cuanto español se ale- 
jaba de las trincheras á cazar. De tan ruin modo habían 
perecido ya el valeroso capitán Martin de Ochoa , otro 
capitán, Diego de Hevia, y no pocos soldados, entre 
ellos Fernando de Gamboa, deudo cercano del ade- 
lantado. 

Este, después de embarcar á disposición de la audien- 
cia de la Española al díscolo San Vicente y á Recalde 
con cerca de un centenar de sediciosos, volviendo á 
desplegar su actividad ordinaria, adelantó las tres forti- 
ficaciones empezadas en Santa Lucía, San Agustín y San 
Mateo. Recorrió luego el territorio de Santa Elena , so- 
metido al cacique Garlos , á quien convirtió á la fé ca- 
tólica , afianzando su anterior alianza con él por medio 
de un simulacro de casamiento con una hermana suya; 
y labró allí otra fortaleza en el puesto que llamó Santa 



DE LA ISLA DE CUBA. 237 

María de Guale , cometiéndosela á Esteban de las Alas. 

Sabiendo ya que el anuncio de los refuerzos de los 
luteranos no habia sido mas que una amenaza, después 
de reniediar por algún tiempo las urgencias de sus nue- 
vos establecimientos, regresó á la Habana á combinar 
allí para lo sucesivo un modo seguro y regular de so- 
correrlos. Al anclar en i 8 de mayo en ese puerto, aca- 
baba también de entrar en él la flota que pasaba á Ye- 
racruz. ínterin, con la ayuda de su amigo y apoderado 
Juan de Henestrosa, basta vendia sus alhajas perso- 
nales para despachar á sus presidios algunos carga- 
mentos de víveres , los puestos de Florida se vieron 
ampliamente socorridos por un armamento de hasta diez 
y siete embarcaciones bien provistas, y mil quinientos 
hombres á cargo de Sancho de Arciniega y de Juan de 
Avila, que fondearon en San Agustín por fin de junio. 
Felipe lí, al recibir la primer nueva del suceso del Ade- 
lantado en la Florida , para asegurar la posesión de su 
conquista, se habia apresurado á enviarle aquel socorro 
extraordinario, que fué para Menendez un consuelo in- 
esperado. Al regresar el 8 de julio á San Mateo se en- 
contró con carta autógrafa del Rey aplaudiendo sus he- 
chos y trabajos , y ofreciéndole largas recompensas. 

En los pliegos que puso en sus manos Arciniega, se le 
prescribía que no se limitara con aquellas fuerzas á 
afianzar la posesión de la Florida ; y que después de 
guarnecerla, cubriese con la restante infantería á la Ha- 
bana , á Santo Domingo y Puerto Rico, y velara con sus 
buques por la seguridad del mar de las Antillas prote- 
giendo la venida y retorno de las flota&. 

Apresuróse á obedecer fijando setecientos cincuenta 
hombres para presidiar los cuatro puestos militares que 



258 HISTORIA 

habia establecido en aquella costa. Mientras activaba allí 
las fortificaciones, en sus visitas á las indiadas comarca- 
nas , preparó su conversión al cristianismo con Jesuitas 
que le envió su insigne amigo San Francisco de Borja, 
duque de Gandía, general á la sazón de esta orden; y 
algunos de aquellos heroicos misioneros terminaron su 
noble vida en el martirio al predicar la fé á aquellos sal- 
vajes. Hasta fines de año entretuvieron á Menendez estos 
cuidados y los de presidiar á Puerto Rico y la Española, 
con cuyos oidores se trasladó á conferenciar personal- 
mente para acordar lo relativo al servicio militar y na- 
val de aquellas islas. 

Anunciábase que por su archipiélago volvían ya á 
asomar corsarios extranjeros ; y como seguían los veci- 
nos de Santiago de Cuba totalmente indefensos, el mismo 
Menendez , al dirigirse de Santo Domingo á la Habana, 
los socorrió con una guarnición provisional de cincuenta 
arcabuceros que dejó allí á cargo del capitán Godoy con 
cuatro cañones de brazo. Engañado Menendez por la 
falsa nueva de que un armamento francés anduviese en 
las aguas de Jamaica, aunque no llevaba consigo mas 
que dos navios, salió á buscarlo; desperdició algunos dias 
en un crucero inútil; aportó á Manzanillo, y después 
de recibir allí bastimentos enviados de Bayamo , con 
una galizabra que le compró á un mercader^ corrió la 
costa meridional de Cuba, desembarcó en el puerto de 
Batabanó y en menos de ocho dias de viaje desde 
Manzanillo, se apareció en la Habana al mediar -de 
enero, cuando llegaba de San Agustín á guarnecer á 
la capital de Cuba el capilan Baltasar de la Barreda con 
doscientos soldados, seis piezas de bronce y su repuesto 
necesario. 



1 



DE LA ISLA DE CUBA. 239 

Mientras el adelantado estuvo allí presente, no osó 
García Osorio entorpecer las providencias que , cum- 
pliendo con las órdenes del Rey, tomó para demoler la 
mal llamada Fuerza construida veinte y cinco años an- 
tes por Mateo Aceituno, sustituirla con otra obra mayor 
y mas segura , y defender la entrada de la bahía con 
una trinchera artillada en cada orilla; pero solapada- 
mente le desmoralizó algunos oficiales y soldados, pin- 
tándoles á la Florida como un desierto estéril , donde 
solo encontrarían hambres y flechas y nunca recompen- 
sas, protegiendo su deserción y hasta escondiéndolos. Así 
abandonó á Menendez ocultándose en el mismo pueblo 
el capitán Pedro de Rodroban , proponiéndose pasar á 
Méjico primero que á aquella ingrata tierra , y muchos 
de sus soldados imitaron su funesto ejemplo. Por tales 
perfidias y las bajas que ocasionaban en su tropa , tuvo 
que suspender Menendez su salida para San Agustín 
algunos dias. Los empleó en sosegar á su gente y for- 
mar causa en rebeldía á los desertores; y antes de darse 
á la vela dejó notificadas sus sentencias al gobernador 
para que los prendiese y se los remitiera. 

Luego que salió por tercera vez para Florida en 1 .® de 
marzo (1567) con siete embarcaciones, García Osorio, 
en lugar de encarcelar á los desertores sentenciados, 
agasajó á Rodroban y otros soldados huidos presentán- 
dose en público con ellos , haciendo , en fin , alarde de 
ser apadrinador de su delito. Hizo más. En 7 de marzo 
obligó á comparecer en su posada al capitán Barreda que 
habia quedado con el mando de la guarnición, como se 
ha dicho. Ante los oficiales reales y los regidores le in- 
timó que exhibiese en el momento la orden que tuviera 
leí Rey para quedar dando presidio en aquel puerto. Le 



240 HISTORIA 

respondió Barreda que la orden original la tenia el ade- 
lantado, y que para cumplir con sus disposiciones, que 
no eran otras que las del mismo Rey , no tenia que pre- 
sentar ningún testimonio de aquel original. Sin oir más 
García Osorio, ordenó al instante que se pregonara bando 
para que todos los soldados de Barreda , lo mismo que 
su capitán , quedaran arrestados en sus alojamientos. 
Iba Barreda á salir del aposento del gobernador al escu- 
char tal desafuero, cuando este se levantó también, le 
asió del cuerpo y le prendió «por el Rey, » ayudándole 
dos alguaciles y algunos esbirros que intentaron desar- 
marle sin lograrlo. Desde un cuarto contiguo acudió á 
este ruido espada en mano el alférez Caballero, animoso 
militar y segundo de Barreda, que, al ver á su capitán 
tan ofendido , cerró iracundo sobre el gobernador y sus 
subordinados, haciéndoles huir á todos de la sala. A 
mayor extremo habria llegado un lance que escandalizó 
á la población , si Barreda , libre ya , y el mismo Caba- 
llero no se apresuraran á templar las iras de su tropa 
recogiéndola y conservándola reunida y disciplinada en 
sus alojamientos. 

El mismo Juan de Henestrosa , á quien hemos visto 
desempeñar oficios públicos en tiempo de Pérez Ángulo 
y Mazariegos , como apoderado y teniente que era de 
Menendez en la Habana , se apresuró á hacerle sabedor 
de estos desórdenes y de las tropelías de García Osorio 
y Rodroban. Recibió el adelantado su pliego al mismo j 
tiempo que otras cartas contestes de otros regidores, y 
suspendiendo las negociaciones en que se ocupaba con 
varios caciques de la cosía, á los tres dias de navegación' 
se apareció en la Habana á fin de marzo , y no le valió 
á Rodroban escapar con unos veinte arcabuceros hacia el 



DE LA ISLA DE CUBA. 241 

monte. Menendez logró hacerlo apresar después de tres 
semanas de persecución , y por mucho que le amparase 
para eludirla García Osorio; le formó nueva causa, y 
después de oido en justicia, el consejo de guerra le 
condenó á muerte. Hubiérase sin apelación ejecutado 
esta sentencia á no intervenir entonces con los empeños 
mas encarecidos casi todas las personas de cuenta de 
la Habana , y auti los mismos Barreda y Henestrosa. 
Permitióle al reo la apelación ; y no considerándolo se 
guro donde gobernara García Osorio , se lo llevó preso 
con grillos á Tequesta en la Florida, á donde le lla- 
maban con urgencia asuntos de colonización y de go- 
bierno. 

Atañe poco á una crónica exclusiva para Cuba la nar- 
ración de los progresos que en tan breve tiempo y lu- 
chando con obstáculos sin cuento , habia ya Menendez 
logrado en aquel país; y solo podemos indicarlos. Ha- 
bia organizado dos misiones y hecho convertir al cris- 
tianismo muchas de las indiadas que habitaban la costa 
entre el cabo Cañaveral y San Agustín. Habia estable- 
cido en los siete puntos mas importantes y estratégicos 
de aquel litoral cuatro pueblos fortificados y dominando 
á los mejores fondeaderos de la costa, que eran San 
Agustín, San Felipe , San Mateo y Ais; y las casas pro- 
pias para imponer respeto á las indiadas aledañas eran 
Tequesta , Carlos y Tacoba ; adelantos conseguidos al 
paso que defendía de corsarios con sus buques el golfo 
Mejicano y el mar de las Antillas, arrebatándoles pre- 
sas de importancia. 

A pesar de sus esfuerzos , ya por malicia del gober- 
nador de Cuba y de la Contratación , ya por inercia de 
los gobernadores de la Española y Puerto Rico, que, ó 

HIST. DE CUBA.— TOMO I. — 16 



.24^ HISTORIA 

le embarazaban, ó le detenían la salida de sus carga- 
mentos, aquellas colonias nacientes y sus cortas guar- 
niciones no eran regularmente socorridas con víveres, 
efectos, ni dinero. Menendez, después de agotar todo su 
peculio , tenia que recurrir al de su esposa doña María 
de Solís, para que no siguieran su tropa y marineros §in 
las pagas que les debian abonar las arcas reales. Para 
socorrerlos de una vez y asegurar la conservación de 
su conquista; para reponer su patrimonio consumido 
en obsequio de su país y de su rey , resolvió el adelan- 
tado trasladarse él mismo á España á activar el éxito 
de sus instancias, paralizadas siempre por las lentas for- 
malidades del Consejo y la malevolencia de los de la 
Contratación de Sevilla. 

No quiso distraer para ese viaje del servicio á que 
estaban destinadas á ninguna embarcación de las que 
le quedaban , habiendo regresado á España las más de 
las que con su refuerzo habia traido Arciniega. Por su 
propio diseño y á su vista hizo construir una barca cu- 
bierta y ligerísima de solo diez y nueve toneladas. Me- 
tióse en ella con D. Pedro deValdés, que luego fué 
maestre de campo , su asesor Francisco de Cepero , al- 
gunos oficiales y parientes suyos , los capitanes Miguel 
Henriquez y Rodroban, presos con grillos como sedi- 
ciosos, seis indios florídanos y hasta treinta y ocho per- 
sonas con marineros y soldados. Con esa embarcación, 
labrada para bogar á remo y vela , zarpó de San Fe- 
lipe á principios de junio de 1567 y avistó á las Azores 
en diez y siete cingladuras. Informósele en Tercera que 
Felipe II se apresuraba á embarcarse en la Coruña para 
ir á sofocar la rebelión de Flandes ; y por alcanzarle 
antes de su salida, siguió presuroso hacia las costas de 



DE LA ISLA DE CUBA. ^ 243 

Galicia hasta fondear algunos dias después en el puerto 
de Vivero. 

Sabedor allí de que el monarca aun no se habia mo- 
vido de la corte, entregó á los presos con sus causas ; y 
á ios veinte años de ausencia, empleados en servicios 
singulares con incesantes faenas y peligros, se permitió 
el solaz de pasar algunos dias en su casa y con su fa- 
milia en Aviles. Ó porque le pareciera bastante ese 
descanso, ó que sus asuntos y deudas le apuraran, en- 
caminóse á presentarse al Rey, lográndolo en Valladolid 
el 20 de julio de 1567. 

Pero á pesar de su eficacia y de la protección del so- 
berano, algunos émulos del Consejo de Indias y sus 
contrarios de la Contratación de Sevilla hallaron forma 
de paralizar hasta muy entrado el siguiente año unas 
pretensiones que hasta á la gloria y al provecho de la 
nación interesaban. En 13 de marzo de 1568 obtuvie- 
ron en fin el éxito deseado. Además del gobierno ge- 
neral de la Fernandina de Cuba , con facultad para 
nombrar lugar-tenientes que le ejerciesen en su ausen- 
cia , se le confirió plena autoridad sobre las flotas y em- 
barcaciones que navegasen en América , y se allanaron 
todos los estorbos que entorpecieron antes sus disposi- 
ciones. 



Aunque Muñoz acumuló en su Colee, extractos y copias de do- 
cumentos muy posteriores á la época á que se refiere este capítulo, 
ninguno inserta concerniente á Cuba en este tiempo. Mal pudo 
llenar ese vacío cuando en la fuente principal de sus noticias , el 
Arch. general de Ind. de Sevilla, apenas aparece documentación de 
!~^ Cuba relativa á los veinte años que mediaron desde 1555 á 1575. 
Así lo reconocimos al visitar aquel tesoro histórico á mediados de 



244 , HISTORIA 

1852. Pero felizmente nos .han favorecido, por otra parte, otros 
elementos para combinar la narración del precedente capítulo: 
curiosos legajos del Depósito Hidrográfico de Madrid, piezas de 
varias colecciones que, además de la de Muñoz, posee la biblioteca 
de la Academia de la Historia, y el Ensayo rronológico para la historia 
general de la Florida que publicó en Madrid, en 1724, D. Gabriel 
de Cárdenas y Cano, ó mas bien D. Andrés Rodriguez de la Barcia, 
que quiso tomar ese pseudónimo anagramatizando su propio nom- 
bre y apellido. 

Aunque de vulgar y difuso estilo, y de juicios y apreciaciones 
tan propias del tiempo en que se escribió, como inadmisibles en el 
nuestro , esta obra tiene la ventaja de acomodar su narración al 
mas exacto orden del tiempo, sujetándose con la mayor fidelidad á 
todos los textos nacionales y extranjeros que se conocían entonces. 
Como todas las expediciones de los españoles á la Florida se em- 
prendieron desde Cuba , y luego aquel territorio fué siempre una 
dependencia ultramarina de su gobierno , el Ensceyo cronológico de 
Cárdenas tuvo también que referirse con frecuencia, y á veces 
con extensión , á las cosas de la isla. 

Tocante á la conquista de Menendez de Aviles es ese libro in- 
estimable, porque calcó su narración sobre el largo y curioso 
Memorial que el mismo cuñado del conquistador, Solís de Meras 
escribió de todos los sucesos de aquella jornada , y sobre muchos 
documentos de los mas fehacientes que hemos reconocido en el 
Depósito Hidrográfico y en las colecciones de la Academia. 

En una visita que hicimos durante algunos dias al archivo ge- 
neral de Simancas, en octubre de 1863, nada encontramos sobre 
aquella conquista ni aun sobre Cuba en la época á que nos refe- 
rimos. Más que en la falta de documentos consistiría ese contra- 
tiempo en la de índices y en la de separación de materias que se 
observa en la inmensidad de legajos de aquel riquísimo depósito, 
tan pobre , sin embargo , en brazos para ordenarlos con todo el 
celo de sus excelentes empleados! 

Entre otros documentos referentes á los servicios y vicisitudes 
de Menendez, los principales datos del Depósito Hidrográfico que 
nos sirvieron para redactar este capítulo son trece copias de otras 
tantas cartas dirigidas al rey desde 13 de agosto de 1565 hasta 30 
del mismo mes del siguiente año. En ellas refirió todos sus movi- 
mientos y operaciones desde que salió de Cádiz con su armamento 
para conquistar á la Florida hasta que se apoderó del fuerte y de 
la colonia que hablan formado los protestantes franceses. 



DE LA ISLA DE CUBA. . 245 

Las relaciones de Menendez tuvieron después de su muerte y de 
tres siglos la misma fatalidad que su autor en vida , la de no ser 
conocidas, y por eso no se pudo replicar con su publicación á las 
calumnias con que los escritores extranjeros han manchado la 
memoria de aquel hombre eminente. Los cronistas protestantes 
de aquellos tiempos , y aun de los presentes, nos pintan á Menen- 
dez como á un tigre que degollaba por puro placer á los rendidos, 
Pero no nos niegan que antes de rendirlos los habia vencido con 
fuerzas muy inferiores , y que , si mandó matar á los que confe- 
saban ser de la religión reformada , á los que el mundo católico y 
el fanatismo de aquel siglo apellidaban herejes y quemaban vivos 
en Europa , fue por la necesidad de obedecer á Felipe II ; es de- 
cir, á un monarca inexorable en la persecución religiosa, que 
nunca le habría perdonado á él el perdonarlos. 

Sobre la luz que arrojan aquellas cartas con respecto á la con- 
quista que por espacio de dos siglos y medio aseguró á España 
la posesión de la Florida , contienen una gran curiosidad para la 
ciencia náutica , cual es la de los primeros estudios para la nave- 
gación del canal nuevo de Bahama y de las aguas de la costa sep- 
tentrional de Cuba. 

Además de los escritos nacionales que quedan mencionados , todo 
el que se tome interés por la verdad podría consultar las siguien- 
tes obras : 

Historia nolable de la Florida con las relaciones de tres viajes de ca- 
pitanes y pilotos franceses. =Vairis , i 586, un tomo en 8.°, por Rene 
de Laudonniere. = Se encuentra en la biblioteca Imperial de Paris, 
lo mismo que estas otras : 

\iiei.^=Histijria de Dieppe.=Breve discurso é historia de un viaje de 
algunos franceses á la Florida, anónimo. — \bl9.== Archivos curiosos 
de la historia de Francia, anónimo, tomo VI, pág. 200 y siguientes. 

De BrY. = Brevis Narratio eorum quce in Florida Americct provin- 
cia Gallis acc¿íierwní.= Parte YI. == Francfort , 4 691. 

Ultimo viaje de Juan Rihaut , por La Challeur. 

De todos estos textos franceses , llenos de pasión , aunque por 
otra parte casi todos conformes en los hechos con las relaciones- 
españolas, tomaron sus noticias los escritores mas modernos que 
se han referido á la conquista de la Florida por Menendez ; y ni 
el mismo Bancrofft se ha Ubrado de la parcialidad de todos los 
demás publicistas extranjeros en su extensa y elegante Historia de 
los Estados-Unidos de América. 



CAPÍTULO DÉCIMO, 



Gobierno de Pedro Menendez de A-vilés. —Sus facultades y comisiones. — Ejér- 
celo su lugar-teniente el licenciado Francisco de Zayas. — Forma causa de 
residencia á García Osorio. — De Gourgues, protestante francés, sorprende el 
fuerte de San Mateo en la Florida. — Obispo Bernardino de Yillalpando.— 
Establecimiento de una misión de Jesuítas y de un hospital militar en la Ha- 
bana. —Fábrica del castillo de la Fuerza. — Gobierno del segundo lugar- 
teniente de Menendez , Diego de la Ribera y Cepero. —Origen de los situados y 
remesas pecuniarias de Méjico á la Isla. — Gobierno de Pedro Menendez Már- 
quez, tercer lugar-teniente.— Su exploración hidrográfica por el canal nuevo 
de Bahama.— Castillo de la Fuerza. — Gobierno de Sancho Pardo Osorio, 
cuarto lugar-teniente. — Comisión del oidor Alonso de Casares.— Ordenanzas 
municipales de la Isla. —Facultad dada á los ayuntamieitos para mercedar 
tierras. 



Pronto se sintieron en la Florida las consecuencias de 
la ausencia de Menendez, no estando aun terminadas 
aquellas fortificaciones y huérfanas de su presencia y 
del temor que infundía á los extranjeros. Apenas supie- 
ron los protestantes franceses su regreso á España, 
cuando creyeron que era ya oportuna ocasión de tomar 
venganza de la muerte de Ribaut y sus compañeros, 
sorprendiendo algunos puestos de los que se acababan 
de establecer en aquella costa inmensa. Uno de los mas 
fanáticos sectarios de ese tiempo, Domingo de Gour- 
gues \ natural de Mont-Marsan , fué el que se echó al 

' Este aventurero gascón , cuyas noticias no escasean en varias publica- 



HISTORIA UE LA ISLA DE CUBA. 547 

hombro el compromiso de atentar á la paz de dos poten- 
cias por satisfacer las pasiones de una parcialidad tan 
perseguida en Francia como el protestantismo. Pero aun- 
que Menendez habia llegado á España á fin de julio, 
Gourgues con todo el favor de sus correligionarios de 
Guiena , no se atrevió á salir de Burdeos para empren- 
der su represalia hasta muy entrado agosto, cuando ya 
se sabia allí que estaba en España el que si tropezara 
con él le habria tratado lo mismo que á Ribaut. Hízose 
á la vela desde Burdeos aquel corsario con tres embar- 
caciones y más de cuatrocientos hombres escogidos. Di- 
simulando el objeto de su viaje, al llegar á la longitud 
de las Antillas tomó por la latitud meridional de su ar- 
chipiélago, para que no penetraran los españoles su de- 
signio; y doblando por el cabo de San Antonio, embocó 
en el canal nuevo de Bahama, dirigiéndose por las indica- 
ciones de un piloto que lo habia recorrido con Menendez. 
Este, lejos de haber engañado á los protestantes france- 



Ciones francesas , y especialmente des- franceses de Florida y anheloso de ven- 
de las págs. 442 hasta la 446 del to- garlo, armó la expedición á que nos 
mo XXI de la Biografía general de referimos en el texto. En lugar de la 
Hoeffer, nació hacia 1530. Después de ovación qua esperaba por su feroz ha- 
servir muchos años en las tropas ler- zana, al regresar á Francia, tuvo casi 
restres, habia sido hecho prisionero por inmediatamente que esconderse por le- 
los españoles en llalla , y desuñado á mor de que cediese el gobierno francés 
servir de remero en las galeras del Me- á las exigencias del monarca español, 
diterráiieo. Apresada por los turcos la que reclamaba su entrega y la de los 
embarcación en que iba, luego le res- demás que le habían acompañado en su 
cataron y pusieren en libertad las gale- expedición á la Florida. Gourgues es- 
ras de Malla. A su regreso á Francia tuvo mucho tiempo refugiado en Ingla- 
empezó á dedicarse al corso. Recorrió Ierra, donde lo amparó la protección de 
las costas de África y de la América la reina Isabel. Pero murió en Touis 
meridional, y después fué á disfrutar en 1593, dejando un manuscrito que se 
en su país de sus rapiñas, habiendo ya halla en la biblioteca Richelieu con el 
abrazado el luteranismo. Indignado al jactancioso titulo de Recobro de la FlO" 
saber el degüello de los protestantes rida por el capitán Gourgues, 



248 HISTORIA 

ses de Florida, sustituyendo á la suya otra bandera, sin 
el menor embozo les habia anunciado su misión del modo 
mas solemne. Pero Gourgues , para cumplir incompleta- 
mente coa la suya, no imitó su ejemplo. Aunque con 
fuerzas muy superiores á las que tenían allí los españoles, 
cuando se les presentó izó pabellón de Castilla al pasar 
por la embocadura del rio Mayo y el fuerte de San Ma- 
teo, saludándole con salva y bandera el incauto Gonzalo 
de Yillaroel que, engañado por la astucia del aventu- 
rero, le supuso amigo y le dejó pasar sin obligarle al 
habla desde el fuerte. Continuando Gourgues su viaje, 
llegó luego á la embocadura del Savannah , donde le 
recibió con gran benevolencia, abundancia de .víveres 
y una indiada numerosa el cacique Saluriba á quien ni 
las mas mañosas diligencias de Menendez hablan podido 
retraer de su simpatía y amistad por los franceses. Fa- 
vorecidos por esos indios belicosos Gourgues y los suyos, 
pasaron mucho tiempo entre ellos madurando y prepa- 
rando su venganza. Ya en abril de 1568, mientras Sa- 
turiba con mas de diez mil indígenas flecheros se em- 
boscaba en una oscura noche en las avenidas de la casa 
fuerte de San Mateo, Gourgues se propuso sorprenderla 
antes de amanecer con mas de doscientos europeos y una 
turba de indios escogidos. Aunque no la defendiesen mas 
que cincuenta castellanos, rechazaron con vigor los asal- 
tos de sus agresores, hiriéndoles y matándoles no pocos. 
Pero suponiendo su comandante, ó por noticias falsas, ó 
por el bulto engañoso de su masa, que pasaran de dos 
mil, evacuó con todo silencio el fortin en la siguiente no- 
che dirigiéndose hacia San Agustín con su piquete. Aco- 
metiéronle á flechazos en su retirada enjambres de in- 
dios emboscados ; perdió algunos arcabuceros , unos 



DE LA ISLA DE CUBA. 249 

treinta cayeron vivos en poder de los franceses, y á du- 
ras penas á fuerza de agilidad , suerte y bravura logró 
refugiarse en San Agustin con solo quince. Después de 
apoderarse de aquel castillejo , se apresuró Gourgues á 
acometer á la vecina colonia, la antigua Gharlesfort, se- 
parada algunas millas de aquel puesto, antes de que sus 
habitadores supieran su primer suceso; y por sorpresa les 
obligó á evacuarla después de una reñida resistencia al 
amanecer del dia siguiente á unos cincuenta españoles 
que se refugiaron en San Agustin con la mayor parte de 
los pobladores. 

Gomo treinta perecieron en los dos ataques; y el 
odio y la sed de venganza de los protestantes se ceba- 
ron en treinta y ocho infelices prisioneros , martirizán- 
dolos á todos antes de ahorcarlos en los árboles con un 
letrero que decía : «No por españoles, sino por ase- 
sinos. » Respuesta feroz dada á otro mote que los pro- 
testantes suponían (sin que confirmen esa suposición 
mas textos que los suyos) haber puesto Menendez á Ri- 
baut y á las víctimas con él sacrificadas. 

Dando con esto por cumplido el objeto de su expedi- 
ción con solo asesinar, y para librarse de la persecu- 
ción de los de San Agustin y de la Habana, apresuróse 
Gourgues á reembarcarse el 3 de mayo y llegó á la Ro- 
chela el 6 de junio sin que consiguieran alcanzarle dos 
galeones españoles que le dieron caza. 

De Thou, Larrey y otros escritores franco -protestan- 
tes, asi como ennegrecieron las sorpresas logradas por 
Menendez en Florida , caracterizaron á las de Gourgues 
de bravas y justas represalias, y, protestantes ó no, 
cuantos se refieren en Francia á aquellos hechos, se 
alucinaron con el error de los primeros, prefiriendo re* 



250 HISTORIA 

producirlo para halagar el amor propio de sus nacio- 
nales, á esclarecer la verdad ; deber irremisible del que 
se proponga contar lo pasado á los futuros ^. 

De la sorpresa de Gourgues recibió Menendez la 
primera nueva al llegar á la Habana en 23 de julio de 
1 o68i con la flota que venia con él de Cádiz y siguió 
después para Veracruz y Costa Firme. 

Desde el 24 hizo recibir en el ayuntamiento por lugar- 
teniente suyo en toda la isla al licenciado Francisco de 
Zayas ^ ; y sin renovar siquiera sus víveres y aguada 
cingló con seis embarcaciones á lodo trapo para San 
Mateo, donde fondeó á los seis dias de su salida de la 
Habana. En aquel destruido lugar ya no encontró pro- 
testantes con quienes combatir , sino destrozos que 
reparar, habiéndose internado en sus bosques á su apro- 
ximación Saturiba y sus salvajes. En los demás puestos 
encontró hambrientas y casi desnudas á unas guarnicio- 
nes que durante su ausencia apenas hablan recibido 
auxilio alguno de la Habana, habiendo entorpecido 
siempre el envidioso Osorio los esfuerzos de Juan de 
Henestrosa para socorrerlos. Tuvo pues Menendez que 



' INada escribieron de otro horrible 3 Véase su noticia biográfica , pági- 
atentado cometido antes en el mar Pa- ñas 690 y 691 , tomo IV , Dic. Geogr. , 
cííico por el mismo pirata Jacques de Estad.^ llist. de la Isla de Cuha por el A. 
Sores que habia saqueado e incendiado — Este doctor Zayas era minislro ú 
á la Habana. Después de apoderarse de oficial de la Casa de Contratación de 
la nave en que iban el P. Ignacio de Lidiasen Seviila; y según nn extracto 
Acevedo y treinta y ocho jesuítas, los de la Colee, de Muñoz, pasó á la Ha- 
hizo á todos cortar los brazos, arrojan- baña con mujer, hijos, tres criados y 
dolos después vivos al mar. Este acto cuatro criadas , aunque el Rey no abo- 
de ferocidad resulta confirmado en mu- naba ningún sueldo á los lugar-tenien- 
chos documentos del Arch. de Ind., tes de Menendez, siendo esie el que se 
refiriéndolo la p. 407, t. YIII , del En- lo pagó de los fondos de su jornada de 
sayo de la Florida por C. Cano, edi- Florida. 
Ci0!j ya indicada en las notas anteriores. 



De LA' isla de cuba. 251 

volver á cinglar para ese puerto, padeciendo en su 
regreso recia tormenta en el canal de Bahama para 
disponer mejor desde esa villa, no solo que fuesen 
aquellos puestos socorridos pronto, sino que lo fuesen 
con toda seguridad en adelante. 

Inició el licenciado Zayas su gobierno en la isla como 
lugar-teniente del Adelantado residenciando á García 
Osorio, tan mortificado como sorprendido de que triun- 
fasen los servicios de Menendez de sus poderosos oposi- 
tores de la Contratación y regresara con tantas faculta- 
des. A pesar de la indulgencia que con él se usó en ios 
autos, dejándosele justificar con la falta de órdenes direc- 
tas del Rey sus continuas negativas para auxiliar á Me- 
nendez y á sus fuerzas, resultaron contra Osorio muchos 
.cargos; y tuvo Zayas que enviarle preso á España con el 
procedimiento. Allí dieron todo su amparo al encau- 
sado los de aquella influyente dependencia, y tiempo 
adelante salió indemne. Ese solia ser el resultado de las 
severidades, fiscalizaciones y condenas de las residen- 
cias. 

Desde 1560 regia la diócesis de la isla el Dr. Ber- 
nardino de Yillalpando * , natural de Talavera de la 
Reina. Después de declarada la Florida parte de su obis- 
pado , se esforzó en formar misiones que con la palabra 
asegurasen en tan bárbara región los adelantos de las 
armas. Cuando tuvo Luna que desistir de su conquista 
en 4 561 , y se retiraron de allí con él los misioneros que 
habían sobrevivido á su sublime abnegación predicando 
la fe confundidos entre los salvajes , desistió también de 



* Véase su noticia biográfica, p. 665, tomo IV» Dice. Geogr.^ Estad., Uist. 
áé la Isla de Cuba por el A. 



252 ' HISTORIA 

SU noble empeño aquel prelado , sin renunciar á repetir 
al Rey sus ruegos para que dispusiera de una vez esa 
conquista. 

Ocupóse el obispo Villalpando en terminar en San- 
tiago la fábrica de la primera catedral ; y siendo pro- 
movido á la mitra de Goatemala en 1565, la pasó á 
servir, dejando el gobierno de la diócesis al canónigo 
provisor, que lo desempeñó más de dos años. Solo por 
obediencia la aceptaban aun los eclesiásticos de literatura 
y algún valer en la península. Así la aceptó luego el 
Dr. Juan del Castillo ^, natural de Burgos, que se pre- 
sentó en la Habana por enero de 1568. 

Al salir del gobierno García Osorio, acaloró este nuevo 
diocesano la ejecución de un excelente pensamiento, el 
de crear en aquella villa un plantel fijo para las misio- 
nes de Florida. Con limosnas del adelantado , de sus 
cabos y algunos pudientes, consiguió levantar una hu- 
milde pero vasta casa en los solares de aquella capital 
que ocupa hoy el hospital de San Juan de Dios. Allí los 
PP. Jesuítas Juan Rogel ^ y Francisco Villareal , escla- 
recidos misioneros cuyos hechos mencionan las crónicas 
de Florida con frecuencia , empezaron á endoctrinar en 
la religión y lengua de los españoles á jóvenes indios 
floridanos que se las comunicaron después á los idóla- 
tras indígenas. Ese piadoso establecimiento tuvo poca 
vida , porque se trasladó á la ciudad de San Agustín , 
cuando quedaron sus fortificaciones terminadas. Pero 
sirvió luego de cuna al primer hospital regular de la 



5 Véase su nota biográfica, pág. 357, de Muñoz , en febrero de 1389 fundó 

tomo I, Dice. Geogr. , Estad. , Hist. de Menendez en la Habana una escuela de 

(o Isla de Cuba por el A. enseñanza pública dirigida por algunos 

' Según una referencia de la Colee. PP. Jcguitas. 



DE LA ISLA DE CUBA, SS5 

Habana, y para el culto del vecindario subsistió una er- 
mita que, bajo la advocación de San Felipe y Santiago, 
se amplió después hasta ser la actual iglesia de San Juan 
de Dios, anexa al hospital del mismo nombre. 

Su primera fundación, no menos importante, se eje- 
cutó también en el mismo sitio y por el mismo tiempo, 
la de un hospital militar destinado desde entonces, no 
solo para la corta guarnición que habia en la Habana, 
sino para los militares de Florida y los transeúntes de un 
continente á otro. Establecióse en una localidad también 
anexa al seminario de los Misioneros y á su ermita, 
destinándose igualmente para los enfermos pobres de la 
villa. Los únicos arbitrios con que logró realizarse este 
instituto indispensable fueron cortos descuentos en los 
haberes de los oficiales, tropa y marineros, y las limos- 
nas que recogia el ayuntamiento para que se aprove- 
charan los pobres de la población de ese benéfico asilo 
en sus enfermedades. 
■ Por disposición de Menendez se habia emprendido 
tiempo atrás la demolición del fortin primitivo de la 
Fuerza. El mismo adelantado concibió el proyecto de la 
nueva fortaleza que, conservando su nombre, habia de 
reemplazarle ventajosamente. Fué un polígono de cor- 
tinas y morlones con su foso, cuartel interior para dos- 
cientos hombres, y camino cubierto para comunicar al 
castillo con la bahía , pero sin suficiente elevación en la 
muralla y con otros defectos aun, en el atrasado sistema 
de defensas de aquel tiempo que se fueron enmendando 
luego. 

A poco de terminar su procedimiento contra García 
Osorio, renunció el Dr. Zayas su interino mando y 
marchó á España. Algunos han supuesto, sin explicar e( 



254 HISTORIA 

origen de esa conjetura, que descendiesen de ese magis- 
trado los distintos y distinguidos linajes de ese mismo 
nombre que hay en la isla. Ni lo contradecimos, ni lo 
aseguramos. 

Con nombramiento de Menendez se presentó á rele- 
varle de aquel cargo , en 1 4 de febrero de 1 569 , el 
capitán de galeones , Diego de la Rivera y Cepero '^, uno 
de los cabos mas sobresalientes en la conquista de Fio • 
rida y otras empresas de aquel adelantado. Puso las 
primeras piedras á la reedificación de aquella forta- 
leza y gobernó con paz y acierto. El respeto que infun- 
dían las embarcaciones de Menendez á los corsarios ex- 
tranjeros mantenían libre á la sazón de su peligrosa 
presencia al archipiélago Antillar, y se notaba cierto 
movimiento de prosperidad en la isla, esencialmente por 
Bayamo , donde aun continuaba Parada gobernando. 

Lo mismo que Zayas, Rivera se ocupó con preferen ■ 
cia en los multiplicados encargos de su poderdante. Los 
principales eran remesar continuamente víveres y auxi- 
lios á San Agustín, Santa Lucía de Ais, Tequesta y San 
Mateo, y activar las obras de la Fuerza. Pero en cum- 
plir con el primero se empleaban desde luego casi todos 
los recursos. Para el segundo , como para pagar á los 
funcionarios y poca tropa de la isla , habia que recurrir 
á socorros exteriores. De los doscientos mil ducados que 
Menendez habia recibido del Rey á su último regreso 
para pagar deudas y resarcirse de anteriores pérdidas, 
tuvo que destinar alguna parte á las atenciones locales 
de la Habana. El deseo de exonerarse de una carga que 



■^ Véase su noticia biográfica, p. 35'6, tomo IV, Dice. Geogr.^ Estad. » Uist. de 
la Isla de Cw&aporel A. 



I 



DE LA ISLA DE CUBA. 255 

las rentas del país distaban mucho de poder aun soste^ 
ner, le hizo recurrir con instancia al virey de Nueva 
España para que enviase el déficit que cada año resul- 
taba entre la recaudación de impuestos y los gastos. El 
virey le remitió en tres partidas doce mil ducados; y 
ese fué el origen de las remesas continuas de Veracruz 
á la isla que años adelante, como apuntaremos, se re- 
gularizaron de orden de la corte. Se siguieron pagando 
durante dos siglos y medio y hasta los primeros lustros 
del presente, los gastos de un país cuya opulencia no 
habria necesitado de esos auxilios tanto tiempo, si una 
ignorancia general en materias económicas , común á 
todos los pueblos europeos, y una metrópoli insuficiente 
para colonizar sus inmensas posesiones , no la hubiera 
tan deplorablemente detenido. 

Destinado Rivera á otra comisión en la Florida , en 
12 de junio de 1570 le relevó en el gobierno de la isla 
otro capitán de galeones, Pedro Menendez Márquez^, 
sobrino del adelantado y su sucesor mas adelante en el 
de su conquista. Su interinidad duró casi dos años, y no 
se distinguió de la anterior por incidentes ni novedades 
de importancia. Se continuó la obra de la fortaleza mien- 
tras el anciano Juan de Rojas, al terminar su honrada 
vida, disponía la reedificación de la primera iglesia par- 
roquial destruida por el corsario Sores años atrás. 

Como los afanes de su activa vida, siempre múltiples 
y urgente?, no le hablan permi-tido al adelantado unir al 
bélico lauro el de la ciencia, y en la náutica contaba 
entre sus mejores subditos á Márquez, encomendóle que 



•Véase su nota biográfica, págs. I5y IG, tomo IV, Dice- Geogr.^ Esiad.^ 
Uist. de la Isla de Cuba por el A , 



256 HISTORIA 

reconociese muy prolijamente las principales sondas y 
accidentes del canal nuevo de Bahama para fijar el pri- 
mer derrotero de su navegación. Para cumplir con ese 
encavgo tan adecuado á sus estudios, dejó en su lugar 
Márquez en la Habana en 5 de junio de i 571 al capi- 
tan Juan Alonso de Navia, natural de Aviles. 

Formó aquel reconocimiento Márquez en tres semanas 
de tiempo bonancible^ y regresó á aquel puerto en 14 
del siguiente julio á poner en orden sus observaciones y 
extender su informe, reuniéndolas á las que ya tenia su 
tío. Aunque sin dibujante, ni cosmógrafo que las supiese 
representar en un diseño ó carta , fueron tan exactas y 
claras las noticias que Márquez remitió al Consejo de 
Indias, que luego se las aprobó, determinando años 
después que fuese aquel preciso rumbo para las em- 
barcaciones que de Veracruz y de la Habana retornasen 
para España. 

Llamado Menendez por el Rey en 1572, mandó que 
su sobrino Márquez se encargara del gobierno de Flo- 
rida y de proteger la navegación del golfo Mejicano y 
mar de las Antillas. En 21 de abril de 1572 le relevó 
por esta causa , como cuarto lugar-teniente suyo en la 
isla, el capitán de galeones Sancho Pardo Osorio, que 
habia guerreado con el adelantado, ayudándole también 
á sus exploraciones náuticas por los bancos de Bahama, 
golfo Mejicano y costas de Florida. 

Ocupóse, como su antecesor, en abastecer los buques 
que iban y venian de esta provincia , vigilar la costa y 
ampliar las obras de la Fuerza, siempre retardadas por 
la paralización de los auxilios ya mandados remitir de 
Méjico. «Los dos caballeros de ese castillo, » decia Pardo 
al Rey en 17 de febrero de 1 573, «están á la altura que 



DE LA ISLA DE CUBA. 2S7 

» an de tener. En los otros dos se trabaja con todo cuida- 
» do. El fosso se va cubriendo ancho i con toda hondura; 
)) i entiendo que desta manera á la partida de la flota 
i> estará la fortaleza rodeada i los cuatro caballeros igua- 
» les, con lo que avrá buena defensa y se estará en 
» adelante con naas seguridad. Es grande la necessidad 
» que la gente desta obra padesze por no avérseles pa- 
)) gado , i an comido de lo que los vezinos prestaron i 
« tomé de los depóssitos i particulares. Lo uno i lo otro 
» se a acabado. Los cuatro mil ducados que V. M. 
» tiene mandado á los officiales de Méjico enviassen aquí 
«para socorro, no an venido, ni se sabe cuál sea la 
1» causa. La cédula se invió por la vía de Campeche re- 
» gistradaá los officiales que allí ressiden para que la en- 
í caminassea á Méjico; i entiendo que ansi lo hizieron. 
D Tampoco los dos mil ducados que V. M. tiene libra- 
» dos á Tierra Firme para el pagamento de los soldados 
» de guarnición de estB fortaleza hasta oy no an ve- 
» nido; con lo que no se a tenido ni tiene menos tra- 
» bajo que en lo de la obra. Es grande inconveniente i 
j> á V. M. mucha costa el aver de inviar cada año á 
» buscar dineros con tanto riesgo ; i podríase remediar 
» con mandar la cédula i con que la cobranza se enten- 
» diesse aquí con el general de los galeones y la cu- 
p briesse con la plata que cada año va para V. M., i desta 
» manera no avrá gasto ninguno. * Tales eran los tro- 
piezos con que se empezó desde entonces á luchar para 
cubrir las primeras atenciones de la isla, y cuando no 
infestaban aun sus aguas piratas ni corsarios. La deten- 
ción de esos subsidios ordinarios fué la causa de que en 
los dos años y medio que desempeñó la lugar-tenencia 
Pardo Osorio, no se terminaran unas obras cuyo modesto 

HIST. DE CUBA. — TOMO I. — 17 



558 HISTORIA 

presupuesto gravitaba en parte sobre el vecindario. 
Tuvo lugar por ese tiempo en la isla una reforma im- 
portantísima , la de fijar de una vez las atribuciones y 
derechos de los ayuntamientos. La audiencia la dis- 
puso para organizar esas corporaciones y reprimir las 
controversias personales que surgian á cada paso con 
los gobernadores y aun entre los mismos concejales 
por carecer de todo reglamento. Aquel tribunal supe- 
rior habia cometido esa tarea á uno de sus ministros, el 
doctor Alonso de Casares ^, como encargo anexo al del 
juicio de residencia de D. Pedro Menendez y sus lugar- 
tenientes. Casares, después de terminar sin oposición 
las dos tareas, leyó sus ordenanzas municipales en el 
cabildo de la Habana en 1 4 de enero de i 574. Los con- 
currentes eran Sancho Pardo Osorio, que seguía go- 
bernando aun; los alcaldes Gerónimo de Rojas Avella- 
neda y Alonso Velazquez de Cuellar ; los regidores Diego 
López Duran , Juan Bautista de Rojas ^% Baltasar de 
Barreda , Antonio Rezio y Rodrigo Carreño. A excepción 
de dos, aceptaron los demás con alegría, como las fue- 
ron aceptando luego todos los otros municipios de la 
isla. En la parte orgánica y reglamentaria de esos cuer- 
pos, con algunas modificaciones que sucesivamente re- 
cibieron después, aquellas ordenanzas fueron desde en- 
tonces el solo código que hasta no hace aun muchos 
años los ha regido á todos. Quedaron establecidos con 
ellas un método fijo para la elección anual de alcal- 



• Alonso de Casares Obando llegó á Híenendez y á todos sus lugar-tenientes, 

la Habana á mediados de diciembre de *° Sobrino del antiguo teniente á 

1573 , con el título de visitador general guerra Juan de Rojas Manrique, ya 

comisionado por ia audiencia de Santo difunto entonces, 



Pomingo, Luego tomó la residencia á, 



i 



m LA ISLA DE CUBA. 2S9 

des, explicándose su jurisdicción, las atribuciones de 
lodos los demás oficios, el tiempo , el lugar y aun el ce 
remonial de las sesiones y las fiestas á que debiesen con- 
currir en corporación los ayuntamientos. 

Pero , por otra parte , el aumento de facultades que 
las ordenanzas de Casares dieron á esos cuerpos fué el 
origen de abusos y desórdenes de tan hondas conse- 
cuencias, que ni el interés de los pueblos, ni el poder 
de la justicia lograron desarraigar hasta recientes épo- 
cas. Después de colocar esas ordenanzas la justicia or- 
dinaria, la administración local y muchos ramos de go- 
bierno en poder de los municipios, por la cláusula 64 
del reglamento de Casares " quedaron estos facultados 
para distribuir solares para casas, asientos para estan- 
cias, hatos para ganados y grandes extensiones de 
tierra para haciendas. Ocasiones se presentarán en el 
curso de esta historia para indicar cuáles fueron los 
efectos de aquella autorización imprudentísima. 



*• Véase Zamora, Dice, de legislación ultramarina, artículo «OrdcnaoMi 
municipales.» , 



En las trece cartas de Menendez de Aviles que existen en el De- 
pósito Hidrográfico de Madrid no se refiere á Cuba mas que como 
á un cuidado subalterno é inherente á la complicada comisión que 
le estaba confiada. En el archivo general de Indias no pudimos 
descubrir su correspondencia con los cuatro delegados que durante 
sus continuas ausencias ejercieron el mando de la isla en repre- 
sentación suya. Pero hemos llenado hasta cierto punto ese vacío 
con las actas del ayuntamiento de la Habana, que, además de 
las fechas de las entradas y salidas en el mando de aquellos lu- 
gar-tenientes , contienen ó indican muchas providencias de este 
tiempo ; y no menos nos ha servido para aclarar los hechos de este 



260 HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA, 

capítulo el Ensayo cronológico de la Florida de Cárdenas Cano , que 
es un extracto fiel de los papeles de Menendez y sus deudos. A ve- 
ces es hasta la reproducción de los mismos textos que consulta , y 
abraza detalles muy extensos. 

Las demás obras examinadas para la redacción de este capítulo, 
aunque en general estén llenas de pasión y errores , son las si- 
guientes : 

Recobro de la Florida por el capitán Gourgues. =^'lanuscr'úo nú- 
mero 10,537. = Se halla en la biblioteca Richelieu en Paris. Hasta 
su título es una falsedad. 

Bazanier. — Viaje del capitán Gourgues á la Flor ida. = \^SQ.==Bn 4.' 
=Bibl. Imper. de Paris. 

Y'íiei.^= Historia de Dieppe. ^Bihl. Imper. de Paris. 

Champlain. = Fiaje^. = Lib. I, cap. iii.=BibL Imper. de Paris, 

Lescarbot.= F¿aje5.=Bib]. Imp. de Paris. 

DeBry. = Breí;w narratio eorum quce in Florida accid£runl.=Wih\. 
Imper. de Paris. 

Le Chaneur.= Ultimo viaje de Juan fí¿6awí.=Bibl. Imper. de Paris. 

G. H. Gaillard. = Historia de la rivalidad entre Francia y España. 

Los libros expresados en esta lista son los que han inspirado sus 
erróneas apreciaciones á G. Bancrofft , en su Historia de los Estados- 
Unidos-^ á Poussin, en su libro titulado La Puissance Americaine, y 
á Roux de Rochelle, en su Historia de los Estados-Unidos de Amé- 
rica. Si estos tres autores , que en general son juiciosos é impar- 
ciales , hubieran leido el Ensayo de Cárdenas y los documentos es- 
pañoles relativos á la Florida, no hubieran incurrido en tantos 
errores sobre su conquista. 



CAPÍTULO UNDÉCIMO. 



Gobierno de D. Gabriel Montalvo.— Abusos de los municipios en el repartimiento 
de mercedes de tierras. — Muerte de Menendez de Aviles. — Proyecto de fabri- 
car bajeles de guerra en la isla. — Obras de la Fuerza y de la zanja de la Ha- 
bana. — Fórmase el pueblo de Guanabacoa. —Excesos de Montalvo. — Su 
destitución. — Gobierno de Francisco de Carreño. — Obras públicas. — Cortes y 
remesas de maderas para el Escorial.— Primera fuerza montada.— El obispo 
Castillo. —Desórdenes de los monacales. — Fundación del convento de Santo 
Domingo en la Habana. — Galeras guarda-costas. — Muerte de Carreño. — Go- 
bierno interino de Gaspar de Torres.— «Tierras. —Defectuosa agrimensura. 



Llamado Menendez desde 1 573 á organizar las fuer- 
zas marítimas de España , feneció su facultad de gober- 
nar la isla con lugar-tenientes , y volvió otra vez el Rey 
á nombrar gobernadores. Recayó su elección en D. Ga- 
briel Montalvo \ capitán de tercios, que habia guerreado 
en Flandes y en Italia , alguacil mayor de la Inquisición 
de Granada y caballero de Santiago. 

Hasta setiembre de 1 574 no arribó á la ciudad del 
mismo nombre á cuyo ayuntamiento tenían todavía que 
presentar sus despachos los gobernadores. Pasó luego á 
Bayamo donde estaba á la sazón uno de los capitulares 
de la Habana, Diego de Solo, y le comisionó para que 



» Véase su noticia biográfica en la pág. 100 del tomo IV del Dice, Geogr.^ 
Estad. i Hist, de la Isla de Cuba por el A. 



^62 HlStORIÁ 

se adelantase á presentar su título en el cabildo de esa 
villa; y así lo ejecutó en 29 del siguiente octubre *. Cesó 
inmediatamente Pardo Osorio en el gobierno , y hasta 
que á los pocos dias llegó el mismo Montalvo, lo ejer- 
cieron los alcaldes ordinarios Gerónimo de Rojas y 
Alonso Velazquez. 

Sorprenderíanos la escasez de documentos de Cuba 
en el decenio de 1 570 á i 580, confirmada por los que 
faltan en la Colección del diligente Muñoz de todo ese 
período, si muchos otros testimonios no nos demostra- 
ran que en aquellos años la corte apenas escribia á los 
gobernadores, y los gobernadores escribían poco á la 
corte. No producía la isla metales preciosos ni riquezas; 
era su población aun corta y pobre ; reducíase su escaso 
comercio á cueros y víveres por la Habana y el rio Cau - 
to; ¿qué mucho que no siendo ni siquiera aun cono- 
cida su geografía, á pesar de su magnitud, continuará 
oculta su existencia entre regiones tan ricas , pobla- 
das y vastas, como la del hemisferio al cual está ad- 
yacente? 

Pero si sobre aquellos años faltan códices en los archi- 
vos con respecto á Cuba , sobran noticias en los libros 
de actas de sus municipios de la profusión con que se 
precipitaron á abusar de su derecho de repartir tierras, 
así que les fué concedido por sus ordenanzas. Empezaron 
por las que ya tenían algún valor, por las mas inmedia- 
tas á los pueblos; y por ese orden siguió la distribución 
de todas las localidades conocidas. No anduvo mas mo- 
derado que los otros el de la villa de San Juan de los 
Remedios ó del Cayo, que á la sazón estaba ya formada 

* Véanse los Jibrps de actas d«l ayuntamiento de la HaJ)aM. 



DE LA ISLA DE CUBA. 263 

con dependientes de Vasco Porcallo, como ya dijimos. 
Aunque como mero usufructo , porque como donación 
absoluta no podían mercedar aquellas corporaciones lo 
que no era suyo, hubo mercedes de diez y ocho y veinte 
leguas cuadradas de extensión superficial , cuyo dominio 
provisional , sin vías de comunicación , ni brazos para 
trabajarlas , en nada cambió la suerte de los mercedados. 

La residencia del adelantado Menendez y sus lugar- 
tenientes no ocasionó ni quejas ni incidentes de los que 
solían surgir de esos procedimientos. Acaso influyó para 
ese resultado, tanto como su justificación y la de sus he- 
churas, el valimiento que merecía del Rey aquel caudi- 
llo. Hallábase en Santander organizando un armamento 
inmenso de mas de trescientas velas y veinte mil com- 
batientes destinados, se decía, á la pacificación de los 
rebeldes estados de Flandes, cuando el insigne Menen- 
dez perdió allí de un tabardillo á los cincuenta y cuatro 
años, el dia 7 de octubre de 1574 , una vida respetada 
por tantos combates, trabajos y tormentas. Aquel gran 
armamento sirvió después de base al que se llamó « In- 
vencible aronada de Felipe II » y desbarataron los tem- 
porales en las costas de Inglaterra. Sin la temprana 
desaparición de aquel guerrero, tardara quizá mas en 
pronunciarse luego con tanta fortuna en el Océano el 
porvenir naval de aquella gran potencia. 

Como para reunir aquellas fuerzas tan considerables 
se habían reunido en la Península casi todas las embar- 
caciones armadas que solían proteger al mar central de 
la América, volvieron á presentarse corsarios extranje- 
ros por el archipiélago, que mas de una vez pusieron á 
rescate á los vecindarios de Trinidad, Baracoa y San 
Juan de los Remedios. Y no era solo en Cuba donde los 



264 HISTORIA 

corsarios ingleses y franceses renovaron sus antiguos 
latrocinios, sino en casi todos los puertos indefensos 
del litoral del continente. Motivaron sus empresas que 
por cédula firmada en 16 de julio de 1576 en el bos- 
que de Segovia donde á la sazón fundaba Felipe II el 
Escorial, esa soberbia síntesis de su grandeza y pode- 
río , pidiese ese monarca informes á Montalvo sobre si 
convendría labrar en los puertos de la isla bajeles para 
defensa de sus costas , preguntando cuáles eran los mas 
propios para esa construcción, y si habia en Cuba ma- 
deras para fabricarlos ^. No se descubre ni en la Colec- 
ción de Muñoz ni en los archivos de Indias de Sevilla 
la respuesta de Montalvo. Pero por la abundancia que 
ostentaba Cuba de preciosos leños para construcción na- 
val y todos usos, y por las órdenes que recibió des- 
pués su sucesor sobre cortes y remesas de maderas, 
deducimos claramente que hasta entonces no habían 
llegado nuevas á la corte de esa parte esencial de su 
riqueza , cuya explotación se habia de diferir aun más 
de un siglo. 

Aunque las hubiese dejado Pardo Osorio muy adelan- 
tadas , Montalvo , residiendo lo mas del tiempo en San- 
tiago y en Bayamo , no logró terminar las obras de la 
Fuerza , detenidas por la insuficiencia y la tardanza del 
dinero de Veracruz para pagar los peones, los materiales 
y aun los haberes de la tropa. Diego de Soto, su lugar- 
teniente en la Habana, activó las de la zanja para la traida 
de aguas del Chorrera. Arrendando el impuesto de la 
Sisa, ascendente entonces á unos dos mil ducados anua- 
les de á once reales de plata, la tomó á su cargo 

^ Véase «1 niimeio 2 del Apéndice de esto tomo. 



DE LA ISLA DE CUBA. 265 

durante el mando de Montalvo un sobrino de Juan de 
Rojas, Hernán Manrique de Rojas, quehabia renunciado 
al gobierno de Jamaica para acompañar desde 1 568 
en sus últimos años á su tio. Murió este buen poblador 
como tres después, sin dejar hijos de su matrimonio con 
doña María Lobera Marino, hermana de aquel Juan de 
Lobera que defendió con tanto esfuerzo contra el pirata 
Sores la fortaleza ; y habiéndole heredado Hernán Man- 
rique , ya desde antes acaudalado por otras herencias de 
su esposa doña Catalina Mejía , encontróse el vecino mas 
rico en loda la isla. Sin descuidar por eso su adelanto 
propio, dio honrosa aplicación á su caudal promoviendo 
cuanto redundara en beneficio de la tierra. Años des- 
pués de haber muerto en Santiago el minero alemán 
Juan Tezel , arrendó también la explotación de aquellas 
minas que no le dieron resultado, á pesar de su abun- 
dancia , desconociéndose aun procedimientos sencillos y 
baratos para fundir el cobre con provecho. 

Mayor lo obtuvo la isla del interés con que tomó á su 
cargo ei reunir en las chozas que componían entonces 
el pueblo de Guanabacoa á los restos de los indígenas 
del territorio de la Habana que , al fundarse esta vi- 
lla, hablan sido adjudicados en gran parte á Manuel de 
JRojas, fundador de Santiago y de Bayamo, Antes de ser 
gobernador de la isla habia cedido á su sobrino Juan su 
encomienda de Guanabacoa. Tratados con humanidad y 
con prudencia, los encomendados á los Rojas no desapa- 
recieron con la prontitud que otros los de aquel repar- 
miento. Como aun vagasen por los campos muchos de 
-las demás extinguidas encomiendas , Manrique pidió y 
consiguió autorización del Rey para irlos agrupando en 
aquel lugar, y gobernarlos con un reglamento adecuado 



266 tílSTORlA 

á sus inclinaciones y costunabres. Estaba ya concedida su 
solicitud, confiriéndosele además el oficio de protector de 
los indios de Guanabacoa, cuando redactó las ordenanzas 
nnunicipales el oidor Casares ; y por eso, al referirse en 
los artículos 1 7 y 46 á aquella población de indígenas, la 
exceptuó de la jurisdicción ordinaria en muchos puntos. 
Al prodigarse luego las primeras mercedes de tierras por 
el ayuntamiento, apresuróse Hernán Manrique á solicitar 
también terrenos suficientes para predios y sosten de 
aquellos indios; y se le concedieron , todos en campos 
colindantes, los llamados entonces de rio Bayamo ó Ca-* 
ñas, Yaguaramas y Cogimar, que no tardaron en tomar 
valor con su proximidad al puerto y á un pueblo nacien - 
te. Con sus productos empezaron allí á mejorarse las 
viviendas , pudo formarse un templo rústico y estable- 
cerse un curato doctrinal que fué parroquia-vicaría mu- 
chos años adelante. 

Aunque no aparece mas que una sola comunicación 
de Montalvo en los archivos, y el coleccionista Muñoz ni 
aun le menciona, consta en otros escritos que algunos 
desórdenes y desaciertos suyos motivaron su destitución 
sin cumplir el período de cinco años que fijaban ya 
las leyes para los gobiernos de Indias. Formóle causa 
el oidor Casares que le envió preso á Sevilla. Según 
documento coetáneo hizo ese magistrado « brava con- 
denación * » á Montalvo y á su asesor de gobierno por 



* € El doctor Caíeres » ( en unos do- » pressos al Habatia. » = Véase, en el 

cumenlos se encuentra este nombre es- Depósilo HidrográQco de Madrid, el 

ciito así, y en otros Cassares) « izo Ira- tomo XXIÍ y documento 74, que con- 

»m condenación al gobernador i juez úenQ e\ Mímorial de avissos pr essentado 

»que trae los vezinos del Bayamo i por el caballero Marino al Consejo dt 

«Puerto del Prínzipe i Santiago i de Indias. 



»\oi demás pueblos de la dicha isla 



DE LA ISLA DE CUBA. 267 

haber empleado en la administración de justicia una 
práctica tiránica y muy común en los primeros tiempos 
de la colonización del Nuevo Mundo. Hacia venir á las 
partes querellantes á su tribunal en donde quiera que 
funcionase, aunque residieran en los lugares mas leja- 
nos. Según tan tiránico sistema, los vecinos de Santia- 
go, Bayamo, Baracoa, Puerto-Príncipe y los otros pue- 
blos, cuando no acudian voluntariamente al tribunal de 
la Habana, aun para los expedientes civiles mas comu- 
nes , aunque no arguyesen la menor criminalidad de 
sus interesados, eran presos y llevados á aquella villa 
por comisionados ó alguaciles cuyos crecidos derechos 
tenian que costear ellos. A veces esos gastos absorbian 
todo el peculio de los litigantes , originando un régimen 
tan absurdo que, ó emigrasen á otras posesiones, ó que 
tuvieran que renunciar á los mas claros derechos. Las 
usurpaciones ó agravios de sus contrarios les perjudi- 
caban menos que un abuso judicial tan bárbaro. 

A pesar de la limpieza de los autos residenciales de 
Menendez y sus lugar-tenientes, el último de estos, Pardo 
Osorio, también habia incurrido en cargos por haberlo 
cometido. Las quejas que de Cuba y otras partes llegaron 
por este tiempo á la corte y á la audiencia, consiguieron 
que descendiesen del Trono y de aquel tribunal repeti- 
das Reales cédulas y provisiones para refrenarlo. Pero no 
era fácil quitar los efectos sin la causa; y consistía en 
que, cuando tan indiscretamente se prodigaban poderes 
y prerogativas en los municipios, no tenian por otra 
parte sus alcaldes los suficientes para juzgar en primera 
instancia todos los asuntos civiles y ordinarios. Tenian 
así muchos que llevarse á la resolución del tribunal del 
gobernador ; y de ahí aquel desorden. 



268 HISTORIA 

A los sesenta dias de una navegación penosa y contra- 
riada se presentó en 2 de junio de 1577, con cédula 
real el capitán de galeones Francisco de Carreño ^ á 
tomar las varas del gobierno, encontrándose en el puerto 
con la flota que llegó de Veracruz cuatro dias antes á 
cargo de D. Antonio Manrique. 

Después de pregonar el juicio de residencia de su 
antecesor, se ocupó Carreño en reconocer las obras de 
la Fuerza. No se habia puesto en práctica en su fábrica 
todo el proyecto con que Menendez las habia ordenado ; 
y al nuevo gobernador le disgustaron tanto, que, lejos de 
convenir en la seguridad que, según sus dos anteceso- 
res ofrecian, detalló al Rey todos sus defectos uno á 
uno , apelando al testimonio de los generales de las 
flotas y armadas que las estudiasen : «Porque entiendo, 
))decia, que partidas estas, tendremos algunos reba- 
» tos de corsarios. Según los navios que andan por acá 
D haré mis apercibimientos. > Atribula Carreño esos 
defectos, tanto á la poca inteligencia de Montalvo en 
fortificaciones, como á su excesiva confianza en el maes- 
tro mayor de aquel castillo Francisco Colona. A este 
empleado le suspendió sin demora de su oficio, y le 
siguió causa por sus fraudes en sus cuentas de los 
suministros y jornales, condenándole á hacer de nuevo 
el aljibe á sus expensas. 

También dio cuenta Carreño al Rey del estado en que 
se hallaban las obras de la zanja de la Chorrera y , obte- 
niendo autorización para continuar la sisa , confirmó su 
encargo á Hernán Manrique de Rojas , que empezó á 



•5 Véase su biografía, págs. 316 y 317, tomo I, Dice. Geogr,^ Esiad.y Bist. 
de la Isla de Cuba por el A. 



DE LA ISLA DE CUBA. 269 

enmendar algunos defectos de las acequias trazadas por 
Colona , cegando unas y abriendo otras , y consultando 
sienopre á pilotos y oficiales de las flotas á falta de otros 
prácticos. Pero siendo tan cortos los recursos del vecin- 
dario como lentos los auxilios que venian de Méjico, 
lentos habian de ser también unos trabajos que, no obs- 
tante, se continuaron ya sin interrupción en los gobier- 
nos de Carreño y de sus sucesores. 

Daba por aquel tiempo gran impulso Felipe II á la 
soberbia fábrica del Escorial , alzada para eternizar la 
fama de su triunfo en San Quintín ; y constándole ya la 
abundancia de maderas preciosas de la isla , mandó al 
gobernador de la Habana que le enviase los mejores 
troncos de su territorio. Cumplió Carreño con el encargo 
del monarca. Envió á España en las flotas una profusión 
de piezas escogidas de cedros, ébanos, guayacanes y 
caobas que, transformadas luego por los mejores artífi- 
ces del siglo en muchas y elegantes formas, han ador- 
nado ricamente el coro , los retablos y otros accesorios 
de aquel gran monasterio. 

Además de reparar el castillo de la Fuerza elevando 
sus cortinas y ensanchando su recinto, se esmeró Garre- 
ño en organizar la guarnición, fijándola en el mismo 
número de doscientos hombres en que se habia puesto 
en tiempo de Menendez. Logró reemplazarla y comple- 
tarla con refuerzos de España y del vireinato Mejicano. 
Despidió de las filas á diez y nueve soldados portugueses 
y tres artilleros flamencos por la desconfianza que los ex- 
tranjeros le inspiraban ; y también organizó una partida 
de veinte hombres montados, con lanzas y rodelas, para 
el servicio de vijías en la Chorrera y en Cogimar. Fué 
esta la primer fracción de caballería voluntaria qua 



270 HISTORIA 

conoció la Habana. Con sus prevenciones y consejos, 
todos los vecinos pudientes y capaces de pelear conser- 
varon siempre prevenidas sus armas y cabalgaduras 
para casos de rebato. 

Cometieron los corsarios muchas depredaciones en las 
costas. Por enero de 1 578, dos navios franceses, fondea- 
dos en la bahía de Manzanillo, destacaron dos lanchas bien 
armadas por el rio Cauto para acometer al vecindario 
de Bayamo y saquearlo. Allí residía entonces entretenido 
en cosas de su oficio el licenciado Santistéban , teniente 
general , que este era el título que usaban en las Indias 
los asesores de los que en ellas gobernaban. Se hallaba 
feneciendo la residencia del largo gobierno en todo aquel 
territorio del capitán Francisco de Parada, muerto en 
aquella villa tiempo atrás dejando excelentes recuerdos 
de sus actos. Con algún refuerzo que le habia Carreño 
enviado así que supo que discurrían por aquella costa 
los corsarios, y con el denuedo de los Bayameses, reunió 
Santistéban treinta arcabuceros, echó á pique una de 
las lanchas y rechazó á los invasores con alguna pérdida 
sin recibir los suyos daño alguno. 

Los galeones que á incorporarse en la Habana con los 
de D. Antonio Manrique venían por aquellos días de 
Tierra-Firme, sufrieron por el sur de la Española tan 
recio temporal, que se dispersaron todos y algunos se 
perdieron. Tres de los mayores lograron guarecerse en 
Santiago de Cuba sin arboladura y con grandes averías; 
y otros dos llegaron después al mismo puerto no menos 
lastimados. Las olas vomitaron por las playas de Man- 
zanillo y de Macaca , entre otros muchos despojos de 
los náufragos, una arca con ropa y libros del licenciado 
Parejo, oidor de Nueva España, 



DE LA ISLA DE CUBA. 271 

Los registros de este tiempo ya revelan la emulación 
é intolerancia de los obispos con los gobernadores de 
Cuba. Todo acto secular que se opusiera á las ideas de 
los prelados, era con razón ó sin ella castigado con la 
excomunión, el último de los anatemas de la Iglesia. 
Toda su justificación no libertó á Carreño de ese rayo. 
Excomulgóle el obispo Juan del Castillo, porque hizo 
cumplir con una manda de cierto testamento sacando del 
depósito de bienes de difuntos la suma á que ascendía. 
«En esta isla % «decia aquel gobernador al Rey,» se 
X) padeszen grandes trabajos con las descomuniones del 
» obispo i sus vicarios. No es esta villa para dormir una 
anoche descomulgado; i no se puede azer justizia 

> cuando el juez tiene tan lejos el remedio. Y si la 
» fuerza que el obispo aze para poner escomuniones, la 
» tuvieran los gobernadores como la tienen las audien- 
» cias, remediaríanse tantos agravios como en esta isla 
» se azen. Suplico á V. M. sea servido de mandar pro- 
» veer en este particular lo que mas convenga al au- 

> mentó de su servizio. > 

Esto era con respecto á los abusos de autoridad que 
cometió el prelado. Oigamos aun á Carreño hablando al 
Rey sobre los desórdenes de los religiosos monacales con 
el sencillo lenguaje de su profesión y de su tiempo '^: 

«En estas flotas de Nueva España i Tierra Firme, i 
» en los galeones de V. M. an entrado en este puerto 
» mas de ochenta frailes, los cuales van para España ; i 
» algunos que aquí están yo los invio á Santo Domin- 

* Véase la primera carta de Car- en el Arch. de Ii:d. de Sevilla. Está 

reno al Rey desde la Habana en 20 de copiada en la Colee del A,' 
junio de 1377. El original so halla en el ' Id. id. id, 
primer legajo de gobernadores de Cuba 



272 HISTORIA 

w go que, siendo de aquel convento, andan por este 
» pueblo jugando muchos dineros y aziendo otras cos- 
y sas no dignas de su hábito. Y yo siento la mucha ha- 
» zienda que V. M. gasta en inviar religiossos en cada 
í) flota á estas Indias, por no ser informado de lo que 
» aquí passa ; porque ai tantos que no caben en los con- 
)) ventos; e algunos en la doctrina azen tan poco fruto 
» que seria mejor que no viniessen á ellas. Pues que 
)) ya ai tanta copia dellos i cada dia toman tantos el 
2> hábito, no hay necessidad que Y. M. gaste en inviar- 
» los; porque van e vienen las naos llenas dellos como 
» de mercaderes; e si Y. M. es servido que passen mu- 
» chos á las Indias, con mandar á los religiossos que acá 
)) quissieren venir vengan á su costa, como los clérigos 
)>i con licencia de sus perlados, sin que Y. M. gaste 
» un real, se lucharán dellos. Y certifico á Y. M. que 
» ningún navio ni barco entra por este puerto que no 
» traiga algún fraile. Algunos vienen también á Uevár- 
>) selos á sus monasterios , i el que viene á esto estafa á 
i> los que andan por aquí perdidos, á unos llevando cin- 
» cuenta ducados e á otros ciento por dejarlos ir por 
i> donde quieren. Y aunque Y. M. tiene prohibido que 
» no dejen passar á ninguno sin licencia de su perlado i 
j> de los virreyes i audiencias, después que andan por 
j» aquí perdidos, paresze convenienie al servicio de Dios 
» i de Y. M. dejarlos ir á España para que allí los re- 
» cojan. Esta es la verdad de lo que passa, i Y. M. man- 
» dará proveer lo que convenga. » 

Los religiosos de la orden de Predicadores, que á 
poco de fundarse Santiago, desde 1519, se hallaban 
facultados para establecer allí un convento , por causas 
que no explican Arrate ni otro texto, nunca realiza- 



DE LA ISLA DE CUBA. 273 

ron su fundación ni en aquel ni en otro pueblo de la 
isla hasta que , á principios de i 578 , Fr. Diego Carva- 
jal aportó á la Habana con licencia para alzar su primer 
casa. Para el culto, en una población aun corta, ya 
bastaban la iglesia parroquial, que habia acabado de re- 
edificarse (1571) á expensas del Rey y de pudientes, 
en especial del generoso Juan de Rojas , y la ermita del 
hospital de San Felipe y Santiago establecido por Me- 
nendez. Pero no solo dedicaron los Dominicos su funda- 
ción á aquel objeto preferente, sino á otro tan importante 
y civilizador como el de difundir la enseñanza en un 
pueblo tan atrasado en ese y otros ramos. En su nuevo 
establecimiento también se propusieron hospedar á la 
multitud de Dominicos y otros religiosos que , como el 
mismo Carreño nos lo ha expuesto , transitaban de un 
continente á otro. La obra en poco tiempo se llevó ade- 
lante en el solar en que aun la vemos, no lejos de la 
plaza principal , con fondos de los mismos predicadores, 
con algunas mercedes del Rey y mandas piadosas de 
particulares. No se alzó con tanta prontitud la de los 
PP. de San Francisco,. por ser mucho mas vasto y dis- 
pendioso su proyecto , aunque desde cuatro años antes 
que la de los Dominicos acalorase su fundación el vecin- 
dario ; porque , si bien allanó la audiencia la oposición 
del cura párroco y vino á fundar la obra el P. Gabriel 
de Sotomayor, por falta de recursos la fábrica continuó 
aplazada largos años, teniéndose que hospedar en casas 
particulares aquel primer guardián y los muchos de la 
seráfica orden que iban y venían. 

Procuró Carreño arreglar los pesos y medidas en la 
isla , introduciendo los que reglan en Castilla. Intentó 
también crear algunos propios en los pueblos ; designan- 

HIST. DE CUBA,— TOMO I. — 18 



274 ' HISTORIA 

do junio á la Habana un campo para establecer corral de 
concejo y arbitrar algunos recursos á su menesteroso 
ayuntamiento; pero inútilmente, porque á lo propuesto 
por el gobernador de una tierra que solo daba gastos, 
atendía poco una corte que no creia en sus futuros ren- 
dimientos, á pesar de las representaciones de Carreño. 
«f Año y medio há que vine á esta isla ^ » escribia este 
en 20 de febrero de 1579, «i en todos los nayíos he 
» dado cuenta de las cossas desta tierra , y de nenguna 
» he tenido respuesta ; i viniendo en la flota un navio 
i> derecho á esta villa, que há un mes entró aquí, no 
» le dieron en Sevilla pliego nenguno de V. M. para mí; 
» i certifico á V. M. que tan rica isla como esta no es 
> de olvidar, que por estar tan olvidada no se goza de 
)> los mas ricos metales que ai en todo lo descubierto 
» de las Indias, por la pobreza i necessidad de los vezi- 
» nos i por el poco favor que V. M. les ha dado. » 

A principios de 1 577 se empezó á adoptar un sis- 
tema especial de defensa marítima para los derroteros 
del mar central de América, separado é independiente de 
la «Armada de la guarda de la carrera de las Indias,» 
que no se apartaba de las flotas en su navegación de un 
hemisferio á otro. Ni en el curioso archivo del Depósito 
Hidrográfico de Madrid , ni en la escasa documentación 
de esa época ; se explica el número de bajeles de ese 
armamento, que se puso'á cargo del inteligente y vale- ; 
roso gobernador de la Florida , Pedro Menendez Már- 
quez. Aparece solo que se componia de algunos galeo- 
nes fabricados en España por sus indicaciones y diseños.* 



« Esta caria, como las anteriores de del Arcb. de Ind. de Sevilla en la Co- 
Carreño, egtá copiada de la original lección del A. 



DE LA ISLA DE CUBA. 275 

No eran de doscientas toneladas como otros que se ha- 
bían construido con arreglo á varios dibujos 'de su in- 
signe tio, sino de unas ciento cincuenta poco mas ó 
menos, de menor calado que aquellos, de igual longi- 
tud, mas apuntados de proa, menos anchos de popa, y 
por consiguiente mas ligeros y adecuados para penetrar 
en puertos y surgideros de sonda limitada. Como en 
España, y toda Europa era tan usual entonces discurrir 
recursos y decretar impuestos nuevos para toda aten- 
ción nueva, la de fabricar esas galeras y sufragar sus 
gastos permanentes inspiró luego al Rey , por consulta 
del Consejo de Indias, una orden- circular de 28 de di- 
ciembre del siguiente año para todos los vireyes y go- 
bernadores de Indias añadiendo á los derechos de im- 
portación que se seguian percibiendo con el nombre de 
almojarifazgos , otros derechos sobre los efectos que se 
extrajesen de los puertos de Indias para España. En 
aquella Real cédula tuvieron su principio, pues, los 
derechos de e^iiportacion , llamados entonces almojarifaz- 
gos de salida , que se fijaron desde luego en un dos y 
medio por ciento del avalúo de las mercaderías que se 
embarcaban, y que con infinitas modificaciones han 
continuado hasta nuestra época. 

En la causa que por fraudes y trabajo inútil se siguió 
á Colona , habíale Carreño condenado á reintegrar dos 
mil ducados, sin despojarle , no obstante, de su plaza. 
Juntamente con los de la residencia de Mental vo y su 
teniente remitió los autos de Colona , aunque recomen- 
dando á la clemencia del soberano á un empleado su- 
balterno « adeudado , pobre y con seis hijos. » Pero la 
compasión del gobernador estaba lejos de suavizar 
todo el rencor que su justicia habia engendrado en 



^7^ HISTORIA 

el corazón del encausado. Murió Carreño con terribles 
dolores ^ el dia de su santo patronímico, el 2 de abril 
de \ 580 , algunas horas después de haber comido de 
un plato de manjar blanco preparado con veneno por la 
esposa de aquel vil homicida. La parcialidad ó la indi- 
ferencia del que le sucedió interinamente dejó impune 
este crimen. 

Tan largamente empezó á abusar el ayuntamiento de 
la Habana de la facultad de mercedar terrenos , que á 
los primeros meses de gobernar el desventurado y buen 
Carreño, habia dado «más de treinta asientos para cor- 
» rales de ganado menor y otros tantos para estancias 
» y heredades, y sábanas para ganados vacunos;» y sin 
derribar el monte que entonces la cercaba, ni un solar 
quedaba que repartir en el área que sus dispersas vi- 
viendas ocupaban , aisladas aun casi todas unas de otras. 

O porque desagradaran en la corte las verdades y 
franca libertad del difunto en sus escritos , ó por cau- 
sas que no hallamos explicadas , antes de saberse su fa- 
llecimiento habíale dado el Rey por sucesor al capitán 
Gabriel de Lujan , cuando la audiencia de Santo Do- 
mingo, al saber la muerte del gobernador de Cuba, eli- 

5 Desde su primera carta al Rey de dejándole suspenso mientras durase la 

21 de junio de lñ77 (Véase irc/i. de causa. 

Ind., copiada en nuestra Colee), se De su muerte por envenenamiento 
extendió Carreño sobre los defectos de hablan varias cartas de su sucesor Lu- 
las obras de la Zanja y de la Fortaleza, jan , copiadas en nuestra Colección , y 
sobre la insolidez con que seguia Colona también se refiere á la desgracia de 
la segunda y la errada dirección de las Carreño D. Martin Fernandez de Na- 
acequias de la primera , con gran des- . varrete en las páginas 208 y 209 del 
perdicio de dinero ; todo por abandono tomo I de su Biblioteca marítima espa- 
de Montalvo é incapacidad de aquel di- fw^.a, añadiendo que habia hecho testa- 
rector. Hubo denuncias de partidas fal- mentó en la Habana en 25 de febrero 
sas en las cuentas que presentó Colona; de 1"9, y que estaba casado con doña 
y fué indispensable proceder contra él, Catalina de Rivera. 



DE LA ISLA DE CUBA. ^77 

gió al licenciado Gaspar de Torres ^^ para que hasta la 
llegada del nombrado ejerciese sus cargos en la Habana. 

Le bastaron pocas semanas al interino funcionario 
para borrar las buenas huellas de Carroño con sus ma- 
los ejemplos y su tolerancia. De la disciplina en que 
aquel la habia tenido, se relajó al momento la de la 
corta guarnición , así que permitió á los más de los sol- 
dados que pernoctasen fuera de la Fuerza; y el con- 
tador Pedro de Arana , guardián y responsable de los 
fondos públicos, los empleaba en especulaciones de 
concierto con el gobernador. Tenian su barco para llevar 
y traer mercaderías ; y mientras los corsarios robaban 
por las costas, dirigían los dos tranquilamente sus par- 
tidas de naipes y de dados , sin despachar otros asuntos 
públicos que los que podían interesarles. 

En mal hora se prohibió por provisión del Rey á los 
alcaldes de las villas de Cuba y aun á los de las ciudades 
de Santiago y Baracoa que pudiesen sentenciar litigios 
que excedieran de sesenta mil maravedises, debiendo 
pasar primero al juzgado de la Habana y luego en ape- 
lación al fallo de la audiencia los que fueran de más de 
mil ducados. 

Esta declaración lograda por la audiencia , volvió á 
reproducir en la administración de justicia, al ejercerla 
Torres, los mismos desórdenes que tan fundadamente 
habia acriminado el oidor Casares á Montalvo. De buen 
ó mal grado, nuevamente tuvieron que concurrir en 
persona al tribunal de la Habana los vecinos de los pue- 
blos mas distantes. , 



*o Véase su noticia biográfica en la Estad. , Hist. de la Isla de Cuba por 
pág. 596 del tomo IV del Dice. Geog.. el A. 



278 HISTORIA 

Sin instrucciones especiales para reglamentarla Car- 
reño había propuesto ala audiencia y empezado á prac- 
ticar un método sencillo para la distribución de merce- 
des de terrenos", procurando evitar en su reparto la 
confusión que se advirtió desde que las adjudicaron los 
municipios antes de fijarse reglas. Se reducía á que el 
pretendiente de una merced presentase su petición en el 
cabildo, ordenando el municipio que se reconociese antes 
si la extensión territorial pedida aparecía libre y de- 
sembarazada de todo otro derecho. Se practicaba este 
reconocimiento con una información de tres testigos ; y 
cuando no se presentaba ningún perjudicado con la con- 
cesión después de cierto tiempo, se le otorgaba al aspi- 
rante pagando cuatro ó seis ducados anuales para los 
propios y arbitrios del pueblo, con la cláusula ritual de 
« sin perjuicio de parte j> y las expresas condiciones de 
empezar á criar ganado en el término de un año y de 
levantar en el centro de la hacienda una vivienda. Lla- 
mábase á esta «Gcisa de Pasajeros,» porque al recibir la 
merced contraían los beneficiados la hospitalaria obli- 
gación de dar asilo bajo su techo á los transeúntes, 
teniéndola provista siempre de un barril de agua y de 
fuego en el hogar. El principal objeto de las mercedes 
fué el fomento de la ganadería, porque no solo era en- 
tonces la extracción de carnes y pieles el artículo más 
común de tráfico, sino porque dos permanencias al año 
mas ó menos largas de cinco ó seis mil tripulantes y 



" Pueden consultarse sobre esta ma- ruíia y algunos artículos do las series 

teria muchas referencias de los Libros de Memorias de la Sociedad de Amigos 

.dfi.aclüí4elayunlaniienlo de la Habana^ del País de la Habana. - _ 

t\ Compendio de la Isla de Cuha ^or l^V' 



DE LA ISLA DE CUBA. 279 

pasajeros de las flotas ea la Habana requerían un abasto 
muy superior al de su corto vecindario fijo. 

La medida agraria que por este tiempo se adoptó para 
la distribución de las mercedes^ fué la que aun sirve en 
el país de tipo con el nombre de «caballería» y que habia 
empezado á emplearse en Costa Firme y Nueva España, 
sin que aparezca su origen explicado en ningún texto 
de los infinitos que hemos consultado. Su magnitud, su- 
perior á las mayores medidas de Europa , recomendaba 
su adopción donde faltaban brazos y sobraban tierras, 
como en aquellas regiones y en la isla. Constaba y 
consta nada menos que de ciento noventa y dos mil 
cuatrocientas noventa v dos varas castellanas, ó sean 
más de veinte fanegas de Castilla. 

Las haciendas que se distribuyeron en usufructo en 
nombre del Rey y con el de mercedes,' se dividían en 
dos clases, en hatos y en corrales. El hato, que así em - 
pezó á llamarse la que se destinaba á la cria de ga- 
nado mayor, se trazaba sobre el terreno en forma de 
polígono regular, con dos leguas de radio recto y con 
un número de lados arbitrario ó adecuado á los acci- 
dentes de la superficie. Carreño se habia opuesto muy 
racionalmente á que pasaran de esa extensión las mer- 
cedes que se siguieran concediendo ; y Torres , al auto- 
rizar al agrimensor Luis de la Peña á que adoptase la 
forma circular para medirlas , cometió un error de las 
mas dañosas consecuencias. El abuso de la medida cir- 
cular se hizo una ley, que dejó con el nombre de «Rea- 
lengos» infinidad de intersticios ó intervalos irregulares 
entre unas y otras posesiones. Confundiéronse así sus 
respectivos términos; no se. supieron levantar ni apro- 
bar planos de las primitivas mercedes; se subdividieron 



280 HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA. 

con los traspasos de herencia de generación en genera- 
ción ; y cada concesión llegó á ser con el tiempo un 
germen de pleitos y discordias. 

De igual defecto adolecieron los corrales ó sitios de 
ganado de cerda , que en lugar de tener dos leguas de 
radio como los hatos, no tenian mas que una. 



Para la redacción de este capítulo nos abandonó la Colee, de Mu- 
ñoz. Tuvimos que valemos de los documentos referentes á esta 
época que se hallan en el Arch. de Ind.'de Sevilla, del Compendio 
de la Isla por Urrutla, de algunos artículos de las Memorias de 
la Sociedad de Amigos del País de la Habana, del Diccionarv) de le- 
gislación ultramarina por Zamora, y de otra^ varias_publicaciones, 
principalmente del pequeño periódico titulado El Patrióla ameri- 
cano, que salió á luz en la Habana en 181 1 y 12. 



CAPÍTULO DUODÉCIMO. 



Gobierno de Gabriel de Lujan.— Desórdenes déla Habana. — Residencia de Tor- 
res. _Se fuga con otros encausados. —Flotas —Sus ventajas y contrarieda- 
des.— Incidente con D.^Diego Henriquez. — Corsarios extranjeros. — Primeras 
milicias de la isla. — D. Diego Fernandez de Quiñones, primer gobernador del 
castillo de la^Fuerza con nombramiento real. — Sus pretensiones y rivalidades 
con Lujan. — Excesos de la tropa. — Cisterna para proveer de agua á la Ha- 
bana.— Causa formada á Lujan por un comisionado de la audiencia. — Justifí- 
case Lujan. —Hoslilidades de ingleses y franceses. — Preséntase el célebre 
Francisco Drake con un armamento inglés al frente de la Habana. — Se retira. 
— Llegada de dos galeras guarda-costas. — Resaelve el Rey fortificar á la ca- 
pital de la isla.-- Muerte de Quiñones. — Término del gobierno de Lujan. 

Llegó el capitán Gabriel de Lujan ^ á la Habana por 
mayo de 1581, y fué su primera diligencia proceder 

* La nota biográfica de este goberna- «nada de Francia; y después vino á ser* 
dor, insertada en la pág. 531 del to- »virenel reino de Granada hasta que 
mo ni del Dice. Geogr. , Estad, , Hist. »se acabó la guerra; y teniendo D. Juan 
de la Isla por el A. , es muy deficiente. »de Austria satisfacción en su persona 
Fué natural de Madrid, donde radicaba »é servizios , aunque reformó todo su 
de siglos atrás el antiguo liiiaje de su »terzio, solo á él le dejó su compañía, 
nombre. Según carta de 23 de diciem- »que era de arcabuzeros , é le mandó 
brede 1S84 que dirigió Gabriel de Lu- «levantasse otra, como lo hizo á su 
jan al Rey, recapitulando sus servicios, «costa ; y después le hizo S. M ... co- 
debió nacer allí hacia 1530; sirvió en «missario de infantería, officio de mu- 
los tercios de Flandes hasta que se ce- »cha confianza i que se daba á maestres 
lebraron las primeras paces con los di- »de campo.... » (Véase la referida carta 
sidentes de Holanda ; guerreó después en el Arch. de Ind. de Sevilla, legajo 
en Italia « muchos años i lo mas del Gobierno de Cuba , y copiada en la Co- 
«tiempo á su costa ; ascendió en 1569 á lección del A . 
«capitán de infantería para ir á la jor- 



S82 . HISTORIA ' 

contra el licenciado Gaspar de Torres,^ « por varios 
» delitos que avia cometido , e contra el clérigo Diego 
» de Rivera por muchas insolencias i escándalos que 
» avia dado. » Pero Torres condenado en su residencia 
á reintegrar más de cuatro mil ducados de cohechos y 
dineros que tomó de la Real caja , logró fugarse antes 
que terminara el juicio , llevándose además cerca de 
diez mil que se hizo prestar' por algunos vecinos en el 
corto tiempo de su mando. 

A pesar de los constantes amagos de corsarios, mante- 
nían á los otros pueblos con alguna quietud, si no con 
orden, las justicias ordinarias, mayormente los de San- 
tiago y de Bayamo, gobernados mas de cerca por el 
licenciado Santistéban. Pero era la situación de la Ha- 
bana deplorable cuando llegó Lujan á gobernar la isla, 
con autojizacion para ejercer oficios de capitán general, 
pero en realidad con menos jurisdicción que sus antece- 
sores, como ya veremos. 

De la guarnición, sin pagas y sin disciplina, partees- 
taba aplicada al servicio doméstico del castellano Juan 
de Lobera ó de los oficiales reales , y la demás andaba 
dispersa por el pueblo y ganando cada soldado con su 
industria un estipendio que no recibía con regularidad. 
En la fortaleza ni se hacían guardias siquiera. La ad- 
ministración de justicia estaba abandonada como la de 
los fondos públicos, no habiéndose cobrado almojarifaz- 
gos ni derechos en mas de diez años, interesándose pú- 
blicamente en~ granjerias y contrabandos , tanto el con- 



' 2 No hemos hallado en el Arch. de agitado mando. Véase h que dirigió. 

Ind. de Sevilla las primeras cartas de en 12 de junio del citado añ". Está co- 

Luján al lley, aunque sí otras muchas piada en nuestra Colee, 
desde 1581 hasta la terminación de su 



m LA ISLA DÉ CUBA. ' 283 

lador Pedro de Arana, como el provisor del obispo Diego 
de Rivera^ y otros clérigos; consecuencias todas de la 
interesada tolerancia del que hábia ejercido el mando 
del modo que expusimos. Todo era confusión, lodo 
cohecho. 

Después de confirmar Lujan como delegado suyo en 
el gobierno de Santiago y Bayamo al asesor general el 
licenciado Santistéban, le socorrió con pólvora y algunas 
armas; empezó á correr con la residencia de Garreño y 
de su sucesor y con las cuentas de los oficiales reales; 
siendo las culpas de Torres, del provisor y de Arana * tan 
notorias que motivaron su prisión. Pero el primero se 
logró fugar antes de concluir su juicio ; el segundo tam- 
bién se fugó luego á Santiago á ampararse bajo el manto 
del prelado; y al tercero, andando el tiempo, aunque 
probadas sus torpezas, le escuchó la audiencia como acu- 
sador de su mismo Juez, ocasionando á Lujan las veja- 
ciones mas inmerecidas. 

Logró mejor éxito este jefe refrenando los desórdenes 
de la guarnición. Auxiliado poco después de su llegada 
con una remesa pecuniaria de Yeracruz, pudo pagarla 
todos sus atrasos hasta fin de junio. Castigó á algunos 
soldados delincuentes y obligó á los demás á pernoctar 
en el castillo. Volvió á restituir la disciplina, y al mismo 
tiempo dio una prueba de su interés por el soldado 
pidiendo al Rey que le enviaran los situados en moneda 
corriente y no en barras, que sufrían un seis por ciento 
de quebranto por el cambio en numerario. 

Se acabó de regularizar en aquel año con la organi- 



' Véase el contenido de !a nota de la Véase la referida carta de Lujan 

página anterior. , al Rey en 12 de junio de líiSl. 



I 



284 HISTORIA 

zacion en que continuó por más de un siglo el importan- 
tísimo servicio de flotas y galeones, ó de las escuadras 
mixtas de buques armados y mercantes que en determi- 
nadas épocas del año salian con cargamentos para las 
posesiones de América registradas por la Casa de Con- 
tratación de Sevilla. 

La flota salia de San Lúcar á primeros de abril , y al 
aproximarse á las Antillas destacaba los buques destina- 
dos á Santo Domingo y Puerto Rico , separándose desde 
las aguas de la Dominica para dirigirse á Cartagena de 
Indias con el Almirante las embarcaciones destinadas á 
Chagres y aquel puerto. Luego hacia escala en la Haba- 
na; y después de descansar y repararse en su. bahía, 
se dirigía á Veracruz, desembocadero principal de la 
opulencia Mejicana. Por Panamá se remitían á Chagres 
los productos de Chile , el Perú y Quito ; y mientras se 
cambiaban por cargamentos europeos , aquella ruin po- 
blación, devorada por un clima homicida y con el se- 
pulcro de sus pocos colonos siempre abierto, contaba 
algunos dias risueños, cuando se agolpaban en su fon- 
deadero las conductas de la gran península meridional 
de América y los bajeles que venían á cargar esas ri- 
quezas. 

Ambas escuadras , la de la flota y la de los galeones, 
que así se llamaba la destinada á Tierra Firme, des- 
pués de recorridas sus escalas, retornaban á la Ha- 
bana , en donde la una tenia forzosamente que esperar 
á la otra, para regresar después juntas á España. Tal 
era su itinerario, variado solamente en raras ocasiones 
de peligro de enemigos y de malos tiempos. Cuando re- 
cibían avisos de que algún armamento de nación en 
guerra con España las esperase en sus derrotas, sus co- 



DE LA ISLA DE CUBA. 285 

mandantes sin ninguna facultad para alterarlas , tenian 
orden de detenerse eñ los puertos de su escala mas ó 
menos fortificados todos ya por este tiempo. 

La permanencia de la flota , muchas veces prolongada 
por multitud de causas , era la sola época de la anima- 
ción y vida de la Habana. Cuando venia de la península 
se recibian los efectos de consumo para toda la isla y 
muy pocos de lujo, porque eran raros aun los que podian 
usarlos. Se vendian corambres , sebo , carnes saladas, 
volatería , frutas y otros artículos de abasto para las 
tripulaciones ; y estos eran los únicos de exportación en 
un país cuya riqueza agrícola , lejos de explotarse enton- 
ces, ni aun era conocida. Pero la ganancia principal del 
pueblo consistia en el hospedaje de los pasajeros de la 
flota y en los gastos de sus oficiales y marinería. AI 
llegar se constituian todas las casas en posadas, donde á 
cada huésped ie costaba el mas mediano trato cinco ó 
seis ducados diarios. Hasta las mas humildes tiendas 
despachaban sus efectos á precios ventajosos. Especial- 
mente al retorno de las flotas circulaba el oro, y el 
lucro de unos dias bastaba para que los vecinos vivieran 
todo el año. . 

Pero si las flotas traian tales ventajas, también infirie- 
ron perjuicios morales no pequeños en algunas épocas; 
no siendo el menor de ellos el juego que se generalizaba 
al punto de su llegada, especialmente el de dados, que, 
muy prohibido dentro de los buques, se toleraba siem- 
pre en tierra por mas que también las leyes lo prohibie- 
sen , siendo sus inseparables compañeros las deudas, 
las pendencias y aun las muertes, la destrucción de 
muchos al lado de la ganancia de unos pocos. 

Grandes daños también originaba el privilegio que se 



286 HISTORIA 

abrogaban los pasajeros y oficiales de no depender de 
otra jurisdicción estando en tierra que de la de los co- 
mandantes de aquellos armamentos. Una ley, mandada 
observar en las nuevas ordenanzas que para las flotas 
acababan de expedirse, prevenia que la jurisdicción de 
esos generales sobre todos los embarcados en ellas 
comenzaba desde la salida de San Lúcar y duraba hasta 
el regreso. Con esta garantía cometían los pasajeros los 
mas graves desórdenes , y algunas veces con completa 
impunidad , sobre todo cuando pertenecian los delin- 
cuentes á clases distinguidas. 

Poco después de llegar Lujan, babia entrado en la 
Habana^ de regreso de Yeracruz , la flota que mandaba 
su pariente Francisco de Lujan , cuyo almirante ó se- 
gundo, Alvaro de Flores Valdés ^ , traia en su galeón á 
un joven llamado D. Diego Henriquez % hijo del virey del 
Perú. Poco escrupuloso el mozo en los recursos para de- 
jar satisfechos sus deseos , cohechó á ciertas criadas que 
le introdujeron una noche en el dormitorio de una dama 
principal del ppeblo. Pero no la encontró sola, sino con 
dos parientas, logrando por fortuna las instancias y las 
amenazas de las tres ahuyentar de allí á un galán de 
tan mal género , á pesar de lO ilustre de su alcurnia. 

Aunque libre de un primer peligro, habia sido la 
injuria muy bastarda para que la ofendida se la dejase 
ignorar á su marido él alférez real Jorge de Baeza , á 

^ Afortunadamente para su memoria, explorador hidráulico del estrecho de 

el nombre de este ilustre marino no Magallanes. 

aparece comprometido mas que en un e Véase una larga carta de G. de Lu- 
incidcnte de rste género, al paso qiio jan al Rey, en 1 » de julio de 1S81, re- 
muchos textos justifican sus grandes Irü- firiendo este incidente. Se halla la ori- 
bajos navales como general de galeones ginal en eí Arch. de Ind. de' Sevilla y 
y flotas, y sobre todo como primer está copiada en la Colee, del A. 



DE LA ISLA DE CUBA. 287 

SU padre el capitán Francisco de Avalos y aun al mismo 
gobernador Lujan. Este afeó á D. Diego su torpeza 
delante del mismo general de la flota y le amenazó con 
referírsela al Rey si no se reportaba. Pero de tal modo 
se burló el mancebo de sus amenazas, que á la siguiente 
noche con algunos compañeros armados de espadas y 
rodelas se estableció en la puerta de Francisco de Avalos. 
Aunque les intimó este con firmeza que la despejaran, 
por toda respuesta desnudaron los aceros y le mal hirie- 
ron. Después de añadir así á la vileza anterior la cobar- 
día , apresuráronse los agresores á refugiarse al sagrado 
de las naves, donde permanecieron quietos unos dias. 
Pero no tardó mucho D. Diego en volverse muy tranquilo 
á tierra, pareciéndole que bastaba una semana para que 
sus atentados se olvidaran. Por no dejarlos sin castigo é 
impedir al mismo tiempo que le sacrificasen á su resenti- 
miento los del pueblo, púsose Lujan de acuerdo con el 
generalde la flota, y mandó al capitán de la fortaleza que 
con un piquete le prendiese á la hora en que salia á pa- 
seo, para que el desagravio de una ofensa que habia sido 
tan pública, fuese de esa manera mas notorio. Pero 
escoltaban al culpado varios forasteros armados, y entre 
ellos el mismo Flores Valdés, que era su protector mas 
decidido. Este jefe, después de leer el mandamiento de 
prisión, le hizo pedazos y le ordenó al capitán que se 
marchara, significándole que los que iban en su flota no 
estaban sujetos á otra jurisdicción que la de sus genera- 
les. En cuaoto supo el gobernador el desafuero , corrió 
personalmente á reprimirlo, y encontrando á Flores 
Valdés en su posada , le intimó que sin demofa se diese 
preso por el Rey. En vez dé someterse ni de reconocerle 
como autoridad, le contestó Flores Valdés con tono ame- 



288 HISTORIA 

nazador y descompuesto. Arreciaron las palabras hasta 
sacar Valdés la espada y herir ligeramente á Lujan sin 
reparar que se hallaba desarmado. Viéronle algunos 
vecinos con sangre en una mano , se tocó á rebato y 
corrieron lodos con' sus armas á la fortaleza, dando á la 
ocurrencia interpretaciones exajeradas y siniestras. Se 
preparaban ya desde allí á acometer á cuchilladas á los 
forasteros, cuando las razones de los dos Lujanes y la 
prisión de D. Diego Henriquez y otros delincuentes que 
fueron encerrados en la Fuerza, pudieron aplacarles y 
hacerles retirar á sus viviendas. 

Pero por acordes que estuviesen el gobernador y el 
general, hombres de seso y experiencia y además pa- 
rientes, no pararon en aquello los escándalos. El almi- 
rante , mas culpable aun que D. Diego, habia quedado 
libre, y en las altas horas de la siguiente noche, víspera 
de San Juan, se vino al pueblo con ochenta arcabuceros 
de la flota. Con pretexto de ser de verbena y fiesta 
aquella noche, corrieron, alborotaron y dispararon armas 
por las calles , turbando y estremeciendo al vecindario. 

Informó Lujan de todo á la corte con los autos y tes- 
timonios convenientes, y no dejó por cierto sin castigo 
excesos de tal clase un Rey tan justiciero como Feli- 
pe IL Pero si cuando el gobernador de la isla y el ge- 
neral de la flota eran parientes ocurrían tales conflic- 
tos en la Habana, ¿cuántos no ocurrirían después en 
ocasiones semejantes, emulando siempre los jefes de 
mar con los de tierra , y en épocas de príncipes tan dé- 
biles como los que á aquel monarca sucedieron? 
. Mas de veinte naves enemigas ' andaban por entonces 

' Además de muchos documenlo? de esle tiempo, en la Colee, de Muñoz y en 



DE LA ISLA DE CUBA. 289 

dando caza á los buques españoles entre las Antillas, 
sin que aun hubiesen parecido á proteger las costas de 
Cuba las galeras seis años antes ofrecidas. En este estado 
vinieron á principios de i 582 á complicar la situación 
avisos de un nuevo rompimiento de Inglaterra y de 
Francia con España, y para que se previnieran los go- 
bernadores contra sus hostilidades en América. Lujan, 
al paso que se los trasmitió á Bayamo á su teniente ge- 
neral, enviándole también algunas armas y municiones, 
reforzó las pobrísimas defensas del puerto de la Habana 
levantando trincheras en donde hoy está el castillo de la 
Punta ^. Con cincuenta « buenos mozos » escogidos entre 
los indios mestizos y mulatos de Guanabacoa organizó 
una compañía que vino á reforzar á los doscientos infan- 
tes y veinte ginetes de la guarnición. Sirvió este ejemplo 
para excitar la emulación de la gente de color honrada 
que habia en la capital, que desde entonces acudió como 
los blancos en casos de peligro; y ese fuéd principio de 
las milicias de pardos y morenos que hubo siempre en la 



el Arch. de Ind. de Sevilla, que con- 
firman la inseguridad del mar de las 
Antillas entonces, G. de Lujan, en una 
larga carta que en 1 .** de agosto de IS81 
escribió al Rey , detalla las embarca- 
ciones enemigas y los perjuicios que 
causaron. Está copiada del Arch. de 
|nd. en la Colee, del A. 

- « « se me da avisso de la nue- 

»Ya.... de franzesses e inglesses que ar- 
«maban para passar a estas partes ; i 
»que tenga cuidado en que toda esta 
»t¡errai gente esté.... a punto para lo 
»que se cffresziere.... A la hora despa- 
»ché correo a toda la isla dando avisso 
»del recebido de V. M.... también e 
»echo aquí alarde i alié en las dos 

HIST. DE CUBA.— TOMO I.- 



•compañías] de infantería ducientos e 
«seis soldados mui buenos arcabuzeros; 
»i una compañía de veinte ginetes de 
»lanza i adarga para correr la cos- 
»ta, etc. , etc., etc.... En Guanabacoa, 
»un lugar de indios, a una legua desta, 
»ai indios , i mulatos i mestizos buenos 
«mozos; e de los mejores tengo echa 
»una compañía de hasta cincuenta con 
«sus armas ; i entiendo que a una neces- 
«sidad aran efeto. Vinieron aquí al 
«alarde, donde ize a uno capitán para 
«que cuando fuesse avissado acuda aquí 
«con la gente. » 

(Carta de Lujan al JRey en 22 de fe- 
brero de 1S82). = Arch. de Ind. = Co- 
piada en la Colee, del A. 
-19 



290 HISTORIA 

isla. Apresuró Lujan la conclusión de las obras de los 
fosos , asoladuras y otras accesorias de la Fuerza ; hizo 
arrasar los restos del castillejo antiguo de Aceituno y 
unas casas contiguas que embarazaban su defensa; y 
previno además que se abriesen aspilleras y « saete- 
rías ^ » en otras que por hallarse aisladas en el pueblo 
podrian ser defendidas. 

Por fortuna entonces no fué necesario poner á prueba 
estos preparativos. Ni Francia, ni Inglaterra, débiles aun 
en el mar y distraidas con mas serios cuidados , podian 
enviar armamentos á las Indias; ni los corsarios que 
tenian en el Archipiélago pasaron de sus insultos ordina- 
rios. Hacia el fin de mayo de 1 582, dos barcos franceses 
penetraron por el Cauto arriba , apoderándose de una 
nave española cargada de cueros y anclada en aquel 
rio. Al primer aviso , el Ucenciado Santistéban , que al- 
ternaba la espada con la pluma, salió con los vecinos 
armados de Bayamo y rescató la presa rechazando á los 
agresores con denuedo. Otros dos barcos de la misma 
nación acometieron en esos mismos dias por el cabo de 
San Antonio á la almiranta de D. Alvaro Manrique que 
se habia adelantado á su flota, y aunque venia sola, los 
alejó con sus descargas bien escarmentados. 

En el siguiente julio llegaron á la Habana dos navios 
con reemplazos para la guarnición de la Fuerza á cargo 
de su nuevo castellano Diego Fernandez de Quiñones ^^ 
hijo de los condes de Luna, que habia militado con Lujan 
en muchas partes. Luego que le dio posesión el gober- 
nador y ¡e tomó pleito homenaje, acabó de persuadirse 



^ Véase la misma caria. pág. 327, lomo IV del Dice. Geogr., 

'° Véase su nota bíQgráOca en la Estad.,nist.delalslade<:uba^ore\A. 



DE LA ISLA DE CUBA. 291 

de que su venida servida más de contrariedad que de 
ventaja. Por un descuido de los comunes en las oficinas 
en todas las épocas, al extenderle su título á Quiñones 
declarándole el mando independiente del castillo y su 
guarnición, olvidaron que Lujan desempeñaba oficios de 
capitán general, con cuya autoridad superior en lo mi- 
litar tenia que ser aquella prerogativa incompatible. 
Hasta el carácter personal del nuevo castellano hizo mas 
patente el desacierto de destinar dos cabezas á tan chico 
cuerpo, dos autoridades militares independientes una de 
otra en un mismo lugar, la una con fuerza material para 
sostener sus pretensiones, y la otra sin mas elementos 
que su voz para hacer respetar sus providencias. Así 
resultó pronto que, licencioso él por sí mismo ^\ tuviese 
que perdonar Quiñones los excesos que á su ejemplo 
cometían con los vecinos los soldados del castillo ; y 
que sin fuerza para castigarlos, tuviese que recurrir 
Lujan al solo y lento arbitrio de dirigir representaciones 

** Antes de cometerse este grave er- i)das; i con tanta publicidad como si 

ror, Lujan, en una carta al Rey de 27 i)fueran suyas. I viendo los maridos el 

de junio de 1582, copiada en nuestra apoco remedio que tienen, se las han 

Colee. , decia entre otras cosas lo que «dejado e aussentado por no ver seme- 

sigue: « también se a dicho aquí «jante afrenta.... Los demás soldados 

»que V. M. provee alcaide para esta »viven en la mesma libertad lomando 

>^forlaleza eseeptuándole de la jurisdi- »a otros vezinos las mugeres i esclavas 

»zion del gobernador.... Es cossa de »por fuerza.... No ai justizia ni regidor 

«gran inconveniente i avrá cada dia.... »que osse acudir a la carnezería i pes- 

«revueltas con los vezinos, porque aun «cadería , porque en llegando los solda- 

»con estar agora sujeltos azen muchos )^dos rompen las puertas i lo toman por 

«desórdenes. Mire V. M. lo que seria «fuerza sin dejarlo pessar e sin pagar; 

»si estoviesson libres. » »e si se les dize algo amenazan con que 

'2 .... « Por la obligación del offizio «romperán la cabeza a la justizia e re- 

»e descargo de mi conziencia hago sa- «gidores, i ansi se les deja....» Véase 

»ber á Y. M. que el alcaide i su alfé- carta de Lujt.n al l^ey en 23 de diciem- 

»rez i sargento están públicamente bre de 1584. =Arch. de Ind.de Sevilla, 

«amanzebados con tres mugeres cassa- = Copiada en la Colee, del A. 



292 HISTORIA 

al Rey, al virey de Nueva España, á quien se le habia 
mandado estuviese sometido en muchas cosas , á la au- 
diencia de la Española ya prevenida contra él por los 
amaños de Arana , de Ribera y de sus enemigos. 

Reinó así sin freno alguno la anarquía en todo el resto 
del año 1 582 y principios del siguiente. Con frecuencia 
cometieron en la Habana los militares de la Fuerza los 
mismos excesos y atropellos con que antes y después de 
esta época solian los tercios y tropas agraviar en sus mar- 
chas y paradas á los pueblos de la Península y Europa. 
En los demás de la isla , libres á la sazón de esa clase 
de corsarios, la continua presencia de los que seconocian 
con ese nombre y la imposibilidad de rechazarlos, in- 
dujeron naturalmente á los vecinos á entrar en tratos 
ilícitos con ellos. El codicioso provisor Ribera, organizó 
en Bayamo una asociación para recibir alijos extran- 
jeros, sin atreverse Santiestéban á estorbárselo, por- 
que habiendo renunciado á la mitra el obispo Juan 
del Castillo , quedó con su gobierno aquel clérigo 
atrevido. 

Así andaban las cosas cuando el virey de Méjico , ce- 
diendo á los clamores de Lujan, le socorrió *^ con dos 
compañías de á sesenta hombres para que estuviesen á 
sus órdenes y reforzasen á los de la guarnición en casos 
de peligro. Respiró con este socorro; logró algún tanto 
hacerse obedecer, y consiguió en poco tiempo fabricar 



*3 «A los seis deste mes entró en ese »apartaron en un temporal en el cabo 

'puerto un navio con cuarenta soldados »de San Antón. Es gente muy luci- 

^de ciento que el virey de la Nueva »da.... » = Lujan al Rey en 8 de fe- 

íEspaña envió de socorro i otro navio brero de 1383. = Arch. de Ind. deSe- 

^que viene con el capitán e los otros se- Tilla. = Copiada en la Colee, del A. 
i>senta soldados no a llegado, que se 



DE LA ISLA DE CUBA. 293 

en medio del pueblo una cisterna para reservar hasta 
mil pipas de agua llovediza al suministro de las naves y 
del vecindario , porque no ofrecia visos de remate la 
lenta obra de la zanja del Chorrera. Como la invención 
de la cisterna privó á Quiñones de una de sus mejores 
granjerias, la de vender á los bajeles el agua del cas- 
tillo , lo que antes no pasó de emulación llegó á decla- 
rada enemistad contra Lujan , cuando el factor Garci- 
Hernandez de Torrequemada se presentó en la Habana 
por la primavera de 1584, como comisionado por la 
audiencia, para juzgar la conducta que habia observado 
el gobernador con el infiel Arana y suspenderle en sus 
funciones. Dejemos que el mismo Lujan con desaliñada, 
pero veraz pluma, nos refiera la persecución escanda- 
losa que sufrió, trazándonos un cuadro de los desórde- 
nes que tan frecuentemente escandalizaban á las pose- 
siones de Indias por esa época : 

« He sido malamente ^* tratado en mi honra y hazienda 
í con falsas relaciones que de mí ha hecho á V. M. y 
» á la real audiencia de Santo Domingo el alcaide Diego 
» Fernandez de Quiñones. Tomando por instrumentos 
» émulos mios, á quienes yo he castigado por deUctos y 
» sin mas fundamento quel dicho de los delatores, pro- 
» veyeron á Garci-Fernandez de Torrequemada por juez 
í en comission contra mí, y tan apassionado y parcial del 
» alcaide y mis émulos, que se vino á possar en cassa de 
» uno de los que le avian pedido por juez; y por contem- 
» placion á ellos antes de empezar sus informaciones 
» contra mí i mi teniente general pusso una horca en 



'* Carta de Lujan al Rey en 23 de Sevilla. = Copiada en la Colee» del A. 
diciembre de 1584. = Arch. de Ind. de 



§94 HISTORIA 

» la plaza de la fortaleza, dando á entender nos avia de 
» ahorcar della; e sin mas información nos prendió e 
» quitó las varas , i estuvo mas de dos messes sin dar la 
> caussa; e porque se la pedi viendo su dilazion, me 
)) pusso seis soldados de la fortaleza de guarda con es- 
» cessivos salarios ; e á mi teniente, por decir que nos 
» diessen nuestras causas, le passó de la cárcel á lafor- 
» taleza para que fuesse mal tratado del alcaide con pa- 
» labras. Y gritaba mucho e reia el dicho juez con el 
» alcaide i mis émulos de lo que azia con nossolros ; e 
» venian de noche con guitarras e á caballo delante de 
» mi puerta á decir : «Dios te perdone, gobernador» e 
» otras palabras desacatadas ; e diziendo que ya no lo 
1» seria mas. A media noche unos soldados e otros de 
» mis émulos alborotaron el pueblo iendo con muchas 
i> luzes á pegar un cartel en el fosso de la fortaleza, de- 
» nunciando á vozes que eran las honras del goberna- 
» dor : cuya fiesta se acabó en cassa del mismo juez que 
» les dio de zenar honrándolos por ser mis émulos. A 
n todo he callado e tenido paziencia como la tenré para 
» cumplir con la real voluntad de V. M. á quien suplico 
» me mande desagraviar; porque no ha faltado nada 
)) mas que poner las manos en mí. Después que el al- 
» caide entró en esta tierra, ni los alcaldes, ni el cabil- 
» do , ni yo podemos ussar nuestros offizios ; nos im- 
)) pide ia ejecución de la justizia, porque queriendo cas- 
>y tigar á algún vezino ó delincuente, se acoje á la for- 
)) taleza e lo recibe por soldado ; i aunque se le envié á 
» pedir se rie de todo ; i lo peor es que essos no son 
)) soldados de confianza, porque son hijos de negras ó 
«mestizos.... Sin ocasión nenguna mas que pedillo la 
» arte del alcaide en Santo Domingo , después de ha- 



DE LA ISLA DE CUBA. 298 

í> berme quitado la jurisdizion de la Habana mandaron 
y> que saliesse della ; i estándome muriendo de calentu- 
» ras e gota me echaron como si fuesse traidor i parto 
» mañana. La Habana queda solo con la justizia de 
» los alcaldes. V. M. provea el remedio luego porque 
» es de gran importancia; i en el Bayamo lo estaré 
j> aguardando. * Así hablaba Lujan en 24 de octubre 
de 1584. 

Presos y encausados sus detractores en Santo Domin- 
go, y después de evidenciada su inocencia, empezó Lu- 
jan á ejercer de nuevo sus funciones el 1 1 de setiem- 
bre de 1585, con menos trabas y mortiíicaciones y 
mayor autoridad que anteriormente. Para que no se 
renovaran los escándalos pasados, el ayuntamiento de 
la Habana habia representado al Rey la incompatibili- 
dad de todo orden público con una división de mandos 
tan funesta, y la urgencia de que una sola mano cor- 
riera con el militar como con el político. Aunque Qui- 
ñones continuó autorizando y dando ejemplo á desafue- 
ros y desórdenes, la insolencia de los corsarios extran- 
jeros y el nublado que luego sobrevino á amagar muy 
seriamente en las Antillas, restituyó en Cuba alguna 
urxion entre sus jefes y colonos, sobre todo durante el 
año de i 585, que empleó Lujan en recorrer y apaci- 
guar los pueblos. 

Los encuentros con ellos eran diarios, sin escarmen- 
tarlos el rigor con que los españoles les trataban , en 
cumplimiento de repetidas y estrechísimas órdenes del 
Rey. Del carácter de aquellas hostilidades , nos dejó 
cabal medida un incidente deplorable que empezó por 
Manzanillo y Bayamo el 10 de abril, y terminó en 
Santiago el 23 de mayo de 1 586 , igualando casi á los 



596 HISTORIA 

dias en aquel intervalo corridos , los actos de horror y 
de barbarie. 

El francés Richard, traficante de negros meses antes 
en la costa de Bayamo, navegaba con dos buques á 
fines de marzo frente al promontorio ó punta de Corrien- 
tes de la costa meridional de la isla , á pocas leguas del 
cabo de San Antonio, ó San Antón, como entonces se 
decia. Allí se apoderó de una fragata de un Hernando 
Casanova, que solia portear entre la Habana, Trinidad 
y Santiago. El 10 de abril, una de las embarcaciones 
de Richard, conservándose la otra cerca y á la capa, 
echó en tierra á Casanova en la playa donde se alza 
hoy Manzanillo. Quedándose con cinco rehenes, el cor- 
sario les dejó libres á él y á los demás de la tripulación 
cogida hasta que pudieran rescatarse todos, suminis- 
trando á los dos buques franceses , en el hato de Yara, 
abundoso á la sazón en pastos y ganado, las carnes y 
los víveres que necesitaban para seguir corseando entre 
las islas. 

Semanas antes, en su visita general por la isla, se 
habia Lujan detenido en Santiago y en Bayamo para 
algunas providencias y vuéltose con Santistéban á la 
Habana, dejando el cuidado militar de toda aquella parte 
con título de capitán á guerra á un Gómez de Roxas 
Manrique, de la antigua familia de este nombre, aun- 
que de condiciones diferentes de las de los demás de 
ese apellido; y bajo su autoridad regia en Bayamo á la 
poca gente armada el capitán Alvaro Pérez de Nava. 
Apresuróse este á reuniría al saber la proximidad de 
los corsarios; se puso con ella en marcha hacia la costa; 
la emboscó cerca de Manzanillo muy á las calladas, y 
mientras conferenciaba Casanova sobre entrega de re- 



DE LA ISLA DE CUBA. 297 

ses con sus aprehensores , los sorprendió en aquella 
playa , les mató ocho y se apoderó de uno de sus bar- 
cos, rescatando después la fragata de Casa nova con los 
que en ella habían quedado como rehenes. El mismo 
Richard cayó en su poder, mientras un hijo suyo se fu- 
gaba con la otra embarcación á pedir socorro y ven- 
ganza á otros corsarios. 

Hasta aquí , si no muy leal , estuvo la acción de Nava 
afortunada y brava. Pero después de traídos los prisio- 
neros á Bayamo y avisado Roxas del suceso, aunque el 
vicario de aquella iglesia interviniera para juzgarlos por 
la Inquisición si resultaban ser herejes, los hizo ahorcar 
á todos sin misericordia, sin esperar á que Lujan supiera 
su prisión, ni menos á que consintiese un sacrificio tan 
sangriento y bárbaro. A Roxas le bastó para precipitarlo 
que (dos pressos eran piratas cossarios^ pilotos, pláticos 
»dela isla^^ e islas circunvezinas ; e savian los puertos, 
«rios i aguadas; e cómbenla hazer justizia de líos con 
» brevedad. » 

Ausente se hallaba aun en Bayamo el feroz capitán á 
guerra, cuando entraron con gran soberbia en el puerto 
de Santiago dos navios franceses; y aunque fueron re- 
chazados el 1.' de mayo con alguna pérdida por la arti- 



*^ Véase la «Relación verdadera que Madrid , copiado por diligencia de don 

envió el Capitán Gómez de Rojas Man- Martin ' Fernandez de INavarrele del 

riquCj lenienle de gobernador de ¡a ciu' original que en 1794 se hallaba en el 

dad de Santiago y villa del Bayamo al legajo 13 de Papeles diversos de la 

gobernador Gabriel de Lujan» de lo su* antigua gobernación de Nueva-España 

cedido en ambos puertos con los corsa- yPerú, que por aquel tiempo se trasla* 

rios franceses _, desde 11 de abril hasta daron del Arch. gener. de Simancas 

23 de mayo de 1386. —Este largo do- al de Indias de Sevilla. Se halla co- 

cumento, lleno de detalles que horrori- piado en nuestra colección , en la cual 

zan, se halla en la Colección de Manus- ocupa once páginas, 



critos del Depósito Hidrográfico d© 



298 mstofúA 

Hería de años atrás colocada para su defensa y por el ca- 
pitán Gómez Patino, que mandaba allí la gente de armas, 
después se aparecieron hasta otras cuatro naves corsarias 
de la misma nación el 21 de aquel mes. Mientras dos 
hostilizaban por un lado desde el puerto al caserío de 
la ciudad , desembarcaban gente y se apoderaban de 
algunos edificios, de donde luego los desalojó Rojas 
Manrique, apresuradamente vuelto de Bayamo, las otras 
dos embarcaciones desembarcaban ochenta arcabuceros 
en la inmediata playa de Juragua. Pero Patino, por for- 
tuna, aunque con menos combatientes, les salió al en- 
cuentro, y al abrigo de las malezas y los bosques logró 
rechazarlos y ahuyentarlos con bastante pérdida. 

Tanto en este lance como en los pasados murieron cin- 
cuenta y cinco franceses, saliendo heridos mas de treinta. 
Durante las horas que habian ocupado una parte de la 
población , «quemaron la iglesia mayor i el monasterio 
» de San Francisco i algunas casas de teja i las que 
» habia de paja , etc. » La relación que de tan tristes 
incidentes envió Rojas á Lujan, y que trasmitió luego 
este al Rey mui atenuada, nos revela cómo se trataban 
entonces en América los hombres unos á otros. 

Originaba esas crueldades un propósito imposible: 
el afán de la corona en preservar á sus subditos ultrama- - 
rinos , así en guerra como en paz , de todo contacto con 
los extranjeros. En un concepto tan en pugna con las 
necesidades de tráfico y las tendencias de los pueblos, se 
dirigían y repetían con duros apercibimientos contra su 
inobservancia las cédulas mas severas y violentas, para 
que los vireyes y gobernadores de Indias impusieran 

*• > éase la Relación citada eu la página anterior. 



DE LA ISLA DE CUBA. ^99 

la Última pena á los corsarios que cayeran en sus ma- 
nos. De ahí que luego trataran estos á los españoles de 
la misma suerte ; y que Lujan , en su carta al Rey de 
30 de junio de 1 586 , dándole cuenta del suplicio de 
Richard y sus compañeros en Bayamo, tuviese que 
justificar á Rojas de no haber hecho ahorcar también 
con los demás á un « francesillo de nueve ú diez 

» años )) por ser niño. Tremendos y feroces tiempos 

en que ya procuraba el prohibicionismo comercial esta- 
blecerse sin meditar sus consecuencias, sus futuras y 
naturales infracciones, los excesos á que conducirían y 
las crueles represalias que habian de provocar an- 
dando el tiempo. 

En guerra hacia ya algunos años con Felipe II la 
Francia y la Inglaterra, esta última nación, en la in- 
fancia aun de su poder marítimo, se disponía ya á 
acrecentarlo con empresas contra los establecimientos 
españoles. En donde mas seguros se creían los subdi- 
tos de España los había asaltado Drake, corsario hábil 
y audaz, uno de los primeros navegantes que dieron 
vuelta al globo después de piratear en varios puntos de 
la costa del Pacifico. Acaudillando en 1 585 una escuadra 
de veinte bajeles muy veleros y escogidos con dos mil 
trescientos aventureros á cargo de Cristóbal Carlisle, 
después de sorprender y saquear la capital de las Islas 
de Cabo-Verde se dirigió á Santo Domingo. Allí se apo- 
deró Drake por asalto de la ciudad capital del mismo 
nombre, en enero de 1586; y hubiérala incendiado si 
sus habitantes no la rescataran entregando todo su nu- 
merario al enemigo. La misma suerte tuvo la indefensa 
Cartagena de Indias ; y con ejemplares tan tremendos 
estremeciéronse todos los pueblos litorales de las pose- 



300 HISTORIA 

siones españolas, adormecidas hasta entonces entre las 
imaginarias garantías del poder de su bandera y de su 
lejanía de las potencias enemigas. 

Desde Bayamo , á donde habia vuelto Lujan , recibió 
aviso de la catástrofe de Santo Domingo y se puso en 
movimiento por tierra hacia la Habana con tanta dili- 
gencia, que se presentó en aquella villa en 21 de abril, 
casi al mismo tiempo que un socorro de mas de dos- 
cientos treinta voluntarios organizados y armados en los 
lugares y haciendas de su tránsito á cargo de Hernán 
Manrique de Rojas". Llegaron también por aquellos 
mismos dias trescientos soldados más con muchas muni- 
ciones que el virey de Méjico enviaba á la Habana de 
refuerzo. Hiciéronse apresuradamente reparos y trinche- 
ras á la entrada de su puerto. Lujan y Quiñones, acordes 
por primera vez para los deberes que les imponia la 



*' .... «i el diaque llegué se des* j>bió dos compañías de socorro de tre- 

Bsembarcó una compañía de noventa szientos hombres, poco menos, i algu- 

«ho.Tibres , muí buenos soldados que »nas muniziones. Imbió esta gente á la 

»imbié de la tierra adentro, sin otros »órden del alcaide (Quiñones) por no 

i>ciento i tantos que avia imbiado en »estar yo aquí ; i ansí lo estará hasta 

«otras dos compañías, también gente «que V. M. mande loque fuere servi- 

»mu¡ buena e buenos arcabuzeros. De «do tenomos en el pueblo settc 

Dmanera quen tres compañías que e »zientos arcabuzeros i mosquetteros 

«trahido de los lugares de la isla, avrá »con los de la fortaleza : buena gente e 

»como ducientos treinta españoles, ques «deseossa de verse ya á las manos con 

»mui buen socorro i mas por aver líe- »el enemigo.. . »=:\ éase carta de Lu- 

jígado tan a buen tiempo; porque den- jan al Rey en 4 de mayo de 1586.= 

»tro cinco dias de como se tuvo la nue- Original en el Arch. de liid de Sevi- 

»va tenia ya metido en la Habana el U.i y copiada en la Colee, del A. 

«socorro que imbié por mar con Hernán La relación principal del amago de 

«Manrique de üoxas, un hidalgo de los Drake sobre la Habana la dirigió Lu- 

«principales de aquí , que con el viento jan al Rey en 30 de junio con noticias 

«que tuvieron llegaron en cinco dias del incidente de los corsarios franceses 

«desde Bayamo.... e luego fué entrando en Manzanillo y Santiago, y otras ocur- 

»ld demás gente de los otros lugares.... rencias. 

9 Kl vissorey de la Nueva España im- _ 



DE LA ISLA DE CUBA. 301 

inminencia de un mismo peligro , volvieron felizmente 
la espalda á sus rencores para hacerle rostro. 

Envanecido Drake con sus recientes logros de Santo 
Domingo y Cartagena , se apareció sobre la Habana en 
la tarde del 29 de mayo con diez y seis navios y catorce 
lanchas. Favorecíale el tiempo ; pero no intentó desem- 
barcar, porque no encontró allí á los españoles tan des- 
prevenidos como en otras partes. La vista de setecientos 
arcabuceros y de mas de trescientos hombres armados 
con picas y ballestas, le disuadió de acometer un puerto 
donde mas que rescates y despojos presumió hallar es- 
carmientos. Después de bordear algunas horas, fuese 
retirando con rumbo hacia Matanzas, pero no sin ser 
seguido por algunos barcos con gente destacada de la 
plaza que le arrebataron una lancha. 

Recorriendo después la costa estas embarcaciones, 
también se apoderaron luego de otro buque corsario 
francés que entró en la Habana prisionero. Solo por 
acreditar su tripulación que acababa de llegar al mar 
de América y que aun no habia cometido hostilidades 
contra los españoles, se preservó de ser ahorcada toda. 

Luego que Lujan estuvo cierto de la desaparición de 
Drake, licenció ^^ para sus casas á las tres compañías de 
voluntarios que mandaba Rojas. La mayor parle eran de 
vecinos de Santiago y de Bayamo , que indefensas con la 



'8 Como que en una caria al Rey en »gar a los soldados de la tierra aden- 
30 del siguiente junio le decia : « En »tro, i que vengan de buena gana cuan- 
»esta caja no ai hazienda, i ansi sea »do les llamaren, como lo an hecho 
«tomado de la sisa para dar de comer a «agora que dejaron sus haziendas per- 
nios soldados de la tierra adentro. Su- «didas e \inieron de fJucientas le- 
xplico se mande traer dinero de la Nueva »guas....»=Véase el citado documento 
»España.... para que sirva en las mu- en el Arch. de Ind. de Sevilla y qo» 
«chas ocassioqes que se offrezen, i pa- piado en la Colee, del A. 



502 HISTORIA 

ausencia de sus mejores adalides, sufrieron por aquel 
tiempo algunos insultos de corsarios. 

Las dos galeras muchas veces solicitadas del Rey por 
Carreño y por Lujan para resguardo de las costas llega- 
ron á últimos de año ; y dieron afortunado principio á 
sus cruceros apoderándose de dos corsarios franceses 
cerca del cabo de San Antonio en febrero de 1 587. 

Los de Bayamo, que tan crueles se acababan de mos- 
trar con los franceses, pronto fueron los primeros que 
empezaron á traficar y rescatar con ellos por el Cauto y 
Manzanillo. Lo singular fué que emprendieron esos tra- 
tos con participación del mismo capitán á guerra Gómez 
de Rojas Manrique , sobrino del antiguo Juan de Rojas 
de la Habana, aunque muy distinto de conducta y 
hábitos , según informes del caballero Marino al Con- 
sejo de Indias, que se conservan en el Archivo de 
Sevilla. Y es hecho aun mas curioso que los dos prime- 
ros comisionados de la audiencia de Santo Domingo 
para averiguar y castigar aquellas infracciones, fueron 
también partícipes en ellas; y que luego otros dos lla- 
mados Tapia y Melgarejo, según carta de Lujan al Rey 
de 1 7 de mayo de 1 587 , después de castigarles solo 
con multas, <r dejaron destruida la tierra, i á ninguno 
í) castigaron corporalmente. » 

Trabajoso fué para este buen gobernador su mando. 
Cuando después de reconciliado con Quiñones y resta- 
blecida la disciplina en el presidio de la Habana, fun- 
cionaba con alguna calma , ahora al seguir los procedi- 
mientos que le encargó aquel tribunal contra los de 
Bayamo y tener forzosamente que prender á algunos, 
encontróse con que el principal rescatador allí, el antiguo 
provisor Diego Ribera , habia ascendido á canónigo de 



DE LA ISLA DE CUBA. 305 

Méjico , y que el prelado diocesano Salcedo , á quien 
designa su sucesor Morell , como « ejemplar en santidad 
j) y letras , » había nombrado en su lugar á un mozo 
de treinta años para que «iziesse lo que él le ordenara, 
» fuesse justo ú no. » Añade Lujan en el mismo docu- 
mento que, habiendo despachado la audiencia auto 
para que compareciese en la Habana el nuevo provisor 
á declarar sobre varios incidentes de la conducta de Gó- 
mez de Rojas, ya depuesto entonces y en la cárcel , el 
obispo, abusando de su jurisdicción con agravio de la 
justicia civil , habia amparado y detenido allí al joven 
sacerdote. Y no se limitó á ese exceso; abusó de su au- 
toridad espiritual hasta excomulgar al mismo Lujan , á 
la autoridad superior del país, porque insistió «en cum- 
» plir lo dispuesto por la audiencia con respecto al clé- 
»rigo,)) y «por no haberle querido dar auxilio contra 
3> derecho.... » 

Tal sorpresa causaron en la corte los imprevistos 
golpes de Drake á las posesiones de Ultramar que despa- 
chó el Rey apresuradamente fuerzas navales que las 
defendiesen , y con ellas destinó al Maestre de Campo 
Juan de Tejeda y Juan Bautista Antonelli, sus mejores 
ingenieros de Flandes y de Italia, que con otros oficiales 
peritos y buenos operarios pasaron en aquel mismo 
año á reconocer los lugares y formar los planos de va- 
rias fortificaciones y fortalezas decretadas para Santo Do- 
mingo, Santiago de Cuba , la Habana, Cartagena y Por- 
tobelo. Con la flota que llegó á mediados de junio de 
este punto, se presentó Tejeda en la Habana, revistó 
su guarnición, su fortaleza, y reconociendo las orillas y 
posiciones de la bahía , dio principio á los perfiles de 
sus futuros fuertes del Morro y de la Punta. 



304 HISTORIA 

Al ausentarse aquellos ingenieros para Cartagena, 
dejaron prevenido que les acopiaran materiales y peones 
para las obras que habian de levantar. Lujan , al mismo 
tiempo que desempeñó este encargo con su habitual 
celo , se aprovechó de los brazos que pudo reunir y de 
algunos fondos que le remitió el virey de Méjico para 
fomentar el caserío de la villa y mejorarla. Oigamos lo 
que escribió al Rey tratando de obras en 10 de julio 
de 1587, y volviendo á referirse á la cisterna: «En 
» medio este pueblo avia una ciénaga i laguna que se 
«avian de rodear tres calles para poderla passar; i 
«viendo el inconveniente quera i el aparejo que avia 
j> por averse secado hogaño con la gran seca que a 
» ávido, ize una de las mejores calles que ai en el pue- 
)) blo ; i sacando los cimientos , que fueron ondos , i 
» viendo muchos manaderos de agua dulce, ize un 

> estanque grande de tanta abundancia de agua que 
» siempre tiene como dos varas ; donde azen las ga- 
» leras aguadas , e se provee todo el lugar e se po- 

> drán proveer todas las flotas ; i esto se hizo con 

> muy poca costa , que no llegó á quinientos ducados. 
» Tainbien e ido reparando calles i animado á los vezi- 
» nos para que edifiquen i an echo algunas cassas bue- 
» ñas i cada dia las van aziendo ; con que este lugar se 
» va ennobleziendo. j> 

Murió el turbulento Quiñones en la Fuerza á últimos 
de mayo de 1588 , y suscitó después de muerto casi 
tantas discordias como en vida. Abusando de la autori- 
zación que le daba su despacho para nombrar teniente 
que por él gobernase en sus enfermedades, dejó por 
testamento en su lugar á un simple mercader de la villa 
llamado Tomás Bernardo á quien debia dineros. Alzóse 



I 



DE LA ISLA DE CUBA. 505 

pues este sujeto con el mando de la guarnición y del 
castillo, y para mayor sentimiento de Lujan, le negaron 
obediencia los capitanes de las compañías venidas de 
Méjico, D. Diego de Avila y José Treminos, declarándose 
independientes con la muerte del solo jefe que habian 
reconocido. Era la excusa natural. Quiñones se lo permi- 
tía todo á la tropa , mientras Lujan se habia siempre 
esforzado en sujetarla á buena ordenanza y disciplina. 
Ni sus representaciones , ni la experiencia de los des- 
órdenes originados por falta de claridad, por la con- 
fusión en los nombramientos de jefes militares , bastaron 
para que después se reformasen ; y tuvo aquel goberna- 
dor que terminar su mando con contradicciones pare- 
cidas á las que le habian turbado al principiarlo. 

Fué Lujan el primer gobernador de la Isla que salió 
completamente indemne del juicio residencial , recom- 
pensándosele por sus largos servicios y en desagravio de 
mortificaciones que le podrian haber sido excusadas, 
con el ascenso á maestre de campo y un empleo seden- 
tario en su pueblo natal , que era Madrid. 



BIST. DIS CUBA.— 'TOMO I.— 5 



CAPÍTULO DECIMOTERCERO. 



Gobierno del maestre de campo Juan de Tejeda. — Emprende con el ingeniero 
Juan Bautista Antonelli las obras de los casüllos del Morro y de la Punta.-— 
Sus quejas contra el obispo Salcedo. — Entereza de Tejeda — Su actividad.— 
Sus apuros. ~ Beniédialos con la flota de Veracruz en julio de 1591.— 
Sueldos de los empleos militares. — Recibe la Habana título de Ciudad.— Es- 
tilo de Tejeda en sus comunicaciones con el Rey. — Termínase Ja primera ace- 
quia de la Zanja de la Habana. — Bosquejo de los dos nuevos castillos déla 
Punta y del Morro. — Termina Tejeda su gobierno. 



Después de proyectadas y dispuestas con Antonelli * 
las fortificaciones de Cartagena y otros puertos de In- 
dias, regresó á la Habana el maestre de campo Juan de 
Tejeda ^ con aqnel ingeniero á emprender las obras ya 
resueltas de los castillos del Morro y de la Punta. Cum- 
pliendo con las órdenes del Rey, se hizo allí cargo en 
propiedad del gobierno superior de la isla, en lo político 
y militar, en 31 de marzo de 4 589. Trajo cien hombres 
de refuerzo con la obligación de vigilar y abastecer los 
destacamentos que estaban en Florida. Los objetos pre- 
ferentes que le fueron encargados , eran la construcción 



* Véanse las págs. 29 y30, lomo I, D. Martin Fernandez de Navarrete. 

Dic. titog., Esl., nist. de ¡a Isla de ^ Véase su biog. , págs. 385 y 586, 

Cuba por el autor, y las págs. 171, tomo lí, Dic. Geog., £sí., Hist.de Iq 

172,173 y 174 de la Bibl Marit. de /a/o de Cu6o por el A, 



HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA. 507 

de aquellas dos fortalezas en la Habana y la de otras dos 
fragatas ó galeras para resguardo de las costas , además 
de las que habia. 

Ni con declarársele á Tejeda facultades muy superio- 
res á las de Lujan se cortaron las desavenencias entre 
el gobernador y las demás autoridades. El imperioso 
obispo Salcedo, que ya habia excomulgado á aquel go- 
bernador por oponerse á varias de sus providencias, ex- 
comulgó también á Tejeda á poco tiempo por la misma 
causa; y hablando del Prelado, decia al Rey el nuevo 
gobernador : «Trae á esta tierra el obispo % tan des- 
« asosegada con sus descomuniones , que mas paresce 
» lobo que pastor, de las almas ; i con tos testimonios 
9 que al Consejo invio, supplico á V. M. lo mande cas- 
D tigar e mudar desla isla para que la gente pueda vivir 
D como christiana. » 

A pesar de las quejas de Tejeda, continuó el obispo 
en su diócesis *, tan intolerante con las clases civiles y 
militares, como indulgente con los que dependian de su 
jurisdicción ; y aunque observantísimo de su regla y de 
singular pureza de costumbres, trazaba á los eclesiásti- 
cos con su exterior porte la conducta que observaban 
con los seglares diocesanos. Aunque terminado años atrás 
el largo y famoso Concilio Tridentino, y obedecidas ya 
en la Iglesia sus resoluciones, todavía el obispo Salcedo 
recurría á arbitrios que no podian justificarse, ni con la 
necesidad de propagar el culto , edificando el convento 
de San Francisco y otros templos. Su extralimitacion 



^ Véase cariado Tejeda al Rey, en * Véase su nolicia biog., pág. 393, 

3 de agosto de 1590 en el Arch. de la- tomo IL Dic. Geog.^ Esl., Hist. de la 

dias de Sevilla, copiada en la Colee- Isla de Cuha por el A. 
cioD del A. 



308 HISTORIA 

de facultades aparece demostrada en los archivos de In- 
dias con el testimonio mismo de Tejeda , que á no ser 
cierto , ni aun con la audacia con que solia escribir al 
Rey ^, se habria lanzado á denunciarlo sin pruebas que 
sustentaran su denuncia en tiempos en que se respetaba 
tanto á los prelados. En aquella misma comunicación 
de 3 de agosto de 4 590 , después de hablar de las ex- 
comuniones, así continuaba aquel gobernador refirién- 
dose al obispo : « Envié V. M. un juez para que conozca 
» si en las descomuniones que pone hizo fuerza ó no 
» puede absolver hasta que el negocio vuelva de la 
«Audiencia.... Entertanto están los vecinos descomul- 
* gados , y si la causa es ligera gastan mucho ; y por no 
» gastar pagan las penas que les pone injustamente. 
» Porque uno esté amancebado le lleva cien ducados por 
» la primera vez , mandando el Sacro Concilio no se les 
» lleve nada, sino que se les amoneste y aparte por la 
» primera vez: los cuales dineros aplica para su cámara; 
» y d estas y otras condenaciones ha mas de seis mil 
» ducados de hacienda , sin haber cobrado de su sueldo 



^ A los que exageran los respetos «invío á pedir se me envía , e ansí digo 

que so guardaban á la autoridad real »á V. M. que avrá de venir á parar en 

en otros tiempos, les podemos exponer «que haga un desconcierto e tome del 

el primer párrafo de una carta escrita »pr¡mer dinero que por aquí passare 

por Tejeda en 28 de junio de 1591, i>para acudir á lo que se me manda, 

nada menos que á Felipe II, al rey que »pues sin dinero yo no lo puedo azer.... 

mas rey fué de cuantos se han cono- »Ya há que estoi aquí veinte i cinco 

cido. Este -documento original , sobre »messes ; truxe conmigo cien soldados 

todo por su lenguaje, se halla en el »mas de los que este castillo tiene de 

Arch. de Indias de Sevilla, en donde «número; me dixo V.M. que se me in- 

lo hicimos copiar para nuestra colee- »viaria el situado para ellos e para los 

cion. Dice asi: «alcaldes, i hasta agora todos estamos 



«Verá V. M. la ra?on que tengo de »por pagar.» 
«quexarme de que nenguna cossa que 



DE LA ISLA DÉ CUBA. 309 

j) un real, porque por no lo tenerla caja de V. M. no 
» se le ha dado, etc. , etc. » 

Ni los desafueros del obispo, ni los de la audiencia, 
que á cada paso enviaba costosas comisiones judiciales 
por causas leves y comunes, ni los de los generales de 
las flotas que con frecuencia, pero en vano, procuraron 
atentará su jurisdicción, ni las escaseces de las cajas 
originadas por la irregularidad de los envios de Méjico, 
ni su salud aniquilada por heridas de que arrojaba siem- 
pre esquirlas ^ aflojaron nunca la fortaleza y celo de 
Tejeda. 

Ayudado por la actividad del ingeniero Antonelli trazó 
y dirigió la construcción de los castillos del Morro y de 
la Punta en los mismos lugares que hoy ocupan. Un dia 
Antonelli desde la eminencia donde se alza hoy la Ca- 
bana'^, pronosticó que el que la ocupara seria el due- 
ño de la Habana; y en este sentido él y el gobernador for- 
maron y enviaron al Rey proyectos de fortificarla. Pero 
como los destinos de los pueblos siempre han de cum- 
plirse, desestimóse la idea; porque ese aumento de obras 
en la Habana habia acarreado gastos muy superiores á 
los que se podian sobrellevar, exigiría doble guarnición, 
y la isla lejos de producir era gravosa. Si el que domi- 
nase en la Cabana habia de dominar la plaza , claro era 
que por allí debieron principiarse sus defensas, por ase- 
gurar el j)unto cuya posesión mejor la resguardase. Pero 
á la verdad, no se trataba entonces de la defensa terres- 
tre de la plaza, sino de la marítima del puerto, ya por- 



• ..... porque juro á V. M. como esso acudo i acudiré siempre........ 

soldado j que me han sacado de los '' Véase el documento núm. 3 en el 

dos picazos que V. M. vio mas de Apéndice de este tomo, 
seis onzas de huessos, e con todo 



310 , HISTORIA 

que la Habana no presentase aun importancia suficiente 
para que se atendiese á la primera, como porque bas- 
taba la segunda contra armamentos como el de Drake y 
otros mayores. 

Como quiera , en menos de tres años presentaron ya 
alguna defensa aquellos dos castillos y pudieron artillar- 
se , aunque muy lejos aun de hallarse terminados. En ese 
mismo tiempo quedaron las dos fragatas acabadas. A 
todo se atendió sin desmayar con la fibra de Tejeda, la 
destreza de Antonelli y la buena voluntad de un vecin- 
dario interesado en ayudarlos con todos sus recursos. 
Todo se hizo sin llegar de Veracruz en mas de dos años 
el menor auxilio pecuniario , ni contarse con mas fondos 
que veinte y cinco mil ducados que el general de la flota 
Alvaro Flores de Valdés adelantó al gobernador. Para 
fabricar un solo cuerpo de guardia se necesita hoy mas 
dinero. 

Hallábase abrumado de deudas Tejeda con el vecin- 
dario , con Flores y otros cabos de las flotas porque las 
obras no se interrumpieran, cuando ancló en la Habana 
en julio de 1 591 , la que venia de Veracruz para seguir 
con la de Costa -Firme á España. No solo las pagó todas 
entonces, cubriendo además los atrasos de la guarnición 
y los empleados, sino que depositó en el arca real una 
reserva de ciento veinte y dos mil seiscientos ducados 
para las atenciones ulteriores hasta recibir otra remesa. 
Se debió ese respiro á la energía con que demostró aquel 
gobernador al Rey ia inutilidad de todas sus providen- 
cias sobre fortificación y otras materias , mientras no 
obligase al virey de Nueva España á enviar muy pun- 
tualmente los situados de la isla y la Florida, decreta- 
dos é irregularmente remitidos siempre desde 1 584. 



DE LA ISLA DE CUBA. 5H 

Veamos ahora cuales eran los sueldos militares en 
esa época. El del gobernador, diez y seis mil reales 
de piala fuertes, osean dos mil pesos ^, menor en la 
Habana que el de un teniente coronel en nuestros 
dias; el de Alonso Sánchez, primer alcaide ó castellano 
del Morro, seis mil seiscientos reales ; el de Diego Ló- 
pez de Quintanilla, primer alcaide de la Punta , cua- 
tro mil cuatrocientos reales; el del sargento mapr de 
■la guarnición, dos mil setecientos sesenta y cinco rea- 
les. Habia dos sargentos con mil ochocientos sesenta y 
cinco reales cada uno ; dos capellanes , con mil cuatro- 
cientos cuarenta reales; dos tambores y dos pífanos, con 
Ja misma asignación ; cuatro ministriles y un trompeta, 
con mil doscientos sesenta y cinco reales; dos atalayeros 
ó vigías, con otros mil doscientos sesenta y cinco; un ar- 
mero, con mil ochocientos sesenta y cinco; un condes- 
table y veinte y un artilleros, con mil cuatrocientos cua- 
renta reales ; diez cabos de escuadra , con mil cuatro- 
cientos cuarenta. Doscientos noventa soldados , con mil 
doscientos sesenta y cinco reales. En fin, en gratificacio- 
nes para el condestable, los artilleros, soldados monta- 
dos y otras plazas se distribuían anualmente treinta y dos 
mil reales ; importando el presupuesto militar cuatro- 
cientos noventa y dos mil trescientos cuarenta y cinco 
reales de plata ó sesenta y un mil quinientos cuarenta 
y tres pesos un real. Con los sueldos de los capitanes y 
alféreces, y todos los servicios civiles, no llegaba en- 
tonces á cien mil pesos el presupuesto anual de la isla ; 



8 El sueldo declarado no era mas tos de oGcina. Ademas de su sueldo 

que de dos mil pesos fuertes ; pero re- percibian mas de doble cantidad como 

cibian los gobernadores trescientos que jueces y administradores principales de 

les señalaron como gratificación de gas- Hacienda. 



312 HISTORIA 

y siendo en esta época tan corto, menester fué que cre- 
ciese como creció lodo en la isla en adelante. 

La importancia que habia empezado á tomar la Ha- 
bana con el concurso de las flotas, cuyo primer centro de 
reunión era su puerto , y la residencia en ella de los 
gobernadores de la isla, la indicaban ya como su ver- 
dadera capital. Aunque Santiago de Cuba llevase todavía 
ese título, no podia ya disputárselo con un vecindario 
en parte emigrado entonces á Bayarao y con un puerto 
tan interno y apartado de las derrotas de un continente 
á otro. Tales hechos y las diligencias de Tejeda y del 
municipio habanero determinaron á Felipe II á expedir 
título de ciudad á aquella villa con las expresiones mas 
honrosas para sus vecinos por cédula de 20 de diciem- 
bre de 1 592. Concedió al mismo tiempo otras gracias á 
su ayuntamiento, como la de aumentar el número de sus 
regidores hasta doce, y concederá sus alcaldes la repre- 
sentación y facultades de Justicias ordinarias. Pero no se 
condecoró entonces á la nueva ciudad, como se dijo er- 
radamente en cierta desaliñada «Historia de la Habana», 
con el escudo de armas de los tres castillos y la llave 
en campo azul, exacta alegoría de sus primeras fortifi- 
caciones, y de ser su puerto la llave del paso para Amé- 
rica. Hasta setenta y dos años después no recibió esa 
gracia, que propuesta y discurrida por el capitán general 
D. Francisco Dávila Orejón , le concedió á aquel pueblo 
en 30 de noviembre de 1665 la Reina Gobernadora y 
viuda de Felipe IV, doña Mariana de Austria. Ya con 
aquel título y sus nuevos fuertes (aunque les faltase mu- 
cho para su terminación al Morro y á la Punta ^), y con 

' Demostrándose en muchos documentos posteriores que el Morro no se 



DE LA ISLA DE CUBA. 513 

un gobernador Maestre de Campo, empezaron á saludar 
á la Habana como plaza de armas todos los buques 
armados que entraban en su puerto. 

Pero entre esos actos de gracia, se omitió entonces uno 
de justicia tan conveniente como el de sujetar á la juris- 
dicción territorial de los gobernadores á los militares y 
civiles que desembarcaban de las flotas y que residian 
en la población mientras permanecían aquellas ancladas 
en el puerto. Por falta de legislación previsora en la ma- 
teria, los mismos comandantes de aquellos armamentos, 
que á veces declinaban toda responsabilidad en la con- 
ducta de los desembarcados, se habían opuesto en tiem- 
po de Carreño y de Lujan, á que la autoridad local re- 
primiese directamente sus excesos. Intentáronlo tam- 
bién, pero muy infructuosamente con Tejeda , de mayor 
graduación que sus antecesores y de tan recia condición 
que no le contenia humano respeto en la defensa de su 
decoro personal y de un derecho tan propio de su cargo, 
aunque no le estuviese aun declarado. Insertemos aquí lo 
que escribió sobre ese punto de gobierno, en 24 de agosto 
de 1590, un maestre de campo, menos que un briga- 
dier de nuestros dias, á un Felipe II, al mayor soberano 
de su siglo, aludiendo á varias cédulas que concedian á 
los generales de galeones y flotas inmunidades incom- 
patibles con la dignidad de los gobernadores de tierra : 
« No se debian dar para la Habana, estando yo en ella; 



terminó hasta muchos años después, aserto reproduciendo la inscripción que 
DO se comprende cómo D. Antonio Val- había á la entrada de aquel castillo an- 
des diga en la pág. 6a de su llamada tes de quedar destruido á principios de 
Historia de la Isla de Cuba y en especial agosto de 1762. Si la hubo, se puso esa 
de la Habana qne se terminaron aque- inscripción anticipadamente, ó se co- 
llas obras en 1389 ; aunque autorice su locó sobre la primera obra. 



314 HISTORIA 

» i si se dieren, no las obedeszeré yo, aunque me corten 
» la cabeza ; que eso podrálo V. M. azer i quitarme el 
» cargo ; mas no que me toquen mi reputación i honra ; 
» ni adonde yo estuviere a de prender vezino ni soldado 
» de mi jurisdizion ningún general de Armada, ni 
» pissar palmo de tierra que yo gobierne sin mi orden 
» i consentimiento. Al que lo pretendiesse azer, aunque 
» sea confiado de las cédulas , lo haré yo embarcar á 
)) arcabuzazos á sus navios donde tienen jurisdizion. 
í Si V. M. quiere que le sirva a de ser desta manera; 
» e sino , licencia i bendición. No hago estos fieros por- 
» que no entienda que avrá muchos hombres que sirvan 
» á V. M. en este cargo mejor que yo, pero ninguno 
» con mas limpieza y fidelidad, pues ansi como muchos 
» andan guardando dineros , ando yo guardando huesos 
» que me han sacado de las heridas que en servizio de 
» mi Rey me han dado ; i honróme tanto dellas porqué 
» no rae las dieron en ninguna taberna i sé que me han 
» de acabar. Mas no quiero que me acaben los disgustos 
» que estas cédulas dan á quien debia tener el crédito 
j> que yo; y ansi le digo á V. M. que aunque hablen 
)) con cuantos gobernadores tiene , sino especifican el 
» nombre del ruaestre de campo Juan de Tejeda , serán 
» como si no hablassen conmigo. Y esto sirva de contra- 
j> seña para con V. M. En lo demás aquí estoy para todo 
j» lo que me quisiere mandar. » Por deferencia á sus ser- 
vicios ó en obsequio de la memoria de su malogrado fa- 
vorecedor el insigne D. Juan de Austria y quizá por in- 
dulgencia con la singularidad del carácter de Tejeda, le 
permitió el Rey usar de unos derechos que, por legítimos 
que fuesen, aun no habia concedido á los demás gober- 
nadores de Indias. A ese precedente conquistado por esa 



t)E LA ISLA DÉ CUBA. 3l5 

firmeza, debió después la Habana el conservar su quie- 
tud y fomentar sus tráficos en mejores tiempos. 

En las instrucciones ^^ que reglan para la navegación 
de las flotas estaba prevenido que cuando á fin de julio 
no se hubiesen incorporado en aquel puerto las que de- 
bían juntarse en él para seguir á España, se mantuviesen 
allí todo el invierno hasta la primavera. Por motivos 
tan manifiestos como independientes de la voluntad de 
su general Sancho Pardo Osorio, el mismo que había sido 
lugar-teniente del adelantado Menendez en la isla, se 
retardó en el verano de i 594 la llegada de los galeones 
de Tierra Firme. Así por noticias de armadas enemigas, 
como por aprensión de malos tiempos y ser en aquel 
viaje los cargamentos de mas valor que en otros anterio- 
res, resolvió D. Francisco de Goloma*', general enton • 
ees de la Armada de la guarda de las Indias, con acuerdo 
unánime de los demás comandantes y pilotos, permane- 
cer allí todo el invierno y no continuar á Cádiz y San 
Lúcar hasta la primavera. Aquel general, á pesar de su 
índole imperiosa , ya no se opuso á que Tejeda castigase 
algunas fallas de los pasajeros ; y en los siete meses 
que se detuvieron en el puerto mas de cinco mil perso- 
nas, muchas muy acaudaladas, no quedó en la población 
un solo efecto de uso ó de consumo que no se vendiese 
á un precio inesperado. Solo en aquel corto período se 
labraron allí fortunas que antes no existían. 

Hernán Manrique de Lara , aunque irregularmente 



*° Véase el núm. 4 de los Apéndices de papeles traídos de Simancas. — Co- 

de este primer tomo. piado en el núm. 76 del tomo XXIIl do 

" Véase el acuerdo celebrado en la Ja Colee, de Manuscritos del Depósito 

Habana con este motivo. — Original en Hidrográfico de Madrid y en la Colee* 

elArch. de Indias de Sevilla, leg. 17 clon del A. 



316 HISTORIA 

pagado en los primeros años de correr con la obra de la 
zanja, con buena ó mala dirección, habia logrado ter- 
minarla desde abril de 1 592. Desde entonces empezó á 
surtirse de la acequia un pueblo " que antes no bebia 
mas agua que la que caia del cielo. « Venia con tanta 
» cantidad, escribió Tejeda, como el cuerpo de un 
B buey; » y se formaron tres depósitos, uno para las ar- 
madas y buques, inmediato á la marina, otro para la- 
vadero de ropas y abrevadero de ganado, y otro para 
el consumo del vecindario, de la fuerza armada y de los 
tres castillos. Las acequias que hizo abrir á Manrique su 
impaciencia por llegar al resultado, sin mas ingenieros 
ni capacidades en hidráulica, que la de tal ó cual tran- 
seúnte de las flotas, adolecieron de derrames y defectos 
que se encargó de corregir Juan Antonelli cuando los 
cuidados de sus fábricas se lo permitieran. 

Bosquejemos ahora el asiento, la figura y la exten- 
sión que ese ingeniero estaba dando entonces á los dos 
castillos del Morro y de la Punta '^. Sin razón faculta- 
tiva que se lo prohibiese, trazólos desde luego para de- 
fender la entrada dé la bahía en las dos extremidades 
marítimas de sus orillas, y esa elección del asiento de la 
Punta, en casos antiguos de peligro, se la habia aconse- 
jado el mismo instinto del vecindario que, como en su 
lugar quedó apuntado , treinta años antes levantó allí un 
trincheron al N. de su caserío. 

El proyecto de Antonelli para la Punta, mas que el de 
un fuerte de defensa aislada, fué el de una trinchera 



*2 Véase carta de Tejeda al Rey en '^ Véase el núm. 3 de los Apéndices 
30 de mayo de 1593. — Arch. de Indias de este tomo, 
do Sevilla y copiada en la Colee, del A. 



DE LA ISLA DE CUBA. 317 

con cuartel, un ornabeque simple: como si para apo- 
yarlo hubiese entonces alguna fortificación mas vasta. 
Creyó que alzándose el Morro en la otra orilla no se ne- 
cesitaría allí mayor obra; y ese error no se enmendó 
hasta que cerca de un siglo después se acordonó la ciu- 
dad con su primer recinto amurallado, y pudieron pro- 
teger sus fuegos á aquel fuerte. Empezó á levantar so- 
bre aquel suelo un reducto cuadrilátero de lienzos con 
pequeños baluartes en sus ángulos, y un corto alojamiento 
interior para solos sesenta defensores. La parsimonia de 
los fondos que para la continuación de esa obra consignó 
el virey de Nueva España no permitió después que se 
corrigiesen los defectos del primer proyecto , como ya 
veremos. Cuando muchos años adelante quedó concluido 
aquel reducto que luego se llamó castillo, sus cuatro 
lados no midieron mas que doscientas cincuenta varas 
exteriores ; sus baluartes angulares eran mas bien sim- 
ples tambores aspillerados y no se elevaban mas que 
cuatro pies sus parapetos. 

Sin carecer tampoco de defectos fué muy superior 
desde luego en extensión y solidez la obra del Morro, 
empleándose en barrenos mucha pólvora para encajar 
sus cimientos en la peña viva donde por elN. E. remata 
allí la bahía. Elévase la roca de su asiento mas de veinte 
y dos pies sobre el nivel del mar. La empezó Antonelli á 
coronar con un triángulo irregular de cortinas mucho 
mas gruesas y elevadas que las de la Punta, y rematando 
el lienzo meridional con dos baluartes, de los cuales al 
uno se puso desde luego el nombre de Tejeda, y el de 
Austria al otro. En el recinto, y hasta donde lo reducido 
de la extensión solar lo permitía, alzóse un edificio con 
almacén, alojamiento, aljibe y sala de armas para cua- 



318 HISTORíA 

Irocientos defensores, aunque desde un principio no 
se doló su guarnición mas que de ciento. La extensión 
exterior de ese triángulo que con sus baluartes y salien- 
tes parecía mas bien polígono, con la de sus fosos luego 
quedó siendo en sus tres lados principales de trescientas 
setenta y cinco varas castellanas. 

El plan de fortificación marítima del puerto hubo de 
sujetarlo el ingeniero á las instrucciones de la corte, 
como en un extenso informe ^* se lo explicó al Presi- 
dente del Consejo de Indias. Ni las facultades deTejeda, 
ni las suyas, y los medios recibidos para tales obras mu- 
cho menos, les permitieron excederse del cuadrilátero 
atrincherado que luego se fué convirtiendo en un cas- 
tillo y se llamó la Punta; ni de levantar el del Morro so- 
bre el punto mas acomodado para prohibir el paso á la 
canal de entrada. Entre ambos puestos militares se podia 
cerrar ese canal , según Antonelli, en casos de peligro 
por su mas angosto paso con una cadena de hierro y 
tres embarcaciones cargadas de materias combustibles 
é inflamables. Pero . á esta última parte del proyecto, 
entonces y después, opusiéronse razones que la sus- 
pendieron durante mucho tiempo. 

Aunque también se habia resuelto en el proyecto ge- 
neral de Tejeda y Antonelli para fortificar los puertos de 
las Indias proteger con algún fuerte á Santiago de Cuba, 
y su teniente gobernador el licenciado Juan Francisco de 
Guevara y el obispo Salcedo lo reclamaban con instan- 
cia, por falta de recursos se aplazó su fábrica aun no 
pocos años. 

Tejeda, que durante su gobierno habia recibido en re- 

" Es el mismo que se insert.i cod el núm, 3 en los Apéndices de este lomo 



DE LA ISLA DE CUBA. 319 

compensa de treinta y cinco años de arriesgados servi- 
cios la castellanía de Barleta en el reino de Ñapóles y 
una encomienda en la orden de Santiago , tuvo empeño 
en dejar su mando á los cinco años, aunque les faltase 
aun mucho para quedar terminadas las obras que em- 
prendió en la Habana é hizo levantar en otros puertos, 
en desempeño de su cargo de superintendente de todas 
las fortificaciones de Indias que reunia al de gobernar 
en la isla. Pero aunque su impaciencia por regresar á 
España triunfó de la voluntad del Rey, tuvo que some- 
terse á otra autoridad aun mayor, á la del mar, á que 
llegase su sucesor oportunamente á reemplazarle. La 
Habana no se solia comunicar entonces con España sino 
dos veces al año, á la venida y al retorno de las flotas; y 
habiendo tenido que detenerse las de 1 594 por la razón 
explicada antes, no pudo salir para San Lúcar con la que 
mandaba Coloma hasta principios del siguiente abril. 



De todas las cartas de Tejeda halladas en los legajos de goberna- 
dores de la Habana en el Arch. de Indias de Sevilla, solo hicimos 
copiar ocho para nuestra colección , porque las demás ninguna 
luz histórica arrojan sobre Cuba en este tiempo. 

La primera, de 3 de agosto de 1590, trata, como vemos, de los 
desmanes del Obispo y de la acusación producida contra el pre- 
lado ante el Consejo. 

La segunda, de 24 del mismo mes y año, se refiere á los abusos 
de jurisdicción de los Generales de las flotas en la Habana y á su 
resolución de no permitirlos. Habla tambiejí de un fraile merce- 
nario que corria entonces con la fundición del cobre en sociedad 
con Manrique de Rojas; y encarece la necesidad de fabricar dos 
fragatas costeras para impedir los contrabandos de Bayamo. 

La tercera es de 28 de junio de 1591, quejándose de que no se 
le da lo que pide y del retardo déla venida de los situados. Se 
ocupa asimismo de dos fragatas que habia hecho construir en l?i 



520 HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA. 

Habana empleando en ellas diez y seis mil ducados , etc. En esta 
carta se explican los apuros de las cajas y los sueldos señalados á 
las clases militares , y que dejamos apuntados en el texto. 

La carta de 29 de setiembre de 1591 acredita que la guarnición 
de la Habana se componia entonces de trescientas cuarenta y dos 
pjazas, y las clases de tropa de trescientas treinta y dos. 

Otra carta de la misma fecha quejándose de que, después de dár- 
sele en premio de « treinta e cinco años de servicios con muchas 
«heridas e trabajos la castellanía de Barleta, el virey de Ñapóles 
« no admitía á sus tenientes, etc.» 

En la carta de 30 de mayo de 1593 habla de alteraciones en 
Quito y el Perú, y aun de cosas de Flandes. Seria Tejeda gran ser- 
vidor del Estado, mas no era la modestia su mayor virtud. En este 

documento se leen estas expresiones suyas : « Aunque no he 

«aspirado á ser mas que soldado, os aseguro que no ai vivo 

» ni aun muerto que mejor sepa que yo las ocasiones en que los 
» Estados de Flandes han dado á V. M. tantos trabajos. » 

Otra carta de la misma fecha se refiere á la traída de aguas de 
la Chorrera y á cuentas con Hernán Manrique de Rojas. 



CAPÍTULO DECIMOCUARTO. 



Gobierno de D. Juan Maldonado Barnuero. —Obispo Salcedo. — Nueva expedi- 
ción do Drake contra las posesiones eppañolas. — Su muerte. — La escuadra 
de D. Bernardino Delgadillo Avellaneda ahuyenta á la inglesa.— Aprestos de 
Maldonado en la Habana.— Privilegios concedidos á los dueños de ingenios de 
fabricar azúcar. — Introducciones de negros africanos. — Primeros ingenios 
de la isla.— Fomento de la ganadería. — Negros cimarrones. — Severidad do 
los castigos que se les imponían. — Disposiciones de Maldonado. 



Con la flota que arribó á la Habana á principios de 
julio de 1594, relevó en lodos sus cargos á Tejeda 
D. Juan Maldonado Barnuevo *, caballero de Santiago 
y natural de Salamanca, que habia sido empleado en la 
servidumbre de la Reina con el título de su Acemilero 
Mayor, siendo después Veedor en las armadas. 

Encontrando con averías las dos galeras antiguas del 
servicio de la isla y varada una fragata de las dos que 
construyó Tejeda , acudió con preferencia Maldonado á 
remediar una falta tan urgente. Hizo construir * á toda 



* Véase su nota biográfica, pág. 562, salió persiguiéndolos hasta que dobla- 
tomo IIL Dice. Geog.t Esl., Hist. de la ron el cabo de San Vicente. V. la pá- 
IsJa de Cuba por el A. gina 333 del tomo XV de Sinopsis //is- 

Este Maldonado mandaba algunos ga- iórica de España, por D. Juan de Fer- 

leones en la bahía de Cádiz, cuando fué reras. Edición de Soto. Madrid , 1775. 

tomada aquella plaza por los ingleses; ^ Estas construcciones, lo mismo que 

7 después que les obligaron á eva^^uarla varias de la época de Menendez y que 

HIST. HE CUBA.— TOMO I,— 21 



522 HISTORIA 

priesa dos pinazas chalas de poca cala para que fondeasen 
en todos los surgideros de la cosía , y luego una fragata 
de nueva y mas ligera forma , como ya las usaban los 
ingleses, anticipando su valor de su bolsillo hasta que el 
Rey pudiera reintegrárselo. Logró el nuevo gobernador 
por estos medios librar de piratas y corsarios toda la 
costa , desde la entrada del canal hasta el cabo de San 
Antonio , y que prosiguiera Ántonelli sosegadamente los 
trabajos, aunque con el tropiezo de que en una gran 
tormenta, por octubre de i 595, desbarataran los golpes 
de mar una gran parte de las obras recientes de la 
Punta. 

El obispo Salcedo, que de Santiago y Bayamo se tras- 
ladó á la Habana al saber la partida de Tejeda , acababa 
de recorrer su diócesis y se preparaba á visitar los esta- 
blecimientos y misiones de Florida, cuando reprodujo 
contra el nuevo gobernador sus oposiciones habituales; 
porque tampoco se prestó á auxiliarle en sus providen- 
cias de impuestos arbitrarios contra los seglares. Meses 
después se trasladó á aquella provincia, sin que el cro- 
nista de esa región Cárdenas Cano consigne ningún he- 
cho especial de aquel prelado, que á poco de regresar 
de San Agustin se halló nombrado obispo de Nicaragua 
en 1597, y fué á servir su nueva mitra. 

En la serie histórica que de sus predecesores escri- 
bió siglo y medio después el obispo de Cuba D. Pedro 
Morell de Santa Cruz^ designa al P. Bartolomé de la 
Plaza ^ como sucesor inmediato de Castillo. Pero, si se 

otras con las cuales corrieron después que ocupa hoy el muelle de San Fran- 

A lonso Perrera y Juan Pérez de Oporto, cisco en el puerto de la Habana, 

se fabricaron , según deducimos de va- » Morell, en su Relaciotí histórica de 

rías referencias en el espacio de ribera los obispos de Cuba , se reduce á raen- 



DE LA ISLA DE CUBA. 323 

la confirieron , sobran razones para deducir que no se 
llegó á hacer cargo de la mitra. En la documentación 
de la época de Maldonado, ni se le menciona. Cárdenas 
Cano, además de callar también su nombre en su 
« Ensayo cronológico de Florida ,» ultramarina depen- 
dencia de la diócesis de la isla, nos la presenta regida 
en todo aquel período por su canónigo y provisor Juan 
Ferro. En fin , entre otros varios autores, aparece 
aquel religioso de la orden de San Francisco como 
primer prelado de la antigua Colegiata de la ciudad 
de Valladolid, en Castilla la Vieja, que no llegó á 
erigirse en catedral hasta el 25 de noviembre de 1595. 
Aun era el doctor Castillo obispo de Cuba en esa fecha; 
y después no era natural que abandonase la importante 
sede de aquella ciudad, de las primeras de España, por 
otra tan lejana y tan ruin como la de la isla de Cuba en 
aquel tiempo. 

Reinaba por este tiempo alguna paz en la isla y las 
otras posesiones , cuando llegaron á turbarla nuevas de 
otro armamento mucho mas poderoso que el anterior, 
preparado también por el temible Drake * en Inglaterra 



clonar á Plaza como obispo de Cuba en y en otros muchos libros. Nos limitamos 

1597; al paso que Gil González Dávila, á cumplir sucintamente con el deber 

en su Teatro Histórico de las Iglesias , y que nos impusimos hasta donde nuestras 

D. Juan Perreras, en su Sinopsis His- noticias lo permitan, de dar á conocer 

íórica cronológica de España^ le desig- los personajes que figuran en esta his- 

na como primer obispo de la nueva toria. Nació aquel marino inglés de 

iglesia de Valladolid. (V. la pág. 410 padres pobres en 1540, en una aldea 

del tomo XV de su obra , impresa en del condado deDevonshire y se educó 

Madrid en 1773). en el protestantismo. Fué su niñez tan 

* Es muy conocida la vida del cele- miserable que, habiendo tenido sus pa- 

bre Drake , para que necesitemos re- dres que abandonar su pais para esta- 

producirla ccn pormenores que se ha- blecer su vivienda en la bodega de una 

Han en la Nouvelle Biographic genérale embarcación , en ella pasó muchos años 

publicada por Didoten París en 1858 con sus once hermanos. Esa embarcación 



324 HISTORIA 

contra las provincias hispano-americanas. No le des- 
animó que le costara su penúltima expedición la tercera 
parte de su gente y sus mejores cabos por adquirir unas 
sesenta mil libras esterlinas escasas. Con la protección 
de la reina Isabel , previno ahora fuerzas navales mas 
considerables; y razón era que el temor de sus nuevas 
agresiones alarmase á toda la América española , apre- 
surándose entonces Maldonado á establecer mas de cin- 
cuenta cañones en las nuevas baterías del Morro y de la 
Punta. 



pertenecía á un corsario á quien inspiró 
tal interés Francisco, que se la dejó 
luego en herencia. Su pariente, el fa- 
moso navegante Juan Hawckins, se en- 
cargó de su educación náutica; y des- 
pués de algunos años de aprendizaje^ 
á los 18 de su edad hizo ya un viaje de 
la costa de Guinea á llevar negros á 
América. Mandando ya su nave en 
1563, se la decomisaron las autoridades 
de Rio Hacha como contrabandista, es- 
tando tan prohibido que los extranjeros 
traficasen con nuestras antiguas po- 
sesiones. Aquel contratiempo, que le 
acarreó su propio afán de lucros, fué 
el origen del odio que tuvo siempre 
Drake á los españoles. Ya no vivió mas 
que para hostilizarlos en ambos conti- 
nentes, aunque experimentando graves 
reveses y pérdidas durante algunos 
años. Sus grandes cualidades marine- 
ras y su inteligencia no menos que su 
audacia , fueron elevando su reputación 
hasta el punto de que la reina Isabel 
de Inglaterra le diese á mandar en 
1577 cinco buques del Estado , con los 
cuales obtuvo muchas presas sobre los 
españoles en las costas do África y de la 
América meridional. Pasó al Pacífico 
por el estrecho de Magallanes , y dio la 



vuelta al mundo, enriqueciéndose en 
casi todas sus empresas. Acaso no ha 
habido navegante, exceptuando á Colon 
y Vasco de Gama, que haya contri- 
buido tanto como Drake á los adelantos 
de la geografía general. Bajo este punto 
de vista , sus servicios fueron todavía 
mas útiles al mundo que los que hizo á 
su patria con sus atrevidas expedicio- 
nes. Por el Pacífico, por las costas de la 
Cbina, de la India Oriental y de la Pe- 
nínsula Africana arribó á Plimouth el 
3 de noviembre de 1580, después de un 
viaje de cerca de tres años. = No fué 
su regreso saludado con el entusiasmo 
que debió excitar su gloria; porque las 
grandes riquezas que trajo no excitaron 
entonces en su país mas que la envidia. 
Pero la reina Isabel , superior á mu- 
chas pasiones de su tiempo, colmó de 
distinciones al audaz marino, le enno- 
bleció dándole unas armas cuyo escudo 
figuraba un globo orlado con la siguien- 
te divisa : Tuprimus circumded'tsti me. 
Empezando por tu lerlius habría estado 
mas veraz el mote; porque muchos 
años antes que Drake viniese al mundo, 
le circunnavegaron con buques españo- 
les nuestros insignes Sebastian Deleano 
y Hernando de Magallanes. 



DE LA ISLA DE CUBA. 325 

Salió de Plymoulh el audaz corsario inglés en 28 de 
agosto de 1595, con un aroaamento de veinte y siete 
naves ligerísimas, seis de la marina inglesa, y las demás 
de varios armadores, llevando á bordo dos mil quinientos 
hombres de desembarco. Se supuso en un principio que 
seria su objeto destruir y saquear las poblaciones de 
Nombre de Dios y Panamá ; pero , después de ser recha- 
zado de Canarias y de perder mucho tiempo en la Domi- 
nica , se presentó á fines de noviembre sobre San Juan 
de Puerto Rico. No pudiendo vencer allí la resistencia 
de algunos buques españoles, protegidos por aquella 
fortaleza , desistió Drake del ataque , después de haber 
perdido á su segundo Hawckins, á Clifford , á Brouke y á 
otros de sus mejores oficiales; y tomó la dirección misma 
que se habia conjeturado desde un principio, hacia las 
costas de Rio Hacha, Nombre de Dios y Santa Marta, 
en cuyas indefensas poblaciones lo entregó todo á las 
llamas y al saqueo. 

Al saber su aparición en Puerto-Rico, reunió Maído- 
nado en la Habana las compañías de voluntarios, que 
acudieron con igual voluntad y diligencia que en tiempo 
de Lujan; abasteció las fortalezas; y con varios transeún- 
tes y enganchados organizó una nueva compañía, cuyo 
mando confió desde luego á un hijo suyo. Cerró además 
Antonelli la entrada de la bahía con algunos cascos de 
embarcaciones averiadas, cargándolos de materias com- 
bustibles. 

Aunque abatida la marina nacional con la reciente 
destrucción de la famosa armada Invencible en el Canal 
de la Mancha , al saber Felipe II la salida de aquella 
nueva expedición de Drake contra sus posesiones, apre- 
suradamente dispuso que también saliese una escuadra 



326 HISTORIA 

española á perseguirle. Pero hasta el 2 de enero de 
1 596 , no pudo hacerse á la vela desde Lisboa D. Ber- 
nardino Delgadillo Avellaneda ^ con veinte y un buques 
entre galeones y galeras, muchos haciendo agua y des- 
prevenidos para tal campaña. Dirigióse por Puerto-Rico 
á Cartagena; remedió como pudo en este puerto sus 
muchas averías, y volvió á salir al mar el 28 de febrero 
con solos trece buques que allí le quedaron expeditos 
para este segundo movimiento. Buscando al enemigo en 
varias direcciones, le descubrió el 1 1 de marzo haciendo 
aguada y leña en la isla de Pinos con catorce naves que 
le hablan quedado, aunque no era ya Drake el que las 
gobernaba. Muerto el célebre inglés de calenturas cerca 
de Por tóbelo en 28 de enero, habíale sucedido en aquel 
mando sir Tomas Baskerville. 

La mayor parte de las crónicas inglesas dejan des- 
apercibido un episodio en el cual, como en otros encuen- 
tros con los españoles, su gloria naval no brilló mucho. 
Avellaneda , al divisar la escuadra inglesa , aunque su- 
perior á la suya por el número y aun en la calidad de 
los bajeles, extendió al momento su línea de combate. 
Los tres navios de su derecha, dirigidos por su almirante 
D. Juan de Garibay y mas adelantados, atacaron bordo 
á bordo á tres galeones enemigos, y cañoneándose vi- 
vamente con ellos apresaron uno al abordaje. Basker- 
ville, favoreciJo por el viento , en lugar de seguir pe- 
leando, largó trapo, asombró á sus enemigos con la 
celeridad de sus maniobras, dobló el cabo de San An- 
tonio y embocó por el canal , sin que pudiera alcan- 
zarle Avellaneda, que le persiguió hasta cerca del golfo 

^ Vótstt gu biografía después de la nota fíoal de este capitule. 



DE LA ISLA DÉ CUBA. 327 

que se llama hoy de Charlestown. Dejaba , síq embargo , 
Baskerville en su poder uno de sus mejores galeones y 
mas de trescientos prisioneros % llegando á la Habana 
con su presa la escuadra española á repararse por me- 
diados del mismo mes de marzo. 

Tanto por los tiempos como por el mal estado de sus 
barcos, se vio forzado Avellaneda á permanecer en 
aquel puerto hasta que á fines de julio salió para Cádiz 
en conserva de la flota y después de incorporársele la 
mayor parte de los galeones que habia dejado en Carta- 
gena. Libre así la isla entonces de peligros exteriores 
á lo menos algún tiempo, continuó Maldonado dando 
impulso á las fortificaciones y á la fábrica de un edificio 
que Tejeda habia emprendido con aprobación del Rey 
para fundir cañones con el cobre que de Santiago estaba 
remitiendo Hernán Manrique. Concluyóse aquel taller 
con no pocos defectos en la orilla de la bahía , donde se 
extiende hoy la cortina de Valdés, y se llamó la Fundi- 
ción de Artillería. Pero su objeto poco después anduvo 
abandonado, porque también Rojas tuvo que abandonar 
la explotación de las minas de cobre, no llegando los 
negros que esperaba de los de la contrata de aquel 
tiempo. Por la misma causa apenas pudo tampoco luego 
trabajarlas Francisco Sánchez de Moya, capitán á guerra 
con nombramiento de Maldonado, que gobernó en el ter- 
ritorio de Santiago. 

Viendo este gobernador que empleaban los piratas 
lanchas que les permitían atracar á todos los puntos de 



^ Se respetó la yida de todos estos rescataron luego, y los demás se cao- 
prisioDeros» empleándose en las obras de gearon por españoles prisioneros en 
fortificación á los de tropa. Muchos se Inglaterra. 



328 HISTORIA 

la costa y emprender mejor sus robos, armó en abril 
de 1597 las dos piraguas de que hablamos antes, con 
doce remos por banda cada una y con veinte comba- 
tientes. El 18 del mismo mes se estrenó una de estas 
embarcaciones con tal éxito, que á los tres dias entró 
en el puerto con una trincadura inglesa que batió y 
apresó en las aguas de Matanzas. 

Terminada la obra de la zanja , aplicó Maldonado los 
productos de la sisa á la reparación de la casa '^ que 
servia de vivienda, tanto á los gobernadores como á 
los generales de las flotas y armadas que pasaban, y á 
la habilitación de una casa para cárcel pública para 
los presos ordinarios y los prisioneros que habia traido 
Avellaneda, de los cuales los mas se hbertaron luego con 
rescates. 

El 1 3 de setiembre de 1 598, y contrastando la humil- 
dad de su muerte con la grandeza de su vida, terminó la 
suya en una celda de su célebre fundación del Escorial 
el monarca mas poderoso y temido de su siglo , Feli- 
pe 11. Sucedióle á los veinte y un años su hijo Felipe III, 
que con todos los estados de su padre no heredó nin- 
guna de sus condiciones para gobernarlos. Hasta el 1 8 
de febrero del año siguiente no pudo el gobernador 
de Cuba alzar pendones en la Habana por el nuevo 
soberano, ignorando hasta dos ó tres dias antes el falle- 
cimiento del antiguo. ¡Tal era entonces la incomunica- 
ción con la Metrópoli! Otro armamento inglés, mas 
afortunado allí que el de Drake, habia ocupado á San 

' De algunas referencias de este tiem- muchos años residían las oficinas de 

po se infiere que fuese el ediíicio que se cuenta y razón del apostadero de la 

conserva aun conocido después con el Habana, 
nombre de Contaduría, y donde no hace 



DE LA ISLA DE CUBA. 529 

Juan de Puerto-Rico; y aunque forzado á abandonar su 
presa por una epidemia destructora y por la resistencia 
de los españoles , estuvo interceptando muchos meses la 
navegación de las Antillas. 

Con breves intermedios de respiro , siguieron alar- 
mando los corsarios á todo el archipiélago , porque 
hasta julio no llegaron á sus aguas las fuerzas navales 
que con D. Luis Fajardo y D. Francisco Coloma acudían 
á perseguirlos cuando tenian ya aseguradas en los puer- 
tos de su país sus personas, sus naves y sus presas. 
Detuviéronse ambos generales en la Habana con sus tro- 
pas y su escuadra hasta que en los primeros dias de 
enero de 1600 regresaron para Cádiz escoltando á la 
flota de Veracruz, sin recoger de su expedición mas 
resultados que algunas capturas insignificantes. El virey 
de Méjico, cumpliendo con las órdenes que tenia del Rey 
para proteger á Cuba , al saber la reciente invasión de 
Puerto-Rico , habia enviado de Veracruz tres compañías 
mandadas por el maese de campo D. Alonso de Guzman, 
que entraron en la Habana el 1 ." de setiembre de 1 598 
y permanecieron en la plaza hasta el 21 de diciembre 
de 1599. 

Para resguardar un puerto cuyas defensas estaban 
aun muy lejos de llenar su objeto, se necesitaba recur- 
rir en casos de peligro á medios exteriores tan costosos 
como destacar tropas de Méjico y convocar las compa- 
ñías de naturales de toda la isla, cuya ausencia dejaba 
entonces sus domicilios y sus trabajos casi abandonados. 
Algún tanto los corrigió Maldonado con otros menos 
duros, entresacando de las tres compañías délos castillos 
los mejores hombres, y reemplazándolos luego con reclu- 
tas que de Cádiz, Canarias y otros puntos se le enviaron 



530 HISTORIA 

para formar una nueva compañía que aumentase el nu- 
mero fijo de la guarnición. Hablando de un hijo suyo de 
su mismo nombre, que era el capitán que la mandaba, 
decia al Rey en 31 de diciembre de 1599 ^ : «D. Juan 
» Maldonado tiene la mejor compañía que hay en las 
» Indias, con su número siempre lleno de muy buenos 
» aroabuzeros, y muy bien disciplinados que entran y 
i> salen todos los dias de guardia. » Con esa nueva fuerza 
se acercó ya á cuatrocientos hombres la guarnición de 
la Habana , que nunca fué menor en adelante. 

Por falta de brazos aplicables á tan penoso ramo de 
cultivo, habían sido ilusorios hasta entonces en la isla 
los privilegios y ventajas concedidas desde principios y 
mediados del siglo xvi á los pobladores de la Española 
y de Cuba, que emprendieran el de la caña, convirtiendo 
sus jugos en azúcar por medio de toscos artefactos y lla- 
mándose á esa explotación en su conjunto « Ingenios de 
azúcar.» Esas cañas, productoras de un fruto tan va- 
lioso, crecían con igual lozanía en Cuba que en Santo 
Domingo y las regiones mas favorables á su vegetación. 
Pero la desaparición de los indígenas , la escasez de ne- 
gros y la continua emigración de los colonos á otras 
posesiones de Ultramar detuvieron largo tiempo la 
siembra en escala mayor de aquella rica planta. No por 
eso dejaba de sembrarse en las estancias cercanas á los 
pueblos , pero en pequeño y como artículo de mero uso 
doméstico el que un siglo después ya había de ser el 
principal de los productos de la Grande Antilla. En 
toda la documentación de la antigua Contratación de 
Sevilla , que contiene infinidad de listas y cuentas de los 

* Origioai en el Arcb^ de Indias de SeTilia y copiada en la Golee, del A. 



DE LA ISLA DE CUBA. 531 

cargamentos de buques que hacían escala en la Habana 
y aun en Santiago , ninguna prueba se descubre de que 
en toda la primer centuria de su colonización recibie- 
ran aquellos puertos remesas de azúcar forastera. Por 
otra parte, como su consumo desde que empezaron 
á existir aquellos pueblos, se hizo usual en las regiones 
productoras de la planta ; como Cuba tenia ya colonos 
ricos, y el aumento de su población, aunque paulatina- 
mente, iba triunfando de los obstáculos que la entorpe- 
cían , es de presumir que también consumiesen alguna 
azúcar que , no siendo forastera, tenia que ser indígena, 
aunque toscamente elaborada y en cortas proporciones. 

Desde i 586 algunos vecinos de la Habana concibieron 
esperanzas de elevar su cultivo á otras mayores, habiendo 
concertado Gaspar de Peralta con el Rey una contrata 
para introducir algunos negros en Santo Domingo y Cuba 
pagando seis mil y quinientos ducados al Erario y fijan- 
do en ciento el valor de cada esclavo. Pero el asiento de 
Peralta fué tan reducido, que Hernán Manrique de Ro- 
jas no logró completar cincuenta negros para acabar de 
poner las minas de cobre en movimiento , y renunció á 
su explotación por esa causa. 

En i 595 , caducada ya la contrata de Peralta , Pedro 
Gómez Reinel logró celebrar otra muy superior, compro- 
metiéndose á llevar á Tierra Firme y á^las Antillas hasta 
treinta y un mil y quinientos africanos de toda edad y 
sexo , en nueve años de término, y á razón de tres mil 
y quinientos en cada uno , pagando al Erario ciento 
quince mil ducados anuales por ese privilegio que varios 
contrabandistas le usurparon. Sin descubrir ninguna 
prueba del guarismo exacto de los esclavos que de esa 
contrata de Reinel cupiese á la isla , repetidas referen- 






339 HISTORIA 

cias de los papeles de esos años permiten conjeturar 
que recibiera mas de cuatro mil, de los cuales cerca 
de dos mil se introdujeron en el intervalo que medió 
desde que el municipio de su capital, pocos cceses 
después de llegar Maldonado á gobernarla , solicitó del 
Rey para los que emprendiesen ingenios en el país, los 
mismos privilegios que los de la Española. 

La principal de las exenciones protectoras del cultivo 
de la caña consistia en que los Ingenios ó fincas desti- 
nadas á explotarlo no pudiesen ser ejecutadas por deu- 
das ni en su conjunto , ni en los valores semovientes 
destinados á ese réimo, como los esclavos, los artefac- 
tos , utensilios y animales. Los mismos propietarios de 
los ingenios para poner en fomento tan costosas fincas, 
no podian renunciar á ese privilegio que, á pesar de su 
injusticia , se consideraba indispensable entonces para 
dar impulso á una industria rural cuyos productos se 
vendían á la sazón en Europa á precios fabulosos. 
Ocasión hubo de rematarse en Sevilla de orden de la 
Contratación un cargamento de azúcar inferior, á doce 
pesos cada arroba. 

En 30 de diciembre de 1 595 accedió el Rey á la pre- 
tensión de Maldonado y del ayuntamiento. Pero deja su- 
poner la circunstancia de no revelarse al público esa 
gracia hasta 1598, que no hubiesen llegado á la Habana 
hasta ese año los brazos necesarios para utilizar la con- 
cesión. 

Aunque desde 1 576 hubiese conseguido licencia Her- 
nán Manrique para organizar un ingenio en los terrenos 
próximos á la capital, que se conocen hoy con el nombre 
de la Ciénaga, no consta que la aprovechase, escaso en- 
tonces de brazos y comprometido en la obra de la Zanja 



DE LA ISLA DE CUBA. 333 

y Otras atenciones. Después y antes que todos la tuvie- 
sen, enaprendió el fomento de una finca de esa clase otro 
pudiente, Vicente Santa María, formando junto á la lo- 
calidad que se llama hoy Puente de Chaves , el primer 
ingenio ordenado que probablemente conociese la isla. 
Luego le imitó el regidor Alonso de Rojas, deudo de los 
pobladores del mismo apellido, armando otro por los 
solares que hoy ocupa la barriada llamada de Buenos 
Aires, con los atrasados procedimientos de elaboración 
que se practicaban en esa época y que no rendian mas 
que meladuras y azúcar inferior. 

Pero así que en 1 598 se hizo general la concesión, 
formó otro ingenio de una extensión mucho mayor en 
su hato de Guaicanamar, á orillas de la bahía de la ca- 
pital, el regidcft- Antón Rezio, sin mejorar la elaboración 
del dulce género. Quizá mas dirigido por su interés per- 
sonal que por el del país, influyó Maldonado para que el 
municipio mercedase á su hijo los terrenos donde radican 
hoy los pueblos de Mordazo y Puentes Grandes para for- 
mar otro ingenio superior á los demás de esta época. 

Al mismo tiempo que con aquella concesión y los 
negros de la contrata de Reinel, se puso entonces la 
primera piedra al edificio de la riqueza azucarera de 
la grande Antilla , fomentáronse con rapidez varias ha- 
ciendas del territorio de la Habana , sobre todo las de 
crianza de ganado, con las permanencias en el puerto 
de las flotas y bajeles que cada vez se hacían mas lar- 
gas, dando las tripulaciones y los pasajeros ocasión á un 
consumo y un gasto extraordinarios. 

Pero aun no se conocían ni policía, ni leyes en los 
campos; y vivían por lo interior los labradores tan so- 
bresaltados, como lo estaban con los corsarios los habj- 



334 HISTORIA 

tantes de la costa. Porción de negros cimarrones, que 
así llamaban ya á los que huian de las labores, vagaban 
por las veredas y los hatos robando los ganados, las se- 
menteras y los frutos. Tuvo Maldonado que armar cua- 
drillas para perseguirlos y prenderlos. Horroriza leer 
en varios textos ^ de este tiempo y otros posteriores los 
castigos que se aplicaban entonces á los huidos. No po- 
dían por cierto justificarse esas crueldades con otros 
ejemplos mas feroces aun, que desde ia adquisición de 
sus primeras colonias en el Nuevo Mundo dieron los in- 
gleses y los franceses á los españoles. A la primer cap- 
tura se azotaba al cimarrón bárbaramente. A la segun- 
da se le cortaba una oreja , á la tercera la otra ; y por 
último, se le destinaba encadenado á las mas penosas 
faenas. Para regularizar la persecución de cimarrones 
impuso el gobernador una contribución ó capitación de 
á doce reales que pagaba anualmente cada dueño por 
cada esclavo suyo; y se invertia este arbitrio, no solo en 
el sosten y prest de los cuadrilleros , sino en una in- 
demnización que recibían los amos á quienes se les ajus- 
ticiaban los esclavos. 

En aquellos últimos años del siglo xvi y primeros 
del siguiente, cuando la superioridad de la marina na- 
cional reprimía aun á los corsarios y armamentos ex- 
tranjeros , no se aumentaron los esclavos negros de la 
isla solamente con las lícitas introducciones de Reínel. 
No faltan en los archivos pruebas de la tolerancia con 
que Maldonado y sus tenientes en Santiago y en Bayamo 
consintieron que adquiriesen sus vecinos cuantos negros 
podían venir de contrabando. Había ya además arma- 

^ V. los libros de actas del ayuntamiento de la Habana. 



DE LA ISLA DE CUBA. 555 

dores de Inglaterra, de Francia y aun de los mismos Ho- 
landeses sublevados contra España , que se ocupaban de 
ese tráfico, y que se entendían con los de Puerto-Rico, 
Jamaica y la Española, lo mismo que con los vecinos de 
Cuba, para surtirles no solo de esclavos, sino de efectos 
de sus fábricas, á trueque de pieles, de ganados, de 
dinero y aun del azúcar que empezaba á cosecharse 
entonces. Esos buques, alternando los tratos con el corso, 
según su situación y circunstancias, se refugiaban en las 
Antillas mas pequeñas que por falta de aliciente y bra- 
zos desdeñaron poblar los españoles; y ese fué el origen 
de los establecimientos coloniales que se formaron 
aquellas potencias en el Archipiélago Antillar. 

Por causas aun mas naturales y mayores, tomaban 
también posesión la Francia y la Inglaterra con colonias 
muy modestas deKinmenso litoral que se extiende desde 
los dos estados que hoy se llaman Carolinas hasta lo 
mas septentrional del hemisferio de Colon. Nuestra nar- 
ración, al tratar del siglo xvii y primera mitad del xviii, 
tendrá rara vez que mencionarlas ; porque en su infan- 
cia colonial no tuvieron la menor influencia sobre las po- 
sesiones hispano-americanas , ni aun con los nuevos 
pueblos de Florida que tenian tan inmediatos. 



Además del archivo de Sevilla contienen mucha documentación 
sobre este tiempo la Colección del Depósito Hidrográfico de Madrid 
y la de los libros de actas del ayuntamiento de la Habana. Muchas 
de esta época han sido publicadas en las Memorias de la Socie- 
dad Patriótica de la misma capital. 

Para lo relativo á la última expedición de Drake á América no 
nos hemos contentado con los asertos de los historiadores ingleses, 
ni aun de los nacionales , porque todos han indicado sus moví- 



356 HISTORIA 

míentos muy ligeramente y sin entrar en detalles. Hemos exami- 
nado los legajos de la Colección del Depósito Hidrográfico , é hici- 
mos sacar copia en la sección de manuscritos de la Biblioteca Na- 
cional de Madrid de una relación original del Archivo de Sevilla, 
firmada por D. Bernardino Delgadillo y Avellaneda, dando cuenta 
confidencial á su amigo el conde de Puñonrostro, asistente de 
Sevilla , de su expedición contra aquel célebre marino , y la inser- 
tamos á continuación : ^ 

« Desde Lisboa escreví á V. Merzed dándole cuenta de como tenia 
» aprestada esta armada para venir á las Indias en seguimiento del 
» enemigo; i agora la doi de que á los dos de henero salí de aquel 
«puerto; e corrí la costa de España hasta el cabo de San Vicente ; e 
» de allí tomé la derrota para passar por sobre viento de las islas de 
» Canarias; e, habiendo passado buenos y malos ratos, á los 17 de fe- 
» brero llegué á Puerto Rico donde supe que el enemigo avia lle- 
» gado á aquella isla á los 27 de noviembre, i estado hasta el 28 sin 
» hazer daño para él de provecho, antes tenido un descalabro; i en 
» su busca con la diligencia é furia que pude, partí de aquel puerto 
» e llegué al de Cartagena á los 27 á donde no habia nueva cierta de 
» donde estuviesse ; é al dia siguiente á la tarde estando con mucha 
» prissa reparando mi armada i proveyéndola de agua de que toda 
» ella llegaba bien necessitada a la ciudad ; i desde los topes de los 
» navios que estaban en el puerto , se vieron mas de diez y siete 
» velas que venian á girar la vuelta de la mar de hacia el Nombre 
»de Dios; y en anocheciendo se vieron á sotaviento del puerto dos 
» fanales y á media noche se oyó que tiraron una pieza de artillería 
» y hechando de ver que era el enemigo y que aquella era señal 
» para rendir la vuelta aunque'no tenia agua para dos dias, porque 

» la que hay en Cartagena es en poca que con poca prissa se ago- 

» tan , aquella hora quise salir en su seguimiento porque aquella 
» noche no me fue posible, porque, fuera déla oscuridad de ella, el 
» viento que hacia era contrario, el cual duró los dos dias siguientes, 
»de manera que aunque hize que las galeras remolcando me sa- 
» casen á la boca del puerto , no me fué posible salir de él hasta 
»que á los 2 de marzo por la mañana refrescó el terral con que 
»sali y tomé la derrota de la Habana; y aviendo hecho la dili- 
» gencia posible en la navegación, á los 11 del dicho descubrí la isla 
»de Pinos y sobre la ensenada de Guaniguanico á Francisco de 
» Drake '^ con catorce navios, los seis galeones de la reyna , y los 

^^ Ignoraba Ayellaneda que Drake habia ya muerto. 



DE LA ISLA DE CUBA. 357 

» demás muy buenos y muy ligeros, como que de veinte y siete que 
asacó de Inglaterra lo habla reducido á solos aquellos y gastado en 
» Portovelo once dias i luego mas de quarenta en repararlos. Fui- 
»mele asomando aunque no fue posible ganarle un punto del 
» viento ; y emparejando con él le llamé á batalla con una pieza de 
«artillería á la cual no quiso responder. 

» El almirante que con otros dos navios estaba mas luciendo, pudo 
» arribársele más; y él, como tania en su mano el llegarse y el re- 
» tirarse , dejó venir sobre ellos y con toda su armada le dio una 
» carga de artillería, y ellos le respondieron de la misma manera y, 
» dando bordes yo y los que estábamos á sotaviento, nos llegamos 
«hasta jugar la artillería, mosquetería y alcabucería con la cual él 
«recibió muy conocido daño. Luego en viendo la voluntad con que 
» nos llegábamos con mayor diligencia de la que se pudo hacer, se des- 
» embarazó de todos, y volviendo las espaldas dando a todas velas y 
«alargando las barcas y lanchas que traia por popa, yo lo fui si- 
«guiendo toda aquella noche con nueve navios y con otros cuatro 
»mas que me acudieron todo el dia siguiente hasta que, á las tres de 
»la tarde ya que con ninguna diligencia le pude inclinar á pelear, 
))le hice doblar el cabo de San Antón y tomar la derrota del canal 
))de Vaama, conforme al orden de S. M„ sin que en todo este tiempo 
»él volviese la cara ni tirasse un arcabuz, ni una pieza, ni á mí me 
»fue posible darle un alcance por ser todos sus navios con conocida 
«ventaja mejores de vela que los mios, porque á causa del mal tiem- 
»po que en Lisboa me hizo les saqué malíssimamente reparados, y 
» tras esto con haber navegado mas de dos meses y medio bien lle- 
»nos de yerba y de mocellones y casi todos haciendo mucha agua, 
«particularmente capitana y almiranta, que desde que saheron de 
«Cartagena no se soltaron dos bombas de las manos en cada una, 

«y por esta misma necessidad me arrimó un navio el dia que salí 

» de allí y ninguno sin lesión en ninguna parte. Es de entender, 
» pues , que el enemigo lleva de esta vez tanta bergüenza y gasto, y 
« tan poco provecho de las Indias que se le quitará el cariño de volver 
»á ellas , pues fuera de la gente que se le mató y de los navios qUe 
sha perdido , aunque por nuestra parte no quedamos con el con- 
«tento que quisiéramos , fué arto daño el que rescivió en no dejarle 
«hacer agua, leña, carne, ni otra cosa, por lo cual solo me traían 
«dos dias de ventaja desde Cartagena; y ha viendo yo navegado con 
« tanta diligencia , no es posible que él huviesse tenido tiempo de 
«proveerse de las muchas cosas que habia menester sin las que se 
«puede mal navegar y llevar camino tan largo y un mar tan traba- 

HIST. DE CUBA. TOMO !.■ — 22 



538 HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA. 

» joso que se puede esperar no llegará navio ni persona á Inglater- 
» ra ; sin embargo , de aquellos le he tomado uno muy bueno lleno 
»de gente, doce ó catorce de los mas nobles de allí y aun de los mas^ 
» ricos según las apariencias ; yo he cumplido con la orden que su 
» Magestad me dio , y pienso no he discrepado de ella un punto 
«hasta agora; y quedo mas ganoso de acertar y pasar sin trabajo el 
» barranco de Armen teros que me he visto en mi vida. A la Señora 
))Doña María beso las manos, y nuestro señor guarde á V. Merced 
«corno puede : de la Habana á 27 de Marzo de 1596.=D. Benardino 
«Delgadillo y Avellaneda. =Despues de haberme informado de los 
» sobre dichos , he sabido murió el Draque de enfermedad. » 

Don Bernardino Delgadillo Avellaneda, de los hombres mas nota- 
bles de los reinados de Felipe II y Felipe III, fué natural de Sevilla. 
Después de desempeñar el mando de las galeras del Mediterráneo, 
cooperó con ellas á la toma de Lisboa por el Duque de Alba. Ha- 
llábase á fines de 1595, mandando una escuadra en este puerto, 
cuando le ordenó FeFipe II que saliese con ella á expulsar á Drake 
de los mares de América. En el precedente capítulo se explica el 
éxito de su expedición. Después de conseguirlo y de reparar en la 
Habana las averías que sufrieron sus bajeles en el combate contra 
los ingleses cerca déla isla de Pinos, Avellaneda obtuvo, en re- 
compensa de este servicio el cargo de presidente de la Casa de 
Contratación de Sevilla , que era entonces por sus grandes prove- 
chos, de los mas codiciados en España. Corria con esta dependencia, 
cuando en 1604, se incendió el edificio de aquel tribunal, y con sus 
disposiciones se salvó el archivo y se reparó la fábrica ventajosa- 
mente. Así lo indica en sus páginas 213 y 14, el tomo IV de los 
Anales de Sevilla por Zúñiga. Años después añadió á aquellas fun- 
ciones las de Asistente de aquella ciudad. El crédito con que las 
desempeñó y su elevación á título de Castilla con el de Conde de 
Castrillo, y á la dignidad de Obrero mayor de la orden de Cala- 
trava, le facilitaron después el vireinato de Navarra y una silla 
en el Consejo de Estado. Con esta categoría murió en Madrid en 6 
de diciembre de 1629. De su matrimonio con doña María Vela y 
Acuña tuvo cuatro hijos, dos varones y dos hembras. El mayor 
murió antes que su padre. El segundo, D. Juan, heredó el Condado 
de Castrillo, que por su fallecimiento recayó en su hermana ma- 
yor doña María, casada con el marqués del Carpió. La hija se- 
gunda fué doña Juana , esposa del marqués de Cortes, D. Manuel 
Navarra. Véanse el Blasón de España, por D. Augusto de Burgos y 
los citados Anales de Sevilla, por Zúñiga. 



CAPÍTULO DECIMOQUINTO. 



Gobierno de D. Pedro de Valdés. —Fundición de Artillería en la Habana. — 
Estado de las fortalezas de la capital. — Obispo Juan de las Cabezas Altami- 
rano — Contrahandos con los extranjeros. -—Corsarios. — Ellicenciado Mel- 
chor Suarez de Poago. — Persigue á los contrabandistas de Hayamo. —Invasión 
de Santiago por el pirata Girón. —Cae en sus manos el obispo Cabezas. — Le 
libertan los Bayaraeses sorprendiendo y matando á Girón. — Persecución de 
Valdés contra los corsarios. — Acusaciones contra élyPoago. — Le residen- 
cian sucesivamente dos oidores de Santo Domingo.— Su inocencia. — Conti- 
núan las causas contra los contrabandistas. — Indulto generala su favor.— 
Creación de la Capitanía General y del gobierno civil y militar de Santiago. — 
Se divide la jurisdicción civil en dos distritos, el de aquella ciudad y el de la 
Habana. — Defectos ó inconvenientes de esa división. 



Sucedió á Maldonado en 20 de junio de 1 602 el gen- 
til-hombre del Rey D. Pedro de Yaldés \ alférez mayor 
de la orden de Santiago y sobrino del memorable don 
Pedro Menendez de Aviles y tan distinguido por su cuna 
como por su valor en las armadas. 



* Es muy incompleta la nota biográ- gion, y uno de los treinta y nueve in- 
fica que de este gobernador inserta la divíduos que le acompañaron cuando 
página 639 del tomo IV de nuestro desde aquella costa se trasladó en diez 
Diccionario Geog., Est.^ Hist. de ¡aisla y siete cingladuras y en una barca de 
de Cuba. Del Ensayo cronológico de la diez y nueve toneladas, á las Islas 
F/orida por C. Cano, resulta que fué Terceras, en janio de 1567. C. Ca- 
uno de los jóvenes asturianos y parlen- no , al mencionar á Valdés , le de- 
tes de Menendez de Aviles que se aíi- signa con el distintivo de Don, que en 
liaron para la conquista de aquella re- aquel tiempo no pertenecía mas que 



340 ' HISTORIA 

Habiendo salido de San Lúcar el i 7 de abril * con un 
galeón y una galizabra muy velera, apresó un buque ene- 
migo, pasó atrevidamente junto á una escuadra holan- 
desa apostada á la salida del canal para esperar el retor- 
no de la flota; echó á pique tres embarcaciones de la 
misma nación en ese puerto de Santo Domingo que se 
llama hoy Puerto Francés , donde se fundó la ciudad del 
Guarico con el tiempo; y después de ahuyentar á los 
contrabandistas que frecuentaban la costa meridional 
de Cuba, fondeó en la Habana el 19 de junio, un dia 
después que aquella flota gobernada por D. Juan deGa- 
ribay. 

Nada ventajosos fueron los informes que dio al Rey 
sobre la nueva casa de fundición , ni sobre el estado de 
las fortificaciones de la plaza. En aqüefla acababan de 
fundirse dos pedreros y dos culebrinas. Tanto estas como 
otras piezas que allí se habian fundido anteriormente, 
le parecieron sin pulir «á causa de no purificarse el cobre 
)) y enviarlo con la primera fundición desde la mina, 
» siendo costumbre en Alemania y otras partes purificar 



apersonas de linaje esclarecido; de- permaneció en la Habana después del 

hiendo ser muy distinguido el suyo, relevo de su padre, descienden el linaje 

cuando llegó á alférez y comendador de los Valdeses principales de aquella 

en la orden de Santiago. Sirvió casi ciudad, y los condes de San Esteban de 

toda su vida en la marina; y manda- Cariongo. Véase entre las págs. 449 

ba una de las secciones de la famosa y 461 del tomo XIV de la Colección 

armada Iiivc^ncible de Felipe II, que de Documentos inéditos, publicada en 

abordaron á las costas de Inglaterra Madrid en 1849, por D. Miguel Salva 

en el verano de 1588. Desbaratado allí y D. Pedro Saenz de Baranda, el Día- 

su glaeon por un temporal y por la rio desde 22 de julio hasta 7 de agosto 

artillería de los ingleses, fué Val des de 1588 de los sucesos de la armada que 

cogido prisionero, dando después el envió Felipe II contra Inglaterra). 

Duque de Medina-Sidonia el mando de 2 Aviendo salido de Sanlucar .... á 

sus bajeles á D. Diego Henriquez. De 18 de avril otro dia 18 después de 

su hijo D. Fernando, que se casó y azerme á lávela, topé nn navio 



DE LA ISLA DE CUBA. 341 

» el cobre tres y cuatro veces antes de fundir la artille- 
»ría.> Sin embargo se lograron algunas piezas útiles 
para colocarlas en las fortalezas y envió Valdes dos bu- 
ques arnoados que trajeron de Santiago algunos acopios 
de metal para seguir y mejorar las fundiciones. 

Desde i 599 habia vendido el Rey por cinco mil pesos 
á un empresario, llamado Hernando Nuñez, el privile- 
gio de explotar las minas de cobre de Santiago , y desde 
ese tiempo le representaba allí su apoderado Francisco 
Sánchez de Moya, sin brazos suficientes ni operarios 
competentes para lograr extracciones grandes y de buena 
condición. Fuéronse sin embargo las fundiciones mejo- 
rando, de manera que á los dos años se colocaron en los 
tres castillos de la Habana mas de ochenta piezas de 
diferentes calibres y de buen servicio , la mayor parte 
fundidas en la misma capital. 

Deploró Valdés el estado del castillo de la Punta % algo 
desatendido por Tejeda y Maldonado con la preferencia 
que ambos dieron á las demás obras. Así se lo escribió al 
Rey en estos términos : «Visité la fuerza del Morro, y 
» aunque la hallé con menos defensa de la que ha me- 
» nester por estar las partes mui bajas, me holgué de 



Glandes tres leguas a sotavento de mí á la antigua Fuerza levantada de orden 

e por ser mi galizabra mui velera le de su tio D.Pedro Menendéz de Aviles. 

fui dando caza hasta las tres de la En la misma carta de 23 de junio de 

tarde que le alcanzé.... 6 cañoneándole 1602, copiada en nuestra colección déla 

lo rendí Véase carta de Valdés al original en el Arch. de Indias, dijo así: 

Rey en 23 de junio de 1602. La original «Vissité ansi mesmo la fortalesa vieja 
en el Arch. de Indias de Sevilla. =De »desta ciLdad; i la hallé tan mal para- 
este documento copiado en nuestra co- »da i el fosso por el suelo, que me izo 
lección resulta que en Cabo Francés »grandissima lástima, según la avia yo 
tomó también otra presa al enemigo. »conoscido en otro tiempo; y pues 
' No informó Valdés mas ventajosa-» »V. M. me manda repararla, procuraré 
mente sobre el estado en que encontró «ponerla en el estado que conviene 



342 HISTORIA 

» ver que todo lo que en ella se ha hecho i va haciendo 
2> es con mucha perficion e fortaleza. Di la posession de 
» alcaide á Juan de Villaverde como V. M. lo manda. De 
^ allí passé á la fuerza de la Punta ; i cierto que la obra 
» de ella iba tan flaca e de tan poco efeto que fué muy 
> acertado el mandar V. M. desmantelarla y reducirla 
» á un baluarte donde solo puede haber diez ó doce 
» piezas de artillería, i ansi en poco tiempo con el pares- 
» cer de D. Juan Maldonado y el ingeniero y alcaide del 
^ Morro i demás personas pláticas que aquí huviere la 
» reduciré al estado que V. M. me manda. » 

Desde la conquista alternaban los colonos y vecinos 
con las autoridades y gobernadores con una familiaridad 
perjudicial á su prestigio *. Hasta el de menos condición 
creíase con derecho á darles avisos y consejos; habiendo 
fsjBentado por demás esta tendencia los malos ejemplos 
de Gaspar de Torres, la desautorización en que se vio Lu- 
jan, la brusca franqueza de Tejeda y las contemplaciones 
de Maldonado con unos y con otros. Difícil era que con 
tales precedentes , se avinieran sus subordinados con 
un carácter- tan propio como el de Valdéspara restituir 
á la autoridad su representación, tan necesaria en país tan 
apartado del poder supremo. Por su rectitud le aborre- 
cieron desde luego los interesados en desórdenes; con 
su inflexibilidad y su reserva hasta se enajenó el sufragio 
de los mas adeptos á sus antecesores ; y para que for- 



* Véase la carta, ó mas bien la me- Indias de Sevilla. La insertamos inte- 

moría en que recapitula la mayor parte gra en los apéndices de este tomo con 

de los hechos de su mando D. P. de el núm. 4 , por la propiedad con que 

Valdés. Está dirigida al Rey en 3 de determina el estado de la islayelespí- 

enero de 1604 y copiada en nuestra rilu de las gentes de su tiempo, 
colección de la original en el Arch. de 



DE LA ISLA DE CUBA. 543 

mase mas contraste su manejo con el de ellos, siempre 
reñidos con los prelados de su tiempo, apenas contó Yel- 
des mas que un amigo, y ese era precisamente el nuevo 
obispo Fr. Juan de las Cabezas Altamirano que después 
de una larga vacante sucedió á Salcedo cuando sucedió 
Valdés á Maldonado. No alcanzó á ganarle las simpatías 
de los demás su buena inteligencia con el prelado de 
mejores condiciones que hasla entonces conociera la isla. 
Ninguno se fijó con mas empeño que Yaldés en llenar 
las miras anexas al gobierno de Cuba, y ninguno luchó 
con mas tropiezos. 

Cuando venia dando caza á enemigos y corsarios desde 
España, tocó sin desembarcar en Baracoa, y fué el pri- 
mero que pasó á cumplimentarle el Padre Carmelita 
Alonso de Guzman ^ que allí estaba de cura. Al saber 
después que este Guzman era uno de los «mayores res- 
» catadores con herejes y enemigos que habia en todas 
» las Indias, » y que todos los demás religiosos y cléri- 
gos de la isla le imitaban públicamente y sin rebozo, 
mal habia de fiarse de seglares un católico tan escrupu- 
loso como Valdés , si los mas obligados á darles buen 
ejemplo no merecían tampoco su confianza. Mucho mas 
que el fraude material del contrabando , alarmaba á su 
ortodoxia el contacto, la comunicación de sus goberna- 
dos con «herejes; > porque los más de los corsarios y 
rescatadores eran protestantes, ó si pertenecían á la co- 
munión verdadera , no la practicaban. 

El atractivo de los caudales y ricos cargamentos de 
las flotas , su forzosa escala en la capital y su derrota 



^ Véase la referida carta-memoria mero 4 en los apéndices de este tomó, 
de Valdés al Rey, insertada con el nú- 



544 HISTORIA 

por las costas de la isla, atraían á ellas naturalmente á 
los corsarios, como atrae la miel á los insectos. Empezaron 
á establecer sus madrigueras por el sur , en las desier- 
tas bahías de Jagua y Manzanillo , por el norte en las 
de Ñipe y otros surgideros del canal; pero aun preferían 
para esconderse las de Gonaíve y Petitgoave de la costa 
occidental de la Española , puertos muy vecinos y abo- 
cados para corsear y traficar con los de Cuba y acometer 
á bajeles rezagados. El número y la perseverancia de los 
corsarios desanimaban ya á los traficantes de Tierra Fir- 
me, de tal suerte que, como no fuera en las flotas y con 
escolta de galeones, desde 1602 hasta 1604 desistieron 
de remitir á España ni á las Islas sus habituales carga- 
mentos de cacao , añil y zarzaparrilla. Las costas déla 
isla estaban infestadas. Los dos buques en que venían de 
España Pedro de Ibarra , un nuevo gobernador para la 
Florida , y la familia del asesor ó teniente general de 
Valdés, Suarez de Poago, fueron robados sobre Gayo 
Romano por el pirata francés Francisco Girón. Sus pa- 
sajeros, abandonados en una playa cenagosa , luchando 
con el hambre y el ardor del sol , se presentaron á Yal- 
dés al cabo de muchos días en cueros é implorando 
amparo. 

Las antiguas fragatas guarda-costas y las pequeñas 
embarcaciones fabricadas por Maldonado , ya no eran 
suficientes para hacer respetar siquiera las aguas de la 
Habana. 

Valdés tuvo que armar con tropa y pertrechos del 
presidio, una fragata y la misma galizabra que apresó 
al venir de España, y destacó con ella á su hijoD. Fer- 
nando á perseguir á los corsarios por las costas. Peleó 
ese joven á la entrada del canal con dos buques holán- 



DE LA ISLA DE CUBA. 345 

deses y , aunque herido en el combate , logró rechazarlos 
con alguna pérdida y muchas averías. Después de este 
lance, otras dos fragatas con dos pataches y ciento cin- 
cuenta arcabuceros habían también salido á cargo del 
castellano de la Fuerza sin otro resultado que el de alejar 
momentáneamente al enemigo. Por numerosos que ya 
fuesen los corsarios aun no se atrevían sin marcadas 
ventajase esperar á los buques armados; prefiriendo á 
todo el trato ilícito, solo combatían en casos de necesidad 
ó triunfo cierto. 

Comprendiendo cuánto contribuía á llamar á los cor- 
sarios la complicidad de sus mismos gobernados, Yaldés, 
instrumento obediente de un gobierno tan contrario á 
que salieran por las vías ilícitas los frutos que no podían 
extraerse por las permitidas , ordenó que el licenciado 
Melchor Suarez de Poago marchase á instruir indagado • 
nes en Bayamo. Era ese el pueblo mas favorecido en la 
isla para contrabandos, cercano á la margen del Cauto, 
navegable entonces , refugio natural en repetidas alar- 
mas del vecindario pudiente de Santiago y casi ordinaria 
residencia de la autoridad del territorio y los prelados, 
por cuyo influjo, con mandas de Parada y cuantiosos do- 
nativos, se había fundado allí al mismo tiempo que en la 
Habana un convento de Franciscos. Revestido Poago con 
todos los poderes del gobernador y llevando de la capi- 
tal cincuenta arcabuceros á las órdenes del capitán Juan 
Treviño Guíliamas, desdeñó con nobleza las tentativas 
de cohecho con que trataron de ganárselo los mas inte- 
resados en los fraudes; y persiguió sin distinción á todos 
los culpados, principalmente á Antonio Maldonado, ca- 
pitana guerra del antecesor de Yaldés, que resultó ser allí 
el principal de todos ellos. Los procedimientos de aquel 



546 HISTORIA 

comisionado duraron año y medio. Averiguóse que todos 
los pudientes de aquella parte de la isla eran contraban- 
distas: el canónigo, el eclesiástico, el alcalde, el regi- 
dor, el empleado, el militar, en suma cuantos no habian 
carecido de medios para serlo. Pero mientras prendía ó 
arrestaba , por do tener bastante cárcel á la mayor parte 
de los moradores de aquel pueblo; mientras enviaba 
apremiantes requisitorias que se oscurecían ó no se obe- 
decían en los demás lugares, seguían atrevidamente 
rescatando muchos con las urcas y pataches holandeses, 
ingleses y franceses estacionados en los infinitos puertos 
de la costa , ya como traficantes y amigos , ya como 
enemigos. 

Allí ocurrieron hostilidades serias por noviembre 
de 1603. El pirata protestante Gilberto Girón, prefi- 
riendo robar á traficar, invadió sin temor el puerto 
de Santiago, y ocupando á la población con mas de 
doscientos foragidos , todo lo incendió ó lo robó, mien- 
tras se hallaban los más de sus moradores en Ba- 
yamo. Al saber en la Habana esa calamidad, acudió á 
esforzarse en remediarla el obispo Juan de las Cabezas á 
fines de diciembre del mismo año. Las miras que con ese 
viaje le hicieron suspender el que proyectaba á las 
misiones de Florida, eran restaurar su incendiada cate- 
dral y restablecer alguna calma en la comarca de San- 
tiago con palabras de paz y de consuelo. En 29 del 
siguiente abril hallábase el prelado en una hacienda de 
la sucesión de Parada cerca de Bayamo con el canónigo 
Francisco Puebla y Fr. Diego Sánchez, cuando el pirata 
Girón, que habia desembarcado en Manzanillo con parte 
de su gente, los sorprendió cuando iban de paseo, y se los 
llevó desnudos y descalzos á la cercana bahía donde tenia 



DE LA ISLA DE CUBA. 347 

anclada una balandra. Era tal la impotencia de Treviño y 
tan tuibados allí andaban ios espíritus, que permaneció 
Girón ochenta dias impunemente en aquel mismo lugar 
reclamando el rescate de los prisioneros. Gregorio Ra- 
mos y otros vecinos de Bayamo le llevaron al francés mil 
corambres y porción de reses. Pero reparando luego los 
rescatadores que vagaban sin prevención los piratas por 
la playa, asaltáronles de repente á machetazos. Aunque 
inferiores en número y en armas , les obligaron á embar- 
carse atropelladamente; recobraron sus cueros y sus 
reses; pusieron en salvo al obispo y á sus compañeros, y 
degollaron veinte y seis franceses, entre ellos al mismo 
Girón % cuya cabeza ostentó luego Ramos en Bayamo 
como trofeo de su victoria. Después pasó el obispo á 
Santiago, cuya población encontró casi desierta, y su ca- 
tedral casi arruinada. 

Como capitán general y presidente de la audiencia 
gobernaba entonces en Santo Domingo D. Antonio de 
Osorio , antiguo general de los galeones , y tan inflexible 
y ciego de índole que ninguna consideración de humani- 
dad y conveniencia le retraía de cumplir la ley escrita. 
Cuando llegó Osorio á aquella isla , hacia su costa sep - 
tentrional , era el contrabando con los extranjeros mas 
público y usual aun que en Bayamo. Después de emplear 
rigores excesivos con los tratantes caídos en sus manos, 
llegó á las de aquel funcionario una Real Provisión de 
6 de agosto de 1604, que como si alcanzasen á las locali- 
dades los delitos de sus moradores , le mandaba arrasar 



8 En la biografía del obispo de Cuba, mos algunos detalles sobre el rescate 

D. Pedro Morell de Santa Cruz, publi- del obispo Cabezas y la muerte de 

cada en las págs. 104 y 10o de nuestro Girón. 
Dic. Geog., Est., Hist. de la Isla^ incluí- 



548 HISTORIA 

allí las villas de Bayajá, la Yaguana y Puerto Plata. No 
limitándose á la letra del mandato, la excedió con el 
celo mas feroz, destruyendo, además de esos nacientes 
pueblos, los de Monte-Christi y San Juan de la Maguana. 
De sus moradores , obligados así á dispersarse y extra- 
ñarse, se refugiaron en Santiago y Bayamo unos sesenta. 
Aun seguía actuando Poago en esa villa , cuando por 
comisión del implacable Osorio , se presentó allí el oidor 
D. Francisco Manso de Gontreras á reclamar muchos 
emigrados de los mas culpables. Pero, porque se hubie- 
sen escapado los más á Cartagena de Indias, ó porque 
le repugnase á aquel Juez complicar sus diligencias, em- 
prendiendo contra los forasteros otras nuevas sin recibir 
de la audiencia ninguna requisitoria que se lo mandase, 
dio por terminada su ingrata y larga comisión á princi- 
pios de 1605 , y regresó á la Habana, dejando por ca- 
pitán á guerra en Bayamo al capitán Treviño. Lejos de 
oponerse á acusaciones calumniosas que contra Poago y 
aun contra Valdés promovieron los Bayameses en la 
corte, formó después causa común con ellos el nuevo 
funcionario y se asoció á sus tratos. Esas solieron siem* 
pre ser las consecuencias de absurdas prohibiciones. 

Ni las muestras de celo de Yaldés '', ni las diligencias 
de su teniente general Poago , fueron aceptas á un go- 
bierno supremo que mandaba arrasar pueblos por cas- 



' Kl obispo Morell de Santa Cruz á sos y causas del contrabando de Baya* 

quien la anterior nota se refiere, dejó " mo, mas que con detalles de los hechos, 

escrita una Memoria de la Catedral de con reflexiones que confirman el juicio 

Cubüf de cuyo trabajo inédito tuvo la que sobre ellos arrojan las cartas de 

bondad de proporcionarnos una incom- Valdés al Rey, que se hallan en el Ar- 

pleta copia el erudito D. José A. Eche- chivo de Indias de Sevilla y copiadas en 



varria. En ese trabajo se extiende lar- nuestra colección* 
gamente aquel prelado sobre los suce- 



( 



DE LA ISLA DE CUBA. 349 

tigar los fraudes de sus habitantes, ni á una audiencia 
inclinada á tolerarlos. Se calificaron de otros tantos 
perjuicios causados al Erario las sumas invertidas en 
armamentos y sin autorización previa contra los corsa- 
rios, y las causas que aquel juez formó en Bayamo, 
de un azote público, que castigaba álos inocentes como 
á los culpados. 

La audiencia, donde no faltaba quien se interesara por 
los delincuentes , admitió con favor las delaciones que 
surgieron contra ambos funcionarios, aun sabiéndolas 
conocidamente falsas. Despachó una provisión mandando 
que pasaran á Santo Domingo, bajo partida de registro, 
todos los encausados y su juez con ellos, dando así, 
según Valdés % « ocassion de venganza, no solo á los mis- 
» mos condenados, sino á los herejes enemigos ; puesto 
» que la Audiencia envia á prenderle para castigarle con 
» rigor porque estorbó y castigó los rescates i los resca- 
» tadores. Ha estado (Poago) muy resuelto á dejar el 
» offizio y embarcarse desesperado viendo los muchos 
» riesgos á que expuso su honra y vida en el discurso 
» del negozio con tanto zelo i pecho, e con tanta rectitud 
» por sus muchas partes de letras , platica i experiencia. 
» Demás desto la audiencia manda que \¿ tome la ressi- 
» dencia el tenien-te que por D. Juan Maldonado estaba 
)) puesto en los lugares de la tierra adentro, que se llama 
» Antonio Maldonado. Mande V. M. que la ressidencia y 
2> los ressidenciados se envíen ante V.M. y su Real Con- 
» sejo de las Indias; porque siendo de los principales de- 
» líos el dicho Antonio Maldonado, i estándole otorgada 



« Véase la carta-memoria de Valdés núm. 4 de los apéndices de este tomo, 
alUeyenSde enero de 1604, en el 



550 HISTORIA 

» apelación ante Y. M. , sin embargo la audiencia man- 
j> da se leven á ella las culpas y ressidencia; i ansi yo 
» he obedezido la dicha provission ; pero en cuanto á 
i> su cumplimiento no ha lugar por lo que tengo refe- 
» rido hasta que V. M. ordene otra cossa sobre la pri- 
)) sion de mi teniente y lo demás; pues no es justo que la 
» audiencia mande prender, cuando el buen ó mal usso 
» de sus offizios toca á V. M. castigarle ó premiarle, con- 
» forme hubiese procedido.,.. » Resistió, pues, Valdés 
con entereza á las desaforadas providencias del Tribunal 
de la Española , y su asesor teniente general siguió en su 
puesto. 

Cediendo el Rey y su Consejo de Indias á las veraces 
representaciones de Yaldés, y por no desautorizar á aquel 
tribunal en territorio de su jurisdicción , cometieron á 
principios de 1604 á uno de sus o'idores el licenciado 
Marcos Nuñez de Toledo el encargo de residenciar to- 
dos los actos del licenciado Poago y de aquel gober- 
nador, fijándole para cumplirlo dos meses de término que 
se ampliaron á muchos más después. A pesar de su par- 
cialidad por los rescatadores , andúvose Toledo con mas 
tiento del que hablan solido otros comisionados. Además 
de su fibra incontrastable y de su severa rectitud, de- 
fendian á Valdés su nacimiento , su dignidad de Alférez 
mayor de la orden de Santiago y no pocos padrinos en 
la corte. Lejos de repetirse los escándalos perpetrados 
con igual origen en tiempo de Lujan , practicó el juez 
sus diligencias con reserva y compostura , continuando 
el gobernador en sus funciones. De los procedimientos 
que imparcial y menudamente se formaron, solo resul- 
taba que ambos funcionarios habian observado con es- 
tricta severidad los mandatos de ia corte. Pasáronse 



DE LA ISLA DE CUBA. 351 

aquel año , el de 1605 y parte del siguiente en informa- 
ciones y en escritos contradictorios de parte de Valdés 
y de la audiencia. Las pruebas lo aclararon todo con la 
imparcialidad y buena diligencia del oidor D. Francisco 
Manso de Contreras que en 4 de junio de 4 606 llegó á 
la Habana en reemplazo de Toledo, muerto antes de 
concluir su comisión, á ampliar las averiguaciones y sen- 
tenciar á los rescatadores. La audiencia fué casi toda 
entera renovada, Yaldés quedó justificado, y á mu- 
chos pobladores de Cuba y la Española , después 
de sufrir multas y encierros, se les sentenció como 
culpables á embargos, á mayores prisiones y aun á 
muerte. 

Valdés y Poago que , como funcionarios hablan sido 
severos, como hombres fueron entonces compasivos, 
uniéndose al obispo para implorar la clemencia del Rey 
á favor de tantos condenados. Su intercesión no fué des- 
atendida. El número mismo de los delincuentes aconse- 
jaba el perdón como medida de política , de quietud y 
de porvenir para muchas poblaciones. Estábase á 23 de 
junio de 1607, cuando llegó á la capital de Cuba un de- 
creto de amnistía restituyendo la calma á los hogares, 
los labradores á sus campos, los padres á sus familias y 
á sus casas yermas. Así se suavizaron algo entonces las 
crueles consecuencias de un prohibicionismo comercial 
exagerado; se moderó algún tiempo el contrabando, y 
aturdidos sus autores con una persecución tan formida- 
ble,, si luego renovaron sus tratos clandestinos, fué con 
mas reserva. Pero andando el tiempo tornaron las cosas 
á su camino natural , como llevan su caudal al mar los 
ríos y los arroyos por mas represas con que los sujeten. 
Necesitaba todavía mas de dos siglos para abrir los ojos 



552 HISTORIA 

la administración y comprender que nunca se evitan 
los efectos siguiendo en pié sus causas. 

Habíase discutido mucho en el Consejo de Indias so- 
bre la conveniencia ó los perjuicios de dividir á la isla 
en dos gobiernos. Maldonadoy Valdés se habian opuesto 
. á ese proyecto con informes contestes y fundados. Con 
ejemplos oportunos de otras posesiones, demostraron que 
crear en un mismo territorio dos poderes independientes 
uno de otro, seria lo mismo que crear perpetuas compe- 
tencias, donde aun con el gobierno de uno solo habian 
sido frecuentes. La audiencia , así por propensión á con- 
tradecir á los gobernadores como por aumentar sus de- 
pendencias, informó que, no pudiendo extenderse á toda 
la isla la vigilancia del que residía en la Habana, conven- 
dría dividirla en dos mitades y gobiernos independientes 
uno de otro. Entre pareceres tan opuestos se decidió el 
Consejo por un término medio, que tuvo por resultado la 
Real Cédula ^ de 8 de octubre de 1607 prescribiendo la 
formación de dos jurisdicciones separadas, cuyas cabe- 
zas habian de estar, una en aquella ciudad, y en Santiago 
otra , dependiendo esta de aquella en lo militar, en lo 
gubernativo no mas que de la corte , y las dos de la 
audiencia en la parte judicial lo mismo que antes ^^, Al 
gobernador de la Habana se le conservó el título de ca- 
pitán general de la isla , llevándole en adelante también 
sus sucesores en el mando de las armas en toda ella. 
Pero en lo civil se redujo su jurisdicción gubernativa al 
territorio comprendido entre el cabo de San Antonio 

8 Véase el núra. 3 délos apéndices gobernadores de Santiago se sometieran 

de este tomo. á los capitanes generales en muchas 

*" Por yarias Reales cédulas poste- materias de gobierno civil, particular- 

riores se ordenó , sin embargo, que los mente en las administrativas. 



I 



DE LA ISLA DE CUBA. 353 

hasta ochenta leguas al E. de la capital, señalándose á 
la del nuevo gobernador de Santiago, cuya categoría 
militar habia de ser de capitán á guerra con el mezquino 
sueldo de mil ochocientos pesos anuales, todo lo restante 
de Cuba con inclusión de Puerto-Principe. Los demás 
pueblos dependientes de sus capitales respectivas habian 
de gobernarse por sus tenientes á guerra y justicias or- 
dinarias. 

En su lugar iremos apuntando la larga serie de dis- 
cordias y conflictos que originó tal providencia. Fué en 
esta división lo singular que, por ignorarse acaso que 
existia, quedó como acéfala y excluida de las dos 
demarcaciones políticas la población de San Juan de los 
Remedios, aunque contara mas de setenta años de vida, 
con vastos términos , multitud de haciendas mercedadas 
y un municipio con alcaldes igual al de los otros 
pueblos". 

Llevóse luego á remate tan evidente desacierto siendo 
nombrado con despecho de Valdés para ejercer el nuevo 
gobierno de Santiago el castellano del Morro Juan de 
Villaverde üzeta ^^ cuyos abusos habia tenido que re- 
primir algunas veces. El mismo á quien habia encau- 
sado y suspenso en sus funciones aquel gobernador por 



'* No fué el olvido de S. Juan de los «Trinidad , i está al poniente á una le- 

Remedios la única omisión de la Real »gua de la mar .. i conviene declarar á 

cédula que dividió la isla en dos juris- «cargo de cual de los dos gobernadores 

dicciones. La completa ignorancia de i>h:i de estar. Mandaré que con breve- 

su geografía la acabó de demostrar el »dad se tome información en lo que á 

gobierno de aquel tiempo en otra Real »estotoca, para ordenar lo que mas 

cédula de 8 del mismo octubre. En este «convenga, etc. » 

documento , mencionado en los libros " Véase su noticia biográfica en la 

de actas del ayuntamiento de la Haba- pág. 666, tomoIV del Dic. Geog., Est-, 

na , se habla de «un pueblo de vecindad üiil. de la Isla de Cuba por el A. 
«demás de los referidos, que se dice la 

HIST. DE CUBA,— TOMO 1,-23 



354 HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA. 

desobediencias y desórdenes, era ahora el destinado 
á recibir de sus manos la mitad de un mando que des- 
empeñaba él solo hacia cinco años. Pero Valdés, dila- 
tando la ejecución de una medida tan repugnante y de- 
presiva para su representación, y cumplido ya su tiempo 
de gobierno , solicitó tenazmente su relevo y reservó á 
su sucesor el cuidado de cumplirla. 

Las revueltas y dificultades de su tiempo no le dis- 
trajeron de las demás atenciones de su cargo. Favorecido 
por el virey de Nueva España , recibió con mas regula- 
ridad que anteriormente los situados de Veracruz. Con 
doscientos trabajadores negros, esclavos del Rey, y los 
veinte mil ducados anualmente consignados para conti- 
nuarlas, adelantaron las obras del Morro y de la Punta 
hasta quedar con sus baluartes en la elevación marcada 
por los planos y con plataformas artilladas con las im- 
perfectas piezas fundidas en la Habana. Su guarnición se 
mantuvo con buena disciplina, y parte de ella salia con 
frecuencia á bordo de los buques que se podían armar 
mas pronto para ahuyentar á los corsarios, cuando 
asomaban por las costas inmediatas. 

La hacienda se manejó con algún orden después que en 
i 603 tomó Valdés sus cuentas al tesorero Cristóbal Ruiz 
de Castro, y lo encausó y depuso por malversaciones. 
También el obispo Cabezas logró algún tanto moderar 
los desórdenes de los eclesiásticos á fuerza de buen 
ejemplo y de preceptos; restauró las iglesias medio des- 
truidas de Santiago, siendo el segundo prelado de la isla 
que practicó por sí la expuesta, pero necesaria visita de 
su dipcesis ultramarina de Florida, anexa á la de Cuba. 



APÉNDICES. 



I. 



LISTA DE LOS QUE SALIERON DE CUBA PARA MÉJICO 
CON HERNÁN CORTÉS. 

Esta lista está entresacada de la general de pobladores de Nueva 
España que aparece en el tomo XXX de la Colección de Muñoz, 
formada desde fines de 1631 hasta el 8 de febrero de 1632 en Méjico, 
por Bartolomé de Góngora , autor de la Octava Maravilla. 

HERNANDO CORTÉS. 

Alonso Dávila *. 

Alonso Hernández Portocarrero 2. 

Alonso de Escobar. 

Alonso de la Serna. , ^ 

Alonso Galeote , muy valeroso. 

Alonso de Yillanueva , secretario de Cortés. 

Alonso de Mendoza. 

Alonso Gómez. 

Alonso Guisado. 

Alonso de Prado , tesorero. 

*■ Uno de los capitanes mas señalados de la conquista de Méjico. 
Ud.,Id. 



556 HISTORIA 

lonso de Navarrete. 
Alonso Pérez. 

Alonso de Ojeda, antiguo compañero de Córdova y Grijalva, 
Alonso de Contreras. 
Alonso de Grijalva. » 

Alonso de Jerez. 
Alonso Gómez. 
Alonso Martin. 

Alonso Ruiz , natural de Badajoz. 
Alonso de Torres. 
Alonso Pérez de Pareja. 
Alonso Rodriguez. 
Alonso Quintero. 
Alonso Martin Trejo. 
Alonso Martin , de Jerez de la Frontera. 
Alonso Hernández Moya. 
Alonso de la Puente. 
Alonso de Herrera. 
Alonso González Gallego. 
Alonso de Zavala. 
Alonso Vázquez. 
Alonso de la Cuesta. 
Alonso de Peñaflor. 
Alonso de Suazo. 
Alonso de Ocaña. 
Alonso Rascón. 
Alonso Péñate. 
Alonso Rodriguez Casado. 
Alonso Rodriguez , arquero. 
Alonso Martin Granado. 
Alonso de Morales. 
Alonso Cano. 

Alonso Delgado , escopetero. 
Alonso de Motrico. 
Alonso de la Torre. 

Alonso Luco. - 

Alonso Martin Velazquez. 
Alonso de la Reguera. 



DE LA ISLA DE CUBA. 357 

A.ntonio Quiñones, que fué luego capitán de la guardia de 

Cortés ^ 
Antonio de Sarelo. 
Antonio Serrano de Cardona. 
Antonio Galeote. 
Antonio Gutiérrez. 
Antonio Caicedo. 
Antonio de Villafaña, 
Antonio del Rio. 
Antonio de Rojas. 
Antonio Quemado. 
Antonio del Castillo. 
Antonio Gallardo. 
Antonio Peinado. 
Antonio Gutiérrez , marinero. 
Antón de Alaminos. 
Antón Bravo. 
Antón Martin , de fluelva. 
Antón Cordero. 
Antón , de Chiclana. 
Antón Mallorquín. 
Antón de Albaida. 
Antón de Mérida. 
Andrés de Tapia. 

Andrés de Barrios, capitán de caballos famoso. 
Andrés de Rojas , brioso ginete. 
Andrés del Canto. 
Andrés de Manjarráz. 
Andrés Nuñez Valiente. 
Andrés Valiente. 
Andrés de Écija. 
Andrés García. 
Andrés Gómez , ballestero. 
Andrés Marcilla. 
Alvaro de León. 



> Cuando Cortés salió de Cuba para Méjico do tenia aun guardia ni servi* 
Qumbre, pero luego las tuvo. 



3S8 HISTORIA 

Alvaro López , carpintero. 

Alvaro Becerra. ^ 

Alvaro Alonso. 

Alvaro de Saavedra Cerro , primo de Cortés. 

Bartolomé de Olmedo , fraile de la Merced. 

Bartolomé López , arquero. 

Bartolomé Romero. 

Ba^rtolomé Diaz. 

Bartolomé Sánchez. 

Bartolomé Quemado. 

Bartolomé de Tavira. 

Bartolomé Gallego. - • 

Bartolomé de Cuellar. 

Bartolomé de Villanueva. 

Bartolomé Martin. 

Bartolomé López. 

Bartolomé Hernández , de la guardia de Cortés. 

Bartolomé Celis. 

Bernardino Vázquez de Tapia. 

Bernardino de Quesada. 

Bernardino de Villanueva. 

Bernardino Quijada. 

Bernardino de Paredes. 

Benito de Cuenca , gran ginete. 

Benito Bej el, pífano. 

Benito , escopetero. 

Benito Sánchez , ballestero de fama. 

Blas de Monterroso. ' < 

Botello (José). 

Bautista Genovés , tambor. 

Bautista , criado de Alvarado. 

Canelas del Portillo, de la guardia de Cortés. 

Chaves, el Vizcaino. 

Colmenero. 

Clemente. 

Carabaza , maestre de nao. 

Canillas , tambor. 

Diego de Peñasola. 



DE LA ISLA DE CUBA. 559 

Diego de Ordaz, natural de León, adelantado y fundador de 

Santiago de Matamoros. 
Diego de Lolio. 

Diego de Mazariegos, que luego fué gobernador de Cuba. 
Diego de Ocampo. 
Diego de Godoy. 
Diego de Obando. 
Diego Velazquez. 
Diego Hernández. 
Diego de Torres. 
Diego de Porras Holguin. 
Diego de Taboada. 

Diego de Porras, antiguo compañero de Córdova. 
Diego de Azamar. 
Diego de Sanabria. 
Diego Naipe. 
Diego Illas. 
Diego de los Rios. 
Diego Castellanos. 
Diego Pizarro. 
Diego Martin, ballestero. 
Diego Motrico, marinero. 
Diego de San Pedro. 
Diego de Ayamonte. 
Diego Mejía. 

Diego Hernández Proaño. 
Diego Carrer, marinero. 
Diego López , ballestero. 
Diego Mezquita. 
Diego Allamirano. 
Diego Valdenebro. 
Diego Maestre. 
Diego González , sacristán. 
Diego Suarez. 
Diego de Olvera. 
Diego Ponce. 

Diego de Santa Cruz. , 

Diego Sánchez la Puerta, do la guardia de Cortés. 



560 



HISTORIA 



Diego Cermeño. 

Diego Gutiérrez. ^ 

Domingo Diaz. 

Domingo Martin. . 

Domingo INiño. 

Domingo Gómez. 

Esteban de Guzman , camarero de Cortés. 

Esteban Miguel. 

Esteban Martin. 

Esteban García , marinero. 

Esteban Sánchez , marinero. 

Francisco Montejo , luego fué adelantado de Yucatán, 

Francisco Alvarez Chico. 

Francisco Solís , repostero de Cortés. 

Francisco Rodríguez Magariño. 

Francisco Ceballos. 

Francisco de Aguilar. 

Francisco Granado. 

Francisco Morante. 

Francisco Gutiérrez Huertas. 

Francisco Miranda. 

Francisco Salcedo. 

Francisco de Orla, capitán. 

Francisco Bañar. 

Francisco Peñalosa. 

Francisco Cifuentes. 

Francisco Tellez. 

Francisco Rodríguez. 

Francisco de Yargas. 

Francisco Milla. 

Francisco Morcillo. 

Francisco López. 

Francisco Cardo. 

Francisco Asturiano. 

Francisco Montero. 

Francisco de Mesa, artillero mayor. 

Francisco Solís, capitán de la artillería. 

Francisco Martin , despensero de Cortés. 



DE LA ISLA DE CUBA. 361 

Francisco Redondela. 

Francisco Medina. 

Francisco Salvatierra. 

Francisco ílernandez de Jerez. 

Francisco de Vega , boticario. 

Francisco Vázquez. 

Francisco Quintana. 

Francisco de las Casas *, natural de Trujillo, 

Francisco Portillo. 

Francisco Grijalva. 

Francisco Arévalo. 

Francisco de Cuellar. 

Francisco Bernal Paez. 

Francisco López. . . 

Francisco Daza. 

Francisco López Morales. 

Francisco Ledesma. 

Francisco Rodríguez , carpintero. 

Francisco Gómez , marinero. 

Francisco Quevedo. 

Francisco Altamirano. 

Francisco Hernández, de la guardia de Cortés. 

Francisco Hernández , escribano. 

Francisco Cortés, deudo de Cortés. 

Francisco Terrazas 5, capitán de la guardia de Cortés. 

Francisco Merino, capitán. 

Fernando Alonso Villanueva. 

Felipe Navarro. 

Gil González Dávila, capitán. 

García Holguin, capitán famoso. 

García de Aguilar. 

García Caro , ballestero. ' • 

García Salinas. 

García Pérez. 



* Pariente de Cortés, el capitán que » Tuto Cortés varios capitanes de sü 
sofocó la rebelión de Cristóbal de Olid guardia, teniendo que reemplazarlos por 
en las Hibueras ó sea Honduras. muerte ó por ausencias. 



562 HISTORIA 

García Sánchez Fregeñal. 

Gaspar (jarnica. ' . . 

Gaspar Tarifa. 

Gaspar Sánchez. 

Gaspar Burguillos , page de Cortés. 

García Sanlúcar. 

Gerónimo de Aguilar (se incorporó náufrago en Cozumel). 

Gerónimo Alanis. 

Gerónimo López. 

Jorge de Alvarado , capitán famoso, hermano de Pedro. 

Gil Sánchez Colmenares. 

Ginés García. 

Gómez Alvarado , hermano de los Alvarados. 

Gómez de Hoyos. - 

Gómez Panlagua. 

Gonzalo de Sandoval , capitán famoso. 

Gonzalo Hernández Mosquera. 

Gonzalo de Alvarado , hermano de los Alvarados. 

Gonzalo Cerero , page de Cortés. 

Gonzalo Jiménez. 

Gonzalo Rodríguez de la Magdalena. 

Gonzalo de Robles. 

Gonzalo del Pilar. 

Gonzalo Medina. 

Gonzalo Umbría. 

Gonzalo de Jaén. 

Gonzalo Briones. ^ 

Gonzalo de Chacra, page de Cortés. 

Gonzalo de Ábrego. 

Gonzalo Gallego, galafate. 

Gonzalo Hernández Bejarano. 

Gonzalo de Alaminos, page de Cortés. 

Gonzalo de Hoyos. 

Gonzalo de Narvaez. 

Gonzalo Hernández. 

Gonzalo Hidalgo Montemayor. 

Gonzalo Dominguez. 

Gonzalo Mejía. 



DE LA ISLA DE CUBA. 363 

Gabriel Mallorquin. 
Gabriel de Guzman. 
Gregorio Villalobos. 
Gregorio de Rivas. 
Gregorio de Maiijarraz. 
Gregorio de Santiago. 
Hernando de Torres. 
Hernando Lezama, capitán. 
Hernando Barrientos, 
Hernando Martínez. 
Hernando Martin. 
Hernando González. 
Hernando Alonso , que fué quemado por judaizante ^ en Méjico 

en 1528. 
Hernando de Olea, criado de Cortés. 
Hernando Jiménez. 
Hernando de Niebla. 
Hernando Rodríguez. 

Hernando de Tarifa. - 

Hernando Cabrero. 

Hernando de Vargas. ' . 

Hernando de Monte. 
Hernando Guía. 
Hernando Al varado. 
Hernando Hurtado. 
Hernando Pérez. 
Juan Rodríguez Villafuerte, capitán de los 13, natural de 

Medellin. 
Juan. Ramos de Lares. 
Juan Nuñez Mercado. 
Juan Nuñez Sedeño. 
Juan Pérez Arteaga. 
Juan Zamudio. 
Juan Sedeño. 
Juan Portillo. 
Juan Juliano. 

^ Gomo se ve, no tardó allí la I&quisicíoD eb hacer de las suyas» 



364 HISTORIA 

Juan Bautista de la Puriticacion. 

Juan de Escalante , capitán de los 13 '*. 

Juan González de León. 

Juan Galindo. 

Juan Velazquez de León. 

Juan Cermeño. 

Juan Diaz, clérigo. 

Juan Tirado. 

Juan García. 

Juan de Cuevas , capitán. 

Juan de Sa lazar, page favorito de Cortés. 

Juan Gutiérrez Duran. 

Juan López Jimeno» 

Juan Fernandez. 

Juan Tirado. 

Juan Bautista. 

Juan de Torres, soldado viejo de Italia. 

Juan de Cáceres Delgado. 

Juan Quintero. 

Juan Bello. 

Juan Yuste. 

Juan Rodríguez Bej araño. 

Juan Burgos. 

Juan Griego. 

Juan Nájera. 

Juan Xaramillo. 

Juan Márquez. 

Juan Cortés. 

Juan Méndez de Alcántara. 

Juan García. 

Juan de Torres. 

Juan López. 

Juan Maestre, cirujano. 

Juan de Guzman. 



* Por los trece da á entender Gón- mandaron los bergantines fabricados en 
gora, el autor de la lista de pobladores la laguna de Méjico, 
primeros de Nueva España, á los que 



DE LA ISLA DE CUBA. 365 

Juan Correa, 
Juan Sagra. 
Juan González Reales. 
Juan Esteban Colmenero. 
Juan Enamorado. 
Juan Brica. 

Juan López , ballestero. 
Juan Guía de Falencia. 
Juan Sánchez. 
Juan Guillen. 

Juan Rodríguez Donaire. • 

Juan Sedeño de Segura. 
Juan García. 
Juan Cubillas. 
Juan Martin. 
Juan San Sebastian. 
Juan de Cáceres. 
Juan Pérez de la Higuera. 
Juan Jiménez. 
Juan Martin (otro). 
Juan Toro. 
Juan Rico. 
Juan Berganciano. 
Juan Hernández de Tavira. 
Juan Carmona. 
Juan Barro , ballestero. 
Juan Fernandez Fraile. 
Juan Medina. 
Juan del Rio. 

Juan Xuarez, cuñado de Cortés , natural de Granada. 
Juan de Ortega. 
Juan Gómez Herrera. 
Juan Cartagena. 
Juan Carrillo. 
Juan Magallanes. 
Juan Márquez Gallego. 
Juan Santa Ana. 
Juan Gómez Guevara. 



366 HISTORIA 

Juan Aparicio. 

Juan Ocafía. 

Juan Puerto, marinero. 

Juan Jinovés. 

Juan Gómez Lope. 

Juan A-ldana. 

Juan Carmona. 

Juan Rustiñan. 

Juan del Yalle, 

Juan Montesinos. * - 

Juan Prado. 

Juan Jerez. 

Juan Millan. 

Juan Espindola. 

Juan León. 

Juan Madrigal. 

Juan Cárdenas. 

Juan González Casado. 

Juan Ballesteros. 

Juan Martínez Yillarias. 

Juan Hermosilla. 

Juan Escudero. 

Juan Garrido , negro africano que fué el primero que sembró 

y cogió trigo en Méjico. 
Juan Cortés , otro negro que trajo Cortés. 
Julián García. 
Julián déla Muda. 
Leonel de Cervantes ^. 
Luis de Lares. 
Luis Martin. 
Luis de Avila. 
Luis Sánchez. 
Luis Cárdenas. . 
Luis Ulan , aderezador de cureñas. 
Luis García. 



^ Tronco de una de las familias principales de Méjico y ascendiente de un 
obispo de Cuba llamado como él. 



DE LA ISLA DE CUBA- .367 

Luis Alonso Maestre, 
Luis Arévalo. 
LuisFrias. 
Luis Lugo, 
Lorenzo Xuarez. 
Lope Sánchez. 
Lázaro Herrero, 
Martin Vázquez. 
Martin Hircio. 
Martin López. 

Martin Mezquita. . 

Martin Bachiller. 
Martin García , arquero. 
Martin las Casas. 
Martin Pérez. 
Martin de Tobar. 
Martin Chaves. 
Martin Dovantes. 
Manuel de Cáceres. 
Manuel Maldonado. - - 

Marcos Ruiz. 
Melchor San Miguel. 
Melchor Alvarez. 
Melchor Villacorta. 
Miguel Veraza. , ' 

Miguel Esteban. 
Miguel Tostado. 
Miguel Guemes. 
Miguel Vera. 
Miguel Diaz. 

Miguel Jiménez , artillero. 
Nicolás Palomares. 
Nicolás Benavides. 
Nicolás Gómez. 
Ñuño González. 

Ochoa de Asia. , 

Ochoa , page de Cortés. 
Pedro de Hircio. 



568 



HISTORIA 



Pedro de Alvarado , luego famoso conquistador de varias pro- 
vincias de América. 
Pedro Francisco, 
Pedro Castellar. 
Pedro Meneses. 
Pedro Abarca. 
Pedro Ruiz de Manjarraz. 
Pedro Rodriguez de Escobar. 
Pedro Hernández. 
Pedro de Paz. 
Pedro González Najar. 
Pedro Castellanos. 
Pedro Ruiz Requena. 
Pedro Escalante. 
Pedro Rlasco. 
Pedro Diaz Sotomayor, 
Pedro Ruiz. 

Pedro López Alcántara. 
Pedro González. 
Pedro de Castro. 

Pedro de Manjarraz , paga de Cortés. 
Pedro de Berrio. 
Pedro de Orduña. 
Pedro Santi-Estéban , ballestero. 
Pedro Román. 
Pedro de Utrera. 
Pedro de Herrera. 
Pedro de Almonte. 
Pedro de Saavedra. 
Pedro Salvatierra. 
Pedro Serrano. 
Pedro Montañés. 

Pedro Martin. / 

Pedro de Alanis. 
Pedro Vizcaino. 
Pedro Hernández , el mozo. 
Pedro de Gibaja. 
Pedro Gutiérrez. 



DE LA ISLA DE CUBA. 369 

Pedro Franco. 

Pedro Hernández , natural de Niebla. 

Pedro Cansino. 

Pedro Alvarez , marinero. 

Pedro de Anaya. 

Pedro de Alcántara. 

Pedro de Urbeta. 

Pedro de Montes. 

Pedro de Abarca. 

Pedro García Casado. 

Pedro Romero. 

Pedro Garrido. 

Pedro Sabirte. 

Pedro de Soto. 

Pedro Baez. 

Pedro del Rio, marinero. 

Pedro de Solís Barraza, capitán. 

Pedro Maldonado. 

Pedro de Alvarado, distinto del conquistador de Goalemala. 

Pedro de Retamales. 

Pablo Pizarro. 

Pablo Peña. 

Rodrigo Alvarez Chico, capitán y veedor. 

Rodrigo Rangel. 

Rodrigo de Castañeda , ballestero. 

Rodrigo de Segura , murió en Puebla de 120 años. 

Rodrigo Manusco , ayuda de cámara de Cortés. 

Rodrigo Nájera. 

Rodrigo Hernández de Córdova. 

Rodrigo de Salazar. 

Rodrigo de la Nao. 

Rodrigo López Cano. ' 

Rodrigo Román. 

Rodrigo de Peña. 

Rodrigo de Carrion. 

Rodrigo de Burgos. . 

Rodrigo de Paz, primo y mayordomo de Cortés. 

Rafael de Trejo. 

HIST. DE CUBA.— TOMO I,«— 24 



370 HISTORIA 

Román López. 

Rangino (sin nombre patronímico). 

Reina (idem, id.). 

Sebastian Mosco. 

Sebastian Rodríguez. 

Sebastian de Grijalva. 

Sebastian Benitez. 

Sebastian Cubieta. 

Simón de Cuenca. 

Sancho Baraona. 

Santos Hernández. 

Tomás de Ecijoles , natural de Ñapóles. 

Tomás Bueno. 

Toribio Camargo. 

Yallecio , capitán , pacificador de Tabasco. 

Vasco de Vera. 

Villa Diego. " - 

Xristóbal de Olid K 

Xristóbal Corral. 

Xristóbal Flores. 

Xristóbal Martin de Gamboa. 

Xristóbal Martin , de Huelva. 

Xristóbal Rodríguez , trompeta. 

Xristóbal Gallego. 

Xristóbal Quesada. 

Xristóbal Ruiz, ballestero. 

Xristóbal López. 

Xristóbal Martin de Zafra. 

Xristóbal de Saen. 

Xristóbal Ortiz. 

Xristóbal Morales. 

Xristóbal Hernández , de Córdoba. 

Xristóbal Hernández, carpintero. 

Xristóbal Gil. 



^ Capitán famoso y luego conquista- tés , y fué vencido y muerto por Fran* 
dor de las Hibueras (Honduras) en cisco de las Casas, 



donde se sublevó en 1S24 contra Cor- 



DE LA ISLA DE CUBA. 371 

Xristóbal Xaramillo, 

Xristóbal de Xeréz. ~ ^ 

Ysidro Moreno. - 

Yñigo López. 

Mujeres que fueron con Cortés. 

María de Vera, valiente , heroica y sabia. 

Beatriz Hernández. 

Elvira Hernández. 

Isabel Rodriguez , curandera. 

Beatriz Hernández (otra), mujer de Torres Ecijoles. 

Catalina Márquez. 

Beatriz de Ordaz. 

Francisca de Ordaz. 

Esta lista, con varios fragmentos de una historia antigua de 
Méjico , la copió Muñoz en su tomo XXX de un malísimo 
ejemplar del manuscrito de Bartolomé de Góngora que poseia 
su amigo el teniente coronel de artillería D. Diego Panes. 

Cuando la expedición salió de la Habana, los mandos de los 
buques estaban repartidos en las personas siguientes : 

HERNANDO CORTÉS, Jefe superior. 

Juan Velazquez de León. 

Alonso Hernández Portocarrero. 

Francisco de Montejo. 

Juan de Escalante. " , 

Francisco de Orla. 

Pedro de Alvarado. 

Francisco Saucedo. , 

Diego de Orgaz. 

Ginés García de Nortes, comandante de bergantín. 

Antón de Alaminos , piloto mayor. 

Francisco de Orozco^^, comandante de la artillería. 

'O Su nombre se omitió en la lista España que formó Góngora; pero cons- 
precedente , porque no parece tampoco ta que asistió á su conquista, 
en la general de pobladores de ISueya 



II. 

El Rey. 



Nro. Gouernador de la ysla de Cuba. Por algunas cartas y 
relaciones que se nos ha escripto y embiado de essas partes, se 
nos ha propuesto y significado que para la mejor guarda y 
siguridad dallas y sus puertos conuendria huuiese galeras, por 
que para esto serian mas apropósito que los galeones; y vistos 
los muchos daños y robos que los cossarios ingleses y franceses 
de ordinario han hecho y hazen por essos puertos y costas en 
las haziendas y personas de nuestros subditos y vassallos, dessea- 
mos dar la mejor orden y medio que conuenga ; y para tomar 
resolución sobredio queremos saber si en essa ysla se podrán 
hazer estas galeras y en qué puertos y partes della ; y si para ello 
ay maderas apropósito; y hauiéndose de hazer qué forma y sus- 
ten conuenian que tuuiessen para poder mas seguramente cos- 
tearla y nauegar essos mares, considerando sus baxios, puntas, 
calas y ensenadas y los vientos y brissas que en ellos corren y 
de quántos vancos habrian de ser para podermejor offender los 
enemigos y defenderse dellos; si bastaría qae abriessen de Rota 
veynte palmos y medio y seis de puntal á la cubierta ; y si las 
velas serian latinas ó redondas y lo demás que seria necessario 
tuviessen para ser cuales conuiene; y si allá se hallarla chusma y 
gente de mar para tripularlas desde luego, en el entretanto que 
se juntan para esto forzados delinquentes de todas las provin- 
cias de las Dos Indias; y sí para ello serian buenos los negros 

bocales, ó trocando Bocales por Ladinos;" y si se hallará 

gente de buena boya, y si esto podrá traer algún inconueniente 



HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA. 375 
y en qué y cómo y cuántas serian menester para costear y guar- 
dar essa ysla ; y s i podrán guardar ansi mesmo la costa de La 
Florida y costear y atravessar hasta Campeche y Cabo de Coto- 
che ó hasta donde ; y si se hallarán allá Maestros que las ha- 
gan, ó si será necessario ymbiar de acá alguno ó algunos para 
darles rehalibo (sic) y embiándose de lo que allá puede faltar y 
acá vale menos, que esclauazon, velas, xarcia, árbores y an- 
tenas de pino, de cada galera ; y si podrían tener toldo 

y cubierta para resistir los aguaceros y el sol para que la 
gente no emferme, y su sueldo y comida ansi de la gente de mar 
como de la de guerra ; serán para cada galera ciento y cin- 
cuenta remeros y setenta personas de cabo ; que tanto montará, 
y esta costa de dónde se podrá sacar y si se hechará por haue- 
ria en la segunda venta de las mercadurías queen essos puertos 
se descargan y qu^ quantidad se podria ymponer á los vezinos 
y á los Mercaderes, de por sí muy especiíicada y particular- 
mente y por menudo, porque nuestra flazienda está muy gas- 
tada con las grandes necessidades que hauemos tenido y tene- 
mos y della se paga el sueldo de los galeones que andan en la 
guarda de essos mares ; y ansi como a persona que tenéis la 
cossa presente os encargamos y mandamos que luego que esta re- 
cibays tomando paresceres de las personas que ay huuiere mas 
expertas en este ministerio y que lo podrán bien entender, nos 
aviséis de todo ello. Muy especificada y particularmente con los 
conuinientes e ynconuinientes que en ello y en cada particular 
se offrescieren y podria hauer para nuestro servizio y de todo 
lo demás que entendieredes conuiene , debemos ser advertido 
para que visto en el nuestro Consejo de las Indias se próuea lo 
que mas conuenga á nuestro servizio y al bien, defensa y segu- 
ridad de essos puertos y costas y personas que en ellos habitan. 
Fecha en el bosque de Segobia á XYí de jullio de Mili y 
quinientos y settenta y seis años.=YO EL REY.==Por mandado 
de Su Mag., Antonio de Erasso.=Al Gouernador de la Isla de 
Cuba que ymforme sobre las cosas que aquí se refieren tocantes 
á lo que se ha propuesto de que conuiene haber galeras para la 
guarda y seguridad de aquellos puertos y costas. 



III. 

(Sevilla, ArchiTo de Indias). 



Octubre 9 de i 61 9 



El Rey á D. Pedro de Valdés, 



Por cuanto por experiencia se ha visto que hay desde la ciu- 
dad de San Cristóbal de la Habana, donde reside el mi goberna- 
dor y capitán general de la Isla de Cuba , hasta la de Santiago 
de ella y á los pueblos de su comarca, que son Baracoa, él Ba- 
yamo y el Puerto del Príncipe, y ser la tierra de tan poca po- 
blación y la mar no segura por los muchos corsarios que de 
ordinario andan por aquella costa, no suele ni puede vissitar el 
dicho mi gobernador las dichas poblaciones y puestos, y que 
por este respecto y tener nombrado por su teniente á un vecino 
se ha entendido siempre hay falta de justicia en ellos y aun de 
defensa contra los corsarios, demás de los nuevos rescates que 
han hecho yhazen cada dia, y otros inconvenientes que de ello 
se siguen; lo cual, habiéndolo considerado en mi junta de guerra 
de las Indias y cuan forzosa es la ressidencia del gobernador en la 
dicha ciudad de San Cristóbal de la Habana, por la importancia 
de aquella plaza y puerto; y que no conviene haga aussenciá de 
ella y que por estar la parte de la de Santiago de Cuba muy 
desabrigada de todo, el obispo y los prebendados de su iglesia y 
los demás vecinos de los dichos lugares y la gente que trabaja en 



HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA. 375 

las minas del cobre que están á dos leguas de la ciudad , viven 
con mucho sobresalto y riesgo délos enemigos; y por las obliga- 
ciones que tengo de mantener en justicia y paz y con la seguri- 
dad possible á mis vasallos y procurar que se acrecenten las po- 
blaciones para mayor resistencia de los enemigos, y que esta 
no se puede hazer en el estado que aquello tiene al presente ; y 
consultándoseme, he acordado que para remedio de todo y con- 
seguir otras conveniencias y buenos efectos que se presuponen , 
se divida el gobierno de la dicha Isla de Cuba en dos; y que al 
uno se aplique, como por la presente le aplico, la ciudad y puerto 
de San Cristóbal de la Habana con los pueblos y poblaciones 
de su distrito , que son : el Puerto del Mariel y el de Pan de 
Cabanas y Bahía-Honda y la Bahía de Matanzas, extendiéndose 
hasta cincuenta leguas de la ciudad la tierra adentro y por la 
mar de una y otra parte ; y al otro la ciudad de Santiago y los 
demás lugares referidos de su comarca que son : el Bayaoio y 
Baracoa y Puerto del Príncipe; y quiero y es mi voluntad que 
el que de los dichos dos gobernadores tuviere á su cargo el go- 
bierno de la ciudad de San Cristóbal de la Habana y los dichos 
lugares de su distrito sea y se titule mi gobernador y capitán 
general de la Isla de Cuba y de la dicha ciudad como se han 
titulado hasta agora los que lo han sido de toda la Isla, y con el 
mismo salario de los dos mil pesos de á cuatrocientos y cin- 
cuenta maravedís cada uno en cada un año que él llevaba y le 
estaban señalados ; y que el otro sea y se titule mi gobernador 
y capitán á guerra de la ciudad de Santiago de Cuba y su dis- 
trito , y que haya y lleve mil y ochocientos pesos de los dichos 
cuatrocientos y cincuenta maravedís cada uno, que es lo que les 
señalo de salario en cada un año ; los cuales tengo por bien se 
les paguen de mi real hacienda de la dicha isla á los mismos pla- 
zos , y como y de la misma forma y manera que sean pagados 
sus salarios á mis gobernadores y capitanes generales que han 
sido de ella y lo fueren de aquí adelanie. Y por los inconve- 
nientes que se considera podrían resultar de lo contrario, 
mando que el mi gobernador y capitán á guerra de la ciudad 
de Santiago de Cuba y su distrito esté subordinado en todo lo 
que tocare y fuere dependiente de materias de gobierno y 
guerra al mi gobernador y capitán general de la dicha Isla y 



376 HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA. 

ciudad de la Habana, y que en los casos criminales que se ofres- 
cieren en la gente de la milicia de su cargo que merecieren 
pena de muerte ó de galeras, habiendo sustanciado los processos 
y sustanciado las causas sin ejecutar las sentencias que diere y 
pronunciare , los remita al dicho mi gobernador y capitán ge- 
neral para que él los vea y sentencie en revista, conforme lo que 
viere y hallare de justicia y conviniere á mi servicio; y mando 
que en conformidad de lo contenido en esta mi cédula, se des- 
pachen por mi Consejo de Cámara de las Indias los títulos y 
demás despachos que convinieren y fueren necesarios á los que 
al presente tengo pro veidos y nombrados para los dichos cargos, 
y ansi mesmo á los que les sucedieren en el ínterin que yo no or- 
denare y mandare otra cossa en contrario. Y porque en la dicha 
Isla hay un pueblo de poca vecindad demás de los referidos que 
se dice la Trinidad y está hacia el poniente y una legua de la 
mar y de ambas ciudades de San Cristóbal de la Habana y San- 
tiago de Cuba á sesenta y cinco leguas poco mas ó menos , y 
conviene declarar á cargo de cuál de los dos gobernadores ha 
de estar, mandaré que con brevedad se tome resolución en lo 
que á esto toca y que se ordene lo que mas convenga; y de esta 
mi cédula mando que tomen la razón mis contadores de puertos 
que residen en mi Consejo de las Indias. Fecha en Madrid á 
ocho de octubre de mil y seiscientos y siete años=YO EL REY, 
= Por mandado del Rey nuestro señor Juan- de Ciriza. Tomé 
la razón de esta cédula de S. M. en sus libros de la cuenta de 
las Indias en Madrid en nueve de noviembre de mil seiscientos 
siete años. = Antonio Diaz de Navarrete,=Juan de Parras. =E1 
traslado de uso se sacó de la Real cédula original, el cual sa- 
qué por mandado del señor general D. Francisco Venegas , go- 
bernador y capitán general de esta Isla de Cuba, la cual cor- 
regí con el dicho original y áella me remito que queda en poder 
del dicho Sr. Gobernador; y para que de ello conste, di el 
presente en la ciudad de la Habana etc. 



IV. 



Entre los muchos documentos del archivo de Indias 
de Sevilla copiados en nuestra colección , no hay ninguno 
que retrate su época y el estado del país con tanta fide- 
lidad como la carta que en 3 de enero de 1604 , dirigió 
al Rey D. Pedro de Valdés en justificación de su con- 
ducta en el gobierno de la isla y respondiendo á varias 
calumnias. Nos pareció que merecía insertarse toda 
entera en este lugar, porque, refiriéndose á las principa- 
les ocurrencias de su mando, es la mas autorizada cró- 
nica de Cuba en los principios del siglo xvii. 

S. Cath. R. Magestad. 



Con el Capitán Simón de Valdés ( que fué en el armada del 
cargo del general D. Luis de Córdoba), que va á cossas del 
servizio de V. M. y ncgozios desta cibdad , escrevi dando larga 
cuenta á Y. M. de todo lo que hasta en aquel punto me ocurrió 
de que poderla dar, á que me remito ; e porque confio en Dios, 
avran llegado todas á salvamento ( según los buenos tiempos 
que aquí han corrido después que han partido) no imvio agora 
duplicado della ; i lo que al pressente se ofresze refiero en esta, 
la cual suplico á V. M. mande ver toda á la letra , por que 
ahun que es larga , son todas cossas de importancia á su Real 
servizio , las que le combiene resolver i mandar responder con 



378 FlISTORIA 

brebedad de lo que acerca dellas se deverá azer, porque el re- 
medio de las más no sufre dilación . 

He venido á entender i á saver con certeza que algunos desta 
cibdad , con mal pecho é intención , mas que movidos del ser- 
vizio de Y.M. ni de buen zelo,an escrito e repressentado algu- 
nas quexas de mi proceder en este gobierno, pretendiendo con 
ellas, si pudiessen, desacreditar mi persona cerca de V. M. ; i 
diérame mas cuidado esto si no considerara dos cossas : que la 
una es el entender que há muchos años que Y. M. tiene alguna 
satisfacion de mis servizios, i que en ellos, i en lo que se me a 
mandado en tantas y tan diversas ocassiones e procurado dar 
buena cuenta de mí , cumpliendo con mis obligaciones. La otra 
es que las quexas dadas , cuando fueran ciertas ( que en nen- 
guna manera lo son), reducidas á substancia , paresce que tie- 
nen en sí tan poca , que la mayor que hallo es que se hayan 
admitido por V. M. e mandado que sobre ellas se iziesse averi- 
guación ; de que me ha causado grande admiración , e ansi me 
es fuerza dar satisfacion en esta por la copia que dellas se mea 
inviado por cartas de algunos amigos , suplicando á Y. M. se 
sirva de dar crédito solo á lo que tuviere mas apariencia de 
verdad. ' 

La primera quexa dicen que es que soi rezio e áspero de con- 
dición , muy grave i resuelto en mi parescer. A esto digo que 
según alié la parcialidad aquí introducida en el tratar con los 
gobernadores toda la gente de la tierra con igualdad e sin dis- 
tinción , i querer reducir esto á que con propiedad no se dijesse 
fuera justizia de entre compadres la que se azia, les causó esto 
algún desabrimiento á los prinzipios i decir que hera grave y 
áspero de c'ondizion ; y como quiera que las condiciones de los 
hombres no sean todas unas, no paresce justó que esto caiga 
en consideración, ni menos el decir que soy mal criado, i que 
no trato con comedimiento y término á las personas que acuden 
á negoziar, pues en este particular sé afirmar á Y. M. con ver- 
dad que después que tengo ser, no me acuerdo ni se hallará 
que á nadie oífendiesse ni injuriasse de palabra por ser tan 
ageno de mi profession i natural, antes en cuanto a esto soi mui 
reportado e sufrido, por conoscer que la injuria i ofensa de la 
lengua tiene mala satisfacion. 



DÉ LA ISLA DE CUBA. 579 

Otro cargo se me haze de que no trato ni comunico , ni les 
hago el tratto que es razón á los generales de flottas i galeones 
que aquí vienen , aunque sean hijos de grandes. En cuanto á 
este cargo yo me doi por condenado cuando los generales ó al- 
gunos dellos tal quexa dieren ni dijeren de ser esto verdad, 
por que no hallo otra satisfacion que dar á esto mas urgente. 
Se me aze cargo ansi mesmo de que ize quitar á Juan de Villa- 
verde , alcaide del Morro , un cojin de terciopelo que metió en 
la iglesia ; á esto digo que es verdad en esta forma : que avién- 
dose el dicho Yillaverde determinado á traher públicamente i 
en mi pressencia bastón formal que es insignia de general i que 
en nombre de V. M. trahigo en este puesto i pressidio , i junto 
con esto dio en llevar cojin de terciopelo á la iglesia i po- 
nerse con bastón y cojin á.mi lado en ella, de suerte que no 
avia diferencia del uno al otro; y, aviéndole yo prevenido que 
no truxesse aquello, pues no le tocaba , en rebeldía volvió á sa- 
lir con ello ; i ansi se lo ize quitar. No sé que en esto iziesse 
ecsesso, antes entiendo que fué muy llegado á razón e dici- 
plina militar, pues ademas de que ai alguna differencia de mi 
persona á la suya en calidad y en servizios , vastaba mandarle 
Y. M. esté subordinado á mis órdenes e ser io en nombre de 
Y. M. su general. Mas si los dessórdenes del Yillaverde pararan 
aquí aun se pudieran tolerar: pero an sido tantos i tan graves 
i de tanta livertad los que conmigo a hussado, que en ellos creo 
conoscerá Y. M. el gran sufrimiento e pazienzia que con él he 
tenido; que han sido de tal calidad que me obligó á prenderle 
i azerle cabeza de processo , el que remito á Y. M. con las ave- 
riguaciones que se izieron , en estado de sentencia para que 
Y. M. mande se vea y determine ; supplicando á~Y. M. se sirba 
de que á su determinación se^ alien algunos del Consejo de 
guerra con los dejustizia, por ser la causa derechamente to- 
cante á quebrantamiento de órdenes i de otros ecsesos de mi- 
licia y guerra ,• y que esta se castigue con la demostración que 
es justo según la gravedad de su culpa; que aunque yo pudiera 
sentenciarlo i determinarlo , no lo e querido azer por parescer 
que mira algo á causa propia, como otras de otros que ansi 
mesmo remito á Y. M. Demás desto dizen se me aze cargo de 
que tomé i saqué del galeón S. Mateo en que vine de. España 



580 HIStORIA 

cuatro piezas de artillería para poner, en esté pressidio i que 
dejé desarmado e sin defensa al galeón. Satisfago á esto i digo,* 
que en cumplimiento de una Real cédula de Y. M. que aquí ay 
i se libró para que los gobernadores i capitanes generales deste 
pressidio pudiessen tomar para su fortificación i defensa de cua- 
lesquier navio , ansi de flottas como de galeones , las piezas de 
artillería i armas que hubiessen menester, demás de que al dicho 
galeón , no solo no le faltaban piezas de artillería y armas, pero 
las cuatro que yo saqué del y mas de otras cuatro eran excu- 
sadas en el galeón , de suerte que las avian de echar i llevar en 
el lastre ; i , considerando la falta i urgente necessidad que avia 
de piezas en este pressidio, les saqué las dichas cuatro piezas de 
artillería ; y dello di cuenta á V. M. ; i no siento que por esto 
merezca pena , ni calumnia. 

Otra dizen que me ponen , de que armé aquí dos navios para 
que fuessen en seguimiento de ciertos piratas , i saqué ciento y 
cincuenta soldados del pressidio para esta armada ; i que en 
ella gasté á Y. M. muchos dineros. Respondo y satisfago á 
esto , que yo supe con certeza que en la misma costa desta isla 
por la banda del sur estaban tres ó cuatro navios francesses y 
olandeses rescatando con gente de la tierra en diferentes pa- 
rages de la mesma costa, con tanta publizidad y seguridad 
como si estuviessen en sus mesmos puertos i tierras; e conos- 
ciendo los graves daños que á Y. M. en razón destos rescates se 
le an seguido y siguen , que no an cessado ni cessan hoy en dia 
ni se pueden remediar por otro camino , y que no avia barco, 
ni fragata , ni navio del tratto de los que á este puerto venian 
que no lo tomasse el enemigo ; y que Y. M. tiene ordenado i 
mandado por sus reales cédulas , que ofresciéndose ocassion de 
enemigos en la costa desla isla , para su guarda los goberna- 
dores i capitanes generales della puedan armar los navios que 
les paresciere, i desso servían las galeras que este puerto antes 
de agora tenia ; considerando todo esto i la precissa ocassion 
de lo enemigos del rescate , me determiné de armar un navio 
de hasta trescientas toneladas , y un pataxe con la gente de la 
tierra , sacando de los soldados del pressidio poco mas de ses-- 
senta, i en tiempo que no eran necessarios para su defensa y sin 
que hasta agora le haya costado á Y. M. interés ninguno , ansi 



DE LA ISLA DE CUBA. 381 

de bastimento (pues á mi propia costa los basteci para dos 
messes) nidemunizion, ni sueldo de cossas de navios, ni 
para agua de la gente que llevaban , que seria hasta dozientos 
ombres los que en esta ocassion fueron ; i sacados los sessenta 
soldados , todos los demás heran de la tierra i forasteros que 
de su propia voluntad se ofrescieron á ello. Fueron á esta ocas- 
sion i por muy forzossos tiempos i falta de pilotos prácticos 
bolvieron a arribar passados mas de cincuenta dias ; y ademas 
desta ocasión se ofresció otra que sobre este mismo puertto i 
a la vista de el hatíduvo un enemigo cossario con un navio pe- 
queño según la noticia tuve, el cual estava en parage aguar- 
dando los navios que entravan i salían del puerto, i ansi armé 
una fragata y galizabra con alguna gente , i con ellos imbié á 
D. Fernando de Valdés mi hijo; y se encontró con el enemigo, 
el cual traia un navio de alto bordo con el pequeño , que me 
dieron noticia que le avia tomado la pressa i reforzádose de ar- 
mas y munizion , y ansi pelearon con él por gran rato i le ma- 
taron alguna gente; y mi hijo D. Fernando salió passada de 
un balazo una pierna, y con otros dos que le dieron en un peto 
fuerte que llebava que este le salvó la vida ; y en efeto le izie- 
ron desembocar por la canal de Vahama ; i se aseguró la en- 
trada del puertto. Otra ocassion se ofreszió ansi mesmo de otro 
enemigo que tuve notizia que avia entrado en Matanzas, que 
es un puerto a veinte leguas deste i trahia cinco ó seis velas 
grandes i pequeñas suyas y de pressas que habia hecho , i bien 
aprestado ; i por que en aquella ocassion estavan en este puerto 
setecientos infantes que vinieron de Nueva España en defensa 
i conserba de la flota della i navios apropossito , armé cuatro 
dellos , dos de alto borde y dos pataches, i los tripulé de gente 
ansi del pressidio , como de los de Nueva España e imbié con 
ellos al capitán de la fuerza bieja de el pressidio, D. Pedro de 
Valdés, mi sobrino , y fueron en demanda del enemigo y por 
descubrille muy asotabento se le escapó afuerza de bela; i le 
siguieron asta azelles desembocar ansi mesmo : con que quedó 
asegurado el puerto i la costa para los navios sueltos que en 
el entran y salen; i , como tengo referido, por ninguna de las 
dichas ocassiones se gastó de la azienda real de V. M. , ni se 
abenturó navio , ni artilleria, ni otra cosa alguna de ella; i 



382 HISTORIA 

esto i no otra cosa passó en cuanto á esta maliciossa calumnia. 
Pónenme otra en que dizen que e puesto y echo estanco en el 
corte de las maderas en los términos y límites de esta cibdad, 
puerto ipressidio; i que esto lo he hecho por mis fines parti- 
culares e interesses; i en este cargo, cuando no fuera glosado 
con la dañada intención de los demás, paresce se podria re- 
parar. Lo que en esto passa es que, aviendo hallado en el tér- 
mino deste presidio casi talados los montes de todo punto en 
contorno de cuatro leguas , i que una de las mayores fuerzas y 
defensas que esta cibdad tiene es el aspereza y espesura de 
montes, por cualquier parte dellos i que estos se iban aclaran- 
do y abriendo en las talas y cortas que azian, de suerte que que- 
davan caminos y heredas abiertas por donde con facilidad se 
pudiera benir y entrar marchando hasta la cibdad y hasta el 
mismo fuerte y castillo del Morro , y que , ademas destó , no se 
aliaba árbol ni maderas para aderezar ni reparar los navios de 
flotas y armadas que llegaban necessitados y desaparejados a 

este puerto; y que cortaban y talaban los montes por trato 

y granjeria sacando y llevando las maderas á Nueba España y 
ha otras partes á hender ; me paresció con acuerdo del cabildo, 
según lo referido , poner límite i término de cinco leguas en 
torno deste puerto , para que nadie por granjeria pueda cortar 
ni talar madera alguna, só ciertas penas que pusse, reser- 
vando el poderla cortar libremente para edificar casas y re- 
parar i aderezar navios; que fuera de las cinco leguas pudiessen 
cortar y talar para fabricar nabes y azer maderas para granje- 
rias; i este fué el estanco que se ha puesto y no otro, y dello 
me páresela que merescia premio y gratificación y no lo con-, 
trario, acusándoseme con tan mal pecho como en todo lo demás. 
Y en cuanto á otro cargo que dizen me hazen de que tengo las 
fuerzas desprobeidas de bastimentos , por cuyo respeto están á 
riesgo de perderse con mucha facilidad si los enemigos viniesen 
sobre ellas, si esto fuera ansi, con aver echado á lámar por dos 
heces después de que están aquí mas de dozientos quintales de 
biscochosymucha cantidad de legumbres que avia de respeto en 
las dichas fuerzas por estar todo dañado , podrido y corrompido 
sin serbir esto para cosa ninguna , mal pudiera yo socorrer de 
los bastimentos que avia echo fabricar en la Puebla de los 



DE LA ISLA DE CUBA. 383 

Angeles i que teniéndolos recojidos en Jas dichas fuerzas a 

la flota de tierra firme , con mas de quinientos quintales de biz- 
cocho i la carne ^ pescado i quesso que ubo de menester para 
probision de su Capitana y Almiranta , i poder azer su viaje en 
compañía de los galeones, porque... no imbernasen en este 
puerto; i aviándose echo los dichos bastimentos con los seis mil 
ducados que truxe de respeto para este efeto, han sido tan bue- 
nos los dicho biscochos y bastimentos, que con aver echo Jas 
buenas obras que tengo referidas, se aumentaron de ganancia en 
ellos á la Real Hacienda cerca de otros seis mil ducados; los 
cuales quedan ya metidos en la caja con los demás , como 
consta por los libros reales siempre que sea menester. 

Di cuenta á Y. M. en algunas de las que antes de agora 
tengo escriptas de lasdemassias i libertades que pretendía tener 
y tenia conmigo Juan de Villaverde , alcaide del Morro, y ansi 
mesmo del prozeder en el husso i ejercicio de su officio de 
Cristóbal Ruiz de Castro, tessorero y ofÍ7cial Real. Yo entendí 
que los sussodichos tubieran cada uno en lo que le tocaba al- 
guna enmienda asta por los buenos consejos y adbertencias 
que por mí orden se les ha dado e ídoles a la mano en muchas 
libertades y ecsessos , como por el mucho tiempo que para ello 
an tenido con la mucha paziencia i sufrimiento que de mi parte 
para con ellos cerca de sus dessórdenes a ávido ; y esta que 
fuera justo les aprobechara a sido causa de averse precipitado 
más , de suerte que me fué forzosso para atajar mayores daños, 
que los suyos bengan á ser castigados con el rigor que sus cul- 
pas y ecsessos merescen. El préndenos por ellas, y hazelles 
cabeza de prozesso á cada uno sobre su particular y cerca de lo 
que ize al dicho Juan de Villaverde lo tengo referido á V. M., 
en capítulos de otras cartas , remitiéndolo á V. M. i ha su Con- 
sejo Real de Indias; y suplicando de nuevo con encarescimiento 
lo suplico á V. M. se sirva mandar que esta causa se vea con 
todo el cuidado possible ; i , pues , es derechamente de cassos 
tocante á guerra e inobediencias y quebrantamientos de órde- 
nes de milicia (que llegados á esto no hay que poder enca- 
rescer mas) se vea juntamente con algunos del Consejo de guer- 
ra de V. M. , pues es de los mas grabes y atrozes delitos que en 
la guerra se cometen , i de los que con mayor rigor y demos- 



584 HISTORIA 

tracion se castigan; y esto pide el presente caso, ponderadas 
sus graves culpas de dicho Juan de Villaverde acostumbrado á 
cometellas y otras semejantes y muy graves como fueron las 
que tuvo con el general D. Luis Fajardo, el tiempo que sirvió 
a su orden en esta carrera. El las podrá decir, como le consta 
a V. M. , siendo servido de mandar se le junten y acomulen 
juntamemte con los grandes desórdenes, delitos y ecsessos que 
ha cometido trahiendo alojada por el Andalucía una compañía 
de quinientos soldados , i las libertades que hablo y encuen- 
tros que tubo con personas calificadas y grandes de España, 
reprehendiéndole su mal prozeder ; i otros papeles. Asta agora 
no se ha visto ni determinado y están en poder de D. Bernar- 
dino de Velasco del Consejo de guerra de V. M. y su comis- 
sario general, veedor de las guardas de Castilla, persona que 
está enterada y tiene particular noticia de lo que referido tengo. 
Y en cuanto al dicho Cristóbal Ruiz de Castro, tesorero, re- 
mito á V. M. como por su real carta me lo ordena y manda, 
dos prozessos sustanciados y fulminados y en estado de senten- 
cia , echos contra él por el asesor y letrado que es el licenciado 
Suarez de Poago , mi teniente general y auditor en los cassos 
de guerra. El uno de los dichos prozessos es en razón de ecses- 
sos grabes y delitos cometidos en el husso y exerzizio de su 
offizio de tai tessorero , que por lo que en el a aberiguado y 
probado y cassi todo confessado por el mesmo , se conoszerá la 
grabedad que en sí tiene. El otro prozesso i causa es ansi mes- 
mo sobre este Cristóbal Ruiz de Castro , mostrando su mal na- 
tural e dañada intenzion. Dio en rebelarse contra mí i querer 
causar una cisma , i motin i rebelión contra mi persona y offi- 
zio, no atendiendo a que por V. M. le husso i ejerzo en esta 
cibdad, y esto de suerte que, después de aver persuadido e 
inducido á muchas personas á que formulassen de mi i de mi 
gobierno grandes quexas y esclamaciones , dibulgando sobre 
estas un libelo infamatorio, con las mas desmentidas y liberta- 
das palabras, injurias y afrentas que pudieran caber en un hom- 
bre el mas bajo de calidad que hubiera en todas las Indias; y 
no se contentó con esto , que por muchas y dibersas bezes en 

partes dibersas levantó con muchas personas aziendo con 

ellos juntas y combenticulos solo para tratar y decir mal de mí 



DE LA ISLA DE CUBA. 385 

i de mi administración dejustizia; i esto vino á tanta libertad 
i publicidad i atrevimiento, que llegaron á perderme el res- 
pecto , inducidos i persuadidos del dicho Cristóbal Ruiz de 
Castro; contra los cuales prozedí ansí mesmo, todos bajo una 
misma caussa de prozesso , que por no desmembrarla i que no 
se sentenzien aquí ya unos, ya otros, me paresció remitirla á 
Y. M. con todos, ansi por esto como por que mira derechamente 
á causa propia; i ansi en cuanto á sustanziarla i ponerla en el 
estado que va , no entré ni salí en ello , por que lo remittí a 
dicho mi teniente general. Solo en esto suplico á V. M. se sirva 
de considerar cuanta gravedad lleva consigo esta caussa ; i que 
si della no resulta un mui ejemplar castigo, se podrá temer 
cualquier mal subzesso en las demás probincias de estas Indias; 
pues la esperienzia ha mostrado que con mucha menos occas- 
sion que esta a ávido grandes rebeliones i alzamientos en 
ellas, por el desacato e inobedienzia é las juslizias , delitos que 
el Rey Ntro. Señor que está en gloria i V. M. an castigado de 
ordinario con mucha severidad i rigor. 

Como tengo dicho , no me dieron lugar las culpas de Juan de 
Villaverde a dejarle de prender; i, por que estándolo fuera 
del castillo del Morro no podia acudir á serbir su plaza, fué 
forzoso poner persona en su lugar que la sirbiesse en el inter 
que sus culpas se determinaban i Y. M. ordenaba i mandaba 
otra cossa ; i pareszióme que la persona de mas partes i servi- 
zios de los que aquí avia para ella era la de Martin de Montal- 
ban, sargento mayor de este pressidio por Y. M. i que en él ha 
servido diez años la dicha plaza, i ser mas apropósito para ser- 
vir la de alcaide que no la que tenia, como en otras antes de esta 
avissé dello á Y. M. Por que respecto de esta promoción era ne- 
cesario que ansi mesmo hubiesse persona que sirbiesse i ocu- 
passe en el inter la dicha plaza de sargento mayor, puse i 
coupé en ella a el alférez Juan de Yances, que ha sido en Ita- 
lahá y Saboya i en esta'carrera de las Indias, i en el mar Oc- 
céano i Mediterráneo en las galeras i navios de alto bordo , i 
que en todo lo que ha sido ocupado a dado muy buena cuenta, i 
es en particular persona muy ágil i de plática i esperienzia para 
la dicha plaza, la cual requiere persona tal, pues consiste en ella 
la mayor parte de lo tocante del pressidio. Doi de ello cuenta 

HIST. DE CUBA.— TOMO I. — 25 



586 HISTORIA 

á V. M. por si hubiere de aver promoción del Villaverde; i que 
paresce que con seguridad podria V. M^ servirse de estos dos 
sugetós confirmándoselas i ocupándolos en ellas , en gratifica- 
ción de sus servizios i aziéndoles esta merzed. 

En las ocassiones que se han ofreszido antes de agora e dado 
particular cuenta á V. M. de uno de los mas necessitados de 
remedio que tiene toda esta isla ; i eslo no ha cessado ni cessa- 
rá, antes va en mucha fermentación i abundancia cada dia... en 
razón del desenfrenamiento , ossadia i libertad con que trata i 
comunica la gente de la tierra i de los lugares i puerttos desta 
ysla , con los herejes i piratas enemigos de V. M. y de Ntra. 
Santa Fé , rescatando con ellos gran riqueza i suma de merca- 
derías, á trueque de cueros vacunos i palo habano i otros fru- 
tos de la tierra; i advertí ansi mesmo de los ebidentes, grabes 
i notorios daños-que, en permitirse esto i no remediallo, se se- 
guían á V. M. ; i entre otros , representé algunos que bolveré 
a referir aquí. 

El primero es que estos enemigos de rescate , no solo bienen 
á azerlo , sino de camino á robar i andar á corso por la mar; i 
las pressas i pillajes que azen van con ellos seguros i a su saibó 
á rescatarlos con la misma gente de la tierra i vecinos de ios 
lugares della; i esto lo emos visto , como dizen, por vista de 
ojos , que es infalible i cierto que, quando los enemigos que to- 
maron los navios de Honduras i la Capitana , salieron en con- 
serba i conformidad de Guanaibes; i hecha la pressa se re- 
partieron con ella á rescatarla ; dos de los dichos enemigos con 
sus navios vinieron al puerto de Bayamo que llaman Mansa- 
nillo ; i allí estuvieron a el rescate i vendieron de las mismas 
piezas de bronce que llebaban Capitana y Almiranta con las 
armas de V. M. a otros navios que alli estaban de enemigos i 
extranjeros, cuyos nombres de los capitanes que se hallaron á 
esta presa son los contenidos en la sumaria i relaciones que van 
con esta firmadas, la una de Ignazio Havé, natural de Amberes, 
i la otra de un Antonio Hernández , piloto que anda con los 
portuguesses , por que los desta nazion son los que tienen mas 
entablados estos rescates por estar abezindados i cassados en la 
tierra ; i es tanta su libertad que se ban i se buelben con los 
mesmos enemigos a Francia , Flandes e Inglaterra sirviéndoles 



DE LA ISLA DE €UBA. 587 

de pilotos i de hazedores i corredores destos sus tratos i resca- 
tes, i Uebando i traiendo su parte de carga en los mesmos na- 
vios para sus aprobechamienlos; i por medio destos tales an to- 
mado los enemigos mucha caniidad de fragatas cargadas en el 
puerto de Igney, que es del puerlo del Príncipe, i quemado á 
Baracoa i hecho lo mesmo i saqueado á Santa Cruz del Cayo, 
lugares i puerttos que están a la banda del Norte. 

Agora á veinte i ocho de agosto subcedió otra no menos des- 
graciada pérdida i pressa que otros enemigos izieron á la en- 
trada de la canal vieja sobre Cayo Romano , de dos navios que 
á este puerto benian con registro , cargados de mercaderías de 
Castilla, que en el uno venia el capitán Pedro de Ibarra, que fué 
por gobernador a la Florida , que se escapó con grande riesgo 
de la vida en una barca destroncada ; el cual llegó con ella a 
este puerto passados mas de treinta dias después de perdida, 
aviendo padezido grandes calamidades i riesgo de mar i de 
enemigos ; i entró tan necessitado de todo, que le obligó a pe- 
dir que le socorriera con algún dinero de la caja Real para po- 
der aviarse; i aviendo tomado acuerdo sobre ello á los officiales 
reales , se le dio de socorro doscientos ducados para ayuda a 
su embarcación, con el aditamento de que si V. M. no lo tu- 
biesse por bien , los bolberia, dando como dio seguridad para 
ello ; i aviéndolo echo lo socorrí i ayudé con todo lo demás 
que huvo de menester para su buen despacho; el cual en razón 
desto i de su subzesso afirmará a V. M. mas en particular las 
que van con estas. 

Y en el otro benia la mujer, hijos i cassa del licenciado Sua- 
rez Poago, mi teniente general, i todos robados , i en camisa i 
aun sin ella , los largaron y echaron en una fragata que el mes- 
mo enemigo traia de pressa ; de suerte que la pérdida será de 
mas de cincuenta mil ducados ; i echa la pressa, este enemigo 
acudió luego con ella a el puertto de Baracoa que es a la cabeza 
desta ysla , la banda de Levante ; i allí se reparó abasteciéndole 
la gente de tierra ; i en particular un fraile que allí está por 
cura , que se llama fray Alonso de Guzman , el cual afirmo á 
Y. M. que es uno de los mayores rescatadores con los herejes i 
enemigos que tienen todas las Indias , i es de la orden del Car- 
men ; i en persona a ido differentes vezes á rescatar con ellos 



38á HISTORIA 

al puerto de Guanaibes.de la Ysla Española ; i no solo esto, sino 
que lo ha servido i sirbe de espia , de forma que hiñiendo yo 
de España i llegando sobre Baracoa bino este fraile a bordo 
del galeón en que yo benia, aziendo traizion conoscida aV. M., 
pues por otra parle luego incontinente despachó abisso a dos 
navios que estaban al rescate en un puerto cerca de allí de como 
io benia i Iraia mucha fuerza, que se guardasse; i de su propia 
letra le escrivió un papel sobre ello cuyo traslado es el que 
ba con esta ; i ansi mesmo otro traslado de otro contratto que 
el dicho frayle izo con otros dos herejes enemigos , firmado el 
dicho contratto de los dichos herejes i del mesmo frayle , ha- 
viendo ido en persona a los mesmos navios para este efeto : que 
entre las demás aberiguaziones i diligencias que izo mi te- 
niente berificó esta i sacó a luz estos papeles, cuyos originales 
quedan en poder del escribano de la ressidencia; i si esto se 
aberigua contra frayles e religiossos, considere V. M. lo que se 
ha averiguado en cuanto a los demás culpados legos, i no solo 
en este, pero en los demás lugares. Quienes mas públicamente 
azen los rescates son los frayles , religiosos i los sacerdotes i 
clérigos. Este enemigo que tomó los navios de Castilla en la 
forma que he referido, fué el propio que tomó a Santiago de Cu- 
ba , aviendo solo ido en busca del dicho licenciado Suarez de 
Poago mi teniente; y ansi anduvo por el mesmo pueblo apelli- 
dando por el justiciero, solo por las diligencias que izo en estor- 
bar, atajar i castigar estos rescates y rescatadores. Ademas destó, 
estos enemigos del rescate, han hecho dibersas pressas de navios 
de las islas de Canarias de los que bienen con binos i de otros 
navios que passan y atraviessan de unas yslas a otras con el tratto 
i granjeria dellas. Segundo incombeniente ; que á demás de 
que el enemigo se haze mucho mas rico i poderosso para poder 
azer guerra i armas contra Y. M., le husurpan y defraudan con 
estos rescates gran suma de derechos reales, pues es ebideiUe 
que de la carga que llevan destas yslas, que es cantidad de mas 
de cuarenta mil cueros cada año , no pagan derechos algunos i 
son conocidas caussas para que cesse tratto, correspondencia y 
granjeria de los mercaderes en Castilla ; i ansi va cessando de 
todo punto en esta cibdad e ysla por la mucha abundancia que 
los enemigos traen de las tales mercaderías para sus tratos ; ter- 



DE LA ISLA DÉ CUBA. 589 

cer daño, i de no menos consideración es que con la gran cor- 
respondencia , trato y comunicación que el enemigo toma de la 
gente de la ysla por causa de los dichos rescates, i como siempre 
i todo el año están sueltos en la mesma costa con sus barcas, 
navios e vajeles, saben i tienen entera noticia de la fortiíicacion 
deste pressidio, fuerza i defensa del, i de todos los puertos, ca- 
nales, caletas i surjideros de la ysla ; i por qué tiempo entran i 
salen las ilotas armadas i galeones, i qué fuerza traen, e si 
bienen destrozados i desaparejados de sus largos viajes. Si an 
de imbernar 6 no en este puerto, los millones de oro y plata 
que llevan, todos los motivos i desinios que de España vie- 
nen; i en ressolucion, ansi no se les encubre ni esconde cossa, 
según la mesma esperienzia lo ha mostrado. Y pues, á V. M. 
le consta que el enemigo siempre ha puesto la mira en si pu- 
diesse tomar este puerto i pressidio por conocer que es el de 
mayor importanzia que tiene V. M. en estos sus reinos de las In- 
dias i llave de todas ellas, grande es el riesgo i peligro que se 
puede temer de lo referido. Lo cuarto, y el mayor incombeniente 
de todo, es que estos enemigos de rescate conoscidamente son 
grandes herejes, i no se contentan con serlo, sino que an echo i 
azen sus diligencias possibles de intentar i entablar sus dañadas 
setas entre la gente de la tierra por la mucha comunicación i. 
familiaridad que con ella tienen; de forma que de bajo de fi- 
gura i paliación de santidad, i por regalo les dan unos libritos 
pequeños traduzidos de su lengua a la nuestra ; i en ellos dis- 
frazadamente insertan sus grabes i manifiestas herejías; i como 
en la dicha ysla hay mucha gente bárbara , como indios , mu- 
latos i negros, i muchos adbenedizos de diferentes naziones i 
partes i de tal calidad que en dos, ni en tres, ni eii cuatro años 
no confiessan ni comulgan ; i que los religiossos i sacerdotes 
que con su predicación , doctrina i buen ejemplo avian de 
procurar exortar i atajar esto con zensuras i negar las absolu- 
ziones a los que ansi trattan i rescatan con los herejes como 
dicho tengo, son los dichos religiosos i sacerdotes los que con 
mayor libertad, desemboltura i atrevimiento tratan, comuni- 
can i rescatan con ellos; i ansi paresze que con ebidencia se 
puede temer desto alguna mala sisma i que dello resulten gra- 
bes daños, lo cual no periQita su divina majestad; i de que estos 



590 HISTORIA 

tales enemigos son herejes , la prueba es bien manifiesta , pues 
el que tomo los navios de Castilla, que fue el mismo que se apo- 
deró de Santiago de Cuba , como tales herejes , el mayor daño 
que izieron fué en los templos i en la iglesia catedral, pues 
después de averies robado los cálizes i ornamentos , izieron 
pedazos los santos i la pila del bautismo , i a la Virgen le die- 
ron muchas cuchilladas por el rostro i cuerpo i le rompieron 
un brazo i izieron otras muchas ignominias como cismáticos. 

Yo imbié á dicho licenciado Suarez de Poago , haver si fuera 
alguna parte paraebilar essos ecsessos de rescates i rescatado - 
res a los lugares desta ysla ; i. para que con ejemplo i todo ri- 
gor como casso tan grave los castigase ; i en ello hizo todas las 
diligencias possibles con las demostraciones que el mismo ne- 
gocio requeria i no le aprobechó ; pues , aun estando hacién- 
dolas , por otra mano estaban los de la tierra rescatando con la 
misma frecuencia; i hoy en dia con mucha mayor, pues de 
nuebo an benido del rescate dos barcas , la una de cuatrozien- 
tas toneladas , i la otra de doszientas, i tres o cuatro pataches 
grandes i muchas lanchas; i el pago que dicho mi teniente a 
sacado i el agradecimiento de la audiencia de Santo Domingo, 
a sido admitir en ella contra él ciertas quexas de los mesmos 
que condenó i sentenció.... penas; i en virtud dellas, siendo 
conoscidamente falsas, i que cuando fueran verdaderas de muy 
poca sustancia, despachar el audiencia prouision para que lo 
embien presso allá, dando occasion de venganza, no solo a los 
mesmos condenados, pero a los propios herejes enemigos, pues 
no ay otra cosa entre ellos sino que la audiencia embia á 
prendelle para castigalle con rigor por que estorbó i castigó los 
rescates i rescatadores. Ha estado muy resuelto en dejar el offi- 
zio i embarcarse medio desesperado viendo a los muchos ries- 
gos que puso su honrra i vida en el discurso del negozio con 
tan buen zelo i pecho i con tanta rectitud i satisfacion, como otro 
cualquier ministro de justicia de V. M. lo pudiera hazer, por las 
muchas partes que para ello tiene ansi de persona i letras 
como de plática i esperiencia, según el tiempo mostrará ser 
esto ansi verdad ; i demás el audiencia manda por una pro- 
vission que se lleve la residencia i se la tome el teniente que 
por D. Juan Maldonado estaba puesto en los lugares déla 



DE LA ISLA DÉ CUBA. 39 1 

tierra adentro desta ysla, que se llama Antonio Maldonado. 
Mande V. M. que la ressidencia i ressidenziados se irabien ante 
V. M. i su Real Consejo de las Indias ; i sJendo de los prin- 
cipales ressidenziados, el dicho Antonio Maldonado, como te- 
niente gobernador, i estándole otorgada la apelación para ante 
V. M. , sin embargo desío la audiencia de Santo Domingo 
manda se lleven- allá sus culpas i ressidenzia; i ansi yo he obe- 
descido la dicha provission ; i en cuanto a su cumplimiento no 
ha lugar, por lo que referido tengo , asta que V. M. ordene y 
mande otra cossa sobre esto i sobre todo lo demás i sobre la 
prission de dicho mi teniente ; pues no paresze que es justo que 
la audiencia con tanta resolución mande prender a mi teniente 
general , pues el buen ó mal husso de sus officiales toca á 
V. M. i ha su Real Consejo de Indias para castigalle o pre- 
mialle a su tiempo conforme huviesse prozedido ; pues dando 
lugar a que la audiencia por cada quexa prozeda ansi al dicho 
mi teniente , como a los demás se le quitará el buen zelo i ani- 
mo de azer i aministrar justicia, pues a su tiempo an de tener 
ressidenzia i la han de dar por orden i mandado de V. M. ; i 
no solo se despacharon estas provissiones , sino otras muchas 
para llevar i sacar los processos de los culpados , pressos i 
sentenciados por dicho mi teniente ; pues ademas de los que 
dejó sentenciados en rebeldía á muerte i perdimientos de mitad 
de bienes, que fueron mas de ochenta , solo en el Bayamo sen- 
tenció asta veinte, los cuales dejó pressos con guardias por ser 
de los principales rescatadores, i en ellos cossa de seis ó siete 
olandesses, franzeses y flamencos de una lancha que tomó que 
andaba en el rescate , parte dellos i de otros que recogió que 
andaban por la tierra i costa ; i estos pressos no se han podido 
sacar ni por la mar desde Bayamo á esta cibdad, por que por 
tierra hay treszientas leguas de asperísimos caminos , i por la 
mucha vigilancia que los enemigos tienen por traza de las de- 
mas gentes de la tierra que andan alzadas por estos delitos, que 
son mas de doszientos los alzados en Bayamo , amenazando el 
enemigo que a de quitarnos los presos i dalles libertad i pasar 
á cuchillo a los que los truxeren; i por aver io imbiado por 
dos beces mas de cuarenta soldados para su guardia i defensa, 
que los veinte de ellos fueron el dicho mi teniente i los otros 



592 HISTORIA 

veinte los recogió el mismo, que son los que imbiaba a las mi- 
nas del cobre yá Santiago de Cuba, en cumplimiento de lo que 
V. M. me mandó por una Raal cédula con armas , i munizion i 
fragatas, pero aunque vengan armadas, no se an atrevido a salir 
por la boca del rio de Cauto, que es el puerto del Bayamo por 
la mucha fuerza del enemigo; por que no se aparta un punto de 
los parajes por donde an de salir i pasar los. dichos pressos 
con la gente que los tiene á su cargo; i desta forma an estado 
mas de seis messes aguardando occasion para salir sin averia 
tenido como dicho tengo, sino es con conoscido riesgo ; i sobre 
esto la audiencia de Santo Domingo manda por sus provissiones 
que no traiga ni aga traer aquí á la Habana estos pressos, sino 
que los deje en la cárcel de Bayamo entregados a la justicia de 
la tierra ; lo que tázitamente es mandar que los suelte á todos i 
sus caussas cessen i se queden en este estado., respecto de que 
los dichos pressos con la mucha mano que tienen en la dicha 
villa de Bayamo i ser los mas ricos azendados i emparentados 
en ella , i estar i resultar culpado todo el pueblo e su gente en 
los dichos delitos, no han de guardar ni guardarán carzelería, 
ni la justicia ordinaria que alli hu viere ara instancia en esto, 
porque ellos mesmos son los que fomentan i faboreszen estas 
causas i delitos; que por ser ansi mesmo de los principales 
culpados en ellos , otra provission manda la audienzia para que 
cualquiera justicia ordinaria de los lugares de laysla pueda oir 
de justicia a los aussentes i rebeldes contra quien el dicho mi 
teniente prozedió y sentenció sus caussas i sentenció á muerte 
i otras penas, como tengo dicho; no atendiendo a que las 
caussas las tiene el prevenidas i que es superior á todas las de- 
mas justicias de la tierra , i que tiene qn su poder los pfozessos 
i caussas originales, que sobre todo esto es lo que mas á éii a 
todos nos a admirado; i desta suerte viéndose -faborescidos de 
la audiencia con estas provissiones i con las demás que he re- 
ferido bolberán como buelben á reincidir en estos grabes deli- 
tos de rescate con los herejes; |)ues con ebidencia se ve que ac- 
tualmente los están haciendo en la mesma forma hoy en dia con 
la abundancia de navios que ay en la costa y en Guanaibes, 
por passar de mas de catorze navios los que ay en ella ; i sin 
atender la audiencia que estos que están pressos son los mas 



DE LA ISLA DE CUBA. 593 

ricos azendados i bastantes á cargar cinco o seis navios i á res- 
catar las mercaderías dellos. Sin embargo de, todo esto avré de 
cumplir eslas provissiones ; pero advierto á V. M. por si dello 
resultan mayores daños, se heche la culpa á quien la tuviere ; i 
aunque pudiera contradecir el cumplimiento destas provissio- 
nes por las caussas que tengo referidas , i en particular porque 
esto de rescates es derechamente negozio de guerra i la apela- 
ción dello perteneze á V. M. i a su Real Consejo de las Indias, 
no he querido azerlo asta dar dello i de todo lo demás entera 
cuenta á V. M. para que probea en ello lo que mas combenga, 
advirtiendo á V. M. que si estos negozios corrieran determina- 
damente por tocantes á guerra con inibicion de la audiencia 
de Santo Domingo fuera possible tubiere mucho mas efíicaz el 
remedio dello ; sobre todo suplico á V. M. mande á su real 
audiencia no tenga que ver en prozeder contra mi teniente 
general cerca de su persona i bienes, pues esto toca á V. M. i 
á su Real Consejo de las Indias, i ademas de ser mi assesor i 
auditor en los consejos de guerra, como dicho tengo, a de te- 
ner tiempo para que se acrisole la verdad de lo que del y a mí 
se nos imputa. 

El obispo desta ysla D. Fray Juan de las Cabezas, como tan 
desseoso del servizio de V. M. i del cargo i officio que adminis- 
tra, avrá pocos dias partió desta cibdad de la Habana á los lu- 
gares de la ysla con mucha determinazion de azer i administrar 
justizia contra los de su jurisdizion culpados en estos delitos de 
rescate; i para podello mejor azer cumpliendo con lo que V.M. 
por una cédula suya manda, su fecha en S. Juan de Ortega á 
16 de junio de 603, se le advirtió i dio noticia de todo lo que 
a su cargo estaba de remediar, i un tanto de las culpas de los 
religiosos i sacerdotes, que son muchas i probadas i muy beri- 
ficadas de lo que resultare ; i de su vissita avissaré á Y. M. 

El avisso que lleva estos despachos vino de Nueva España , y 
por sus pliegos sabrá Y. M. en particular el desgraciado subzes- 
so de los navios que se perdieron de la flota en la ysla de Gua- 
dalupe. No le referiré aquí; solo diré queeste azar ayudado de 
otro caussado por Sancho Ochoa, gobernador de Puerto Rico, 
fué parte para que los enemigos tomassen los dos navios de 
Castilla que con rexistro venían á este puerto ; de suerte que 



594 HISTORIA 

aviándose apartado estos dos navios de Castilla de la dicha 
flota de Nueva España en Guadalupe por el temporal que allí 
les cogió, fueron á tomar á Puerto Rico para aguardar allí los 
navios de las islas Canarias en conserba, aziéndose guardar 
unos á otros asta llegar aquí; i por querer el dicho gobernador 
Sancho Ochoa tomar por fuerza de uno de los dichos navios 
algunas mercaderías de las que traian de rexístro , se determi- 
nó el maestre á alargar las amarras por la mano i salirse del 
puerto huyendo por escusar bejazion ; i visto por el goberna- 
dor, izo disparar tres piezas de artillería de la fortaleza , con 
lo que le dieron dos balazos, i el uno dellos a la lumbre del 
agua , por cuyo respecto estubo á pique de anegarse ; i otro dia 
de como esto subcedió llegaron los navios de yslas con cuya 
compañía hubieran benido aquí con seguridad con la que ellos 
binieron; mas como benian solos i eran navios de poca fuerza 
fueron tomados de los enemigos como está dicho. 

Considerando la pérdida de navios de la flota de Nueva Es- 
paña i los pocos que llegaron della i tan faltos de fuerza i 
defensa , que los enemigos del rescate que se determinaron de 
ir á Honduras á tomar los navios i pressas que tomaron eran 
cinco solos , i los navios de enemigos que están al rescate en 
esta costa pasan de catorze, i que todos son de fuerza i que se 
les podrán juntar otros para la occassion , i aun ellc« solos bas- 
tarán savida por ellos , como sin duda sabrán, la pérdida de 
hoy de la flota y los pocos navios i fuerza que han de bolber á 
España, i aquí primero se puede conoscidamente temer un 
muy mal subzesso, i que estos enemigos se aumenten i agan ar- 
madilla todos juntos , i bayan á esperar i aguardar la flota a el 
Cabo de San Antonio i la topen i embistan , i agan pressa en 
ella , si Y. M. no manda prevenir esto con tiempo. Ansi me 
atrebo á dar por parescer que si este aviso llegare á tiempo de 
que V. M. mandasse aprestar dos galeones de los mejores bien 
tripulados i armados , que se biniessen en paraje del Cabo de 
San Antonio atraer con seguridad á este puerto la flota i que 
en él aguardasen á la armada de los Galeones para ir todos con 
mas seguridad á España. Paresce que esto seria muy azertado; 
i lo contrario no lo aseguro i corre mucho riesgo, no solo en 
estas partes, pero en la costa de España, paresciéndome adver- 



DE LA ISLA DE CUBA. 395 

tirselo á V. M. por las obligaziones que rae corren de acudir á 
su Real servicio. 

La persona que tiene el arrendamieiito de los negros en Car- 
tajena ha imbiado aquí ara mes i medio ciento cuarenta i cuatro 
piezas de esclabos de las que está obligado á imbiar para las 
obras , las dos terzeras parles barones y la otra hembras. An 
llegado á muy buen tiempo , pues que con solo los veinte rail 
ducados que Y. M. mandó situar cada año para estas fábricas 

se hazian pocas obras, i con ellos a bista de que dentro de 

ocho messes imbiará otra partida o dos á cumplimiento de los 
que faltan, que si viniessen pronto importarla mucho. A los offi- 
ziales reales i a mí nos a parescido que será cossa Inútil rete- 
ner tantos negros por el gasto que aran sin ser de servizio para 
cossa ninguna; i ansi estamos determinados de que se vendan 
lí|ista veinte de ellos; i en su lugar se compren otros veinte es- 
clabos con el dinero que por ellos se diere : lo cual avernos 
escripto ya á Cartajena por los que hay alli buenos i en pre- 
cios cómodos , i las demás hembras quedaran para el servizio 
dellos, i ansi suplico á V. M. lo tenga por bien. 

Los negros viejos que aquí ay passan de sesenta , están ya 
tan inútiles i acabados que no son de probecho para cossa nin- 
guna, salidos de diez o doce, sino para malear los que an be- 
nido y binieren; i ansi los ize apartar por que no se comuni- 
quen, i boy dando orden, con parescer de los dichos officiales 
reales, de comprar un sitio que nos dan muy barato y es apro- 
pósito donde azer una estancia i cultiven mais i plátanos, casave 
i otras legumbres con que se puedan sustentar los unos i los 
otros, en que se ahorrará mucho dinero. 

Avrá unos dos raeses se izo una fundición de tres raedias 
culebrinas i dos pedreros del mesmo raodelo que las passadas i 
otra pieza á modo de terzio de cañón , que será de pesso de 
veinte i siete quintales que ize azer para muestra , i salió muy 
graciosa; ella i toda las demás an salido muy ajustadas; las 
cuales con ser del mismo calibre que las demás sin crezer ni 
menguar un punto en el tamaño, se aíirma el fundidor que las 
mas culebrinas que antes pesaban á cuarenta i dos quintales 
pessarán las desta fundizion agora á cincuenta , i I05 pedreros 
que pessaban á veinte i seis, pessarán mas de treinta; i esto 



596 HISTORIA 

viene de que el metal con que se izo esta fundición era de la pas- 
sada que se perdió por estar ya fundido segunda vez. Por aquí 
echará V. M. de ber Jo mucho que importa que todo el metal 
que se sacare en la mina se funda dos veces, como lo tengo refe- 
rido en otras ocassiones, para que la artillería se aga mas segura 
i perfeta ; aorrará á V. M. muchos ducados en excusar los gas- 
tos en los acarreos i fletes con la escoria quebiene mezclada con 
el dicho metal , ahinde que las fundiciones se aran con mayor 
seguridad, i para que á Y.M. le conste lo mucho que combiene 
mandar se haga lo que digo, imbio con esta dos pedazos de me- 
tal , el uno como viene de dicha mina, i otro como queda de la 
última fundición para que conforme dello mande probar lo mas 
que combenga á su real servizio , que con las muchas mermas 
del metal que se a fundido, a benido a faltar zerca de la terzera 
parte ; por cuyo respecto, agora que pensamos avia de aver can- 
tidad de metal para otra fundizion, a sobrado muy poco ; i con 
bolber á desazer otra pieza de las que se ha fundido, no avrá 
metal mas de para otras tres o cuatro piezas que serán una me- 
diana culebrina y las demás pequeñas; i desto se ocuparán 
agora en acabando de barrenar y períicionar la fundizion di- 
cha ; i por que después de acabada no estén el maestre y officia- 
les della ganando sueldo y olgando, e escripto al Capitán Fran- 
cisco Sánchez de Moya que con brevedad imbie siquiera otros 
nuevecientos quintales de metal con que se puedan azer otras 
dos fundiziones ; i si fuere menester imbiar de acá embarcacio- 
nes i los soldados para que las traigan con seguridad se los 
imbiaré en dándome avisso dello. No sé lo que aran. También 
ba con esto el dibujo de los géneros de las piezas que se han 
fundido después que he benido , y otro de las culebrinas gran- 
des que se avian fundido antes. 

Los veinte soldados que V. M. manda assistan en las minas, 
siendo Y. M. servido, se podrán pagar del situado que está 
consignado para la dicha fundizion , pues le sobra cantidad de 
dinero cada año , i no del que viene para la infantería deste 
pressidio, pues es tan limitado por lo mucho á que aquí ay que 
acudir. 

Con aver escr4pto al virrey de nueva España e imbiado per- 
sona a el efeto para que los oficiales Reales de Méjico imbien 



DE LA ISLA DE CUBA, 597 

los situados para los soldados i fábricas de este pressidio en 
reales i no en plata, por ser impossible azer con ella los paga- 
mentos á cada uno de los que ubiere de haver en mano propia, 
asta agora no lo an querido azer, por cuyo respecto a sido 
fuerza cambiar aquí la dicha plata que vino para los pagamen- 
tos passados por reales , tomados de los maestros de plata a su 
cargo i parte de particulares, en que se reciben daños y beja- 
cion. Suplico a Y. M. para que esto se excuse en adelante, im- 
bie su real cédula al dicho virrey en que expresamente lo aga 
cumplir a los oficiales reales. 

También es menester se ordene al dicho virrey i á los gene- 
rales de las flotas de Nueva España que por ningún caso despa- 
chen navio de avissos para esos Reynos sin orden espressa de 
que toquen aquí, como por otra cédula les está ya mandado; por 
que de azer lo contrario, como lo han echo con tres avissos que 
entre otros an despachado después que estoy aquí, es mui con- 
tra del servizio de Y. M. ; i estos benian con la misma orden; 
i si los Nortes no fueran , passaran sin tocar aquí i se huvieran 
quedado los despachos que avía del Nuevo Reino de Granada, 
de las provinzias de Cartagena , Honduras , Goatemala , Cam- 
peche, Yirrey de Nueva España i déla Santa Inquisición de Mé- 
jico, que sin duda son de mucha imporiancia , ahinde las mu- 
chas cossas que de ordinario ay aquí de que dar parte. 

Aquí se ha introduzido una mala i reprobada costumbre; i es 
que no salban los generales i almirantes i flotas al Castillo del 
Morro , á la entrada i salida deste puerto , como lo han hecho 
algunos diferentes bezes. Lo he dissimulado por no atrave- 
sarme con ellos. Doy cuenta dello a Y. M. para que -se sirba 
remediarlo para adelante i esto con alguna pena, por que no es 
justo se tenga tan poco respecto á la fuerza de Y. M. 

Ninguna cossa de las del servizio de Y. M. tengo hoy tan 
delante de los ojos como es lo mucho que importa que con bre- 
vedad se prebea el remedio de que haya piratas i rescates para 
que se reparen los muchos incombenientes i grabes daños que 
desto resultan; i ninguno alio tan suficiente como el que antes 
de agora tengo referido a Y. M. , que haya una armadilla de 
galeonzetes de decientas cincuenta á trescientas toneladas i 
dos pataches de á ciento; i seiscientos soldados en este pressi- 



598 HISTORIA 

dio inclussos los artilleros i gente de mar que fueren de menes- 
ter para ello ; que con esto será suficiente número para poder 
sacar de aquí siempre que la dicha armadilla huviere de salir 
á la mar la gente necesaria, la cual no se ha de ocupar sino en 
limpiar los puertos i costas de la banda del Norte de la Ysla Es- 
pañola, del puerlo de Plata asta la banda del oeste de la dicha 
Ysla i desde la punta del Maisi que es el principio de la ysla, 
asta el Cabo de San Antonio, con que limpiaran la ladronera 
del puerto Guanaibes i la de Manzanillo que está junto el Ba- 
yamo y donde se va formando otra Rochela i; la cual dicha 
armada, dando cada año dos o tres bezes buelta á los dichos 
puertos , desarraigará i cansará a los dichos cossarios i de ca- 
mino podrán traer con seguridad el cobre de Santiago de Cuba, 
por que como no bienen en tropa, sino de uno en uno, ó de dos 
en dos , asta llegar á los dichos puertos , será muy tacil supe- 
ditarlos ; i con esto no teniendo los de la tierra adentro con 
quien rescatar, i estando la costa segura para navegar sus acien- 
das y traerlas a este puerto para disponer de ellas , bolberán a 
el usso i trato que solian, i se remediarán tan grandes daños, 
como atrás tengo referido a V. M. ; gozará con seguridad sus 
reales derechos i aviándose de poner en ejecución con el buen 
aparejo que en estas yslas hay de maderas i metal , se podrán 
azer los dichos navios i fundir la artillería necessaria para ellos 
con mucha brevedad ; i sin comparación se hará esto muy a 
menos costa que por ningún otro medio. 

Cuando aquí llegué, alié cuasi lleno el número de las cuatro- 
cientas cincuenta plazas de soldados que Y. M. manda aya en 
este pressidio; i con aver despedido ¡ reformado todos los inúti- 
les para el servizio, con los docientos soldados que truxe efecti- 
vos quedan asta cuatrocientos sesenta i treinta artilleros, de los 
que se han sacado para imbiar á las minas del cobre los 
veinte que V. M. a ordenado. No los e acabado de reduzir al 
número de cuatrocientos cincuenta que Y. M. manda por su 
Real cédula aya en este pressidio inclusos los artilleros. Res- 
pecto que Y. M. no me a mandado lo que iziesse de la gente que 
sobra del dicho número con los dichos docientos soldados que 

* La plaza de guerra mas fuerte que babia entonces en Francia. 



DE LA ISLA DE CUBA. 399 

truxe ; i para la primera paga que biene , los reduciré á las 
dichas cuatrocientas cincuenta plazas, no mandándome V. M. 
abissar de otra cossa en contrario, pues sobra tiempo para ello. 
Por otra cédula que se me dio cuando bine, se me mandaba 
reduzir todas estas plazas a el número de trescientos. Esto sup- 
plico a V. M. mande ver con mucha considerazion ; que no 
combiene por ningún casso que, siendo esta plaza de tanta im- 
portanzia, esté abenturada con tan poca jente, no estando estas 
fuerzas acabadas i puestas en defensa ; i que , aviendo de aver 
en el Morro docientas plazas como V. M. manda , no se excusa 
de que aya para la defensa de la fuerza vieja i de la Punta i 
para acudir á la resistencia de los enemigos en los desembar- 
caderos i passos que ay que guardar las otras docientas cin- 
cuenta plazas, mayormente estando inclussos en este número 
el de los artilleros que asta aquí a ávido ; i según el estado 
de las cossas de por acá, me paresce que es mas necessario con- 
serbar los soldados que huviere, que despedirlos. Con todo 
guardaré la orden que se me imbiare , lo cual buelbo á suppli- 
car no sean menos de las cuatrocientas cincuenta plazas que 
asta aquí a ávido, pues de aquí asta que las fábricas no se aca- 
ben no ay caussa por donde se puedan excusar, antes com- 
biene i es mui necessario acrezer artilleros , pues creze cada 
dia el número de artillería : que en la fuerza del Morro ay 
cuarenta i dos piezas con trece que están encabalgadas i pues- 
tas en orden para la nueba plataforma , i seis que están aca- 
bando en la nueva fundizion, i en la Punta diez i seis, todas de 
cuchara , i en la fuerza vieja i plataforma de ella diez i siete 
con cuatro galeones grandes, i en la cálela dos, i en el nuebo 
reducto de la nueba atalaya tres, que por todas son ochenta, i 
ahinde de esto son necessarias para el Morro otras diez i 
ocho, i en las dos torrecillas de Cojimar i la Chorrera, en ' 
acabándose de azer otras cuatro; i para esto no aymas de treinta 
artilleros i dos condestables , aunque el uno no tiene bentaja i 
es menester que se le señale i crear otro con ella , para que 
en cada fuerza aya el suyo. Conforme á esto mandará Y. M. 
-probeer lo que fuere servido. 

Estando acabando de escribir esta me llegó un despacho de 
avisso de Honduras con navio propio en que en sustancia dize 



400 HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA. 

el teniente de gobernador i cabo de las dos naos que fueron 
allí este año con rexistro, como han tenido avisso de la toma que 
avian echo seis velas de los enemigos en la canal vieja de los 
navios atrás referidos que venian para esta^ibdad con rexistro; 
que otros tres avian seguido en el cabo de San Antón á otra 
fragata que iba para aquel puerto, que dio esta nueva y tam- 
bién la tenian de los muchos cossarios i piratas que están res- 
catando en esta ysla ; por cuyo respecto se avian amilanado 
tanto los ánimos de los mercaderes, que ni se alrebian á dar 
carga de añil, cuero i zarzaparrilla, que es lo que de allí se tra- 
be; ni se atrebian á bajar la plata de Y. M. i particulares para 
'embarcarla en las dichas naos asta tener abisso mió de lo que 
azerca desto ay ; i lo que tocante á ello puedo dezir es avissar- 
les los m.uchos navios de fuerza que ay en Guanaibes, costado 
Santo Domingo i en la banda del sur desta ysla ; que se espera 
bendrán mas cada dia, i que conforme á la disposición que tie- 
nen de mayor número de naos i fuerza que tubieron el año pas- 
sado cuando fueron á tomar aquel puerto^ i las dos naos que 
estaban en él, podrían intentar agora la misma empressa; i 
que siendo esto ansi, les combiene vivir con la mayor vigilan- 
cia i cuidado que sea posible para obviar i escusar otro año 
semejante del passado. 

Dios nuestro señor guarde la sacra y calhólica persona de 
V. R. M. todo el tiempo que la christiandad ha de menester. 
En la Habana á tres de enero de 1604. = D. Pedro de Valdés. 



í 



V. 



En el tomo XXVII de la colección de manuscritos del Depó- 
sito Hidrográfico de Madrid, documento número 40, encontra- 
mos el siguiente extracto de un informe que dio Bautista Anto- 
nelli en 1.° de noviembre de 1591 al Presidente del Consejo 
de Indias sobre las fortificaciones de la Habana : 

« Con la flota que llevó á su cargo Diego de la Rivera, escreví 
» á V.S. Illma. como se avia acabado la trinchera de la Punta, 
)) y agora se está reparando el fuerte de la misma : ansi mesmo 
)) mandé un diseño del Morro i Punta , i la manera de que se 
» podia poner la cadena á este puerto. » 

(( Todas las fortificaciones que se izieren en la Punta son de 
» muy poco efetto estando el Morro abierto ; mas si está fortifi- 
)) cado con pressidio i artillería , podrá S. M. evitar muchos 
» gastos que se ofreszen en los socorros que se invian de Es- 
» paña , como los que vienen de Nueva España , los que se tra- 
» hen con ecsessivos dispendios. También se evitaría la inquie- 
)) tud que sufren los vezinos de la ysla, porque en las ocassiones 
)) en que se tiene notizia de cossarios , les azen venir á la de- 
)) fensa del puerto causándoles sin duda grandes disgustos por 
» no tenerle S. M. fortificado , que si lo estuviesse , podríase 
)) assegurar la defensa de la Plaza con los trezientos soldados 
» que ay en el presidio ; i con los vezinos bastarían á defen- 
» derse de cualquier cossario, siempre que S. M. proveyera á 
» ambos fuertes de suficiente i mejor artillería , que la que en 
)) la actualidad tienen. » 

«Cuánto conviene que este puerto esté fortificado, V. S. 
» Illma. lo sabe muy bien , porque el Morro es el fuerte mejor 

HIST. DE CUBA.— TOMO I. — 26 



402 HISTORIA 

» que yo he visto y el que mas efettos aze en guardar el puerto, 
» lo cual no puede azer el fuerte de la Punta. Muchas vezes e 
)) reconocido muy particularmente las partes por donde puede 
» ser acometida esta plaza , i es la del Morro , porque este es el 
)) sitio que mas defensa i ofensa permite, i cabalmente es el 
)) que mas descuidado se halla. » 

«Juan de Tejeda , maese de campo, dize que el que fuere 
» señor del Morro, lo seria induvitablemente de la Punta, por- 
)) que aquel es mas fuerte , está en un sitio mas elevado i domi- 
)) na completamente á la Punta, de modo que los soldados que 
» estúviessen en esta serian descubiertos asta los pies por los 
)) que ocupassen el Morro, batiéndoles por las espaldas , y sién- 
)) doles muy fácil apoderarse de su artillería. Dista el Morro de 
)) la Punta como ochozientos passos, i la artillería que estu- 
)) viesse en él . bate toda la playa de la Punta cassi media 
» legua ; i cuando estuviesse este sitio fortificado , i el enemigo 
» quissiese echar gente en tierra para arrimarse á la trinchera 
» ó fuerte de la Punta, con la artillería del Morro se le podría 
» azer gran daño; al contrario, si el enemigo ocupasse el 
)) Morro , y echasse gente en tierra en la playa de la Chorrera, 
» i nossotros quisiesseraos salir á ellos por Ja playa , entonces 
)) la artillería del Morro nos batiría por las espaldas , y ansi 
» mesmo desde el Morro puede batir las cassas de la villa, y el 
» camino que viene de la villa á la Punta , el que no podría 
» andarse de dia sino de noche. » 

« Dize que es un absurdo suponer que el enemigo pudiesse 
» acometer el puerto con nortes , lo que es una temeridad , pues 
» cuando ocurren essos casos , se pone de una manera horrible 
» i no se ve. Y últimamente concluye diziendo, que es tan ne- 
)) cessaria la buena y sóüda fortificación del Morro , que sin ella 
» crehe que el puerto sea algún dia pressa de los enemigos, 
)) porque además de ser plaza débil, tiene muy pocos defensores 
)) y escassos medios para uncasso apurado, e concluyo rogando 
» á S. M. y al Presidente de Indias que provean tal necesidad 
» pues redundará en beneficio propio. » 

« Después passa á azer la descripción de él ; como se ha de 
» poner la cadena á la entrada del puerto, y con este motivo 
» dize : «Que ha de colocarse á la entrada del puerto i estar en 



DE LA ISLA DE CUBA. 403 

» lo mas angosto , que tiene de anchura sobre cuatrocientos y 
)) cincuenta pasos , la cadena ha de estar armada sobre tres na- 
)) víos, los que han de tener alguna pólvora, brea, alquitrán y 
» leña ; en las dos gabias se han de azer como unas cajas y 
)) cuchillas de materiales de fuego artificial , y lo mismo en los 
)) penóles de las entenas, etc. , etc. , de modo que cuando el ene- 
)) migo acometiesse á la cadena con sus navios á la vela, se han 
)) de pegar fuego á las naves que tienen la cadena , para que 
» comunicándose á las enemigas se quemassen al mismo 
)) tiempo que se pusiesse fuego á las gabias y penóles de las 
» entenas , para que con esto se quemen las velas y jarcias de 
» los enemigos , etc. = Habana 1.° de noviembre de 1591. = 
)) Bautista Antonelli. » 

El original se halla en el archivo general de Indias de Sevilla 
entre los papeles traídos del de Simancas, legajo d.° de los de 
buen gobierno de Indias. = Navarrete. 



VI. 



RESEÑA HISTÓRICA DE LA CASA DE CONTRATACIÓN Y DE LAS 
FLOTAS Y GALEONES. 



Además de haber sido el movimiento de nuestro antiguo co- 
mercio trasatlántico el origen de la colonización y auge de la 
Isla cuya historia publicamos , su pasado se enlaza tan estre- 
chamente con el de las antiguas flotas de América , que no se 
completarla su crónica si no diésemos noticias de aquellas ex- 
pediciones , tan interesantes para los españoles durante dos si- 
glos y medio como borradas en el actual de su memoria. Apor- 
tando siempre en la capital de Cuba á la ida y á la vuelta de 
sus viajes entre Sanlúcar y Cádiz, Veracruz , Cartagena de In- 
dias, Chagres y Santo Domingo, paulatinamente la vivificaron 
con sus arribadas, y á veces largas permanencias; e introdu- 
jeron por allí el fomento en los demás pueblos de Cuba. 

Aunque se califique al actual de siglo de las luces por sus 
adelantos en las ciencias y las artes, y la suma de civilización y 
de cultura de las naciones europeas, por desgracia no se ha de- 
sarrollado bastante en nuestra España la afición al saber histó- 
rico, para que consagre nadie su existencia á trabajar la cró- 
nica de nuestro antiguo comercio ultramarino, y del movimiento 
de las flotas que difundieron por el mundo una gran parte 
de la riquezas que por él circulan. Sin hablar de mayores va- 
lores en valiosas mercancías, que se* aportaron de América á 
Europa , mas de las dos terceras partes de los cinco mil tres- 
cientos cincuenta millones trescientos cuarenta mil pesos fuer- 



HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA. 405 

tes * en que están calculados los metales preciosos extraídos de 
los dominios españoles desde 1492 hasta 1807 se trasladaron á 
los extranjeros. Si no se supiera que con las torpezas de la di- 
nastía austríaca faltaron las bases para conservarlas y repro- 
ducirlas en su suelo por la industria , asombraría que España 
sea ahora pobre , cuando son ricas algunas naciones de su con- 
tinente que jamás tuvieron de donde recibir tales tesoros. 

La falta de esa historia de nuestro antiguo comercio ultrama- 
rino, además de ser el vacío mas deplorable acaso de la nacio- 
nal, es un deber impuesto á nuestros escritores por la necesidad 
de justificar un dominio de tres siglos sobre países dos veces 
mayores que la Europa entera y agregados por España al mun- 
do culto. 

Desacertado estuvo , sí, ese dominio en muchos ramos admi- 
nistrativos, porque el exclusivismo comercial adoptado por las 
demás naciones* cuando lo estableció España , vino á destruir 
después aquellos grandiosos elementos. Pero en general fué 
eminentemente colonizador y humano ; asimiló del todo á su 
metrópoli los territorios adquiridos ; para que prosperaran , se 
despojó de sus propios móviles de prosperidad llegando á fecun- 
darlas las dos terceras partes de su población, y solo dejó de 
darles lo que no tenia. Guando se emancipó su imperio colonial, 
la capital de Méjico era muy superior á la de España en edifi- 
cios , grandeza y vecindario ; y las ciudades mas importantes 
de aquélla actual república y del Perú superaban igualmente 
á las de la península metropolitana , exceptuando á dos ó tres. 

La necesidad de aquel libro y de las crónicas separadas de 
nuestras antiguas posesiones de América , inspiró desde fines 
del siglo XVI la creación del cargo de cosmógrafo mayor é his- 
toriógrafo de Indias, que desempeñaron en distintas épocas, 
aunque incompletamente , Berrera , Solís y otros historiadores, 

• Esta es la suma calculada por don traídas de todas las antiguas posesiones 

Mariano Torrente en la pág, 17 del españolas , el curioso libro titulado la 

primer tomo de su Historia de la Rei^olu- Monnoie , que publicó en 1851 otro eco- 

cion HispanO'Americana. Habiéndonos nomista célebre, M. Micli. Che^allier; y 

parecido exagerada , consultamos , con de los cómputos formados por los dos 

respecto á Méjico , el Ensayo Político resulta que Torrente quedó corto en el 

de Humboldt, y sobre las riquezas ex- suyo. 



406 HISTORIA 

hasta que durante el reinado de Carlos III se refundió en las 

atribuciones de la Real Academia de la Historia. 

La crónica del comercio ultramarino , con flotas y^ galeones, 
cuando se escriba, será la principal y mas curiosa parte de la 
historia general de América , por el mayor interés de sus de- 
talles , la animación de su movimiento , y la variedad de sus 
vicisitudes y accidentes. 

Ni separadamente ha emprendido aun ningún escritor una 
tarea que á su curiosidad aritmética añadiría fáciles galas de 
narraciones de descubrimientos^ naufragios y combates que 
despiertan tanto el interés dramático. Y, sin embargo, no es su 
formación de las que presentan mas graves obstáculos ; por- 
que todos los materiales para ese edificio se hallan preparados 
en el archivo de Indias de Sevilla , en el bien ordenado Depó- 
sito Hidrográfico de Madrid y en otros centros de documenta- 
ción ya conocidos. Esto en cuanto á los sucesos. 

Para la parte legislativa de ese gran trabajo podrían consul- 
tarse la siguientes obras : 

La Colección de Cédulas y providencias relativas á Indias , que 
publicó en la imprenta Real de Madrid en 1596 Diego de la 
Encina, oficial mayor de la Casa de Contratación de Sevilla. 
La Colección de leyes de Indias, que publicada por primera 
vez en 1680, ha vuelto á imprimirse en nuestros dias, aumenta- 
da con todas las providencias y leyes posteriores. 

El Norte de la Contratación , por D. José de Yeytia y Linaje, 
impreso en 1672. 

Teórica y Práctica del Comercio y Marina , por D. Gerónimo de 
üstariz, impreso en Madrid en 17o7. 

La colección de cédulas y providencias , la mayor parte ma- 
nuscritas y otras impresas, formada en el último tercio del si- 
glo xviir por el Consejero de Indias D. Manuel José de Ayala. 
Guiándose por todas estas obras, su compañero D.Rafael 
Antunez y Acebedo escribió por el mismo tiempo y publicó 
en Madrid en 1797, en la imprenta de Sancha, unas Memorias 
Históricas sobre la Legislación y Gobierno del Comercio de los Espa- 
ñoles con sus colonias en las Indias Occidentales. Pero ese autor 
mismo lo dijo desde los primeros renglones de su advertencia 
preliminar; no se propuso escribir esa historia, sino tínicamente 



DE LA ISLA DE CUBA. 407 

presentar una parte de los datos que necesitaba para formarse. 
Las cinco partes de que se compuso su modesto tomo en 8.° 
de trescientas treinta páginas , no contienen mas que referen- 
cias de las diversas disposiciones que rigieron para el comercio 
ultramarino; incluyendo en su apéndice de unas cien páginas, 
el texto de algunas antiguas Reales Cédulas, algunas solicitu- 
des sobre vanas reformas en la navegación ultramarina , una 
incompletísima memoria, ó mas bien una lista de las flotas que 
salieron de España para \eracruz desde 1580 hasta 1737, y 
otra de las despachadas á Tierra-Firme durante el mismo in- 
tervalo. 

Si no hubiéramos reunido muchas referencias de los infini- 
tos documentos y libros consultados para nuestra historia , las 
noticias de Antunez no nos habrian bastado ni para el reducido 
bosquejo que luego presentamos del movimiento de las anti- 
guas flotas y galeones , accesorio indispensable de la crónica 
nueva que hemos creado. 



La posición geográfica de España , península avanzada que 
encabeza á Europa entre el Océano y el Mediterráneo , la fer- 
tilidad de su suelo y sus necesidades comerciales , pronto la 
dotaron de marina armada y comercial antes que á los demás 
pueblos europeos de la moderna era. Recórrase la historia, y 
se verá que, luego de disueltos los antiguos imperios , si se ex- 
ceptúan las repúblicas de Genova y Yenecia que solo eran pode- 
rosas por el mar, no esperó España á que todo su territorio se 
constituyese en una solo manarquía para dominar las fuerzas 
navales de aquellas dos repúblicas. Léanse en los fastos de la 
Corona de Aragón, confirmados por centenares de códices y au- 
tores, las victorias de su almirante Bernardo de Cabrera y de 
Roger de Flor sobre genoveses y franceses. Por otra parte las 
crónicas de Castilla nos demuestran la preponderancia repen- 
tina que desde el siglo xiv se supo ganar en el Mediterráneo la 
marina castellana á impulsos de la férrea voluntad del rey don 
Pedro que apellidaron el Cruel sus asesinos, y que para la 
historia solo deberla ser el Justiciero. 



408 HISTORIA 

Y era natural que á la par las coronas de Aragón y Castilla' 
se esforzasen en crear marina armada. Por una parte tenian 
las dos rivales que equilibrar su poderío interno y externo, y que 
pugnar por otra, unidas ó separadas, para destruir las reliquias 
del dominio musulmán, para preservar sus costas de nuevas in- 
vasiones africanas , y para defender su comercio marítimo , ya 
contra corsarios , ya contra armamentos de varias naciones. 

De tanta cuenta llegó á ser ese comercio en la península en 
el siglo XV, que surtia de telas de lana y seda , de aceites y 
vinos , de aceros templados en Toledo y á veces de cereales á 
gran parte del continente europeo. Los paños de Segovia y de 
varias fábricas de Cataluña eran los mas estimados. En Medina 
del Campo, en esas ruinas que sin merecerlo ya, conservan aun 
su antiguo nombre, el de la gran ciudad que habitaron nues- 
tros reyes, entre sus doscientos mil moradores se animaba un 
giro de mas de ciento cincuenta millones de escudos anuales. 
Así lo confirman infinidad de testimonios y de autores , entre 
otros Luis Valle de la Cerda. Los productos de las fábri- 
cas de Valladolid eran inmensos : hasta las actas de sus cor- 
tes en 1545 nos lo dicen. La industria fabril de la floreciente 
Barcelona era superior á la de hoy; y hasta la afortunada 
Sevilla , aunque mas favorecida que ninguna otra ciudad por 
privilegios posteriores y sus felices circunstancias, en medio de 
su actual prosperidad envidiarla la que disfrutaba en aquel 
tiempo. Pasaban de cuarenta mil los artesanos que se movian 
en sus talleres de tejidos y artefactos. 

Tan risueño aspecto presentaba España en aquel tiempo y al 
asomar una era que prometió multiplicar su prosperidad y su 
grandeza, con los tres sucesos mas marcados y brillantes de su 
historia. 

Las dos coronas peninsulares y tantas veces enemigas, que 
absorbieron todos los demás cetros y señoríos de su territorio 
en dos grandes porciones , empezaron á formar un compacto, 
solo y poderoso estado desde que muerto el 12 de diciembre, 
de 1479 Enrique IV de Castilla, recayó su corona en su escla- 
recida hermana doña Isabel * ya esposa entonces de un monarca 
de singulares condiciones de gobierno, del rey D. Fernando de 
Aragón. 



DE LA ISLA DE CUBA. ' 409 

La inmediata consecuencia de un acontecimiento tan feliz fué 
la destrucción del reino de los moros de Granada , del último 
baluarte déla dominación árabe en España, cuya autonomía 
nacional deriva de una conquista interior, que la desagravió 
de siete siglos de ignominia. 

No se habia aun conseguido tan fecundo triunfo , cuando el 
genio de un extranjero, que sus contemporáneos calificaron 
hasta de demente , y solo comprendió el de aquella gran prin- 
cesa, descubrió en 1492 á la civilización del mundo y al po- 
der español un horizonte inmenso. Cristóbal Colon levantó el 
velo que ocultaba á todo un hemisferio. Habia que colonizarlo , 
que arrancarlo de las tinieblas de su idolatría , que derramar 
sobre él , al mismo tiempo que la fé católica , los productos de 
la industria nacional, aunque tuviesen en Europa salidas infa- 
libles ; y, en íin , cambiarlos por los metales preciosos que en 
sus entrañas encerraban las nuevas regiones que se descu- 
brían. 

Pero ni tantos estímulos reunidos con la adquisición de 
América lograron que la marina nacional , sobrada antes para 
su pasada aplicación , correspondiese después ni en las mejores ' 
épocas , ni con ínclitos capitanes por caudillos en muchos pe- 
ríodos , á la grandeza de los deberes que sucesivamente le im- 
pusieron la conquista de un Nuevo-Mundo y la necesidad de 
preservarle de la natural ambición de las demás naciones. 

Los límites de este bosquejo reducido nos impiden explanar 
la continuidad de errores administrativos y desgracias que 
convirtieron en ruina para la metrópoli el acontecimiento que 
mas se prestaba á engrandecerla. Además, de esa tarea nos han 
relevado muchos escritores con la convicción que difundieron 
sus demostraciones. 

No nos proponemos exponer mas que una reseña del movi^ 
miento marítimo entre los puertos que fueron privilegiados en 
España para los tráficos de América , y resumir antes las dispo- 
siciones que esterilizaron durante tanto tiempo los gérmenes 
mas propios de la opulencia nacional. 

Cuando descubiertas las Indias de Occidente no parecían 
ya cuestionables las ventajas de tan gran hallazgo , la avaricia 
fiscal de aquellos tiempos no discurrió otro medio de impedir 



410 HISTORIA 

que los beneficios del comercio con los nuevos países se des- 
perdiciasen , que estableciendo en Sevilla el centro mercantil 
que habia de formular, intervenir y monopolizar todo su movi- 
miento en aquel solo punto de la monarquía. Esa dependencia, 
llamada Casa de Contratación , cuyas atribuciones fueron tan 
superiores desde sus primeros días á la parsimoniosa modestia 
con que se organizó y quedó indicada en el capítulo íl de este 
tomo , funcionó sin cortapisas hasta que fué creado en la corle 
un tribunal supremo que se llamó Consejo de Indias, com- 
puesto en un principio de dos solos vocales , el obispo de Bur- 
gos D. Juan Rodríguez de Fonseca y el famoso bachiller Lope 
Conchillos. Después con mayor autoridad aun, tomó la forma 
que los demás Consejos en España; resolvió todo linaje de 
cuestiones y negocios de nuestro antiguo imperio colonial, amol- 
dándose casi siempre á sus informes y consultas los decretos 
que le gobernaron ; y duró en España mas que los dominios en 
cuya administración intervenía. 

Lo mismo que este cuerpo superior, no tardó en crecer en 
importancia la Contratación. Las páginas que median entre las 
105 y 111 del IV tomo de los Anales Eclesiásticos y seculares de 
Sevilla, por D. Diego de Zúñiga, nos suministran detalles de 
la complicada organización con que ya se presentaba á mediados 
del siglo xvii. Se componía de dos salas, una de oidores, creada 
desde 1583 , otra de jueces de capa y espada , que fué la pri- 
mitiva , con cinco plazas , las de factor, contador, tesorero, al- 
guacil mayor y alcaide* Además de tener sus escribanos, rela- 
tores, escribanos de cámara y todos los necesarios agentes su- 
balternos, dependían de su jurisdicción el Consulado mercantil 
de Sevilla, y otro tribunal llamado Contaduría de Averías, que 
era la oficina que intervenía en todos los gastos de las armadas 
y flotas , y en la recaudación del derecho de avería impuesto 
sobre las mercaden'as que se exportaban é importaban. 

Aunque subalternas, las atribuciones de la Casa de Contrata- 
ción de Sevilla se desarrollaban por años y aun por meses, 
como los descubrimientos y territorios en cuyos tráficos y ne- 
gocios habia de intervenir. Organizada como audiencia, en rea- 
lidad fué siempre superior á esas corporaciones judiciales, 
abarcando además de la segunda instancia de los asuntos de 



t)E LA ISLA DE CUBA. 4H 

comercio ultramarino toda la inmediata intervención de su rico 
movimiento. 

Desde un principio fueron tan graves las penas impuestas á 
los navegantes que fuesen á descargar en otros puertos , que, en 
ocasiones de persecución de enemigos y corsarios, prefirieron 
perder sus cargamentos y caer prisioneros á incurrir en ellas. 
Y esa prohibición , lo mismo que á los particulares, comprendia 
á la marina de guerra que trajese caudales del Rey ó del Era- 
rio. Ya mediaba el siglo xviii cuando se perdieron muchos mi- 
llones aportados por el célebre navio Glorioso, al que después 
de rechazar á tres navios ingleses y de reparar sus averias en un 
puerto de Galicia , se le ordenó que viniese á entregarlos en la 
Contratación. En las aguas de Lisboa lo apresó una escuadra 
inglesa , demostrando al tenaz Tribunal con un hecho tan sen- 
sible la conveniencia de alterar algunas de sus ciegas reglas. 

Fuera de los ministerios, los vireinatos de Indias y algunos 
elevados cargos , como provechosos á los que los ejercian , no 
los habia en España comparables con los de presidente y con- 
tador de la Contratación ; y sin embargo , tan limpios y cum- 
plidos fueron muchos, que solo vivieron de sus gajes. 

Pero en general la prosperidad del tribunal guardó siempre 
proporción con la del comercio ultramarino. 

Habiendo casi desaparecido la marina española, tanto armada 
como comercial, á consecuencia de muchos reveses de nuestras 
armas por mar y por tierra, y de una administración calamitosa 
en los últimos años del reinado de Carlos JI, desaparecieron 
los sueldos y emolumentos de los empleados de aquella famosa 
dependencia, hasta el punto de consignar D. Bartolomé Antonio 
Garrote, capitán de navio, en un memorial que dirigió á Fe- 
lipe y en los principios de su reinado, que « estaban perecien- 
)) do todos los ministros de la Confrataeion. » 

Aun en medio de los apuros y trastornos de la. guerra ^ie su- 
cesión, se ocupó aquel primer monarca de la dinastía deBor- 
bon en la restauración de la marina. Al momento compren- 
dieron sus ministros , y sobre todo Juan Orry, que la nación 
nunca podria recobrar su antiguo ser sin ella. No impidió, como 
en su lugar lo apuntaremos, que se perdieran en Yigo los últimos 
galeones con riquezas muy considerables en octubre de 1702, 



412 HISTORIA 

que luego se facilitase el gobierno buques por todos los medios. 
Aun no estaban las paces celebradas en 1713, y ya frecuenta- 
ban su antiguo itinerario las antiguas flotas y galeones de 
Nueva-España y Tierra-Firme con grandes progresos en la 
construcción naval de aquelles vasos célebres ; pero sin que la 
tenacidad del prohibicionismo comercial cediese un ápice. Ni 
el ascendiente del rey de Francia Luis XIV sobre su nieto Feli- 
pe V, cuyo trono habia sostenido con sus armas, pudo conse- 
guir que á sus subditos cupiese alguna parte en el comercio de 
España con sus posesiones de América, aunque con la escolta 
de escuadras francesas hubiesen llegado en salvo á su destino 
tres flotas de Yeracruz y de Cartagena de Indias cargadas de 
tesoros. 

Las únicas concesiones arrancadas al prohibicionismo des- 
pués de muchas pruebas y experiencias, se redujeron á la Real 
Cédula de 8 de mayo de 1717, que por evitar el paso de la bar- 
ra del Guadalquivir y muchos engorros del despacho de las 
expediciones que iban y venian , trasladó á Cádiz los tribunales 
y oficinas de la Caáa de Contratación. 

Pero no mudó de espíritu el implacable tribunal por mudar 
de residencia , aunque ya la época empezase á corregir errores 
y rancias preocupaciones de pasados tiempos. 

En los albores del comercio irasatlániico , en la primera mi- 
tad del siglo XVI, se habia permitido, en algunas ráfagas fuga- 
ces de tolerancia, que de algunos puertos de Galicia y de Can- 
tabria saliesen para América algunas embarcaciones con cuenta 
jurada é intervenida á la Contratación. Pero ahora , á ninguno 
era aquel rumbo permitido , á no emprenderlo desde Cádiz y 
bajo intolerables condiciones. Con el reglamento adoptado poco 
después déla traslación de aquel tribunal á Cádiz, entre los 
derechos antiguos y el llamado de palmeo , ó sea de la capaci- 
dad d^ios buques , sallan gravados los valores que se embar- 
caban con mas de un veinte por ciento de su estimación, y 
por lo menos con igual quebranto venian los procedentes de 
América. Y como si fueran muy llevaderos aquellos aranceles 
para los traficantes , todavía se recargaron en 44 de enero de 
1740 las tarifas del derecho llamado de Almirantazgo, creado 
para los hijos del gran Colon , que no habia llegado á perci- 



DE LA ISLA DE CUBA, 413 

birlo y justamente suprimido en 30 de octubre de 1748, después . 
de señalarse á sus descendientes los Duques de Veragua una 
compensación estimativa. 

Cuando se examina la tarifa de derechos adoptada desde 22 
de abril de 1720 por la Contratación , no se comprendería que 
con ella pudiese existir comercio entonces entre la península y 
sus posesiones, si no se hallaran estas con una facilidad de ad- 
quirir todavía mayor que sus necesidades. En Méjico se paga- 
ban en este tiempo cien pesos por una casaca sencilla y hasta 
doce por un par de zapatos. 

Aunque desde principios del siglo xvi , desde su creación 
•empezó á funcionar en Sevilla la Contratación tantas veces re- 
ferida , llevando exacta cuenta de los cargamentos y expedicio- 
nes que despachaba y recibía , el Atlántico estuvo franco casi 
siempre para las naves españolas durante las dos primeras dé- 
cadas de la navegación ultramarina. Iban y venían del archi- 
piélago de las Antillas y aun del nuevo continente grupos de 
dos ó tres embarcaciones y aun embarcaciones solas. Sin un 
estudio prolijo y detenido, y por otra parte de escaso interés 
para el fin de esta tarea, no se podrían detallar todos los via- 
jes emprendidos desde los primeros tiempos de la gran con- 
quista americana , hasta que principiaron á moverse entre am- 
bos continentes las grandes reuniones de buques mercantes, 
llamadas flotas, con los buques armados que las escoltaban, lla- 
mados Galeones. 

Después de la conquista de los dos imperios de Méjico y el 
Perú , las riquezas traídas á España despertaron en las po- 
tencias europeas febriles deseos de participar de los descubri- 
mientos y tesoros de las nuevas regiones , por mas que la san- 
ción de los Pontífices reservase á los Reyes de España la pose- 
sión de unos dominios exclusivamente conquistados por la te- 
meridad de sus vasallos. La emulación de la Francia y la Ingla- 
terra , después de reconocer con escaso fruto las costas de la 
América septentrional, destacó al Océano piratas y corsarios que 
acechaban el regreso de los cargamentos españoles , y realiza- 
ron á veces ricas presas. Sus repetidos ataques dictaron al Em- 
perador Carlos V y al Consejo de Indias varías providencias, 
para que las embarcaciones destinadas al abastecimiento y trá-« 



414 HISTORIA 

íico de América, saliesen juntas de Sevilla y de San Lúcar en las 
primaveras, escoltándolas algunos buques bien armados; y tra- 
jesen al siguiente año á aquellos puertos los cargamentos de re- 
torno con los caudales recaudados para el Fisco. Por esla razón 
vemos que en 6 de abril de 1537 , ya salió de San Lúcar una 
flota de 20 buques mercantes con Gonzalo de Salazar, escoltada 
por el armamento que acaudilló Demando de Sotoá la Florida. 
Ya por este tiempo habia piratas extranjeros que acometían á 
las naves españolas dentro de sus mismos puertos, y saquea- 
ban y ponian á rescate algunas poblaciones marítimas de Amé- 
pica. Pero aun no eran tan numerosos ni temibles, ni su apa- 
rición tan frecuente, que fuera indispensable continuar todos 
los años las expediciones reunidas con el nombre de flotas; y 
no hubo mas que cuatro expediciones numerosas desde San 
Lúcar para el Nuevo Mundo , entre la ya citada de Salazar y la 
que en 15o6 sacó del mismo puerto para las Antillas y Vera- 
cruz Pedro Menendez de Aviles , que fué el primer marino que 
fijó las reglas de movimiento y derrota para las flotas á la ida 
y al regreso, y el primero también que reformó la construcción 
de los buques destinados á esos viajes , convirtiendo las anti-^ 
guas galeras y carabelas en los famosos galeones que, durante 
siglo y medio , se ocuparon en aquel servicio. Con ellos em- 
pezó á organizar en aquel año « la Armada de la guarda de la 
carrera de las Indias.» Los que mandaron esas expediciones 
desde entonces fueron llamados generales , aunque ningún di- 
ploma real les confiriese esa graduación , que no empezó á ser 
vitalicia como ahora sino siglo y medio después, y no recibie- 
sen otro sueldo que algunos gajes de comisión y cierto número 
de toneladas de efectos que podian traer por su cuenta. El bu- 
que en que iba el general se llamaba la capitana , y la almi- 
ranta el que llevaba á su segundo, que se distinguía con el tí-, 
tulo de almirante , recayendo los dos cargos casi siempre en 
marinos de los mas. expertos. Corrían con el mando especial de 
cada galeón ó buque armado de la flota los capitanes llamados 
de mar y guerra , que en muchas ocasiones, por ausencia ó 
muerte de los dos cabos principales , se convertían en genera- 
les y almirantes en unas expediciones , para dejar de serlo en 
otras. Los galeones y buques armados por cuenta del Erario 



DE LA ISLA DE CUBA. 413 

eran los solos destinados á cargar los caudales pertenecientes 
á la Corona. 

Además de estos oficiales y sus superiores, los generales y al- 
mirantes, contaban los galeones y flotas las siguientes depen- 
dencias y clases empleadas en su movimiento: 

Un veedor general de toda la expedición con otros dos espe- 
ciales para cada flota , que llevaban á sus órdenes á los conta- 
dores y maestres de piala de las naves. Corria entre todos ellos 
la custodia, rogislro y cuenta y razón del numerario, metales 
preciosos y mercaderías, siendo también los que recibían y en- 
tregaban los valores. 

Un auditor con escribanos que asesoraba al general en todo 
asunto judicial , extendiéndose su jurisdicción á todos los em- 
barcados en las flotas. 

Un gobernador de la fuerza del tercio de galeones , la infan- 
tería de marina de aquel tiempo que guarnecía á los galeones y 
buques armados, distribuyéndose entre todos ellos á propor- 
ción de su número y tamaño. La plana mayor y el núcleo de 
ese tercio residia en San Lúcar. 

Los maestres de nave, que también se designaron mucho 
tiempo con la voz árabe de «arráez», eran los comandantes de 
buques mercantes que, á propuesta de sus propietarios, reci- 
bían en la Contratación su título para cada viaje. 

En fin, sin hablar de los contramaestres, marineros y gru- 
metes, corrían entonces los pilotos y cosmógrafos con toda la 
parte facultativa de la navegación , no siendo aun muchos los 
comandantes de los buques que adquirieran todos los conoci- 
mientos propios de su profesión. 

El presupuesto y suministros de todas las clases embarcadas 
corrían á cargo de la Contratación, que las pagaba muchas ve- 
ces con cierto número de toneladas, reservado á gajes de los 
generales, almirantes, veedores y maestres de plata, y con la 
recaudación que cada .viaje producía. Sobre lo que iba y venia 
cargaba todo. 

Hubo muchas variaciones en la Armada de la guarda de la 
carrera de las Indias en cuanto á su organización , según los 
casos y necesidades. 

Los efectos llevados á América generalmente eran productos 



416 HISTORIA 

del suelo y la industria nacional , cuando no habia que recur- 
rir á la extranjera : harinas , caldos , telas de lana , seda é hilo, 
aceros, hierros elaborados ó en barra, curtidos, jabones, etc. 
En cambio de estos géneros venian caudales en numerario ó 
barras , que pagaban el real quinto al fisco cuando eran de 
particulares ; azúcar, cacao , tabaco , ron , cochinilla , zarzapar- 
rilla, añil, palo de tinte, vainilla, quina, etc., etc., todos 
productos naturales del nuevo continente. El café era tan des- 
conocido en A.mérica como en Europa , hasta que ya muy en-. 
trado el siglo xviii prendió en las Antillas francesas y fué pro- 
pagado á las demás. 

La Casa de Contratación disponía dos expediciones anuales, 
que salieron durante mas de ün siglo de San Lúcar y después 
de Cádiz , para evitar los inconvenientes de la barra del Gua- 
dalquivir. Una de ellas, la llamada propiamente flota, estaba 
destinada á abastecer de géneros que hablan precisamente de 
ser españoles, á las Antillas y á Méjico, y por eso se llamaba 
la flota de Nueva España. 

La otra era la llamada de Tierra Firme , y mas comunmente 
la de los Galeones , porque el mayor número de estos buques 
armados de su escolta, desde su aproximación á las Antillas se 
dirigía hacia Cartagena , separándose en las aguas de la Domi- 
nica de la expedición que por la Habana continuaba á Vera- 
cruz. La de Nueva España , conducida siempre por el mismo 
general de los galeones y de las dos flotas, seguía por las longi- 
tudes de Puerto Rico y Santo Domingo , destacaba los pocos 
barcos destinados á esas islas, y luego se de tenia un par de 
semanas en la Habana , donde dejaba los cargamentos destina- 
dos á Cuba, y continuaba para Veracruz, en cuyo puerto solía 
anclar con la mayor parte de sus embarcaciones en todo setiem- 
bre. Si los caudales y las cargas de retorno de Nueva España 
estaban ya en disposición de embarcarse á su llegada ; si no 
asomaban fuerzas enemigas capaces de oponerse á su regreso, 
lo cual se sabia casi siempre por los víjías de los gobernadores 
de nuestras Antillas y los avisos que despachaban con barcos 
ligeros , emprendía esta flota su vuelta para España así que re- 
novaba víveres. Se incorporaban á ella en la Habana los galeo- 
nes y flotas de Tierra Firme, así como los demás barcos mer- 



DE LA ISLA DE CUBA. 417 

cantes de las islas, y regresaban todos juntos para Cádiz y San 
Lúcar por el canal nuevo de Bahama. Como aparece en la lista 
de flotas despachadas que vamos á exponer, en algunas ocasio- 
nes pudieron regresar á aquellos puertos peninsulares las flotas 
de América en el mismo año de haber salido de ellos. Pero lo 
mas común era que se detuviesen hasta febrero en Veracruz 
para recoger las cargas y caudales , 6 hasta tener noticias de 
que estuviese pronta para regresar con la de Nueva España la 
flota de galeones que tenia que unirse con ellas en la Habana 
para seguir reunidas hasta Cádiz. 

La de galeones, después de separarse de la anterior, según 
se ha dicho, al llegar al archipiélago, tocaba en la ciudad de 
Santo Domingo , desde donde iba á estacionar en Cartagena de 
Indias, desembocadero principal de Santa Marta, Caracas y 
Nueva Granada. Desde allí se trasladaba á Portobelo , en donde 
solían esperar su venida los caudales y productos del Perú y de 
Chile, traídos en cargas desde Panamá y embarcados por el rio 
de Chagres. Después de dejar en esos puntos los galeones los 
cargamentos europeos y de recoger los americanos, venían á 
esperar en la Habana á la flota de Veracruz para seguir con 
ella á España. 

Por término medio, los buques de todos portes que compo- 
nían cada una de las flotas fluctuaban entre veinte y veinte y 
cinco, aunque muchas veces contaron hasta doble número, 
particularmente después de alguna interrupción en el despacho 
anual de las expediciones por falta de buques ó peligro de ar- 
madas enemigas,. 

El número de toneladas que cargaban las flotas no se propor- 
cionó, nunca al consumo de los mercados que habían de abas- 
tecer. Sus necesidades, mucho mas imperiosas aun que los 
mandatos del prohibicionismo , tenían que remediarse con con- 
trabandos, llevados á porfía por multitud de buques ingleses, 
franceses y holandeses , por mas que les persiguiesen los bu- 
ques españoles. Ya había llegado á mediados del siglo xvii á 
una gran importancia el comercio de la privilegiada plaza de 
Sevilla con América ; contaban ya mas de diez millones de ha- 
bitantes las provincias hispano-americanas , y aun no pasaban 
de 27.000 las toneladas que se registraban en las flotas anuales, 

HIST. DE CUBA,— 'TOMO I,— 21 



418 ^ HISTORIA 

el único medio legítimo y legal para tan gran comercio. Y no 
fué solamente la insuficiencia del número de buques destina- 
dos á proveerla la causa primordial de las importaciones frau- 
dulentas en la América española; se encontraba otra aun mas 
determinante en la enormidad y multiplicidad de los derechos 
que gravitaban sobre los géneros de España , lo mismo sobre 
los mas usuales y necesarios, que sobre los lujosos y superfinos. 
Autores tan fidedignos y conocidos como Solórzano , Beitia 
Linage , Ustariz y Acebedo Antunez han consignado , sin que 
pudiesen calcular sus consecuencias ellos mismos , los errores 
con que la ceguedad del sistema prohibitivo hizo improducti- 
vos para España los tesoros del imperio colonial mas opulento 
que poseyó jamás nación alguna. Harto los recuerdan también 
irrecusables testimonios en los archivos de Indias de Sevilla, 
para que necesitemos explicarlos. Solo á fuerza de desaciertos 
fueron improductivos los caudales llevados de América á la 
sola España. Su totalidad seria difícil de averiguar con exac- 
titud ; porque las remesas de los primeros tesoros de Méjico y 
del Perú , cuando aun no estaba regularizado el servicio de 
expediciones anuales, tardaron en ordenarse muchos años. 
Podemos conjeturar, con todo, cuáles serian, calculándolos 
por los datos oficiales de la misma tesorería de Méjico, cuyo 
resumen insertó la pág. 266 del Patrióla Americano , pequeño 
periódico hebdomadario que se publicaba en la Habana en 
1811. En los ciento diez y ocho años trascurridos desde 1690 
hasta 1807, aquella dependencia, solo en metales preciosos, 
remitió á España y á sus posesiones, setecientos setenta y siete 
millones de duros en esta forma : 

A la Habana, como consignación anual para toáoslos 
servicios de la isla y sobredes productos de su recauda- 
ción absorbidos también por sus gastos. . . . . . ISl. 000,000 

A Puerto Rico, en el mismo concepto 44.368,000 

A la Luisiana , desde 1769 hasta 1803 que perteneció á 

España 12.000,000 

. A las Floridas 15 211,000 

A Santo Domingo, hasta 1792 26 000,000 

A la isla de la Trinidad , hasta que se perdió en 1798. . 14.000,000 

A Filipinas. ,...".. 23.000,000 

Bcmitidos á la península. .,,,,,..,. 481.4^1,000 



DE LA ISLA DE CUBA. 419 

Es materia conocida el ningún fruto que reportaron á Es- 
paña unos caudales en gran parte arrancados á su Erario y á 
sus dueños por el comercio y la industria de los extranjeros, 
al paso que los trabajadores é industriales de España se tras- 
ladaban en masa á buscar con mil azares en América lo que 
podian mas cómodamente conseguir sin mudar de domicilio. 

En cuanto á la administración del imperio trasatlántico, con 
dos latentes pruebas quedará juzgada. En los tres siglos que 
las Californias pertenecieron á España, en lugar de producir 
nada para ella, le costaron los gastos de algunas misiones. 
Cuando á principios del siglo actual aun era suya Nueva-Or- 
leans, la capital de la Luisiana, el gobierno español apenas 
llegó á recaudar de aquella aduana, con sus diez empleados, 
doscientos mil pesos anuales; y en 1810, á los seis años de 
pertenecer ese territorio á los Estados-Unidos , aquel estableci- 
miento recaudaba ya como un millón de pesos. 

Manifestemos ahora , como nos lo propusimos en este bos- 
quejo , la lista mas completa que hemos podido formar de las 
flotas que se despacharon para la América Española desde los 
puertos privilegiados de Sevilla y Cádiz , mientras disfrutaron 
de su absurdo monopolio comercial. En esa misma lista también ■ 
intercalamos algunas noticias de los principales armamentos y 
expediciones coloTiizadoras y comerciales , que salieron de Es- 
paña para el nuevo continente. Esas flotas y esas expediciones 
extraordinarias no llevaban tesoros materiales; pero llevaban 
á los que los descubrían , los explotaban , enriquecían con su 
industria el suelo que los -contenia , y los repartieron después 
por todo el universo. España tenia veinte millones de habitan- 
tes antes de ser dueña ^de sus posesiones en América , y no 
contaba mas que diez cuando las perdió en 1824. Hoy cuenta 
diez y seis y triples rentas que cuando las tenia, á los treinta 
años de haberlas perdido. 

, ' NAVEGACIÓN TRASATLÁNTICA. 

La primera expedición y las mas feliz de cuantas recuerde 
la historia, fué la que con el gran Cristóbal Colon descubrió á 
América. — Salió el dia 3 de agosto de 1492 del puerto de Pa- 



420 HISTORIA 

los, en la costa de la actual provincia de Huelva, con solo no- 
venta homl)res y tres pequeñas embarcaciones de las llamadas 
entonces carabelas. Pero aquellos tres barquillos, llamados la 
Santa María, la Pinta y la Niña, cuyos nombres no borrarán 
jamás los fastos de la marina de los pueblos , por el descubri- 
miento inmenso que lograron figurarán en ellos con preferen- 
cia á las mas perfectas construcciones de la industria naval. 
Después de descubrir el archipiélago de Bahama , á las islas de 
Cuba , Haiti ó Santo Domingo , y de atravesar el Atlántico de 
retorno , tocando en Lisboa, volvieron á fondear el 15 de mar-, 
zo de 1493 en el mismo puerto de Palos de donde hablan 
salido. 

El gran Colon emprendió su segundo viaje desde Cádiz el 
25 de setiembre de 1493, descubriendo entonces la mayor parte 
de las islas que después se llamaron las Antillas 2, la Dominica, 
la Guadalupe, María Galante, San Martin, Santa Cruz, Ja- 
maica y Puerto-Rico, reconociendo ademas mucha extensión 
de las costas de Santo Domingo y de Cuba, á la última de las 
cuales , engañado por su mucha longitud , tomó por el Nuevo 
Continente. No regresó al mismo Cádiz hasta el 11 de junio de 
1494, después de haber echado los cimientos á la primera colo- 
nización española de Santo Domingo. 

El descubridor emprendió su tercer viaje á las Indias Occi- 
dentales desde San Lúcar de Barrameda el 30 de mayo de 1498, 
reconociendo entonces la isla de la Trinidad, el golfo de Paria, 
la isla de la Margarita y el verdadero nuevo Continente. 

En 1499 el intrépido navegante Alonso de Ojeda salió del 
puerto de San Lúcar de Barrameda para el Nuevo Continente 
con cuatro carabelas ; reconoció todas las costas de Venezuela 
hasta la embocadura del Orinoco y el golfo de las Perlas; llegó 
hasta el cabo de Vela ; pasó grandes aventuras é infortunios , y 
regresó á Cádiz en junio de 1500. 

En el mismo mes de 1499 salió del puerto de Palos el capi- 



^ Los primeros naTegantes franceses llegar á la región central de su vecino 

en América les pusieron el nombre de continente. De ahí dimanó que luego 

Ante Mes en su antigua lengua ; por- las llamasen Les Antilles, y los españo- 

que están viniendo de Europa , antes de les Antillas. 



DÉ LA ISLA DE CUBA. 421 

tan Pedro Alonso Niño con una carabela de cincuenta to- 
neladas y treinta y tres hombres de tripulación. Bojeó todo 
el litoral del gran golfo de Paria hasta Cumaná; no desembar- 
có en ningún punto, y después de lograr grandes rescates re- 
gresó á Europa , aportando en Bayona de Galicia á mediados 
de abril de 1500. 

1499. —Vicente Yañez Pinzón salió del puerto de Palos con 
cuatro carabelas á principios de diciembre de 1499 , y descu- 
brió tierra de la costa del Brasil el 28 del siguiente enero. Re- 
conoció las desembocaduras de los grandes rios Marañon y las 
Amazonas. Torció al N. ; llegó al golfo de Paria; y reponién- 
dose en' Santo Domingo, después de perder dos bajeles, regresó 
con otros dos á Palos á fines de setiembre. 

1500. — Rodrigo de Bastidas llevando consigo al insigne pi- 
loto Juan de la Cosa , salió de Sevilla para el Nuevo-Mundo en 
octubre de 1500, Reconoció todas las costas del Darien, pasó 
grandes trabajos; pero adquirió un gran capital y regresó con 
la Cosa á Cádiz en setiembre de 1502. 

1502. — En 13 de febrero del mismo año salió del puerto 
de San Lúcar de Barrameda el primer armamento destinado á 
las Indias Occidentales que mereciese llamarse armada ó flota. 
Se componía de treinta y un buques , la mayor parte carabelas 
de menos de cien toneladas, mandadas por Antonio de Torres, 
con dos mil quinientos tripulantes y pasajeros de toda edad y 
sexo. Entre ellos iba el comendador Nicolás de Obando, pri- 
mer presidente de la audiencia de Santo Domingo. 

En 11 de mayo de 1502 salió de Cádiz con dos carabelas y 
otras dos naves menores el gran Colon á emprender su tercer 
viaje á las Indias, llevando consigo á su hermano D. Bartolomé 
y á su hijo D. Fernando; reconoció mucha parte de la costa 
central de América hasta el cabo de Gracias á Dios; acabó 
de descubrir después las Antillas , entre otras , la de Santa 
Lucía, y regresó á España arribando al puerto de San Lúcar 
de Barrameda en 7 de noviembre de 1504. 

1514.— En .12 de abril de 1514 salió de San Lúcar de Bar- 
rameda para Costa-Firme ó el Darien, como entonces se llama- 
ba, una flota de quince embarcaciones á cargo de Pedrarias Dá- 
vila, que luego fué conquistador de Venezuela. Llevaba mas de 



429 HISTORIA 

cuatrocientos tripulantes, y entre ellos buen número de misio- 
neros franciscanos. Llegó felizmente á su destino, y sirvió para 
que se fundasen muchos pueblos del territorio llamado hoy 
Venezuela. 

1519. — En 10 de agosto de 1519 salió de Sevilla con cinco 
carabelas el famoso navegante portugués Fernando de Maga- 
llanes á reconocer los términos de la península meridional de 
América , y descubrió el estrecho que lleva su nombre. Des- 
pués de recorrerlo, continuó su derrota por el Pacífico, lo atra- 
vesó todo por latitudes australes ; y habiendo dado la vuelta al 
globo, regresó á Sevilla el 7 de setiembre de 1522 con una 
sola carabela de las que sacó, la llamada Victoria , mandada 
por Sebastian Delcano. 

1525. — En 1525 arribó á San Lúcar de Barrameda la pri- 
mera flota de regreso enviada por Hernán Cortés desde Vera- 
cruz , á cargo de Diego de Soto : trajo sesenta mil pesos de 
oro, doscientos veinte y siete marcos y siete onzas de perlas, 
ademas de la riqueza que remitió entonces aquel conquistador 
á su padre. 

1526. — En 3 de abril de 1526 salieron de San Lúcar cuatro 
carabelas con el famoso navegante Sebastian Gaboto, piloto 
mayor del Rey, para las islas de la Especería, llamadas las 
Molucas. 

1527.— En enero de 1527 salió de San Lúcar Francisco Mon- 
tejo, natural de Salamanca, con el título de adelantado de Yu- 
catán , para colonizar esa península. Llevó cinco carabelas y 
cuatrocientos hombres. 

En 17 de junio de 1527 salió de San Lúcar con cuatro cara- 
belas , y con título de adelantado del Rio de las Palmas , el des- 
graciado Panfilo de Narvaez , que pereció con casi todos los 
de su expedición al intentar la conquista de la Florida. 

1530. — En 23 de enero de 1530 salió de San Lúcar el famoso 
Francisco Pizarro con tres carabelas y cuatrocientos hombres, 
dirigiéndose á Nombre de Dios, para después emprender ia 
conquista del Perú. 

1531. — En febrero de 1531 salió de San Lúcar el famoso 
compañero de Cortés, Diego de Ordax, con título de adelantado 
del territorio comprendido entre el cabo de Vela y Honduras* 



DE LA ISLA DE CUBA. 4í23 

1538.— En 6 de abril de 1538 salió de San Lúcar de Barra- 
meda el adelantado Hernando de Soto, con nuevecientos se- 
senta hombres de mar y guerra , ocho clérigos y cuatro reli- 
giosos. Se dirigió este armamento á la isla de Cuba , en donde 
se detuvo un año para preparar la conquista de la Florida. Alli 
murió Soto. Aquellas embarcaciones se diseminaron en dife- 
rentes destinos, y los expedicionarios, después de muchos com- 
bates y peregrinaciones, tuvieron que refugiarse en Nueva Es- 
paña descendiendo el rio Míssissipí en los barcos que se fa- 
bricaron. 

En aquel mismo dia , juntamente con la expedición de Sota 
para la Florida , y bajo la dirección de este adelantado, salió 
de San Lúcar una flota de veinte naves mercantes, de las mayo- 
res , destinada á Méjico , á cargo de Gonzalo de Salazap. 

1539. —En agosto de 1539 salió de San Lúcar Alonso de Ca- 
margo con tres navios á reconocer la navegación del estrecho 
de Magallanes; y realizado su proyecto, regresó al mismo puerto 
á fines de febrero de 1541. 

1542. — A principios de octubre salió de San Lúcar, man- 
dada por Martin Alonso de los Rios , una expedición de seis 
navios armados y seis carabelas con mil hombres á dar pro- 
tección al comercio ultramarino. Estas fuerzas regresaron á 
aquel puerto en 1.° de julio de 1543 después de haber tocado 
en la Habana y muchos puertos de la América central , y tra- 
yendo apresado un corsario francés. V. doc. 14, tomo XXI de 
la Colee, de manuscritos del Depósito Hidrográfico de Madrid. 

1544. —En 15 de mayo de 1544 salió deSan Lúcar para la 
América meridional el navegante^ Francisco de Orellana con 
cuatro bajeles y cuatrocientos hombres de tripulación. Esta ex- 
pedición fué la primera que reconoció la navegación del rio de 
las Amazonas. 

1550. — En agosto de 1550 salió de San Lúcar á cargo de su 
general Sancho de Biedma , el mismo armamento poco mas ó 
menos que habia salido siete años antes para los puertos de 
Indias con Martin Alonso de los Rios , y el mismo número de 
embarcaciones mercantes con corla diferencia. Véase el to- 
mo XXI, doc. 20 de la Col. de M.M.S.S. del Depósito Hidro- 
gráíico de Madrid. 



424 HISTORIA 

1553. —De los doc. 36 y 37 del mismo tomo de la misma 
colección resulta que las flotas de Nueva España y Tierra- 
Firme salieron de San Lúcar á fines de febrero de 1553 , con 
veinte y cuatro embarcaciones entre armadas y mercantes, 
siendo su general Bartolomé Carreño, de quien hablan con ex- 
tensión las pág. *208, 209 y 210 del primer tomo de la Bihl, 
Mar, Esp.y ppr Navarrete, donde aparece que aquel navegante 
fué el descubridor de las Bermudas , y que regresó de su viaje 
en salvo con gran cantidad de moneda , así de Tierra-Firme 
como de Nueva España y Honduras. 

1554. — En 31 de enero de 1554 salieron de San Lúcar para 
los puertos de las Indias otras dos flotas , titulándose sus gene- 
rales Cosme Rodríguez Farfan , y D. Juan Tello de Guzman, 
que las mandaban. No explica ningún documento de la Col. 
de M.M.S.S. del Depósito Hidrográfico de Madrid el número 
de buques armados y mercantes que las compusieron. 

1555.— En junio de 1555 salieron de Sevilla la armada y 
flotas para Veracruz y Tierra-Firme , á cargo del general Cos- 
me Rodríguez Farfan. 

1556. —En enero de 1556 salió de San Lúcar Pedro Menendez 
de Aviles con las flotas y comisión de perseguir corsarios; y des- 
pués de recorrer todos los puertos de la escala de Indias, 
regresó á Cádiz en 12 de setiembre del mismo año. 

A principios de abril de 1556 salió de San Lúcar la ar- 
mada y flota de Nueva España mandada por el general Juan 
de Yelasco, que con una diligencia superior á la que se le re- 
comendó en sus instrucciones , pudo regresar á Cádiz á fines 
del mismo año con siete millones de pesos en oro y plata , y 
uno en mercancías. 

1560. - A principios de marzo de 1560 salió de Cádiz la ar- 
mada-flota de Nueva España y Tierra Firme mandada por el 
general D. Pedro Menendez de Aviles, llevándose al virey del 
Perú, conde de Nieva. Fué tan feliz y acelerado este viaje, que 
á fines de agosto del mismo año estaba de regreso en Cádiz con 
los caudales de Veracruz. 

1565.— En 25 de mayo de 1565 salió de Gijon Esteban de 
las Alas, sobrino de D. Pedro Mene«dez y almirante de su ex- 
pedición á la Florida, con cinco embarcaciones armadas, He- 



DE LA ISLA DE CUBA. 425 

validóse trescientos treinta y cinco hombres de mar y guerra, 
y veinte y dos religiosos. 

Con Pedro Menendez Márquez y otros capitanes salieron en 
la primavera de 166S, de varios puertos de la costa de Canta- 
bria, hasta mil ciento setenta y tres individuos de todas cla- 
ses, sin contar los que se llevó Esteban de las Alas, de Gijon, 
en 25 de mayo. Unos y otros fueron á conquistar y poblar 
en la Florida bajo la dependencia del adelantado D. Pedro Me- 
nendez de Aviles, que salió después de Cádiz. 

En 29 de julio de 1563 salió de Cádiz el general D. Pedro 
Menendez de Aviles con la mayor parte de la expedición que 
armó de orden del Rey para conquistar á la Florida. Compo- 
níase de un galeón de quinientas toneladas, ocho carabelas, dos 
galeras y siete bergantines, con novecientos noventa y cinco 
hombres de mar y guerra , cuatro clérigos y ciento diez y siete 
artesanos de todos ios oficios. 

1566. —En abril de 1566 salieron de Santander y otros puer- 
tos de la costa de Cantabria para San Agustín de la Florida, diez 
y siete embarcaciones con mil quinientos hombres de todas cla- 
ses á las órdenes de Sancho de Arciniega , encargado por Feli 
pe II de reforzar las guarniciones de las Antillas y los puestos 
militares que acababa de establecer Pedro Menendez de Aviles 
en aquella región. 

En junio de 1566 salieron de San Lúcar la armada y flota de 
Indias que mandaba el general Juan deVelasco, que regresaron 
á España en el mes de agosto de 1567, habiendo hecho de gasto 
en America , dos millones , veinte y dos mil seiscientos noventa 
y ocho maravedises. No llevó mas que dos naos de armada , la 
almiranta y la capitana , cuyas tripulaciones no llevaron otro 
sueldo que el aprovechamiento de cien toneladas. Regresaron á 
España en agosto de 1567. 

En noviembre de 1566 salieron de Cádiz en tres embarca- 
ciones doscientos hombres de tropa á las órdenes de Baltasar 
de la Barreda , para reforzar la guarnición de la Habana. 

1567. — En abril de 1567 salieron de San Lúcar la armada y 
flota de Costa-Firme, mandadas por el general Diego Flores de 
Valdés, que regresó á España en junio de 1568. No llevó mas 
que tres naos de armada, la capitana, la almiranta y un patache. 



426 HISTORIA 

En junio de 1567, salieron de San Lúcar la armada y flota de 
Nueva España, mandadas por el general D. Cristóbal de Eraso, 
que regresó al mismo puerto en agosto de 1568, habiendo gas- 
tado en el viaje cinco millones ciento viente y ocho mil ocho- 
cientos ochenta y siete maravedises. 

1568. — En 13 de marzo de 1568 salió de San Lúcar el ade- 
lantado de la Florida D. Pedro Menendez de Aviles , con la ar- 
mada de las Indias y las flotas de Nueva España y Tierra-Fir- 
me , llevándose gran número de misioneros de varias religio- 
nes. El adelantado volvió á España á principios del siguiente 
año. 

En julio de 1568 , salió de San Lúcar para Nueva España 
la flota de Veracruz , mandada por el general Francisco de Lu- 
jan , sin mas nao de armada que la capitana , y llevando de al- 
miranta una embarcación mercante armada , que luego se in- 
cendió cerca de San Juan de ülúa en un combate contra el 
famoso pirata inglés , Juan Atkins. Lujan volvió á San Lúcar 
con las demás embarcaciones mercantes en agosto de 1569. 

1569.— En marzo de 1569 salió de San Lúcar la armada-flota 
de Tierra-Firme á cargo del general Diego Flores de Yaldés. 
Solo llevó una nave de armada, la capitana , haciendo de al- 
miranta una de las embarcaciones mercantes de las once que 
salió escoltando. Esta armada- flota regresó á España en setiem- 
bre del siguiente año, mandada por Nicolás de Cardona, por 
haber pasado Flores á otro destino. 

En julio de 1669 salió de San Lúcar la armada flota de Nueva 
España con el general ü. Cristóbal de Eraso con tres embar- 
caciones armadas, la capitana , la almiranta y un patache. Re- 
gresó á España en agosto de 1570. 

1570.— Enocti^bre de 1570 salió de San Lúcar un armamento 
de dos galeones , además de la armada y flota que iba á cargo 
de Diego Flores de Valdés. El todo lo mandaba el general y 
adelantado de la Florida Pedro Menendez de Aviles. Este ar- 
mamento, con la mayor parte de los buques mercantes que 
componían la flota, regresó á España en seúembre de 1571. 

1571. —En agosto de 1571 salió de San Lúcar para la Habana 
y Yeracruz la armada-flota de Nueva España, siendo su ge- 
neral D. Cristóbal de Eraso. Solamente llevó dos naves de 



DE LA ISLA DE CUBA« 427 

armada, la capitana y la almiranta. Al regresar á España se 
perdió la segunda. La primera, con solo una parle de las 
embarcaciones de la flota , ancló en San Lúcar en noviembre 
de 1572. 

1572. — En abril de 1572 salió de San Lúcar el adelantado 
Pedro Menendez de Aviles con la flota de Tierra-Firme. A la 
ida , á los tres dias de tocar en Tenerife , se le incendió el ga- 
león San Felipe , sin que pudiese salvarse ni uno solo de sus 
tripulantes. 

En abril de 1572 , después de haberse aprobado ya por el 
Rey los ordenanzas que para las flotas y armadas de Indias 
habia propuesto D. Pedro Menendez de Aviles, salieron de 
San Lúcar las de Nueva España y Tierra-Firme á cargo del ge- 
neral Juan de Alcega. 

1574. — En abril de 1574 salieron de San Lúcar la armada y 
flotas de Nueva España y Tierra-Firme , á cargo de Diego Flo- 
res de Valdés , sucesor de Menendez de Aviles en el generalato 
de la carrera de las Indias. 

1581. — En abril de 1581 salió de San Lúcar el general don 
Francisco Lujan con dos galeones de la armada de Indias y las 
flotas de Nueva España y Tierra-Firme, compuestas de mas de 
veinte embarcaciones, que casi todas regresaron en el siguien- 
te año. 

A fines de octubre de 1581, y después de haber tenido qne 
arribar, á consecuencia de un temporal en que desaparecieron 
doscientos hombres y dos buques, salieron de San Lúcar veinte 
y tres bajeles con mas de dos mil hombres á cargo del general 
de galeones Diego Flores de Valdés y de Pedro Sarmiento, 
nombrado capitán general del estrecho de Magallanes. Con este 
armamento iba Diego de la Rivera como almirante. Después de 
muchos trabajos y contratiempos regresó á aquel puerto esta 
expedición en setiembre de 1590 , sin obtener el objeto de su 
viaje. 

1583. — En abril de 1583 salieron de San Lúcar dos buques 
de la armada con mas de veinte embarcaciones de las flotas de 
Nueva España y Tierra-Firme á cargo del general D. Alvaro 
de Flores Valdés. Regresaron en el siguiente año. 

1584* —En abril de 1584 salieron de San Lúcar la armada 



428 HISTORIA 

y flota de Nueva España con el general D. ALntonio Manrique 
de Vargas , que regresó en el siguiente año. 

1585. — En abril de 1585 salieron de San Lúcar de Barra- 
meda la armada y flotas de Nueva España y Tierra-Firme al 
mando del general D. Diego de Alcega. 

1586. — En abril de 1586 salió de San Lúcar la armada-flota 
de Nueva España y Costa-Firme al mando del general D. Juan 
de Guzman. 

1587.— En abril de 1687 salieron del puerto de San Lúcar 
los galeones y ilotas de Nueva España y Costa-Firme á cargo 
del general D. Francisco Noboa. 

1588.— En abril de 1588 salió del puerto de San Lúcar la 
armada-flota para Veracruz al mando del general D. Martin Pé- 
rez Olazabal. Por haber invadido poco después á Sevilla , Cá- 
diz y demás puertos de Andalucía un contagio general, llama- 
do peste del moquillo , que durante cuatro años estuvo diez- 
mando aquellas poblaciones, se suspendieron hasta 1590 las 
salidas de flotas y armadas para América desde los puntos que 
tenian el privilegio de despacharlas. Mandó Felipe II que se si- 
guieran despachando , según las necesidades mas urgentes , en 
Santander y la Coruña. Pero no hemos encontrado datos que 
determinen las expediciones enviadas desde esos dos puertos 
en reemplazo de las flotas anuales. 

1590.— En 29 de abril de 1590 salió de San Lúcar la Armada 
de la guarda de la carrera de las Indias, con cuya escolta re- 
gresaron en el siguiente año las flotas de Nueva España y de 
Tierra-Firme , á cargo del general Diego de la Rivera. De la 
armada era general Juan de üribe Apallua. 

1591.— En 10 de mayo de 1591 salió de San Lúcar con tres 
fragatas Luis Alonso Flores, destinado al cargo de almirante 
de la Armada de Indias por haber muerto el que lo ejercía. 

En 25 de mayo de 1591 salió de San Lúcar el capitán Fer- 
nando de Saavedra con cuatro filibotes y quinientos infantes, 
destinados á las guarniciones de la Habana y Nombre de Dios. 

1594. — Los galeones y flotas salieron de San Lúcar en la pri- 
mavera de 1594 á cargo del general D. Francisco de Coloma, 
mandando bajo sus órdenes la flota de Nueva España el general 
D. Marcos de Aramburu y la de Tierra-Firme el de la misma 



DE LA ISLA DE CUBA. 429 

clase Sancho Pardo Osorio. Después de un viaje felicísimo á 
Veracrnz y Cartagena y en el retorno de estos puertos á la Ha- 
bana , los temporales les impidieron regresar á España en el 
mismo año. Tuvieron que detenerse en la Habana hasta muy 
entrado el verano siguiente, regresando entonces á San Lúcar 
con Coloma el maestre de campo Juan de Tejeda , gobernador 
que habia sido de la Habana y superintendente de las foitifica- 
clones de las Indias. 

1595. —En abril de 1595, salió de San Lúcar la armada del 
general D. Luis Fajardo, con las flotas de Nueva España y Tier- 
ra-Firme. Llevó gran número de embarcaciones con mas de 
dos mil pasajeros. 

1596. — En 2 de enero de 1596 salió de Lisboa de orden 
de Felipe H á arrojar de América al famoso Drake , una arma- 
da de veinte y seis galeones y galeras á cargo de D. Bernardino 
Delgadillo de Avellaneda , general de las galeras de España , y 
luego asistente de Sevilla. Ya habia muerto aquel corsario in- 
glés en Chagres, cuando aquel general pudo alcanzar á su se- 
gundo Baskerville junto á la isla de Pinos. Sin embargo de 
que los ingleses contaran allí mas buques que Avellaneda y 
con mayor número de cañones , les apresó uno y persiguió á 
los demás hasta el canal nuevo de Bahama. El armamento de 
Avellaneda regresó con sus presas á España en junio de 1596. 

Este año no pudo salir flota de Cádiz para Tierra-Firme, 
porque cuando estaba para hacerse á la vela, se apoderó en 1.° 
de julio una numerosa escuadra inglesa de Cádiz y su bahía, 
apresando algunos cargamentos y bajeles. La flota de Nueva 
España habia podido salir de San Lúcar antes de aquel desastre 
á las órdenes de D. Pedro Menendez Márquez. 

1597.— En 1597 solo pudo salir una escasa flota para Tierra- 
Firme. No habia en San Lúcar ni en Cádiz buques para la de 
Veracruz. 

1599. — En mayo de 1599 salió de San Lúcar con la armada 
y flota de Nueva España el general D. Pedro Menendez Márquez, 
que regresó á mediados del siguiente año. Con el mismo jefe y 
para mudar luego de derrota , salieron para el Perú cinco ga- 
leones , quedando uno varado junto á la barra de San Lúcar 
desde fines de febrero. 



430 HISTORIA 

1600.— En mayo de ICOO salió de San Lúcar D. Juan Gu- 
tiérrez Garibay, con la armada y flota de Nueva España, que 
regresó el año siguiente, después de muchos encuentros siem- 
pre afortunados con corsarios y piratas de Francia , Holanda é 
Inglaterra. 

1601.— En abril de 1601 salió de San Lúcar la armada y 
flota de Nueva España al mando de D. Pedro Escobar Melga- 
rejo, que regresó al siguiente año después de un viaje infeli- 
císimo. Entre galeones y barcos mercantes se componía esta 
expedición de cuarenta y tres bajeles de todos portes. Primero 
la detuvieron las calmas en el golfo. Ya en octubre fué cuando 
pudo presentarse en Veracruz después de demorar muchas 
semanas en la Habana, ün recio norte echó allí á pique hasta 
once embarcaciones, ahogándose ó naufragando mas de mil per- 
sonas. En cuanto se supo en Sevilla esta desgracia , quebraron 
dos de sus mas ricos mercaderes, Juan Castellanos y Jacome 
Marredo, en mas de dos millones de pesos fuertes. (V. pág. 99 
de Relaciones de cosas sucedidas en la corle de España , por don 
Luis Cabrera de Córdova. Imp. de D. Martin de Alegría, -^Ma" 
drid, 1857. 

1602. —En abril de 1602 salieron del puerto de San Lúcar 
á cargo del general D. Juan Gutiérrez Garibay, la armada y 
flota de Nueva España , que regresaron un año después. 

1603. — En abril de 1603 salieron de San Lúcar al mando 
de D. Alonso Chaves , los galeones y flota de Nueva-España, 
regresando al mismo puerto en el siguiente año. 

1604. — En abril de 1604 salieron del puerto de San Lúcar 
la armada y flota de Nueva España á cargo de D. Juan Pérez 
de Oporto, regresando al mismo puerto en el siguiente año. 

1605. — En mayo de 1605 salió de San Lúcar la armada-flola 
de Nueva España al mando del general D. Juan Gutiérrez Ga- 
ribay, que por haber tenido que estacionar demasiado en varios 
puertos de América en presencia de superiores armamentos 
enemigos , no pudo regresar á Cádiz hasta muy entrado el año 
de 1607; por lo cual en 1606 no pudo salir de San Lúcar flota 
ni ninguna expedición importante para América. 

1607. — En abril de 1607 salieron de San Lúcar con algunas 
galeras armadas las flotas de Nueva España y Tierra-Firme á 



DE LA ISLA DE CUBA. 451 

<;argo del general D. Lope Díaz de Armendariz , que socorrió 
varias guarniciones de los puertos de América ; y no pudo re- 
gresar hasta fines del siguiente año, á consecuencia de sus 
combates y averías con buques enemigos. Esta fué la razón de 
que en 1608 no saliesen de San Lúcar ni de Cádiz flotas, ni ex* 
pediciones armadas, ni mercantes. 

1609. — En junio de 1609 volvió á salir de San Lúcar con la 
armada y flota el mismo Armendariz que regresó á principios 
del siguiente año. 

1610. - En junio de 1610 salió de San Lúcar con la armada 
y flota de Nueva España el general D. Juan Gutiérrez Garibay 
que regresó á principios del siguiente año. 

1611.— En abril de 1611 salió de San Lúcar D. Lope Diaz de 
Armendariz con la armada y flotas de Nueva España y Tierra- 
Firme , regresando á principios del siguiente año. 

1612. — En mayo de 1612 salió de San Lúcar con varias ga- 
leras de guerra y las flotas de Nueva España y Tierra-Firme el 
célebre general D. Antonio de Oquendo. Después de muchas 
presas de piratas y corsarios extranjeros, no pudo regresar hasta 
fines de 1613 con D. Juan Gutiérrez Garibay que habia salido 
poco después que él con dos galeones y varios buques mercan- 
tes para Veracruz. Ese fué el motivo de que en 1613 no salie- 
ran flotas ni buques de guerra para América. 

1614. — En junio de 1614 salió de San Lúcar para la América 
central D. Antonio de Oquendo con la armada y flotas de 
Nueva España y Tierra-Firme , regresando á principios del si- 
guíente año. 

1615. — En mayo de 1615 salieron de San Lúcar la armada 
y flotas de Nueva España y Tierra-Firme al mando del general 
D. Juan de la Cueva y Mendoza, que regresó á fines del mismo 
año. 

1616. —En abril de 1616 salió de San Lúcar la armada y 
flota de Nueva España á cargo del general D. Martin de Yalle- 
cilla, que regresó á principios del siguiente año después de ha- 
ber sufrido naufragios y grandes pérdidas. 

1617. — En mayo de 1617 salieron de San Lúcar la armada 
y flotas de Nueva España al mando de D. Juan de la Cueva y 
Mendoza , que regresó á principios del siguiente año. 



452 HISTORIA 

1618. — En mayo de 1618 salió de San Lúcar la armada y 
flota de Indias al mando del general D. Juan de Salas Valdés, 
regresando al mismo puerto á principios del siguiente año. 

En setiembre de 1618 salió de San Lúcar una expedición de 
dos galeras á cargo de dos hermanos, Gonzalo y Bartolomé No- 
dal; recorrió las costas patagónicas; acabó de descubrir los es- 
trechos de Magallanes y San Vicente, y regresó á San Lúcar 
en 9 de julio de 1619 con diseños que acabaron de determinar 
la figura en embrión de la península meridional de América. 

1619.— En abril de 1619 salieron de San Lúcar los galeones 
y dos flotas á las órdenes del general D. Carlos Ibarra, que re- 
gresaron á fines del mismo año. 

1620. —En abril de 1620 salieron de San Lúcar los galeones 
y flotas de Nueva España al mando del general D. Lope de Ho- 
zes y Córdova, que regresaron á principios del siguiente año. 

1621. — En mayo de 1621 salió de San Lúcar la armada-flota 
de Indias al mando del general D. Juan de Benavides, natural 
de Ubeda , que regresó en el siguiente año. 

1622. — En mayo de 1622 salió de San Lúcar con los galeo- 
nes y flotas de Nueva España y Tierra-Firme el general D. Fran- 
cisco de Sousa. 

1623. — En mayo de 1623 salieron de San Lúcar la armada 
y flotas de Nueva España con D. Carlos Ibarra. Por enferme- 
dad de este regresaron el 14 de octubre de 1624 á las órdenes 
del general D. Tomás de Larraspuru, trayendo 12.831,501 pe- 
sos y mayor valor aun en mercancías. 

1624.— En junio de 1624 salieron de San Lúcar los galeones 
y las dos flotas de América á las órdenes de D. Juan de Benavi- 
des. Por varios motivos no regresó con ellas este general, el 
mismo que en 1628 perdió la flota apresada por los holandeses 
en Matanzas. Volvieron á aquel puerto á las órdenes de don 
Lope D. de Armendariz, marqués de Cadereita. 

1625. —En abril de 1625 salieron de San Lúcar la armada 
y flotas de Nueva España y Tierra-Firme al mando del general 
D. Gabriel Chaves, que regresó con ellas á España á princi- 
pios del siguiente año. 

1626. — En la primavera de 1626 salieron de San Lúcar los 
galeones y flotas de Nueva España con D. Lope de Hozes y 



PE LA ISLA DE CUBA. 433 

Córdova, que regresó al mismo puerto al siguiente año con ellas. 
1627. —En la primavera de 1627 salieron de San Lúcar la 
armada y las flotas de Nueva España y Tierra-Firme mandadas 
por el general D. Alonso Mojica. Llegaron á sus destinos con 
pérdidas y encuentros , y no pudieron regresar hasta mas de 
dos años después por dominar entonces todo el mar central de 
América dos escuadras holandesas. Mojica recibió del goberna- 
dor de la Habana aviso del peligro, y pudo detenerse en Cartage- 
na; pero no lo recibió en Veracruz D. Juan de Benavides, que sa- 
lió de aquel puerto á fines de agosto de 1628 para esperarle en la 
Habana con cuatro galeones y la flota. Se encontró con la escua- 
dra holandesa de Pett Hein en las aguas del Mariel ; y no pu- 
diendo entrar en la Habana , se refugió de huida en Matanzas, 
donde no habia entonces población ni fortificaciones. Peleando 
ya de noche en aquel puerto , los holandeses muy superiores en 
fuerzas, le incendiaron los buques; y tuvo que irse á tierra aquel 
general en las lanchas con la gente y los pocos caudales que pu- 
dieron salvarse del desastre. Detallemos lo que entonces se per- 
dió con los cuatro galeones y las once embarcaciones de la flota: 

177,329 libras de plata. 

606 fardos de cochinilla, á 3,000 rs. de plata uno. 
114 cajas de cochinilla , á 400 rs. una. 
154 cajas de seda , á 2,000 rs. una. 
' 2,112 cajas de añil , á 400 rs. una. 
316 cajas de azúcar, á 250 rs. una. 
382 cajas de diferentes facturas, estimadas á 400 
reales cada una. 
37,375 cueros, á 12 rs. uno.j 

Estimábase que con el valor de los quince navios y artillería 
importaba la presa cuatro millones de ducados de á once reales de 
plata , mas bien más que menos, porque el avalúo de las referi- 
das mercaderías, según dice la relación coetánea del suceso, 
comprendida con el numero 131 en el legajo 83 del estante J. 
de la Biblioteca Nacional estaba a muy moderado.» Pett Hein ase- 
guró esa presa en las Bermudas, después de haber aguardado 
inútilmente diez y siete dias á ver si topaba también con los ga- 

HIST. DE CUBA.— TOMO I. — 28 



454 HISTORIA 

leones de Tierra-Firme que afortunadamente no fueron á la 
Habana en aquel año. De los quince bajeles tomados á Benavi- 
des tuvieron que echar siete á pique. Treinta y dos urcas eran 
las que contaban los holandeses en este lance, de las cuarenta 
que hablan sacado de Holanda. 

Benavides al saltar en tierra aquella noche en Matanzas se 
refugió en el único ingenio que habia alli cerca, en el de Diego 
Diaz Pimienta. El almirante D. Juan de Leoz cayó prisionero 
de los holandeses. 

1629. — En 14 de agosto de 1629 salió de Cádiz con uno de 
los armamentos mas considerables que se hubiesen reunido hasta 
entonces, con destino á América, D. Fadrique de Toledo, mar- 
qués deVillanueva de Valdueza y capitán general de la armada 
del Océano. Se componía de nueve mil hombres de mar y guer- 
ra , llevando por maestre de campo general á D. Antonio de 
Oquendo, y por almirante á D. Martin de Vallecilla. Constaba 
de diez y siete galeones y varias urcas y pataches armados, con 
los cuales se apoderó Toledo en el siguiente setiembre de las 
islas de San Cristóbal , Nieves y otras Antillas ocupadas por 
piratas ingleses y franceses , cogiéndoles sus castillos , cerca de 
tres mil prisioneros , ciento setenta y tres piezas de artillería, 
siete bajeles y otras ricas presas. Después de este suceso y de 
repararse en la Habana y Cartagena, Toledo y Oquendo regre- 
saron á Cádiz. Dos galeones que enviaron en noviembre á llevar 
refuerzos á la Florida á cargo de D . Antonio de Oteiza se per- 
dieron en el canal nuevo de Bahama, aunque salvándose la gente. 

1630. —A mediados de 1630 salieron de Cádiz, escolta- 
das por las galeras del Océano , las flotas de Tierra-Firme y 
Nueva España á cargo de los generales D. Gerónimo Gómez de 
Sandoval y D. Alonso Mojica , que regresaron á fines de 1631, 
cuando ya los armamentos enemigos hablan sido ahuyentados 
por Toledo de la derrota de la América central á España. 

1631. — En 20 de junio de 1631 salieron de Cádiz los galeo- 
nes y flotas de Nueva España á cargo del general D. Tomás de 
Larraspuru , llevando para aquel reino , entre muchos pasaje- 
ros, varias misiones de la Compañía de Jesús. 

Í632. — En mayo de 1632 salieron del puerto de San Lúcar 
seis galeones con las flotas de Tierra-Firme y Nueva España á 



DE LA ISLA DE CUBA. 435 

cargo del general D. Miguel de Chazarreta , que regresaron á 
fines del mismo año. 

1633.— En abril de 1633 salieron de San Lúcar los galeones 
y flotas de Nueva España y Tierra-Firme , á cargo del general 
D. Martin de Vallecilla. Tuvieron naufragios, combates con 
enemigos y pérdidas tales , que , no habiendo podido regresar 
á España hasta principios de 1635, no pudo despacharse flota 
para Portobelo en 1634. 

1634. — En 9 de mayo de 1634 salieron de Cádiz los galeones 
. al mando de D. Antonio de Oquendo , y la flota de Nueva Es- 
paña á cargo de D. Tomás de Larraspuru. Regresaron al mismo 
puerto el 16 de junio del año siguiente. 

1635. — En abril de 1635 salieron de San Lúcar los galeones 
y las dos flotas con D. Lope de Hozes y Córdova, que, después 
de un encuentro favorable con los holandeses , regresó á Cádiz 
con ellas á principios del siguiente año. 

1636. —A mediados de 1636 salieron de San Lúcar para Ve- 
racruz y Portobelo ocho galeones con las flotas de Nueva Es- 
paña y Tierra-Firme á cargo de D. Martin Vallecilla y D. Juan 
Vega Bazan, que regresaron en el siguiente año con grandes 
caudales. 

1637.— En mayo de 1637 salieron de San Lúcar con el mar- 
qués de Cardeñosa los galeones y las dos flotas ordinarias de 
Nueva España y Tierra-Firme. Estas regresaron á principios 
del siguiente año á las órdenes del general D. Carlos Ibarra, 
después de un reñido y glorioso combate. Trajeron grandes 
caudales. 

1638. — En iO de abril de 1638 salieron de San Lúcar diez 
galeones y las flotas de Tierra-Firme y Nueva España al mando 
délos generales D. Carlos Ibarra, vizconde de Centenera, y 
D. Martin de Orbea. Al continuar su derrota para Veracruz, 
Ibarra hizo un desembarco en la Tortuga, ocupada por piratas 
flibusteros , los pasó casi todos á cuchillo y destruyó su colo- 
nia. Al regresar de Portobelo para la Habana y Cádiz el mismo 
Ibarra con la flota de Tierra-Firme , porque la de Nueva Es- 
paña detuvo su salida de Veracruz de orden del virey , se en- 
contró el 31 de agosto con la escuadra holandesa del famoso 
Cornelio Jols (Pié de Palo), que llevaba diez y siete grandes ba- 



456 HISTORIA 

jeles, y trabó con ellos una de las luchas mas desiguales y glo- 
riosas para España en aqueí siglo. Rechazó á los holandeses ; y 
con muchas averías y pérdidas llegó á reponerse en Veracruz 
con su segundo el general D. Pedro de ürzúa. Así logró salvar 
del enemigo mas de diez millones de pesos que habia cargado 
en Cartagena , en oro y plata , procedentes de Lima y Panamá. 
Tanto su flota como la de Nueva España llegaron unidas á Cá- 
diz en la primavera del siguiente año. Pero la superioridad de 
fuerzas navales que conservaron los holandeses en el trienio de 
1639 á 42, impidió que se reuniese el número ordinario de bu- 
ques mercantes para Veracruz y Cartagena , ocasionando gran- 
des quebrantos al comercio y al Erario. 

1639. — En julio de 1639 salió de Cádiz la flota de Nueva 
España mandada por el general D. Gerónimo de Sandoval.- 
Llegó á la Habana en 14 de setiembre de 1639, llevando al 
conde de Salvatierra , destinado de virey á Méjico , y á su her- 
mano D. Alvaro de Luna Sarmiento , capitán general de Cuba. 
Por marzo del siguiente año se hallaba Sandoval de regreso en 
Cádiz con grandes caudales de las flotas y galeones mandados 
en el viaje de vuelta por D. Carlos Ibarra , que era entonces el 
general de la Armada de la guarda de la carrera de las Indias. 

1640. — En 21 de junio de 1640 salieron de Cádiz la armada 
y flota á las órdenes del general D. Gerónimo de Sandoval. 
A pocas leguas del puerto , y á su vista , peleó Sandoval con sus 
galeones contra una escuadra holandesa. Aunque la alejó, tuvo 
que volverse á Cádiz á reparar sus averías. Volvió á salir para 
la Habana y Veracruz en 2S del siguiente setiembre. A fines de 
junio de 1641 regresó Sandoval con sus galeones y las, flotas de 
Nueva España y Tierra-Firme , que trajeron también esta vez 
grandes caudales. Muchas embarcaciones de la de Nueva-Es- 
paña se perdieron y naufragaron á la vuelta , y en particular el 
galeón que hacia de almiranla , que se sumergió en los arre- 
cifes de los Mimbres, en el canal nuevo deBahama. 

1641. — En 15 de junio de 1641 salieron de Cádiz tres gale- 
ras de guerra, mandadas por D. Lorenzo de Córdova , á refor- 
zar á la armada de barlovento que entonces se reorganizaba en 
Portobelo, á cargo del general D. Francisco Diaz Pimienta. Cór- 
dova pasó luego con las tres galeras á llevar socorros al gober- 



DE LA ISLA DE CUBA. 437 

nador de Chile , que logró contener con ellos á los indios Arau- 
^canos. La flota de Nueva España, cuyo general, Roque Cen- 
teno, habia muerto, sufrió tan furioso temporal á su regreso 
por el canal de Bahama, que naufragaron once embarcaciones, 
y su almirante D. Juan de Campos solo regresó con cuatro á 
Cádiz en diciembre de 1641. Diaz Pimienta regresó con los ga- 
leones y tres millones y medio de pesos para el Erario á fines 
de febrero de 1642. 

1642.— En junio de 1642 salieron de Cádiz para Cartagena 
de indias diez galeones, algunos otros bajeles armados y la 
flota de Tierra-Firme , todo á cargo del general D. Martm Car- 
los de Meneos. Al regresar de aquel puerto para España en 
abril del siguiente año se encontró, á muy poca distancia del 
mismo Cartagena, con una escuadra enemiga de cuarenta y seis 
bajeles franceses , número casi doble que el de los suyos. En 
lugar de retirarse, tuvo Meneos la temeridad de acometerlos ; y 
después del mas tenaz combate, le echaron á pique dos galeras, 
le mcendiaron dos galeones y le tomaron los franceses uno. 
Aunque conservó la mayor parte de los caudales y la carga, 
tuvo mas de doscientos muertos y que refugiarse á Cartagena 
para reparar sus averías y curar sus heridos. No pudo regresar 
á España hasta fin del siguiente año. 

1643. — En abril de 1643 salió de San Lúcar la primera ar- 
mada , dicha de Azogues , á cargo del general D. Pedro Gi- 
rón. Se la empezó á dar ese nombre por la gran cantidad de 
azogue que desde entonces se remesó todos los años á Nueva 
España , destinado á las explotaciones mineras. Se cargaba en 
unas grandes galeras armadas y propias para carga y combate, 
como las que ya usaban los holandeses y se conocían con el 
nombre de urcas. Con aquellos primeros azogues salieron las 
flotas de Cartagena y Yeracruz , regresando á principios del si- 
guiente año. 

1644.— En abril de 1644 salieron de San Lúcar las dos flotas 
y parle de la armada destinada entonces á barlovento. Aquellas 
las mandaba D. Martin Carlos de Meneos, y esta D. Pedro Ye- 
laz de Medrano. Las flotas regresaron á España en agosto del 
siguiente año. Por el retardo de su vuelta no se despacharon 
expediciones de San Lúcar para América en 1645. _ 



458 HISTORIA 

1646.— En abril de 1646 salieron de San Lúcar los galeones 
y flotas ordinarias de Nueva España y Tierra-Firme al mando 
del general D. Lorenzo de Córdova , que ancló en Veracruz 
con la de Nueva España en 13 del siguiente setiembre, y no 
regresó á España hasta once meses después juntamente con 
la otra. 

1647. —En abril de 1647 salió de San Lúcar con los galeo- 
nes y las flotas el general D. Pablo de Paradas , que entró en 
Veracruz el 20 de setiembre , y no regresó á Espala con las dos 
hasta agosto del siguiente año. 

1648.— En abril de 1648 salieron de San Lúcar los galeones 
y flotas de Nueva España y Tierra-Firme al mando del general 
D. Juan de Pujadas y Gamboa 3, que entró en Veracruz con la 
de Nueva España en 7 de setiembre, y no regresó con las dos 
á España hasta un año después , por cuyo retardo, en 1649, no 
se despacharon flotas. 

1650.— En 9 de junio de 1650 salieron de Cádiz los galeones 
y flota de Nueva España para las Indias á cargo del general 
D. Juan de Chavarri, mandando la flota D. Pablo de Contreras. 
Esle llegó á Veracruz con la de Nueva España en 7 de agosto, 
y regresó á Cádiz con las dos á fines del mismo año. 

1651.— En 18 de enero de 1651 regresaron á Cádiz los ga- 
leones que salieron para Nueva España al mando de D. Martin 
Carlos de Meneos, y una flota mandada por D. Juan de Pujadas. 
En mayo de 1651 salió de Cádiz la flota de Nueva España á 
cargo del general D. Luis Fernandez de Córdova con las urcas 
de azogues, y poco después salieron los galeones de D. Fran- 
cisco Ledesma con la flota de Tierra-Firme mandada por el ge- 
neral D. Pedro de Urzúa. Unos y otros regresaron al mismo 
puerto con muchos caudales y ricos cargamentos en julio de 1652. 
En 24 de setiembre de 1651 volvieron á salir los galeones de 
Cádiz mandados por el general D. Martin Carlos de Meneos, 
llevando, con refuerzos de tropa para varias plazas de Améri- 
ca , al conde de Alba de Liste , virey nombrado para el Perú. 
1652. — En 17 de abril de 1652 salió para la Habana y Por- 

3 En la pág. 289 del tomo U de su de este marino D. Martin F. de Na- 
BiUioleca Marítima Española ádL notims varrete. 



m LA ISLA DE CUBA. 459 

tóbelo la flota de galeones mandada por D. Luis Fernandez de 
Córdova. 

En 9 de julio de 1652 acabaron de regresar al mismo puerto 
los galeones mandados por D. Pedro de Urzúa , viniendo inte- 
resados en mas de quince millones de pesos en dmero y géneros. 

En 24 de setiembre de 165*2 salieron de Cádiz los galeones á 
cargo del general D. Martin Carlos de Meneos. Regresaron al 
mismo puerto en 17 de julio de 1654 con la armada de barlo- 
vento que mandaba D. Pedro Yelaz de Medrano. 

1653. •— En mayo de 1653 salieron de Cádiz los galeones y 
flotas mandados por el general D. Diego de Portugal que entró 
en Veracruz con la delS'ueva España, en 10 de julio, y regresó 
á Cádiz con ambas en julio de 1654. Poco después que él salió 
de Cádiz otra expedición que se le incorporó y volvió en su 
compafiía. La mandaba D. Juan de Ureña. Por el retardo de su 
regreso no se despacharon expediciones en 1654. 

1655. —En 1.° de abril salió de Cádiz la flota de Tierra- 
Firme á cargo del general D. Diego Medina Salazar, que sin 
detenerse en la Habana, infestada entonces de enfermedades, 
llegó á Cartagena en 10 de mayo ; y después de un próspero 
viaje , regresó á Cádiz con grandes caudales á mediados del si- 
guiente agosto. También salió en 3 del siguiente julio otra flota 
de Cádiz para Yeracruz con los galeones del Marqués de Monte- 
alegre que entraron en aquel puerto en 25 de agosto. El mal 
tiempo y avisos de hallarse en su rumbo para Cádiz la escua- 
dra inglesa del almirante Penn con fuerzas muy superiores , que 
se apoderaron entonces de Jamaica , le obligaron al marqués á 
detenerse en Veracruz. Volvió á la Habana el 14 de octubre, 
deteniéndose también en este puerto hasta el 1.® de enero de 
1656. El dia 4 se abrió el casco del galeón montado por el al- 
mirante D. Matías de Orellana en los arrecifes de los Mimbres, 
en el canal nuevo de Bahama ; y de seiscientos cincuenta hom- 
bres que llevaba no se salvaron mas que cuarenta y cinco , re- 
cogidos por el galeón de D. Juan de Hoyos , que , no pudiendo 
incorporarse á la flota, ya muy delantera, tuvo que refugiarse 
en Cartagena para pasar después nuevos trabajos al llegar á 
España con la flota de Marcos del Puerto, atacada é incen- 
diada en S.U mayor parte por la escuadra inglesa delante de San 



440 HISTORIA 

Lúcar el 18 de setiembre. Hizo relación del naufragio de Ore- 
llana en los Mimbres y de las vicisitudes del galeón de Hoyos 
D. Diego Portichuelo , y la publicó en Madrid en 1657, que- 
dando un ejemplar de ese impreso comprendido en el tomo II 
de la Biblioteea de D. Antonio de León Pinelo. De las riquezas 
que llevaba el galeón de Orellana su bucearon y salvaron por 
embarcaciones de Cartagena y de la Habana cuatrocientos se- 
tenta y cinco mil ciento cuarenta y seis pesos en metálico, y en 
buceos posteriores hasta cerca de un millón de pesos. 

1656. — En abril de 1656 salieron de Cádiz las dos flotas 
con los galeones y azogues á cargo del general D. Diego de 
Egües que no pudo regresar con ellas. Por agosto del siguiente 
año á su vuelta avistó cerca del cabo de San Vicente á la escua- 
dra inglesa de Blake y corrió á refugiarse en Tenerife, perse- 
guido por los enemigos. A pesar de la vigorosa defensa de aquel 
castillo y de las pérdidas que allí sufrió Blake , pudo incendiar 
á la mayor parte de la flota de Nueva España. Sin embargo, 
Egües logró poner en salvo las tripulaciones y los mejores car- 
gamentos. La superioridad en el mar central de América de los 
ingleses que acababan de conquistar á Jamaica , la escasez de 
buques y los contagios que se padecieron por ese tiempo en 
las costas de Méjico , Yucatán y Venezuela , no permitieron que 
se despacharan ilotas en Cádiz en 1657. 

1657. — En setiembre de 1657 una escuadra inglesa de siete 
urcas mandada por Stayner, que acechaba el regreso de las flo- 
tas, penetró tras ellas por la barra de San Lúcar, y después del 
mas tenaz combate incendió uno de los galeones en que volvia 
de Lima el virey del Perú , marqués de Baides , con toda su fa- 
milia. En esa desgracia murieron él , su mujer, una hija y un 
hijo, salvándose con varios tripulantes otros cinco hijos varo- 
nes del desventurado matrimonio , que fueron recogidos por . 
los ingleses. El galeón de Hoyos , después de pelear valerosa- 
mente, pudo tomar el largo; pero naufragó en la costa, salvando 
la gente y los caudales. Otros dos galeones cayeron en poder 
de los ingleses cuyo botin ascendió á dos millones de pesos.'La 
flota mercante logró refugiarse en Gibraltar. 

1658. — En mayo de 1658 salieron de Cádiz las urcas de 
azogues, los galeones y las flotas con el general D. Diego de 



DE LA ISLA DE CUBA. 441 

Ibarra que ancló felizmente con la principal en Veracruz en 7 
de agosto, y pudo regresar á España en noviembre del mismo 
año. Pero la presencia de una superior escuadra inglesa le 
obligó á arribará Santander. No permitieron los cruceros ene- 
migos que se despacharan flotas de Cádiz en 1659. 

1660. — En abril de 1660 salieron las dos flotas de Cádiz con 
D. Adrián Pujadas Pareja, llegando la de Nueva España en 28 
del siguiente julio á Yeracruz en donde murió luego aquel ge- 
neral. Su almirante ó segundo D. Juan Vicentelo no regresó 
con ella á Cádiz hasta julio de 1661. Esle año no salió de Cá- 
diz mas que la flota de Nueva España, que entró en la Habana 
en 2 de setiembre , á las órdenes de D. Gaspar Yelasco , lle- 
vando al Arzobispo y virey de Méjico D. Payo de la Rivera. 

1662. —En mayo de 1662 salieron de Cádiz los galeones y 
flota de Nueva España y Tierra-Firnie con el general D. Nicolás 
de Córdova , que después de entrar en Veracruz en 12 de se- 
tiembre, no salió de aquel puerto hasta el 13 de julio del si- 
guiente año, ni regresó á Cádiz hasta mediados de setiembre. 
Por falta de buques no se despacharon flotas para América 
en 1663. 

1664. — En abril de 1664 salieron de Cádiz los azogues, los 
galeones y dos numerosas flotas bajo el mando de D. Francisco 
Martínez de Granada, que llegó á Veracruz con la principal en 
30 de julio, y regresó á Cádiz con las dos trayendo grandes 
caudales á fines de octubre del mismo año. 

1665. — En julio de 1665 salieron de Cádiz los galeones y las 
dos flotas con el general D. José Centeno, que llegó á Yeracruz 
con la principal en 8 de setiembre , y regresó á Cádiz con las 
dos en julio de 1666, trayéndose al conde de Baños que acababa 
de cesar en el vireinalo de Nueva España. Al regresar en este 
año los galeones que en el anterior hablan salido con la flota 
de Nueva España fueron acometidos ya cerca de San Lúcar 
por una escuadra inglesa que se retiró muy mal tratada; pero 
se perdió en el combate la urca Margarita con cuatrocientos 
tripulantes y cerca de cinco millones de posos. 

1666. — En juniode 1666 salió de San Lúcar el general mar- 
qués de Yillarrubios mandando los galeones y flotas de Nueva 
ílspaña y Tierra-Firme. Entró en Yeracruz con la principal en 



44^ HISTDRÍA 

17 de setiembre, y no volvió con las dos hasta julio de Iññl, 
. La de los galeones, mandada por el príncipe de Montesuero, 
regresó separadamente penetrando en San Lúcar la almiranta 
mandada por D. Nicolás Fernandez de Córdova, los buques 
mercantes y un galeón que varó en la barra del Guadalquivir. 
La capitana con Montesuero y otro galeón anclaron en Cádiz ; y 
desde entonces por los inconvenientes que tenia la barra , man- 
dó el Rey que siempre arribasen las flotas á Cádiz cuando no 
hubiese peligro de enemigos. 

1667. — En julio de 1667 salieron de Cádiz los azogues y las 
flotas con parle de los galeones de la armada de barlovento al 
mando de D. Agustín Odiostegui. Entraron en Yeracruz en 23 
de setiembre y volvieron á España en 22 de enero de 1668 con 
grandes caudales. 

1668. — En mayo de 1668 salieron de Cádiz los galeones y 
las flotas con D. Enrique Enriquez de Guzman, que por la infe- 
rioridad de sus fuerzas y estar dominado el golfo de Méjico y 
el Archipiélago por fuerzas enemigas, tuvo que detenerse en Ye- 
racruz desde el 22 de setiembre hasta el 29 de agosto de 1669. 
En este año no salieron flotas para América. 

1670. — En junio de 1670 salieron de Cádiz los galeones y 
las dos flotas con D. José Centeno , que llegó á Yeracruz con la 
principal en 28 de setiembre, y regresó en j alio de 1671. 

1671.— En julio de 1671 salierou de Cádiz los galeones y flo- 
tas con D. Enrique Enriquez de Guzman , que llegó á Yeracruz 
en 29 de setiembre, y regresó un año después. Por este retraso 
no se despachó la flota para Nueva España hasta junio de 1672. 

1672. — A mediados de 1672 salieron para Cartagena los 
galeones y las flotas con el general D. Diego de Ibarra, que re- 
gresó á aquel puerto con grandes caudales y ricos cargamentos 
en 19 de marzo de 1773. Su llegada fué, según la pág. 351, 
tomo III del Diario Histórico y Polilico del P. José A. de la Fuen- 
te, «el regocijo de la corte y de toda España. » Esta flota trajo 
la noticia de la muerte del virey del Perú , conde de Lemus. 
En su reemplazo fué luego nombrado D. Baltasar de la Cueva, 
conde de Castelar y marqués de Malagon , que marchó á su 
destino en el mismo año con dos galeones que le llevaron á 
Chagres, acaudillados por D. Gabriel de Cruzalegui. 



DÉ LA ISLA DE CUBA. 44^ 

1673. — Los galeones y las flotas salieron de Cádiz en julio 
de 1673 á cargo de D. Pedro Herbete,que llegó á Yeracruz con 
ellos en 27 de setiembre , y no regresó á España hasta un año 
después. Por falta de embarcaciones no se despacharon flotas 
para América en 1674. 

1675.— En U de febrero de 1675 salieron de Cádiz los ga- 
leones y flotas á las órdenes de D. Nicolás de Córdova , cuyas 
instrucciones eran regresar si era posible en el mismo año con 
los caudales de Tierra-Firme y Nueva España juntos. Sin em- 
bargo, no pudieron volver á aquel puerto hasta el 17 de marzo 
de 1676 con la flota de Nueva España que habia salido mucho 
después que ellos para su destino. Los considerables fondos y 
los ricos cargamentos que trajeron , según el P. Alvarez de la 
Fuente, pág. 251, tomo lí de &w Diario Histórico, «fueron de 
gran regocijo para España. » 

En julio de 1675 salió de Cádiz la flota de Nueva España 
con D. Francisco Martínez, que llegó á Yeracruz en 13 de se- 
tiembre, y no regresó hasta agosto de 1676 á Cádiz, donde no 
pudieron despacharse expediciones en ese año. 

1676. — Únicamente salieron para reforzar la armada de 
barlovento dos galeras que llegaron á Cartagena á principios de 
1677, salvándose de muchos peligros. 

1677. —En julio de 1677 salieron de Cádiz las urcas de azo- 
gues, los galeones y las flotas con D. Gabriel de la Cruz Ale- 
gri, que entró en Yeracruz con la principal en 19 de setiembre, 
permaneciendo un año justo en aquel puerto. Regresó á España 
en noviembre de 1678 , sin que se le hubiese incorporado la 
flota de Tierra-Firme. 

1678.— En julio de 1678 salieron de Cádiz los galeones y las 
flotas con D.Diego de Córdova, que entró en Yeracruz en 15 de 
octubre del mismo año, y regresó con las urcas de azogues en 
l.^' de setiembre de 1679. 

1680. — En julio de 1680 salieron de Cádiz los azogues , los 
galeones y las flotas con D. Gaspar de Yelasco, que llegó á Ye- 
racruz con el virey entrante marqués de la Laguna en 15 de 
setiembre. Regresó un año después. Por falta de embarcaciones 
y lo entorpecida que estaba la navegación por armamentos ene- 
migos no se despacharon flotas en 1681 ni en 1682. 



444 HISTORIA 

1683. — En marzo de 1683 salieron de Cádiz los galeones y 
las flotas con D. Diego Zaldivar, que entró en Veracruz en 31 
de mayo, y regresó con ellas en 30 de setiembre del jnismoaño. 

1684. — En marzo de 1684 salieron de Cádiz los azogues y 
las flotas con D. Francisco Navarro. Entraron en Veracruz en 
13 del siguiente junio, y regresaron once meses después. 

1685. - Una urca de azogues y algunas embarcaciones mer- 
cantes salieron de Cádiz para Veracruz en mayo de 1685, y no 
regresaron hasta julio de 1686. 

1686. — En mayo de 1686 salieron de Cádiz las urcas de 
azogues y las flotas con D. Francisco Navarro, que llegó á Ve- 
racruz en 15 de setiembre con el virey conde de la Moncloa. 

1687. — Los galeones y las flotas salieron de Cádiz en mayo 
de 1687 con el general D. José Fernandez de Santillana. Lle- 
garon á Veracruz en 17 de setiembre, y regresaron con los 
azogues en agosto de 1688. 

1688. — En abril de 1688 salieron de Cádiz los azogues y 
las flotas con D. Andrés Tello de Guzman. Llegaron á Vera- 
cruz en 14 de setiembre, y regresaron un año después. 

1689. — En mayo de 1689 salieron de Cádiz los galeones y 
flotas con el conde de Villanueva ; entraron en Veracruz el 2 
de octubre, y después de haber corrido recios temporales, re- 
gresaron á Cádiz en principios de setiembre de 1690. Por falta 
de embarcaciones y las muchas que habían apresado los ene- 
migos no pudieron despacharse flotas de Cádiz en 1690 y 91. 

1692. — En julio de 1692 salieron de Cádiz los galeones y 
flotas con D. Luis de Egües. Llegaron á Veracruz en 15 de oc* 
lubre, regresando en setiembre de 1693, en cuyo año, ni en 
los dos siguientes, por los apuros del Erario y la escasez de 
buques, no pudieron despacharse flotas. 

1695. — En mayo de 1695 salieron de Cádiz los galeones y 
flotas con D. Ignacio de Barrios Leal , que entró en Veracruz 
en 28 de setiembre y regresó un año después con grandes cau- 
dales y ricos cargamentos. 

1696. — En junio de 1696 salieron de Cádiz los galeones y 
flotas con D. Juan Gutiérrez Cabrada , que llegó á Veracruz en 
3 de octubre y tuvo que detenerse allí hasta 28 de mayo de 1698. 

1698.— En julio de 1698 salieron de Cádiz los galeones y 



Í)E LA ISLA DE CUBA. 445 

flotas con D. Juan de Mascarúa , siguiéndole poco después las 
urcas de azogues de D. Martin dé Aranguren. Regresaron jun- 
tos un año después. 

1699. — Las últimas flotas que en el reinado de Carlos II sa- 
lieron de Cádiz para América fueron las que en julio de 1699 
condujo á Veracruz y Cartagena D. Manuel Velasco de Tejada, 
el último que aparece con el nombre de general de la Armada 
de la guarda de la carrera de las Indias. No salieron con él de 
aquellos puertos mas que siete galeones y diez y seis buques 
mercantes. Todos los demás, ó estaban inservibles, ó hablan 
sido apresados por los enemigos en la última guerra con Fran- 
cia, ó esperaban en los puertos de América orden y ocasión de 
volver juntos á España. El viaje de ida de los de Yelasco fué 
feliz ; pero sufrió largas demoras su regreso á España , así por 
la lentitud con que se reunieron los caudales y cargamentos de 
retorno , como por las alteraciones que sobrevinieron después 
de morir Carlos II en Madrid y ocupar su trono Felipe V. Ha- 
biendo luego declarado guerra á España el Austria y las dos 
primeras potencias marítimas, Holanda é Inglaterra , Luis XIV 
reunió una escuadra en Brest á las órdenes del almirante Ch^- 
teau-Rénaud para que , después de reforzar los puestos mili^ 
tares de las Antillas francesas , marchase á esperar en la Ha^ 
baña á los galeones y flotas de Yelasco, y volvieran luego á 
Cádiz lodos juntos. Aunque las fuerzas de Cháteau-Rénaud 
pasaran de treinta buques de guerra, y él tuviese que dete- 
nerse algunos meses en la Guadalupe y en la Martinica , no se 
descuidó en comunicar á Velasco Jas órdenes é instrucciones 
que le trajo del gabinete español para su viaje de regreso. Ve- 
lasco no vaciló en trasladarse en seguida á la Habana con la 
flota de Veracruz ; pero tanto por parecerle pocos los buques 
franceses que encontró en aquel puerto y por esperará los galeo- 
nes de Cartagena y las embarcaciones de Honduras , se negó á 
dirigirse á Cádiz hasta que el mismo Cháteau-Renaud llegase 
de la Martinica á escoltarle hasta Europa con toda su escuadra. 
Y se fundaba : numerosos armamentos ingleses y holandeses 
dominaban entonces en las aguas de Europa y en el Mediter- 
ráneo. 

Hasta pocos dias después de la llegada de Cháteau-Rénaud 



446 HISTORIA 

no emprendieron todos su viaje de regreso. Cerca de las Azo- 
res supieron que cruzaban las escuadras enemigas entre el 
cabo de San Vicente y Cádiz ; y como no se fijaban Velasco y 
Cháteau-Rénaud mas que en lo principal de su misión , en 
salvar los caudales y cargamentos que iraian , se vieron forza- 
dos á mudar de rumbo , dirigiéndose á las costas de Galicia. 
Llegaron sin tropiezo á Vigo el 22 de setiembre de 1702 , y 
dieron al momento parte de su arribo con diez y siete millones 
quinientos mil pesos en metálico y mas de veinte millones en 
mercancías. 

De los veinte y tres buques de guerra con que llegó Chaíeau- 
Rénaud solo se quedó con diez de los mas maltratados, y des- 
tacó los demás inmediatamente á Brest. Dejemos que un autor 
contemporáneo , el marqués de San Felipe , nos refiera , en el 
primer tomo de sus Comentarios de la guerra de España , el fu- 
nesto y trágico suceso que un mes después ocurrió en aquella 
bahía , catástrofe toda o^riginada de la incorregible y absurda 
ceguedad de la Contratación de Sevilla : 

(( Pretendió el comercio de Cádiz , que nada se podia desem- 
)) barcar en Galicia , que eran aquellos sus privilegios, y que se 
)) debian conservar seguras en el puerto , cargadas las naves, 
)) hasta que se fuessen les enemigos. Sobre esto, no fué tan bre- 
» ve como pedia la necesidad la expedición del negocio en el 
» Consejo de Indias , ya por la natural lentitud y madurez es- 
» pañola , ya porque eran varios los pareceres : por fin , sin de- 
» terminar absolutamente la duda, se embió á D. Juan de Lar- 
)) rea para que sacasse luego de las naves el oro y la plata : ni 
westo se executó antes de cumplido ya un mes, que hablan lle- 
))gado al puerto. No se dio prisa á sacar las mercaderías, quan- 
)) do estas excedían á la plata en valor. Ya avia la armada enemi- - 
))ga alcanzado la noticia que estaba en Vigo la flota; y á 22 de 
» octubre , con viento favorable, llegó á aquella costa : desem- 
)) barco quatro mil hombres, y plantando baterías contra las 
)) torres del puerto , las ocupó con poco trabajo , desamparadas 
)) de los que las presidiaban, siendo imposible defenderlas, ni 
» ser su fábrica capaz de resistir la batería. Como era favorable 
wel viento, dos naves á un tiempo á velas llenas, armadas de 
)) los acostumbrados picos la proa, rompieron con facilidad la 



DE LA ISLA DE CUBA. 447 

)) cadena. Entraron al puerto las que seguían, despreciándolos 
» cañonazos de los baluartes de la ciudad , que no sin fruto in- 
)) cessantemente disparaban. Disputaron la entrada con valor 
» diez naves de guerra francesas (las demás se avian buelto á 
))sus puertos) y se travo una batalla cruel , con tanto tesón de 
» una y otra parte , que mezclados los leños , casi era inútil el 
» cañón : peleábase con fuegos de inhumano artificio , ollas , ca- 
)) misas y bolas de betún ardiente. Deseaban los franceses venir 
)) al aborde porque estaban mas bien guarnecidos de gente de 
«guerra; pero los ingleses toda la lid cometieron al fuego y 
)) siendo en número superiores , no podian diez naves defen- 
)) derse de tanta multitud de leños enemigos, que suplian siempre 
»los maltratados. Las de la flota procuraron internarse más en 
))la ria, por si podian tener socorro de tierra, y echar á ella los 
«fardos de las mercaderías; pero los ingleses avian ocupado la 
«orilla y á fusilazos embarazaban á los españoles sus faenas, per- 
» maneciendo á pecho descubierto contra la artillería de estas 
» naves , que se defendían valerosamente. Las que estaban mas 
«protexidas de los baluartes de la ciudad y mas vecinas á ella, 
«desembarcaron tumultuariamente algunas mercadurías, con 
» poco logro , porque mal guardadas en la confusión, el mismo 
« paisano llamado á defenderlas las robaba. No se puede des- 
«cribir dia mas cruel , ni mas lastimoso, por el innumerable 
«género de muertes que padecieron aquellos infelizes, ceñidos 
w de inebitables peligros en espacio lan estrecho. Los que si- 
«guieron las naves de la flota hasta lo mas bajo de la ria (ven- 
«cidos ya los franceses, que hacían frente) pretendían apa- 
« gar el incendio , por la ambición de la presa , porque D. Ma- 
»nuel de Velasco , á quien no desamparó el valor, sino la for- 
«tuna, mandó quemarlas: esto mismo hicieron los franceses, 
» echándose al mar la gente que salvarse pudo. Los enemigos ya 
«no cuidaban sino de apagar las llamas, aunque veian que la 
«mayor parte de las mercadurías se avian echado al mar. Mu- 
«chos perecieron, buscando en el centro del fuego las riquezas: 
«estos, y los que murieron en la batalla, fueron ochocientos 
«ingleses y olandeses; quinientos quedaron heridos, y una 
» nave de tres puentes inglesa incendiada ; pero tomaron trece 
«naves de españoles y franceses, entre ellas siete de guerra 



448 HISTORIA 

» y seis de mercaduría , aunque muy maltratadas y medio que- 
)) madas algunas : las demás las echaron á pique , ó las entre- 
» garon á la llama en el ardor del combate. Murieron en él dos 
)) mil españoles y franceses, y pocos dexaron de estar heridos. 

)) Valerosamente se portaron los jefes de la armada inglesa y 
)) olandesa , Ormont, Halemundo y Colembergh : fueron vistos 
)) por su mano pelear en el mas estrecho riesgo. No menos es- 
)) forzados, aunque menos felices , fueron el señor de Chateau- 
)) Rénaud y Yelasco. Se gloriaron aquellos , que el valor de lo 
» apresado subia á la suma de quatro millones de pesos; mas 
)) de ocho es cierto que perdió el comercio de Cádiz , donde 
)) quedaban ocultamente incluidos los mismos enemigos, y assi 
» no era todo ageno lo que tomaron y echaron á perder. El Rey 
)) perdió mas que todos, no solo en no quedarle navio para In- 
» dias , y en lo que avia de percibir de las aduanas , si se in~ 
)) troducian todas las mercadurías, sino porque fué preciso des- 
)) pues valerse de navios franceses para el comercio de la Amé- 
)) rica, que fué la ruina de sus intereses y de los de sus vassallos. 
» Al otro dia de la sangrienta batalla hicieron bajar al mar los 
» enemigos gran número de buzos con poco efecto , porque la 
» artillería de la ciudad lo impedia , y bolbiendo á embarcar su 
» gente, llenando de flámulas y gallardetes los árboles, canta- 
)) ban con flautas y pífanos la victoria. Assi dirigieron la proa á 
» sus puertos, dexando llena de tristeza y horror aquella tierra: 
» luego buzearon los españoles, y se recobró lo que aun no ha- 
)) via corrompido el agua. De esta desgracia nacieron infinitos 
)) pleytos en toda la Europa, porque toda estaba interesada.» 

1701. — En junio de 1701 salieron de Cádiz las urcas de 
azogues y las flotas con D. Fernando Chacón, que con mala es- 
trella regresaron con los galeones de D. Manuel de Velasco en 
el siguiente año para ser sorprendidas é incendiadas en gran 
parte por la escuadra inglesa en Vigo. 

1703. — En 1703 salieron de San Lúcar cuatro urcas arma- 
das y varias embarcaciones mercantes mandadas por D. Fran- 
cisco Antonio Garrote , que entraron en Yeracruz en el mismo 
año , y volvieron á Cádiz en la primavera del siguiente. La su- 
perioridad de la marina inglesa en todo el Atlántico , la escasez 
de embarcaciones y los apuros del Erario durante la guerra de 



DE LA ISLA DE CUBA. 449 

sucesión , no permitieron despachar expediciones mercantes en 
17C4 y 1705. Los generales franceses marqués de Coetlogon y 
Ducasse vinieron escoltando con sus escuadras hasta Cádiz las 
flotas de Yeracruz y Cartagena en 1704 y 1705. 

1706. —En enero de 1706 salieron de Cádiz los galeones y 
flotas con el general D. Diego Fernandez de Santillana, midien- 
do los cargamentos destinados á Yeracruz dos mil seiscien tas 
cincuenta y tres toneladas. Regresaron un año después. 

1708. En marzo de 1708 salieron de Cádiz los galeones es- 
coltando buques mercantes bajo el mando del general D. An- 
drés de Pez, que entró en Yeracruz en 3 de mayo. 

El día 8 del siguiente julio, cuando salían los galeones de 
Cartagena á incorporarse en la Habana con la flota de Nueva 
España , que en 22 de mayo habia zarpado de Yeracruz con el 
general D. Andrés de Pez , fueron atacados por una escuadra 
inglesa de doce navios de^línea mandada por el vice-almirante 
Greydon. En el desigual combate allí empeñado se incendió la 
capitana , que llevaba los caudales del Erario, y otros dos ga- 
leones cayeron en poder del enemigo. Las dos flotas regresaron 
luego en salvo á España escoltadas por la escuadra francesa 
del teniente general Ducasse, aportando á Pasages grandes 
caudales. 

1710. —En marzo de 1710 salieron de Cádiz las urcas de 
guerra llamadas los Azogues, mandadas por el jefe de escuadra 
D. Manuel López Pintado, que llegó á Yeracruz en 28 de junio. 

En agosto del mismo año salieron del mismo punto con igual 
destino otro buque de guerra y dos embarcaciones mercantes 
á las órdenes del duque de Linares , virey de Nueva España. 
Estos buques se incorporaron después á la flota que con el ge 
neral D. Andrés de Arrióla regresó á Cádiz á mediados de 1711. 

1712. — En abril de 1712 salieron de Cádiz los galeones, 
Azogues y flotas para Nueva España, mandados por el general 
D. Andrés de Arrióla, que llegó á Yeracruz en 5 de octubre, y 
fondeó en San Lúcar, de regreso, en 19 de noviembre de 1713 
con un numeroso convoy y grandes caudales. Pero al regresar 
se perdieron en los arrecifes del canal nuevo de Bahama un 
galeón y otro buque con grandes riquezas. 

Ya por este tiempo habia empezado á organizarse la marina 

HIST. DB CUBA, TOMO I. — 29 



450 HISTORIA 

de guerra de España bajo las formas que después se han me- 
jorado , sobre todo en el orden y escala de graduaciones de esa 
carrera. Ya no bastaba ser marino práctico 6 armador acauda- 
lado para mandar flotas y llamarse general. Se exigían estudios 
facultativos para ser guardia marina y sucesivamente alférez de 
fragata , de navio , teniente de fragata y de navio , capitán de 
fragata y de navio , jefe de escuadra y teniente general. El an- 
tiguo empleo de capitán general del Océano se convirtió en dig- 
nidad de carácter fijo y vitalicio , en el de capitán general de la 
armada , desempeñándolo siempre desde entonces, con alguna 
rara excepción , el marino de mejores antecedentes y servicios. 

1715. — Después de la rendición de Barcelona el jefe de es- 
cuadra D. Manuel López Pintado salió de Cádiz para Veracruz 
en 21 de agosto de 1715 con la flota de Nueva España. Encon- 
tró en la Habana los navios mandados por el de la misma clase 
D. Fernando Chacón , que habia llevado á Veracruz al virey 
marqués de Valero. Ambas flotas regresaron á Cádiz el 25 de 
agosto de 1716. 

1716.— En abril de 1716 salieron de San Lúcar los galeones* 
Azogues y flotas de Nueva España y Tierra-Firme al mando 
del jefe de escuadra D. Antonio Serrano, que regresó de Vera- 
cruz á Cádiz en setiembre de 1717. Las embarcaciones mer- 
cantes de su convoy cargaron dos mil ochocientas cuarenta y 
una toneladas. 

1717. — El 16 de diciembre de 1717 llegaron á Cádiz re- 
unidos nueve navios de Veracruz y de la Habana. 

1718. — A mediados de mayo de 1718 salió de Cádiz el bri- 
gadier D. Gregorio Guazo , capitán general nombrado para 
Cuba , con dos buques de guerra y siete trasportes que lleva- 
ban dos mil hombres destinados á reforzar y reorganizar las 
guarniciones de aquella isla y las Floridas. 

1719.— En abril de 1719 salieron de San Lúcar los galeones 
Azogues y flotas que mandaba el jefe de escuadra D. Fernando 
Chacón. Solamente las embarcaciones mercantes que regresa- 
ron con él de Veracruz trajeron mas de diez y seis millones de 
pesos en metálico , y acaso mayor valor en cargamentos. 

En 21 de diciembre de 1719 llegaron á Cádiz tres navios de 
guerra mandados por el capitán de navio D. Rodrigo de Tor- 



DE LA ISLA DE CUBA. 451 

res , habiendo apresado dos embarcaciones mercantes de con- 
trabandistas ingleses. Al doblar el cabo de San Vicente se en- 
contraron con tres navios de guerra ingleses , con los cuales 
pelearon cerca de cinco horas. Los ingleses, mandados por 
Cavendish, tuvieron que retirarse maltratados á Gibraltar, con 
ciento cincuenta muertos y muchos heridos. De los españoles 
murieron veinte y quedaron heridos veinte y siete. 

1720. —La escuadra y las flotas á cargo del teniente gene- 
ral D. Baltasar de Guevara salieron de Cádiz en 27 de enero 
de 1720; llegaron á la Habana en 1.° de mayo de 1720 , y sa- 
lieron para Veracruz en 27 del siguiente junio. Volvieron á sa- 
lir de este puerto el S de setiembre , y entraron en Cádiz , des- 
pués de su detención en la Habana, el 20 de diciembre, 
precediéndolas los navios Cambi, Catalán, Infante, las fragatas 
Fidela y San José y una galera. El navio Begoña y el bajel 
Virgen del Carmen llegaron pocos dias después. Estos buques 
trajeron siete millones novecientos ochenta y seis mil nove- 
cientos veinte pesos en oro y plata, y por valor de doce millo- 
nes de pesos de mercancias. 

En 7 de agosto de 1720 salió de Cádiz la escuadra de don 
Fernando Chacón con las flotas de Nueva España y Tierra- 
Firme , contando entre las dos doce navios. Sin detenerse ape- 
nas en la Habana llegaron á Veracruz en 26 del siguiente oc- 
tubre. Salieron de este puerto en 29 de mayo de 1721. Se de- 
tuvieron en la Habana treinta y cinco dias, y regresaron á 
Cádiz el 19 de setiembre con mas de diez millones de pesos en 
metálico. 

1721. — En abril de 1721 salieron de Cádiz cuatro galeones , 
y nueve navios de guerra con las dos flotas mercantes para 
Tierra-Firme y Nueva España bajo el mando del teniente ge- 
neral D. Baltasar de Guevara. Regresaron en el siguiente año. 

j 722.— En abril de 1722 salieron de San Lúcar las flotas de 
galeones, Azogues y embarcaciones mercantes á cargo del jefe 
de escuadra D. Antonio Serrano : estas últimas regresaron en 
setiembre del siguiente año con mas de siete mil toneladas de 
ricas mercancias. 

1726.— En julio de 1726 salió de Cádiz el teniente general 
de la armada D. Antonio Gastañeta con once navios de guerra 



452 HISTORIA 

y una expedición de mas de dos mil hombres de tropas vete- 
ranas que llevaba el mariscal de campo D. Gregorio Guazo á 
proteger á las Antillas de los ataques de los ingleses. 

1728. — En abril de 1728 salió de Cádiz el teniente general 
marqués D. Esteban Mari con galeones y azogues y las flotas 
de Nueva España y Tierra-Firme , mandadas por los jefes de 
escuadra D. Manuel López Pintado y D- Rodrigo de Torres. 
Pintado entró en Cartagena de Indias con los navios de guerra 
de su mando (los galeones) en setiembre de 1728. Los de guerra 
y azogues del jefe de escuadra D. Rodrigo de Torres llegaron 
de Cádiz á Veracruz el 25 de julio del mismo año. Unos y otros 
regresaron á la isla Gaditana el 22 de febrero de 1729. Jamás 
se habia conocido en aquel puerto mayor animación , tanto por 
el número de buques que llegaron y por las riquezas que traian, 
calculadas en mas de treinta millones de pesos, según la Gaceta 
de Madrid del 1.° del siguiente mayo, como por la presencia de 
Felipe V, de su esposa doña Isabel Farnesio y de toda la corte 
que , residiendo entonces en Sevilla , se trasladó el 21 de fe- 
brero á aquella ciudad para presenciar la entrada de los ga- 
leones y flotas. Se componía la expedición de los navios Fuerte 
y San Antonio , Blandin , Paloma , San Fernando , San Juan , 
Catalán, Volante y hasta diez y siete buques mercantes con 
ricos cargamentos de oro, plata, tabaco, añil, grana, cochi- 
nilla y las mejores especies americanas. 

1731. — En abril de 1731 salieron de Cádiz los galeones, Azo- 
gues y las dos flotas á las órdenes del jefe de escuadra D. Ro- 
drigo de Torres. La de Veracruz regresó con él en noviembre 
de 1732, desembarcando cuatro mil cuatrocientas cincuenta y 
nueve toneladas de cuantiosos cargamentos. 

1734.— En abril de 1734 salió de Cádiz el teniente general 
D. Manuel López Pintado con los galeones. Azogues y flotas 
para Nueva España. Regresó al mismo puerto en 1736 con va- 
lores muy considerables. 

1738.— En abril de 1738 salieron de Cádiz los galeones y 
flotas á las órdenes del jefe de escuadra conde de Clavijo, que 
se detuvieron mucho en varios puertos de América y tuvieron 
luego que descargar en la Habana cuatro mil setecientas se- 
senta y cinco toneladas que habían sacado de Veracruz, por los 



DE LA ISLA DÉ CUBA. 4S5 

peligros que amenazaron su regreso , habiéndose roto las hos- 
tilidades en 1739 con la Gran Bretaña. La flota de Cartagena 
no pudo salir de la Habana para España hasta el 22 de junio 
de 1739. Teniendo que variar su derrota, la condujo á Santan- 
der con los Azogues y los navios Castilla , León y Esperanza el 
jefe de escuadra D. José Pizarro. Ancló en aquel puerto el 13 
del siguiente agosto con cinco naillones ciento cuarenta y un mil 
ciento treinta y tres pesos y ricos cargamentos de añil y grana. 
La guerra con una potencia tan superior á España en fuerzas 
marítimas, los embarazos de una gran reunión de buques 
mercantes y la necesidad de sostener combates desiguales á 
veces para protegerlos , resolvieron al Rey y al Consejo de In- 
dias á adoptar el medio de despachar registros sueltos en fra- 
gatas veleras y armadas, que se dirigieron desde Cádiz, y con 
independencia unas de otras, para los puertos coloniales de sus 
respectivos destinos. 

1739.— En la primavera de 1739 salió de Cádiz para la Ha- 
bana y Cartagena una escuadra de siete navios , varias fragatas 
y buques menores de guerra con las flotas, á las órdenes del 
teniente general D. Blas de Lezo, que tanto se ilustró dos años 
después con aquellas mismas fuerzas navales en la heroica de- 
fensa de Cartagena de Indias contra la escuadra y el ejército 
inglés del almirante Vernon. 

1741.— A principios de 1741 salió de Cádiz para Veracruz 
con una escuadra de ocho navios de guerra y otros buques me- 
nores el teniente general D. Rodrigo de Torres, que, á pesar 
de la superioridad de la marina inglesa , supo eludir su per- 
secución , reforzó varias guarniciones de la América central y 
regresó de Yeracruz con caudales mayores que ninguna de las 
expediciones anteriores. 

1746.— En marzo de 1746 salió de Cádiz para los puertos de 
América con diez navios, algunas fragatas y otros buques me- 
nores de guerra el teniente general D. Andrés Reggio , que en 
octubre de 1747 sostuvo un glorioso combate de indeciso resul 
tado con la escuadra inglesa del almirante Knowles, á la vista 
de la Habana. 

1757.— En 11 de febrero de 1757 salieron de Cádiz cuatro, 
buques de guerra y las flotas de Tierra-Firme y Nueva España 



454 HISTORIA 

á las órdenes del jefe de escuadra D. Joaquín Manuel de Ville- 
na. En este año se trató de organizar en flotas reunidas , como 
antiguamente, las expediciones mercantes para América que ha- 
bian cesado desde 1740 ; pero pronto se volvió á desistir de ese 
antiguo y ya innecesario sistema , estando ya libre de piratas 
y corsarios la navegación trasatlántica y España en paz enton- 
ces con las potencias matítimas. 

1760.— En la primavera de 1760 salió de Cádiz el teniente 
general D. Blas Barreda con seis navios y algunas fragatas de 
guerra para la Habana , Cartagena y Veracruz. En enero del 
siguiente año regresó á Cádiz con crecidos caudales. 

En 29 de junio de 1760 salieron de Cádiz las flotas con cinco 
buques de guerra mandados por el jefe de escuadra D. Carlos 
Reggio, y regresaron en la primavera del siguiente año. 

1761. —En 14 de abril de 1761 salieron de Cádiz á los órde- 
nes del jefe de escuadra D. Gutierre de Hevia , marqués del 
Real Transporte , los navios de guerra Tigre , Soberano , Yen- 
cedor, Conquistador, Asia y luego el Tridente, con tres fraga- 
tas de guerra , llevando los dos segundos batallones de los regi- 
mientos de España y Aragón y una compañía de artillería. Esta 
expedición , después de dejar en Santiago de Cuba tres compa- 
ñías, llegó á la Habana en 29 de junio. 

1763. — En mayo de 1763 salieron de Cádiz con el capitán 
de navio D. José Sapiain cuatro navios de guerra y mas de 
veinte transportes, con dos mil doscientos hombres de todas 
armas bajo el mando del teniente general conde de Riela, en- 
cargado de la toma de posesión de la plaza de la Habana, con- 
quistada diez meses antes por los ingleses, que tuvieron que res- 
tituirla en cumplimiento de uno de los artículos del reciente 
tratado de paz deYersafles. 

Después de la paz de principios de 1763 , aunque no se dero- 
garon las disposiciones vigentes para traer anualmente en bu- 
ques de guerra los caudales del Erario , de Yeracruz , Porto- 
belo y Cartagena de Indias, la seguridad de la navegación y el 
respeto que en general guardaron las potencias marítimas á sus 
tratados con España, acabaron de emancipar á nuestra marina 
mercante de su anterior y larga sujeción de ir á los puertos de 
América una vez al año y reunidas por escuadras. Mayor fué 



DE LA ISLA DE CUBA. 455 

esta franquicia al suprimirse en 1763 el antiguo monopolio con- 
cedido á Cádiz y Sevilla para el comercio con América , que se 
permitió desde aquel año á los principales puertos de la Penín- 
sula. Desde ese tiempo todos los buques españoles fueron li- 
bremente despachados por nuestras aduanas en todas las épo- 
cas del año, hasta que en 1779 estalló una nueva guerra con la 
gran Bretaña. Pero después de terminada á los cuatro años, lo 
mismo en épocas de paz que en la de hostilidades , siguieron 
usando libremente de aquella libertad. Las antiguas flotas en 
realidad se suprimieron desde 1764. 

1765. — Eq 24 de febrero de 1765 salieron de Cádiz muchas 
embarcaciones mercantes y tres buques de guerra á las órde- 
nes del jefe de escuadra D. Agustín Ydiaquez. 

1868. — En 22 de noviembre salieron de Cádiz para las An- 
tillas tres urcas de la marina nacional y una saetía catalana con 
mas de mil hombres procedentes de los regimientos de Aragón 
yGuadalajara destinados á la creación del de la Luissiana. Lle- 
garon á la Habana en 19 de enero de 1769. 

En 22 de diciembre salieron de Cádiz juntas muchas embar- 
caciones mercantes para Nueva España y Tierra-Firme , con 
tres navios de guerra al mando del jefe de escuadra marqués 
de Casa-Tillí. 

1770. —En 16 de diciembre salieron de Cádiz para la Haba- 
na cinco urcas y saetías , con novecientos ochenta y nueve re- 
clutas para el reemplazo de cumplidos de los regimientos de 
Sevilla y de la Habana , llegando al puerto de este nombre en 
9 de febrero de 1771. 

1772. — En 29 de mayo salieron de Cádiz muchas embarca- 
ciones destinadas á Tierra-Firme y Nueva España; y dos na- 
vios de guerra á cargo del jefe de escuadra D. Luís de Cór- 
dova. 

1776.— En 8 de mayo salieron de Cádiz dos buques de 
guerra y algunas embarcaciones mercantes para Nueva España 
y Tierra-Firme , al mando del jefe de escuadra D. Antonio 
de ÜUoa. 

En 13 de noviembre de 1776 salieron de Cádiz diez navios y 
otros buques de guerra con el teniente general de marina mar- 
qués de Casa-Tillí y un convoy de ciento diez y seis transpor-^ 



4S6 HISTORIA 

tes con diez mil hombres mandados por el teniente general don 
Pedro Ceballos. Esta expedición luego arrojó á los portugueses 
de la isla de Santa 'Catalina en la costa de Buenos-Aires, co- 
giendo sus guarniciones , sus fortalezas y sus naves. 

1779. — En 2 de enero dos fragatas de guerra y un convoy 
de once embarcaciones mercantes salieron de Cádiz con los dos 
batallones del regimiento de Navarra, mandados por D. José de 
Espoleta. Llegaron á la Habana en los días 17, 24 y 25 de fe- 
brero , y se acuartelaron en Guanabacoa. 

1780. — En 28 de abril de 1780 salieron de Cádiz 12 navios 
de línea , tres fraga tas y cuatro bergantines de guerra , manda- 
dos por el jefe de escuadra D. José Solano, escoltando un con- 
voy de ochenta y dos buques mercantes con mas de doce mil 
hombres á las órdenes del teniente general D. Victorio de Na- 
via. Estas fuerzas arrebataron á los ingleses las dos Floridas, 
hicieron respetar nuestras posesiones de América y se dispo- 
nían á conquistar á Jamaica cuando se celebró la paz de 1785 
y regresaron á España parcial y separadamente. 

1789. — En 17 de junio de 1789 la fragata de guerra Paz, 
mandada por el brigadier D. Federico Gravina salió de Cádiz, 
y arribó á Cartagena de Indias el 14 de julio ; á su regresó se 
detuvo veinte y cuatro horas en la Habana , llegando á fondear 
en Cádiz en 2 del siguiente setiembre. Este viaje emprendido 
para llevar á América las cédulas y gracias del advenimiento al 
trono de Carlos IV fué admirado por su rapidez. 

El 30 de julio del mismo año salieron de Cádiz las corbetas 
de guerra Descubierta y Atrevida mandadas por los capitanes 
de fragata D. Alejandro Malaspina y D. José Bustamante Guer- 
ra. Después de terminados muchos reconocimientos y estudios 
científicos dieron la vuelta al mundo y regresaron á Cádiz. 

1792. —En 29 de febrero de 1792 salió de Cádiz para el 
Callao la fragata Loreto cargada de azogues y mandada por 
D. Diego GuiraL 

1793. -En junio de 1793 salió de Cádiz para las Antillas 
una escuadra de nueve navios y once buques mas de guerra, á 
las órdenes del teniente general D. Gabriel de Aristizabal. 

1794. —En febrero de 1794 salieron también de Cádiz á re- 
forzar á Aristizabal otros cuatro navios de guerra, mandados 



DE LA ISLA DE CUBA. 4S7 

por el jefe de escuadra D. José Várela Ulloa , que murió en la 
Habana del vómito en el siguiente verano con muchos de sus 
tripulantes. 

1795. — En 30 de noviembre de 1795 salieron de Cádiz tres 
navios y dos fragatas al mando del jefe de escuadra D. Ignacio 
de Álava para dar la vuelta al mundo. 

1798. — En la noche del 10 de abril de 1798 el navio de 
guerra Monarca y las fragatas Mercedes y Paz á las órdenes del 
brigadier D. José Justo Sarlcedo salieron de Cádiz ; y, atrave- 
sando por medio de una escuadra inglesa de bloqueo, se diri- 
gieron á llevar refuerzos y desempeñar varias comisiones en la 
América septentrional. 

En 20 de diciembre de 1798 los navios de guerra San Ilde- 
fonso y San Fulgencio , las fragatas de la misma clase , Céres, 
Asunción , Epifanía y Viana con la de guerra francesa Vestale 
y seis fragatas mercantes españolas salieron de Cádiz á las ór- 
denes del brigadier de marina D. Dionisio Alcalá Galiano que, 
rompiendo también el bloqueo de la escuadra inglesa, se dirigió 
á la América septentrional, recogió los caudales deVeracruz , y 
por derrotas desusadas arribó algunos meses después á San- 
toña. 

1815. —En febrero de 1815 salió de Cádiz con algunos bu- 
ques de guerra una expedición de mas de diez mil hombres á 
las órdenes del teniente general D. Pablo Morillo que en el si- 
^Mente abril desembarcó en Costa-Firme. 

1N'J16. —En mayo 1816 salió de Cádiz para la Habana la fra- 
gata de guerra Castilla con el teniente general D. José Cien- 
fuegos , escoltando á siete embarcaciones de transportes que 
llevaban cerca de mil hombres del regimiento de Navarra. 

1819. —En junio de 1819 salió de Cádiz para la Habana el 
teniente general D. Juan Manuel de Cajigal con la fragata de 
guerra Sabina y un convoy de tres mil hombres destinados á 
aquella guarnición y otras de América. 

1821. — En 30 de mayo de 1821 salió de Cádiz el navio Asia 
con el teniente general D. Juan Odonojú y el mariscal de cam- 
po D. Juan de la Cruz Mourgeon, con algunos jefes y oficiales 
que llegaron á Puerto-Cabello en 4 del siguiente julio. 

En setiembre del mismo año salió de Cádiz para Cartagena 



458 HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA. 

de Indias á las órdenes del brigadier de marina D. José Sarto- 
rio una escuadra compuesta de las fragatas Yiva y Ligera , la 
corbeta Aretusa y los bergantines Hiena y Hereaies con cuatro 
transportes. 

1823. — En octubre de 1823 salieron de Cádiz para la Ha- 
bana dos buques de guerra con reemplazos de tropas á las órde- 
nes de D. Isidro Barradas. 

1825. —En marzo de 1825 salieron de Cádiz para la Habana 
dos buques de guerra con tres transportes que llevaban nove- 
cientos hombres á las órdenes del coronel D. Isidro Barradas. 

1826. — En febrero de 1826 salieron de Cádiz para Santiago 
de Cuba , el navio Guerrero y la corbeta de guerra Záfiro. 

1829.— En marzo de 1829 salieron de Cádiz para la Habana 
una fragata de guerra y dos transportes con reemplazos de 
tropas. 



En la anterior reseña no hemos comprendido multitud de 
expediciones sueltas á América de buques de guerra desde prin- 
cipios del presente siglo. El completar la relación de todas las 
expediciones españolas entre los dos continentes , expresando 
sus cargamentos , sus caudales y sus accidentes , requiere tra- 
bajos mas extensos y mas prolijas averiguaciones que la reseña 
que ahora terminamos. 



índice 

DE LAS MATERIAS QUE CONTIENE EL TOMO PRIMERO. 



Dedicatoria al Excmo. Sr. D. Joan de la Pezüela y Ceballos. . . S 
Informe leído sobre esta obra á la Real Academia de la Historia 

POR UNA comisión DE Sü SENO Y TRASLADADO POR AQUELLA CORPORACIÓN 

AL MINISTERIO DE UltRJ^MAR 8 

Prólogo 11 

Introducción 32 

CAPITULO PRIMERO —Descubrimiento de la isla.-liusiones de Colon. 

— Sus exploraciones litorales. — Los indígenas de Cuba. — Espíritu hos- 
pitalario de los de Macaca. — Reconoce Colon la costa meridional hasta 
mas allá de Batabanó, — Penalidades de su navegación. — Retrocede. — 
Creencias de los indígenas. — Bogeo de las costas de la isla por Sebastian 
de Ocampo. — El puerto de Carenas. — Naufragio de Alonso de Ojeda 

en Cuba. ...-.• 43 

CAPITULO II. — Establecimiento de la Casa de Contratación en Sevilla. 

— Expedición de los pobladores de Santo Domingo á la isla de Cuba. — 
Diego Veiazquez. — Su breve campaña contra los indígenas. — Suplicio 
de Hatuey.— Fundación de Baracoa. — Las encomiendas.— Primeras dis- 
cordias .—Primeros progresos coloniales.— Fundaciones de Bayamo, Tri- 
nidad, Santiago, Sancti-Spiritus, Puerto-Príncipe y la Habana. — Ex- 
ploración de la isla por Narvaez.— Gracias concedidas á sus pobladores. ?0 

CAPITULO IlL— Primera expedición salida de la isla para el continente. 

— Francisco Fernandez de Córdoba descubre el Yucatán.— Es rechazado 
por los naturales. — Se refugia en el puerto de Carenas. — Muere. — Se- 
gunda expedición acaudillada por Juan de Grijalva.»— Descubrimiento de 
ülúa y la costa mejicana. — Regreso de Grijalva á Santiago de Cuba. — 
Veiazquez deslina otro armamento mayor á conquistar á Méjico.— Confía 
su mando á Hernán Cortés y luego piensa quitárselo. — Sale Cortés de 
Santiago con la flota sin darle tiempo para destituirle. — Refuérzase Cor- 
tés en Trinidad y organiza en la Habana su armamento. —Su salida.— 
Nombramiento (Je adelantado en favor de Veiazquez.— Destina una expe- 
dición considerable á someter á Cortés y conquistar á Méjico— Sale man- 
dándola Panfilo de Narvaez.— Llega á Ulúa y á Zempoala, donde es ven- 



460 ÍNDICE. 

cido por Cortés.— Cuestiones entre este conquistador y aquel adelantado. 

— Influencia de las conquistas de Cortés. — Nómbrase inútilmente otro 
gobernador en su lugar. — Declárale el Jley capitán general de Nueva 
España. — Arribo á la Habana del adelantado de Panuco Francisco de 
Garay con su armamento. — Cortés se apodera de su territorio. — Envia 
otro con Cristóbal de Olid á conquistar á Hibueras. — Aporta Olid á la 
Habana. — Se confabula con- Yelazquez contra Cortés. — Es vencido en 

Hib eras y decapitado,— JUuerte de Velazquez 91 

CAPITULO IV. — Primer gobierno de Manuel de Rojas. — Llegada del 
oidor Juan de Altamirano.— Residencia de Velazquezyde Zuazo.— Pri- 
mer gobierno de Gonzalo de Guzman. —Estado de la isla. — Erección de 
un obispado. — Obispo Juan de Wite. — Gobierno, legislación y admi- 
nistración. — Introducción de indios forasteros. — Jornada de Panfilo de 
Narvaez á la Florida.— Sediciones de indios en Cuba.— Obispo Fr. Mi- 
guel Ramírez.— Tesorero Lope Hurtado.— Providencias de la corte.— 
Primera introducción de negros africanos. — Excesos de Gonzalo de Guz- 
man. — Tómale residencia el oidor Juan Vadillo y gobierna en su lugar. 
, —Comunicación de Vadillo al Emperador.— Segundo gobierno de Manuel 
de Rojas.— Símete á los indios alzados.— Sus acertadas providencias. — 
Reposición de Guzman en el gobierno, — Vuelven á alborotarse los indí- 
genas. — Primeros corsarios de Francia en América. — Se introduce uno 
en el puerto de la Habana y recbaza á sus perseguidores. — Largo com- 
bate entre otro corsario francés y una carabela española en el puerto de 
Santiago ' 120 

CAPITULO V. — Descubrimientos y tentativas de colonización de los fran- 
ceses en la parte septentrional del continente americano."— Expedición de 
Hernando de Soto para la Florida, confiriéndole el Rey el gobierno de 

' Cuba.— Su llegada á Santiago. — Entusiasmo que inspira su armamento. 

— El obispo Fr, Diego Sarmiento. — Nombra Soto por segundo suyo á 
Vasco Porcallo de Figueroa. — Extracción del ganado caballar de la isla. 
*■ El licenciado Bartolomé Ortiz, teniente gobernador de Santiago.— 
invasión de la Habana por un corsario francés. — Levanta el capitán Ma- 
teo Aceituno una pequeña fortaleza en esa villa. — Trasládase á ella Soto. 

— Su conducta con su antiguo socio Hernando Ponce. — Sale Solo para 
la Florida , dejando el gobierno de la isla á su esposa doña Isabel de Bo- 
badilla, y el de la Habana á Juan de Rojas. — Campaña de Florida. — 
Muerte de Soto. — Penosa retirada de su gente á Méjico.— Muerte de 
doña Isabel de Bobadilla.— Despoblación de la isla. — Déjanla Ortiz y el 
obispo Sarmiento 153 

CAPITULO VI. ~ Gobierno del licenciado Juanes Dávila.— Nuevas orde- 
nanzas de Indias. — Libertad de los indios con algunas excepciones.— 
Disgusto de los pobladores. — Propone Dávila para ía Habana la obra de 
la Zanja. —Insultos que sufre esa villa de un corsario francés. — Injusti- 
cias de Dávila. — Se le forma causa. — Gobierno del licenciado Antonio 



ÍNDICE. 461 

de Chaves. — Orden pasajero y seguido de nuevas discordias. — Quejas 
contra Ciiaves.— Estado de pobreza general.— -Escasez de brazos para las 
labranzas é industrias. — El fundidor alemán Juan Tezel empieza á ex- 
plotar las minas de cobre.— Trasládase Chaves á la Habana y da princi- 
.pioá la obra de la Zanja, — Arbitrios discurridos para costearla. . . 175 

CAPITULO Vil. — Gobierno del licenciado Gonza:o Pérez de Ángulo, — 
Minas de cobre. — Despoblación. — Negros. — Trasládase Ángulo á la 
Habana. — Reducción de la moneda á su valor intrínseco. — Sale para 
Puerto-Rico y vuelve.— Acusaciones contra él.— Invasiones de Santiago 
y de la Habana por corsarios franceses. — Heroica defensa del castillejo 
de la Fuerza por Juan de Lobera. — Ángulo sorprende á los franceses.— 
Su impericia. — Es rechazado por los corsarios. — Incendio de la Habana. 

— Representación del municipio al Rey contra Ángulo. —Tercer obispo 
Fernando de ürango. 193 

CAPITULO "VIII. — Gobierno de Diego de Mazariegos. — Primera guar- 
nición veterana de la Habana. — Reinado dt^ Felipe II. — Expedición de 
D. Tristan de Luna á la Florida. — Su mal éxito. — Expediciones de 
los protestantes franceses á la misma región. — Comisiona el Rey de Es- 
paña á Pedio Menendez de Aviles para exterminarlos y conquistar aque- 
lla tierra. — Suviaje. — Su audacia. —Desembarco en la bahía de San 
Agustín.— Sorprende á los dos fuertes que tenían los franceses y los pasa 
á cuchillo. — Recorre la península de Florida y se apodera también del 
fuerte de Ais , 213 

CAPITULO IX.— Gobierno de García Osorio.— Es sorprendido Mazarie- 
gos por los corsarios franceses de Ais,— Lo libertan los buques que envía 
Osorio de la Habana. — Llegada de Menendez de Aviles á este puerto. 

— Enemistad de Osorio con él, — Regresa á la Florida.— Recibe Menen- 
dez grandes refuerzos de España. — Aumenta las guarniciones de la Flo- 
rida, la Habana y Santo Domingo, — Excisiones entre Osorio y los su- 
balternos de Menendez. — Audaz navegación de Menendez desde la Flo- 
rida á España. — El Rey le acoge favorablemente 232 

CAPITULO X, — Gobierno de Pedro Menendez de Aviles. — Sus faculta- 
des y comisiones. — Ejércelo su lugar-teniente el licenciado Francisco de 
Zayas. — Forma causa de residencia á García Osorio. — De Gourgues, 
protestante francés, sorprende el fuerte de San Maleo en la Florida, — 
Obispo Bernardino de Villalpando, — Establecimiento de una misión de 
jesuítas y de un hospital militar en la Habana.— Fábrica del castillo de la 
Fuerza, — Gobierno del segundo lugar-teniente de Menendez Diego de la 
Ribera y Cepero. — Origen de los situados y remesas pecuniarias de Mé- 
jico á la isla, — Gobierno de Pedro Menendez Márquez, tercer lugar- 
teniente,— Su exploración hidrográfica por el canal nuevo de Bahama, — 
Castillo de la Fuerza, — Gobierno de Sancho Pardo Osorio, cuarto lugar- 
teniente—Comisión del oidor Alonso de Casares, — Ordenanzas muni^ 



462 ÍNDICE. 

cipales de la isla. — Facultad dada á los ayuntamientos para mercedar 
tierras 246 

CAPITULO XI.— Gobierno de D. Gabriel Montalvo.— Abusos de los mu- 
nicipios en el repartimiento de mercedes de tierras. — Muerte de Me- 
nendez de Aviles. — Proyecto de fabricar bajeles de guerra en la isla. — 
Obras de la Fuerza y de la Zanja de la Habana. —Fórmase el pueblo de 
Guanabacoa. —Excesos de Montalvo. — Su destitución. — Gobierno de 
Francisco de Carreño.— Obras públicas. —Cortes y remesas de maderas 
para el Escorial.— Primera fuerza montada.— El obispo Castillo. — Des- 
órdenes de los monacales. — Fundación del convento de Santo Domingo 
en la Habana.— Galeras guarda -costas.— Muerte de Carreño —Gobierno 
interino de Gaspar de Torres.-— Tierras. — Defectuosa agrimensura, . 261 

CAPÍTULO XII - Gobierno de Gabriel de Lujan.— Desórdenes de la Ha- 
bana.— Residencia de Torres.— Se fuga con otros encausados.— Flotas. 

— Sus ventajas y contrariedades. — Incidente con D. Diego Henriquez. 
— Corsarios extranjeros.— Primeras milicias de la isla. — D. Diego Fer- 
nandez de Quiñones, primer gobernador del castillo de la Fuerza con 
nombramiento real.— Sus pretensiones y rivalidades con Lujan. — Exce- 
sos de la tropa. — Cisterna para proveer de agua á la Habana. — Causa 
formada á Lujan por un comisionado de la audiencia. — Justifícase Lu- 
jan.— Hostilidades de ingleses y franceses.— Preséntase el célebre Fran- 
cisco Drake con un armamento inglés al frente de la Habana. — Se retira. 
— Llegada de dos galeras guarda -costas. - Resuelve el Rey forliíicar á 
la capital de la isla. — Muerte de Quiñones. —Término del gobierno de 
Lujan 281 

CAPITULO XIII. — Gobierno del maestre de campo Juan de Tejeda.— 
Emprende con el ingeniero Juan Bautista Antonelli las obras de los cas- 
tillos del Morro y de la Punta. — Sus quejas contra el obispo Salcedo. — 
Entereza de Tejeda, — Su actividad. — Sus apuros. — Remedíalos con la 
flota de Veracruz en julio de 1591. — Sueldos de los empleos militares. 

— Recibe la Habana título de ciudad. — Estilo de Tejeda en sus comuni- 
caciones con el Rey. — Termínase la primera acequia de la Zanja de la 
Habana. — Bosquejo de los dos nuevos castillos de la Punta y del Morro. 

— Termina Tejeda su gobierno 306 

CAPITULO XIV. — Gobierno de D. Juan Maldonado Barnuevo. - Obis- 
po Salcedo. — Nueva expedición de Drake contra las posesiones españo- 
las. — Su muerte. — La escuadra de D. Bernardino Delgadillo Avella- 
neda ahuyenta á la inglesa. — Aprestos de Maldonado en la Habana. — 
Privilegios concedidos á los dueños de ingenios de fabricar azúcar. — In- 
troducciones de negros africanos.— Primeros ingenios de la isla. —Fo- 
mento de la ganadería.— Negros cimarrones.— Severidad de los castigos 
que se les imponían. — Disposiciones de Maldonado 321 



ÍNDICE. 465 

CAPITULO XV. —Gobierno de 0. Pedro de Valdés. —Fundición de ar- 
tillería en la Habana. — Estado de las fortalezas de la capital. — Obispo 
Juan de las Cabezas Altamirano. — Contrabandos con los extranjeros.— 
Corsarios. — El licenciado Melchor Suarez de Poago. — Persigue á los 
contrabandistas de Bayamo. — Invasión de Saiitiago por el pirata Girón, 
— Cae en sus manos el obispo Cabezas. — Le libertan los bayameses sor- 
prendiendo y matando á Girón. — Persecución de Valdés contra los cor- 
sarios. — Acusaciones contra él y Poago. — Le residencian sucesivamente 
dos oidores de Santo Domingo. — Su inocencia. — Continúan las causas 
contra los contrabandistas. — Indulto general á su favor. — Creación de 
la capitanía general y del gobierno civil y militar de Santiago. — Se di- 
vide la jurisdicción civil en dos distritos, el de aquella ciudad y el de la 
Habana.— Defectos é inconvenientes deesa división 339 

APÉNDICES. —Primero. — Lista de los que salieron de Cuba para Méjico 

con Cortés. 355 

Segfwndo.— Carta del Rey al gobernador de la isla de Cuba en 1576. . . . 372 
Tercero.— Carta del Rey á D. Pedro de Valdés en 9 de octubre de 1619. . 374 
Cuarto.— Carta de D. Pedro de Valdés al Rey en 3 de enero de 1604. . . 377 
Quinto.— Extracto y párrafos de un informe del ingeniero Antonelli al Con- 
sejo de Indias sobre las fortiGcaciones do la Habana 401 

sexto.— Reseña histórica de la Casa de Contratación y de las ai-tiguas flotas 

y galeones. ■- 404 



FIN DEL índice DEL TOMO PRIMERO. 



\ 



LIBRERÍA DE D, CARLOS B AILL Y»B AILLIB RE , 

CANCIONERO POPULAR. 

Colección escogida de seguidillas y coplas, recogidas y ordenadas 
por D. Emilio LAFUENTE y ALCÁNTARA, de la real Academia de 
la Historia. Madrid, 2 tomos en 8.°, 28 rs. en Madrid y 34 en pro- 
vincias, franco de porte. 

Prospecto. 

En ningoo género de liíeratura será acaso tan rica nuestra patria 
como en aquel que brota naturalmente y sin esfuerzo alguno, y se 
mantiene y propaga en esferas desdeñadas de los eruditos. A cada 
momento Hegaji á nuestros oidos millares de composiciones bellísi- 
mas, fruto de un poeta desconocido y siempre oculto, pero el más fe- 
cundo de ios poetas, porque se inspira solo de sus propios sentimien- 
tos; por todas partes nos balagán ios ecos de una sencilla y armo- 
niosa poesía, que por sobrado vulgar despreciamos, y oimos con 
indiferencia, y por inútil damos al olvido. Este poeta es el pueblo; 
esta poesía sus cantares. No hay cosa mas digna de atención y estu- 
dio que el carácter y las costumbres de aquella parte del vulgo, con 
quien la fortuna fué menos propicia, y que aun disfruta en poco los 
beneticios de la civilización; y en nadase revelan tanto como en esas 
ligeras y agradables comj)üsiciones, pura y geouína manifestación de 
sus sentimientos más íntimos, que se nos muestran sin artificio ni di- 
simulo, con ingenuidad aveces ruda, siempre enérgica y expresiva. 

Dar á conocer ahora, y conservar para lo futuro estos cantares, no 
solo apreciables en el concepto literario, como una muestra de ver- 
dadera y rica poesía , sino también útiles para el estudio de las cos- 
tumbres, lenguaje y sentimientos de nuestro pueblo, tal es el objeto 
que nos hemos propuesto al dar á luz ía presente colección. Nadie 
duda que si hoy poseyéramos un libro semejante de los antiguos tiem- 
pos, mayor enseiíanza y pormenores más interesantes habria de pro- 
porcionarnos sobre la vida íntima de nuestros antepasados, que las 
crónicas y relatos en cuyo estuilío tanto y tan justamente se afanan 
historiadores y anticuarios, y las poesías atildadas de cortesanos in- 
genios, ¡lenas de sentimientos ficticios y de artificiosas ideas. 

Para formar esta colección se ha tenido presente todo cuanto se ha 
publicado hasta ahora; pero en su mayor parte consta de los muchos 
cantares recogidos por el colector de boca del pueblo, así como de 
los no escasos que sus amigos le han proporcionado de diferentes 
provincias, y de otras colecciones manuscritas de que le ha sido dado 
disponer, poseyendo en la actualidad mas de quince mil de lodos gé- 
neros. Entre ellos se han elegido como mejores y mas característicos 
los cuatro mil quinientos de que consta próximamente el Cancionero, 
con la publicación del cual creemos prestar algún servicio á la lite- 
ratura patria. 

Se ha procurado conservar á cada copla su forma propia, sin alte- 
raciones ni enmiendas, eligiendo, entre las numerosas variantes que 
á cada paso se ofrecen, la dicción que parece mas característica 
anotando las demás que pueden tener algún valor, é indicando sim 
plementecori letra bastardilla las locuciones viciosas ó palabras adui 
teradas. 

Madrid : 1868,— Imp. de Bailly-Bailliere. 



»-•♦'